sábado, 21 de junio de 2008

Querían espectáculo, fabricaron una tragedia

¿El objetivo de los “operativos” policíacos es proteger a los ciudadanos o armar un espectáculo para salir en los medios?, ¿querían dar “la nota”? Lo lograron. Murieron doce personas, entre ellas siete menores de edad.

La tragedia del viernes pasado – doce muertos por aplastamiento y asfixia durante un “operativo” policíaco en un negocio infame en el que se vendían bebidas alcohólicas y tal vez drogas a menores de edad- nos arroja a la cara el cúmulo de estupideces que estamos cometiendo o solapando.

Corrupción, mentiras, padres cómplices, pillos protegidos por burócratas venales, autoridades ávidas de protagonismo, medios que se solazan en el escándalo.

Empecemos por lo obvio: ¿La mejor forma de evitar que los menores consuman alcohol y drogas son los “operativos” con decenas de policías armados hasta los dientes y alardeando del poder de sus cascos, garrotes, rifles, pistolas, granadas y demás?, ¿se trataba de proteger la salud física y emocional de los menores o de ofrecer un espectáculo de fuerza?

Si las “autoridades” sabían que en ese sitio se cometían ilícitos, ¿no era más inteligente documentar los delitos y después, ya sin la presencia de cientos de menores en el infame local, proceder a detener al dueño y a los demás responsables y clausurar para siempre el sitio?, ¿se trataba de cegar la fuente del daño o de dar un espectáculo de rentabilidad política?

El uso hasta la saciedad de la palabrita “operativo” como sustantivo (cuando en realidad es un adjetivo) revela ese enfoque de las tareas de “seguridad pública” como espectáculo provechoso para los fines electoreros de los gobiernos. Un añadido innecesario – “preparado para ser utilizado o entrar en acción” define el diccionario - se vuelve la sustancia: ¿preparados para entrar al sitio tirando de balazos y profiriendo amenazas a diestra y siniestra?

Y sucede lo mismo si los policías tienen que decomisar mercancías falsificadas o desalojar vendedores ambulantes o resguardar a una eminencia política: Hay que hacerlo con alarde, ostentando toda la parafernalia de la violencia; infundiendo terror audiovisual.

¿Para qué? Para que se note quién manda aquí, para desquitarse de tanto fracaso contra la delincuencia mayor y, también, claro, para salir en los medios: “Jefe, ya tenemos localizado el sitio donde se comete tal delito, ¿qué hacemos ahora?” Y el jefe responde: “Pues un operativo, ¡idiota!, pero no empiecen hasta que lleguen los de la televisión”.

Etiquetas: , , , , , , , ,

martes, 20 de mayo de 2008

Einstein y el ministerio público

Mientras esperaba en la agencia del ministerio público para denunciar un delito no muy relevante – el robo sin violencia de una computadora- el planeta tierra se desplazó alrededor de su eje más de diez mil kilómetros y giró alrededor del sol unos 864,000 kilómetros. En términos usuales para medir el tiempo: el trámite dilató poco más de ocho horas.

No todo es fumar ni criticar al prójimo, tengo algún hábito saludable, creo, como el de llevar a todas partes un libro. Eso me salvó durante la tarde y buena parte de la noche del viernes pasado de caer en la desesperación o de abandonar mi deber ciudadano.

Llegué a la agencia del ministerio publico, para denunciar el robo de una computadora portátil de una oficina, poco antes de las cinco de la tarde del viernes y salí – casi pletórico de felicidad al ver concluido un trámite que llegó a parecerme más difícil que conquistar la cumbre del Everest sin oxígeno suplementario – poco antes de las dos de la mañana del sábado.



Albert Einstein – o más bien un librito sobre Einstein escrito por Lincoln Barnett en 1948 – ahuyentó de mi atribulada imaginación las suposiciones atroces de que acabaría encarcelado por presunta falsedad de declaraciones o por algún motivo digno de figurar en "El proceso" de Franz Kafka (sí, soy algo paranoico).

No me quejo. Entre otras cosas, releí el librito de Barnett – buenísimo para quienes no somos doctos en física - de 104 paginas de apretada tipografía ("El universo y el doctor Einstein", breviarios del Fondo de Cultura Económica), y entendí un poquito más de las teorías especial y general de la relatividad. No está mal a cambio de ocho horas.

Durante ese tiempo pude haber cruzado el océano Atlántico cómodamente sentado en un avión y aterrizar en Madrid. Durante ese tiempo la tierra siguió girando sobre su eje imaginario a una velocidad de 1,600 kilómetros por hora y se desplazó alrededor del sol a una velocidad de 30 kilómetros por segundo, mientras todo el sistema solar se movía dentro de la Vía Láctea a unos 300 kilómetros por segundo y la propia Vía Láctea se alejó de las remotas galaxias externas a una velocidad de 160 kilómetros por segundo. Ni siquiera me causó vértigo tanto meneo.

¿Ocho horas? Bueno, todo es relativo al observador y a su convencional sistema de medición.

Etiquetas: , , , , , ,