domingo, 12 de abril de 2009

Regulación: Ni puritana, ni anarquista

Por eludir el alcoholímetro en la ciudad de México un joven ebrio causó la muerte de un policía que intentó detenerlo. Convendrán los lectores conmigo que esta tragedia NO puede ser atribuida a la regulación – representada por el alcoholímetro, entre otros mecanismos, reglas e instituciones-, ni a una omisión de los reguladores, sino a una conducta delictiva del ebrio que es punible de acuerdo con las leyes.

Los puritanos, que en el fondo son idealistas furibundos, dirán que si se prohibiera absolutamente la producción, distribución y venta de bebidas alcohólicas esa tragedia se habría evitado. Falso. La prohibición absoluta de bebidas alcohólicas causaría más tragedias, similares y de otra naturaleza: criminalidad incentivada por el altísimo atractivo económico de los negocios ilícitos (como sucede con el narcotráfico), producción y tráfico de bebidas adulteradas y un largo rosario de desgracias; además de que ninguna autoridad tendría control sobre en dónde se vende alcohol, a quién se le vende y demás.

Los anarquistas, que también son idealistas furibundos, dirán que el alcoholímetro no debe existir porque genera tal temor en los conductores que, por eludir ese control, acaban cometiendo estupideces o porque vuelve a los conductores irresponsables (“el gobierno se ocupará de que yo no maneje ebrio”). Falso. No podemos saber el número – de lo que pudo ser y se evitó no queda registro-, pero un control como el del alcoholímetro, con todas sus limitaciones y errores, evita muchas tragedias.

Podemos aplicar criterios análogos al papel de las regulaciones o de la falta de regulaciones en la gestación de la crisis financiera global; así como a los actos y a las omisiones de los reguladores.

Los puritanos querrán borrar de la faz de la tierra no sólo los productos financieros complejos – digamos, los derivados-, sino incluso la noción misma de apalancamiento; los anarquistas insistirán que hay que dejar que todos y en todo nos “auto-regulemos” . Ambos son extremos abominables.

La clave filosófica de la regulación está en el reconocimiento de la libertad y de su permanente consecuencia: la responsabilidad. La libertad es personal, la responsabilidad es personal. “El que la hace, la paga porque fue libre para hacerla”.

La regulación no debe socializar lo que es personal: la responsabilidad. La regulación no debe permitir que una entidad se vuelva tan grande que no pueda pagar por sus culpas. Lo “demasiado grande” se vuelve no-imputable. Como un monstruo irracional. A tales engendros no se les “regula”; se le pone una camisa de fuerza y punto.

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1 Comentarios:

Blogger william dijo...

Los anarcoindividualistas versión capitalista no somos idealistas furibundos. Tenemos un pie en el mundo de los sueños, pero el otro pie lo tenemos en tierra firme (o sea, tal como Chesterton dice que debe ser). No nos oponemos al alcoholímetro; sólo decimos que cada comunidad debe decidir (basada en sus costumbres y/o en su legislación local) si conviene o no conviene que lo haya, o cuándo, dónde y cómo debe haberlo, o cómo hay que castigar al conductor ebrio, etcétera. Y decimos, así también, que esa misma comunidad debe decidir quiénes son los encargados de vigilar y aplicar el alcoholímetro. Puede encargarse eso a una o varias empresas, que podrán ser empresas mercantiles o no lucrativas, cuyos propietarios podrán ser uno solo, o varios, o muchos, o incluso todos los miembros de la comunidad. ---Así que, por favor, no nos meta en el saco de "idealistas furibundos".

Me parece, además, que también hay liberales de centro-derecha furibundos. Son aquéllos que dicen que las únicas personas adecuadas para aplicar el alcoholímetro son funcionarios pagados por el gobierno (municipal, estatal o federal), y que así debe ser aun cuando alguna empresa privada ofreciera el mismo servicio a menor costo. Para estos liberales furibundos, el único problema es encontrar funcionarios suficientemente honestos que puedan realizar esa labor. Y si hoy no los hay a la mano, pues... hay que seguir buscándolos (en lugar de contratar a la empresa privada), dado que la vigilancia es una de las "funciones naturales" de los gobiernos.

abril 13, 2009  

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