martes, 10 de mayo de 2005

El irresistible (y peligroso) alegato emocional (II)

Ricardo Medina Macías

Termina el discurso de Nixon, que uno de sus colegas, el congresista por Florida, Claude Pepper, calificó como “el anzuelo demagógico más inteligente que he visto en mi vida…casi aterrador al pensar en lo peligroso que es y en la acogida que recibió”,
Dejamos ayer a Nixon dibujando ante las cámaras de televisión una imagen idílica de él mismo y de su familia. La pincelada sobre “el abrigo republicano” de su esposa Pat (ya que no podían darse el lujo de un abrigo de visón) fue genial, pero aún faltaba lo mejor:
Nixon relató que un simpatizante común de Texas había regalado a Pat y a sus hijas Tricia y Julia un simpático perro cocker spaniel blanco y negro al que las niñas habían bautizado como “Checkers” (el juego de Damas, que se juega en un tablero de cuadros negros y blancos) y se lanzó a fondo: “Ustedes saben, las niñas, como todos los críos, adoran al perro y déjenme decirles ahora mismo algo. A pesar de lo que digan sobre él, no nos deshaceremos del perro”.
Touché. Nixon tenía ya en el bolsillo a millones de televidentes llorosos y conmovidos. Nótese el recurso: El perrito fue un regalo, una contribución de un simpatizante, el perrito es parte esencial de la felicidad de una familia normal de Estados Unidos, trabajadora y responsable, cuyo jefe (Nixon) lucha incansablemente por el bien de su país, ¿qué desalmado adversario político sería capaz de arrebatarles a Tricia y a Julia el adorado perrito?, ¿se dan cuenta de la mezquindad y crueldad con que mis adversarios quieren destrozarme, aunque para ello liquiden también la felicidad de un par de inocentes niñas?
Siguió un cierre magistralmente demagógico. Nixon recordó una frase de Abraham Lincoln: “Dios debe querer mucho a las personas comunes y corrientes, porque creó a muchas”. Conquistado el auditorio, Nixon advirtió: “No creo que deba dimitir, porque no soy una persona que se rinda fácilmente y resulta que Pat tampoco lo es. Al fin y al cabo, su nombre es Patricia Ryan y nació el día de San Patricio, y ya saben ustedes que los irlandeses jamás se rinden”.
En un gesto final de humildad Nixon ponía su destino en manos del Comité Nacional Republicano, pero suceda lo que suceda dijo “continuaré en la lucha. Recorreré Estados Unidos de punta a punta hasta que saquemos de Washington a los sinverguenzas, a los comunistas y a quienes los defienden”.
El discurso provocó casi cuatro millones de telegramas, la mayor parte de ellos a favor de Nixon. Una mujer con dos abrigos de piel envió uno de ellos de regalo a Pat. Otra le envió 25 dólares que había ahorrado para comprarse un abrigo para ella. Los Nixon recibieron decenas de collares y mantas hechas a mano para Checkers.
Este éxito impresionante sería calificado por el periodista Walter Lippmann como “la experiencia más degradante que mi país ha tenido que soportar”. Y no le faltaba razón.
Seguimos mañana.

Correo: ideasalvuelo@gmail.com

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