lunes, 10 de agosto de 2009

Reformas estructurales e índices de precios

Hay que prestarle mayor atención a los índices de precios que recopila el Banco de México. Además del fenómeno inflacionario en sí - asunto en el que no debe quitarse el dedo del renglón -, los índices que miden las variaciones de diferentes precios (los de mercancías, los de bienes sujetos a factores de estacionalidad, los administrados y concertados por el gobierno o los gobiernos) nos dicen mucho acerca de las distorisones que padecen los mercados en México.

Los precios son la información más relevante para la toma de decisiones económicas.

Hace unos días, al revisar el Informe Trimestral sobre inflación de Banxico, me llamó la atención la gráfica que comparaba las variaciones anuales - mes a mes- de tres variables: el Índice Nacional de Precios al Consumidor (lo que conocemos popularmente como "la inflación en México"), la llamada inflación subyacente (conocida en Estados Unidos como "core inflation") que es la que corresponde a los precios de mercancías comerciadas libremente y que no padecen claros efectos estacionales y la llamada inflación no subyacente que son los precios de aquellos bienes sujetos a variaciones estacionales, como las frutas y verduras o el ganado, y de aquellos bienes y servicios cuyos precios NO fija el mercado, sino que son "administrados" (eufemismo equivalente a "fijados") por el gobierno federal y en ocasiones por gobiernos locales, como: gasolinas, electricidad, agua o "concertados" por los gobiernos (tarifas de transporte o tarifas de telecomunicaciones).

La inflación subyacente o "core inflation" es aquella en la que, en principio, se supone que los instrumentos de la política monetaria del banco central influyen directamente, como tasas de interés interbancarias, crecimiento de los agregados monetarios (especialmente el "dinero del alto poder", M1 y M2) y es la que más interesa, en principio subrayo, para detectar tendencias de alza generalizada en los precios, esto es: Para la inflación como fenómeno monetario.

Lo que me llamó la atención de la gráfica fue la gran volatilidad, en el transcurso de dos años, de la inflación no-subyacente, que iba de "cimas" de casi nueve por ciento anual a "valles" de casi dos por ciento anual, en contraste con la evolución, ligera pero claramente al alza, sin picos ni valles, de la inflación en general y de la inflación subyacente.

Uno presumiría que la volatilidad de la llamada inflación no subyacente obedece fundamentalmente a las variaciones estacionales y pronunciadas de la oferta de bienes agropecuarios, como verduras, legumbres, granos, así como de ganado en píe. Variaciones que obedecen a las estaciones del año en cada hemisferio y a factores muy difíciles de prever o predecir, como huracanes, plagas, sequías y demás.

Sin embargo, en el caso de México y en los últimos años ha influido más la variabilidad de los precios administrados y concertados (llamémosle precios de gabinete gubernamental como contrarios a precios de mercado) que la volatilidad de la oferta de bienes agropecuarios (volatilidad que, por otra parte, tiende a disminuir conforme hay más libertad de comercio en el mundo y los avances en transporte, almacenamiento y conservación de los alimentos permiten normalizar a lo largo de todo el año la oferta de dichos bienes y disponer, por ejemplo, de jugosas ciruelas chilenas durante el invierno en México).

De hecho, los precios de gabinete gubernamental pesan 17 por ciento en el INPC de México, en tanto que los precios de bienes agrícolas y ganaderos pesan sólo 8 por ciento en el mismo índice general de la inflación.

(Hay un interesante trabajo de investigación del propio Banxico respecto de pronósticos de índices de precios que comenta, aunque sea de forma lateral, algunos de estos aspectos, puede leerse haciendo clic aquí).

La siguiente gráfica muestra con claridad los pronunciados picos y valles de los "precios administrados y concertados" respecto de la trayectoria más regular del INPC, (la línea azul corresponde a los precios "administrados y concertados" y la línea color naranja al índice nacional de precios al consumidor), durante los últimos cinco años.



Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con las reformas estructurales de las que tanto se habla y, a veces, tan poco se comprende?

1. El hecho de que alrededor del 17 por ciento de los precios en México NO sean fijados por la oferta y la demanda en los mercados, nos revela una gran distorsión en la asignación de recursos. Los precios, repito, son el elemento clave de la economía porque permiten asignar los recursos eficientemente, cuando los precios son "administrados" o "concertados" desde una sala de juntas en el gobierno o desde una oficina donde unos cuantos oferentes de los bienes y servicios negocian ajustes con las autoridades, a despecho de la voluntad de los consumidores, nos confirma que los mercados en México están lejos de ser completamente libres y, por supuesto, muy lejos de ser eficientes.

2. En cada uno de los casos de precios administrados y concertados estamos hablando de insumos clave para toda la economía (energéticos, transporte, telecomunicaciones) por lo que las variaciones en dichos precios afectan directamente a toda la actividad económica, desde un banco hasta una tienda de abarrotes, desde una fábrica de maquinaria y equipo hasta una empresa de mensajería.

3. Si vemos con detenimiento la gráfica notaremos que los picos suelen situarse alrededor de noviembre a enero y los valles entre abril y junio, pero no de una manera uniforme todos los años, ni en los mismos periodos para cada año (si nos fuésemos más atrás, veríamos que los picos invariablemente se presentaban cada enero, como en los servicios de educación privada los picos de precios al alza se presentan invariablemente en septiembre), un elemento determinante de esta tendencia son las famosas "tarifas de verano" de la Comisión Federal de Electricidad, cuando entran en vigor el índice cae y cuando termina su vigencia el índice vuelve a subir, pero no es el único.

4. Un factor cada vez más decisivo para estas variaciones es la situación de las finanzas públicas. Esto, a mi juicio, tenderá a agravarse conforme los ingresos petroleros han caído estrepitosamente no sólo por el descenso de los precios internacionales, sino por la declinación inexorable de la plataforma de producción y exportación (la llamada reforma energética NO resolvió, ni por asomo, esta grave vulnerabilidad).

5. Lamentablemente los precios y tarifas del sector público - electricidad y combustibles, sobre todo- fueron "administrados" políticamente en años recientes para calmar a grupos de presión (véase el escándalo que puede hacer un puñado de adinerados negociantes por el precio del diesel), para complacer al electorado o por la errónea percepción de que un aumento de algunos precios (verbigracia, gasolinas) incendiaría a un país que se suponía (leen demasiados periódicos y ¡se creen todo lo que leen!) a merced de los caprichos de un iluminado que sentenció: "¡No al gasolinazo!", para regocijo de los amantes del ruido.

Concluyo, aunque el tema da para mucho más, que apenas estamos a tiempo para emprender reformas estructurales en serio y completas (fiscal, energética, de telecomunicaciones, educativa, laboral, entre otras), antes de que la dura realidad nos imponga escenarios catastróficos: Presiones inflacionarias por alzas desmedidas de precios "administrados y concertados" con toda su cauda de efectos en el resto de los precios, finanzas públicas al borde de la quiebra o escasez de veras grave de algunos bienes, por ejemplo: el agua, cuyos precios, fijados por los gobiernos locales, llegan a ser criminalmente irrisorios como en el Distrito Federal.

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lunes, 27 de julio de 2009

Y el mercado también funciona para un sistema de salud eficiente

Hoy, en Café Hayek, Don Boudreaux rescata una cita espléndida de James Buchanan para explicar, a los intelectualmente miopes, que aún en asuntos complejos como el sistema de salud en Estados Unidos que padece serias deficiencias, la solución son los mecanismos de mercado, en lugar de pontificar " a priori", y sin demostración alguna, que para cosas tan importantes los mercados no funcionan, que es lo que pontifica, entre otros, Paul Krugman.

Todo ello, alrededor de la discusión pública acerca de la reforma integral del sistema de salud en Estados Unidos que hoy es notoriamente caro e ineficiente. Reforma que, por cierto, se ha vuelto casi una obsesión para el presidente Barack Obama.

Vale la pena leer el sólido alegato de Boudreaux en este vínculo. ("Markets don't work in health care?").

Por otra parte, y para reforzar el comentario anterior sobre la venta de casas en Estados Unidos, va la cita de Buchanan en inglés, para no arriesgarme a las inexactitudes producto de una traducción apresurada:

The motivation for individuals to engage in trade, the source of the propensity [to "truck, barter and exchange" - Adam Smith (1776)], is surely that of "efficiency," defined in the personal sense of moving from less preferred to more preferred positions, and doing so under mutually acceptable terms. An "inefficient" institution, one that produces largely "inefficient" results, cannot, by the nature of man, survive until and unless coercion is introduced to prevent the emergence of alternative arrangements.

Let me illustrate this point and, at the same time, indicate the extension of the approach I am suggesting by referring to a familiar and simple example. Suppose that the local swamp requires draining to eliminate or reduce mosquito breeding. Let us postulate that no single citizen in the community has sufficient incentive to finance the full costs of this essentially indivisible operation. Defined in the orthodox, narrow way, the "market" fails; bilateral behavior of buyers and sellers does not remove the nuisance. "Inefficiency" presumably results. This is, however, surely an overly restricted conception of market behavior. If the market institutions, defined so narrowly, will not work, they will not meet individual objectives. Individual citizens will be led, because of the same propensity, to search voluntarily for more inclusive trading or exchange arrangements. A more complex institution may emerge to drain the swamp. The task of the economist includes the study of all such cooperative trading arrangements which become merely extensions of markets more restrictively defined.

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Venta de casas en Estados Unidos: el mercado sí funciona

Una de las inversiones al alza entre quienes tienen liquidez en Estados Unidos es la compra de casas en "foreclosure", es decir aquellas propiedades en las que, por incumplimiento de pagos de la hipoteca, el dueño ha perdido el derecho a redimirla y entran a remate, en beneficio del acreedor.

Durante junio las ventas de casas existentes en Estados Unidos subieron 1.7 por ciento y totalizaron 4.89 millones de viviendas. Es un crecimiento, repito, respecto de mayo, porque en términos anuales, respecto de junio de 2008, todavía se registra un retroceso de 0.2 por ciento en las ventas. En los próximos meses, dada la reanimación de la demanda en ese mercado específico, las variaciones anuales empezarán a ser positivas (además, porque el punto de comparación será respecto de los peores meses de la recesión que, como todos sabemos, se agudizó en el otoño del año pasado).

Un punto interesante es que de nueva cuenta este fenómeno demuestra que los precios son la información más valiosa que mueve a los mercados, ya que se trata de una demanda alentada por la caída de los precios de las casas existentes.

La mediana de precios de las casas en Estados Unidos en junio de 2008 era de $215,000 dólares. La mediana en junio de 2009 fue de $181,800 dólares. Una caída anual de 15.4 por ciento.

En la medida que los precios sigan cayendo, la demanda irá en aumento y ese mercado volverá a la normalidad. Cuando la presión de la demanda aumente, los precios crecerán.

Lo que mueve a la economía - las decisiones libres de millones de personas para comprar o no comprar, vender o no vender - son los precios, no el gasto público, no los discursos políticos, no las reuniones de líderes en la cumbre. Los precios. Como lo dijo el gran economista Gary Becker: La ley fundamental de la economía es la pendiente negativa de la curva de la demanda.

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jueves, 23 de julio de 2009

Inflación sin sorpresas: Fue 0.2% en la primera quincena de julio

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martes, 9 de junio de 2009

Inflación a la baja, lo normal en un mes de mayo

La inflación en mayo fue -0.29 (menos 0.29) por ciento. Lo normal en todos los meses de mayo desde 2003, ya que se ajustan a la baja precios administrados y concertados (bajo control gubernamental), especialmente tarifas eléctricas. La emergencia sanitaria afectó un poco en los precios de turismo y transporte aéreo pero su impacto "deflacionario" no fue ni por asomo el que auguraban los más pesimistas. También bajan precios de materiales de construcción y algunas tarifas de telefonía.

La inflación subyacente (el equivalente a la "core inflation" de Estados Unidos) creció 0.26 por ciento, en tanto que la no-subyacente disminuyó 1.79 por ciento.

La inflación anual - de mayo a mayo- queda en 5.98 por ciento.

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domingo, 28 de septiembre de 2008

Y después del “rescate”, ¿qué?

Tres grandes dudas: 1. ¿Perderá su hegemonía la moneda estadounidense?, ¿el euro será la divisa de reemplazo?, 2. ¿Cuánto durará y qué tan profunda será la recesión?, 3. ¿Terminará el “boom” del petróleo y de los “commodities”?


La mañana de hoy domingo el acuerdo para el multimillonario rescate de los activos financieros “tóxicos” estaba a punto. Un anónimo inversionista español escribió en la edición en línea de un diario financiero: “Espero que el acuerdo se alcance pronto. Tengo metido un kilo en acciones del Santander y si se firma el proyecto seguro que me meteré en el bolsillo al menos 600 euros en plusvalías”.
Pues, ¡suerte, matador!

¿Qué sigue? Ya sabemos que se inicia una sequía severa: Astringencia crediticia – a despecho de lo que digan las tasas de interés de referencia, la llave del crédito se ha cerrado- , caída de la demanda y, por tanto, de la actividad económica, recomposición del sistema financiero a favor de la banca tradicional, una percepción más aguda del riesgo asociado a los productos financieros complejos y opacos, revisión de las regulaciones con énfasis en la incompetencia – involuntaria o deliberada- de las calificadoras para distinguir la paja del trigo, ajustes de cuentas y fabricación de chivos expiatorios.

No deberá extrañarnos que los mercados prosigan dando tumbos, mientras se alcanzan otras definiciones de mayor calado. El próximo gobierno de Estados Unidos empezará con una gigantesca e inmediata tarea a cuestas y del rumbo que marque el próximo Presidente dependerán grandes definiciones para la economía mundial: ¿Se reconstruirá la hegemonía del dólar en los mercados mediante unas políticas fiscal y monetaria ortodoxas o el nuevo gobierno seguirá arrojándole carretadas de dinero devaluado a los problemas?

Del rumbo elegido dependerán asuntos tan importantes como la profundidad y la duración de la sequía (paradoja japonesa: mientras más liquidez inyectes, más durará la recesión), las presiones inflacionarias provenientes de los precios de energéticos y alimentos (la relación inversa entre el dólar y esos precios ha quedado establecida), la apertura o la cerrazón de los mercados al comercio exterior (la peligrosísima tentación proteccionista es más fuerte que nunca entre los políticos del mundo).

Pocas veces en la historia tanto ha dependido de una contienda electoral entre dos candidatos que, ¡ay!, no han dado hasta hoy señales de tener los tamaños para una tarea que requiere más agallas que artilugios electoreros.

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domingo, 21 de septiembre de 2008

Restaurar el sistema de precios

Hoy los mercados deben amanecer con más certezas acerca del multimillonario paquete de rescate que se cocina entre la Casa Blanca y el Congreso. El principal desafío es que el paquete no aliente nuevas distorsiones de precios.


La clave en el funcionamiento de cualquier mercado son los precios. La semana pasada el corazón del mercado financiero mundial se colapsó porque los precios dejaron de funcionar. Cuando las dos únicas opciones en el mercado de activos son apostar a una espiral sin fin a la baja (ventas en corto o al descubierto sin “piso” visible en los precios, como único medio de “ganar”) o rehusarse a realizar cualquier operación porque no se sabe ya qué es un activo triple AAA y qué es un activo basura, el sistema de precios está fuera de servicio.

Por eso, dos señales fueron decisivas para detener la debacle total: 1. Prohibir las operaciones en corto y al descubierto que estaban dinamitando cualquier sistema de precios y 2. Anunciar un esfuerzo bipartidista, similar al del rescate de las empresas de ahorro y préstamos a fines de los años 80 y principios de los 90 (RTC, por Resolution Trust Corporation), que parecería ser una respuesta definitiva, no discrecional, a la tormenta financiera; respuesta costosísima para los contribuyentes, erizada de dificultades y riesgos (un defecto de diseño en el rescate podría ser desastroso para la economía mundial), pero respuesta ordenada y racional, en lugar del patético espectáculo de ver a la Reserva Federal y al Tesoro actuar como bomberos atolondrados que corren de un lado a otro, sin orden ni concierto, tratando inútilmente de apagar fuegos que se multiplican a una velocidad vertiginosa.

¿Quién inició el fuego? Sobre todo, una política monetaria laxa dictada por el miedo a la recesión que se puso en marcha a principios de este siglo, para sortear el estallido de la burbuja de las “punto com”.

Los damnificados son, somos, legión.

El problema de fondo NO es de liquidez (ése es el principal error de diagnóstico que han cometido los “bomberos atolondrados”), sino de solvencia. Para que el sistema sea solvente, los precios deben permitir distinguir lo que vale de lo que es “cadáver, polvo, sombra, nada”. La clave de funcionamiento del mercado es reflejar, a través de precios fijados por oferta y demanda, el auténtico valor de los activos y reconocer las pérdidas como tales: PÉR-DI-DAS.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

El populismo en la Suprema Corte

Nadie, ni siquiera los magistrados de la Suprema Corte de Justicia, se libra de las tentaciones populistas en los tiempos que corren. El amparo concedido en contra de un descuento que ofrece Wal-Mart de México a sus empleados – y cuya aceptación es voluntaria por parte de los trabajadores- es un mero acto de propaganda populista, carente de racionalidad y de respeto a la libertad de las personas.



Novedad ominosa: Según la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) si usted, como empleado de una empresa, adquiere voluntariamente vales para obtener descuentos en la compra de productos o servicios de la misma empresa estará contraviniendo "los principios fundamentales consignados en el artículo 123 constitucional".

Según esta decisión de la Corte el libre ejercicio del poder de compra atenta contra la Sacrosanta Constitución. De esta magnitud es el desatino de la decisión de la Segunda Sala, que equipara esa práctica, común hasta ahora en Wal- Mart de México, nada menos que con las "tiendas de raya" con las que la historia oficial – la de libro de texto único- simboliza los oprobios laborales cometidos durante el gobierno de Porfirio Díaz.

Demagogia pura, para complacer a los modernos "progres" de salón que han hecho de los ataques furibundos a Wal Mart (modelo de empresa global de alta productividad, que ha generado miles de millones de dólares de valor agregado en beneficio de los consumidores) un santo y seña.

No exagero, juzgue el lector por sí mismo con la lectura del comunicado oficial de la SCJN aquí.

Tal parece que la SCJN, salvo las honrosas excepciones de tres magistrados, ha entrado de lleno al concurso para ver quién se gana este año el premio al más demagogo. Véanse, como otro ejemplo, algunos de los descabellados argumentos que esgrimieron algunos magistrados para favorecer la despenalización del aborto en el Distrito Federal (ver en este otro comunicado de la SCJN)

Para tomar esta nueva decisión errada en contra de Wal Mart, la SCJN ni siquiera escuchó a la empresa y con toda franqueza reconoce – léase el comunicado - que el trabajador supuestamente afectado firmó voluntariamente el convenio para adquirir los vales con descuento. ¿Qué quería la SCJN?, ¿que Wal-Mart ofreciese descuentos a sus empleados en las compras que estos hagan en Soriana o en Comercial Mexicana?

Vaya disparate.

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viernes, 18 de julio de 2008

¿Por qué suben las tasas de interés?

El banco central sigue al mercado y el mercado está anticipando, con acierto, que debemos decirle adiós a la larga temporada de dinero barato en todo el mundo. Es probable que en las próximas semanas veamos una o dos alzas más.

Hoy a las 9 de la mañana se confirmó una nueva alza, de un cuarto de punto porcentual, en la tasa de referencia que establece la junta de gobierno del Banco de México. El alza estaba cantada desde la subasta de Cetes del martes cuando la tasa primaria a 28 días subió 22 puntos base. Lo que nos están diciendo las alzas en las tasas de interés en prácticamente todo el mundo – salvo en Estados Unidos, donde la Reserva Federal parece políticamente maniatada hasta las elecciones- es que la inflación es la más grave amenaza que se cierne sobre la economía mundial.

Dejemos de lado, por ahora, la discusión de si se trata de alzas de precios en alimentos y energéticos dictadas exclusivamente por choques de oferta (oferta insuficiente) o si se trata, también, de una oleada inflacionaria alimentada desde 2001 por una larga temporada de política monetaria complaciente, impulsada sobre todo, aunque no exclusivamente, por la Reserva Federal.

Sea cual fuese la causa, la manera inmediata de enfrentar esta oleada de alzas y evitar que se propaguen es endurecer la política monetaria o, para ser exactos, abandonar la complacencia del dinero barato y las tasas de interés negativas.

Es evidente que se trata de una receta antipática para los políticos que han prometido generar empleos e impulsar el crecimiento. Tampoco es una receta que genere simpatías entre empresas y deudores. Pero es una receta de aplicación indispensable. Si el dinero se vuelve escaso más nos vale atraerlo y retenerlo con rendimientos atractivos (reales).

No se trata de que los "perversos monetaristas" conspiren contra el crecimiento. Nada más desacreditado por la experiencia que ese falso dilema entre inflación y crecimiento, entre inflación y empleo.

Se trata de que cualquier crecimiento será falaz y terminará en una profunda depresión si dejamos suelto al demonio inflacionario. Recordemos la terrible perturbación en los precios relativos que provoca la inflación y, con ella, la tremenda sensación de injusticia por la desastrosa asignación de recursos que genera ese desquiciamiento de los precios relativos.

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martes, 1 de julio de 2008

Economía “blandita” y pobreza

En una de sus tantas acepciones el adjetivo “blando” se refiere a aquello que cede fácilmente. Cuando los políticos se encargan de “ablandar” créditos, precios o subsidios, entre otros, el “ablandamiento” genera más pobreza.

Desde una perspectiva simplista el hecho de que un bondadoso gobierno decida subsidiar la producción de leche se supone que debería provocar una abundancia de leche. Pero en realidad y a largo plazo sucede lo contrario: La leche escaseará. Los productores de leche que no son subsidiados son desalentados porque tienen que competir en desventaja con los productores beneficiados por el subsidio.

Pero hay más: El productor subsidiado carece de incentivos para volverse más eficiente. Venda más o venda menos recibe el subsidio. No importa si regala la leche, si la tira o si la vende cara, el subsidio – como el sueldo de cada quincena- está ahí esperándolo.

Lo mismo sucede con los créditos blandos, que no son necesariamente aquellos con bajas tasas de interés, sino aquellos en los que uno puede, como acreditado, incumplir con los pagos sin grandes consecuencias, sea porque no hay un verdadero respeto a los contratos, sea porque es práctica usual la redocumentación de deudas (que en el fondo todo mundo sabe que nunca se pagarán), sea porque la inflación ha amortizado aceleradamente el principal de las deudas. Se supondría que con ese tipo de créditos blandos las personas, aliviadas de presiones, se volverían más trabajadoras y productivas. No es así. Sucede lo contrario: Se vuelven más perezosas y abusivas.

También uno supondría, porque aprendió (mal) las nociones elementales de economía en algún sermón religioso acerca de los buenos sentimientos o en alguna novela romántica o leyendo notas de periódicos, que el control de precios, al hacer que el costo monetario de las cosas bajé por decreto genera una cauda de beneficios. Pero sucede lo contrario de lo que se esperaba: A la postre los precios no disminuyen sino que pronto aparece el precio más caro del mundo que se resume en dos palabras: “NO HAY”. Y mientras tanto, bajar los “costos” nominales de las cosas ha significado también bajar los salarios reales de las personas, su poder adquisitivo.

Por eso, una economía blandita y complaciente, con subsidios blandos, créditos blandos y precios blandos y controlados es también, una economía condenada a generar pobreza.

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jueves, 26 de junio de 2008

Parábola del mercado

Pocas cosas tan de carne y hueso, tan humanas, como los mercados. Y pocas cosas tan impersonales, tan despiadadas y tan insensibles como las burocracias gubernamentales.

Hace muchos años elaboré un bosquejo de guión que serviría para una serie de programas de televisión acerca de la economía en la vida cotidiana. El proyecto no encontró eco entre los genios de la televisión que estaban más interesados, entonces como hoy, en la producción de telenovelas lacrimosas que repiten hasta la saciedad dos o tres historias melodramáticas o en noticiarios salpicados de sangre, balazos, tragedias y sollozos. Ni modo.

He recordado ese proyecto frustrado porque justamente el primer programa de la serie trataba acerca de lo que es el mercado. Las primeras imágenes mostrarían un mercado público en México – digamos, el mercado de Mixcoac, en la ciudad de México- pleno de actividad a media mañana, con compradores comparando precios y calidades en los distintos puestos y con vendedores empeñados en seducir a los clientes potenciales, mostrando sus mejores frutas y verduras, presumiendo de sus precios bajos y jurando que sus relucientes básculas, a diferencia de otras, pesan con ejemplar honestidad y transparencia. La voz de un locutor que no aparece a cuadro, simplemente sentencia: "Esto es un mercado".

En la siguiente escena la cámara recorre las mismas instalaciones de ese ¿mercado? público, pero vacías, sin compradores y sin vendedores, sólo con las mercancías en los estantes, pero sin letreros indicando los precios y sin persona alguna…En este caso la voz fuera de cuadro advertía: "Esto NO es un mercado, para efectos prácticos esto es un almacén o una bodega".

¿Cuál es la diferencia entre un mercado y una bodega? La gente, decidiendo libremente si se deshace de su dinero a cambio de un kilo de tomates o de un cuartito de perejil o si se deshace de sus tomates o de su perejil a cambio de unos billetes o unas monedas. Cuando esa gente llega a un acuerdo se da mutuamente las gracias porque ambas partes – quien compra y quien vende- consideran que han ganado en el intercambio y, efectivamente, así es.

Eso es un mercado. Ninguna oficina gubernamental, ningún burócrata iluminado ha logrado, en toda la historia de la humanidad, sustituir con eficacia esa maravilla o hacerla "más humana".

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martes, 24 de junio de 2008

Alimentos, mercados y tonterías

El alza en los precios de los alimentos ha tenido un efecto secundario temible: Algunos comentaristas de asuntos económicos están sacando del desván de los recuerdos sus pésimos apuntes escolares de hace 30 años para "explicar" lo que no entienden.

Un colega de Guadalajara publicó la siguiente frase en su colaboración habitual del lunes pasado: "La cosa es tan bizarra que los grandes supermercados tienen más fuerza que la Sagarpa cuando se trata de definir lo que consumiremos los mexicanos". Es una frase que combina, con gran ahorro de palabras, la pésima gramática con la pésima economía y la pésima "ideología" reinantes en los años 70 del siglo pasado. Veamos:

Primero, el adjetivo bizarro significa en español "generoso, valiente, espléndido"; justo lo contrario de lo que quiso decir este colega, quien seguramente estaba pensando en francés (idioma en el que el adjetivo "bizarre" significa "extraño, extravagante" o incluso "absurdo") cuando escribió su columna.

Segundo, ¿de cuándo acá es tarea de la Sagarpa o del gobierno determinar lo que consumiremos los mexicanos? Aun en las épocas de la economía cerrada a piedra y lodo los consumidores en México consumían los alimentos que podían comprar, que había en el mercado y que se les daba la gana comer. ¿En dónde cree este colega que vivimos?, ¿en un monasterio?, ¿en un orfanato?

Tercero, tampoco los grandes supermercados determinan lo que comemos, lo elegimos nosotros de acuerdo con lo que hay en el mercado (donde hay más opciones que en el pasado, gracias a la apertura comercial).

La frase es la desafortunada conclusión de varios prejuicios ridículos: 1. El gobierno debe protegernos como críos y decidir por nosotros, 2. El libre comercio es malo porque es "neoliberal", 3. Los intereses de un puñado de productores incompetentes son más importantes que la libertad de los consumidores, 4. No existen las ventajas comparativas, ni las ventajas competitivas, 5. Si los islandeses quieren comer plátanos tendrán que cultivarlos en Islandia (en invernaderos) y les costarán una fortuna y si los mexicanos queremos comer ciruelas durante el invierno tendremos que cultivarlas en invernaderos, a un costo prohibitivo, pero jamás importarlas del hemisferio sur, porque perdemos "soberanía".

Ya veo al ingeniero Alberto Cárdenas, ordenando qué es lo que tenemos que comer. ¡Ni en una pesadilla, y a Dios gracias!

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lunes, 16 de junio de 2008

Y la respuesta correcta es…

Aunque en nuestro examen salimos bastante mejor que los 200 economistas de la AEA (Estados Unidos) encuestados, la distribución de las respuestas tuvo una dispersión notoria.

La respuesta correcta a la pregunta planteada en este espacio el viernes (cálculo del costo de oportunidad de no asistir a un concierto de Bob Dylan cuyo precio es $40 dólares, pero por el cual estaríamos dispuestos a pagar hasta $50 dólares) es $10 dólares, opción (b).

No se preguntó si es mejor opción aprovechar el boleto gratuito para el concierto de Eric Clapton. Desde luego, ese es el mejor curso de acción porque, se supone, somos igualmente fanáticos de Dylan que de Clapton y por lo tanto apreciamos igual ($50) la satisfacción de asistir a cualquiera de los dos conciertos.
El costo de oportunidad de no asistir al concierto de Dylan se calcula contra la ganancia neta de sí hacerlo, que es: Satisfacción esperada ($50) menos dinero que se desembolsaría por obtenerla ($40).

Algunos tendemos a responder que el costo de oportunidad es cero (0) porque confundimos costo con desembolso e imaginamos que asistir al concierto de Clapton “no cuesta”. Esta falacia (que olvida que toda elección implica una renuncia y, por tanto, un costo) es la que propone la propaganda comercial y política desde tiempos inmemoriales cuando dice que algo “no cuesta”.

Tampoco es correcto equiparar el costo de oportunidad con el precio de mercado del concierto al que se renuncia ($40 dólares), porque ello desdeña la “ganancia”, que es la diferencia entre el valor otorgado y el precio.

Otros respondieron que el costo de oportunidad es $50 dólares porque ése es el valor que otorgamos al concierto de Dylan; pero el costo de oportunidad se calcula en términos netos, restando a ese valor ($50) el precio que desembolsaríamos ($40), ya que nadie nos regala el boleto para Dylan. Dicho de otra forma: $50 sería el costo de oportunidad si ambas entradas fuesen gratuitas. Y también $50 sería el costo de oportunidad de desaprovechar el boleto gratis de Clapton e ir al concierto de Dylan desembolsando $40.

Esta fue la distribución de las 117 respuestas recibidas: Acertó el 31% (respuesta: $10 dólares); otro 31% dijo $50 dólares; un 20% consideró que el costo de oportunidad es cero y un 18% que $40 dólares. Un porcentaje mayor de aciertos que en la encuesta entre economistas estadounidenses (31% contra 21%), y mayor también que si las respuestas hubiesen sido al azar (31% contra 25%), lo cual habla bien de los lectores de estas “Ideas al vuelo”.
Gracias a todos por sus respuestas y sus valiosos comentarios.

Referencia

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jueves, 12 de junio de 2008

¿Sabemos calcular el costo de oportunidad?

Por increíble que parezca, menos de la cuarta parte de los economistas profesionales aciertan al calcular un costo de oportunidad.


Todo mundo, o casi, acepta la necesidad de hacer análisis de costo contra beneficio para tomar decisiones, así se trate de análisis someros. El principio detrás de este convencimiento es que sólo vale la pena producir, consumir o hacer algo cuando el beneficio derivado de esa acción es mayor, o al menos igual, al costo de la acción elegida.

Sin embargo, como comenté ayer en el caso del subsidio al consumo de gasolinas y diesel en México, el costo de la acción elegida no se limita a lo efectivamente desembolsado sino que incluye todo lo que se dejó de hacer por elegir ese curso de acción y no otro. Elegir es renunciar porque vivimos en un universo signado por la escasez; en la utopía de la abundancia absoluta de recursos no habría costos… ni economistas.

En septiembre de 2005 el economista Robert H. Frank, profesor de introducción a la economía en la Universidad de Cornell, y coautor, nada menos que con Ben Bernanke (actual presidente de la Reserva Federal), del libro "Principles of Economics", publicó en The New York Times una interesante columna acerca de la deficiente enseñanza de la economía, a partir del ejemplo de lo mal que calculamos los costos de oportunidad, incluso tratándose de economistas con doctorado.

Según una investigación de un par de economistas de la Universidad estatal de Georgia (Paul Ferraro y Laura Taylor), citada en la columna de Frank, sólo 21.6% de entre 200 economistas pertenecientes a la American Economic Association acertaron con la respuesta correcta, de entre cuatro opciones, a la siguiente pregunta:

"Usted ha ganado un boleto gratis para asistir a un concierto de Eric Clapton (boleto que no puede revenderse). Esa misma noche hay un concierto de Bob Dylan para asistir al cual hay que pagar $40 dólares. Usted, fanático tanto de Clapton como de Dylan, estaría dispuesto a pagar hasta $50 dólares por asistir a un concierto de este último, pero ni un centavo más. ¿Cuál es el costo de oportunidad de aprovechar el boleto gratis para el concierto de Clapton? (a) $0, (b) $10, (c) $40, (d) $50".


Estimado lector, ¿cuál, según usted, es la respuesta correcta? Envíela a mi correo electrónico y el lunes vemos cómo nos fue.

AVISO IMPORTANTE (AUNQUE UN POCO TARDÍO): LA DIRECCIÓN DE MI CORREO ELECTRÓNICO PARA ENVIAR LAS RESPUESTAS ES: ideasalvuelo@gmail.com

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jueves, 29 de mayo de 2008

Energía: La otra cuchilla de la tijera

Los países desarrollados consumen hoy, proporcionalmente, mucho menos petróleo del que consumían hace tres décadas. No es que a esas personas se los haya ordenado el gobierno y obedeciesen dócilmente. Se los ordenaron los precios en 1973-1974 y en 1980-1981.



Hay gobiernos empeñados en pelearse con los precios. Es una lucha perdida de antemano. Mi ejemplo favorito actual es el gobierno K de Argentina (Néstor y su esposa Cristina) que es una copia alucinante de gobiernos fracasados en el siglo pasado (el antiguo Alan García, el primer Carlos Andrés Pérez, Luis Echeverría, José López Portillo, Juan Velasco Alvarado y tantos otros), por lo cual quienes hoy viajan a la Argentina suelen comentar, a su regreso, que viajaron no al sur del continente sino al pasado: "Haz de cuenta como en los años 70 en México, tal cual" me dijo hace meses un empresario que tiene intereses allá.

Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es cómo matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verdaderas.

No sabemos por cuánto tiempo permanecerán altos los precios del petróleo, pero nos están avisando puntualmente que la demanda está prevaleciendo sobre la oferta. Y sólo hay tres formas realistas y efectivas de corregir el asunto y lograr que los precios bajen o que el hecho no nos afecte tanto: O actuamos para aumentar la oferta o actuamos para disminuir la demanda o hacemos ambas cosas, opción, la última, que siempre será la más provechosa.

Hay varias vías teóricas para incrementar la oferta (ya sea de petróleo, o de otras opciones energéticas que sustituyan al petróleo) que merecerán analizarse y comentarse en otra ocasión. Por esta vez, fijémonos en la otra cuchilla de las tijeras: la demanda.

La herramienta más eficaz para disminuir la demanda es dejar que los precios nos indiquen qué tan grave es la situación. En los choques de precios altos del petróleo, los consumidores en los países desarrollados recibieron de lleno la noticia en las gasolineras, en la factura de la calefacción, en la factura de la electricidad y actuaron en consecuencia.

En otros países hubo gobiernos "benevolentes" que, para ahorrarles un disgusto a los consumidores, evitaron que el mensajero llegase a tiempo. Así les ha ido.

Romper el termómetro nunca ha servido para combatir la fiebre.

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domingo, 11 de mayo de 2008

Alimentos, carestía y mitos

What we have learned in recent decades about the economics of agriculture will appear to most reasonably well informed people to be paradoxical. We have learned that agriculture in many low income countries has the potential economic capacity to produce enough food for the still growing population and in so doing can improve significantly the income and welfare of poor people. The decisive factors of production in improving the welfare of poor people are not space, energy and cropland; the decisive factor is the improvement in population quality.


Theodore W. Schultz, Prize Lecture to the memory of Alfred Nobel, December 8 1979.

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Los prejuicios y mitos salen caros como demuestra el caso de los productos agrícolas. Los intereses políticos mantienen en pie un conjunto de creencias acerca de la producción agrícola que se han demostrado falsas una y otra vez y que hacen del mercado de alimentos uno de los más distorsionados del mundo.


El primer mito acerca de la producción agrícola: El número de hectáreas dedicadas a cultivos es el factor clave para aumentar la producción y el bienestar. No es así.

Lo dijo claramente Theodore W. Schultz en su discurso de recepción del Premio Nobel de economía en diciembre de 1979: “Hemos aprendido que…los factores de producción decisivos para aumentar el bienestar de la gente pobre (en el campo) no son el espacio, los energéticos o las tierras de cultivo, sino el mejoramiento en la calidad de vida de la misma población”.

Citaba entonces Schultz el ejemplo impresionante de la productividad en el caso de los cultivos del maíz: En la década de los años 70 del siglo XX Estados Unidos dedicó 33 millones menos de acres de tierra a la producción de maíz que los sembrados cuatro décadas atrás, pero produjo tres veces más cantidad del cereal.

La tierra no es el factor clave, sino las capacidades, destrezas y conocimientos del productor agrícola (capital humano), de los que se deriva también una mayor calidad de insumos y de tecnología para la producción.

Otros dos grandes errores de los que se derivan multitud de mitos: 1. “Los pobres en el campo requieren de principios económicos especiales, diferentes de los que hacen funcionar la economía en general”. Falso, la realidad es que la oferta, la demanda, los precios y los incentivos funcionan igual en la producción agrícola que en el resto de la economía. A mayor libertad en los mercados mayor bienestar para todos. A mayor globalización comercial, menores precios y mayor calidad de los alimentos. Ningún precio baja si se restringe la oferta con regulaciones y barreras comerciales.

2. Desdeñar o desconocer las lecciones de la historia. La experiencia ha demostrado que el ser humano es capaz de incrementar la cantidad y la calidad de los alimentos disponibles muy por encima de los incrementos de la población, siempre y cuando dejemos funcionar libremente a los mercados. Los precios altos deben incentivar una mayor oferta y una mayor oferta, en libre competencia, frenará el alza de los precios.

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jueves, 31 de enero de 2008

Son los precios, ¡estúpido!

Una burbuja especulativa estalla o se desinfla cuando los precios de los activos sobrevaluados caen abruptamente para ajustarse a las condiciones reales del mercado. Mala noticia: Los precios promedio de la vivienda en los Estados Unidos no están cayendo significativamente. El descenso de la tasa de interés está alentando, en lugar de corregir, una mala asignación de recursos.


Muchas personas que pontifican sobre la burbuja que supuestamente estalló a mediados del año pasado en el sector de las hipotecas para vivienda en Estados Unidos, no podrían explicarnos qué entienden por burbuja especulativa.

Constantemente aparecen en los mercados burbujas especulativas. Se trata de bienes (que suelen tener su contraparte en activos financieros) que se han sobrevaluado por una errónea asignación de recursos. Dado que los mercados reflejan, a través de los precios, el resultado final de millones de decisiones de compradores y vendedores, las decisiones equivocadas – y está en la naturaleza de los seres humanos equivocarse- al valorar un activo (por ejemplo, una vivienda promedio en un área urbana como San Diego) producen “precios equivocados” que el propio mercado, al surgir los primeros síntomas de la valoración errónea (incumplimiento de los pagos) corrige modificando los precios, específicamente disminuyéndolos si se trata de activos sobrevalorados. En el mercado no sólo se gana por decisiones acertadas, también se pierde a causa de decisiones erróneas.

Una típica burbuja estalló a principios de este siglo en los activos relacionados con las telecomunicaciones. El lector recordará la quiebra de Worldcom, entre otras empresas, que marcó el espectacular estallido de esa burbuja. Tras la quiebra los activos salieron a remate. Hoy los consumidores estadounidenses disfrutan de precios mucho más bajos en telefonía celular, por ejemplo, gracias a que estalló esa burbuja. Quienes comparon a precios de remate los activos emproblemados pueden ofrecer los servicios de telecomunicaciones a precios mucho más bajos que antes, ya que para ellos el precio de los activos – digamos, la red de fibra óptica- fue mucho menor. Perdieron quienes tomaron decisiones equivocadas, imprudentes o fraudulentas. Ganaron, al final, los consumidores y la productividad de la economía.

Hoy eso no está sucediendo. Las autoridades monetarias de los Estados Unidos están impidiendo que los mercados corrijan, en los precios, las decisiones equivocadas. Lo cual promoverá más errores en la asignación de los recursos.

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martes, 18 de diciembre de 2007

Remedios contra el alza de precios

El alza en los precios mundiales de los alimentos continuará. El mejor remedio para enfrentar esta realidad es aumentar la oferta, lo que significa: Mayor apertura comercial y una política económica que busque, obsesivamente por así decirlo, incrementar la productividad. Los precios mentirosos sólo empeoran las cosas.

Los dos factores principales que están induciendo en el mundo un alza en los precios de los alimentos son: 1. La elevación de los niveles de bienestar en China e India lo que implica una mayor demanda de alimentos y 2. La perversa política de subsidios a la producción de combustibles a partir de maíz que lleva a cabo el gobierno de Estados Unidos.

México nada puede hacer para eliminar esos factores. El segundo es indeseable y económicamente irracional; el primero – el mayor consumo por persona de calorías, grasas y proteínas en China e India- es alentador porque muestra que la pobreza no es una fatalidad -ni para los países ni para las personas-, y que la productividad es la llave para salir de la trampa del subdesarrollo.

Para algunos países con grandes ventajas comparativas en la producción de granos y de carne, como Argentina, esta situación podría ser promisoria (tontamente el gobierno argentino, por razones demagógicas, ha tomado el camino erróneo de los precios mentirosos y de las restricciones comerciales; por ejemplo, al prohibir la exportación de carne), pero ése no es el caso de México. Admitamos que en la producción de granos – maíz y trigo, por ejemplo- NO tenemos las ventajas comparativas y competitivas de Estados Unidos, Argentina o Rusia.

Ante ello, el mejor remedio es aumentar la oferta mediante una liberalización comercial generalizada, al tiempo que se establecen condiciones básicas que incentiven la productividad, ésa, no otra, debe ser la tarea del gobierno en sus distintos órdenes y en todas sus áreas.

Lo peor que se puede hacer – en cambio- es ceder a la tentación de los precios mentirosos, mediante controles de precios, sean compulsivos o “pactados” mediante coerción, y ceder a las presiones de los grupos de buscadores de rentas que han vivido del proteccionismo comercial y que se oponen a una liberalización comercial sin reservas.

Sería terrible que el asunto de los precios también fuese víctima de las competencias entre políticos para ver quién es más populista.

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martes, 16 de octubre de 2007

El “modelo” es el mercado

¿Cuál es la manera más eficiente de asignar los recursos escasos cuando no existe un mercado libre y competitivo que se encargue de ello?, ¿por ejemplo: en la dotación de ciertos bienes públicos? Imitando al mercado, diseñando mecanismos que sean lo más similares a los del mercado libre.

Se otorgó el premio Nóbel de Economía de 2007 a tres economistas que sentaron las bases de la teoría del diseño de mecanismos que permiten una mejor asignación de recursos ahí donde, por diversas razones, no existe un mercado libre con vendedores y compradores bien informados. Un ejemplo típico sería: Cómo determinar el precio óptimo de un bien público que ofrece un monopolio del Estado.

En realidad, quien habló por primera vez del diseño de mecanismos fue Leonid Hurwicz en 1960, quien definió un “mecanismo” como un sistema de comunicación en el cual los participantes se envían mensajes unos a otros y/o a un “centro de mensajes” y en donde conforme a una regla preestablecida se obtiene un resultado – una asignación de bienes y servicios – para cada grupo de mensajes recibidos. Más tarde, el propio Hurwicz y los economistas Eric Maskin y Roger Myerson perfeccionaron la teoría añadiendo otro elemento clave al de la información compartida: la compatibilidad del mecanismo con los incentivos que mueven a los participantes (el propio interés de cada cual).

Independientemente de su importancia no sólo para la economía sino para la ciencia política, y de que ha permitido un desarrollo avanzado de la teoría de juegos, uno de los aspectos más fascinantes de esta teoría es que confirma lo que ya en 1945 había señalado F. A. Hayek: Los mercados son el mecanismo más eficiente para que la información privada de cada participante se difunda. Dicha información está expresada en los precios.

Si partimos de esta realidad sería interesante que en la asignación de recursos públicos que se hace, por ejemplo, en los presupuestos de egresos se introdujesen más mecanismos que imiten a los mercados libres y que reconozcan los incentivos que mueven a los participantes en dichos mercados. Esto le daría mayor eficacia al gasto público y nos alejaría de la romántica y falsa retórica de que los funcionarios públicos y los políticos no actúan como seres humanos en busca de su interés, sino como ángeles llenos de altruismo.

Referencias: 1. Peter Boettke, de la George Mason University, escribe sobre este "Nobel al mercado" en The Wall Street Journal, aquí.
2. Leonid Hurwicz escribe sobre Teoría de Juegos y Comportamiento Económico - a raíz de un libro clásico de Von Neuman y Morgenstern- en este sitio (versión en español).
3. Ver aquí el "Scientific Background" de la Real Academia Sueca de Ciencias sobre este Premio Nóbel de Economía 2007.

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miércoles, 3 de octubre de 2007

¿Inflación o una escalada de sandeces?

Un amigo mío decía que él abandonaba de inmediato cualquier reunión de trabajo apenas el medidor de estupideces amenazaba con ponerse al rojo vivo. De haber sido diputado o senador jamás habría permanecido en la sala.


Debo agradecer al diputado Juan Nicasio Guerra, del PRD, haberme incitado a investigar la reciente evolución de los precios al consumidor en México: La apretada colección de disparates que dijo ayer en la Cámara sobre el asunto (calculo que decía tres mentiras gordas, dos despropósitos y una majadería por cada frase) fueron una invitación irresistible a buscar algo de verdad tras haber escuchado tantos embustes.

Bien, demos las gracias al diputado Guerra y vayamos a las cosas serias que no entiende o no quiere entender ese tribuno.

1. ¿Sabe usted cuál precio creció más en México durante los primeros quince días de septiembre? El del jitomate, casi 32% en tan sólo quince días. ¿Qué horror? No, comparado con su precio de un año antes el precio actual del jitomate es casi el mismo. ¿La causa? Estacionalidad de las cosechas. Cayó la oferta en septiembre.

2. ¿Sabe usted que solamente los aumentos de precios de frutas y verduras (0.246 puntos porcentuales) sumados a los aumentos en las colegiaturas ( 0.202 puntos porcentuales) explican el 72% de toda la "inflación de la primera quincena de septiembre" (0.622 puntos porcentuales) que reportó el Banco de México?, ¿la causa? Otra vez, estacionalidad por las cosechas y por el inicio del ciclo escolar.

3. ¿Sabía usted que mientras en México la "inflación anual en el rubro de alimentos", agosto de 2007 contra agosto de 2006, fue de 7.1 por ciento, en Uruguay fue de 20.3 por ciento, en China de 18.2 por ciento, en Chile de 13 por ciento y en Argentina – donde miden con trampa la inflación- dicen que fue de 12.3 por ciento?, ¿escalada de precios en México? No, escalada de sandeces con las que hacen propaganda los políticos.

La inflación – que NO es lo mismo que el alza fuerte de un precio- es un fenómeno de origen monetario. Esquemáticamente: si hay mucho dinero y pocos bienes, los precios suben y el poder adquisitivo (valor) del dinero baja.

La inflación de sandeces funciona parecido: Cuando hay mucha ambición política y pocas neuronas para darle servicio a la ambición se produce una escalada de estupideces.

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