martes, 8 de diciembre de 2009

Copenhague: "Progreso maldito que nos matará"

La venta de catástrofes en tres tiempos:

UNO:

"La población se incrementa en razón geométrica, mientras que los medios de subsistencia se incrementan en razón aritmética" es el axioma más conocido y popular (así como falso) de "An essay on the Principle of Population; or, a view of its past and present effects on human happiness; with an enquiry into our prospects respecting the future removal or mitigation of the evils which it occasions" (Un ensayo sobre el Principio de la Población; o una visión de sus efectos pasados y presentes sobre la felicidad humana; con una investigación acerca de nuestras perspectivas respecto de la futura remoción o mitigación de los males que ocasiona) de Thomas Robert Malthus (1766-1834), publicado, segunda edición corregida y aumentada por el autor, en 1803.

El tiempo ha desmentido ampliamente este axioma de Malthus. La producción de medios de subsistencia - alimentos - ha crecido a tasas mayores que las de la población, los precios de los alimentos han caído sustancialmente respecto del pasado, la productividad de los cultivos (rendimiento por hectárea) y la productividad ganadera y lechera han crecido a un ritmo que sobrepasa con creces el ritmo de crecimiento de la población.

DOS:.
"Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial."

(D.L. Meadows y otros, Los Límites del Crecimiento, 1972)

Treinta años después de la primera publicación de "Los Límites del Crecimiento" - en 2002- el mundo había experimentado un progreso insólito en prácticamente todas las áreas de la actividad humana; la esperanza de vida se incrementó sustancialmente; aumentó la producción de alimentos y se desplomaron sus precios, la disponibilidad de petróleo y de otros energéticos también creció en forma notable, a la vez que la humanidad en su conjunto logró un uso más eficiente de la energía, lo mismo para transportarse que para comunicarse y hacer transacciones comerciales y financieras globalmente.

TRES:
"Las emisiones (de CO2) no se han frenado sobre todo en los gigantes, desarrollados y en proceso de desarrollo. Las cuotas de reducción en lo general no se han cumplido. Los glaciares se están derritiendo en los dos casquetes, pero sobre todo en el norte. La Antártica y Groenlandia son las mayores reservas de hielo del planeta. El ascenso en los derretimientos en las últimas dos décadas no deja duda. Incluso en el caso de un gran éxito en las medidas adoptadas la curva de ascenso seguirá pues el enorme buque del calentamiento no puede dar un viraje en pocos años. Hay sin embargo un cambio importante. Gracias a esfuerzos como los de Al Gore hoy la conciencia sobre el horror que estamos enfrentando es mucho mayor."

(Federico Reyes Heroles, "Nuestra huella", periódico "Reforma", 8 de diciembre de 2009).

¿Cuál es el eslabón falso en la cadena de "razonamientos" que llevan a estas profecías alarmistas fallidas? En realidad, suelen ser varios eslabones débiles porque más que ante demostraciones concluyentes estamos ante un encadenamiento de presunciones no probadas; encadenamiento que no está exento de auténticas extrapolaciones fuera de toda lógica.

Un buen ejemplo de la cadena de presunciones nos lo ofrece hoy Sergio Sarmiento, también en el periódico "Reforma" en el párrafo inicial de su artículo, donde escribe:

"El hecho incontrovertible es que la temperatura de la atmósfera y de los océanos está aumentando. La mayor parte de los científicos encuentran una relación entre el uso de combustibles fósiles y este calentamiento. De ser cierto el diagnóstico, en unas cuantas décadas podría haber consecuencias muy importantes para el planeta, que incluirían inundaciones, como las que hemos visto en Tabasco, incrementos en el número e intensidad de los huracanes, sequías y extinción de especies enteras."



Veamos: 1. No es un hecho - mucho menos "incontrovertible"- que la temperatura de la atmósfera y de los océanos esté aumentando. La temperatura ha variado siempre, en la atmósfera y en los océanos, tanto en ciclos cortos, estacionales, como en ciclos largos y ello depende básicamente de factores que están fuera del control y del alcance humano, como la lejanía o el acercamiento relativo del planeta respecto del sol, como la actividad del mismo sol, como las erupciones volcánicas (todavía hoy padecemos o gozamos, según se vea, las consecuencias climáticas globales de la erupción del volcán Chichonal en el sur de México que sucedió hace más de 30 años).
2. No está demostrada la relación causal entre el uso de combustibles fósiles y dicho calentamiento global, en primer lugar porque no está científicamente demostrado que exista tal calentamiento; en segundo lugar, Sarmiento sufriría en serio para demostrar que "la mayor parte de los científicos encuentran" dicha relación causal, entre otras cosas tendría que definir cuál es el universo de científicos del que habla (y mostrar que tales científicos han investigado realmente la validez de la hipótesis de dicha relación causal); en tercer lugar, la verdad - incluida la verdad científica- no se determina por mayoría de votos; en el siglo XII "la mayor parte de los científicos" encontraba, para usar el mismo verbo que usa Sarmiento, que el sol se movía alrededor de la tierra.
3. "De ser cierto el diagnóstico". No, Sergio, eso NO es un diagnóstico, sino una hipótesis. El diagnóstico viene después.
4. Inundaciones, "como las que hemos visto en Tabasco", no las veremos en unas cuantas décadas, las vemos hoy, las hemos visto en el pasado y las vieron los primeros españoles que en el siglo XVI se asentaron en esas tierras. ¿Cómo es posible que desde hace siglos suframos los efectos (inundaciones) que provienen de una supuesta causa (uso intensivo y extendido de combustibles fósiles) que aún no existía?, lo mismo respecto del número e intensidad de huracanes: el informe del Panel de Científico sobre Cambio Climático (panel conocido como IPCC) de la ONU, dice textualmente, en su página 6, que "los datos no permiten ver tendencias a largo plazo, ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes". . ¿Sequías?, ¿en qué quedamos?, si se intensifica la frecuencia y severidad de los huracanes la consecuencia obvia es que aumentan las lluvias, disminuye la sequía; cualquier agricultor en Veracruz, Tamaulipas, Chiapas o Tabasco sabe que hay una correlación directa entre menor número de huracanes en un año y mayor sequía. Alguien dijo, sarcásticamente, y a la vista de esta mentira sobre la correlación entre huracanes y emisiones de CO2, que habrá que promover, en años de sequía, la quema de llantas para "invocar" a los huracanes, que suelen ser benéficos para la agricultura.

Puede verse más de esto en esta misma bitácora AQUÍ, ADEMÁS AQUÍ y AQUÍ TAMBIÉN.

Bien, en Copenhague hoy veremos la reedición de esa vieja superstición que se disfraza de "ciencia": El progreso nos llevará a la catástrofe. Ahora, en la modalidad de: "Hay que encarecer las emisiones de CO2, algo que agradecen las compañías petroleras, desde luego, porque sólo así evitaremos que el progreso nos mate".

Etiquetas: , ,

miércoles, 23 de julio de 2008

Cinco factores de turbulencia

Hoy día la economía de las familias, de las empresas y de los países se ve afectada, en todo el mundo, por cinco "choques" que han alterado las condiciones de precios y de producción. Conviene conocer estos cinco factores de turbulencia y las respuestas previsibles que adoptará la economía mundial para enfrentarlos.


Los economistas suelen definir un "choque" como un evento inesperado que afecta, en términos micro, a las familias y a las empresas y, en términos macro, a la inflación y al crecimiento económico.

Hoy día coinciden en el horizonte de la economía mundial cinco "choques" que son otros tantos factores de turbulencia (para la exposición de estos "choques" sigo el esquema de una presentación del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda; sin embargo el análisis de las causas últimas detrás de estos cinco factores es responsabilidad mía, no del RBNZ).

1. El alza en los precios del petróleo.
2. El más generalizado "boom" de los precios de alimentos y de otras materias primas.
3. El "boom" global y sincronizado del mercado de vivienda en el mundo.
4. Una caída del ahorro y un aumento del consumo de los hogares en las economías desarrolladas, y
5. Los esfuerzos globales para mitigar los efectos del cambio climático.


Cada uno de estos factores genera sus propios efectos a la vez que influyen en los otros cuatro. Y en cada uno de ellos ha jugado un papel decisivo, aunque no exclusivo, un periodo de extraordinaria liquidez mundial – alentado por una política monetaria relajada -, así como el extraordinario crecimiento económico de China y, en menor medida, de la India y de otras economías en desarrollo.

En el futuro inmediato son previsibles varias respuestas ante estos factores de turbulencia; respuestas que incidirán en la economía de los hogares, de las empresas y de las naciones. Por ejemplo: Disminución de la demanda de hidrocarburos; endurecimiento de la política monetaria; caída del valor de activos inmobiliarios; retracción del crecimiento económico mundial; regreso a las tasas de interés positivas en dólares; corrección forzosa de la caída del ahorro de los hogares en economías desarrolladas; revisión de postulados – y esquemas- del llamado "estado de bienestar" y énfasis en la productividad a través del cambio tecnológico y de la inversión en capital humano (educación y salud).

Etiquetas: , , , , , ,

lunes, 5 de noviembre de 2007

Tabasco y la prevención de riesgos

Monstruoso y totalmente imprevisible sería que en Zacatecas, con una precipitación pluvial anual promedio de 515 mililitros, se acumularan en sólo tres días de lluvia 300 mililitros; que del 28 al 30 de octubre se acumularan 300 mililitros en Tabasco fue extraordinario, pero había sucedido antes y volverá a suceder. Era un evento probable y previsible para un estado en el que la precipitación anual promedio fue de 2,424 mililitros de 1941 al año 2000.

Uno no compra un seguro de gastos médicos mayores pensando en que lo deberá utilizar todos los días o todos los años. Por el contrario, uno compra un seguro de gastos médicos mayores – y renueva la póliza año con año- con la expectativa de que en el largo plazo (diez, veinte o treinta años, por decir algo) algún día podrá necesitarlo…y deseando que eso no suceda.

Sería desaconsejable que el gobierno de Nuevo León gastase parte de su presupuesto en la prevención de sismos, pero es perfectamente lógico que el gobierno de la ciudad de México tome las medidas preventivas para un sismo de 7 grados o más en la escala de Richter. La probabilidad de que un sismo de esa magnitud se verifique esta misma semana en la ciudad de México es bajísima, pero un sismo entra dentro del espectro de riesgos catastróficos a los que está sujeta esa ciudad.

Suena acorde con el fatalismo mexicano decir que la tragedia que hoy vive Tabasco fue totalmente imprevisible: una mala pasada de la traicionera naturaleza o producto de ese novedoso y omnipresente demonio abstracto del "calentamiento global", pero es tan absurdo como si un hombre mayor de 60 años dijese que es un evento inaudito, imprevisible, el hecho de que la próstata le cause problemas.

También suena bien, acorde con la superstición política de que todo se arregla con toneladas de dinero público, decir que Tabasco no recibió suficientes recursos federales para prevenir el desastre; lo que nadie comenta (supongo que se considera de mal gusto) es que Tabasco es el estado de la república que más participaciones federales por habitante ha recibido en los últimos siete años.

Decir que el desastre entraba en el espectro de los eventos probables no es insensibilidad ante la tragedia. Es honestidad intelectual, un bien mucho más escaso que el dinero público.

Etiquetas: , , , , , , , ,

lunes, 18 de junio de 2007

El calentamiento local

Uno de los peligros prácticos de la propaganda sobre el calentamiento global es que desdeñemos lo que sí podemos comprobar con certeza y lo que sí debemos remediar ya: Los daños que causa la contaminación localizada y específica.

Dejemos por el momento la discusión acerca de la validez científica de muchas de las consejas populares acerca del cambio climático. Vayamos al aspecto práctico: La contaminación que usted y yo, y nuestros vecinos, generamos todos los días y que tenemos la certeza de que daña -no los ecosistemas de la selva amazónica o el nivel de los océanos dentro de cien años-, sino el entorno en que vivimos y que hace el daño de manera inmediata.

El sistema solar no gira alrededor del escape de un automóvil, pero ello no significa que una región específica – digamos, la zona metropolitana del Valle de México- no haya experimentado acelerados cambios, varios de ellos nocivos, por la explosión automovilística de los últimos 50 años.

No podemos afirmar con certeza que el planeta haya entrado en una etapa de calentamiento cuya causa principal sean los combustibles fósiles, pero no cabe duda que miles de metros cuadrados de asfalto – plantados para beneficio de su majestad, el automóvil- han contribuido a un grave deterioro del ambiente en el Valle de México.

Hablar de ese deterioro es menos espectacular que, al estilo de Hollywood, imaginar la desaparición súbita de los glaciares, pero es un deterioro cierto que sí podemos revertir con acciones localizadas y específicas.

Ejemplo: El viernes pasado unos 30 manifestantes bloquearon durante más de una hora la lateral del anillo periférico enfrente de las instalaciones de Televisión Azteca (por supuesto, de acuerdo con las instrucciones de su jefe supremo, los policías auxiliaron a los manifestantes para que nadie estorbase su ¿actividad?) y el daño que provocaron fue totalmente desproporcionado respecto de la pertinencia de su protesta: Incrementaron sustancialmente la emisión de contaminantes en la zona, causaron pérdidas incalculables a la productividad y, desde luego, violaron el derecho de miles de personas al libre tránsito (aunque garantizar esa última nimiedad, ya nos dijo el Jefe de Gobierno, no está en su orden de trabajo).

¿Cuál es el remedio? Tal vez el gobierno de la ciudad podría emitir unos "bonos de carbono" para remediar los daños. O tal vez baste con que el Jefe de Gobierno intensifique sus paseos ciclistas. ¿Con eso basta?

Etiquetas: , , , , ,

jueves, 14 de junio de 2007

Su majestad, el automóvil, debe pagar

El desarrollo sostenible de la Ciudad de México requiere desalentar en serio el uso del automóvil e invertir cantidades multimillonarias en extender el Metro y mejorar de veras el transporte público.

El locutor que platicaba con Carlos Elizondo Mayer-Serra manifestó su asombro de que Carlos hubiese llegado a un concierto en Bellas Artes tomando el Metro. Lo asombroso, sin embargo, es que el locutor se asombrase de que una persona inteligente tomase la decisión más inteligente para llegar a su destino. El Metro, aun con su saturación y sus múltiples carencias de mantenimiento y seguridad, es un medio de transporte mucho más eficaz, rápido y limpio que el automóvil.

Lamentablemente, la extensión del Metro y su capacidad para transportar a los millones de usuarios potenciales están muy por debajo de las necesidades de la Ciudad de México. En el aciago gobierno de Andrés López Obrador el Metro no creció un solo centímetro; a cambio tuvimos obras caras, mal hechas, fastuosas y de relumbrón político para su majestad: el automóvil. Esa pésima decisión sólo agravó el problema.

Uno no necesita suscribir la dudosa hipótesis del calentamiento global para percatarse del inmenso daño que le ha hecho a la Ciudad de México la explosión automovilística. No se trata de un hipotético daño planetario sino de un grave daño específico, localizado y creciente: Los contaminantes que arrojamos a diario millones de automovilistas en la capital mexicana se quedan aquí, no dañan la selva amazónica ni ocasionan huracanes en el Golfo. Se quedan aquí y se traducen en enfermedades, en deterioro de la convivencia, en improductividad, en desperdicio de recursos públicos (calcúlese cuántos policías y recursos se dedican en la ciudad a facilitar, como sus comandantes les dan a entender, el tráfico de automóviles y camiones), en irritación y, sí, también en falta de competitividad.

El ejemplo de Carlos tomando el Metro es cien veces más honesto y realista que los paseos en bicicleta para tomarse la foto.

El gobierno de la Ciudad requiere invertir mucho más en extender la red del Metro y darle adecuado mantenimiento. Para ello debería cobrarnos a los automovilistas y destinar lo recaudado a sufragar esas multimillonarias inversiones en transporte público. Eso es lo que hacen los gobiernos de izquierda modernos. Lo demás es “posar para la foto”.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

domingo, 15 de abril de 2007

Predecir huracanes: ¿Tres días o 25 años?

¿Sabrá el presidente municipal de Coatzacoalcos predecir huracanes con mucho mayor precisión y alcance que los mejores científicos dedicados a la meteorología?

La etiqueta “cambio climático” aplicada generosamente a cualquier declaración, conjetura o suceso se ha convertido en receta infalible para fabricar “noticias”. Lo curioso es que el cambio climático no es ninguna novedad. El clima siempre ha cambiado, pero hoy día la frase “cambio climático” se descifra – en muchos medios de comunicación y en la imaginación de una parte del público- como equivalente a “calentamiento global”, lo cual a su vez significa “catástrofe causada por la irresponsable actividad humana cuyo motor es la avaricia”.

Esta mutación de significados ha convertido al asunto en una especie de religión apocalíptica que divide al mundo en creyentes fervorosos – aunque sea de palabra- y en despreciables escépticos, a quienes se supone movidos por la codicia y patrocinados por alguna petrolera que se dedica a destruir al planeta.

El domingo, un periódico mexicano (“Reforma”, la consulta en línea requiere suscripción) anunciaba “Modifica el clima a Coatzacoalcos” e informaba en voz del presidente municipal que se ha modificado el programa de desarrollo urbano de ese puerto “para hacer frente a los efectos del cambio climático”. El funcionario Iván Hillman Chapoy declaró según la nota: “Hemos ubicado las zonas por debajo de los cinco metros sobre el nivel medio del mar que han sido y serán impactadas con mayor fuerza por las precipitaciones y los huracanes”. La metodología – precisó- está prevista para 25 años.

Un poco más humilde, un científico – el profesor Francisco Valero, del Departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica de la Facultad de Físicas de la Universidad Complutense – explicaba en octubre de 2005, tras los huracanes Rita, Stan y Katrina, dos asuntos: 1. Que no hay ningún indicio razonable de que los huracanes dependan del cambio climático que pueda provocar el hombre y 2. Que se han hecho grandes avances en la predicción de la trayectoria de los huracanes: en los años 80 se podía predecir la trayectoria probable hasta con dos días de anticipación; hoy se puede predecir dicha trayectoria probable – no cierta, sino probable- hasta con tres días de anticipación…y la predicción puede fallar, como sucedió con la entrada a tierra del huracán Katrina.

El presidente municipal “cree” saber, el científico sabe lo que no sabe. Creer es más barato que saber.

Etiquetas: , , , , ,

viernes, 13 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (III)

Si en el verano del año pasado, 2006, usted hubiera emulado a Cristóbal Colón en su cuarto recorrido por “las Indias” – en el trayecto de Cuba a Honduras- usted habría disfrutado de un mar Caribe mucho más sereno que el terrorífico que enfrentó el genovés en 1502.

El DVD de “An inconvenient truth” fue lanzado al mercado el 21 de noviembre de 2006 por Paramount Pictures. En la presentación se asegura que en 2005 se vivió la peor temporada de tormentas tropicales “en América” (¿Estados Unidos?) de la historia – una flagrante mentira- y también se asegura que Al Gore actualizó su historia con los datos disponibles más recientes. Ese día ya había terminado la temporada de huracanes 2006 en el Caribe y en el Atlántico Norte – que va, oficialmente, de junio a noviembre- pero el señor Gore, sus asesores y su equipo de producción pasaron por alto un pequeño detalle: Actualizar su información sobre huracanes en particular y tormentas tropicales en general con los datos de 2006, ya conocidos para entonces.

¿Por qué este descuido? Tal vez porque resultaba altamente “inconveniente” para los propósitos propagandísticos de la película decir que en 2006 los sistemas tropicales (tormentas y huracanes) en el Golfo de México y en el Atlántico Norte fueron ¡70 por ciento menores a los del año anterior! Y estuvieron por debajo del promedio de sistemas tropicales registrados en la temporada de los años 1950 al 2000. En términos técnicos: “En este 2006 para la cuenca del Atlántico se alcanzó una Actividad Neta de Ciclones Tropicales del 85 por ciento respecto a (sic) la climatología”. ¿No habíamos quedado que año con año aumentaban los huracanes por causa del calentamiento global?, ¿no sustenta sus catastrofistas predicciones el señor Gore en la premisa de que el proceso de calentamiento es irreversible como irreversible se supone que es la acumulación de gases de invernadero en la atmósfera?

De hecho, a raíz de esa baja actividad ciclónica hoy la producción agrícola en el litoral del Golfo, como el sur de Tamaulipas, enfrenta la peor sequía en 20 años y hay quien pregunta con sarcasmo – ver el comentario de Ramón Mier aquí- si acaso el planeta ahora se está enfriando y es momento de salir a quemar llantas para que se incremente el calentamiento global y la superficie del mar se mantenga por encima de los 26 grados centígrados – mínimo requerido para la formación de un sistema tropical- y así salvar al campo de esta sequía.

Esta es otra de las verdades inconvenientes que Gore y los productores de la galardonada película ocultan: En 2006 sólo hubo cinco huracanes en la cuenca del Atlántico, ninguno memorable. Nada que ver con los 88 días de tormenta en 1502. ¿Alguien que no sea especialista recuerda los nombres de esos huracanes? (Ahí van, para los curiosos: Ernesto, categoría 1; Florence, categoría 1; Gordon, categoría 3; Helene, categoría 3 e Isaac, categoría 1. Éste, el último del 2006, fue del 27 de septiembre al 2 de octubre de 2006 y sus vientos máximos sólo llegaron a 140 kilómetros por hora. Un mes y 19 días después se estrenaba mundialmente la ficción “An Inconvenient Truth”).

Etiquetas: , , , , , ,

jueves, 12 de abril de 2007

No existe el clima ideal (o lo que Newsweek en español omitió hoy)

La revista Newsweek hizo una cobertura amplia sobre el asunto del cambio climático. En la edición en español - con fecha del 16 de abril- que empezó a circular hoy decidieron omitir un demoledor artículo de quien es una de las mayores autoridades científicas en el mundo en materia de meteorología y clima: Richard S. Lindzen. Es una lástima que los editores de Newsweek en español no hayan querido dar a sus lectores en español lo que los lectores de la edición internacional de Newsweek sí pueden leer. Ni modo.

Copio a continuación tres párrafos del artículo de Lindzen, profesor del MIT, y aquí esta el vínculo para leer, en inglés, el artículo completo.

A warmer climate could prove to be more beneficial than the one we have now. Much of the alarm over climate change is based on ignorance of what is normal for weather and climate. There is no evidence, for instance, that extreme weather events are increasing in any systematic way, according to scientists at the U.S. National Hurricane Center, the World Meteorological Organization and the Intergovernmental Panel on Climate Change (which released the second part of this year's report earlier this month). Indeed, meteorological theory holds that, outside the tropics, weather in a warming world should be less variable, which might be a good thing.

In many other respects, the ill effects of warming are overblown. Sea levels, for example, have been increasing since the end of the last ice age. When you look at recent centuries in perspective, ignoring short-term fluctuations, the rate of sea-level rise has been relatively uniform (less than a couple of millimeters a year). There's even some evidence that the rate was higher in the first half of the twentieth century than in the second half. Overall, the risk of sea-level rise from global warming is less at almost any given location than that from other causes, such as tectonic motions of the earth's surface.

Many of the most alarming studies rely on long-range predictions using inherently untrustworthy climate models, similar to those that cannot accurately forecast the weather a week from now. Interpretations of these studies rarely consider that the impact of carbon on temperature goes down —not up— the more carbon accumulates in the atmosphere. Even if emissions were the sole cause of the recent temperature rise —a dubious proposition— future increases wouldn't be as steep as the climb in emissions.

Etiquetas: , ,

miércoles, 11 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (II)

Además de haber elegido un pésimo ejemplo para sustentar su embuste – el huracán Katrina-, la presunción de Gore de que el calentamiento global por emisiones de CO2 ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes hace agua por todos lados.

En términos de intensidad, profundidad en el océano, precipitación pluvial, velocidad de los vientos y duración el huracán Katrina no fue memorable. Al tocar tierra su intensidad era de apenas tres – en una escala que llega hasta cinco- y si causó tantas pérdidas humanas y materiales fue por el pésimo estado en que se encontraban los diques que presuntamente protegían a Nueva Orleáns de los embates del mar.

Irónicamente, como señaló con agudeza el brillante economista catalán, catedrático de la Universidad de Columbia, Xavier Sala-i-Martín – en un estupendo artículo- “hacia años que los científicos estaban avisando al gobierno de que cualquier huracán que pasara por encima de los viejos diques podría romperlos y causar una catástrofe. Digo que es una ironía porque ¿adivinan quién era el vicepresidente del gobierno que decidió ignorar esos consejos y no reparar los diques? La respuesta, señor Gore, sí es una verdad incómoda”.

Además de elegir un pésimo ejemplo Gore presume un cambio significativo en la tendencia de largo plazo de los huracanes partiendo de una serie histórica por demás escuálida – diez años a lo sumo- que, como sabe cualquier estudiante de métodos estadísticos, es inaceptable para establecer tendencias y pronósticos cuando estamos hablando de un fenómeno que se ha repetido hace millones de años.

La base de datos más amplia sobre huracanes que existe en el mundo la posee el Centro Nacional de Huracanes de Florida y empieza, apenas, en 1886, pero el propio Centro advierte a cualquier investigador que sólo a partir de 1944 – cuando empezaron a usarse aviones para estudiar los huracanes- esa serie histórica podría ser confiable y, aún así, recomienda extrema cautela con los datos de 1944 a 1969 que tienen un sesgo estadístico – sobrestimación- considerable. (Sobre estas advertencias, ver aquí).

No terminan ahí las falsedades de los profetas de la catástrofe climática; hay más, seguiré mañana.

Etiquetas: , , , , , , , ,

martes, 10 de abril de 2007

El cuarto viaje de Colón y el cambio climático (I)

Una de las mentiras más gruesas – y más comunes- respecto del cambio climático es la que asegura que por el calentamiento ocasionado por la quema de combustibles fósiles ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes.

“La lluvia, los truenos, los relámpagos no cesaban y aquello parecía el fin del mundo…Esta intolerable tormenta duró 88 días” y sigue una colorida descripción del Almirante Cristóbal Colón acerca del temporal que sufrió en su cuarto viaje a “las Indias”, en el Mar Caribe, entre Cuba y Honduras, en el verano de 1502: “Toda la tripulación estaba enferma y todos se arrepentían de sus pecados y se volvían hacia Dios. Cada uno hacia votos y promesas de hacerse peregrino si era salvado de la muerte y, con gran frecuencia, los hombres iban tan lejos como para confesarse unos a otros sus pecados. Habíamos experimentado otras tormentas pero ninguna tan terrible. Muchos de los que teníamos por hombres valientes se vieron reducidos al terror en más de una ocasión”. (Citado por Hugh Thomas en Rivers of Gold, The Rise of the Spanish Empire, from Columbus to Magellan, Random House, Trade Paperbacks, New York, 2005, página 219).

Sin duda, Colón y su tripulación sufrieron el embate de un ciclón tropical, o de varios continuos, conocidos en el Caribe y en el Atlántico Norte como “huracanes”. Un huracán de lento desplazamiento – menos de 16 kilómetros por hora- dada la intensidad de las lluvias y su extraordinaria duración. (2). Por supuesto, un huracán que no tuvo nombre ni número, que no está registrado ni estudiado por los meteorólogos. Llegados a tierra firme, en lo que hoy es Honduras, Colón y sus hombres se enterarían de que a esos fenómenos aterrorizantes se les llamaba con el mismo nombre que al dios que los mayas atribuían la creación del mundo: “Huracán”, como se le dice en el Popol-Vuh.

En su galardonada película, “Una verdad incómoda”, el político Al Gore asegura que el calentamiento global por las emisiones de CO2 ha aumentado la intensidad y la frecuencia de los huracanes y ejemplifica con los daños que causó en Nueva Orleáns el ciclón Katrina.

Es una mentira colosal.

Baste señalar que el propio informe del Panel de Científico sobre Cambio Climático (panel conocido como IPCC) de la ONU, dice textualmente, en su página 6, que “los datos no permiten ver tendencias a largo plazo, ni en la intensidad ni en la frecuencia de los huracanes”. (3).

Pero la mentira de Gore es aún más grande como mostraré mañana.

Etiquetas: , , , , ,

lunes, 9 de abril de 2007

El cambio climático y la incertidumbre

Lo primero que debemos definir acerca del cambio climático en el planeta es lo que sí sabemos y lo que no sabemos. A partir de ahí, podremos desdramatizar un debate que se ha llenado de mitos y de moralina hipócrita.

La primera certeza que tenemos acerca del clima es que cambia sin cesar. El cambio no es de hoy. Es de siempre. El planeta forma parte de un sistema solar dinámico que a la vez está dentro de una galaxia igualmente dinámica en un cosmos que cambia cada instante.
La pregunta “reciente” es: ¿La actividad humana puede modificar el clima? Desde luego que sí. Ejemplo: El hombre es capaz de hacer inhabitable por décadas una extensa región debido a la radiación producida por una explosión nuclear.
Siguiente pregunta: ¿Es la actividad humana el factor más importante que genera los cambios de clima en el planeta? La respuesta es NO. Ni en el pasado, ni a la fecha, ni en el futuro de esta generación – los próximos cien años- la actividad del hombre podrá emular siquiera los efectos en el clima de un incremento o una disminución de explosiones en la superficie del sol, eventos “normales” en la actividad solar que todavía no somos capaces de predecir con exactitud.
El día que el hombre sea capaz de modificar a voluntad el clima de todo el planeta estaremos vendiendo y comprando condominios de lujo y tierras para cultivo en el círculo ártico.
Es un hecho que el hombre destruye ecosistemas. Y debe evitarse que lo siga haciendo. Es muy probable que la quema de combustibles fósiles tenga un efecto perturbador, y nocivo, en el clima. Pero no sabemos la magnitud de ese efecto, y aún es un juego de imaginación – alimentado por modelos de simulación matemática que parten de conjeturas, no de certezas- calcular dichos efectos.
Sabemos que un día el sol se extinguirá – como sucede con todas las estrellas- pero no sabemos si antes de ese evento habrá explosiones en su superficie que eleven la temperatura del planeta a magnitudes insufribles para el ser humano.
Les deseo todo el éxito a quienes, llenos de buenas intenciones, intercambian bonos de carbono para “salvar al planeta” y ganar un dinerito, pero cuando esto se acabe no habrá bonos que sirvan. Vivimos literalmente de milagro. Un poco de humildad, ése es el principio del conocimiento.

REFERENCIAS EN LA RED A VISIONES "POLÍTICAMENTE INCORRECTAS" SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL:

1. Un artículo general y breve pero bien documentado.
2. Y si, a pesar de todo, tuvieran razón los profetas del calentamiento global, ¿qué hacer?
3. Por qué es un cuento que el calentamiento global provocará la aparición de enfermedades tropicales en países del hemisferio norte.

4. Otro artículo desmitificador, de Asuntos Capitales.

5. El Informe Independiente para "Policiymakers" de acuerdo con los resultados científicos del IPCC, Fraser Institute. NO SE LO PIERDAN

6. El testimonio de Richard S. Lindzen, meteorólogo del MIT , miembro del panel de científicos del IPCC, ante el Senado de Estados Unidos el 2 de mayo de 2001 o de cómo la burocracia de la ONU falsifica los auténticos resultados del panel de científicos.

Etiquetas: , , , , ,