martes, 27 de mayo de 2008

Petrobras: Lo mejor de dos mundos

No cabe duda que Brasil está jugando muy bien sus cartas en materia de petróleo.

Los monopolios petroleros nacionales en el mundo tienen la propiedad del subsuelo donde están hoy los hidrocarburos en potencia, pero la mayoría no puede o no quiere explotar esos prospectos; por su parte, las petroleras privadas, muy disminuidas respecto de lo que fueron hace décadas, buscan hacerse de más crudo para aprovechar los altos precios, pero casi no tienen acceso a nuevos yacimientos.

Salvo excepciones, ni unos (los monopolios nacionales) ni otras (las petroleras privadas) están muy contentos viendo los altos precios del petróleo porque esta vez los precios no son producto de una estrategia de un cartel de productores (la OPEP), sino que son resultado de que se esfumó el colchón de inventarios – unos 10 millones de barriles diarios – que en años pasados servía para estabilizar los precios frente a choques temporales de oferta.

Esfumado ese colchón y casi agotados en el mundo los yacimientos “fáciles” de explotar, una demanda que ante cualquier evento imprevisto (digamos, un huracán) fácilmente rebasa la oferta presente o la previsible en el futuro próximo es la que manda, no un cártel de productores, no un cártel de consumidores, ni siquiera un puñado de especuladores en los mercados de futuros. Lo explica brillantemente Alan Greenspan en el capítulo 24 en “The Age of Turbulence”.

Lo lógico sería que los monopolios nacionales manejados por los gobiernos invirtieran frenéticamente en hacer viables sus recursos prospectivos, pero tal parece que no pueden o no quieren hacerlo. La mayoría de esos países ni siquiera aprovecha eficazmente los ingresos petroleros de hoy para buscar fuentes alternativas de energía para mañana.

Una excepción notable es la petrolera estatal brasileña, Petrobras, que ha aprendido a funcionar con lógica de mercado y no de “mascarón de proa nacionalista” - para lo cual le ayuda mucho haber colocado parte de su capital en los mercados bursátiles –, y que sí está explorando aceleradamente su mar patrimonial para acrecentar sus reservas y explotarlas, al mismo tiempo que actúa en todo el mundo con la flexibilidad de una petrolera privada y sin complejos.

Esta estrategia ganadora, para Brasil, acabará por beneficiar a los consumidores de todo el mundo, ya que tarde o temprano una mayor oferta de petróleo ayudará a disminuir los precios y estabilizarlos.

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