domingo, 12 de abril de 2009

Regulación: Ni puritana, ni anarquista

Por eludir el alcoholímetro en la ciudad de México un joven ebrio causó la muerte de un policía que intentó detenerlo. Convendrán los lectores conmigo que esta tragedia NO puede ser atribuida a la regulación – representada por el alcoholímetro, entre otros mecanismos, reglas e instituciones-, ni a una omisión de los reguladores, sino a una conducta delictiva del ebrio que es punible de acuerdo con las leyes.

Los puritanos, que en el fondo son idealistas furibundos, dirán que si se prohibiera absolutamente la producción, distribución y venta de bebidas alcohólicas esa tragedia se habría evitado. Falso. La prohibición absoluta de bebidas alcohólicas causaría más tragedias, similares y de otra naturaleza: criminalidad incentivada por el altísimo atractivo económico de los negocios ilícitos (como sucede con el narcotráfico), producción y tráfico de bebidas adulteradas y un largo rosario de desgracias; además de que ninguna autoridad tendría control sobre en dónde se vende alcohol, a quién se le vende y demás.

Los anarquistas, que también son idealistas furibundos, dirán que el alcoholímetro no debe existir porque genera tal temor en los conductores que, por eludir ese control, acaban cometiendo estupideces o porque vuelve a los conductores irresponsables (“el gobierno se ocupará de que yo no maneje ebrio”). Falso. No podemos saber el número – de lo que pudo ser y se evitó no queda registro-, pero un control como el del alcoholímetro, con todas sus limitaciones y errores, evita muchas tragedias.

Podemos aplicar criterios análogos al papel de las regulaciones o de la falta de regulaciones en la gestación de la crisis financiera global; así como a los actos y a las omisiones de los reguladores.

Los puritanos querrán borrar de la faz de la tierra no sólo los productos financieros complejos – digamos, los derivados-, sino incluso la noción misma de apalancamiento; los anarquistas insistirán que hay que dejar que todos y en todo nos “auto-regulemos” . Ambos son extremos abominables.

La clave filosófica de la regulación está en el reconocimiento de la libertad y de su permanente consecuencia: la responsabilidad. La libertad es personal, la responsabilidad es personal. “El que la hace, la paga porque fue libre para hacerla”.

La regulación no debe socializar lo que es personal: la responsabilidad. La regulación no debe permitir que una entidad se vuelva tan grande que no pueda pagar por sus culpas. Lo “demasiado grande” se vuelve no-imputable. Como un monstruo irracional. A tales engendros no se les “regula”; se le pone una camisa de fuerza y punto.

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miércoles, 13 de febrero de 2008

¿Por qué las minorías mandan?

Las minorías pesan más que los consumidores en el diseño del marco institucional porque están organizadas. Y están organizadas porque la utilidad que obtienen al orientar el marco institucional en su beneficio supera con creces el costo de organizarse. A los consumidores, dispersos, desorganizados y con intereses diversos, les sucede lo contrario.

El libro “La lógica de la acción colectiva” del economista Mancur Olson se publicó en 1965 y fue parte de la revolución copernicana de la ciencia política ya que despojó a la democracia de su halo romántico para mostrarla como en realidad es: Un arreglo político lleno de defectos y de riesgos que, sin embargo, tiene la enorme virtud de ser menos malo que los otros arreglos conocidos: dictadura, despotismo, anarquía o guerra permanente.

El principal hallazgo de Olson fue que en una democracia las minorías organizadas en torno a un interés único suelen prevalecer sobre las mayorías desorganizadas con intereses dispersos. Y que tales minorías pagan los costos de organizarse porque los beneficios que obtienen al influir en el diseño de leyes y políticas públicas resultan mucho más altos que los costos. Por el contrario, la utilidad que las mayorías obtendrían a cambio de informarse y organizarse para influir en las decisiones políticas no compensa los elevados costos en que incurrirían. El arquetipo de la mayoría desorganizada (y desatendida por los políticos y los gobiernos) somos los consumidores.

Todos somos consumidores, pero en esa condición tenemos mucho menos peso político que como productores, miembros de un sindicato o de un partido o socios de un gremio profesional. En las urnas cada voto pesa lo mismo, pero en el Congreso Juan pesa mucho más si se presenta como miembro del sindicato de petroleros que si lo hace mostrando su credencial de elector.

El político tiende a satisfacer las demandas de esas minorías organizadas porque, a diferencia de la mayoría anónima, esos grupos sí le pueden retribuir sus esfuerzos por complacerlos. Ésa es la razón de fondo por la que suelen estar tan mal defendidos los intereses del consumidor en las instancias que diseñan el marco institucional: Congresos y gobiernos.

A 43 años de distancia el hallazgo de Olson sigue opacado por la romántica leyenda de que la democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo. No del todo, no siempre.

Mañana: Colección de ejemplos mexicanos.

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lunes, 26 de noviembre de 2007

Los desafíos del calentamiento local

En lugar de usar el calentamiento global como un cómodo pretexto, deberíamos combatir todo lo que genera mayor calentamiento local en nuestras ciudades, por ejemplo: las políticas públicas que premian la proliferación de autos-chatarra.


Hace unos días el ecologista Björn Lomborg describió de manera accesible – para nosotros, los neófitos- el fenómeno de las "ciudades horno" o del calentamiento local en las grandes concentraciones urbanas, donde el asfalto, el concreto y las construcciones que incrementan la temperatura le ganan terreno, día a día, a parques arbolados y otros espacios que refrescan y oxigenan el ambiente.

Lomborg mencionó, entre otros casos, el de la ciudad de Houston que en los últimos doce años creció 20% (unos 300 mil habitantes) y, como consecuencia, ha incrementado su temperatura nocturna 0.8 grados centígrados en el mismo periodo, lo que significaría un aumento impresionante de siete grados en un siglo (para leer el artículo de Lomborg, ver, entre otros, el periódico colombiano "El Tiempo" del 19 de noviembre).

Si eso sucede en una ciudad del tamaño de Houston, el lector podrá imaginar que el grado de calentamiento y la velocidad a la que se incrementa la temperatura son mucho más graves aún en la ciudad de México. Y uno de los principales responsables es todo el asfalto que hemos sembrado para servicio de "su majestad, el automóvil".

Por eso resulta criminal que sigamos teniendo políticas públicas tales como el contraproducente programa "Hoy no circula", la libre importación de automóviles usados sin verificaciones ambientales previas y el impuesto a la tenencia de vehículos, que premian e incentivan la proliferación de chatarra automovilística, incrementando las temperaturas y deteriorando el ambiente.

Un ejemplo: El viernes 16 de noviembre la ciudad de México padeció los usuales embotellamientos de tráfico típicos del último día laborable previo a un "puente"; la lentitud exasperante de la circulación en varias arterias, y la consecuente contaminación, se agravaron exponencialmente por las descomposturas de automóviles chatarra (y por los frecuentes accidentes causados por ellos). Autos de esos que fácilmente se regularizan en estados como Michoacán, de esos que pagan una tenencia ridícula, de esos que proliferan – como auto "comodín"- cuando se restringe la circulación mediante programas como el "Hoy no circula" y de esos que el gobierno de la ciudad de México permite circular sin seguro de daños a terceros por puro desplante demagógico.

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lunes, 5 de noviembre de 2007

Tabasco y la prevención de riesgos

Monstruoso y totalmente imprevisible sería que en Zacatecas, con una precipitación pluvial anual promedio de 515 mililitros, se acumularan en sólo tres días de lluvia 300 mililitros; que del 28 al 30 de octubre se acumularan 300 mililitros en Tabasco fue extraordinario, pero había sucedido antes y volverá a suceder. Era un evento probable y previsible para un estado en el que la precipitación anual promedio fue de 2,424 mililitros de 1941 al año 2000.

Uno no compra un seguro de gastos médicos mayores pensando en que lo deberá utilizar todos los días o todos los años. Por el contrario, uno compra un seguro de gastos médicos mayores – y renueva la póliza año con año- con la expectativa de que en el largo plazo (diez, veinte o treinta años, por decir algo) algún día podrá necesitarlo…y deseando que eso no suceda.

Sería desaconsejable que el gobierno de Nuevo León gastase parte de su presupuesto en la prevención de sismos, pero es perfectamente lógico que el gobierno de la ciudad de México tome las medidas preventivas para un sismo de 7 grados o más en la escala de Richter. La probabilidad de que un sismo de esa magnitud se verifique esta misma semana en la ciudad de México es bajísima, pero un sismo entra dentro del espectro de riesgos catastróficos a los que está sujeta esa ciudad.

Suena acorde con el fatalismo mexicano decir que la tragedia que hoy vive Tabasco fue totalmente imprevisible: una mala pasada de la traicionera naturaleza o producto de ese novedoso y omnipresente demonio abstracto del "calentamiento global", pero es tan absurdo como si un hombre mayor de 60 años dijese que es un evento inaudito, imprevisible, el hecho de que la próstata le cause problemas.

También suena bien, acorde con la superstición política de que todo se arregla con toneladas de dinero público, decir que Tabasco no recibió suficientes recursos federales para prevenir el desastre; lo que nadie comenta (supongo que se considera de mal gusto) es que Tabasco es el estado de la república que más participaciones federales por habitante ha recibido en los últimos siete años.

Decir que el desastre entraba en el espectro de los eventos probables no es insensibilidad ante la tragedia. Es honestidad intelectual, un bien mucho más escaso que el dinero público.

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sábado, 3 de noviembre de 2007

Tabasco: Extremo, pero no inaudito

Las precipitaciones pluviales de los últimos días de octubre en Tabasco fueron, en apariencia, de las más altas registradas desde 1948, pero no fueron inauditas, monstruosas o fuera de lo que se puede esperar para esa región hidrológica, ni para esa época del año.


Lo importante en estos momentos es atender con diligencia y eficacia las necesidades más urgentes de quienes han sido afectados por las inundaciones en Tabasco. Pero también es importante determinar con la mayor exactitud y objetividad, sin politiquerías, las causas del desastre.

Todo indica que los daños podrían haberse minimizado tanto con medidas de prevención relativamente sencillas y económicas – una verdadera cultura del riesgo entre la población- como con un patrón racional de asentamientos humanos. Al respecto, no tiene desperdicio el análisis crítico de Gabriel Quadri de la Torre publicado el viernes en El Economista : “Diluvio en un territorio huérfano”.

Por desgracia, en lugar de un ejercicio de autocrítica profunda – respecto de nuestro pésimo arreglo jurídico en materia de normatividad del uso del suelo- se ha empezado a echar mano del chivo expiatorio de moda – el calentamiento global- para tranquilizar conciencias y minimizar responsabilidades.

Lo sucedido, sin embargo, desde el punto de vista de las precipitaciones pluviales NO es inaudito o monstruoso o fuera de la norma – regularidad estadística- para la región o para la temporada del año. Los meses más lluviosos en Villahermosa y en toda la región centro de Tabasco son septiembre y octubre. El año más lluvioso en Villahermosa de la serie que va de 1948 a 2003, inclusive, fue 1988. En dicho año, la precipitación pluvial de octubre (641.2 milímetros) fue 67.5% superior a la de septiembre. Todo indica que este año, 2007, se verificó el mismo patrón que entonces.

Lo que debe discutirse seriamente es cómo regular la convivencia armónica entre el aprovechamiento óptimo del gran potencial hidroeléctrico de la cuenca y la presencia de densos asentamientos humanos en las zonas inundables. Del mismo modo, ya no puede desatenderse la necesidad de desazolvar las cuencas, contaminadas por los asentamientos humanos, para permitir que las precipitaciones se derramen hacia el mar.

Lo peor que podemos hacer es diluir las responsabilidades. No sin amargura se dice que así como el perro es el mejor amigo del hombre, el chivo expiatorio es el mejor amigo de los políticos.

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jueves, 14 de junio de 2007

Su majestad, el automóvil, debe pagar

El desarrollo sostenible de la Ciudad de México requiere desalentar en serio el uso del automóvil e invertir cantidades multimillonarias en extender el Metro y mejorar de veras el transporte público.

El locutor que platicaba con Carlos Elizondo Mayer-Serra manifestó su asombro de que Carlos hubiese llegado a un concierto en Bellas Artes tomando el Metro. Lo asombroso, sin embargo, es que el locutor se asombrase de que una persona inteligente tomase la decisión más inteligente para llegar a su destino. El Metro, aun con su saturación y sus múltiples carencias de mantenimiento y seguridad, es un medio de transporte mucho más eficaz, rápido y limpio que el automóvil.

Lamentablemente, la extensión del Metro y su capacidad para transportar a los millones de usuarios potenciales están muy por debajo de las necesidades de la Ciudad de México. En el aciago gobierno de Andrés López Obrador el Metro no creció un solo centímetro; a cambio tuvimos obras caras, mal hechas, fastuosas y de relumbrón político para su majestad: el automóvil. Esa pésima decisión sólo agravó el problema.

Uno no necesita suscribir la dudosa hipótesis del calentamiento global para percatarse del inmenso daño que le ha hecho a la Ciudad de México la explosión automovilística. No se trata de un hipotético daño planetario sino de un grave daño específico, localizado y creciente: Los contaminantes que arrojamos a diario millones de automovilistas en la capital mexicana se quedan aquí, no dañan la selva amazónica ni ocasionan huracanes en el Golfo. Se quedan aquí y se traducen en enfermedades, en deterioro de la convivencia, en improductividad, en desperdicio de recursos públicos (calcúlese cuántos policías y recursos se dedican en la ciudad a facilitar, como sus comandantes les dan a entender, el tráfico de automóviles y camiones), en irritación y, sí, también en falta de competitividad.

El ejemplo de Carlos tomando el Metro es cien veces más honesto y realista que los paseos en bicicleta para tomarse la foto.

El gobierno de la Ciudad requiere invertir mucho más en extender la red del Metro y darle adecuado mantenimiento. Para ello debería cobrarnos a los automovilistas y destinar lo recaudado a sufragar esas multimillonarias inversiones en transporte público. Eso es lo que hacen los gobiernos de izquierda modernos. Lo demás es “posar para la foto”.

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lunes, 4 de junio de 2007

Gravar el conocimiento: Pésima idea

El hecho de que uno sea un buen científico - dedicado, digamos, a la biología molecular- no quiere decir que por ese hecho haga propuestas inteligentes de política tributaria.

La doctora Esther Orozco es la primera directora del flamante Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal y ha propuesto la siguiente barbaridad:

"Queremos proponer a las entidades correspondientes un impuesto al conocimiento importado. Que las industrias y las empresas que decidan contratar personal y tecnología extranjera paguen un impuesto para preparar mejor a los mexicanos"


La doctora Orozco es una destacada especialista en biología molecular a quien no se le deben escatimar méritos como investigadora científica, pero su propuesta es una tontería del tamaño del Océano Pacífico. Encaracer el conocimiento sólo porque ese conocimiento proviene del extranjero es una propuesta primitiva que, de aplicarse, sólo aislaría a México de la economía del conocimiento, agravaría el atraso del país en productividad – y por lo tanto en bienestar – y ni siquiera beneficiaría a los científicos e investigadores mexicanos que es a quienes Orozco pretende otorgar una ventaja frente a los investigadores extranjeros.

A todas las discapacidades y taras competitivas que le hemos fabricado a México – protegiendo a productores ineficientes y depradores del mercado, sea en producción agrícola, sea en telecomunicaciones, sea en transporte, sea en algunas industrias manufactureras- añadiríamos una barrera proteccionista más: la de los conocimientos científicos y tecnológicos.

Es realmente extraño que una científica competente como la doctora Orozco ignore la importancia crucial de que el conocimiento no tenga nacionalidad ni barreras. ¿Estaría dispuesta la doctora Orozco a pagar un impuesto para enterarse de los hallazgos de sus colegas del departamento de biología molecular de la Universidad de Princeton o por conocer a los avances del Proyecto del Genoma Humano del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos o estaría encantada de pagar un impuesto – que nadie paga en ningún lugar del mundo- sólo por acceder a la impresionante base de datos del Instituo Suizo de Bioinformática (SIB, Swiss Institute of Bioinformatics)?

Doctora Orozco: ¿Usted cree que los avances cientìficos y tecnológicos que han hecho China, los tigres asiáticos, la India y otros países, se lograron encareciendo o abaratando el conocimiento?

Usted sabe la respuesta. No juegue a la política barata, aunque esté en el equipo de Marcelo Ebrard. Dedíquese a la ciencia.

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martes, 8 de mayo de 2007

Perdieron “los buenos sentimientos”, ¡ya era hora!

Hay una esperanza para Francia: Que efectivamente Nicolás Sarkozy sea, como pareció ofrecerlo, un político que no quiera disputarle a la izquierda, en la imaginación de la gente, el “monopolio del corazón”.

En 1974 Valery Giscard D’ Estaign (“derecha” para usar las etiquetas) le dijo a Francois Mitternad (“izquierda” para seguir con las etiquetas) una frase memorable y definitoria: “Usted no tiene el monopolio del corazón”. Desde que la “derecha” francesa, con D’ Estaign y después con Chirac, se dio a la tarea de arrebatarle a la “izquierda” el monopolio de la “bondad” Francia se metió en el pantano de las políticas públicas desastrosas, dictadas por las emociones, no por la razón.

Las altas tasas de desempleo, la precariedad de unas finanzas públicas lastradas por las promesas siempre en aumento del “Estado de Bienestar”, la esquizofrenia de una política migratoria que predica la tolerancia pero no tolera la competencia de los inmigrantes en el mercado laboral, la baja productividad de la economía y, por ende, su pérdida de competitividad. Todo eso es producto – involuntario, desde luego, pero también inevitable- de la pelea política por el “monopolio del corazón”.

Parece ser que Sarkozy es de otra raza de políticos de “derecha” – para seguir con las etiquetas-, no pertenece a la clase de la burocracia dorada que egresó de la Escuela de Administración Pública, no le dio miedo revisar críticamente la falsa epopeya de mayo del 68 y cree, si no por principios tal vez por necesidad, que el fortalecimiento de la Unión Europea no radica en el corazón, sino en la inteligencia. Son diferentes, usted sabe.

Si efectivamente Sarkozy no tiene los prejuicios arrogantes en contra de la globalización y de la productividad de los que hizo gala su antecesor, Francia podría recobrar su papel protagónico en el mundo y los franceses tendrán fundadas esperanzas de volver a disfrutar de una economía próspera y competitiva.

Habrá que ver.

Eso del “monopolio del corazón” – característico de los políticos – me recuerda, no sé por qué, las consignas retóricas de “rebasar a la izquierda por la izquierda”.

Lo que produce esa política de maquillajes y afeites, para ganarse las simpatías, suele ser un desastre.

Tal vez los electores franceses ya se cansaron de ese juego hipócrita de los políticos por “conquistar su corazón”. Tal vez.

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martes, 1 de mayo de 2007

El bioetanol más caro del mundo

¿Qué pasará si en México se establecen “estímulos” gubernamentales a la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, sin una verdadera reforma energética y sin modificar las condiciones de improductividad por decreto que privan en la industria azucarera? Muy sencillo: Tiraremos miles de millones de pesos para producir el etanol más caro del mundo.

Es atemorizante el entusiasmo que manifiestan los líderes cañeros ante la perspectiva de utilizar en México la caña de azúcar para producir etanol. Contrasta con el escepticismo que expresan los dueños de los ingenios azucareros respecto del mismo sueño.

Los líderes cañeros advierten que el proyecto es factible siempre y cuando se garanticen estímulos gubernamentales – subsidios directos o indirectos- y se mantengan las actuales condiciones que obligan a los industriales a pagar por la caña un porcentaje superior al 50% del precio del azúcar en el mercado doméstico, precio que continua – por cierto- más de 150% por arriba del precio internacional del azúcar.

Si se hiciese realidad el proyecto de los líderes cañeros México produciría el etanol más caro del mundo. Caro en costo de producción, caro para Pemex que sería el comprador forzoso y, por supuesto, caro para los consumidores y para los contribuyentes. Tan caro sería el bioetanol mexicano que el escandaloso caso del bioetanol estadounidense a partir de maíz parecería un pecadillo menor.

El gobierno de Estados Unidos subsidia con 52 centavos de dólar por galón la producción de etanol a partir de maíz. Tal subsidio en realidad es la mejor garantía de precios más altos para el maíz. No es una política ambiental sino un ingenioso mecanismo de proteccionismo agrícola, manipulación de precios en los mercados, despojo a los consumidores y pago de favores político-electorales en la más pura lógica mercantilista.

No sería extraño que en México, la poderosa Unión de Cañeros – y la CNC, que es el pariente pobre- imaginen un mecanismo similar de subsidio “verde” que, sumado a los desastrosos convenios laborales y a la legislación aberrante que priva en la industria azucarera, junto con la garantía de un comprador forzoso para el etanol (el monopolio de Pemex), sería para ellos una nueva mina de ganancias inagotables.

Si alguien no los detiene, produciremos el bioetanol más caro e inútil del mundo.

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sábado, 21 de abril de 2007

Que conste, nadie los acusó de ser inteligentes

A muchos políticos mexicanos se les puede acusar de muchas cosas, excepto de ser inteligentes.
En una carta a un obispo mexicano el Papa Benedicto XVI condena el aborto (¿alguien esperaba que lo aprobase?) y recuerda, a la vista de la controversial iniciativa en el Distrito Federal para ampliar las causales de despenalización del aborto, que para los fieles católicos el aborto es un crimen abominable.
Son las reglas del juego. Si dices que eres católico y que te adhieres, por tanto, a la fe que profesan los católicos, a los dogmas que forman parte de ella y a los principios morales que establece la autoridad (reconocida por los fieles católicos) de la Iglesia Católica, entonces debes saber que el aborto, de acuerdo con la fe que profesas, es un pecado grave, un asesinato. Si no estás de acuerdo, entonces no eres católico. Puedes fundar otra religión - dado que también para las llamadas confesiones protestantes, para el judaísmo y para el islamismo el aborto es igualmente un gravísimo pecado- en la que el aborto no sea pecado, puedes declararte ateo o vagamente sintoísta o budista. Lo que es absurdo es que te proclames católico y apoyes una política pública que, al permitir el aborto bajo tales o cuales cirunstancias, lo aprueba e inevitablemente lo promueve como una opción moralmente lícita.
Esto no significa, desde luego, que los católicos tengan que andar por el mundo persiguiendo presuntos pecadores o juzgando la conducta moral de los demás (entiendo que eso, la falta de respeto a la libertad de conciencia, es también un grave pecado para cualquier católico auténtico). Cada cual su conciencia, su vida y sus motivos. Se refiere al ámbito personalísimo de la conciencia individual de quienes se proclaman fieles católicos. Nada más y nada menos.
Hasta aquí, no hay problema. Era no sólo previsible, sino inevitable que el Papa recordase la doctrina milenaria de la iglesia que encabeza. Se trata del ejercicio de una autoridad moral que el Papa tiene sobre los fieles católicos, que libremente lo son o dejan de serlo. La autoridad del Papa es moral. Así de débil y así de fuerte. No tiene ejércitos - como dicen que dijo Stalin burlándose del "poder" de la Iglesia Católica-, ni tiene facultades para imponerla en las leyes civiles, mucho menos tiene poderes coercitivos, al menos en este mundo visible.
Así las cosas, lo más inteligente para los políticos y las políticas mexicanas que defienden esa modificación en el código penal del Distrito Federal habría sido quedarse callados y confiar que las palabras del Papa no hiciesen mucha mella en los ánimos de los electores que se dicen católicos y que han simpatizado con ellos en el pasado o incluso simpatizan hoy con ellos - con los políticos y las políticas que defienden la llamada despenalización del aborto-. Pero no. ¿Cómo iban a perder una oportunidad de obtener un titular destacado en la prensa, aunque sea en sábado, y aunque sea para conspirar contra sí mismos?
Marcela Nolasco, secretaria de Derechos Humanos del Comité Ejecutivo Nacional del PRD, cayó redondita y ya se lanzó (ver aquí la nota en el periódico El Universal) a enmendarle la plana al Papa y a proponer inopinadas y estúpidas reclamaciones al Vaticano.
Es una tremenda tontería para "su causa" (con la cual, ¿alguien se sorprende?, no simpatizo). Las declaraciones de Nolasco son un claro ejemplo de que hay muchos políticos y muchas políticas en México a quienes se puede acusar de muchas cosas, pero no, jamás, ni por asomo, de ser inteligentes.
Si el terreno al que quieren llevar los perredistas la discusión acerca del aborto es el del desafío a la fe religiosa de millones de mexicanos y al pleito verbal con el Papa, su ocurrencia no les va a reportar muchas simpatías, ni les hará cosechar muchos votos. El terreno al que se metían, debían saberlo, era pantanoso, pero que ahora se avienten alegremente de cabeza al pantano de veras no se entiende.
En este caso NO estoy hablando - que quede claro - en sí de la iniciativa de despenalización, sino de la inconmensurable torpeza de algunos políticos.

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domingo, 15 de abril de 2007

Predecir huracanes: ¿Tres días o 25 años?

¿Sabrá el presidente municipal de Coatzacoalcos predecir huracanes con mucho mayor precisión y alcance que los mejores científicos dedicados a la meteorología?

La etiqueta “cambio climático” aplicada generosamente a cualquier declaración, conjetura o suceso se ha convertido en receta infalible para fabricar “noticias”. Lo curioso es que el cambio climático no es ninguna novedad. El clima siempre ha cambiado, pero hoy día la frase “cambio climático” se descifra – en muchos medios de comunicación y en la imaginación de una parte del público- como equivalente a “calentamiento global”, lo cual a su vez significa “catástrofe causada por la irresponsable actividad humana cuyo motor es la avaricia”.

Esta mutación de significados ha convertido al asunto en una especie de religión apocalíptica que divide al mundo en creyentes fervorosos – aunque sea de palabra- y en despreciables escépticos, a quienes se supone movidos por la codicia y patrocinados por alguna petrolera que se dedica a destruir al planeta.

El domingo, un periódico mexicano (“Reforma”, la consulta en línea requiere suscripción) anunciaba “Modifica el clima a Coatzacoalcos” e informaba en voz del presidente municipal que se ha modificado el programa de desarrollo urbano de ese puerto “para hacer frente a los efectos del cambio climático”. El funcionario Iván Hillman Chapoy declaró según la nota: “Hemos ubicado las zonas por debajo de los cinco metros sobre el nivel medio del mar que han sido y serán impactadas con mayor fuerza por las precipitaciones y los huracanes”. La metodología – precisó- está prevista para 25 años.

Un poco más humilde, un científico – el profesor Francisco Valero, del Departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica de la Facultad de Físicas de la Universidad Complutense – explicaba en octubre de 2005, tras los huracanes Rita, Stan y Katrina, dos asuntos: 1. Que no hay ningún indicio razonable de que los huracanes dependan del cambio climático que pueda provocar el hombre y 2. Que se han hecho grandes avances en la predicción de la trayectoria de los huracanes: en los años 80 se podía predecir la trayectoria probable hasta con dos días de anticipación; hoy se puede predecir dicha trayectoria probable – no cierta, sino probable- hasta con tres días de anticipación…y la predicción puede fallar, como sucedió con la entrada a tierra del huracán Katrina.

El presidente municipal “cree” saber, el científico sabe lo que no sabe. Creer es más barato que saber.

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viernes, 13 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (III)

Si en el verano del año pasado, 2006, usted hubiera emulado a Cristóbal Colón en su cuarto recorrido por “las Indias” – en el trayecto de Cuba a Honduras- usted habría disfrutado de un mar Caribe mucho más sereno que el terrorífico que enfrentó el genovés en 1502.

El DVD de “An inconvenient truth” fue lanzado al mercado el 21 de noviembre de 2006 por Paramount Pictures. En la presentación se asegura que en 2005 se vivió la peor temporada de tormentas tropicales “en América” (¿Estados Unidos?) de la historia – una flagrante mentira- y también se asegura que Al Gore actualizó su historia con los datos disponibles más recientes. Ese día ya había terminado la temporada de huracanes 2006 en el Caribe y en el Atlántico Norte – que va, oficialmente, de junio a noviembre- pero el señor Gore, sus asesores y su equipo de producción pasaron por alto un pequeño detalle: Actualizar su información sobre huracanes en particular y tormentas tropicales en general con los datos de 2006, ya conocidos para entonces.

¿Por qué este descuido? Tal vez porque resultaba altamente “inconveniente” para los propósitos propagandísticos de la película decir que en 2006 los sistemas tropicales (tormentas y huracanes) en el Golfo de México y en el Atlántico Norte fueron ¡70 por ciento menores a los del año anterior! Y estuvieron por debajo del promedio de sistemas tropicales registrados en la temporada de los años 1950 al 2000. En términos técnicos: “En este 2006 para la cuenca del Atlántico se alcanzó una Actividad Neta de Ciclones Tropicales del 85 por ciento respecto a (sic) la climatología”. ¿No habíamos quedado que año con año aumentaban los huracanes por causa del calentamiento global?, ¿no sustenta sus catastrofistas predicciones el señor Gore en la premisa de que el proceso de calentamiento es irreversible como irreversible se supone que es la acumulación de gases de invernadero en la atmósfera?

De hecho, a raíz de esa baja actividad ciclónica hoy la producción agrícola en el litoral del Golfo, como el sur de Tamaulipas, enfrenta la peor sequía en 20 años y hay quien pregunta con sarcasmo – ver el comentario de Ramón Mier aquí- si acaso el planeta ahora se está enfriando y es momento de salir a quemar llantas para que se incremente el calentamiento global y la superficie del mar se mantenga por encima de los 26 grados centígrados – mínimo requerido para la formación de un sistema tropical- y así salvar al campo de esta sequía.

Esta es otra de las verdades inconvenientes que Gore y los productores de la galardonada película ocultan: En 2006 sólo hubo cinco huracanes en la cuenca del Atlántico, ninguno memorable. Nada que ver con los 88 días de tormenta en 1502. ¿Alguien que no sea especialista recuerda los nombres de esos huracanes? (Ahí van, para los curiosos: Ernesto, categoría 1; Florence, categoría 1; Gordon, categoría 3; Helene, categoría 3 e Isaac, categoría 1. Éste, el último del 2006, fue del 27 de septiembre al 2 de octubre de 2006 y sus vientos máximos sólo llegaron a 140 kilómetros por hora. Un mes y 19 días después se estrenaba mundialmente la ficción “An Inconvenient Truth”).

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lunes, 9 de abril de 2007

El cambio climático y la incertidumbre

Lo primero que debemos definir acerca del cambio climático en el planeta es lo que sí sabemos y lo que no sabemos. A partir de ahí, podremos desdramatizar un debate que se ha llenado de mitos y de moralina hipócrita.

La primera certeza que tenemos acerca del clima es que cambia sin cesar. El cambio no es de hoy. Es de siempre. El planeta forma parte de un sistema solar dinámico que a la vez está dentro de una galaxia igualmente dinámica en un cosmos que cambia cada instante.
La pregunta “reciente” es: ¿La actividad humana puede modificar el clima? Desde luego que sí. Ejemplo: El hombre es capaz de hacer inhabitable por décadas una extensa región debido a la radiación producida por una explosión nuclear.
Siguiente pregunta: ¿Es la actividad humana el factor más importante que genera los cambios de clima en el planeta? La respuesta es NO. Ni en el pasado, ni a la fecha, ni en el futuro de esta generación – los próximos cien años- la actividad del hombre podrá emular siquiera los efectos en el clima de un incremento o una disminución de explosiones en la superficie del sol, eventos “normales” en la actividad solar que todavía no somos capaces de predecir con exactitud.
El día que el hombre sea capaz de modificar a voluntad el clima de todo el planeta estaremos vendiendo y comprando condominios de lujo y tierras para cultivo en el círculo ártico.
Es un hecho que el hombre destruye ecosistemas. Y debe evitarse que lo siga haciendo. Es muy probable que la quema de combustibles fósiles tenga un efecto perturbador, y nocivo, en el clima. Pero no sabemos la magnitud de ese efecto, y aún es un juego de imaginación – alimentado por modelos de simulación matemática que parten de conjeturas, no de certezas- calcular dichos efectos.
Sabemos que un día el sol se extinguirá – como sucede con todas las estrellas- pero no sabemos si antes de ese evento habrá explosiones en su superficie que eleven la temperatura del planeta a magnitudes insufribles para el ser humano.
Les deseo todo el éxito a quienes, llenos de buenas intenciones, intercambian bonos de carbono para “salvar al planeta” y ganar un dinerito, pero cuando esto se acabe no habrá bonos que sirvan. Vivimos literalmente de milagro. Un poco de humildad, ése es el principio del conocimiento.

REFERENCIAS EN LA RED A VISIONES "POLÍTICAMENTE INCORRECTAS" SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL:

1. Un artículo general y breve pero bien documentado.
2. Y si, a pesar de todo, tuvieran razón los profetas del calentamiento global, ¿qué hacer?
3. Por qué es un cuento que el calentamiento global provocará la aparición de enfermedades tropicales en países del hemisferio norte.

4. Otro artículo desmitificador, de Asuntos Capitales.

5. El Informe Independiente para "Policiymakers" de acuerdo con los resultados científicos del IPCC, Fraser Institute. NO SE LO PIERDAN

6. El testimonio de Richard S. Lindzen, meteorólogo del MIT , miembro del panel de científicos del IPCC, ante el Senado de Estados Unidos el 2 de mayo de 2001 o de cómo la burocracia de la ONU falsifica los auténticos resultados del panel de científicos.

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lunes, 2 de abril de 2007

La “bendición” de la tasa cero

¡Qué bueno que la tasa cero del IVA sea para beneficiar a los pobres! Eso nos permitió, el domingo pasado, comprar un delicioso kilo de carne de res de la mejor calidad – corte churrasco argentino- a sólo $81.50 pesos (en lugar de $93.75 pesos si hubiese tenido tasa IVA de 15 por ciento), sintiendo que los $12.25 pesos que nos ahorramos son parte de una grandiosa conquista social a favor de los pobres.

Dice una encuesta muy publicitada que el 84 por ciento de los mexicanos se opone a que “se cargue el IVA a alimentos y medicinas”. Al menos así lo explicó ayer mi amigo Ciro Gómez Leyva en su columna diaria, aunque habría que advertir que los alimentos y medicinas NO están exentos del pago del IVA en México, sino que la tasa de ese impuesto que paga el consumidor final es de cero, que no es lo mismo.
Muy bien, Ciro calcula que eso significa, políticamente, que el asunto de la tasa cero es intocable y búsquenle por otro lado. Encuesta mata todo, por lo visto.
El resultado de esa encuesta me genera un secreto y cínico placer, que confieso aquí con la esperanza de que pasará inadvertido porque casi nadie lee este blog en estos días: Me encanta disfrutar de la buena vida que se puede dar alguien de ingresos medios o altos en México, sintiendo que esos privilegios me salen más baratos gracias a una política que – es dogma de fe bendecido por las encuestas- “beneficia a los más pobres”. Ya sé lo que sienten algunos políticos de izquierda cuando predican en contra de los ricachones después de comprarse en Rodeo Drive un traje de 20 mil dólares.
El domingo decidimos estar de “flojos” en la casa y A. compró unos cortes argentinos deliciosos, y tan sólo en un kilo de churrasco, por ejemplo, nos ahorramos más de 12 pesos que deberíamos haber pagado de IVA, de no ser porque nuestros políticos están siempre pendientes de los más pobres.
¡Gracias! Y por favor, que nadie me amargue el gusto diciendo que esos 12.25 pesos podrían haberse ido a tal o cual gasto gubernamental en educación, salud o vivienda para los más pobres. No, esas son “falacias neoliberales”: 84 por ciento de los mexicanos apoyan que la tasa cero en el IVA haya abaratado mi gula dominical. ¿Qué más puedo pedir?

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Privilegios fiscales, ¿dónde están?

Por supuesto que es magnífica idea que una futura reforma fiscal sirva para terminar o disminuir privilegios que lesionan la productividad de la economía. El principal de esos privilegios, que beneficia a las familias de ingresos altos, se llama tasa cero del IVA en alimentos y medicinas.

Algunos analistas han saludado con entusiasmo la propuesta de que una futura reforma fiscal contribuya a eliminar privilegios que no sólo disminuyen la capacidad recaudatoria, sino que – mucho más importante- restan productividad a la economía.
El diagnóstico es impecable. Lo comparten todos los partidos políticos no sólo el PRD. Lo que falla miserablemente es cuando el propio PRD y esos analistas tratan de traducir en propuestas específicas su diagnóstico.
Sorprende cómo un buen diagnóstico abstracto – “es bueno terminar con los privilegios”- resulta a la postre tan mal servido con propuestas que no sólo NO incrementarán la recaudación, sino que dejan intocados los verdaderos privilegios. Ni el régimen de consolidación fiscal de las empresas, ni las transacciones de personas físicas en la bolsa de valores son el problema.
Quienes en México estamos en los estratos más altos de ingreso gozamos desde hace años de un privilegio exorbitante que tiene un origen insospechado y paradójico: Somos, por razones obvias, quienes más artículos que están gravados con la tasa cero del IVA consumimos (en números absolutos) y somos, por tanto, receptores de un descuento fiscal, en pesos y centavos, abrumador e injusto. Basta observar el recibo del supermercado de cualquier familia de clase alta o media-alta en México para comprobar que una porción abrumadora de nuestro gasto goza – inmerecidamente- de esa tasa cero y que, sumados esos consumos, el boquete que le hacemos a las finanzas públicas es enorme.
Debe haber una forma menos ruinosa de proteger el consumo de los pobres en alimentos y medicinas. Una forma que NO implique un absurdo regalo anual de miles de millones de pesos para los más adinerados.
Ése privilegio es el que hay que corregir. ¿Cómo hacerlo sin perjudicar, a la vez, a los consumidores de veras pobres? Probablemente mediante un mayor gasto público – producto de lo que se recaudaría de terminar con ese privilegio- dirigido con precisión y eficacia hacia esos consumidores.
Pero por lo visto el mito político de que la tasa 0 del IVA es intocable hace que un buen diagnóstico general termine en propuestas absurdas, inútiles y demagógicas.

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miércoles, 28 de febrero de 2007

Un país de analfabetas funcionales

Una de las claves del éxito de la república MTP para mantenerse en la dorada mediocridad fue la lucha incansable de autoridades, maestros, hombres y mujeres de empresa, medios de comunicación, para evitar que prendiese entre niños y jóvenes la perniciosa costumbre de leer.

Emma echa una ojeada al periódico. A diferencia de otros días algo - ¡por fin!- capta su atención: Según el diario, que por cierto da insuficientes referencias por si acaso alguien quiere profundizar en el asunto, una encuesta entre maestros de educación básica en MTP (“Media Tabla Perpetua”) muestra que cuatro de cada diez profesores no tienen más de 20 libros en su casa y que seis de cada diez profesores confiesan que no leyeron más de dos libros en el último año.

Adiestrada desde pequeña, por sus padres, en las tareas de cifrar y descifrar Emma obtiene dos conclusiones: 1. Dado que en los últimos 20 años, aproximadamente, los gobiernos de MTP han destinado ingentes recursos a la educación y a elevar los salarios de los maestros, las revelaciones de la encuesta – por otra parte previsibles- confirman la impolítica tesis: No sólo no hay una relación causal entre más gasto público y mejoría sino que frecuentemente más gasto gubernamental sólo sirve para empeorar las cosas.

2. Qué pena, pero los datos de la encuesta explican las indudables ventajas competitivas de Emma en el mercado de trabajo. En un país, como MTP, en el que 40% de los maestros tiene una biblioteca en su casa menor al número de libros que Emma lee en un mes y en el que 60% de los maestros leyó en un año menos libros de los que Emma lee en una semana, nadie debe sorprenderse de que Emma a sus 25 años gane un envidiable salario y reciba constantes ofertas de empleo en MTP y fuera del país.

Lo primero que hace Emma al llegar a su oficina es responder afirmativamente, por correo electrónico, a la oferta de trabajo que le hace una corporación del odiado – y envidiado- país del Norte. Mientras lo hace, escucha a una emocionada secretaria encomiar el histórico nivel de audiencia que logró el capitulo final de la telenovela ésa…Sí, ésa de cuyo nombre Emma, ¡pobrecita desmemoriada!, no se acuerda.

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miércoles, 21 de febrero de 2007

Una inmoralidad: Omitir la escasez

Usted tiene 50 mil millones de dólares para aliviar los problemas globales del planeta, ¿cuál sería el problema que atacaría prioritariamente? Aquél en el que el monto de recursos invertidos diese la mejor relación costo-beneficio ¿Por qué? Porque así se hace el mayor bien al mayor número de personas.

Una de las experiencias más interesantes acerca de cómo enfrentar los problemas del mundo se llevó a cabo en Copenhague en mayo de 2004 y se repetirá en 2008 también en mayo. Esa experiencia se llamó Consenso de Copenhague, fue organizada por Bjorn Lomborg, profesor asociado de Estadística en la Universidad de Aarhus de Dinamarca y fue auspiciada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país y por el semanario The Economist.

Identificados los diez problemas globales más acuciantes se propuso a un panel de ocho economistas notables decidir a cuál de esos problemas deberían destinarse unos hipotéticos 50 mil millones de dólares, adicionales a los recursos que ya se usan en el mundo para atenderlos.

Los economistas concluyeron que la prevención de enfermedades transmisibles – específicamente la prevención del VIH-Sida – era el mejor destino para esos recursos, el que daría la mejor relación costo-beneficio o, dicho en otras palabras: la inversión que produciría el mayor bien cierto para el mayor número de personas. Muy cerca quedó la abolición de subsidios y barreras al comercio. En cambio, en el sótano de la clasificación quedó el cambio climático; no sólo por las pocas certezas científicas acerca de la naturaleza y causas de dicho “problema”, sino por la incertidumbre acerca de la eficacia de las “soluciones”.

El lector puede conocer este trabajo en el libro Global Crises, Global Solutions.

Lo que me interesa destacar es la pertinencia de que fuesen economistas, y no “líderes morales”, a quiénes se recurrió para jerarquizar qué problema debe atacarse primero.

El imperativo moral ya está dado – hacer el mayor bien cierto al mayor número de personas- y corresponde a la economía, a partir de datos comprobados, determinar con rigor científico en dónde estará mejor empleado el dinero: Costo contra beneficio.

Hay una estúpida objeción moralista a este criterio económico: “todos los problemas deben ser resueltos”. Alegato inmoral porque nada hace más daño a más gente que suponer que los recursos son infinitos.

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miércoles, 7 de febrero de 2007

Jugársela por el libre comercio

El caso del azúcar ejemplifica dramáticamente la escasa credibilidad de los supuestos líderes de los países desarrollados. Por ello, es una oportunidad única para que gobiernos como el de México se la jueguen en serio, en los foros multilaterales y en el frente interno, por el libre comercio. Como dicen: ¿Tendremos el valor o “nos vale”?

Es admirable la decisión de países como Australia y Nueva Zelanda en su apuesta por la libertad económica, así como admirables han sido los magníficos resultados derivados de esa postura inequívoca.

El caso del corrompido mercado internacional del azúcar, que difícilmente se sostendrá en el mediano plazo, habla claramente de la crisis de liderazgo y credibilidad que padecen los países más desarrollados, como la Unión Europea y Estados Unidos.

Si México quiere de veras asumir un liderazgo en la región latinoamericana y usar frente a su poderoso vecino del norte un arma de negociación que vaya más allá de la gastada y vehemente retórica – que sirve más para consumo interno de una minoría trasnochada que para otra cosa- tiene que jugársela en serio a favor de la libre competencia y del libre comercio tanto en el frente interno como en los foros internacionales, por ejemplo en la Organización Mundial de Comercio.

Más todavía, puede empezar por una apertura unilateral de su mercado, como lo han hecho Australia o Brasil con magníficos resultados.

Como en muchas otras ocasiones en su historia México puede desaprovechar esta oportunidad y limitarse - ¡otra vez!- a que las cosas le pasen y a rumiar su mala fortuna con mitos y discursos ridículos.

Hasta ahora los gobiernos mexicanos han supeditado su política comercial en materia de azúcar al desastroso modelo estadounidense: Mercantilismo puro y duro, con grupitos de presión incrustados en el poder político medrando de los excedentes que se arrebatan a los consumidores.

Si en un golpe de audacia y visión de largo plazo México apostase en serio por la liberalización total de los mercados agrícolas del mundo, y empieza por el del azúcar, ganaría una gran credibilidad como un nuevo y efectivo líder de los países en desarrollo. Haría causa común con otros países en desarrollo, como Brasil, la India, Colombia, Perú y Cuba (cuya transformación política y económica puede estar a la vuelta de la esquina), así como con Centroamérica, entre otros.
De paso, beneficiaría a millones de consumidores pobres en el país y contaría con una magnífica palanca – la congruencia entre política exterior y políticas públicas hacia los mercados internos- para ir desmontando los arreglos mercantilistas que aún padecemos.

Como me escribió ayer un conocedor de estas oportunidades desperdiciadas: “Mientras sea más rentable cerrar una carretera para exigir un mayor precio para la caña que, por ejemplo, utilizar mejores fertilizantes, no habrá oportunidades para una mayor productividad”.

Como dicen por ahí: ¿Tenemos el valor o “nos vale”?

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