jueves, 26 de abril de 2007

¿A quién beneficia la libre competencia?

Respuesta: A los consumidores más pobres. Veamos por qué.

Hay dos formas de combatir la pobreza: la ruinosa y la efectiva.

La forma ruinosa de combatir la pobreza: Impedir el funcionamiento de los precios en un mercado libre (lo que “mata” las ventajas relativas y absolutas) sea mediante uno o varios de estos mecanismos: Controles de precios, subsidios a los productores ineficientes, subsidios no discriminados al consumo (que benefician a los más ricos, que son quienes consumen más; verbigracia: tasa cero de IVA en alimentos), barreras a la entrada de más oferentes en el mercado (impedimentos a la inversión privada y extranjera; prohibiciones o aranceles elevados a la importación y otros), restricciones a la libre exportación (verbigracia: el gobierno argentino impide la exportación de carne dizque para bajar los precios internos; lo que conseguirá es desalentar la oferta y por tanto ¡elevar los precios!); sesgos fiscales o de regulación a favor de determinados productores o gremios.

La forma efectiva de combatir la pobreza es liberalizar la economía, permitiendo la libre entrada de cualquier oferente (libertad de inversión) y garantizando el libre acceso a cualquier demandante (libertad de comercio).

Los demagogos, que confunden el éxito competitivo con el abuso, dirán que esta segunda forma de combatir la pobreza (que no es otra cosa que generar bienestar) es “injusta” porque premia a los más eficientes, a los más talentosos y a los más productivos. Lo cual revela, de paso, que los demagogos, oficiosos “defensores de los pobres”, creen que sus “defendidos” son ineficientes, carentes de talento e improductivos. ¡Cuánto los quieren!

Sucede lo contrario: Los principales beneficiarios de la libre competencia son los más pobres, porque la libre competencia desparrama la productividad característica de los más competentes.

Dos ejemplos:

1. ¿En dónde cuesta más caro hoy un kilo de tortilla en México? En comunidades aisladas, remotas y pequeñas donde viven los más pobres de entre los pobres, ¿por qué?, porque ahí no hay supermercados (con precios muchos más bajos para la tortilla) y sólo hay uno o dos oferentes que se reparten el mercado. Nada los obliga a volverse competitivos (eficientes) y bajar sus precios.

2. Gracias al proteccionismo comercial de Brasil en materia de equipos de informática, para un brasileño es notoriamente más caro adquirir una computadora personal que para un mexicano, y probablemente la computadora del brasileño será de calidad inferior y de tecnología atrasada.

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