miércoles, 29 de octubre de 2008

Bancos: Lecciones locales de una crisis global

Algunos de los bancos globales que operan en México están generando perplejidad y enojo en la comunidad empresarial por cerrar abrupta y unilateralmente líneas de crédito a empresas que han sido sus clientes tradicionales. La súbita cerrazón incluso ha llegado para el refinanciamiento de deuda de gobiernos locales.

El pánico es mal consejero. ¿Es razonable que un banco le "ofrezca" crédito de corto plazo al gobierno del Distrito Federal a una tasa de TIIE más cinco puntos, esto es: más de 13% anual? Por supuesto, el "ofrecimiento" fue rechazado, pero revela que algo está funcionando mal en la operación local de algunos de los grandes bancos; especialmente, dicen los enterados, en aquellos cuyas matrices están en España.

Es algo más que un incremento de la aversión al riesgo, ya que el ejemplo citado arriba es de papel gubernamental con la misma calidad que la deuda pública federal; es decir, se trata de un riesgo que internacionalmente está sólo en 402 puntos base (digamos, una tasa en dólares de máximo 5% anual) y es axiomático en el negocio bancario, desde hace siglos, que "los gobiernos no quiebran"; también que el riesgo es casi cero cuando la deuda pública es en moneda local, como es el caso.

¿Qué es?, ¿miedo de los ejecutivos locales a contrariar criterios de sus matrices?, ¿señal de que también en la operación crediticia de dichos bancos en México hay cadáveres en los armarios; cadáveres que no hemos conocido todavía porque dichos bancos ya no cotizan en la bolsa de valores local?, ¿abuso?, ¿incompetencia?

Dichos bancos (repito: especialmente aquellos cuyo capital es de origen español, para evitar las peligrosas generalizaciones) no deberían apostar a la desmemoria de sus clientes mexicanos, ni deberían creer que bastará en el futuro con alguna campañita de relaciones públicas – a través de sus archiconocidos "comunicadores" adictos e incondicionales – para restañar las heridas. Mucho menos deben confiar que estas conductas anómalas pasarán desapercibidas para la opinión pública.

Un ejemplo de que los tiempos han cambiado – y de que el buen periodismo de finanzas y negocios poco a poco se está consolidando – fue la oportuna advertencia que hizo Samuel García – un periodista profesional que merece reconocimiento y que dirige "El Semanario" – de lo que estallaría poco después en la Tesorería de Comercial Mexicana. Tómenlo en cuenta.

Pánico y silencio. Pésima combinación.

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martes, 28 de octubre de 2008

La carga que nos han puesto encima

¿Por qué los rescates gubernamentales acabarán magnificando y prolongando la recesión?

¿Qué han sembrado el Tesoro, la Reserva Federal y el Congreso de los Estados Unidos en las últimas semanas, con todos sus paquetes de rescate financiero y de supuesto estímulo económico? Una recesión cada vez más profunda y cada vez más prolongada, que se aderezará con alzas de impuestos, presiones inflacionarias y mayor intervencionismo gubernamental; lo que destruirá riqueza en lugar de generarla.

En un lúcido ensayo publicado por The Wall Street Journal el economista Arthur Laffer analiza sin piedad los terribles errores de política fiscal y política monetaria cometidos, que habrán de provocar largos años de estancamiento o de retroceso económico global (Ver vínculo en el comentario de abajo).

Ningún gobierno produce riqueza. Cada dólar destinado a paliar los sufrimientos de un sistema financiero atribulado es pagado – hoy o mañana- por un sector de la economía que sí es productivo, más los costos adicionales para la gestión burocrática de los rescates, digamos, conservadoramente, un 30% adicional.

Pagaremos hasta el último centavo ya sea en forma de impuestos más altos que inhibirán la actividad productiva, ya sea en forma de inflación, que también inhibe o incluso destroza la actividad productiva o, lo más probable, con una diabólica combinación de ambas: Inflación y cargas fiscales exacerbadas.

Eso es lo que anticipan los mercados de valores en el mundo. Ni George W. Bush, ni Henry Paulson, ni Ben Bernanke, ni Nancy Pelosi, ni Harry Reid, ni Barack Obama, ni John Mc Cain producen la riqueza de la que tan alegremente han dispuesto o esperan disponer. La han tomado y la tomarán de quienes sí la producen, con lo que extinguirán el crecimiento. Para tener tanto miedo a la recesión se han empleado de veras a fondo para hacer que sea más larga y profunda.

La versión local de este desastre no es diferente. Ponga usted, para el caso de México, los nombres de los políticos que están dispuestos a todo – por ejemplo, a generar un abultado déficit fiscal- con tal de que la recesión no incomode sus apuestas electorales de 2009. Los hay de todos los partidos, los hay en el gobierno y en el Congreso y en los gobiernos locales; incluso los hay fuera del presupuesto, pero ávidos de hincarle el diente a los recursos que los demás produjeron.

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Arthur Laffer: ¿Por qué la era de la prosperidad ha terminado?

Directo, claro, contundente. De lo mejor para entender lo que ha pasado, lo que está pasando y lo que pasará. Desolador, también. A veces, así es la verdad. No se pierdan este magnífico artículo de Laffer en el WSJ.

lunes, 27 de octubre de 2008

Ahora, robarse las pensiones es “de izquierda”

No faltan voceros oficiosos de la presunta “izquierda” mexicana que elogian el multimillonario robo que ha efectuado el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a los trabajadores argentinos, e insinúan que una salvajada similar sería bueno que se promoviese en México. Todo ello con el estilo habitual: recurriendo impunemente a las mentiras más burdas.

La expropiación de los fondos de pensiones de los trabajadores argentinos impulsada por el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner no es más que otra trágica muestra de la criminal afición que han mostrado los gobiernos de ese país a robarse los ahorros de las personas.

Esto lo sabe cualquier persona medianamente enterada. Los fondos NO son propiedad de las administradoras privadas de las pensiones sino de cada trabajador en lo individual. Es a ellos, a los dueños de las pensiones, a quienes despoja el gobierno Kirchner en su versión femenina (que, no sin razón, se dice que es la continuación del demagógico gobierno de Néstor con la careta, eso sí más maquillada, de su cónyuge), no a los bancos o a los intermediarios financieros.

Pobre Argentina.

Lo que aterroriza es que en México no falten “santones” del periodismo – laureados, homenajeados y beatificados por la progresía local- como Miguel Ángel Granados Chapa, que manifiesten abierta simpatía por tal despojo, al tiempo que insinúan sibilinamente que un robo semejante sería deseable que se verificase en México.
Para promover tal desatino todo parece válido, incluidas las mentiras mondas y lirondas, como la de afirmar – con pasmosa impunidad- que los ahorros de los trabajadores en las Afores registran “pérdidas”, “mermas” o “menoscabos”. Eso es totalmente falso como puede comprobar quien consulte los rendimientos de los últimos 36 meses, netos de comisiones, de todas y cada una de las Sociedades de Inversión o “Siefores” donde están en México dichos recursos (cifras al 30 de septiembre de 2008). Todas, absolutamente todas ellas, registran rendimientos, netos de comisiones, positivos. Son 90 sociedades de inversión, 18 opciones a elegir para cada uno de los cinco rangos de edad posibles.

Para el rango de edad del propio Granados –en caso de que fuese un simple asalariado-, por ejemplo: mayores de 56 años, los rendimientos – netos de comisiones, insisto-, van desde el significativo 4.83% de Ahorra Ahora hasta un nada despreciable 8.40% de Scotia.
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Notas sobre las mentiras ¿involuntarias, acaso? que difundió Granados:

1. Ignora la diferencia entre el capital y los rendimientos que genera el capital. Hasta ahora, nadie ha perdido un solo centavo de su capital ahorrado, de sus aportaciones a su cuenta individual de retiro, a pesar de las difíciles condiciones de los mercados internacionales. Una minusvalía, al contrario de lo que dice Granados en su farragoso y equívoco alegato, NO es una pérdida, una merma o un menoscabo del capital aportado por los trabajadores, sino una disminución en los rendimientos que podrían incluso - en circunstancias extraordinarias y transitorias, como las actuales en los mercados financieros del mundo- ser rendimientos negativos.

2. A mayor abundamiento, un periodista que presume -a través de sus corifeos y compinches- de ser minucioso y preciso, debería haber consultado, al menos, el glosario que difunde la propia Consar en su sitio de la red, donde puede leerse la siguiente definición de minusvalía:
"Minusvalía:
Disminución en el valor de un activo o bien de acuerdo a las condiciones de mercado. Es una valuación en un momento puntual y de manera totalmente coyuntural. En el caso de los fondos para el retiro se trata de una disminución del valor de las inversiones realizadas por las SIEFORES. Una minusvalía no significa que existe una pérdida."

3. Granados NO ofrece una sola cifra en abono de su falaz alegato. En cambio asegura, con gran desparpajo, conocer el estado de ánimo y las reacciones psicológicas de más de 20 millones de trabajadores mexicanos que tienen cuentas individuales de pensiones al escribir esta joya de periodismo faccioso y de ficción:

"Con perplejidad primero, y profundo desagrado y temor después, los cuentahabientes de las afores recibieron la noticia de que sus ahorros quedaron disminuidos en los primeros ocho meses de este año. Es decir, en vez de que sus fondos crezcan gracias a la eficacia de quienes los administran, han padecido minusvalías, eufemístico modo de llamar a la pérdidas (sic), mermas, menoscabos de su dinero, que son palabras que con mayor exactitud y crudeza nombran lo ocurrido."

Tal vez el párrafo anterior rompa alguna marca mundial respecto del número y grosor de falsedades que se pueden escribir en menos de 100 palabras. Amén de que muestra el abismal desconocimiento del idioma español de un sedicente miembro del capítulo mexicano de la academia de la lengua. ¡Qué verguenza!

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sábado, 25 de octubre de 2008

Crisis: Los consejos de un abusadillo

“Los mismos elementos que nos han llevado a la crisis, nos habrán de sacar de ella”: Juan Villalonga. La “solución” será una huída hacia delante, eludir cualquier propósito de enmienda, para sembrar, mediante cañonazos de dólares, las próximas burbujas del dinero y del crédito fáciles. Hasta el siguiente estallido.



Hay que tomar las cosas, y los consejos, considerando de quién vienen. Un aventurero de los negocios, el español Juan Villalonga, ex presidente de Telefónica, ex amigo de la infancia de José María Aznar y marido de la guapísima mexicana Adriana Abascal – a su vez, ex pareja del legendario Emilio Azcárraga Milmo, el Tigre-, estuvo el sábado en Valencia, España, dando su versión de la crisis global y ofreciendo consejos para sacarle provecho.

Para ver una bonita foto del recuerdo de cuando Aznar y Vilallonga, chiquillos, jugaban futbol en el colegio El Pilar de Madrid, hay que pinchar aquí.

Los abusadillos – epíteto benévolo para calificar a los abusones – son listos que, con el tiempo y unos millones de dólares, empiezan a hablar sin tapujos, dejando atrás la hipocresía (ese tributo que el vicio solía rendir a la virtud, en palabras de Francois de La Rochefoucauld) como una penosa debilidad propia de políticos o de novios en busca de la aprobación y los favores ajenos.

Tal el caso, me parece, de Villalonga. Abusadillo renombrado quien dijo, sin rubor, que esta crisis global se resolverá de la misma forma que se gestó: Inundando de dinero verde (dólares) el mundo, dándole la salida de sus aprietos a quienes se endeudaron alegremente, para que se sigan endeudando y consumiendo sin remilgos lo que se ofrezca: petróleo, casas hipotecadas, SUV’s, afeites, fiestas rumbosas y demás. “Keynesianismo para negociantes abusadillos”.

Cito las palabras, no tan desencaminadas (aunque cínicas), de este aventurero que ahora quiere ser presidente del Real Madrid:

“Los mismos elementos que nos han llevado a la crisis, nos sacarán de ella”. Las causas: Un exceso de liquidez propiciado por la política monetaria de la Reserva Federal y una falta de regulación. Las vías para salir: “Una política monetaria que vuelva a dar liquidez y seguir el camino contrario de lo que parece establecido; en lugar de más regulación lo que necesitamos es hacer la vista gorda” (ver diario “Cinco Días”).

¿Cómo estar entre los beneficiados por la crisis? Pues sencillo: “Hay que hacerse amigo de los que tienen el capital”.
Ya lo saben: El “amiguismo” nunca muere. Capitalismo sí, pero de compadres.

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jueves, 23 de octubre de 2008

Recobrar la libre flotación, pero ¿cuál?

Tal vez hoy sea el momento oportuno para que la Comisión de Cambios, que preside la Secretaría de Hacienda, reconozca que fue un error intervenir en el mercado mediante las subastas extraordinarias de divisas.

A la distancia de sólo unos cuantos días parece haber sido una mala idea y un mal cálculo la decisión de la Comisión de Cambios de intervenir para frenar una depreciación del peso dictada por condiciones reales de los mercados y de la economía.

Hasta ese día aciago el sistema de libre flotación del peso frente al dólar funcionó sin intervenciones discrecionales de la siguiente manera: Los flujos de divisas – salvo los correspondientes al sector público- llegaban y salían de acuerdo con la oferta y la demanda. Esa oferta y esa demanda marcaban el precio del dólar. El otro flujo de divisas – fundamentalmente, en términos de ingresos, las generadas por exportaciones petroleras- llegaba a otro receptáculo, mucho más grande, donde servía sólo para cubrir las necesidades de divisas del sector público y acumular reservas. Con la característica muy importante de que los precios del dólar en esa balanza separada (la del sector público) los establecía el mercado libre; esto es: el mercado "chico" de divisas (el no gubernamental) marcó también los precios del dólar en el receptáculo "grande" pero exclusivo de la balanza de divisas gubernamentales.

Para evitar una excesiva acumulación de reservas se instrumentó un ingenioso mecanismo de subastas diarias con precios y volúmenes no discrecionales y, en gran medida, con ambas variables – precio y volumen diario a subastar- dictadas por el libre mercado. Hoy ya no es así, y eso es malo.

Dos ideas para meditar: 1. La inexorable declinación de los ingresos por exportaciones petroleras podría ser la señal para permitir, de una vez por todas, que también las divisas petroleras se ofrezcan en el mercado libre y que el sector público compre en dicho mercado libre las divisas que requiera, y 2. El tipo de cambio libre puede ser la variable de ajuste ideal para amortiguar – de acuerdo con la oferta y la demanda- el choque recesivo global.

La otra opción es hacer del dólar moneda de curso legal, conviviendo con el peso, y dejar que la ley de Gresham (la moneda buena desplaza la mala o, en términos de gasto y de pago de deudas, a la inversa: la mala desplaza a la buena) haga su trabajo, es decir: dejar que los mercados decidan.

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miércoles, 22 de octubre de 2008

Atrapados en el dólar

Al parecer no hay otro lugar donde refugiarse, aun cuando la economía de Estados Unidos luzca indicadores desastrosos. Salirse del dólar cada vez es más difícil para todos, no sólo implicaría cuantiosos costos y conflictos cambiar de unidad de cuenta, sino que generaría pérdidas escalofriantes.

¿Y si, empezando por China, diversas economías emergentes cambian de moneda favorita (dólar) para invertir sus cuantiosas reservas soberanas y lo mismo hacen miles de inversionistas internacionales? Por “lógico” que parezca, a la vista de los desastrosos datos fundamentales de la economía estadounidense, eso no sucederá…

El costo de salirse del dólar es inmenso, eso explica a mi juicio porqué se ha convertido - ¡junto con el yen japonés!- en el refugio elegido por los inversionistas asustados.

¿Por qué sería tan caro abandonar el dólar? Por las pérdidas. La mayor parte de las reservas de las economías emergentes invertidas en bonos del Tesoro de Estados Unidos se construyeron con dólares “baratos” (digamos, en el caso de México, con dólares a menos de 11 pesos o, incluso, en mayo o junio de este año, con dólares a menos de diez pesos y cuando el precio de la mezcla mexicana de petróleo estuvo alrededor de los $130 dólares el barril) y en momentos en los que los precios de los “commodities” exportados por esas economías emergentes estaban por las nubes; hoy la situación es la inversa: el dólar está en su mejor nivel de los últimos 18 meses, comparado con una canasta ponderada de divisas, y los precios de los “commodities” han caído espectacularmente; la recesión ha desplomado las cantidades demandadas. ¿Para qué perder deliberadamente el “valor” de las reservas?
Además, el mismo movimiento de capitales huyendo del dólar ¡depreciaría en automático el “valor” de los activos de quienes huyan! Y, pequeño detalle: ¿Salirse del dólar para ir hacia dónde? Inevitablemente, cualquier divisa o cualquier activo sustituto (oro, plata, dinero electrónico, lo que sea) se valuaría ¡en dólares!

La imagen no es muy agradable, pero recuerda a la de esos pobres tipos que, en medio de una soporífera sobremesa con amigos más o menos ebrios, intentan abandonar la tediosa tertulia y de inmediato son reconvenidos: “¡Pero, Fulano, ¿a dónde vas que más valgas?”. Y Fulano se queda, resignado, porque después de todo su “amigo” (mister dólar) parece tener razón: ¿A dónde puede ir que más valga? Triste, pero cierto.

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martes, 21 de octubre de 2008

Los clichés de la crisis

“¿Cuál es la diferencia entre un banquero de la ‘City’ y una paloma? Respuesta: Que la paloma aún puede hacer un depósito en un Maserati”: Lucy Kellaway, columnista de Financial Times.

Cuentan que en el otoño de 1929 los conserjes en los hoteles de Nueva York preguntaban a los clientes: “¿El caballero desea la habitación para dormir o para arrojarse por la ventana? En ese último caso le rogamos pagar por adelantado”.

Esta crisis, que los periodistas de todo el mundo ya hemos convertido en “la peor desde 1929”, ni siquiera ha estado dramatizada, que yo sepa, por algún suicidio espectacular de un inversionista o de un banquero en quiebra. Por ejemplo, en el hoy desdeñado pánico de 1907 – que produjo una recesión en 1908 y, según algún aventurado historiador estadounidense, fue una de las causas remotas de la Revolución Mexicana- , hubo más de un suicidio de algún financiero insigne que reportaron, con horror, los diarios de la época.

Según Lucy Kellaway, columnista de Financial Times, hay cuatro tipos de clichés de los que hemos echado mano los periodistas para vender bien empaquetadita esta crisis del credit crunch: 1. Los clichés sísmico-geológicos: terremotos, derrumbes, abismos, trepidaciones; 2. Los clichés médicos: inyecciones (de liquidez), (activos) tóxicos, purgas, heridas, sangrías; 3. Los clichés de los detalles banales que consisten en decir qué hora era, qué personas estaban reunidas, tensas, alrededor de la mesa, cómo se veían (pálidos, de preferencia; no usar “lívidos” que quiere decir lo contrario) y demás detalles mundanos para infundirle dramatismo a la “nota” (un ejemplo son las crónicas de la reunión de Henry Paulson con los principales banqueros de Estados Unidos para avisarles que el gobierno se convertirá en su socio); y 4. El cliché más manoseado y falaz: declarar que esto es lo peor que ha pasado desde 1929.

La verdad es que esta crisis no sólo es radicalmente distinta a la de 1929 sino que está muy, pero de veras muy lejos de ser tan devastadora. Hay quien, con buenas razones, dice que la crisis conjunta rusa y asiática de 1998-1999 fue más demoledora.

Eso sí, según investigó Kellaway en los diarios de la época, los clichés de 1929 y años siguientes fueron muy parecidos (salvo el cuarto, por razones obvias) a los que usamos hoy…y hasta los chistes, buenos o malos, no han cambiado gran cosa.

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lunes, 20 de octubre de 2008

Otra de ratoncillos

Este arroz ya se coció. El ratoncillo de la reforma a PEMEX quedó a punto. Ya lo sabíamos hace más de seis meses: Nuestra actual "democracia" sigue estableciendo marcas históricas en materia de improductividad.

Hace seis meses y 20 días me acordé de la fábula del parto de los montes, de Félix María Serafín Sánchez de Samaniego (1745-1801), con pretexto de la pomposamente llamada "reforma energética". Preví, malicioso y descreído, que iba camino a convertirse en una nueva representación de la famosa fábula que dice:

"Con varios ademanes horrorosos,
"Los montes de parir dieron señales;
"Consintieron los hombres temerosos
"Ver nacer los abortos más fatales.
"Después que con bramidos espantosos
"Infundieron pavor a los mortales,
"Estos montes que al mundo estremecieron,
"Un ratoncillo fue lo que parieron"


No es condición fatal de la democracia este género de improductividad. Sí lo es – condición fatal- de un gobierno, electo democráticamente, que ha sacrificado los principios (deseables) en el altar de las oportunidades (posibles), como si el propio gobierno descreyese de su condición legítima y legal, como si el propio gobierno tasase en mucho más los votos en contra que los votos a favor que recibió en julio de 2006.

La reforma – el ratoncillo – no resuelve los problemas de las finanzas públicas adictas al petróleo, no nos ofrece a los consumidores de energéticos un entorno de más y mejores opciones apoyadas en la libre competencia, no pone al día al país para que usemos fuentes de energía más limpias y productivas, no endereza el curso torcido del monopolio gubernamental llamado PEMEX, no propicia siquiera una explotación oportuna del potencial petrolero que subyace en aguas profundas del Golfo de México que corresponden al país, no estimula la inversión privada en refinerías y en otras actividades de la petroquímica, no genera esperanzas de que se incremente la tasa de reposición de reservas petroleras, no define si se seguirá subsidiando el dispendio de combustibles de origen fósil, la contaminación de las ciudades y la proliferación de camionetotas de narcos, nacos, políticos y líderes sindicales.

Pero eso sí: No privatiza ni un alfiler de PEMEX y ha recibido – el ratoncillo- el empujón final con la promesa de que gastaremos miles de millones de pesos de dinero público para construir una refinería…que refinará petróleo importado.

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domingo, 19 de octubre de 2008

Peleando la guerra equivocada

La crisis financiera global NO se resolverá con masivas inyecciones de liquidez, ni con una política monetaria laxa. Esta NO es la gran depresión. Olvídense de Keynes.


Anna Schwartz junto con Milton Friedman escribió la monumental Historia Monetaria de los Estados Unidos (1963) que explica ampliamente las causas monetarias de la gran depresión de los años 30. Hoy, a sus 92 años, Schwartz diagnostica con toda lucidez:

1. El actual apretón del crédito – “credit crunch”- no tiene su origen en una insuficiente liquidez; por el contrario, responde a una sustancial pérdida de confianza en los mercados financieros ocasionada por un exceso de liquidez y por políticas monetarias laxas.
2. Ben Bernanke y la Reserva Federal han hecho todo lo que debió hacer en la década de los 30 el banco central estadounidense para evitar la gran depresión; el problema es que NO estamos, en modo alguno, ante un fenómeno como el estallido de la burbuja especulativa de 1929. Ben Bernanke está peleando la guerra equivocada.
3. El original paquete de rescate de Henry Paulson – comprar los activos tóxicos con fondos gubernamentales- era un primer paso en el camino correcto para reestablecer el funcionamiento del sistema de precios en los circuitos financieros – y evitar una mayor parálisis del crédito-, pero insuficiente y lleno de dificultades.
4. La nueva propuesta de capitalización de las entidades financieras mediante fondos públicos busca reforzar esa estrategia, pero sutilmente se ha pasado de rescatar al sistema financiero a rescatar a los bancos, con todas las indeseables consecuencias de “riesgo moral” e intervencionismo en los mercados que ello conlleva.
5. Alan Greenspan, responsable de la relajación de la política monetaria a principios del milenio, tendrá que ofrecer, como epílogo a sus memorias, una mejor justificación para su error de juicio; no es satisfactorio decir que en 2001 no quedaba otro remedio que bajar las tasas de interés.
6. “Todo funciona mucho mejor cuando las malas decisiones son castigadas (por los mercados) y las buenas decisiones te hacen rico”.

La entrevista que le hizo Brian M. Carney a Anna Schwartz fue publicada este fin de semana por The Wall Street Journal y sin duda será uno de los documentos fundamentales para entender este etapa histórica y los errores de política económica que se están cometiendo en Estados Unidos y en el mundo.

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jueves, 16 de octubre de 2008

¿Debe el gobierno reactivar el crédito a los corporativos?

Ahora que todos (o casi todos) volvimos a ser keynesianos y partidarios del “new-new-deal” varios corporativos mexicanos exigen que el gobierno haga “algo” para quitar obstrucciones en las tuberías del crédito. Sin embargo, ésa puede ser muy mala idea.

Desde hace semanas me atreví a calificar como “los años de la sequía” los que se iniciarán a partir de esta crisis financiera global. No era una figura retórica. La sequía ya la están sintiendo muchas empresas mexicanas a despecho de lo que digan las tasas de interés nominales, tal como lo reportarà mañana viernes El Economista en su nota principal.
La sequía que resienten quienes no pueden hoy colocar papel de deuda o no han podido hacerlo con las facilidades y los bajos costos del pasado – así como los fondos y los inversionistas institucionales que tampoco han podido fondearse con la misma soltura en el mercado secundario del papel comercial y de otros valores de deuda privados- es el aviso de que los tiempos del dinero fácil han terminado, aun cuando los bancos centrales parezcan vomitar todos los días inyecciones de liquidez.
Veamos las dos caras de la moneda: Quien quiere crédito de corto plazo está enojado porque los bancos de depósito han cerrado la llave y se resisten a tomar papel privado o a colocarlo con la misma facilidad con que lo hacían antes. Razonan que esto puede generar más miedo y hasta corridas cambiarias que no se podrán neutralizar a través de subastas de dólares.
Pero del otro lado de la mesa también tienen sus razones: 1. Los bancos de depósito deben ser cautelosos; en el pasado se les reprochó la soltura con que soltaron crédito, ¿por qué ahora se les reprocha actuar como prestatarios cautelosos?, 2. Los bancos de depósito, a diferencia de otras instituciones financieras, tienen que cuidar el dinero de sus depositantes, cumplir regulaciones más rigurosas (capital contra activos en riesgo) y volverse mucho más desconfiados a la vista de las malas experiencias.
El peligro es que ahora, cuando los gobiernos se han convertido al keynesianismo más rancio, alguien quiera añadir a las tareas del gobierno la de facilitar el crédito a los corporativos para que nadie sufra y nadie tenga que apretarse el cinturón.
La astringencia crediticia está dictada por el mercado. No le corrijamos la plana. Esas correcciones, ya deberíamos saberlo, siempre terminan mal.

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Un club de arrogantes, un poquito tontos

¿Se está sobredimensionando la magnitud de la crisis? Sin duda.

Cualquier periodista del mundo sabe que si se juntan los financieros con los políticos habrá “nota”. Sucederá, o al menos se dirá, algo “notorio”, digno de hacerse noticia y transformarse en comentario, análisis y crítica pública más o menos estentórea.
Ambos grupos – financieros y políticos – tienden a tener acerca de sí mismos una imagen más grandiosa de lo que les corresponde en la realidad.
El político cree, de veras lo cree, que lo que dice o lo que hace tiene repercusiones contundentes e inmediatas en millones de seres humanos. Pero pocas, muy pocas veces es así. La vida cotidiana sigue y en la mayoría de los casos “la gente” (es decir el 98 por ciento o más de las personas) ni se da por enterada, sigue trabajando, riendo, llorando, comprando, vendiendo, especulando, rezando, maldiciendo, criando hijos, consintiendo nietos, amando, cultivando gozos o amarguras. Y eso sin importarle un rábano lo que hagan o digan los políticos.
Algo similar sucede con los financieros. Se creen más de lo que son en realidad: Más poderosos, más influyentes, más decisivos para el cosmos. Pobres.
Hay un tercer grupo social, el de los periodistas, donde también somos extremadamente vanidosos; soñamos que el mundo se estremece cotidianamente al influjo de nuestros mensajes, pero poquísimas veces es así. Con un agravante: Alimentamos la vanidad y la grandilocuencia de políticos y de financieros.
Políticos, financieros y periodistas: Un club selecto que cree ingenuamente que domina al mundo.
Casey B. Mulligan, profesor de economía en la Universidad de Chicago, escribió en The New York Times algo muy sencillo y que debería resultar obvio: Salvar a los bancos NO es salvar al mundo.
Lo más probable, en medio de esta crisis político-financiera global, es que el mundo NO necesite ser salvado de la recesión o de la depresión económica. Y es un hecho, además, que políticos, financieros o periodistas no somos confiables como redentores.
Ni siquiera somos capaces de curar una gripa o de calmar un corazón atribulado. La economía sigue funcionando como siempre. Pregúntenle a la señora que fue al supermercado ayer y que ni siquiera sabe, ni le importa, que los accionistas de esa empresa están en medio de la peor tormenta financiera de los últimos 50 años.

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martes, 14 de octubre de 2008

¿Dónde estaba el Consejo de Administración?

En el caso de las temerarias maniobras con productos derivados que realizó la tesorería de Controladora Comercial Mexicana S A B, el Consejo de Administración de esa emisora podría haber incurrido en descuidos graves que son sancionados por la Ley del Mercado de Valores publicada en el Diario Oficial en diciembre de 2005.

No pocos ataques arteros recibieron durante 2005 el Secretario de Hacienda y algunos de sus colaboradores por promover una legislación moderna y estricta para el mercado de valores y para las empresas emisoras. Hoy gracias a esa legislación se podrá sancionar a los responsables, por acción u omisión, no sólo del quebranto financiero de una empresa competitiva – y de los daños patrimoniales sufridos por sus accionistas – sino de provocar el sobresalto de la semana pasada en el mercado de cambios.

Un efecto colateral de las crisis es la proliferación de analistas instantáneos que pontifican con desparpajo acerca de lo que ignoran. Es hilarante, por ejemplo, que un periodista político buscase ayer a un hipotético George Soros para explicarse los sobresaltos en el mercado de cambios. Huelga decir que no lo encontrará; no hay tal.

El detonante de las turbulencias en el mercado cambiario fue la grave situación de insolvencia en la que se colocó la tesorería del corporativo Comercial Mexicana, a raíz de temerarias operaciones con instrumentos derivados; específicamente, futuros y coberturas cambiarias correlacionados.

Las operaciones fueron injustificadas – para la tesorería de una firma de comercio al menudeo – al menos por tres razones: el elevado monto, el estrecho margen de la “apuesta” (lo que implica un amplísimo margen de riesgo sin cobertura) y el número de instituciones bancarias a las que recurrió dicha tesorería para cubrir una parte insuficiente del riesgo, multiplicando en cambio el daño sistémico.

Sólo por mencionar una de las varias responsabilidades en las que podría haber incurrido el Consejo de Administración de esa Sociedad Anónima Bursátil (S A B), el artículo 28 de la ley menciona las siguientes obligaciones del Consejo: “…vigilar el desempeño de los directivos relevantes…vigilar la gestión y la conducción de la sociedad”; conocer y, en su caso, aprobar: “…las operaciones que se ejecuten, simultánea o sucesivamente…cuando sean inusuales o no recurrentes, o bien, su importe represente… el otorgamiento de garantías o la asunción de pasivos por un monto igual o superior al cinco por ciento de los activos consolidados de la sociedad”.

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lunes, 13 de octubre de 2008

Déficit y malas inversiones públicas

A ver, se supone que vamos a poner un montón de dinero público (15 mil millones de pesos) para iniciar la construcción de una nueva refinería cuyo fin es disminuir las importaciones de gasolina. Lo que no se dice es que esa refinería, cuando se concluya, refinará petróleo importado.



Cuento uno: No es malo que aumente el gasto del gobierno, siempre y cuando ese gasto se destine a inversión, por ejemplo para iniciar la construcción de una nueva refinería.

La realidad: A diferencia de la explotación petrolera, que arroja altos márgenes de rentabilidad, el negocio de la refinación tiene márgenes muy estrechos y se requiere de una gran especialización para tener éxito. Hasta ahora las refinerías de PEMEX no han mostrado tener competitividad internacional.

Cuento dos: Es importante construir refinerías con dinero público porque así podremos disminuir las importaciones de gasolina; dado que es "malo" que hoy cuatro de cada diez litros de gasolina los importemos.

La realidad: No necesariamente es "malo" que importemos gasolinas si esos combustibles provienen de refinerías más productivas que las nuestras y a mejores precios. Lo malo, pésimo, es que subsidiemos el consumo de los combustibles, no que los importemos.

Cuando se concluya dicha refinería, dentro de ocho años en el mejor de los escenarios, México será probablemente importador neto ya no sólo de combustibles sino de petróleo crudo.

Cuento tres: El inminente déficit fiscal no debe preocuparnos, porque dicho déficit tendrá su origen en inversiones públicas productivas, no en mayor gasto corriente. Es decir, cada dólar de déficit público se transformará en el largo plazo en utilidades, por lo que ni siquiera debiera contabilizarse como déficit.

La realidad: ¿Alguien cree que la inversión pública es de veras más rentable que la inversión privada?, ¿cada peso invertido por PEMEX en petroquímica (y específicamente en refinación) ha generado alguna utilidad?, ¿cuándo?, ¿por qué ahora sí será un buen negocio para el país lo que en el pasado ha sido desastroso?

Este cuento no es nuevo. Se usó ampliamente en décadas pasadas para argumentar que el déficit generado por la banca de desarrollo (déficit de intermediación financiera) NO era en realidad déficit, porque dicho gasto, excedente de los ingresos, generaría recursos más que suficientes para cubrir la diferencia. ¿Alguien me puede decir dónde están esas utilidades públicas? La respuesta es NO, porque nunca se generaron.

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domingo, 12 de octubre de 2008

Lo que querían escuchar

“Querida familia: No cabe duda que esta crisis nos va a pegar y que nuestros ingresos se verán mermados. Por eso, vamos a gastar más”. Aplausos de la clase política que elogia con entusiasmo esta insensatez.


No sólo han sido días de tremendos sobresaltos en los mercados financieros, también han sido días para una borrachera demagógica en los medios de comunicación de la aldea. Los eternos objetores de la sensatez económica, de la ortodoxia fiscal y de la prudencia monetaria, dan por fin su beneplácito a un gobierno al que, sin razón alguna, habían calificado como “neoliberal” y afín a la libre competencia en los mercados.

De entre varios diagnósticos instantáneos de la “comentocracia” mexicana tomo uno como muestra de esta orgía de ignorancia económica y propaganda barata: El Ejecutivo “formuló un plan de acción inmediata, sorpresivo también por su contenido. Se trata de un programa explícitamente contracíclico (el propio Calderón usó la palabra, que es anatema para el credo liberal, mercadólatra, a que su gobierno estaba afiliado), es decir, que propuso aumentar el gasto público en vez de achicarlo como recomienda la ortodoxia” (Miguel Ángel Granados Chapa, hoy 12 de octubre).

Aunque Granados acierta, sorprendentemente, al calificar de heterodoxo lo que es insensato (que el gobierno proponga gastar más, cuando reconoce que sus ingresos se verán menguados), comete varios errores:

1. El gobierno de Felipe Calderón -por desgracia- no ha dado motivo alguno para que se le acuse, ayer u hoy, de haber estado afiliado al credo liberal,
2. No es novedoso el uso del adjetivo contracíclico, lo ha usado profusamente este gobierno, y en el mismo sentido que ahora, desde hace muchos meses y en multitud de ocasiones, y
3. En realidad también la ortodoxia fiscal usa el adjetivo de marras, pero en otro sentido: No hay mejor política contra cíclica que unas finanzas públicas en superávit o, al menos, en equilibrio.

En contraste, un político priísta independiente (poquísimos, pero los hay), Federico Berrueto, señaló hoy una verdad que resalta como una catedral: “…no hace mucho sentido eso de que nadie pagará costos. Quienes generan bienestar y empleo son las empresas, éstas empiezan a reducir planes y a padecer los embates de la crisis global. Una refinería o muchas carreteras o viviendas no dan para compensarlo. Los políticos viven del gobierno y eso les impide advertir, con oportunidad y precisión, lo que ocurre en el mundo real.”

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jueves, 9 de octubre de 2008

Un pelícano intoxicado

No es lo mismo que alguien se intoxique, en un accidente fatal, por una fuga de gas; a que alguien se intoxique a conciencia con bebidas alcohólicas durante una fiesta que, se pensó, sería interminable.


La crisis financiera global está causando las primeras bajas fuertes en México y en la economía real, y en el selecto grupo de las grandes corporaciones que cotizan en la bolsa, como quedó demostrado hoy con la solicitud de concurso mercantil que debió hacer Controladora Comercial Mexicana, S.A.B. de C.V. Pero esta baja – y las que podrían surgir más adelante- no obedece tanto a la virulencia de la crisis global, sino a la temeridad de los afectados.

El mercado de los derivados financieros, de los futuros, de las coberturas de márgenes de riesgo es tan difícil de entender como fascinante una vez que alguien lo domina. Encontrar una "veta" de apuestas ganadoras (por ejemplo, la utilidad derivada de apuestas aparentemente seguras aprovechando el diferencial de tasas de interés entre pesos y dólares, en un entorno de gran estabilidad del peso) seguramente debe provocar adicción. Una variedad de la ludopatía que los psiquiatras deben estudiar.

Cuando tal ludopatía se instala nada menos que en la tesorería de una gran corporación muy eficiente en su ramo, competitiva, sus efectos a mediano o largo plazo pueden ser devastadores. La afición apostadora puede hacer añicos años de esfuerzo y de trabajo esmerado de miles de personas, algo similar a los efectos destructivos que un adicto al juego puede causar en una familia de personas normalmente trabajadoras, inteligentes, dedicadas.

Esta historia trágica, que lo mismo puede escribirse como una emocionante novela que como un tedioso expediente en un juzgado o como un capítulo en un libro de texto acerca de la eficacia o ineficacia de la regulación, apenas la estamos conociendo.

Esta historia trágica es, en realidad, tan antigua como la naturaleza humana. No es ninguna advertencia acerca del próximo fin del capitalismo, es otra versión de la vieja historia del ser humano usando irresponsablemente los mismos grandes instrumentos y medios que su inteligencia le ayudó a dominar, como la energía atómica…, o los derivados.

Alguien me lo dijo hace rato con una cruda metáfora: "El Pelícano se intoxicó, cierto; pero sabía muy bien lo que se estaba metiendo entre pecho y espalda".

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miércoles, 8 de octubre de 2008

La locura por los “bilimbiques verdes”

“El billete americano/ es un animal muy cruel/ Se come todo el trabajo/ Y caga puro papel” (paráfrasis de unos versos populares que criticaban, alrededor de 1917-1918, los bilimbiques emitidos por el gobierno de Venustiano Carranza). Los masoquistas del mundo, están apoyando con sus recursos la desastrosa gestión de la crisis que está haciendo el gobierno de Estados Unidos. Allá ellos.

Henry Paulson, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, en lugar de andar haciendo declaraciones abismalmente tontas – como esa de pedir “la cooperación global para estabilizar los mercados financieros”-, debería dirigir un sentido discurso de agradecimiento a todos los masoquistas del mundo – decenas de miles- que están sacrificando sus ingresos reales, su trabajo y su mayor o menor productividad, para financiar el escandaloso déficit de las finanzas públicas de Estados Unidos, comprando dólares y/o bonos del Tesoro. Eso es solidaridad y no payasadas.

Lo más parecido a una persona que vende con pérdidas sus activos en pesos mexicanos (acciones, inversiones en deuda gubernamental, sus ingresos, su trabajo, su talento), para financiar alegremente el escandaloso déficit fiscal de los Estados Unidos es como una persona, enloquecida por el pánico, que se suicida saltando del piso 53 de un edificio en cuyo tercer piso se ha detectado un incendio: Tiene tanto miedo que prefiere una muerte segura que la mera probabilidad, de veras remota, de un posible achicharramiento.

Los mercados se equivocan porque la gente se equivoca, sobre todo cuando actúa por pánico, o siguiendo fielmente los dictados de sus prejuicios o de su ignorancia.

Hoy el Banco de México hizo un gran negocio: Ofreció 2,500 millones de dólares para todo aquél que quisiera donar al Tesoro de Estados Unidos una parte de su patrimonio, en un gesto de solidaridad enloquecida hacia un gobierno que ha hecho todo lo necesario para convertir una burbuja financiera en un desastre histórico para la economía real del planeta.

Por supuesto, no hay (tantos) locos que coman lumbre y el Banco de México sólo pudo colocar, entre los masoquistas, 998 millones de dólares a un precio de 12.0159 pesos por bilimbique verde. A ver mañana cuántos enloquecidos por el pánico o por la ignorancia le entran a la subasta de 400 millones de dólares a un tipo de cambio de 12.495 pesos por dólar. Que Dios los ampare.

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martes, 7 de octubre de 2008

La crisis del ensayo y el error

"Siempre puedes contar con que los americanos harán lo correcto; después de haber intentado todo lo demás": Winston Churchill.



Es el Troubled Asset Relief Plan (TARP, Plan de Alivio de los Activos en Problemas) o, si usted prefiere, el Gigantesco Fondo Público de Paulson & Co. para Administrar Activos Financieros Tóxicos. Decir que no es "la solución" a esta crisis global es decir una obviedad. En el mejor de los casos, y con mucha fortuna, servirá para poner algunos precios provisionales que podrían ayudar a combatir la parálisis de los mercados de crédito.

El TARP ha recibido tres tipos de críticas, pertinentes y contundentes:

1. Incrementa la pedagogía de la irresponsabilidad (riesgo moral) para los agentes económicos que incurrieron en las conductas temerarias que provocaron la actual crisis. Estos agentes económicos son: A. Los políticos que impulsaron – e impusieron en varios casos- el otorgamiento de créditos hipotecarios a personas no solventes, B. Los banqueros centrales que, por miedo a la recesión, inundaron el mundo de liquidez, C. Los intermediarios financieros que empataron artificiosamente deudas de largo plazo – sustentadas en un valor inflado de los bienes raíces y no en la capacidad de pago de los acreditados- con activos financieros de muy corto plazo, D. Las agencias calificadoras (¡otra vez fallaron las "murallas chinas" entre intermediarios financieros y calificadoras!), E. Los reguladores omisos, y F. Los acreditados que aprovecharon las gangas hipotecarias sin detenerse a evaluar su capacidad de honrar tales deudas.

2. El TARP no va a la raíz del problema, que es el precio inflado de las viviendas. Martin Feldstein ha propuesto un programa más sólido: apoyar la reestructura de las hipotecas, a partir de una revaloración, con descuento, del mercado de los bienes raíces; hoy, cerca del 30% de las viviendas hipotecadas en Estados Unidos tiene un valor de mercado inferior al valor nominal de la misma hipoteca…, y contando.

3. Tampoco atiende a otra raíz del problema, que es la insuficiente capitalización de las instituciones financieras. Urge que los bancos globales elevan su cociente de capital contra activos.

Haciendo caso a la sabia frase de Churchill no hay que perder la esperanza. Tarde o temprano aplicarán la receta correcta, después de intentar (casi) todo lo demás. Esperemos que sea más temprano que tarde.

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lunes, 6 de octubre de 2008

Infancia es destino

¡Genial!, gracias a Greg Mankiw

Greg Mankiw's Blog: How careers begin

¿Pirómanos al rescate?

Entre otros, tres gigantescos problemas que tendrá el rescate de los activos financieros tóxicos: 1. ¿Cómo fijar un precio para los activos que no sea tan bajo que inutilice el rescate y que no sea tan alto que defraude a los enojados contribuyentes?, 2. ¿Con qué activos empezar y qué instituciones deben ser las primeras en la lista?, 3. ¿Cómo explicar al público que sólo los mismos que causaron el desastre están capacitados para administrar con probidad ese gran fondo público de activos tóxicos?

Por el bienestar del mundo más nos vale que el rescate aprobado por el Congreso estadounidense funcione con alguna eficiencia y eficacia.

Sin embargo, no hay grandes motivos para estar optimistas. En un mes, a lo sumo, deberán iniciarse las subastas en reversa – "gana" quien ofrezca el precio más bajo en ofertas sucesivas- de los activos financieros tóxicos y, sean cuales sean los activos y las instituciones elegidas para encabezar la lista, el equipo conformado por Henry Paulson será severamente criticado.

No es para menos: Se intenta "recrear" un mercado de invernadero – sufragado con cuantiosos recursos públicos- en el que unos cuantos iluminados de Wall Street decidirán cuáles son los "precios correctos" que los contribuyentes deberán pagar por unos activos financieros que nunca solicitaron y por los cuales no existe hoy ninguna rebatiña entre ansiosos compradores (en cambio, son legión los que quieren deshacerse de ellos).

Recuerde este nombre: Ed Forst. Así se llama un egresado de Goldman Sachs – el mismo banco de inversión de donde viene Paulson-, que sólo por unos días fue profesor en Harvard antes de ser contratado por Paulson para encabezar el equipo de administradores del gigantesco fondo de inversiones tóxicas. Como Forst, la casi totalidad de los administradores que tomarán las decisiones sobre qué activos comprar, a qué precios, en qué condiciones y en qué volúmenes, serán banqueros de inversión y/o administradores de fondos pletóricos del mismo tipo de activos que han intoxicado al sistema financiero. ¿Por qué? Porque sólo ellos saben, al parecer, desenredar lo que enredaron.

Salta a la vista que reclutar a los pirómanos – o a sus amigos – para apagar el incendio no es precisamente algo que despierte aplausos o suspiros de alivio entre los contribuyentes y entre los atribulados del mundo (todos), que estamos – la mayoría sin deberla ni temerla – afectados por este caos.

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LUNES DE VERAS NEGRO

Los mercados del mundo caen estrepitosamente esta mañana. A las 10:20 de la mañana la Bolsa Mexicana se empezaba a recobrar y sólo caía ¡7.67 por ciento!, después de haber rozado, a las 10:00 horas, el 10% de caída. La bolsa de Brasil está suspendida por segunda vez; antes de suspender las cotizaciones, el indice Bovespa caía más de 15 por ciento.
Por supuesto, en los mercados de valores de Estados Unidos también hay grandes descensos.

1. EL RESCATE BUSH-PAULSON NO CONVENCE A LOS MERCADOS
2. LA RECESIÓN YA ESTÁ AQUÍ Y LOS MERCADOS SÓLO ESTÁN DESCONTANDO UN FUTURO QUE SE VE NEGRO.

En el sitio de El Economista se le está dando un seguimiento puntual a este lunes negro, "casi bruno".

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domingo, 5 de octubre de 2008

Crisis global: Razones para la incertidumbre

La economía global es un conjunto complejo de variables que no se comportan de forma lineal. De ahí la incertidumbre acerca de su trayectoria futura. En cambio, sí sabemos que la recesión global será severa y más o menos prolongada.



Lo que no sabemos hoy: No sabemos, nadie lo sabe a ciencia cierta, cuál es la magnitud de los activos financieros dañados que están intoxicando a la economía global. Durante el fin de semana, por ejemplo, todas las señales de alarma se encendieron en Europa al comprobarse que la operación de rescate del gran banco hipotecario alemán Hypo Real Estate (HRE, el segundo en tamaño en ese país) había fracasado porque se subestimaron los recursos necesarios para el salvamento (hoy parece que se requerirán de inmediato 50 mil millones de euros, en lugar de 35 mil millones, y a partir de 2009 inyecciones hasta por 100 mil millones de euros) y porque los bancos privados asociados al rescate no avisaron a tiempo a las autoridades que se retiraban de la operación justo por los errores de cálculo. Huelga decir que el disgusto de las autoridades alemanas es mayúsculo.

Tampoco sabemos hoy si los recursos aprobados por el Congreso de Estados Unidos serán suficientes para desintoxicar de activos en problemas a los bancos estadounidenses, ni sabemos si en el Reino Unido deberán decretarse nuevas inyecciones de liquidez o incluso nacionalizaciones para otros bancos en problemas.

Sí sabemos, en cambio, que variables clave de la evolución de esta sequía global serán: el precio relativo del dólar, las tasas de interés, la dirección de los movimientos de capitales (incluidas las reservas de varios países) hacia Estados Unidos o hacia fuera de Estados Unidos, la magnitud de la desaceleración de la economía china, la flexibilidad de la economía estadounidense para adaptarse a la recesión, el precio del petróleo y de otros bienes genéricos y homogéneos (commodities), la magnitud del paro en Europa y las acciones que la Unión Europea y el Banco Central Europeo adopten para hacerles frente. Todas ellas, y otras variables, están interrelacionadas de forma no lineal.

Tratar de ponerle número exacto o aproximado a cada una de estas previsiones es una locura. Otra vez queda desmentida la ilusa pretensión de que la economía – o, en general, las ciencias sociales- puedan aspirar a realizar pronósticos puntuales como los de las ciencias físicas.

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jueves, 2 de octubre de 2008

Socialismo estilo USA

En el mejor estilo de la “blandura”, característica del socialismo en cualquiera de sus variedades, el paquete de rescate financiero es vendido como la muestra de que el gobierno de Estados Unidos ha hecho su mejor esfuerzo para evitar que se reedite la gran depresión de los años 30. Sin embargo, el fantasma de la depresión sigue adelante y eso es lo que están avizorando los mercados.

Describiendo la restricción presupuestal blanda, característica de los países socialistas, el economista húngaro Janos Kornai escribió en 1983, antes de la caída del muro de Berlín, lo siguiente:

“Ya hemos utilizado la analogía del Estado como compañía general de seguros. Este deseo de estabilidad y seguridad es lo que motiva a impedir la ‘selección natural’ que lleva a cabo el mercado, para, en cambio, garantizar la supervivencia de bancos y empresas productoras ineficientes”.

Pues bien, en este caso no estamos hablando ni de la extinta Unión Soviética, ni de la otrora socialista Hungría (como hizo Kornai en su momento), sino de los Estados Unidos en el otoño de 2008 donde se reedita en gran escala el cuento de que el Estado es una gran compañía de seguros universales que evita la crueldad asociada al sistema de mercado, las pérdidas, las quiebras, el desempleo y las consecuencias de la irresponsabilidad.

No hay ninguna certeza de que se lograrán evitar las desgarradoras tragedias de la gran depresión, al estilo de “Viñas de la ira” de John Steinbeck, pero el gobierno – prometen- hará su mejor esfuerzo: al salvar a los burbujeantes e irresponsables financieros evitará – dicen- que alguna familia pobre tenga que emigrar en un auto destartalado en busca de un trabajo mal pagado en California.

Todo esto tiene un tufo profundamente socialista (¿de eso se trata en realidad el “conservadurismo compasivo” de George W. Bush?) y es un monumental ejemplo de la pedagogía de la irresponsabilidad; aumentar de 100 mil a 250 mil dólares el seguro para los depósitos en los bancos, castiga a los bancos que han sido prudentes y productivos a favor de los temerarios e irresponsables. Disminuye la disciplina propia de la competencia en el mercado, estimulando la indiferencia del público: No importará ya si el banco X es mal administrado porque la gran aseguradora universal (gobierno compasivo) garantiza mis depósitos contra todo, incluida la incompetencia y la irresponsabilidad.

¿Será que el muro de Berlín lo están construyendo de nuevo en Wall Street?

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miércoles, 1 de octubre de 2008

El gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co.

Imaginemos tres escenarios posibles acerca del “rescate” del sistema financiero global, domiciliado formalmente – y por ahora- en Estados Unidos. Sirve al menos para estar preparados.

Escenario uno: Pese a todo y con pequeños ajustes cosmético-políticos, tanto el Senado como la Cámara de Representantes aprueban el rescate de activos tóxicos propuesto por Henry Paulson y su equipo. Se crea un gigantesco fondo de inversión dentro de la mismísima Secretaría del Tesoro y su administrador estrella – el propio Paulson – dispone de miles de millones de dólares para armar un portafolio de papeles tóxicos maquillados. Se alivia un poco y en el muy corto plazo la turbulencia en los mercados. No más. Resultado práctico: se gana tiempo para llegar a las elecciones del 4 de noviembre sin “tantas” turbulencias. ¿Después? Dios – y el próximo presidente de los Estados Unidos- dirán qué sigue…

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Escenario dos: Se le hacen ajustes mayores al plan de rescate y en lugar de usar los recursos de los contribuyentes para comprar activos tóxicos e ilíquidos, se utilizan para capitalizar a las instituciones en problemas y para estimular todas las compras, fusiones y absorciones posibles que mejoren sustancialmente la relación “capital contra activos en riesgo” de la banca estadounidense y global. El rescate sale más barato, y menos “injusto”.

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Escenario tres: Por “culpa” de la politiquería y de las perniciosas opiniones de algunos libertarios – convencidos, como yo, de la supremacía del mercado libre sobre cualquier intervencionismo gubernamental- no se hace nada. Quiebran más instituciones, pierden muchos inversionistas y acreditados más o menos “inocentes” (cabría preguntar: ¿inocentes de cuál crimen?, ¿tener dinero?, ¿necesitarlo?); aumenta la percepción de riesgo, se recobran prácticas bancarias y financieras conservadoras; cae el dólar, el gobierno de Estados Unidos no tiene más remedio que proponer un programa creíble, draconiano, de saneamiento de sus deterioradas finanzas públicas y la Reserva Federal no tiene más remedio que elevar las tasas de interés para detener la estampida de capitales que huyen del dólar y de los devaluados bonos del Tesoro.

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Lo único seguro es la recesión. La Casa Blanca, los candidatos y Wall Street se engañan y nos engañan cuando dicen que con “el gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co.”, podrán evitarla.

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