sábado, 22 de agosto de 2009

Tres cursos de acción posibles o "si yo fuera el Presidente"

La vida semeja el jardín de senderos que se bifurcan del famoso cuento de Borges(*). Casi a cada momento estamos ante encrucijadas que nos obligan a decidir. Con frecuencia las encrucijadas no son tales (disyuntivas entre A y B) sino opciones múltiples: tres, cuatro, cinco posibles cursos de acción, que pueden o no ser excluyentes. Los senderos, entonces, ya no sólo se bifurcan (perdón, Borges), sino que se trifurcan o más.

Pero sólo hay un “siguiente paso” y ese único próximo paso determina, al menos parcialmente, los siguientes y marca de forma inexorable la secuencia (si tomo la ruta ciudad de México-Monterrey, puedo llegar, desviándome un poco, a Tampico, pero es imposible que llegue a Tapachula).

Propongo a los lectores “jugar” a que cada cual es, hoy y ahora, el Presidente de México y tiene ante sí sólo tres cursos de acción excluyentes – si se opta por A, se descartan, al menos por el momento, B y C, y así para cada caso- porque lo que hay que elegir es el siguiente paso, y ese siguiente paso determinará en gran medida todo lo que siga. Dicho coloquialmente: Tienen que matar al tigre pero sólo tienen un tiro. ¿Cuál debe ser ése tiro de entre tres posibles?

Curso de acción A, “reformar para crecer contra viento y marea”: Una agenda de reformas estructurales en la línea de lo deseable y necesario, apelando a que la situación de las finanzas públicas y del (no) dinamismo de la actividad económica las hacen impostergables y, por lo tanto, debe superarse el mero cálculo político de “lo que parece posible” aunque haya que enfrentar resistencias y que generar conflictos por los intereses afectados.

Curso de acción B, “el pato cojo”: Aceptar el papel de administrador de la crisis. Ir tirando como “pato cojo” (es una denominación que en los Estados Unidos se da a los Presidentes que ya han perdido futuro político, para ellos o para su partido) y hacer “lo mejor posible” sin desatar conflictos, despertar resistencias o enfrentar nuevas críticas. Hacer cambios cosméticos (verbigracia, quitar a Fulano para poner a Mengano), como los que andan empujando algunos, vaya usted a saber con qué intenciones, en los medios de comunicación.

Curso de acción C, “el Ayatolá justiciero” : Conjeturar que la principal causa de irritación de la sociedad y de los electores es la rampante corrupción en la vida política y en el gobierno, elegir, por tanto, una estentórea y espectacular cruzada por la “renovación moral” castigando con severidad inusitada cualquier corruptela en el gobierno federal, real o aparente, imponer una “austeridad gubernamental” consistente en rebajar a la mitad o más los sueldos de todos los funcionarios del gobierno federal y acciones similares. Una vez iniciada la cruzada moralizadora dentro de casa tener la “autoridad moral” para denunciar la corrupción de los demás: gobiernos locales, los otros poderes, los empresarios, los sindicatos, aunque sea de forma testimonial. El cálculo es que esto daría una nueva imagen al partido en el poder y que los ciudadanos pueden perdonar la incompetencia – o un cierto grado de incompetencia o de inacción en otras áreas- pero no perdonan la deshonestidad en asuntos de dinero.

Por supuesto, sé que podrían darse muchas variantes y mezclas entre estas tres opciones. Pero la pregunta es ¿cuál es la prioridad?, ¿cuál es, de las tres, la que promete ser más acertada o más correcta?

Por supuesto, también, la elección revela mucho sobre la jerarquía de valores (¿qué es lo más importante?) de quien elije.

Una última consideración: NO se trata de imaginar qué hará el Presidente sino de enunciar qué sería deseable que hiciese o, para ser más preciso, decir qué elegiría cada cual de ser, aquí y ahora, el Presidente. Claro, si alguien desea comentar por qué cree que el Presidente real haría tal o cual cosa, aunque no sea ésa nuestra elección, puede hacerlo. Lo interesante sería saber por qué se conjetura eso.



(*) El cuento de Borges, excelente, puede leerse en la red navegando a este sitio, pero recomiendo – por aquello de los posibles errores del copista -, buscar mejor la edición impresa (en el volumen titulado “Ficciones” de Emecé, editorial argentina, y debe haber también ediciones españolas en antologías u “obras completas”).

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11 Comentarios:

Blogger William Gilmore dijo...

Lo deseable es A. Pero si los legisladores se lo impiden (muy probable), entonces debe hacer C.

agosto 23, 2009  
Blogger Francisco Javier Rovalo dijo...

Yo me iría a los principios y estos me dicen que el papel de un Presidente es la administración de justicia y no de la economía. De tener éxito en la opción C, correr a todos los corruptos y no volverlos a contratar, quedaría un gobierno muy chico y fácilmente sostenible. De la economía que se encargue el mercado.

agosto 23, 2009  
Anonymous Edgar Piña dijo...

El Pesimista dice: ninguna de las tres opciones será tomada. En todo caso habrá discursos, reprimendas, vociferaciones, pero no acciones reales. En todo caso como dice F.J. Rovalo (¡hola, amigo!)amarrarle las tripas al gobierno y que el mercado haga lo demás, sin monopolios, oligopolios y burocracias, !claro¡

agosto 23, 2009  
Blogger Ricardo Medina Macías dijo...

@ Amigos lectores: Mi propósito era NO intervenir en los comentarios - al menos, no hacerlo hasta que hubiese un gran número de respuestas- pero estoy detectando por las respuestas de F. J. Rovalo y de Edgar Piña que NO expliqué con claridad en qué consiste cada una de las opciones a elegir. Cuando hablo de reformas estructurales para crecer, me refiero precisamente a las reformas que son necesarias PARA QUE FUNCIONEN LOS MERCADOS, porque hoy en México gran parte de nuestra improductividad, a mi juicio, obedece a que las reglas del juego - que urge reformar- NO permiten el funcionamiento de los mercados en áreas tan decisivas para todo el resto de la economía como los energéticos, las telecomunicaciones, el transporte de carga y el mercado laboral entre otros. La idea de las reformas estructurales que he sostenido permanentemente en esta bitácora NO es inventarle más chambas al gobierno, sino reformar las leyes para que el gobierno NO obstruya el crecimiento de los mercados y su funcionamiento. Tomen en cuenta que 17 por ciento de los precios en México NO son fijados por la oferta y la demanda en los mercados, sino mediante controles, pactos de espaldas al mercado o concertaciones. Y que esos precios (ese 17% según el cálculo más conservador extraído de los índices de precios del Banco de México) NO son cualesquiera precios, sino los precios de insumos que toda la economía utiliza, de forma que la improductividad se contagia y se generaliza al resto de la economía. Además , como lo señalé hace unos días, también estoy pensando en una reforma fiscal integral que no es sólo una reforma tributaria, sino una reforma del gasto público y del gobierno mismo (como en NZ) para hacerlo eficiente. Y otras reformas estructurales se refieren al estado de derecho, por ejemplo a la certeza jurídica total en la tenencia de la tierra en el agro, lo que desataría un gran potencial dormido de productividad, no sólo en la producción agropecuaria, que requiere operar con otras escalas, más grandes, para ser competitiva, sino también en turismo y en construcción de vivienda, por ejemplo.
Ahora bien, a pesar de que describí la opción C - la de la supuesta, subrayo supuesta, renovación moral- con cierta trampa poniendo algún gran disparate (como el de reducir a la mitad los sueldos de todos los altos funcionarios, o como la de llevar a cabo acciones espectaculares para la austeridad que NO son necesariamente acciones esenciales en contra del despilfarro o de la corrupción) veo con asombro que este escenario genera muchas simpatías (como si no supiésemos en que terminan esas campañas moralizadoras, por ejemplo en triplicar el gasto de la Secretaría de la Función Pública o en paralizar el ejercicio del gasto de inversión porque no hay funcionario que se arriesgue a "agilizar" ese gasto dado que la SFP podría fincarle responsabilidades, inhabilitarlo por diez o más años y cobrarle multas descomunales que tendrá que pagar con su patrimonio personal, aunque no tenga tal y debe endeudarse de por vida).
Estimo y respeto mucho las opiniones de F. J. Rovalo, pero debo confesar que decir que la tarea del Presidente es la administración de la justicia es algo que me deja helado, se supone que ésa es tarea del poder judicial. Cuidado, los Ayatolás moralizadores frecuentemente terminan como dictadores. Ojo, no digo que no haya que luchar contra la corrupción, pero temo que algunos medios de comunicación populistas nos han hecho reducir la corrupción a los asuntos de dinero o de quienes llevan una vida por encima de la honesta medianía que predicaba Juárez, sin tomar en cuenta que igualmente corrupto es desempeñar cargos para los cuales no se está capacitado o dejar de actuar para no cometer errores (el consabido "nadar de muertito") y para no correr el riesgo de buscarse enemigos.
Les ruego perdonen la intromisión pero mucho me temo que no supe explicar las opciones en el texto original. Ni hablar.

RMM

agosto 23, 2009  
Blogger Francisco Javier Rovalo dijo...

@RMM: si lo bonito es el intercambio de ideas, gracias por tu intromisión.

Aclaro que lo de Ayatola es parte de lo que pones en la opción pero no describe mi opinión. El combate a la corrupción tendría que hacerse apegado a derecho y con pruebas pero con mucha más intencidad y determinación.

Hasta donde yo se el combate a la corrupción si está dentro de las facultades del Presidente y no necesita concenso ni negociación para hacerlo; es hacer lo que se debe de hacer. Si use mal el término me disculpo.

El combatir la corrupción disminuye la espectativa de impunidad que es la que hace del gobierno un gran negocio para los malvados.

Una menor espectativa de impunidad aumenta el riesgo y disminuye la rentabilidad de lo negocios de lo malvados con el gobierno.

Combatir la corrupción corrige a algunos malvados y los incentivos con respecto al mercado y la productividad.

La otra opción me parece como querer convencer a los malvados de que deben ceder un poco a su opresión para que los podamos seguir cargando. El probelma es que si no ceden lo suficiente no les va a alcanzar y se van a ir contra los cumplidos de siempre.

agosto 24, 2009  
Anonymous Jose Trinidad dijo...

No encuentro por que la opción A es excluyente de la opción C. Yo tomaría ambas, desde luego la opción A es mas urgente que la C.

Saludos

agosto 24, 2009  
Blogger Antonio dijo...

En este momento, lo único que puede hacer el presidente es B + parte de C.

"A" nunca fue posible completamente, aunque pudo haber aprovechado el razonable capital político que tenía al principio de su mandato. Sin embargo hoy tiene al PRI como opositor fuerte y está en sus manos.

No creo que "C" implique volverse un censor, sino que puede ser un estricto aplicador de la ley. En ese aspecto, creo que limpiar su propio gobierno resolvería una buena parte de los problemas que afectan a la economía.

Un Abrazo

agosto 24, 2009  
Anonymous A. Durán dijo...

Calderón podría tratar A, al menos cierta parte de la desregulación puede hacerse sin el concurso del legislativo. Pero, a ver si se entiende de una vez por todas, la lealtad de Calderón está con la casta política, no con quienes votamos por él. Escogerá B y por ahí le aplica un "calambre" al PRI con su terrible gobernador de Veracruz, junto con algún chivo expiatorio del PAN (que también tienen su historia).

agosto 24, 2009  
Blogger William Gilmore dijo...

Si Calderón no hace ni A ni C, es que o México le importa un pepino o tiene cola que le pisen.

agosto 24, 2009  
Blogger DANDY PASQUEL dijo...

Al presidente Calderón no le veo tamaños para tomar el rumbo de sus muy acertada e inteligentes propuestas. Si fuera más sabio y dejara de escuchar su provinciana y patética canción del "hijo desobediente" pensaría más en pasar a la historia que en cuidar los intereses de sus amiguitos y los trabajos de sus leales lacayos y vasallos.

agosto 25, 2009  
Blogger Francisco Peraza dijo...

A mi juicio, lo ideal es un esquema que privilegie la libertad del individuo, y que imponga la primacía del mismo, sobre cualquier "interés colectivo". Por lo tanto, creo que el curso de acción debe ser A

agosto 26, 2009  

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