martes, 2 de octubre de 2007

El reparto de culpas como teoría económica

Muchos políticos tienen una manera fantástica de abordar la economía: La entienden como si fuese una rama de la teología moral en la cual todo el chiste es definir qué pecado de Fulano ocasionó la miseria de Perengano.

El otro día escuché a dos señoras conversando afuera de una iglesia: “Es que este día la Misa no tuvo homilia” (así, como palabra grave, sin acento ortográfico, cuando en realidad es homilía, palabra aguda). Pensé dos cosas: 1. A lo mejor la ausencia de sermón fue algo bueno, considerando la tendencia de algunos sacerdotes a glosar el periódico “La Jornada” desde el púlpito y 2. Si las señoras estuviesen saliendo de la Cámara de Senadores o de la de Diputados no podrían quejarse: Habrían escuchado no una, sino varias homilías, sentidas prédicas morales de nuestros tribunos.

Ejemplo: “Todos sabemos que un incremento en el precio de la gasolina ocasiona una escalada de precios en los alimentos dada la voracidad de los comerciantes”. Es una bonita visión moralista del mundo, poblado de muchos buenazos (los pobres) siempre torturados y amenazados por un puñado de malvados (los ricos voraces) y Cantinflas – es decir el político, como en el mural del esposo de Frida en la fachada del Teatro de los Insurgentes- quitándole a los malos para darle a los buenos.

El problema es que ese cuento edificante nada tiene que ver con el mundo real.

En vano uno tratará de explicar al predicador-político que cuando hay condiciones de competencia en los mercados resulta imposible – y hasta suicida para quien lo intenta- trasladar mecánicamente al precio de los cacahuates en forma de cinco pesos un alza que aún no se verifica de dos centavos en el precio de la gasolina.

En vano uno tratará de hacerle entender al predicador-político que no es un asunto de buenos y malos, sino de escasez relativa de unos bienes o de otros (oferta) ante necesidades y apetencias de los consumidores (demanda) que pueden variar en magnitud. Y que los precios, cuando se les deja ser e informar de las condiciones de oferta y demanda (es decir, cuando no son precios mentirosos) modelan la conducta de proveedores y consumidores en beneficio de ambos.

Por una vez, al menos, nuestros políticos podrían abandonar el púlpito y dejar que la misa transcurra sin intromisiones. Funciona mejor.

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3 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

El problema es cuando una sarta de vividores agremiados en la cámara de comercio de la industria ______(Llénese el espacio en blanco con el nombre de la industria que se quiera),que operan en nuestro país como una "clica" monopólica de facto, se ponen de acuerdo para imponer el precio que se les antoja a los productos que venden. El gobierno en turno se truena los dedos para ver como convencer a estos gentiles individuos a que su conducta es "inmoral". No seria mas sencillo establecer condiciones de competencia para que estos pseudomonopolios dejen de estafarnos?

octubre 02, 2007  
Blogger Ramón Mier dijo...

José,

Como comerciante te puedo decir que cualquier esfuerzo por "ponerse de acuerdo" para subir un precio es inútil. La tentación de romper filas es demasiado grande... si hacerlo les permite ganar más.

Basta ver lo que sucedió con Wal-mart y la ANTAD, y de la guerra que existe entre los propios miembros de la Antad.

Solamente cuando los gobiernos otorgan una condición de ventaja (impidiendo la entrada de nuevos competidores y/o fijando precios o cuotas de mercado para los participantes puede haber abusos).

Antes que promover la competencia, los gobiernos tenderán a distorsionar las condiciones en que se realiza.

octubre 02, 2007  
Anonymous Anónimo dijo...

Ramon, tienes razón

Mi comentario tiene relación con lo que escribes: "Solamente cuando los gobiernos otorgan una condición de ventaja ........". Que desafortunadamente en nuestro país sucede en sectores claves de la economía como Telecomunicaciones y energéticos. Solo por citar 2 perlas.
Lo que quiero decir es que en la medida que un gobierno establece condiciones de competencia parejos (Estado de derecho, libre mercado, etc) el mercado mismo se encarga de dar a cada quien lo que merece, bueno o malo ( si esque algo asi existe). Por otro lado, cuado los gobiernos empiezan a jugar a Robin Hood queriendo interpretar las voluntades de millones de ciudadanos, o estableciendo regulaciones inescrutables, termina causando mas problemas de los que intentaba solucionar en un inicio.

Tampoco pienso que los comerciantes de tal o cual gremio se pongan deacuerdo intencionalmente en todos los casos. Pero en aquellos en donde el gobierno tiene (mejor dicho mantiene) los dados cargados? allí, ni hablar! . También es cierto que existen sectores como el que comentas, en donde la competencia es férrea, y éstos deben servir como ejemplo de como la libre competencia es la que rinde los mayores beneficios a los consumidores

Saludos!

octubre 03, 2007  

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