domingo, 3 de agosto de 2008

"Caer en lo blandito" (I)

Una causa típica del subdesarrollo es la blandura institucional. Comento hoy uno de tres casos recientes de blandura institucional que tienen serias repercusiones – nocivas, desde luego-, en la marcha de la economía mexicana. En los siguientes artículos comentaré los otros dos casos, entre muchos otros.


Blando: Que cede fácilmente al tacto; por extensión: autoridad o regla que cede fácilmente a las presiones y da prioridad al confort por encima del cumplimiento de lo, en apariencia, instituido o pactado.

En dos ocasiones, en menos de siete meses, el banco central ha postergado el plazo en el que deberá cumplir con la meta anual de inflación que el propio banco se fijó: 3 por ciento. No han sido aplazamientos menores, digamos de uno o dos meses, sino que en cada ocasión se han anunciado aplazamientos ¡de un año!, lo que significa, entre otras cosas, que la ansiada meta habrá de cumplirse, acaso, cuando haya terminado el periodo del actual Gobernador del banco.

Se agradece la sinceridad del Banco de México al informar públicamente de estos aplazamientos ("quien avisa, no traiciona" se dice) pero no es ésa la forma en que debería funcionar el mecanismo de objetivos de inflación. En otras latitudes, digamos Nueva Zelanda, las metas se pactan entre el banco y el parlamento o alguna otra representación de la sociedad (no se las fija el agente responsable a sí mismo) y no son metas con plazos movibles a voluntad del agente.

De hecho, el incumplimiento de las metas pactadas implica sanciones severas para el agente, toda vez que se supone que el correlato de la autonomía de la que goza (el banco es libre para usar todas las herramientas de política monetaria posibles para alcanzar su propósito último, que es la estabilidad de precios) es la obtención de resultados mensurables en plazos determinados, que eso, y no otra cosa, son las dichosas metas.

Esto no es un reproche al desempeño de tales o cuales personas, sino la comprobación de que en este, como en muchos otros casos, hemos "mexicanizado" instituciones, de probada eficacia en otros países, haciéndolas "blandas". Es un problema de diseño institucional deficiente; no de personas. El resultado es que las instituciones pierden eficacia y credibilidad.

Después diremos, reforzando el proceso de los estándares "blandos", que "ésas cosas funcionan en otras partes, digamos en Nueva Zelanda, pero México es diferente". ¡Oh, sí!

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