miércoles, 10 de agosto de 2005

¿Hay errores inteligentes?

¿Qué error fue más costoso?, ¿el de Neville Chamberlain juzgando que Hitler estaba apaciguado o el del gobierno de Estados Unidos juzgando que Saddam Hussein sí tenía armas de destrucción masiva? La respuesta es obvia: El primero.
Es conocida la “apuesta de Blas Pascal”. Expresada esquemáticamente sería: En caso de error sería menos costoso creer en Dios y que Dios no existiese a no creer en Dios y que Dios sí existiese.
En estadística y en ciencias sociales se les llama error tipo I y error tipo II, ¿cuál es el más costoso? Depende el caso. El error tipo I, explicaba ayer Walter E. Williams en un artículo difundido por www.townhall.com, foro del pensamiento conservador estadounidense, consiste en no reconocer como verdadera una hipótesis que a la postre resulta cierta; el error tipo II consiste en aceptar como verdadera una hipótesis que al final se revela como falsa.
Por ejemplo, los analistas de inversión de un banco extranjero encargados de orientar a su casa matriz sobre los riesgos y las oportunidades en un determinado país preferirán siempre cometer errores de juicio del tipo II: Preferible anticipar una crisis que después no sucede a ser sorprendido por una crisis que no previmos. Véase que en esta tendencia está presente un rasgo esencial de la naturaleza humana: La aversión al riesgo. Nos sabemos en riesgo, porque sabemos que no lo sabemos todo.
El analista no pone en riesgo su trabajo si se equivoca por precaución – en todo caso habrá provocado algunos costos de oportunidad poco visibles que se “justifican” ante la magnitud de los daños que se habrían dado si el error hubiese sido el contrario – y, en cambio, se expone a perder su trabajo, su prestigio y el dinero de sus patrocinadores si comete un error del tipo I.
Williams menciona un caso de error tipo I que, sin embargo, resultó poco costoso para los responsables (no así para las víctimas anónimas, como se verá) cometido por los burócratas de la FDA (Food and Drug Administration) de Estados Unidos: Los fármacos llamados beta-bloqueadores que “prolongan la vida de las personas en riesgo de sufrir muerte súbita por alteraciones cardíacas” ya estaban disponibles desde 1967 en Europa, pero no fueron aprobados por la FDA para su prescripción en Estados Unidos hasta nueve años después.
Los burócratas responsables no pagaron ningún costo por este error - ¿quién los censuraría por ser excesivamente cautelosos?-, aunque en 1979 el doctor William Wardell, profesor de farmacología en la Universidad de Rochester demostró que el uso de los beta-bloqueadores podría haber salvado en Estados Unidos más de diez mil vidas por año.
Los políticos mexicanos nos han infligido a los ciudadanos varios errores del tipo I – el mejor ejemplo sería la resistencia irracional a reformas indispensables- que para ellos no serán costosos, pero que para las víctimas –los ciudadanos- significan oportunidades de bienestar que se han perdido, tal vez sin remedio.

4 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Aprovecho la mencion que hace de townhall.com, para hacerla una recomendacion que tenia pensada desde hace tiempo.
He visto que en el pasado ha mencionado a David Brooks, editorialista conservador del New York Times, y a quien en lo personal he visto en "The News Hours with Jim Lehrer" en PBS. Yo tambien lo sigo con interes.
Sin embargo, le recomiendo el trabajo de Mark Steyn (www.steynonline.com), quien consistentemente, en los ultimos tres o cuatro an~os, ha sido votado como el editorialista (conservador) preferido de mi generacion, supongo, una generacion que ya no se informa a traves de los MSM (mainstream media), sino a traves de blogs y la internet en general. Desconozco hasta que punto esta practica este extendida en Mexico, pero ciertamente, es muy tipica de mi generacion, aca en EUA.
Saludos.

agosto 11, 2005  
Blogger Ricardo Medina Macías dijo...

Angélica: Muchas gracias por los comentarios y por la recomendación. Por supuesto que seguiré con interés a Mark Steyn.
Saludos,
Ricardo

agosto 11, 2005  
Blogger Ricardo Medina Macías dijo...

Me permito copiarles un valioso e interesante comentario que me ha enviado, a mi correo electrónico, un lector habitual de estas "Ideas al vuelo", Franciso Javier Rovalo. Ahí va:
"Interesante la relfexión de Blas Pascal y muy apropiada para ejemplificar el mensaje de tu artículo. Pienso que es un planteamiento agnóstico que antepone la duda, es decir, pone a: "la duda" como causa y a: "el creer en Dios" como efecto. Es una buena lógica para quien se situa en la duda, sin embargo, del error no sale por que Dios, que es la primer causa de todo el universo, no aceptaría el planteamiento.

"En el caso de Irak, me parece que el error fue, en primer lugar, haber perdonado a Hussein de su invasión a Kwait y de los bombardeos a Israel. La diplomacia, la ONU y lo políticamente correcto, dejaron al tirano en el poder y con su ejercito. Se estableció una especie de tregua a cambio del cumplimiento de unos puntos que el señor violó, eso justifica el regreso a las hostilidadades.

"Ahora teniendo pruebas reales y demostrables, me parece otro error el soportar la segunda acción militar en la argumentación de información probable. Mas bien creo que encontraron un camino fácil en colgarse del terrorismo y de la amenaza de las supuestas bombas de destrucción masiva para terminar la tarea pendiente.

"Saludos,

FJR"

agosto 11, 2005  
Blogger Ricardo Medina Macías dijo...

MI RESPUESTA:
Francisco:

En efecto. La "apuesta de Pascal" se trata de un estupendo argumento lógico - de conveniencia práctica- para un agnóstico que dice no poder saber si Dios existe o no. De ninguna manera es un argumento metafísico, que vaya a las causas o que busque la verdad en sí misma, sino que busca mostrar la conveniencia moral (o práctica) de vivir como si Dios existiese (aunque no se tenga la dicha de la Fe, en sentido teologal, o la capacidad de "saber racionalmente" mediante argumentos que sí van a las causas, como las famosas "cinco vías" de Santo Tomás de Aquino, derivadas de Aristóteles, que en efecto existe (1) un primer motor, (2) una causa incausada, (3) un ser necesario que explica la existencia de los seres contingentes, (4) un principio de orden que explica el orden del universo, (5) un ser bueno por antonomasia que explica la existencia de la bondad, que llamamos Dios).
Respecto de las verdaderas intenciones detrás de la invasión o intervención en Irak, para derrocar y atrapar a Hussein, es probable que tengas razón pero es imposible demostrarlo, dado que no podemos conocer las intenciones verdaderas de G. W. Bush.
En todo caso, no me queda duda que - pese a todo lo que diga el pensamiento políticamente correcto- Irak y los iraquies, después de la invasión, están mucho mejor y son más libres que con Saddam Hussein.

Saludos,

Ricardo

agosto 11, 2005  

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