miércoles, 7 de octubre de 2009

¿Puedo influir sobre el Congreso?

A bote pronto, la respuesta es un rotundo NO.

Además de la experiencia empírica, tenemos sólidos argumentos analíticos, de la ciencia política moderna, para descartar la viabilidad y la conveniencia de tratar de influir individualmente sobre las decisiones del Congreso.

Tales argumentos nos los proporciona la moderna ciencia política o la moderna política económica, una materia en la que la mayoría de los economistas manifiestan un desconocimiento lamentable -que con frecuencia tiene mucho de arrogante desdén hacia los estudiosos de la ciencia política, como si fuesen una especie de economistas disminuidos, más dados a construir sus argumentos con "rollo" que con ecuaciones o gráficas-. Los argumentos pueden resumirse en lo siguiente:

1. Las relaciones costo-beneficio de tratar de influir sobre las decisiones de los legisladores, para un ciudadano considerado individualmente, son claramente desventajosas: los costos de informarse, acudir al supuesto "representante", convencerlo y hacer que convenza a sus pares, son mucho más elevados, de forma abrumadora, que los beneficios a obtener, amén de la bajísima probabilidad de tener éxito.

2. Los grupos pequeños agrupados en torno a un objetivo o incentivo común, generalmente asociado con la obtención de rentas monetarias, tienden a organizarse con mucha mayor eficiencia y eficacia que los grandes grupos dispersos, como serían los consumidores. Ejemplo: Un par de empresas productoras de refrescos azucarados, que dominen el mercado, tienen todos los incentivos dispuestos y todos los medios para cabildear en el Congreso en contra de un impuesto que pretenda gravar las bebidas azucaradas y carbonatadas aduciendo razones de salud pública, que cientos de miles de diabéticos (o familiares de diabéticos o de ciudadanos preocupados por el incremento alarmante de la obesidad en el país) desorganizados, dispersos, con obligaciones laborales demandantes e ineludibles, mal informados y que difícilmente podrán traspasar las puertas de la Cámara de Diputados y que seguramente no serán recibidos en las oficinas de los legisladores. Además, y esto tiene que ver con el punto número uno, el beneficio a obtener por el impuesto, para los "preocupados" por la salud pública, resulta marginal respecto de los costos, en tanto que el beneficio a obtener para el pequeño grupo organizado - los productores de refrescos- es significativamente mayor que los costos de presionar, cabildear, negociar ante los legisladores: supongamos que la demanda de refrescos responde significativamente al precio - es más o menos elástica - y que un impuesto de 10% o 15% sobre el precio de venta podría desplomar las ventas en 5%, ¡es obvio que las rentas a perder por ese gravamen justifican, desde el punto de vista de un análisis costo-beneficio, las "inversiones" destinadas a "matar" el proyecto de impuesto!

Hay tres libros seminales, clave, que revolucionaron la ciencia política. Los tres, curiosamente, fueron escritos por economistas, pero tales libros - y toda la secuela de investigaciones y hallazgos que han generado- son mucho mejor conocidos por los estudiosos modernos de la ciencia política que por los economistas. Me refiero a:

1. "An Economic Theory of Democracy" de Anthony Downs, publicado en 1957.
2. "The Calculus of Consent" de James M. Buchanan y Gordon Tullock, publicado en 1962, y
3. "The Logic of Collective Action" de Mancur Olson, publicado en 1965.

(Cuando menos de los dos últimos hay traducciones al español, más o menos difíciles de conseguir).

A mi juicio, de los tres libros el que mejor se adapta al asunto que estoy tratando en este comentario es el de Olson. El análisis de Downs atiende más al mercado de las decisiones políticas desde el punto de vista electoral y de los partidos políticos, en tanto que el estupendo libro de Buchanan y Tullock se refiere más a los procesos de negociación en sí y a los incentivos asociados a los mismos (en el mercado de los bienes públicos) y en la línea de la escuela de la "elección pública". Para un repaso de las aportaciones de Olson a la economía política recomiendo el ensayo; "Mancur Olson (1932-1998), Sus principales contribuciones" de Adrián C. Guissarri (Julio de 2004) que puede obtenerse en versión PDF haciendo clic aquí.

Para el caso de México, hay elementos adicionales que agravan esta "impotencia" de los electores, considerados individualmente, para tratar de "influir" sobre los legisladores.

1. México tiene un sistema mixto de representación en el Congreso: De 500 diputados federales, 200 son de "representación proporcional" o "plurinominales". Es decir, llegaron a su encargo NO por el voto directo de los electores en sus distritos, sino por el voto más que indirecto de las "listas" que, por circunscripción electoral (son cinco en el país), presenta cada partido al reverso de las boletas electorales; lo mismo sucede con 64 de los 128 senadores. Para ilustrarlo, me permito poner un ejemplo: Uno de los diputados del PAN más influyentes en las discusiones acerca del programa económico para 2010, a la vista de sus frecuentes apariciones en medios de comunicación hablando a nombre de los diputados de su partido, es Luis Enrique Mercado (mi ex-jefe en "El Economista" de quien diversos avatares me han distanciado). Es un diputado competente, destacado periodista especializado en economía y claramente comprometido con un proyecto liberal de país. Habría votado por él si yo hubiese sido elector en el tercer distrito electoral de Zacatecas, donde LEM fue candidato uninominal o por mayoría; pero yo no vivo ahí. LEM, en la elección del 6 de julio, quedó en cuarto lugar detrás del PRD, el PT y el PRI, sin embargo también estaba anotado en la lista de la circunscripción como candidato de representación proporcional en el sitio número 11 de la lista del PAN para esa circunscripción electoral; la compleja aritmética de la representación proporcional (que debe hacer salivar de envidia a quienes formulan las tablas del ISR) permitió, entonces, que llegase al Congreso. Lo que me queda claro, en este ejemplo, es que LEM no le debe nada a los electores del tercer distrito de Zacatecas, pero sí le debe mucho a los dirigentes del partido (PAN) que lo incluyeron en las listas de representación proporcional aún sin que LEM, hasta donde puedo saber, sea miembro activo de ese partido. Ojo, en lo personal, me parece muy bueno que personas competentes como LEM lleguen a la Cámara de Diputados, pero es claro que NO existe esa idealizada y mítica relación entre los electores del distrito y el diputado en cuestión. Añádese que, con cierta lógica en la que no está ausente la desconfianza de los políticos respecto del buen juicio de los electores, todos los partidos, sin excepción, privilegian a sus diputados de representación proporcional por encima de los diputados de mayoría.

2. En México no hay reelección inmediata de los legisladores, lo que impide que sus electores premien o castiguen su desempeño. Una vez obtenido el escaño en el Congreso el diputado pasa a ser un soldado más de su partido (en el caso de que su partido sea el del Presidente de la República se entiende que pasa a ser un soldado del Ejecutivo Federal) o, en casos que deberían alarmarnos aún más, pasa a ser el diputado o el senador que representa los intereses de tal sector de actividad económica (digamos, de las televisoras o de los cañeros o de los transportistas), no los intereses de sus presuntos representados (diputados) o de su entidad federativa (en el caso de los senadores). En la actual Cámara de Diputados se admite, sin embozo, que una mayoría de los diputados tienen "dueño", refiriéndose a los respectivos gobernadores de sus estados (u otras combinaciones, en el caso de gobernadores muy influyentes, como el del estado de México) que impulsaron sin reticencias sus carreras políticas.

Ante este panorama, todo parece indicar que la respuesta a la pregunta que titula este comentario ("¿Puedo influir sobre el Congreso?") es no sólo un rotundo sino un decepcionante NO. Sin embargo...

Sin embargo, hay un punto débil, un flanco que hace vulnerables a los legisladores frente a las demandas, reclamos y deseos de los ciudadanos individuales.

Ya me he extendido demasiado por hoy, y prometo analizar ese prometedor flanco débil mañana (además, así puedo generar algo de expectación y suspenso en los amables lectores de estas "Ideas al vuelo". Hasta mañana).

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2 Comentarios:

Blogger Juan Carlos Bujanda Benitez dijo...

Chin, me quede con las palomitas a medias, ni hablar, espero con impaciencia la entrada del flanco débil.

Saludos

octubre 08, 2009  
Blogger axa dijo...

esperando, ¿se vale hacer predicciones?

los ciudadanos solo no hacen nada, pero "los pequeños grupos en torno a un objetivo común" suena prometedor.

octubre 09, 2009  

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