domingo, 20 de diciembre de 2009

Pues si es del viento, ¡que la componga el viento!

Hay que ser justos: La cumbre de Copenhague se la llevó el jefe de gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. Concluyó su perorata con una joya de la retórica vacía, digna conclusión a un discurso hueco salpicado de pausas dramáticas, perogrulladas disfrazadas de hallazgos geniales y trucos de histrión barato:

"La tierra no pertenece a nadie. Salvo al viento".


Por supuesto, el auditorio estalló en aplausos.

Vale la pena ver y escuchar la escena en video:



De antología, de veras.

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martes, 8 de diciembre de 2009

Copenhague: "Progreso maldito que nos matará"

La venta de catástrofes en tres tiempos:

UNO:

"La población se incrementa en razón geométrica, mientras que los medios de subsistencia se incrementan en razón aritmética" es el axioma más conocido y popular (así como falso) de "An essay on the Principle of Population; or, a view of its past and present effects on human happiness; with an enquiry into our prospects respecting the future removal or mitigation of the evils which it occasions" (Un ensayo sobre el Principio de la Población; o una visión de sus efectos pasados y presentes sobre la felicidad humana; con una investigación acerca de nuestras perspectivas respecto de la futura remoción o mitigación de los males que ocasiona) de Thomas Robert Malthus (1766-1834), publicado, segunda edición corregida y aumentada por el autor, en 1803.

El tiempo ha desmentido ampliamente este axioma de Malthus. La producción de medios de subsistencia - alimentos - ha crecido a tasas mayores que las de la población, los precios de los alimentos han caído sustancialmente respecto del pasado, la productividad de los cultivos (rendimiento por hectárea) y la productividad ganadera y lechera han crecido a un ritmo que sobrepasa con creces el ritmo de crecimiento de la población.

DOS:.
"Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial."

(D.L. Meadows y otros, Los Límites del Crecimiento, 1972)

Treinta años después de la primera publicación de "Los Límites del Crecimiento" - en 2002- el mundo había experimentado un progreso insólito en prácticamente todas las áreas de la actividad humana; la esperanza de vida se incrementó sustancialmente; aumentó la producción de alimentos y se desplomaron sus precios, la disponibilidad de petróleo y de otros energéticos también creció en forma notable, a la vez que la humanidad en su conjunto logró un uso más eficiente de la energía, lo mismo para transportarse que para comunicarse y hacer transacciones comerciales y financieras globalmente.

TRES:
"Las emisiones (de CO2) no se han frenado sobre todo en los gigantes, desarrollados y en proceso de desarrollo. Las cuotas de reducción en lo general no se han cumplido. Los glaciares se están derritiendo en los dos casquetes, pero sobre todo en el norte. La Antártica y Groenlandia son las mayores reservas de hielo del planeta. El ascenso en los derretimientos en las últimas dos décadas no deja duda. Incluso en el caso de un gran éxito en las medidas adoptadas la curva de ascenso seguirá pues el enorme buque del calentamiento no puede dar un viraje en pocos años. Hay sin embargo un cambio importante. Gracias a esfuerzos como los de Al Gore hoy la conciencia sobre el horror que estamos enfrentando es mucho mayor."

(Federico Reyes Heroles, "Nuestra huella", periódico "Reforma", 8 de diciembre de 2009).

¿Cuál es el eslabón falso en la cadena de "razonamientos" que llevan a estas profecías alarmistas fallidas? En realidad, suelen ser varios eslabones débiles porque más que ante demostraciones concluyentes estamos ante un encadenamiento de presunciones no probadas; encadenamiento que no está exento de auténticas extrapolaciones fuera de toda lógica.

Un buen ejemplo de la cadena de presunciones nos lo ofrece hoy Sergio Sarmiento, también en el periódico "Reforma" en el párrafo inicial de su artículo, donde escribe:

"El hecho incontrovertible es que la temperatura de la atmósfera y de los océanos está aumentando. La mayor parte de los científicos encuentran una relación entre el uso de combustibles fósiles y este calentamiento. De ser cierto el diagnóstico, en unas cuantas décadas podría haber consecuencias muy importantes para el planeta, que incluirían inundaciones, como las que hemos visto en Tabasco, incrementos en el número e intensidad de los huracanes, sequías y extinción de especies enteras."



Veamos: 1. No es un hecho - mucho menos "incontrovertible"- que la temperatura de la atmósfera y de los océanos esté aumentando. La temperatura ha variado siempre, en la atmósfera y en los océanos, tanto en ciclos cortos, estacionales, como en ciclos largos y ello depende básicamente de factores que están fuera del control y del alcance humano, como la lejanía o el acercamiento relativo del planeta respecto del sol, como la actividad del mismo sol, como las erupciones volcánicas (todavía hoy padecemos o gozamos, según se vea, las consecuencias climáticas globales de la erupción del volcán Chichonal en el sur de México que sucedió hace más de 30 años).
2. No está demostrada la relación causal entre el uso de combustibles fósiles y dicho calentamiento global, en primer lugar porque no está científicamente demostrado que exista tal calentamiento; en segundo lugar, Sarmiento sufriría en serio para demostrar que "la mayor parte de los científicos encuentran" dicha relación causal, entre otras cosas tendría que definir cuál es el universo de científicos del que habla (y mostrar que tales científicos han investigado realmente la validez de la hipótesis de dicha relación causal); en tercer lugar, la verdad - incluida la verdad científica- no se determina por mayoría de votos; en el siglo XII "la mayor parte de los científicos" encontraba, para usar el mismo verbo que usa Sarmiento, que el sol se movía alrededor de la tierra.
3. "De ser cierto el diagnóstico". No, Sergio, eso NO es un diagnóstico, sino una hipótesis. El diagnóstico viene después.
4. Inundaciones, "como las que hemos visto en Tabasco", no las veremos en unas cuantas décadas, las vemos hoy, las hemos visto en el pasado y las vieron los primeros españoles que en el siglo XVI se asentaron en esas tierras. ¿Cómo es posible que desde hace siglos suframos los efectos (inundaciones) que provienen de una supuesta causa (uso intensivo y extendido de combustibles fósiles) que aún no existía?, lo mismo respecto del número e intensidad de huracanes: el informe del Panel de Científico sobre Cambio Climático (panel conocido como IPCC) de la ONU, dice textualmente, en su página 6, que "los datos no permiten ver tendencias a largo plazo, ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes". . ¿Sequías?, ¿en qué quedamos?, si se intensifica la frecuencia y severidad de los huracanes la consecuencia obvia es que aumentan las lluvias, disminuye la sequía; cualquier agricultor en Veracruz, Tamaulipas, Chiapas o Tabasco sabe que hay una correlación directa entre menor número de huracanes en un año y mayor sequía. Alguien dijo, sarcásticamente, y a la vista de esta mentira sobre la correlación entre huracanes y emisiones de CO2, que habrá que promover, en años de sequía, la quema de llantas para "invocar" a los huracanes, que suelen ser benéficos para la agricultura.

Puede verse más de esto en esta misma bitácora AQUÍ, ADEMÁS AQUÍ y AQUÍ TAMBIÉN.

Bien, en Copenhague hoy veremos la reedición de esa vieja superstición que se disfraza de "ciencia": El progreso nos llevará a la catástrofe. Ahora, en la modalidad de: "Hay que encarecer las emisiones de CO2, algo que agradecen las compañías petroleras, desde luego, porque sólo así evitaremos que el progreso nos mate".

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Cambio climático y el derecho al escepticismo

El espectro de opiniones respecto de las amenazas del llamado cambio climático es muy amplio. Veamos.
En un extremo tenemos el rechazo total a las previsiones de una eventual catástrofe climática - seguida de una secuela de catástrofes económicas y sociales - y el rechazo a que se inviertan cuantiosos recursos públicos y se limiten seriamente las oportunidades de crecimiento de los países pobres fijando prohibiciones y límites al uso de combustibles de origen fósil.
En el otro extremo tenemos a quienes proclaman una fe ciega (de carbonero, se decía antes) en las predicciones más sombrías acerca de la catástrofe ecológica y proclaman que esta lucha - contra el llamado calentamiento global - es la más importante, urgente y noble que pueden y deben emprender hoy los seres humanos.
En medio de estos extremos, tenemos a multitud de gobiernos que hablan mucho del asunto, que hacen propias la mayoría de las presunciones de los profetas del desastre ecológico final, pero que a la hora de la verdad tampoco hacen mucho, en sus propios ámbitos de poder local, para disminuir eficientemente las emisiones de CO2 a la atmósfera.
Ejemplo del primer extremo es la excepcional - y sin duda valiente, porque se necesita mucho valor para desafiar la opinión dominante y la hegemonía de los políticamente correctos- postura del presidente de la república checa Vaclav Klaus quien sin ambages hace votos porque fracase la inminente cumbre de Copenhague: Tal fracaso consistiría en que no se acordarse ninguna medida efectiva en la cumbre - a celebrarse del 7 al 18 de diciembre- porque para Klaus toda la retórica acerca del cambio climático sólo esconde una "ideología medioambiental" que socava los fundamentos del liberalismo y promueve un totalitarismo pintado de verde. (Ver aquí).
Por el otro, tenemos a los campeones más o menos serios del cambio climático, como Nicholas Stern (digo "serios" porque personajes como Al Gore son más estrellas pop de la política medio-ambiental que sin escrúpulos ni bases científicas incrementan las alarmas sólo para llevar agua a su molino político y dólares a sus bolsillos) quien poco menos que advierte que la cumbre de Copenhague es la última oportunidad para que la humanidad se salve a sí misma de la destrucción. (Ver en este otro sitio).
Me ubico más cerca de Klaus que de Stern, pero no por ello creo que debamos hacer oídos sordos a los llamados serios a evitar una mayor degradación ambiental. Tampoco creo que sea pura pérdida de tiempo buscar políticas públicas viables que limiten el uso desenfrenado del petróleo, del gas y del carbón (entre otros energéticos) y sospecho que la mejor respuesta está en la energía nuclear que injustamente ha sido calificada como excesivamente riesgosa (eso es un cuento, pregunten a los franceses que reciben la mayor parte de su energía eléctrica de plantas nucleares, sin haber enfrentado nunca un accidente serio). Pero también aplaudo la franca y valiente oposición de personajes como Vaclav Klaus porque nos recuerdan dos cosas muy importantes: 1. Tenemos derecho a ser escépticos y a no comprar, sin análisis ni crítica, cualquier profecía disfrazada de ciencia que, en el fondo, se sustenta en un entramado complejo de suposiciones no demostradas, y 2. Los costos de combatir con denuedo a un espectro - de cuya existencia no tenemos certeza- pueden ser altísimos e irreversibles sobre todo para muchos países que apenas empiezan a despegar hacia el desarrollo.

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