martes, 1 de diciembre de 2009

Desde Dubai: "Ustedes no entienden nada"

Por primera vez desde que se hizo público el incumplimiento de World Dubai con los acreedores de su filial Nakheel, los jeques de los Emiratos Árabes Unidos han hecho declaraciones:
El jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, quien gobierna Dubai, dijo que los inversionistas internacionales "no entienden nada" de lo que sucede en Dubai y culpó a los medios de crear una crisis artificial.
Si alguien todavía cree que puede haber un rescate a cargo del gobierno de ese emirato o de los Emiratos Árabes Unidos, como es el caso de Joaquín López Dóriga junior hoy en su columna de "El Economista", puede irse desengañando:
"Esa compañía (Dubai World) es independiente del gobierno" dijo el jeque.
Por su parte, el mandamás en Abu Dabi, el jeque Khalifa bin Zayed Al Nahyan, aseguró que la economía de los Emiratos Árabes Unidos está en "buena condición".
Dudo mucho que estas "amables y realistas" declaraciones vayan a serenar a los mercados, mucho menos a los atribulados acreedores que se creyeron la leyenda de que compraban deuda "cuasi-soberana".

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lunes, 30 de noviembre de 2009

Urge poner un "hasta aquí" a los rescates

Wolfang Münchau se pregunta si Grecia será el próximo Dubai. El artículo se puede leer en el FT en inglés y en este otro sitio - Expansión - en español. De inmediato, el analista advierte que la pregunta es incorrecta, si queremos hablar con propiedad, porque en el caso de Dubai no estamos hablando del incumplimiento de un Estado soberano con sus acreedores, sino de una corporación privada imbricada profundamente con el gobierno de los Emiratos Árabes Unidos (justo esa imbricación o enredada vinculación con el gobierno habría hecho pensar, erróneamente, a parte de los acreedores que la deuda de Dubai World podría juzgarse como deuda soberana; no es así).
Pero lo importante del comentario de Münchau no son las comparaciones, sino la nueva llamada de atención sobre el desastroso estado de las finanzas públicas de Grecia, con un déficit fiscal cercano al 13% del PIB y con un gobierno que desoye los llamados de su propio banco central a corregir ese desastre. El gobierno griego no quiere, por ningún motivo, iniciar un programa de austeridad en el gasto, ni aumentar impuestos. Falazmente asegura que reducirá unos puntos del déficit en 2010 (a "sólo" 9.1 por ciento del PIB) recurriendo al combate a la evasión fiscal; como lapidariamente concluye Münchau: "El fraude fiscal siempre ocupa el primer puesto de la lista de los gobiernos desesperados".
Si en unas semanas se confirma el presupuesto propuesto por el gobierno (sin austeridad, sin reformas estructurales, sin aumentos de impuestos) Grecia se encaminará directo al incumplimiento con sus acreedores (dos tercios de su deuda pública está en manos de extranjeros) a menos que la Unión Europea entre al rescate.
Y aquí es donde está lo más interesante: Münchau descarta, con buenas razones, que la UE pretenda rescatar a Grecia; por el contrario, prevé que Grecia será el primero de los países de la zona en ser sancionado por incumplir el pacto fiscal (casi todos están en incumplimiento, de una u otra forma, pero el peor es Grecia), lo que agravará la situación fiscal de Grecia, dado que la sanción sería una multa millonaria. Tampoco es probable que el gobierno griego tenga vocación suicida y se salga de la Unión Europea, perdiendo todos sus beneficios y convirtiéndose en un Estado paria, más o menos como Argentina, para todo efecto práctico. ¿Qué pasaría, entonces? Que el Fondo Monetario Internacional tendría que intervenir e imponer a Grecia desde fuera la austeridad fiscal que internamente se resisten a aceptar.
¿Terrible? No, en mi opinión. Terrible sería que el mundo siguiese por el camino equivocado de eludir los costos mediante el expediente de los rescates, consecutivas fugas hacia delante. Si le ponen a Grecia un "hasta aquí" se empezará a restablecer el orden perdido en la economía mundial.

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jueves, 26 de noviembre de 2009

Dubai, ¿estalla otra burbuja?

Hoy es el día de acción de gracias (thanksgiving day) en los Estados Unidos y sus mercados financieros están cerrados. Pero está muy lejos de ser un día tranquilo para los inversionistas, para las finanzas internacionales y para la economía mundial. Hay una oleada de ventas nerviosas en los mercados electrónicos, en los mercados de Asia y en los de Europa.
Por una parte, un dólar que el miércoles cotizó inusitadamente débil frente al yen, frente al euro, frente al oro, ¡frente al peso mexicano! (ilusión óptica de la relatividad de los tipos de cambio, no hay absolutos: todo se cotiza respecto de otro valor que es igualmente relativo; por ejemplo, el FT señala en su edición de hoy que el yen alcanzó su cotización más alta frente al dólar ¡en 14 años!, pero todo depende del cristal a través del cual se miren las cosas: lo mismo podría decirse que el dólar está en su nivel más bajo de los últimos 14 años frente al yen). El problema es que, a falta de una referencia absoluta (no dependiente) el dólar sigue siendo el referente dominante, por llamarle de alguna forma, en el que cotizamos el petróleo, el oro, las materias primas, las deudas de países y corporaciones multinacionales, los bienes raíces... No podemos quedar impunes cuando la moneda de referencia cae, cae y sigue cayendo...Se multiplican las ilusiones: ganancias ilusorias, avances ilusorios, pérdidas ilusorias, ¿recuperaciones ilusorias?
Por otra parte, en Dubai se han encendido todas las alarmas. El fantasma de un incumplimiento de pagos a tenedores de bonos de Dubai World, la empresa insignia de ese emirato árabe, conmociona porque podría ser la señal de salida para el estallido de otra burbuja especulativa en los mercados internacionales, con efectos en cadena. Dubai es, en términos económicos, el más débil de los emiratos árabes y tiene relativamente poco petróleo, menos del 6 por ciento de sus ingresos provienen de los hidrocarburos, pero es uno de los destinos favoritos de las inversiones de Abu Dabi, el emirato árabe más rico, que posee el 9 por ciento de todo el petróleo del mundo y satisface más del 5 por ciento del consumo mundial de gas natural. Abu Dabi ha tratado de diversificar su petrolizada economía invirtiendo cuantiosos excedentes (fruto de la burbuja de los altos precios del petróleo) en los espectaculares y fastuosos desarrollos turísticos e inmobiliarios de Dubai, que a su vez es el punto de enlace financiero entre el mercado de Londres y el de Singapur, es decir: Una de las principales puertas financieras que unen a Europa con Asia.
El amago de la firma Nakheel, filial de Dubai World, de posponer hasta mayo de 2010 el pago de más de cuatro mil millones de dólares que se vencen en unos días, en diciembre, ha hecho que de nueva cuenta se desplome el apetito de los inversionistas por el riesgo (una forma un tanto equivoca para decir que de pronto se han acordado de que las burbujas estallan violentamente; no es que se hayan vuelto más cautos de súbito, es que de súbito han visto riesgos reales que tenían olvidados), lo que ya le pegó hoy al precio del oro, del petróleo y de otros "refugios" que hace unas horas se consideraban más o menos "seguros". Al decir del FT la huida se está dado hacia los bonos alemanes.
John Gapper, comentarista del FT, comenta en su blog (ver aquí) que el círculo de la crisis (que iría del estallido de la burbuja inmobiliaria en Florida, hace un par de años, al estallido de la burbuja del fastuoso Dubai) se cierra..., con una peligrosa diferencia: En Florida, o en Arizona o en California, hubo un gobierno que respaldó, mal que bien, a los inversionistas atrapados. En Dubai lo más probable es que no lo haya. El propio Gapper recuerda y cita textual la advertencia de Moodys a los inversionistas: "La deuda de Nakheel no es calificada por Moodys...Una reestructuración de sus obligaciones podría indicar que el gobierno (de Dubai) está dispuesto a permitir que esta compañía - relacionada con el propio gobierno- incurra en un incumplimiento de sus obligaciones" con sus acreedores o inversionistas.
Conclusiones: 1. Todo está relacionado pero armar el rompecabezas, con tantas y tan disímiles piezas, dista de ser sencillo. 2. No ha terminado la crisis financiera, crece la percepción de que estamos, como dije hace unos días, ante una crisis de largo aliento, espasmódica, con alzas y bajas, con ilusiones y desilusiones. 3. La debilidad del dólar, que no es más que reflejo de la debilidad de los fundamentos fiscales de la economía estadounidense, hace incómodo el papel del dólar como referencia dominante en la economía mundial y distorsiona las percepciones; la relatividad se vuelve norma, 4. Cuidado con los espejismos, y 5. Si alguien sigue creyendo que esta crisis mundial se resolverá aumentando estímulos fiscales y monetarios, le recomiendo volver a pensarlo.

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martes, 17 de noviembre de 2009

¿Recuperación o nueva burbuja?

Es cierto que la tendencia de la economía mundial ha empezado a mejorar. Pero usando con propiedad el lenguaje no deberíamos hablar de recuperación porque los niveles de producción, demanda y, no se diga, de empleo aún están muy lejos de los previos a la crisis.
Hay, entonces, un cambio de tendencia frágil y fácilmente reversible.
Incluso, no hay que descartar que los fundamentos detrás de esta inflexión en la curva (cambio de tendencia) sean efímeros porque pudieran responder exclusivamente al inusitado cúmulo de estímulos fiscales y monetarios. Si es así, más que en la antesala de la recuperación estaríamos en medio de otra burbuja que podrá estallar en cualquier momento (véanse, en este sentido, los precios del oro, inusitados; la recuperación de los precios del petróleo, que no se conduele con un crecimiento proporcional de la demanda ni con una caída proporcional de la oferta petrolera; las alzas en los mercados de valores y en los precios de varias materias primas, verbigracia, el cobre).
Al respecto, no tienen desperdicio los 11 puntos que menciona Jorge Parada, en su blog "El Operador Inteligente" (sigue el mercado de valores de Estados Unidos) para explicar el porqué, desde la perspectiva del análisis fundamental, NO ve un futuro prometedor. Va un resumen de lo que él dice y que, salvo alguna diferencia poco relevante, también refleja mi punto de vista:
#1 Estamos saliendo del estallido de la burbuja crediticia "más grande en la historia, muy poca gente entiende esto, no es la típica recesión donde inyectando más dinero y más crédito reactivabas la economía, no, aquí sólo el tiempo y la contracción del crédito van a curar esto, los políticos simplemente no lo entienden y siguen tirando dinero en un profundo hoyo negro".
#2 "El consumidor que representa el 70% del PIB de los Estados Unidos, no tiene de donde echar mano por más dinero, y simplemente no tendrá"
#3 "El precio de las casas que es de donde los consumidores estadounidenses obtenían más dinero como si las casas fueran un cajero automático ATM, ha bajado mucho". Esto significa que "la gran mayoría debe más de lo que vale su casa y no puede ya sacarle dinero como lo hacía antes, y teniendo un récord histórico de casas en inventario y cada vez más desempleados, simplemente es imposible que esto cambie, los precios de las casas seguirán cayendo, 7 millones de casas irán a foreclosure o suspensión de pagos en los siguientes 12 a 18 meses, aunado a la caída en los mercados".
#4 Las altas cifras de desempleo y subempleo en los Estados Unidos indican que tampoco hay dinero nuevo, producto del trabajo, que se sume a la demanda.
#5 "El consumidor está simplemente asustado de gastar". Estamos ante un cambio de estilo de vida - consumo y ahorro - generacional (un cambio en la "cuenta larga" de la historia como habría dicho Octavio Paz refiriéndose a transformaciones de paradigmas), que en cierta forma nos regresa a la década de los años 30: Quienes vivieron esa larga recesión espasmódica, que llamamos Gran Depresión, así como las terribles consecuencias y secuelas de la II Gran Guerra, sobre todo en Europa, aprendieron que cada centavo cuesta mucho ganarlo y debe cuidarse con escrúpulo. Se acabó, de veras, la fiesta.
#6 "Más de 4 trillones serán retirados de líneas de crédito este 2009, y queda mucho más por contraer, de hecho todo el crecimiento que tuvimos de 1997 a el 2008 fue financiado por crédito de casas y tarjetas de crédito"; a esto se aúna la debilidad estructural de los grandes bancos e instituciones de crédito; por ejemplo, Fannie Mae y Freddie Mac siguen perdiendo dinero a raudales.
#7" Exceso de capacidad en todo, tenemos un exceso en casas, almacenes, productos, fábricas, en TODO prácticamente, y no se pueden curar estos inventarios o excesos por lo que señalo arriba, como ven todo está conectado".
#8 "Los negocios no están gastando, están recortando para subsistir y también tardarán muchísimo tiempo en llegar a un nivel óptimo donde primero se nivelen y luego puedan empezar a crecer".
#9 "El gobierno ya no nos puede financiar más, está hasta el cuello en deuda y no puede como antes recortar impuestos y aumentar más el gasto público, de hecho se le fue la mano y ahora todo el gasto lo tendrá que recuperar por medio de aumento en impuestos, y eso sólo frenará más la economía y los negocios estarán en una posición mucho más difícil para contratar y el desempleo todavía aumentará un poco más".
#10" La FED tampoco puede ya hacer nada, normalmente bajando las tasas de interés reactivaba la economía, pero las tasas tienen ya rato en 0% prácticamente y metió más de un trillón en la economía, mismo que fue a parar a las hojas de balance de los bancos reemplazando las pérdidas que tuvieron que tomar" y,
#11 "Por último veamos la valuación por medio del PE en el mercado, donde estamos en un histórico aproximado de 140, cuando el “típico” de un fondo histórico está en alrededor de un 10 a 15, así que si nos guiáramos por esto tendríamos para caer alrededor de un 90% en los mercados, tal y como dice Robert Prechter del Elliot Wave que caeremos (luego le dedicaré una columna ya que es muy interesante), como pasó en la época de la Gran Depresión, definitivamente…… un “Futuro no muy Prometedor”...

(Las frases entrecomilladas son textuales del blog de Parada; las no entrecomilladas son mías: RMM).

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lunes, 9 de noviembre de 2009

El dúo dinámico debate sobre productividad

La productividad en Estados Unidos creció un espectacular 9.5 por ciento anual en el tercer trimestre. En contraste, la tasa de desempleo abierto, también en Estados Unidos, llegó a los dos dígitos, más de 10 por ciento, por primera vez en 25 años.

Por supuesto - y para ello hay muchas explicaciones, no sólo la afición de los medios de comunicación a las malas noticias- en los principales diarios especializados como el WSJ o el FT, ya no se diga en los de información general, la noticia sobre el crecimiento de la productividad se registró en las páginas interiores en tanto que el reporte sobre desempleo se desplegó en las primeras planas e influyó negativamente (dicen quienes les leen las entrañas a los mercados financieros para explicar porqué suben o porqué se desploman) el día que se anunció. La diferencia de valoración no sólo se explica por el alarmismo congénito de la profesión periodística, sino porque el desempleo es un concepto más tangible para el público que el concepto de productividad. A largo plazo el motor del crecimiento económico y del bienestar es la productividad, pero en el horizonte inmediato de millones de personas lo que pesa, en las cuentas de cada día, es tener o no tener un empleo.

A partir de estos dos datos en contraste (desempleo y productividad) el dúo dinámico de la Universidad de Chicago - Gary Becker y Richard Posner- reflexiona y discrepa entre sí. El documentado debate puede leerse en la bitácora conjunta del premio Nobel (Becker) y del jurista-economista (Posner) pinchando en este sitio para Becker y en este otro sitio para Posner.

Becker, en línea con la experiencia histórica, advierte que a largo plazo los incrementos de la productividad habrán de traducirse en más empleo y más bienestar,si bien en el corto plazo esos mismos incrementos pueden generar desempleo, (se trata, en última instancia, de la famosa "destrucción creativa" que tan brillantemente expuso Jospeh Schumpeter en su "Teoría del desarrollo económico"). Un ejemplo típico es del mensajero que, por la generalización del uso del fax y del correo electrónico, se quedó sin trabajo pero capacitándose obtiene un empleo mucho más productivo y remunerador, por ejemplo: ordenando archivos y datos electrónicos en una computadora o incluso produciendo programas de computación para usos administrativos.

Posner no está de acuerdo con Becker en que, hoy y ahora y en esta "world wide recession", estemos presenciando un incremento de la productividad que sea producto de una mejora tecnológica o de un proceso creativo; conjetura que más bien se trata de que menores trabajadores están trabajando más horas, ganando menos, así como de otras reacciones temporales de las empresas para ajustarse ante la recesión: posponer pagos a proveedores, disminuir la calidad de las materias primas e insumos empleados para producir los bienes y otras medidas microeconómicas de emergencia frente a la crisis que se traducen a la postre en una real o aparente mayor producción ("output") a partir de menos factores productivos.

Lejos de mí pretender terciar en este debate entre dos gigantes (de los auténticos, no de los que menudean por estos lares perorando y salpicando bilis ideológicas o sectarias), pero me atrevo a opinar que, en lo básico, Becker es quien tiene razón: Este aumento en la productividad es una buena noticia y presagia (en un futuro que no sabemos determinar cuán cercano está) mayor bienestar y, a la postre, mayor empleo.

Las razones de cada cual ahí están - en una de las bitácoras imprescindibles en el mundo de la investigación económica- y es un placer intelectual aprender un poquito asomándose a discusiones inteligentes.

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lunes, 21 de septiembre de 2009

La respuesta "contracíclica" en números

Crecimiento anual de la inversión (formación bruta de capital fijo) al segundo trimestre de 2009:

* Privada: menos 18.9 por ciento
* Pública: más 26.0 por ciento

Que se compone de:

* Construcción privada: menos 16.7 por ciento
* Construcción pública: más 30.9 por ciento

* Inversión privada en maquinaria y equipo: menos 21.5 por ciento
* Inversión pública en maquinaria y equipo: menos 4.9 por ciento.

Crecimiento anual del consumo al segundo trimestre de 2009:

* Consumo privado (hogares): menos 9.6 por ciento
* Consumo del gobierno: más uno por ciento.

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

El déficit fiscal inhibe el crecimiento

Para muchos comentaristas la crisis económica mundial 2007-2009 (¿y contando para adelante?) ha roto el paradigma de la economía de libre mercado y ha reivindicado la intervención del Estado y de los gobiernos en la vida económica. Este es uno de los efectos más penosos de la crisis, desde el punto de vista intelectual, porque se diría que la crisis ha propagado la estulticia humana que, de suyo, desde antes de la crisis era mucho más abundante de lo deseable.

Una manifestación particularmente insidiosa de dicha estulticia - definición: necedad o tontería - es la creencia de que los déficit fiscales ayudan a estimular el crecimiento económico y la generación de empleos. No es así. Siendo benévolos podríamos conjeturar que esta creencia proviene de una confusión entre lo que son medidas extremas de emergencia para evitar un colapso del sistema financiero mundial (momento que sucedió hace exactamente un año, en septiembre de 2008, con la quiebra inesperada de Lehman Brothers y los rescates, incongruentes con el episodio de Lehman, de Fannie Mae, Freddie Mac y AIG, entre otras instituciones "demasiado grandes para dejarlas caer") con lo que es una política económica inteligente y "normal" para favorecer el crecimiento de la economía. Es una confusión tan lamentable como inferir que, dado que la amputación de una pierna le salvó la vida a una persona amenazada por la gangrena, las amputaciones de miembros deben hacerse a toda la población para mejorar la salud general.

Hay sólo tres formas de financiar el gasto de los gobiernos: 1. Impuestos, 2. Deuda colocada en los mercados, 3. Emisión de dinero. Confiemos en que nadie, a estas alturas de la historia humana, será tan estulto o tan ignorante como para pensar que la menos mala de esas tres opciones es la emisión de circulante. Quedémonos, pues, con las otras dos: Impuestos y deuda que sí paga intereses (la emisión de circulante podría entenderse como "deuda sin costo" -o sin pago de intereses para el emisor, que es el gobierno-, pero en buen castellano es sólo un robo: el Estado confisca arbitrariamente los bienes de los ciudadanos, dañando más a quienes sólo tienen su salario o su pensión como patrimonio, que suelen ser los más pobres).

Entre impuestos y deuda pública (mayor déficit fiscal), los primeros son menos malos que la segunda. Nótese que digo "menos malos" porque lo ideal es que el gasto del gobierno NO aumente. Estamos suponiendo, empero, que una profunda recesión hace indispensable ese mayor gasto, sea para "estimular" la economía, sea para atender necesidades impostergables; por ejemplo: una pobreza extrema que se agrava y que se ha decidido, por las razones que sean, atenuar o combatir con recursos públicos en un proceso de redistribución de riqueza (no entro a discutir ahora si esta idea de la redistribución es deseable moral y económicamente) o por necesidades ineludibles, como el pago de las pensiones que el Estado se obligó a pagar de forma contractual a trabajadores jubilados. En ese escenario los impuestos, como medio de financiamiento público, son una opción mejor (o mucho menos mala) que el incremento de la deuda.

¿Por qué? 1. Porque las deudas públicas contratadas hoy serán los impuestos que nos impondrán mañana...o que se les impondrán a las futuras generaciones (en el caso, improbable, de que dicha deuda pueda contratarse a un plazo suficientemente largo que posponga su servicio, pago de intereses, y su amortización por muchísimos años), lo que supone hipotecar un futuro que no nos pertenece, 2. Porque la contratación de una deuda debe prever la generación de recursos para darle servicio; no es lo mismo endeudarse para construir una carretera de peaje, que previsiblemente producirá los ingresos para pagar la deuda, que endeudarse para pagar pensiones o para dar subsidios a la población en extrema pobreza, y 3. Porque la deuda pública, especialmente en un periodo de restricción real del financiamiento privado como el que estamos viviendo (es decir: de escasez severa de fondos disponibles para el financiamiento de las actividades productivas) desplaza esos recursos escasos de la sociedad hacia el gobierno. Es decir: La deuda pública le quita, desde su contratación o su emisión, recursos disponibles a la sociedad. Lo cual demuestra, por cierto, que es ilusorio - una ilusión a la que sucumbe la generalidad de las personas- pensar que la deuda no nos cuesta hoy. No, también nos cuesta hoy.

Pongamos un ejemplo simple: Hay una oferta de 100 millones de dólares disponibles (producto del ahorro privado) en el mercado de financiamiento, pero hay una demanda de financiamiento en el sector privado de 500 millones de dólares. Obviamente, la tasa de interés tenderá a subir o, en todo caso, el acceso al financiamiento será muy difícil (en términos de probabilidad, sin atender a otras variables, podríamos decir que nuestra probabilidad de lograr un crédito es de uno sobre cinco o de sólo 20 por ciento). Ahora, supongamos que el gobierno acude también al mercado de financiamiento y demanda 50 de los 100 millones de dólares disponibles en el mercado de financiamiento. Dado que la "calidad crediticia" de un gobierno suele ser más alta que la de un agente privado, por la presunción de que los gobiernos no quiebran (presunción sustentada en que los gobiernos son los emisores de la moneda con la que se solventan las deudas), es previsible que el gobierno logrará satisfacer su demanda lo que: 1. Reduce la oferta de crédito disponible para quienes NO son el gobierno a sólo 50 millones de dólares frente a una demanda de 500 millones, y 2. Eleva la tasa de interés para todos. Volviendo a nuestra ilustración en términos de probabilidad (haciendo a un lado todas las otras variables que pueden influir en la probabilidad de recibir o no un crédito) las probabilidades de tener acceso a un crédito han bajado a una entre diez, es decir al diez por ciento.

Si alguien sostiene que la deuda pública NO inhibe las probabilidades de crecimiento de la economía ese alguien sufre una intoxicación intelectual (conocida como keynesianismo ramplón) que le impide reconocer la realidad. ¿Es o no, pues, una manifestación de estulticia, proclamar que México, a imitación de otras naciones, debe "estimular" la economía contratando más deuda pública?

El déficit fiscal inhibe el crecimiento. Ya lo veremos en Estados Unidos, en la Gran Bretaña y en España. Y no tendremos que esperar mucho.

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viernes, 11 de septiembre de 2009

¡Aleluya!, encontraron la solución (entrada actualizada el 22 de septiembre)

Señoras y señores: No hay que desesperar, un grupo de brillantes mexicanos ya encontró la solución definitiva, así como lo leen: definitiva, al gran problema económico que ha estado aquejando a la humanidad por siglos...

El problema se llama escasez. La solución se llama: "Cambia de modelo a otro en el que presumes, o haces de cuenta, que la escasez no existe".

Ya leí el pobre material disponible acerca de los resultados del Taller "México ante la crisis: Hacia un nuevo curso de desarrollo". Me quedé corto. Los autores no sólo decretan la inexistencia de la escasez de recursos como dato básico del que debe partir cualquier propuesta económica, sino que también desdeñan hacer explícitos los datos en los que sustentan su diagnóstico y sus recomendaciones, así como el método científico que les condujo a sus hallazgos.

Cito dos párrafos como muestra del rigor y precisión que caracteriza a este documento:


"Ante la importancia de la tributación originada
en el petróleo, la caída de los ingresos
petroleros no puede traducirse sólo en
urgencia de recortar el gasto, del mismo modo
que su eventual recuperación no puede ser
leída como una nueva oportunidad de
ampliarlo irresponsablemente y posponer de
nueva cuenta la reforma tributaria."


Esto es todo lo que el documento dice acerca de la caída de la producción de petróleo en México, que de 2004 a 2009 puede estimarse en más de 750 mil barriles diarios (y contando), lo que significa para el erario un descenso de más de 250 mil millones de pesos anuales (lo que equivale, a su vez, a diez años del presupuesto de la UNAM o a cinco años de todo el gasto público de un país pequeño en desarrollo como El Salvador). No hay siquiera una mención de que tales ingresos sufragan hoy día más de la tercera parte del gasto público federal. Una omisión de tal magnitud acerca de una restricción básica para las finanzas públicas (restricción dura como una piedra y no sujeta a lecturas ideológicas o políticas) ¿es o no una apuesta a favor de la fantasía de que los recursos son infinitos?, ¿es o no la proclamación de la inexistencia de la escasez?

Este otro párrafo podría llevarse el campeonato del análisis económico riguroso, serio y documentado:

Los precios y las tarifas de los bienes y
servicios que proporcionan el gobierno y las
empresas públicas deben permitirles cubrir
los costos y generar un excedente que
permita mantener el capital existente y
ampliar la capacidad de producción. Si por
alguna razón el gobierno federal (o un
gobierno local) resuelve subsidiar cierta
actividad, región, empresa o grupo de
consumidores ello no debe repercutir en los
estados financieros de las empresas
públicas.


¿Cómo se le hace para subsidiar un bien o servicio - venderlo por debajo de su costo- y que ello no repercuta en los estados financieros de la empresa (Pemex o CFE, por ejemplo)?
Pues muy sencillo: Falsificando los estados financieros en cuestión (por ejemplo, dejando que el gobierno federal "asuma la diferencia"). Decretando que las pérdidas no son tales, sino ¿qué?, ¿ganancias sociales?

Los integrantes del "Taller México ante la crisis: Hacia un nuevo curso de desarrollo" son: David Ibarra Muñoz, Francisco Suárez Dávila, Jesús Silva Herzog Flores, Norma Samaniego Breach, Mauricio de María y Campos, Carlos Tello Macías, Jorge Eduardo Navarrete López, Enrique Del Val Blanco, Cuauhtémoc Cárdenas, Gerardo Esquivel Hernández, Ciro Murayama Rendón, Leonardo Lomelí Vanegas, Eugenio Anguiano Roch, Saul Escobar Toledo, Rolando Cordera Campos, Prudencio López Martínez y Carlos Heredia Zubieta.

Una última aclaración, acerca de un asunto que de veras carece de interés público. Uno de los autores, el profesor Gerardo Esquivel, ha pretendido descalificar a priori cualquier crítica que yo haga a este "trabajo" mencionando, como "nota al calce", que trabajo en la Secretaría de Hacienda, como si ello me impidiera tener derecho a expresar mis opiniones o como si ello convirtiese, automáticamente, cualquier opinión mía, vertida en mi bitácora personal, en un pronunciamiento de esa dependencia pública. Todas las opiniones que dejo plasmadas en esta bitácora son de mi personal responsabilidad y las expreso en uso de mi libertad. Cualquier lector inteligente detectará con frecuencia que mi opinión difiere, a veces en forma notable, de la interpretación oficial, lo cual ni compromete a la dependencia pública en la que presto mis servicios, ni me incapacita para desempeñar mi trabajo.

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sábado, 22 de agosto de 2009

Tres cursos de acción posibles o "si yo fuera el Presidente"

La vida semeja el jardín de senderos que se bifurcan del famoso cuento de Borges(*). Casi a cada momento estamos ante encrucijadas que nos obligan a decidir. Con frecuencia las encrucijadas no son tales (disyuntivas entre A y B) sino opciones múltiples: tres, cuatro, cinco posibles cursos de acción, que pueden o no ser excluyentes. Los senderos, entonces, ya no sólo se bifurcan (perdón, Borges), sino que se trifurcan o más.

Pero sólo hay un “siguiente paso” y ese único próximo paso determina, al menos parcialmente, los siguientes y marca de forma inexorable la secuencia (si tomo la ruta ciudad de México-Monterrey, puedo llegar, desviándome un poco, a Tampico, pero es imposible que llegue a Tapachula).

Propongo a los lectores “jugar” a que cada cual es, hoy y ahora, el Presidente de México y tiene ante sí sólo tres cursos de acción excluyentes – si se opta por A, se descartan, al menos por el momento, B y C, y así para cada caso- porque lo que hay que elegir es el siguiente paso, y ese siguiente paso determinará en gran medida todo lo que siga. Dicho coloquialmente: Tienen que matar al tigre pero sólo tienen un tiro. ¿Cuál debe ser ése tiro de entre tres posibles?

Curso de acción A, “reformar para crecer contra viento y marea”: Una agenda de reformas estructurales en la línea de lo deseable y necesario, apelando a que la situación de las finanzas públicas y del (no) dinamismo de la actividad económica las hacen impostergables y, por lo tanto, debe superarse el mero cálculo político de “lo que parece posible” aunque haya que enfrentar resistencias y que generar conflictos por los intereses afectados.

Curso de acción B, “el pato cojo”: Aceptar el papel de administrador de la crisis. Ir tirando como “pato cojo” (es una denominación que en los Estados Unidos se da a los Presidentes que ya han perdido futuro político, para ellos o para su partido) y hacer “lo mejor posible” sin desatar conflictos, despertar resistencias o enfrentar nuevas críticas. Hacer cambios cosméticos (verbigracia, quitar a Fulano para poner a Mengano), como los que andan empujando algunos, vaya usted a saber con qué intenciones, en los medios de comunicación.

Curso de acción C, “el Ayatolá justiciero” : Conjeturar que la principal causa de irritación de la sociedad y de los electores es la rampante corrupción en la vida política y en el gobierno, elegir, por tanto, una estentórea y espectacular cruzada por la “renovación moral” castigando con severidad inusitada cualquier corruptela en el gobierno federal, real o aparente, imponer una “austeridad gubernamental” consistente en rebajar a la mitad o más los sueldos de todos los funcionarios del gobierno federal y acciones similares. Una vez iniciada la cruzada moralizadora dentro de casa tener la “autoridad moral” para denunciar la corrupción de los demás: gobiernos locales, los otros poderes, los empresarios, los sindicatos, aunque sea de forma testimonial. El cálculo es que esto daría una nueva imagen al partido en el poder y que los ciudadanos pueden perdonar la incompetencia – o un cierto grado de incompetencia o de inacción en otras áreas- pero no perdonan la deshonestidad en asuntos de dinero.

Por supuesto, sé que podrían darse muchas variantes y mezclas entre estas tres opciones. Pero la pregunta es ¿cuál es la prioridad?, ¿cuál es, de las tres, la que promete ser más acertada o más correcta?

Por supuesto, también, la elección revela mucho sobre la jerarquía de valores (¿qué es lo más importante?) de quien elije.

Una última consideración: NO se trata de imaginar qué hará el Presidente sino de enunciar qué sería deseable que hiciese o, para ser más preciso, decir qué elegiría cada cual de ser, aquí y ahora, el Presidente. Claro, si alguien desea comentar por qué cree que el Presidente real haría tal o cual cosa, aunque no sea ésa nuestra elección, puede hacerlo. Lo interesante sería saber por qué se conjetura eso.



(*) El cuento de Borges, excelente, puede leerse en la red navegando a este sitio, pero recomiendo – por aquello de los posibles errores del copista -, buscar mejor la edición impresa (en el volumen titulado “Ficciones” de Emecé, editorial argentina, y debe haber también ediciones españolas en antologías u “obras completas”).

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jueves, 13 de agosto de 2009

Reformar el gobierno

La precariedad de las finanzas públicas de México - conocida y advertida desde antiguo tanto por el actual como por los anteriores secretarios de Hacienda- fue desnudada sin compasión por la recesion global, pero NO fue causada por la recesión.

De ahí que no haya ninguna contradicción entre dos hechos ciertos: 1. Ya pasó lo peor de la recesión y hay señales inequívocas de recuperación económica, y 2. Aun con la recuperación incipiente de la demanda mundial y local, nuestras finanzas públicas seguirán siendo precarias, como lo eran antes de la crisis global. Con un agravante: El plazo fatal para subsanar esa precariedad ya llegó.

De no corregirse habremos de hundirnos en una espiral de mediocridad - en el mejor de los casos- o en una quiebra fiscal ésta sí, como es obvio, de origen interno.

La caída de los precios del petróleo no es ni signo ni causa de nuestra precariedad fiscal. Contribuyó al agravamiento de los síntomas, pero NO es la enfermedad.

La enfermedad - crónica y que los fatalistas se empeñan en imaginar incurable- es la dependencia fiscal de los recursos petroleros, aunada al hecho igualmente crónico de la ineficiencia del monopolio gubernamental petrolero. Los precios del petróleo podrán acaso recuperarse, de hecho ya se han recuperado a lo largo del año (de manera exagerada a mi juicio, pero eso es otro asunto), y la precariedad fiscal seguirá siendo tan grave como ahora.

En lo inmediato, ya se ha dicho, se cuenta con tres herramientas fiscales para atenuar el golpe (es decir: para subsanar el diferencial entre ingresos y gastos fiscales), que son: 1. Incrementar de forma permanente los ingresos fiscales no petroleros, 2. Disminuir significativamente - y también de forma permanente- el gasto del gobierno (o, mejor, de los gobiernos, incluyendo a los gobiernos locales y el gasto de otras entidades del Estado), y 3. Sólo como remedio temporal - esté sí relacionado con la recesión global que, al desplomar la actividad económica, ha impactado la recaudación de ingresos no petroleros- recurrir a un déficit fiscal; que es un remedio tan lleno de riesgos que debe administrarse con extrema cautela, con un plazo perentorio para convertir en menos de dos años el déficit en finanzas equilibradas o en superávit, mediante ahorros e ingresos extraordinarios destinados en su totalidad a la amortización de deuda pública.

De las tres herramientas tal vez la que prometa mejores resultados - y que, por lo tanto, debe emplearse a fondo- es la de disminuir de forma permanente el gasto público y frenar su tendencia a expandirse muy por encima del crecimiento de la economía.

De hecho, una genuina reforma fiscal debe incluir como capítulo principal una reforma del ejercicio del gasto público con criterios de eficiencia. Costos contra beneficios medidos objetivamente y sin subterfugios retóricos.

La información crucial en cualquier estado de resultados es la línea final: La utilidad o la pérdida neta. Si se hiciese para cada operación del gobierno (en sus tres niveles) un auténtico estado de resultados, ¿qué arrojaría la línea final de cada uno de esos análisis?

En la mayoría de los casos tendríamos pérdidas, y en muchos de tales casos las pérdidas se nos mostrarían tan cuantiosas que la operación gubernamental tendría que cancelarse de inmediato y dejarla a la libre competencia de los particulares.

Si acaso por la naturaleza específica de la actividad gubernamental de la que estemos hablando - digamos, la procuración y administración de justicia- parece desaconsejable dejarla en manos de empresas particulares, resulta claro que lo que debe hacerse es reformarla a fondo; es decir: darle una forma nueva (eso significa reformar) que permita evaluarla con objetividad y con criterios similares a los que aplicamos a otras actividades en las que la asignación de recursos debe buscar la eficiencia. Y, ¿qué es la eficiencia? Obtener resultados cuyo valor sobrepase el valor original de los recursos empleados: un "producto" superior a la suma de los "insumos" invertidos.

Es decir, aunque les horrorice a los ideólogos de la "superioridad moral" de gobiernos y políticos, evaluar la actividad de los gobiernos y de todas las actividades sufragadas con recursos público con criterios económicos o "bussines-like".

Dirán de inmediato algunos que usar el símil con un estado de resultados es totalmente inapropiado. Desde tiempo inmemorial los creyentes en una presunta superioridad moral de los gobiernos sobre lo que motejan como "estrechez de miras" de los tecnócratas, han considerado sacrílego analizar la "noble" tarea de los gobiernos con herramientas de análisis financiero, propias - siguen diciendo- de la contabilidad de una tienda de abarrotes o de la frialdad - "insensibilidad social"- de los informes periódicos que los accionistas demandan a la administración de una empresa para ver cómo marcha el negocio. Presumen que la tarea de gobernar es tan sublime que evaluarla con criterios de eficiencia es tan inapropiado como ponerle precio al amor, a los buenos sentimientos o a los sentimientos religiosos.

Esas creencias en realidad son patrañas. Gobernar no es amar, ni rezar, ni ejercer la caridad.

¿En qué consiste la presunta y aplastante "superioridad moral" de los gobiernos sobre los prosaicos negocios? En una falacia o petición de principio (para usar la terminología de la lógica) que es la siguiente: "Los gobiernos son mejores moralmente que los negocios porque no buscan mezquinas utilidades, sino el beneficio de la colectividad, el bien común, el bienestar de las mayorías". Falacia que suele acompañarse de esta otra: "Quienes gobiernan, aspiran a gobernar o son funcionarios en un aparato gubernamental, no buscan su beneficio sino el del prójimo, a diferencia de quienes son accionistas, funcionarios o empleados de un emprendiemiento privado que invariablemente buscan prioritariamente su beneficio personal".

Desafío a cualquier téorico de la filosofía política o a cualquier experto en administración pública a demostrar racionalmente esas dos peticiones de principio. No podrá hacerlo por la simple razón de que son falsedades. Mitos ideológicos muy convenientes para quienes viven (vivimos) del erario, sea como burócratas, "representantes populares", técnicos, políticos profesionales o recipendarios de subsidios públicos, por ejemplo: personal administrativo y académico de universidades sustentadas con dinero de los contribuyentes.

Ojo, no estoy diciendo que sea de suyo inmoral o incorrecto que alguien se dedique a la política o trabaje en el llamado "sector público", simplemente estoy diciendo que al igual que cualquier otro trabajo (transformación de lo existente para obtener un valor agregado al que se tenía originalmente) los trabajos públicos y la actividad gubernamental en sí misma tienen que evaluarse con criterios de eficiencia igualmente rigurosos que aquellos con los que evaluamos las actividades privadas.

Ahora bien, si se debe reformar profundamente el gasto público en los tres niveles de gobierno para evaluarlo y ejercerlo con criterios de eficiencia económica esto nos conduce, inevitablemente, como sucedió en el caso de Nueva Zelanda durante la década de los años 90, a una auténtica reforma de la totalidad del gobierno. Incluso a un replanteamiento de lo que corresponde y de lo que no corresponde hacer al Estado.

Estoy cierto de que si a los administradores de entidades gubernamentales les exigimos llevar estados de resultados, semejantes a los de cualquier empresa que busca deliberadamente utilidades para sus accionistas, y se les advierte que de acuerdo con tales resultados se les evaluará, ellos mismos acabarán por desechar todo gasto superfluo e injustificado, porque estorbara al cumplimiento de las metas con las que serán evaluados y del que depende su permanencia en el puesto o la pérdida, por incompetencia, del mismo.

Nada más miope que ver la reordenación de los gobiernos y del Estado como un mero recorte de gastos. El recorte, urgente, de los gastos que son notoriamente improductivos habrá de darse de inmediato (el lector, estoy seguro, podrá mencionar de inmediato tres o cuatro secretarías de Estado y decenas de entidades gubernamentales totalmente prescindibles), pero la reforma debe ir aún más allá, para ser permanente y contribuir a la productividad total de la economía. La reforma debe ser reforma del gobierno en su esencia.

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domingo, 2 de agosto de 2009

Algunos retoños, que sí valen, en gráficas

La sabiduría convencional en los medios de comunicación y en las declaraciones de los políticos en México ha dictaminado que NO hay signos de recuperación de la actividad económica y que, por razones misteriosas que sólo pueden atribuirse a la torpeza e incompetencia irremediables del gobierno federal -en lo general- y del gabinete económico en particular, la recesión en México sólo puede agravarse en los próximos meses y, a despecho de la aparición de signos ciertos de recuperación del dinamismo económico en los Estados Unidos, México sólo puede seguirse hundiendo en una depresión económica.

Dicho en otras palabras y de forma cruda: La crisis debe agravarse hasta que lleguen los "redentores" del PRI en el 2012, mientras tanto lo que resta del periodo sexenal de gobierno debe darse por perdido (opinión estridente a la que, con gran torpeza intelectual, se suman incluso comentaristas con cierta reputación de lucidez, como Jaime Sánchez Susarrey).

Sin embargo, la realidad es muy distinta.

Hay signos claros de recuperación en la economía mexicana. Retoños que sí cuentan y que sí valen.

Un ejemplo son los datos más recientes de la balanza comercial, a junio. Ya hemos comentado, el 23 de julio, el repunte mensual de las exportaciones, especialmente de las exportaciones manufactureras, que representan más de un tercio del PIB de México (si al peso de la industria manufacturera de exportación en el PIB le sumamos el peso del comercio exterior), así como del notable repunte de las importaciones totales (al grado de que hemos pasado, de mayo a junio, de una situación de superávit a una de déficit en la balanza comercial) que sólo puede "leerse" como una recuperación indudable de la demanda interna.

Al respecto, vale la pena recordar que para una economía como la mexicana, notablemente integrada a la dinámica industrial de su principal socio comercial, que son los Estados Unidos, y para la cual el aporte del ahorro externo es decisivo (dicho aporte se mide, precisamente, como la contraparte necesaria del déficit en cuenta corriente), los déficit comerciales y de cuenta corriente son indicadores de bienestar.

¿Por qué son tan relevantes, como indicadores privilegiados y oportunos de la mejoría o del deterioro de la actividad económica en México, los datos del comercio exterior? Porque para México:

1. La actividad industrial manufacturera representa 18.1 por ciento del PIB; mientras que para Estados Unidos representa sólo 11. 5 por ciento de su producto (esto es: en México, la industria manufacturera pesa 1.57 veces en el PIB lo que pesa en Estados Unidos).

2. Porque el comercio exterior de México pesa más del doble - respecto del PIB- de lo que pesa en Estados Unidos. Así, las exportaciones mexicanas representan 30.4 por ciento del PIB (mientras que para Estados Unidos las exportaciones representan sólo 13 por ciento del PIB) y las importaciones mexicanas representan 34.2 por ciento del PIB (mientras que para Estados Unidos sólo representan 17.7 del PIB).

3. Esto significa que así como la caída del comercio exterior (importaciones y exportaciones) mexicano tuvo una mayor repercusión en el PIB de México de lo que la caída del comercio exterior de Estados Unidos tuvo en el producto de ese país, la recuperación del comercio exterior también tendrá efectos magnificados en el PIB de México respecto de los efectos que se verificarán en Estados Unidos por la misma causa. Otro tanto debe decirse de la recuperación de la industria manufacturera.

Van por eso, estas gráficas - imágenes elocuentes que hablan por sí mismas- de estos retoños que si cuentan y que sí valen.

A MAYORES IMPORTACIONES, MAYOR DEMANDA INTERNA


MAYORES EXPORTACIONES MANUFACTURERAS, MAYOR PRODUCCIÓN


CRECE EL DÉFICIT COMERCIAL, CONSUMIMOS MÁS, VIVIMOS MEJOR


CONSEJO PARA CAMINANTES:
Si usted tiene no tiene otra actividad productiva que divagar en un café - o ante un micrófono de radio o televisión- acerca de lo mal que están las cosas, usando datos de mayo pasado o de más atrás, deseche estos indicadores. Si, por el contrario, forma parte de la población de veras económicamente activa seguramente los tomará en cuenta para sus decisiones prácticas.

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jueves, 30 de julio de 2009

Más cifras feas de mayo en la encuesta industrial mensual

Estaba anunciado: Los indicadores económicos difundidos esta semana en México mostrarían cifras horribles.

Hoy le tocó a la encuesta indstrial mensual ampliada del INEGI, cuyos resultados correspondientes a mayo se difundieron hoy, cuando estamos por terminar el mes de julio.

En variaciones anuales, estos son los resuultados:

Cayeron 13.3 por ciento las horas-hombre trabajadas.
Se desplomó 8.9 por ciento el personal ocupado, y
Disminuyeron 1.4 por ciento las remuneraciones promedio.

Mayo fue, de veras, un mes muy feo. Considérese que, respecto de abril y despojados los cálculos de efectos estacionales (por ejemplo, Semana Santa), el descenso de horas-hombre trabajadas fue de 3.41 por ciento. ¡Brrr!

Pero antes de hundirnos en la depresión emocional o de gritar "¡sálvese el que pueda!" hay que ver la fecha: Mayo, insisto: estamos hablando de mayo. Pasado mañana ya estaremos en agosto.

En mayo nuestro enfermito estaba agonizando en terapia intensiva, ahora ya está en terapia intermedia, reconoce a las visitas, se ríe de algunos chistes y recobró el apetito. Créanme.

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miércoles, 29 de julio de 2009

Pronostica Banxico que el PIB caerá entre 6.5% y 7.5% durante 2009

Junto con su informe trimestral sobre inflación el Banco de México actualizó sus pronósticos macroeconómicos para 2009 y 2010:

PIB 2009: Entre -6.5% y -7.5%
PIB 2010: Entre 2.5% y 3.5%

Variación anual empleos formales 2009: Entre 635 mil y 735 mil asegurados menos en el IMSS.
Variación anual empleos formales 2010: Entre 200 mil y 300 mil empleos formales (recuperación respecto de 2009).

Déficit de cuenta corriente al cierre de 2009: 1.5 por ciento del PIB.
Déficit de cuenta corriente al cierre de 2010: 1.7 por ciento del PIB.

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martes, 28 de julio de 2009

La “brecha del producto” y la recuperación

La calidad de la recuperación del crecimiento dependerá, en el caso de Estados Unidos, de que sea rápida y eficaz la corrección del desastroso déficit fiscal. En el caso de México, además del prerrequisito de mantener finanzas públicas en orden, sólo reformas estructurales en serio para incrementar la productividad pueden garantizar un crecimiento del PIB que supere las mediocres tasas del 3% anual promedio.

Hay una interesante discusión entre los economistas serios en Estados Unidos acerca de la “brecha del producto” (output gap) en ese país y de cuáles serían las condiciones necesarias y suficientes para que dicha brecha – actualmente negativa, desde luego, por la recesión - sea cubierta en el menor plazo posible y, de tal forma, que la recuperación del dinamismo de la economía sea sostenida y rápida, en lugar de tímida, prolongada y sembrada de retrocesos.

Huelga decir que, hasta ahora, el segundo de los escenarios, el de la recuperación a cuentagotas y con retrocesos (algo así como una W o una serie de W con pendiente negativa), es el que va ganando la partida. Si bien hay un formidable potencial de productividad en los avances tecnológicos, ésta puede verse frenada si el gobierno de Estados Unidos (presidencia y congreso) no se compromete con mayor seriedad a reducir el desastroso déficit fiscal y si el banco central (la Reserva Federal) no recupera su autonomía real respecto del gobierno y prioriza el combate a la inflación desde ahora como su verdadera misión, aun cuando ello parezca políticamente impertinente porque estamos aún en medio de la recesión y los dichosos retoños tardan en aparecer o en convertirse en frondosa vegetación.

Otro factor decisivo para una recuperación sostenida (que cierre la brecha del producto en el menor plazo posible) es la reanimación del comercio mundial que, en estos momentos, sólo puede lograrse con acciones decididas a favor de la reducción de aranceles y barreras al comercio, asunto en el que el gobierno de Barack Obama, dicho sea sin segunda intención, no ha dado color.

Conviene, antes de proseguir, definir en beneficio de los neófitos – que somos legión-, qué significa eso del “output gap” que hemos traducido como brecha del producto, ya que en los próximos meses, o semanas, el concepto será infaltable en las discusiones serias acerca de la recuperación económica, tanto en Estados Unidos como en México.

Se entiende por “brecha del producto” una medida económica de la diferencia entre la producto (el PIB sería el “producto” por excelencia) actual y aquél que podría alcanzarse en un escenario de óptima eficiencia en la asignación de los recursos o factores totales de la producción (TFP por sus siglas en inglés) o, en otras palabras, si la economía funcionase eficazmente a su máxima capacidad potencial sin generar presiones inflacionarias.

Teóricamente existen tanto brechas negativas como positivas del producto. Una brecha positiva sería aquella en la que el producto actual es mayor al óptimo en términos de eficiencia, se trataría en tales casos de un sobrecalentamiento de la economía, frágil y logrado artificiosamente, que genera presiones inflacionarias que lo hacen insostenible.

Para una discusión más profunda, y hasta un tanto abstrusa, acerca de la brecha del producto en Estados Unidos y la recuperación de la economía puede verse este sitio en la red: “Econbrowser” pulsando aquí.

Es obvio que hoy en día, salvo en el caso de China (aunque habría que discutirlo), ninguna economía relevante en el mundo vive una brecha positiva del producto. Todas están en brechas negativas, es decir: creciendo por abajo, o muy por abajo en algunos casos como México, de su potencial de eficiencia óptima. (Respecto de China hay indicios de que la sobre-estimulación fiscal a través de los cuantiosos créditos otorgados por sus bancos, apuntalados a su vez por rescates multimillonarios del gobierno, podría estar creando burbujas especulativas en los mercados locales de valores y de bienes raíces; por lo pronto, las autoridades financieras chinas el lunes pasado ya dieron la voz de alarma y están tratando de monitorear si tanto dinero de veras está llegando a donde se supone que tendría que llegar; pero el asunto de la existencia o no de “burbujas chinas” merecería un mejor y mayor análisis para otra ocasión; los interesados, por lo pronto, pueden consultar este breve reporte del Financial Times).

Descrito sucintamente el concepto de brecha del producto, pasemos a lo que nos interesa: ¿Cómo deberían cubrir Estados Unidos y México, cada cual en su circunstancia, dicha brecha negativa?, y, siendo realistas: ¿Qué nos espera en el mediano plazo si ambos países fallan en ese propósito, o falla uno de ellos?

Ya mencioné brevemente que las tres principales tareas de Estados Unidos, para cerrar la brecha del producto son: 1. Atender con eficiencia y eficacia la indispensable reducción del déficit fiscal, 2. Emprender una decidida cruzada a favor de la reanimación del comercio mundial, mediante la disminución unilateral de barreras a las importaciones (arancelarias o no), así como empujando de veras un salvamento política de la fracasada ronda de Doha, y 3. Que la Reserva Federal recupere vigorosamente su autonomía respecto de la política fiscal del gobierno estadounidense.

Y ya mencioné que en ninguno de los tres frentes las cosas pintan bien.

Para México, superar la brecha del producto es, en cierta forma, más sencillo y también más complicado. Veamos: Es más sencillo porque está mucho más claro lo que se debe hacer y se antoja mucho más complicado porque parecería que, salvo el gobierno federal (y ello de una manera desigual), ningún otro de los otros actores políticos tiene clara dicha agenda ni está muy interesado en sacarla adelante, sea porque es una agenda que lesiona sus intereses de corto plazo (o los de sus patrocinadores) o sea porque no ven rendimientos inmediatos en llevar a buen término tal agenda de reformas (por desgracia, parece ser que la miopía – imposibilidad de ver a larga distancia- es el padecimiento generalizado de la política mexicana).

Lo que hay que hacer es sencillo:

Primero, en el plazo más corto posible, desde el inicio del próximo periodo de sesiones en el Congreso, diseñar una estrategia racional y viable de fortalecimiento definitivo de las finanzas públicas que, como ya se ha dicho, debe contemplar tanto un incremento de los ingresos tributarios (no petroleros, desde luego) como reducciones significativas del gasto con criterios de eficiencia, no politizados. La opción de un mayor endeudamiento debe manejarse con pinzas, hasta por razones prácticas: En la medida que la solución se recargue en exceso en un mayor déficit fiscal, el castigo de la potencial inversión externa hacia México (a través de las calificadoras de valores, urgidas de lavarse la cara después de sus desatinos durante la euforia previa a la crisis) será fulminante y nos meterá en problemas aún más graves; ni hablar de crecimiento en ese contexto.

Segundo: Desatar todo el potencial de productividad aletargado en la economía mexicana, mediante una reforma laboral seria que flexibilice tal mercado para demandantes y oferentes de trabajo; emprender una acción coordinada y decidida, sin titubeos ni aplazamientos burocráticos, para establecer condiciones de competencia auténtica en mercados estratégicos, empezando por las telecomunicaciones, la energía, el transporte y siguiendo por los mercados financieros. El “benchmark” o parámetro a imitar debe ser la competencia ya existente entre las grandes cadenas de comercio al menudeo, menos competencia es incompetencia.

La agenda es relativamente sencilla, porque es clara y porque los rendimientos esperados son inmensos y de corto plazo, pero se antoja también una agenda extremadamente complicada de negociar y llena de ruidos perturbadores. Los mismos que deberían llevarla a cabo, los políticos y en especial los miembros del Congreso, parecen ser los primeros promotores del ruido que impide, incluso, que se hable en serio de estos asuntos en la arena política.

Habrá que ver, pero las señales que envían los políticos tanto en Estados Unidos como en México no son para alentar el optimismo.

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Como habíamos dicho, mayo fue desastroso: El IGAE cayó 11.1 % anual

Ya empezó, hace unos minutos, la cosecha de malos datos económicos, todos ellos correspondientes a mayo, que previmos para esta semana (ver aquí).

El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) cayó 11.1 por ciento en términos reales respecto de mayo de 2008.

En la industria (actividades secundarias) la caída fue de 11.6 por ciento (debe tomarse en cuenta que este sector es el que más pesa en el PIB), mientras que en comercio y servicios (actividades terciarias) la caída fue de 11.0 por ciento y en el sector primario el descenso fue de 7.9 por ciento.

No hay que asustarse. Ya lo sabíamos y eso pasó hace más de 50 días, pero ver la magnitud de la caída por el espejo retrovisor nos seguirá poniendo la piel de gallina.

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lunes, 27 de julio de 2009

Venta de casas en Estados Unidos: el mercado sí funciona

Una de las inversiones al alza entre quienes tienen liquidez en Estados Unidos es la compra de casas en "foreclosure", es decir aquellas propiedades en las que, por incumplimiento de pagos de la hipoteca, el dueño ha perdido el derecho a redimirla y entran a remate, en beneficio del acreedor.

Durante junio las ventas de casas existentes en Estados Unidos subieron 1.7 por ciento y totalizaron 4.89 millones de viviendas. Es un crecimiento, repito, respecto de mayo, porque en términos anuales, respecto de junio de 2008, todavía se registra un retroceso de 0.2 por ciento en las ventas. En los próximos meses, dada la reanimación de la demanda en ese mercado específico, las variaciones anuales empezarán a ser positivas (además, porque el punto de comparación será respecto de los peores meses de la recesión que, como todos sabemos, se agudizó en el otoño del año pasado).

Un punto interesante es que de nueva cuenta este fenómeno demuestra que los precios son la información más valiosa que mueve a los mercados, ya que se trata de una demanda alentada por la caída de los precios de las casas existentes.

La mediana de precios de las casas en Estados Unidos en junio de 2008 era de $215,000 dólares. La mediana en junio de 2009 fue de $181,800 dólares. Una caída anual de 15.4 por ciento.

En la medida que los precios sigan cayendo, la demanda irá en aumento y ese mercado volverá a la normalidad. Cuando la presión de la demanda aumente, los precios crecerán.

Lo que mueve a la economía - las decisiones libres de millones de personas para comprar o no comprar, vender o no vender - son los precios, no el gasto público, no los discursos políticos, no las reuniones de líderes en la cumbre. Los precios. Como lo dijo el gran economista Gary Becker: La ley fundamental de la economía es la pendiente negativa de la curva de la demanda.

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domingo, 26 de julio de 2009

Malas noticias por el retrovisor, el mes de mayo

En México se difunden cientos de indicadores económicos y financieros más o menos relevantes cada año. Para darse una idea, tan sólo el INEGI difundirá "información de coyuntura" durante 253 de los 365 días de este año 2009. Súmense los indicadores de Banco de México, como inflación, estado de cuenta y demás y los indicadores de la Secretaría de Hacienda, entre otros. ¡Uf!

Algunos de estos indicadores ofrecen información muy valiosa para tomar decisiones, especialmente si se saben "leer" y si se trata de indicadores que de veras nos dan auténticas novedades que permitan anticipar lo que sucederá o, al menos, saber dónde estamos parados ahora.., no dónde estuvimos parados hace dos o tres meses. Esto es particularmente relevante en este episodio de recesión global, porque el panorama cambia, para bien o para mal, en unas cuantas semanas o incluso en días.

En este sentido, hay que anticipar que esta semana que empieza recibiremos del INEGI puras malas noticias acerca de la marcha de la economía. Malas noticias que se referirán a mayo, malas noticias que ya conocemos porque, en buena medida, las vivimos en carne propia.

El martes viene el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) para el mes de mayo que será sin duda muy malo (como muy malo será el PIB del ya fallecido segundo trimestre del año). El dato del IGAE provocará no pocos titulares alarmistas en la prensa del miércoles y en los noticiarios de radio y televisión del martes, a pesar de que - en las condiciones actuales- es una noticia vieja. El jueves el INEGI difundirá los indicadores del sector manufacturero pero también de mayo. Más malas noticias, más noticias viejas. Y el viernes 31 de julio le tocará a los indicadores de las empresas constructoras y de la industria minero metalúrgica, con datos también a mayo: más malas noticias recibidas por el espejo retrovisor.

Por cierto, el viernes pasado se difundieron los datos de ventas al menudeo y al mayoreo de establecimientos comerciales..., al mes de mayo. Por supuesto, son datos terribles. La caída mensual - ojo, mensual, en mayo respecto de abril- fue de 3.42 por ciento en ventas al menudeo y de 2.04 por ciento en ventas al mayoreo. ¿Para qué hablar de las caídas anuales?

Mayo fue el peor mes, para México, de esta crisis. Sobre la tormenta de la recesión nos cayó el temporal de la influenza y de las medidas sanitarias (restrictivas para la economía) que se tomaron para combatir la epidemia.

Bien, ¿y para cuándo habrá "novedades nuevas" en materia de indicadores?

Para el lunes 3 de agosto hay que estar preparados para las noticias frescas (bueno, menos viejas) porque ese día se difunden los indicadores de opinión del sector manufacturero (encuesta) al mes de julio. Ese indicador sí nos dará una percepción directa de dónde estamos parados hoy.

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viernes, 24 de julio de 2009

El recorte es "el" mensaje

El recorte al gasto público anunciado ayer es un claro mensaje del gobierno mexicano con tres obvios e importantes destinatarios.

El mensaje dice:
"El gobierno federal ratifica su compromiso de tomar todas las medidas necesarias y utiliza todos los instrumentos a su disposición para mantener la estabilidad de las finanzas públicas…, condición necesaria para que México entre en una senda de crecimiento económico acelerado y sostenido”.

Los destinatarios del mensaje son:
1. Las agencias calificadoras.
2. Los futuros integrantes de la Cámara de Diputados y los dirigentes de los partidos políticos.
3. El público y todos los agentes económicos: inversionistas, negociantes peticionarios de recursos públicos, los consumidores, las empresas y hasta los integrantes del mismo gobierno.

Por lo pronto, las calificadoras deberán reconocer que, con todo y recesión global, las finanzas públicas no son, para el gobierno, cosa de juego y que en México no vamos a jugar a "los aprendices de brujo".

Por lo pronto, también, el gobierno ya hizo su primera movida, muy clara, para marcar la pauta de las negociaciones del presupuesto 2010, a entregarse a más tardar el próximo 8 de septiembre a los flamantes diputados federales: Prácticamente todo es negociable, salvo la salud y la viabilidad de las finanzas públicas a futuro.

Habrá que ver cuál es la "lectura" que hacen los políticos devoradores de presupuestos, pero en el gobierno parecen saber que la responsabilidad fiscal tiene costos y están más que dispuestos a pagarlos. Recuerdo, les dijo ayer el Secretario de Hacienda a un puñado de columnistas financieros, lo que me dijo Paco Gil cuando me llamó a la subsecretaria del ramo en el año 2000: "A la Secretaría de Hacienda no se viene a hacer amigos".

¿Así o más claro?

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miércoles, 22 de julio de 2009

Disminuyen el desempleo y la subocupación

Durante el mes pasado, junio, el desempleo abierto en México fue de 5.17 por ciento de la población económicamente activa (contra 5.31 por ciento en mayo), mientras que el porcentaje de población subocupada, respecto del total de la población empleada, fue de 8.87 por ciento (contra 13.17 por ciento en el mes de mayo).

Son los resultados, para el mes de junio, de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) dados a conocer hace unos minutos por el INEGI.

(Hacer clic en la gráfica para ampliarla)



Ah, y le guardamos este "vaticinio" a Enrique Quintana para las cifras de empleo de julio, si tiene razón se lo reconoceremos, pero si no le vamos a recordar sus palabras en su columna de hoy en "Reforma" que fueron:

"Algunos lectores nos han criticado por no festejar las buenas noticias que el gobierno ha dado últimamente, como el incremento del empleo formal en junio. En este espacio, hemos tratado de mantener la ecuanimidad y claramente se percibe que ese aumento no es signo de un cambio de tendencia, sino un fenómeno estacional, como se va a constatar cuando se den las cifras de julio."

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¿Por qué nos gusta el activismo gubernamental?



La fuente de la gráfica (si se pincha en ella se amplia la imagen) es "World Public Opinion" (WPO) un proyecto de cooperación internacional entre más de 25 países surgido del Programa Internacional de Actitudes Políticas de la Universidad de Maryland, Estados Unidos.

Queda claro que (casi) todos, en (casi) todo el mundo, queremos que el gobierno "se mueva más" en tiempos de crisis. Una querencia, si se vale decirlo, no exenta de peligros, dado que por lo general los gobiernos hacen más daño haciendo cosas que dejando de hacerlas.

Pero así como preferimos en el futbol soccer que el portero se mueva cuando enfrenta un tiro penal, como escribí hace unos meses robándole la metáfora a mi amigo Diego Petersen, preferimos (bueno, una mayoría apreciable lo prefiere, según las encuestas que conjuntó WPO alrededor del mundo) gobiernos "activistas" a gobiernos tímidos o pasivos; gobiernos intervencionistas en lugar de gobiernos restringidos a sus funciones básicas: respetar todas las libertades de todos, aplicar justa y oportunamente leyes que son iguales para todos, preservar la integridad física del territorio y de sus habitantes, garantizar los derechos de propiedad y el cumplimiento de los contratos. No más, ni menos.

La comparación de las preferencias sociales en cada país respecto de lo que debe hacer el gobierno y las preferencias de los aficionados al futbol respecto de lo que deben hacer los guardametas ante un tiro penal tiene mucha más "miga" de lo que parece, porque la mayor parte de los tiros penales van al centro del arco, no a la izquierda o a la derecha, y los porteros que permanecen bien plantados en el centro de su portería, sin querer adivinar y anticiparse al tiro penal, suelen parar más penales que los porteros "dinámicos"..., pero los primeros (los "inmóviles" vamos a llamarlos) son también los más criticados por la afición.

"¡Haz algo!, lo que sea, pero ¡haz algo!", "¡muévete, no te quedes ahí, parado como idiota!".

Los lectores, perspicaces, habrán notado que el único país en el que una gran mayoría de la gente (63 por ciento) está totalmente de acuerdo con la forma en la que su gobierno ha enfrentado la crisis ¡es China! Algún ingenuo, o alguien excesivamente malicioso dirá que precisamente por eso, porque (casi) todos los chinos están conformes y hasta felices con su gobierno, en la República Popular China NO les desvelan mucho esas monsergas de la democracia y de los derechos humanos. ¿Para qué democracia, si de antemano todos (o casi todos) estamos de acuerdo?

Y también habrán notado, perspicaces que son los lectores, que el país donde hay más personas que opinan que el gobierno ya fue demasiado lejos en su activismo contra la crisis es, después de la India (?), Estados Unidos: 31 por ciento. Mi hipótesis (para el caso de Estados Unidos, ya que no tengo la menor idea de porqué 37 por ciento de los indios opinan que su gobierno ha hecho "de más" en esta crisis) es que una sabia desconfianza hacia el gobierno - hacia todo gobierno - y una sana repulsión hacia el intervencionismo gubernamental son virtudes características del pueblo estadounidense que, aún en estos tiempos tan proclives al intervencionismo estatal, se preservan (al respecto, basta ver cómo descendió la popularidad de Barack Obama por su activismo en el rescate de General Motors y Chrysler).

Hace un siglo aproximadamente G. K. Chesterton, en su "Ortodoxia", escribió:

"La idea democrática es que el gobierno es algo análogo a escribir uno sus propias cartas de amor o sonarse uno sus propias narices. Cosas que deseamos que los hombres las hagan por sí mismos, aunque las hagan mal. No discuto aquí la exactitud de ninguna de estas concepciones; sé que algunos modernos andan por ahí pidiendo que los científicos les elijan sus esposas y, por lo que sabemos, muy pronto pedirán niñeras que les suenen la nariz".


Bien, cien años después parece que tales "modernos" ya son mayoría: Queremos que el gobierno nos resuelva la vida, aunque el propio gobierno haya sido responsable, antes, con su febril actividad controladora, de habérnosla fastidiado.

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