jueves, 8 de octubre de 2009

El flanco débil de los políticos y ¿qué hacer con él?

Cuando hasta los personajes políticos que uno hubiese pensado que han llegado a ser "desvergonzados irredentos" empiezan a tomarse la molestia de pedir o exigir espacios en los medios de comunicación para adecentar una "reputación pública", la de ellos por supuesto, que parecía inexistente, hay que tomar nota.

Ahí, me parece, hay una veta que, si se usa con inteligencia, podría servir (servirnos) a los ciudadanos para influir sobre los políticos y específicamente sobre los políticos que más nos pueden fastidiar la vida, que son los legisladores. (El otro gran grupo que nos puede fastidiar la vida, y que con frecuencia lo hace, son los burócratas de ventanilla; la mayoría no son políticos, y muchos ni siquiera trabajan en los gobiernos, pero saben, con una sabiduría ancestral y perversa, que tienen su pequeña parcela de poder y la ejercen con un placer sádico: "falta el original de su acta de defunción, vuelva cuando la tenga con tres copias certificadas por un notario" o "fíjese que sólo acepto efectivo, y con el importe exacto, porque esta es una tienda del ISSSTE y la terminal para tarjetas de crédito o débito no sirve"; pero con ésos no hay más remedio que someterse a una dieta rigurosa de ajo y agua).

En días recientes dos acontecimientos - registrados en sendos periódicos nacionales- me dejaron estupefacto: 1. Nada menos que el señor Gerardo Fernández Noroña parece haber movido los cielos, los mares y las tierras, hasta obtener un espacio en el periódico "Milenio" para defender su "buen nombre" (¡en serio!) frente a las críticas desaprensivas y las mofas de que, escribió, lo hizo objeto Ciro Gómez Leyva.

2. El señor Porfirio Muñoz Ledo - que cuando yo era un crío él era ya una "joven promesa" de la política mexicana dominada por el PRI y que hoy, cuando ya soy un cincuentón, sigue siendo una "vieja promesa" que encontró acomodo en el Partido del Trabajo y en la cámara de diputados- envió una furibunda (y un tanto patética) carta al periódico "Reforma" en forma de réplica, para arrojarle fallidos insultos irónicos al comentarista Jaime Sánchez Susarrey que osó criticarle en alguna de sus colaboraciones sabatinas en ese diario.

Ante ambos sucesos pensé: ¿Cómo es posible?, ¿así que los presuntos sin-vergüenza experimentan un poquito de vergüenza cuando se ven exhibidos públicamente?, ¡qué interesante!. Si hasta ejemplares de esta naturaleza resienten las críticas públicas y más o menos fundadas, y reaccionan como pudibundas solteronas ofendidas por el requiebro picaresco de un albañil, podríamos haber encontrado el talón de Aquiles de la clase política.

Y eso, por no hablar de la avidez y el morbo con los que algunos políticos y funcionarios públicos devoran cada mañana, a primera hora, las dichosas síntesis de prensa buscando cualquier mención desfavorable con la que algún desaprensivo haya podido empañar el esplendor de su fama pública.

¿Será que en esto de conservar la reputación más o menos impoluta hasta los políticos que uno hubiese pensado más desvergonzados se comportan más quisquillosos que las mujeres de mala fama pública? Creo que fue George Bernard Shaw quien relató en su época la anécdota de aquella ingeniosa mujer a la que solicitaron que abandonara una respetable pero rumbosa celebración diciéndole, con toda propiedad, que la imperiosa invitación a que se separase del festejo obedecía a su "dudosa reputación", a lo cual la mujer respondió con impecable lógica: "Disculpe, señor, pero de reputación dudosa son todas las señoras que aquí veo, mi reputación, en cambio, es tan notoria que no admite la menor duda".

¿Será que esos dos personajes que hoy engalanan la flamante Cámara de Diputados creen, candorosamente, que aún hay dudas acerca de su reputación?

En todo caso, estamos ante un flanco débil de los políticos. Podría aprovecharse. ¿Alguna propuesta práctica y viable para hacerlo?

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miércoles, 20 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (I)

El origen de la recesión global que padecemos está en la capital de los Estados Unidos, Washington, D.C.

Y, en términos morales, antes que a la codicia de los capitalistas habría que culpar de este desastre a las “buenas intenciones” de los políticos que predican el igualitarismo a ultranza; codiciando, también ellos, el poder.

Hay dos edificios emblemáticos de Washington donde podemos rastrear los orígenes de esta calamidad: El Capitolio y la Casa Blanca.

Este desastre lo cocinaron a fuego lento, desde hace muchos años, tanto los miembros de la Administración o Rama Ejecutiva del gobierno – empezando por varios de los Presidentes-, como los legisladores y lo hicieron, si hemos de creerles, llenos de buenas intenciones para ayudar a los débiles y desprotegidos a tener una casa propia.

El problema es que para lograr tan noble fin se emplearon procedimientos ruinosos que sólo podían conducir al desastre.

En el verano de 2007 se encendieron las luces de alarma en el mercado financiero de las hipotecas de baja calidad; era previsible una reacción cadena aun cuando nadie podía prever que las autoridades estadounidenses manejarían con tantos desatinos el problema hasta convertirlo en recesión mundial. Pero la calamidad se empezó a cocinar mucho antes. Para bosquejar la historia me sirve de guía de una excelente exposición del profesor Allan Meltzer.

Al inicio de la Gran Depresión, en 1931, el Congreso de Estados Unidos urgió al banco de la Reserva Federal a que ayudase a los más necesitados comprando las hipotecas en mora de deudores desempleados. Con toda razón la Reserva Federal respondió que no, que comprar hipotecas no formaba parte de su misión. El Congreso creó, entonces, el “Home Loan Bank System” para que subsidiase a los pobres en la adquisición de sus viviendas, de una manera enrevesada que es comprando sus hipotecas.

Desde entonces, tanto el Congreso como el Ejecutivo de Estados Unidos, así como varios gobiernos locales, han repetido la fórmula ruinosa. Así nacieron Fannie Mae y Freddie Mac, y así en 1977 James Carter promovió la “Community Investment Act” una ley que fomenta los préstamos para la adquisición de vivienda para la población de bajos ingresos, dándoles generosos incentivos a los bancos que coloquen tales hipotecas y promoviendo su bursatilización en los mercados.

El Congreso, a su vez, en 1986 hizo deducibles del pago de impuestos los recursos destinados al pago de intereses de préstamos hipotecarios. Otro incentivo más para el endeudamiento irresponsable.

La calamidad siguió cocinándose a fuego lento. Mañana: Cinco palabras que olvidó decir Bush.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Obsesión por el empleo, relectura de Keynes (II y final)

Se dice que en 1927, con la formulación del principio de incertidumbre por Werner Heisenberg, la ciencia tomó un rumbo insospechado, que la alejó del determinismo mecanicista y del positivismo. No basta con que contemos con un modelo racionalmente coherente para afirmar que hemos aprehendido la realidad. Por el contrario, el mismo afán del científico racionalista puede alejarlo del conocimiento de la verdad, al encorsetarlo en esquemas de los cuales la realidad se escapa. Es preciso la constante confrontación de las teorías con los datos que arroja la experiencia, aun cuando ello nos confine a la incertidumbre.

J. M. Keynes -en su teoría general del empleo, el interés y el dinero – pretende formular una “teoría del empleo” sustentada en un recurso argumentativo (los supuestos) que ha dado motivo a un cáustico chiste acerca de los economistas que dice así:
“Un economista naufraga en una isla desierta y cuenta, entre lo que se ha salvado del naufragio, con varias latas de alimentos en conserva, ¿cómo resuelve el problema de abrir las latas para poder comer? Muy sencillo: el economista postula: ‘supongamos que tenemos un abrelatas’”.


Keynes “supone” la existencia de sucesivos “abrelatas” para que su teoría camine. El “supuesto” básico de Keynes es el de una “ley psicológica fundamental” que “explica” la propensión marginal a consumir (es decir que ante un aumento del ingreso, el consumo crece, pero menos que lo que ha crecido el ingreso), lo que a su vez “explica” a juicio de Keynes porqué antes de que se alcance el “máximo volumen de empleo” los empresarios dejan de invertir, lo que a su vez se traduce en que la demanda agregada siempre será insuficiente a menos que, ¡y aquí es a donde Keynes quería llegar!, el gobierno la estimule mediante intervenciones fiscales (gasto) o monetarias (descenso deliberado de la tasa de interés).

En realidad Keynes no explica – en el sentido de revelar la realidad – nada. Ha elaborado un itinerario de “supuestos” para llegar a su meta prefijada: el Estado debe intervenir en la economía para garantizar el pleno empleo. La “ley psicológica fundamental” ni es ley, ni es psicológica, ni tiene fundamentos en la realidad.

Eso sí, la teoría keynesiana resultó una de las mayores delicias para los políticos que nos siguen vendiendo el “pleno empleo” como el nuevo paraíso terrenal.

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lunes, 20 de abril de 2009

El mal gusto de ser acreedor

A los políticos se les olvida que el universo “clientes de la banca” también incluye a los acreedores, es decir: a quienes depositamos dinero en esa instituciones. Sólo tienen ojos para los deudores, como si el dinero que se las prestó a los deudores hubiese salido de las bóvedas del odioso tío Rico McPato (Uncle Scrooge McDuck) y no de los bolsillos y ahorros de millones de anónimos depositantes.

Elizabeth Warren, presidenta del panel que nombró en noviembre pasado el Congreso estadounidense para que supervisase que los bancos usen bien los recursos públicos que hubieren recibido con motivo de la calamidad económica global que padecemos, se ha quejado de que algunos bancos estadounidenses han elevado sus comisiones y están cobrando elevadas tasas de interés en los préstamos al consumo.

Si me topase con la señora Warren, que también ha sido una profesora muy popular en varias universidades de Estados Unidos, podríamos tener un incómodo intercambio de opiniones; ella defendiendo los intereses de los deudores de los bancos; yo defendiendo los intereses de los acreedores, suplicando que no se los olvide que los acreedores no sólo somos avaros ricachones sino también trabajadores que llevan una vida frugal y que han confiado sus ahorros (diferencia entre ingresos y gastos) a los bancos.

También le preguntaría a la señora Warren si supone, acaso, que se les dio dinero público a ciertos bancos con la finalidad de que lo malgastaran y de que condujeran más rápido a esas instituciones a la quiebra.

Le preguntaría, en fin, si cree que los ahorradores-acreedores no somos también contribuyentes interesados en que los bancos regresen lo antes posible – mediante la generación de utilidades- los recursos públicos que han recibido.

Los acreedores en este mundo somos numerosísimos. Para empezar, todos los asalariados son acreedores (las empresas para las que trabajan desde el día 2 y el día 16 de cada mes ya les están debiendo dinero); todos los pensionados lo son; todo el que tiene dinero en un banco es un acreedor; todos los que trabajan por su cuenta y tienen que esperar uno, dos, tres o hasta más meses para que les paguen son acreedores.

La moneda tiene dos caras, pero los políticos ven sólo una cara de la moneda – la de los deudores- porque creen que eso les permite posar de redentores de los oprimidos. Farsantes.

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miércoles, 15 de octubre de 2008

Un club de arrogantes, un poquito tontos

¿Se está sobredimensionando la magnitud de la crisis? Sin duda.

Cualquier periodista del mundo sabe que si se juntan los financieros con los políticos habrá “nota”. Sucederá, o al menos se dirá, algo “notorio”, digno de hacerse noticia y transformarse en comentario, análisis y crítica pública más o menos estentórea.
Ambos grupos – financieros y políticos – tienden a tener acerca de sí mismos una imagen más grandiosa de lo que les corresponde en la realidad.
El político cree, de veras lo cree, que lo que dice o lo que hace tiene repercusiones contundentes e inmediatas en millones de seres humanos. Pero pocas, muy pocas veces es así. La vida cotidiana sigue y en la mayoría de los casos “la gente” (es decir el 98 por ciento o más de las personas) ni se da por enterada, sigue trabajando, riendo, llorando, comprando, vendiendo, especulando, rezando, maldiciendo, criando hijos, consintiendo nietos, amando, cultivando gozos o amarguras. Y eso sin importarle un rábano lo que hagan o digan los políticos.
Algo similar sucede con los financieros. Se creen más de lo que son en realidad: Más poderosos, más influyentes, más decisivos para el cosmos. Pobres.
Hay un tercer grupo social, el de los periodistas, donde también somos extremadamente vanidosos; soñamos que el mundo se estremece cotidianamente al influjo de nuestros mensajes, pero poquísimas veces es así. Con un agravante: Alimentamos la vanidad y la grandilocuencia de políticos y de financieros.
Políticos, financieros y periodistas: Un club selecto que cree ingenuamente que domina al mundo.
Casey B. Mulligan, profesor de economía en la Universidad de Chicago, escribió en The New York Times algo muy sencillo y que debería resultar obvio: Salvar a los bancos NO es salvar al mundo.
Lo más probable, en medio de esta crisis político-financiera global, es que el mundo NO necesite ser salvado de la recesión o de la depresión económica. Y es un hecho, además, que políticos, financieros o periodistas no somos confiables como redentores.
Ni siquiera somos capaces de curar una gripa o de calmar un corazón atribulado. La economía sigue funcionando como siempre. Pregúntenle a la señora que fue al supermercado ayer y que ni siquiera sabe, ni le importa, que los accionistas de esa empresa están en medio de la peor tormenta financiera de los últimos 50 años.

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martes, 30 de septiembre de 2008

¿Tuvieron razón?

Los legisladores que votaron el lunes en contra del rescate de activos financieros tóxicos, ¿hicieron lo correcto?

Los actuales legisladores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos esperan ser reelectos el próximo 4 de noviembre. No debe sorprender que orienten su voto en función de los deseos de la mayoría de sus electores quienes se oponen, según las encuestas de opinión, al paquete de rescate propuesto por el gobierno de George W. Bush.

En lugar de culpar a los legisladores, que actuaron en todo caso conforme a lo que los electores esperan de ellos (así era la democracia, cuando me hablaron de ella), el atribulado equipo de rescate que encabeza el Secretario del Tesoro, Henry Paulson debe admitir que no ha persuadido al ciudadano común de que es indispensable firmarle un cheque en blanco.

De hecho, Paulson ha logrado convencer a muy pocos fuera de Wall Street y del gobierno. Varios economistas prestigiados, como Gary Becker, han criticado con sólidos argumentos la fragilidad de la propuesta, destacando entre otras cosas el inmenso estímulo a la irresponsabilidad de bancos e instituciones financieras – “riesgo moral” – que supone. Invito al lector a consultar las reflexiones de Becker y de Richard Posner aquí.

Decenas de economistas y de observadores, por ejemplo, critican que el plan de rescate proponga comprar “activos tóxicos” con dinero de los contribuyentes (una forma enrevesada e improbable de capitalizar a las instituciones en problemas), en lugar de obligar a la capitalización de los bancos con dinero fresco de los actuales accionistas o de otros inversionistas o de capitalizarlos directamente, mediante la compra de bonos convertibles en capital.

Esta propuesta – la de la capitalización- tiene mucha más lógica y probabilidades de éxito que la de endosar a los contribuyentes la compra de activos tóxicos cuyo valor es incierto (por eso son ilíquidos). Si el gobierno comprase esos activos en lo que hoy los valora el mercado NO resuelve nada, porque prácticamente estaría cambiando “nada” por “nada”. Si, como una forma tortuosa de capitalizar a los bancos, compra los activos tóxicos a un precio “inflado”, está regalándole el dinero de los contribuyentes a quienes administraron mal los bancos.

Vuelvo a preguntar, los opositores del lunes ¿tuvieron razón? A mí me parece que sí, y por partida doble. Como políticos en busca de la reelección y como ciudadanos defendiendo el dinero de los contribuyentes.

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miércoles, 30 de julio de 2008

Burbuja que, pese a todo, se desinfla

En 25 días el precio del petróleo ha caído 13 por ciento. Otra burbuja que empieza a desinflarse, a pesar de las torpezas de los políticos.

El pasado 8 de julio me aventuré a señalar que la burbuja petrolera empezaba a desinflarse. Escribí que el precio de 131 dólares por barril (3 de julio) para la mezcla mexicana de petróleo probablemente sería el más alto que veríamos en una burbuja, la de los precios del petróleo, que hizo salivar de gusto en México sólo a los devoradores de recursos públicos – legisladores, dirigentes de partidos, gobernadores y demás- que hacen cuentas de mal abarrotero: sólo ven los ingresos brutos y desdeñan el crecimiento de costos y gastos de ventas.

Hasta ahora el mes de julio ha marcado el principio del fin de esa burbuja, alentada por una demanda más que vigorosa que se sostuvo por una larga temporada de dinero fácil (promovida por una política monetaria laxa de la Reserva Federal de Estados Unidos). Ayer, martes 29, el precio del petróleo mexicano ya cayó 13% respecto de esa marca y se cotizó en 114.09 dólares por barril.

Una tendencia similar a la baja han experimentado los precios del WTI y del Brent, al grado de que la incipiente recuperación de la confianza de los consumidores (el índice del Conference Board subió, 51.9 en julio, respecto de su punto más bajo en 16 años: 51.0 en junio) se atribuye a la percepción de que, ¡por fin!, los precios del petróleo están reaccionando ante una menor demanda.

El proceso apenas comienza. Al final de los juegos olímpicos (25 de agosto) el gobierno de China apretará más sus políticas fiscal y monetaria para enfriar la demanda y después de las elecciones del 4 de noviembre la Reserva Federal tendrá que abandonar su política complaciente – típica de las temporadas electorales- e iniciar un prolongado proceso de alza en las tasas de interés.

Los precios, pese a las triquiñuelas de los políticos, han funcionado. Ante los precios altos, la demanda cae. Es doloroso – desinflarse es el momento más crítico de las burbujas especulativas-, pero es el inicio de la recuperación. ¿Cuánto se prolongará el proceso? Eso dependerá de que los políticos del mundo dejen funcionar a los mercados. Es decir: será largo y sinuoso.

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sábado, 12 de julio de 2008

Una ducha con agua fría

Lo más importante que pueden hacer los grandes líderes políticos del mundo, el G-8, es eliminar las barreras al libre flujo comercial, financiero y de personas. Eso sería mucho más provechoso que sembrar tres arbolitos en una isla japonesa.

Sin duda las emisiones de CO2 que arrojamos a la atmósfera han causado, causan y causarán daños al entorno en el que vivimos los seres humanos y en el que, esperemos, habrán de vivir muchas generaciones futuras.

Reconocerlo, sin embargo, no implica aceptar sin el menor asomo de análisis crítico diagnósticos tremendistas y "soluciones" interesadas que causan más males de los que pretenden remediar. Al paso del tiempo hasta los más entusiastas defensores de la ecología han reconocido que dos o tres de los principales supuestos en que se basaron los diagnósticos de alarma resultaron más cercanos al mito que a la verdad.

Tampoco el paso del tiempo ha sido compasivo con el Protocolo de Kyoto. Se ha visto que el acuerdo planteó metas tan ambiciosas como inalcanzables y lo peor: cada vez es más dudoso que las reducciones de CO2 propuestas resulten suficientes y pertinentes para mejorar el clima del planeta y para evitar las catástrofes que se anunciaron. Eso, por no recordar que casi ningún país ha cumplido lo acordado y que el gobierno de Estados Unidos desde entonces se negó a suscribir el acuerdo, esgrimiendo un escepticismo que, aunque odioso, resultó justificado.

El cambio climático no es el problema número uno de la humanidad.

Mucho más grave es la persistencia de miles de muertes a causa de enfermedades que son curables, no sólo en África, sino en vastas extensiones de pobreza desperdigadas en el planeta. Mucho más graves son la pobreza y el hambre causadas no por una insuficiente oferta de alimentos y de bienes, sino por las estúpidas barreras que los gobiernos han erigido en contra del libre movimiento de bienes, de servicios, de capitales y de personas.

Por eso las reuniones en el cumbre son tan simbólicas como inútiles; semejantes a "un punto de acuerdo" de las señoras y señores senadores.

Puestos a producir gestos simbólicos, pero inútiles, para la próxima cumbre los grandes líderes en lugar de sembrar tres arbolitos podrían darse, en grupo, un buen duchazo de agua fría. Simbolizaría que algo hacen contra el calentamiento global…y sería divertido para los espectadores.

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miércoles, 14 de mayo de 2008

Oficio, legislador; actividad, promover el fracaso

¿Qué hace un político mediocre e incompetente – la lista en el mundo es extensa- ante la prosperidad que es resultado del éxito? Castigarla, si es posible prohibirla, igualar hacia abajo, regodearse en la promoción del fracaso.

Uno supondría que los políticos locales en Massachussets están orgullosos de la concentración de capital intelectual en su estado, en el que tienen su sede varias universidades que ocupan los primeros lugares en el mundo, empezando por Harvard. Error. Al menos varios de esos políticos, legisladores locales, parecen profundamente resentidos por el éxito de esos centros de excelencia educativa y por la prosperidad que se deriva de dicho logro.

Encabezados por el representante Paul Kujawski, del Partido Demócrata, han propuesto al departamento de ingresos del gobierno del estado analizar la viabilidad de gravar con un impuesto de 2.5% anual la porción de las donaciones que reciban las universidades que exceda de los mil millones de dólares. Al menos nueve universidades en Massachussets reciben donaciones que sobrepasan ese monto.

Más que la generación de ingresos adicionales para el estado, cosa que no sucederá porque el impuesto ahuyentaría a los donantes, Kujawski confiesa que el objetivo de su propuesta es disminuir las donaciones "exorbitantes" y que, supone, no están dictadas por fines auténticamente altruistas.

Es, pues, un impuesto contra el éxito dictado por la envidia, algo electoralmente muy vendedor y mercancía habitual de los populistas.

Greg Mankiw, profesor de Harvard y famoso economista, escribió en su bitácora en la red que ante un impuesto así, en caso de darse, Harvard debería fundar de inmediato un nuevo campus en otro estado con clima más benigno, que podría llamarse Harvard Sur, y canalizar a todos los donantes y todas sus donaciones a ese nuevo destino, al tiempo que Harvard Norte – la sede original- emprende una lenta y ventajosa venta de terrenos hasta desaparecer.

¿Eso es lo que quiere lograr Kujawski?

Kujawski – dice la página de este político en la red- estudió un B. A. (licenciatura) en North Adams State College, toda su vida laboral se ha dedicado a la política y ha sido legislador local desde hace 14 años. Pone en su currículum como "Profesión": Legislador. No sabrá hacer otra cosa. Pero habrá que aclararle que ésa no es una profesión, sino un oficio generalmente pernicioso para los demás.

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lunes, 12 de mayo de 2008

Tauromaquia, política y engaños

Vista la política como el conjunto de estratagemas para vencer al adversario o el de los disimulos calculados para engañarle, tiene mucho en común con la tauromaquia.

Lejos de mí la beatería de quienes, cual solteronas de la Inglaterra victoriana, dicen abominar el toreo. Tampoco soy conocedor de la tauromaquia. Veo las corridas de toros a la distancia, y de vez en vez. Lo suficiente para descifrar de qué va la cosa cuando alguien habla de la habilidad de un torero con el engaño, es decir con la muleta o con la capa, para llevar al toro a donde él quiere.

Hace unos días leí un artículo en el cual el periodista José María Carrascal sugería que la reciente ocurrencia en España del reelecto gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ("el zapaterito de León") de poner sobre la tapete de la discusión pública una inopinada revisión de la ley de la libertad religiosa se antoja maniobra de torero que pone el "engaño colorido", (parafraseando las palabras que Sor Juana dedicó a su retrato) frente a la res. El toro al que se desea encaminar es, por supuesto, el Partido Popular (PP). "Para ello – precisaba el periodista- cuenta (el gobierno del PSOE) con la ingenuidad del PP, sabiendo que acudirá al trapo como el toro a la muleta".

La analogía me parece genial y aplicable a decenas de países, como México, en los que el quehacer de los políticos – diestros o torpes- se asemeja a la lidia de los toros. Hay quienes batallan con reses traicioneras que de súbito levantan la testa; otras bestias – dicho sea con respeto- son impetuosas en la embestida, pero de trayectoria predecible y sin sorpresas.

Y cada cual, de los espectadores, apuesta ya sea por el animal o por el torero. Asunto de preferencias. Hay políticos que, cual toreros sorprendidos por un imprevisto cambio en la trayectoria del toro, corren a refugiarse en el burladero. Otros hacen faenas decorosas, dependiendo de la calidad de las reses y de otras circunstancias, incluido cierto oficio.

Habrá quien diga que, en asuntos de política cotidiana, hay escasos diestros y casi ningún toro bravo, sólo bueyes y alguna que otra vaca que no tiene nada de sagrada.

Y no faltan los políticos menores que trabajan de monosabios, esos mozos que ayudan al picador en la plaza.

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lunes, 5 de mayo de 2008

Políticos alérgicos a los costos

La mayoría de los políticos detestan el liberalismo económico porque les recuerda la tremenda sentencia de Milton Friedman: "No hay comidas gratis". Así, especulan, nadie gana elecciones.


Tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo, los gobiernos y los políticos en busca del éxito le están prestando más atención a los encuestadores y a los expertos en mercadotecnia política que a los economistas y a los especialistas serios y preparados.

En esa medida retrocede la productividad en el mundo. En esa medida, millones de seres humanos están pagando más por los alimentos al tiempo que escuchan ávidos a los políticos que prometen energéticos baratos, servicios de salud sin costo, pensiones inagotables y empleos de "Adelitos defensores de la soberanía" (modalidad que la izquierda mexicana ha ideado para reciclar la viejísima costumbre de cobrar en el gobierno sin trabajar, como lo describió Sergio Sarmiento hace poco).

Tomemos el caso de la liberalización comercial. Alan Greenspan ha escrito que si la gente no experimenta de primera mano – en su vida diaria - las ventajas de la libre competencia, tenderá a ponerse en manos del primer populista que le prometa erigir barreras al comercio y obstáculos a la migración. Si Miguel de la Madrid hubiese tenido que someter a referéndum la necesidad de abrir unilateralmente la cerradísima economía mexicana, todavía estaríamos hoy jugando a los contrabandistas aficionados, escondiendo en las maletas, como tesoro prohibido, una "iPod" después de una visita relámpago a Laredo.

El economista serio le dirá al político que la mejor forma de preservar los recursos - por ejemplo, el petróleo o el agua – es cobrarlos al precio que dictan la oferta y la demanda, pero el estratega político o el encuestador le dirán que cueste lo que cueste hay que evitar, por ejemplo, que suba el precio de la gasolina…no importa que para ello cada día se subsidien millones de pesos a los más ricos y que se fomente un desperdicio ruinoso.

Un dato: En los tres primeros meses de 2008 México importó 37.4% más litros de gasolina que un año antes. Un alza tal en la demanda sólo se explica por un precio de ganga. Así se quedó Argentina sin gas natural en 2003- 2004…, pero el matrimonio Kirchner se mantuvo en el poder…, arguye el encuestador.

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lunes, 18 de febrero de 2008

Políticos vaciando la bañera

¿Cuál es la destreza más apreciada para redactar leyes y reglamentos?, ¿será la capacidad de hacer complicado e ineficiente lo que puede ser sencillo y eficiente?, ¿cómo vacía una bañera un político?, ¿con un gotero o con una cucharita?

Circula mediante correos electrónicos un chiste acerca de cómo en un manicomio diagnosticaban cuáles personas requerían internarse y cuán grave era su padecimiento psiquiátrico. A los candidatos se les mostraba una bañera colmada de agua, así como tres herramientas: una cubeta, una taza y un gotero. Se les preguntaba cómo vaciarían la bañera y sólo pasaban airosos la prueba (es decir: se diagnosticaban como más o menos sanos) aquellos que respondían: "Vaciaría la bañera removiendo el tapón del desagüe". Los demás, sea que propusieran la taza, la cubeta o el gotero, eran internados de inmediato.

Imagen de bañera de 1917, aproximadamente, reformada. Referencia original de bañeras antiguas aquí.



El chiste es injusto. Se supone que los internados en un manicomio ("institución psiquiátrica" para no ofender los castos oídos de la modernidad) están ahí por locos, no por estúpidos.

En cambio, el procedimiento diagnóstico de la bañera podría aplicarse con gran eficacia en algunos exámenes, si los hubiese, para aspirantes a legisladores. Por supuesto, todos aquellos que dijesen que vaciarían la bañera removiendo el tapón del desagüe quedarían descartados: No sirven para hacer leyes y reglamentos porque no saben hacer complicado lo sencillo, ni saben levantar obstáculos a la eficacia y a la productividad.

Son destrezas extrañas, pero así como hay personas a las que les gusta escribir sonetos en los que cada una de las 14 líneas termine en "ix", hay personas que tienen dos o tres problemas que oponer frente a cada propuesta de solución. Por ejemplo, liberar todo el potencial de crecimiento que podría tener una empresa petrolera propiedad del gobierno (del "Estado" para no ofender los castos oídos de la corrección política) sin tocar los impedimentos que establece una Constitución obsoleta es lo más parecido a vaciar una bañera con gotero. Que nuestros políticos se propongan hazañas como ésta, similares a las de quien se propone competir con la internet usando palomas mensajeras, es admirable. Improductivo, desesperante, pero admirable. Para registrase en un libro de hazañas inútiles, como el Guinness.

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lunes, 28 de enero de 2008

Reforma energética, ¿para quién?

Desde el punto de vista de millones de consumidores y contribuyentes mexicanos – que no es, desde luego, el punto de vista que les interesa a los políticos- la reforma energética ideal es muy sencilla: Que en el mercado nacional de energéticos exista plena competencia, en condiciones de libre oferta y demanda, entre el mayor número posible de oferentes.

Resulta chocante que las minorías rectoras de este país centren la discusión energética en cuál va a ser el futuro de PEMEX.

Uno pensaría que lo más importante en una reforma energética debería ser el interés de más de cien millones de consumidores de energéticos en México, varios millones de los cuales somos también contribuyentes a quienes nos afecta, para bien o para mal, que el monopolio petrolero del gobierno aporte una tercera parte de los recursos fiscales.

Lo que debería definirse es qué hacer para que en México los consumidores dispongamos de un abasto oportuno y suficiente de energéticos con precios competitivos – iguales a los del mercado global de los energéticos en nuestra zona geográfica-, sin que en el mercado energético mexicano se generen “ruidos” fiscales (subsidios o sobre precios). Además: Definir cómo y cuánto gravará el gobierno las externalidades negativas derivadas del consumo de tal o cual energético.

Eso se llama “mercado con un gran número de oferentes en competencia al que concurren millones de consumidores a elegir libremente la oferta energética que más les convenga”.

¿Sobrevivirían a esa competencia las empresas gubernamentales dedicadas a suministrar energéticos: PEMEX, CFE y Compañía de Luz? Tal vez sí, si consideramos que para hacer esa reforma no hay que tocar el asunto “sagrado” de la propiedad de los recursos en el subsuelo. O tal vez no, pero ése no es el problema de los consumidores ni de los contribuyentes.

Hace mucho dejé de creer en esa superstición de que PEMEX es una empresa que me pertenece por el hecho de que soy mexicano. Por eso, porque no soy accionista de PEMEX, para mí lo más importante es qué va a pasar con los consumidores ¿Algún día podremos elegir entre muchas ofertas en competencia?, ¿algún día pagaremos por los energéticos los precios que dicte el encuentro de oferta y demanda en un mercado competido o seguirán siendo precios “administrados”, a veces por arriba y a veces por debajo de los precios en el mercado global?

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miércoles, 16 de enero de 2008

La economía y el pecado original (III)

Es lógico que aquél que conoce la falibilidad humana deteste que quien proclama saber lo que no puede saber trate de imponer ese dudoso "saber" a los demás, aduciendo, además, para ese propósito, "razones" que no son racionales y con frecuencia ni siquiera razonables.



En la historia de las ideas una misma semilla puede evolucionar hacia posiciones radicalmente opuestas. ¿Cómo la idea de "pecado original" – el hombre es falible, busca su propio interés por encima del interés de los demás y tiende, aún a su pesar, a "hacer el mal que no quiere"- produjo dos ejemplares humanos tan diametralmente distintos, en lo intelectual, como el brillante, escéptico y anticlerical economista Frank H. Knight – ver el primer artículo de esta serie- y el muy clerical, fundamentalista (es decir: nada escéptico) político Mike Huckabee, ex gobernador de Arkansas, que busca ser candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano?

Recordemos que la cáustica crítica de Knight a clérigos y a médicos (y, desde luego, también a varios economistas) se fundaba en que tales personajes "pretenden saber lo que no pueden saber". Por su parte, Huckabee, pastor evangélico, predicador, no tiene empacho en proclamar que su fe religiosa norma y normará su actuación como político, que la Biblia en un sentido literal "es infalible" (¿también para enseñar geografía, física o matemáticas?) y, a la postre, propone al electorado la reconstrucción de un paraíso terrenal en Estados Unidos – y tal vez en el mundo- exactamente al modo de su muy personal "fe evangélica" (con lo cual, entre otras cosas, se ponen en entredicho la separación entre Iglesia y Estado así como la tolerancia).

Ambos personajes provienen de lo que algunos llaman, en Estados Unidos, "el cinturón de la Biblia" – es decir, el amplio medio oeste de ese país caracterizado por una fuerte tradición de enseñanza bíblica-, y ambos provienen de familias profundamente religiosas. Pero hasta ahí, por supuesto, llegan las coincidencias; por no hablar de la muy importante diferencia de periodos históricos que les toco vivir a cada cual.

¿Cuál de los dos, el escéptico a ultranza o el predicador fundamentalista, se olvida del pecado original y de sus consecuencias prácticas? Mucho me temo que el segundo. La Biblia, señor Huckabee, no es un manual de políticas públicas y usted, hasta donde sabemos, no está exento de padecer la falibilidad humana.

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martes, 15 de enero de 2008

La economía y el pecado original (II)

Al menos hay tres oficios que no serán necesarios en el paraíso: los de economista, médico y abogado. Y la mala economía, algo que encanta a muchos políticos, consiste en pensar que podremos recrear o recuperar el paraíso terrenal.

Uno puede creer o no que existió un paraíso terrenal en el cual los seres humanos – Adán y Eva, digamos- no estaban sometidos a las pesadas cargas del trabajo (ganarse “el pan con el sudor de la frente”), de la enfermedad, del dolor y de la muerte. Uno puede creer o no (eso es materia de la fe religiosa) que en uso de su libertad esos seres humanos desafiaron a Dios, quisieron “ser como dioses”, y en consecuencia perdieron esa condición de casi-perfectos y adquirieron una carga de falibilidad y contradicción interna, un desequilibrio abrumador entre lo que desean y lo que pueden, en fin: una “naturaleza caída”. Que consiste, para decirlo en una afortunada expresión de André Frossard, en comportarnos como si fuésemos unos perros que padecen el irrefrenable deseo de maullar como gatos.

Repito que uno puede creer en esto, en el sentido fuerte del verbo “creer”: como fe religiosa, o no, pero lo que uno no puede negar es que esta idea del “pecado original” tiene un formidable poder para explicar algo que han constatado todos los seres humanos: el dolor, la enfermedad, la corrupción, la muerte y la contradicción interna entre razón y voluntad (lo que San Pablo expresaba más o menos así: “Hago el mal que no quiero y no hago el bien que deseo”).

Con esa realidad humana falible, en la que siempre juega la libertad, tienen que habérselas, al menos, tres oficios que sólo tienen sentido en un mundo que NO es el paraíso: el médico que combate la enfermedad y el dolor; el economista que lidia con el dato básico de la escasez y el abogado que justifica su tarea porque existen conflictos entre los seres humanos.

El primer dato básico de la economía, la escasez, es desde una perspectiva judeocristiana un resultado directo del pecado original. Esto tiene varias consecuencias decisivas sobre la economía. Por lo pronto adelanto cuál es, a mi juicio, el primer gran error de la peor economía: Negar la escasez, proclamar que podemos crear o reconstruir (aquí en la tierra por supuesto) alguna suerte de paraíso.

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lunes, 5 de noviembre de 2007

Tabasco y la prevención de riesgos

Monstruoso y totalmente imprevisible sería que en Zacatecas, con una precipitación pluvial anual promedio de 515 mililitros, se acumularan en sólo tres días de lluvia 300 mililitros; que del 28 al 30 de octubre se acumularan 300 mililitros en Tabasco fue extraordinario, pero había sucedido antes y volverá a suceder. Era un evento probable y previsible para un estado en el que la precipitación anual promedio fue de 2,424 mililitros de 1941 al año 2000.

Uno no compra un seguro de gastos médicos mayores pensando en que lo deberá utilizar todos los días o todos los años. Por el contrario, uno compra un seguro de gastos médicos mayores – y renueva la póliza año con año- con la expectativa de que en el largo plazo (diez, veinte o treinta años, por decir algo) algún día podrá necesitarlo…y deseando que eso no suceda.

Sería desaconsejable que el gobierno de Nuevo León gastase parte de su presupuesto en la prevención de sismos, pero es perfectamente lógico que el gobierno de la ciudad de México tome las medidas preventivas para un sismo de 7 grados o más en la escala de Richter. La probabilidad de que un sismo de esa magnitud se verifique esta misma semana en la ciudad de México es bajísima, pero un sismo entra dentro del espectro de riesgos catastróficos a los que está sujeta esa ciudad.

Suena acorde con el fatalismo mexicano decir que la tragedia que hoy vive Tabasco fue totalmente imprevisible: una mala pasada de la traicionera naturaleza o producto de ese novedoso y omnipresente demonio abstracto del "calentamiento global", pero es tan absurdo como si un hombre mayor de 60 años dijese que es un evento inaudito, imprevisible, el hecho de que la próstata le cause problemas.

También suena bien, acorde con la superstición política de que todo se arregla con toneladas de dinero público, decir que Tabasco no recibió suficientes recursos federales para prevenir el desastre; lo que nadie comenta (supongo que se considera de mal gusto) es que Tabasco es el estado de la república que más participaciones federales por habitante ha recibido en los últimos siete años.

Decir que el desastre entraba en el espectro de los eventos probables no es insensibilidad ante la tragedia. Es honestidad intelectual, un bien mucho más escaso que el dinero público.

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sábado, 3 de noviembre de 2007

Tabasco: Extremo, pero no inaudito

Las precipitaciones pluviales de los últimos días de octubre en Tabasco fueron, en apariencia, de las más altas registradas desde 1948, pero no fueron inauditas, monstruosas o fuera de lo que se puede esperar para esa región hidrológica, ni para esa época del año.


Lo importante en estos momentos es atender con diligencia y eficacia las necesidades más urgentes de quienes han sido afectados por las inundaciones en Tabasco. Pero también es importante determinar con la mayor exactitud y objetividad, sin politiquerías, las causas del desastre.

Todo indica que los daños podrían haberse minimizado tanto con medidas de prevención relativamente sencillas y económicas – una verdadera cultura del riesgo entre la población- como con un patrón racional de asentamientos humanos. Al respecto, no tiene desperdicio el análisis crítico de Gabriel Quadri de la Torre publicado el viernes en El Economista : “Diluvio en un territorio huérfano”.

Por desgracia, en lugar de un ejercicio de autocrítica profunda – respecto de nuestro pésimo arreglo jurídico en materia de normatividad del uso del suelo- se ha empezado a echar mano del chivo expiatorio de moda – el calentamiento global- para tranquilizar conciencias y minimizar responsabilidades.

Lo sucedido, sin embargo, desde el punto de vista de las precipitaciones pluviales NO es inaudito o monstruoso o fuera de la norma – regularidad estadística- para la región o para la temporada del año. Los meses más lluviosos en Villahermosa y en toda la región centro de Tabasco son septiembre y octubre. El año más lluvioso en Villahermosa de la serie que va de 1948 a 2003, inclusive, fue 1988. En dicho año, la precipitación pluvial de octubre (641.2 milímetros) fue 67.5% superior a la de septiembre. Todo indica que este año, 2007, se verificó el mismo patrón que entonces.

Lo que debe discutirse seriamente es cómo regular la convivencia armónica entre el aprovechamiento óptimo del gran potencial hidroeléctrico de la cuenca y la presencia de densos asentamientos humanos en las zonas inundables. Del mismo modo, ya no puede desatenderse la necesidad de desazolvar las cuencas, contaminadas por los asentamientos humanos, para permitir que las precipitaciones se derramen hacia el mar.

Lo peor que podemos hacer es diluir las responsabilidades. No sin amargura se dice que así como el perro es el mejor amigo del hombre, el chivo expiatorio es el mejor amigo de los políticos.

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martes, 30 de octubre de 2007

El poder femenino y la coquetería instantánea

La coquetería femenina es, también, un arma de la mercadotecnia política. Debe ser, sin embargo, coquetería cuidadosamente calculada. Coquetería que, en caso de ser denunciada como manifestación de frivolidad, tenga siempre la respuesta, también de indignación fingida y calculada, del feminismo políticamente correcto.

Una estupenda fotografía de la agencia Notimex muestra a Cristina Fernández de Kirchner haciendo un coqueto gesto de sorpresa – abriendo inmensos los ojos perfectamente maquillados, mientras su cuidado cuerpo se curva hacia delante- al momento de emitir su voto el domingo pasado. Coquetería instantánea o instantánea de la coquetería del poder. Recuérdese que "instantánea", como sustantivo, es, dice el diccionario, la "fotografía así obtenida".

Inevitablemente peronista, argentina de nacimiento y biográficamente "progresista", Cristina y su parafernalia política son cursis. Faltó añadir que también están ella, y el aparato de propaganda que la rodea, inmersos en la coquetería, en el cuidado casi obsesivo del cuerpo y de la imagen que proyecta.

El 20 de julio pasado, la editora de modas del diario The Washington Post, Robin Givhan, criticó a Hillary Clinton por lucir un escote demasiado pronunciado durante una audiencia en el Senado. "Exponer un escote en un marco que no tiene que ver con cocktails y hors de ouvres – escribió- es una provocación".

Mas reveladora que la crítica – y que el escote- fue la indignada respuesta de Ann Lewis, una de las principales asesoras de Hillary: "Francamente ocuparse del cuerpo de las mujeres en vez de prestar atención a sus ideas es insultante". ¿Qué revela tal respuesta? Un fingido feminismo puritano - ¿las políticas son incorpóreas?- y, tal vez, revela también que la senadora Clinton necesita recurrir, a veces, a un escote para no mostrar - ¡horror!- ideas que le resten votos.

En este sentido, la futura presidenta argentina es menos pacata: Se cuida mucho porque se gusta y se gusta mucho – encantada de conocerse en el espejo, como casi todos los políticos- porque se cuida. Detestaría volverse incorpórea o tan poco coqueta como la primer ministro de Alemania, Ángela Merkel, o su vecina chilena, Michelle Bachelet. Detrás de cada lente fotográfico o de cámara de televisión está, para Cristina, un espejo.

Después de todo, señora Lewis, un escote es un escote, y cuando distrae de las ideas (si las hay) está fuera de lugar.

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jueves, 25 de octubre de 2007

Los dólares buenos y los dólares malos

A ver si entendí bien: ¿Si los dólares vienen de Estados Unidos, sin intermediarios, para combatir el narcotráfico son dólares malos, pero si los dólares vienen también de Estados Unidos, pero a través del gobierno de Chávez, para “fortalecer movimientos alternativos” son buenos porque sirven para crear un nuevo polo de poder en el continente?

Son muy chistosos los políticos. Les brotan ronchas patrioteras apenas oyen hablar de una posible colaboración, en efectivo, del gobierno de Estados Unidos para combatir el narcotráfico en México – un negocio que no existiría sin un apetito notable por el consumo de drogas en el mismo Estados Unidos-, pero en sus narices otro gobierno extranjero, el de Venezuela, propone explícitamente financiar en México “movimientos alternativos” de carácter político y no sólo se quedan impávidos sino que algunos, tal vez, hasta se benefician, para sus propósitos de cerril oposición, de dicho financiamiento extranjero.

También es chistoso el gobierno de Estados Unidos porque, tal vez sin advertirlo, financia los propósitos de Hugo Chávez en su contra comprándole petróleo a raudales. Allá ellos y sus apetitos.

El asunto que nos debe interesar es la indiferencia y pasividad de la clase política mexicana frente a los propósitos imperialistas de Chávez en los cuales México aparece como un peón más de la “geoestrategia política”. Porque no sólo son propósitos retóricos que se colaron, entre otros disparates, en el plan de desarrollo económico y social del gobierno de Chávez para el periodo 2007-2013, sino que son objetivos generosamente financiados a través de la fachada de falsas organizaciones no gubernamentales – allá en Venezuela, y aquí en México- mediante donaciones que acaban en grupos políticos enquistados en algunas universidades, sindicatos y hasta probablemente organizaciones terroristas.

Varios destacados miembros del PRD, así como dirigentes de sindicatos “combativos” y militantes de grupúsculos estridentes, como los que adornaron el año pasado el Zócalo de la ciudad de México con los retratos de Lenin, Stalin y Marx, han manifestado abiertamente sus vínculos con grupos venezolanos similares que financia a trasmano el gobierno de Chávez con los millones de dólares que le dejan las ventas de petróleo a Estados Unidos.

Pero de eso no se habla, no es noticioso, es irrelevante…En cambio, ¡qué bonito se ve envolverse en la bandera, como Paulina Rubio tapando su poco apetecible desnudez, si se trata de los dólares “malos”!

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martes, 2 de octubre de 2007

El reparto de culpas como teoría económica

Muchos políticos tienen una manera fantástica de abordar la economía: La entienden como si fuese una rama de la teología moral en la cual todo el chiste es definir qué pecado de Fulano ocasionó la miseria de Perengano.

El otro día escuché a dos señoras conversando afuera de una iglesia: “Es que este día la Misa no tuvo homilia” (así, como palabra grave, sin acento ortográfico, cuando en realidad es homilía, palabra aguda). Pensé dos cosas: 1. A lo mejor la ausencia de sermón fue algo bueno, considerando la tendencia de algunos sacerdotes a glosar el periódico “La Jornada” desde el púlpito y 2. Si las señoras estuviesen saliendo de la Cámara de Senadores o de la de Diputados no podrían quejarse: Habrían escuchado no una, sino varias homilías, sentidas prédicas morales de nuestros tribunos.

Ejemplo: “Todos sabemos que un incremento en el precio de la gasolina ocasiona una escalada de precios en los alimentos dada la voracidad de los comerciantes”. Es una bonita visión moralista del mundo, poblado de muchos buenazos (los pobres) siempre torturados y amenazados por un puñado de malvados (los ricos voraces) y Cantinflas – es decir el político, como en el mural del esposo de Frida en la fachada del Teatro de los Insurgentes- quitándole a los malos para darle a los buenos.

El problema es que ese cuento edificante nada tiene que ver con el mundo real.

En vano uno tratará de explicar al predicador-político que cuando hay condiciones de competencia en los mercados resulta imposible – y hasta suicida para quien lo intenta- trasladar mecánicamente al precio de los cacahuates en forma de cinco pesos un alza que aún no se verifica de dos centavos en el precio de la gasolina.

En vano uno tratará de hacerle entender al predicador-político que no es un asunto de buenos y malos, sino de escasez relativa de unos bienes o de otros (oferta) ante necesidades y apetencias de los consumidores (demanda) que pueden variar en magnitud. Y que los precios, cuando se les deja ser e informar de las condiciones de oferta y demanda (es decir, cuando no son precios mentirosos) modelan la conducta de proveedores y consumidores en beneficio de ambos.

Por una vez, al menos, nuestros políticos podrían abandonar el púlpito y dejar que la misa transcurra sin intromisiones. Funciona mejor.

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