lunes, 25 de mayo de 2009

El "Lo-Lo" y la hipocresía de una "izquierda" de pastiche

Dos citas del estupendo artículo de Luis González de Alba hoy en "Milenio":

Cita uno: "El gran error de Ahumada fue que esos cientos de millones los dio a la tribu perredista de Rosario Robles, no a la del Loco López, LoLo para abreviar, que fue luego la tribu que le puso una patada a los Cárdenas y a Rosario".

Cita dos: "Y ahora LoLo va por esos andurriales gritando que Ahumada le da la razón, que sí hubo compló: ¡pero claro, idiota!, por supuesto que te querían acabar, como tú los querías, y los quieres, acabar a ellos. Te hicieron lo que tú les habrías hecho con videos en los que el secretario particular de Fox recibiera maletas de dólares y su secretario de Hacienda jugara millones en Las Vegas. Pero tú lo habrías hecho bien. Estos fallaron el golpe porque, como dijo Rosario, LoLo es un gato con nueve vidas".

Es un alivio leer, en medio del estruendo de mediocridad periodística y deshonestidad intelectual que abruma a los medios de comunicación, opiniones como las que cada lunes entrega a sus lectores Luis González de Alba.

Y es una buena opción recordar a ese siniestro personaje - mal villano de mala telenovela, que por desgracia fue y sigue siendo una amenaza real, no de telenovela, para México- con el apócope de Lo-Lo - el Loco López-, ya que es una denominación que a la ventaja de la brevedad sintáctica añade la virtud de la más estricta precisión.

Una cita adicional de Luis Gonzalez de Alba de ferocidad inusitada pero, a la vez, estrictamente justa:

"El mismo Alejandro Encinas, que (González de Alba habla de 1968-1969 y tal vez 1970)sacaba sin problema documentos escritos, a máquina, en la cárcel por los dirigentes del Partido Comunista —su partido entonces, ahora es el PRID— llevó a un empresario mexicano extorsionado por el gobierno del DF a coserse los labios en protesta por el silencio que se le impuso. No tienes madre, Alejandro, y te pudrirás en el Infierno oyendo los discursos ñoños del Loco López por toda la eternidad para tu tortura".

Puede leerse el artículo completo, vale la pena, haciendo "clic" aquí.

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miércoles, 9 de mayo de 2007

¿Aprendimos?

Las atrocidades del totalitarismo, por desgracia, volveremos a cometerlas o a sufrirlas. Tal parece que no aprendimos. Tal parece que millones de “civilizados” seres humanos siguen apostándole, en lo más íntimo, a la exterminación de los contrarios, como quien le apuesta a un purificador sacrificio ritual “por el bien de la causa”.

Quizá, como escribió Carlos Marín, a partir del martes 8 de mayo de 2007 dejó de haber presos políticos en los reclusorios de la capital mexicana. Se dice y se escribe fácil, pero eso – puntualmente cierto- es una enormidad y una vergüenza.

Basta considerar que millones de mexicanos dieron su voto hace unos cuantos meses – con más o menos entusiasmo- para que fuese Presidente del país quien fue, según todas las evidencias, el autor intelectual de esa barrabasada: Andrés Manuel López Obrador.

Desde luego este vergonzoso caso mexicano parece minúsculo si se le compara con el conjunto de atrocidades que se cometieron en el siglo XX en nombre de ideologías totalitarias. Empalidece, pero obedece a la misma lógica de que “el bien de la causa” lo justifica todo, incluyendo – si es preciso y si se puede- la eliminación de los “traidores a la causa”.

Al final de su valiente y documentado libro sobre el “Gulag” soviético, Anne Applebaum hace un diagnóstico descarnado de la situación actual en Rusia – olvido y desdén mayoritario por los sufrimientos infligidos a millones por la dictadura soviética y, en no pocos casos, añoranza por esos viejos tiempos de mano dura y orgullo nacionalista e imperialista- y advierte que no escribió ese extenso memorial de atrocidades, como dice el cliché, “para evitar que vuelva a suceder”, sino conciente de que volverá a suceder: “Las filosofías totalitarias han tenido y siguen teniendo un gran atractivo para millones de personas. Destruir al ‘enemigo objetivo’, como lo expresó Hannah Arendt, permanece como el fin fundamental de muchas dictaduras. Necesitamos saber por qué – y cada relato, cada recuerdo, cada documento en la historia del Gulag es una pieza del rompecabezas, una parte de la explicación. Sin ellos, un día nos despertaremos y nos daremos cuenta de que no sabemos quiénes somos”.

¿Aprendimos? No. No aprendimos. Al menos sepamos reconocer el huevo de la serpiente cuando lo veamos.

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