viernes, 8 de julio de 2005

Terrorismo: Coincidencias y suspicacias

Justo un día después de recibir la sede para los juegos olímpicos 2012 y cuando la Gran Bretaña es anfitriona de la cumbre de los ocho (G-8 en la terminología telegráfica de moda), Londres sufre un sangriento y concertado ataque terrorista. Coincidencias que levantan suspicacias y temores.
A todas luces obtener para Londres la sede de los Juegos Olímpicos para 2012, dejando en el camino a París, Madrid, Moscú y Nueva York, fue un gran triunfo político de Tony Blair, dada la importancia de los juegos y vista la calidad de las ciudades contendientes que fueron desechadas en las votaciones olímpicas del miércoles.
Un día después de los festejos, Londres está de luto. En cierta forma, se trata de una urbe acostumbrada a vivir bajo amenaza, desde los inclementes bombardeos de la fuerza área de Hitler hasta los sangrientos ataques terroristas del IRA irlandés en la década de los 70. Tampoco era un secreto que, en el contexto del terrorismo islamista actual – el mismo que estremeció a Nueva York el 11 de septiembre de 2001 y que ensangrentó a Madrid el 11 de marzo de 2004 – la Gran Bretaña ocupa un lugar destacado en la lista de los odios fundamentalistas islámicos.
Con todo, el ataque ha sido sorpresivo y artero – con esa cobardía inconfundible que es el sello común de todos los terrorismos – y la coincidencia con la designación de la sede olímpica para Londres y con la celebración de la cumbre del grupo de los ocho en territorio británico – Escocia - despierta las peores suspicacias.
Súmese, para mayor suspicacia e incomodidad, el hecho de que el gobierno de Tony Blair ha sido el aliado indiscutible de los Estados Unidos en Europa – siguiendo una viejísima tradición de relaciones especiales entre los dos países- y en la lucha sin cuartel, y sin componendas ideológicas o políticamente correctas, contra el terrorismo.
El resultado es sombrío, pero no deja lugar a dudas: Estamos en guerra. En una guerra declarada en la que las fronteras no son territoriales sino de valores y principios. Al igual que ante los totalitarismos del siglo XX hoy los valores clave de lo que llamamos civilización occidental están amenazados de muerte, pero ahora el enemigo es difuso, ubicuo, y cuenta con la complicidad – las más de las veces inconsciente o estúpida – de una quinta columna amorfa dentro del propio Occidente.
Se trataría, en la guerra paralela, de infundir miedos y culpas. De que absurdamente pidamos perdón por ser libres o por aspirar a serlo. De que increíblemente renunciemos a fundar la civilización sobre los valores de la tolerancia, el respeto a las diferencias y la razón – que es la clave del verdadero diálogo.
Se equivocan quienes proponen “solucionar” la embestida terrorista invitando a un imposible “diálogo entre las civilizaciones”. No hay tal cosa porque aquí no hablamos de dos civilizaciones, sino de la civilización contra la barbarie.
El lunes retomaré la serie sobre “El rock de los pobres”.

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal