miércoles, 23 de julio de 2008

Temeridad y exceso de liquidez

De una manera simplista se dice que condiciones monetarias laxas, que generan un exceso de liquidez en los mercados, alimentan el optimismo. Error: No es el optimismo el que crece, sino la temeridad inconsciente y la mala asignación de recursos.


¿El exceso de liquidez disminuye la aversión al riesgo? No exactamente, el exceso de liquidez distorsiona la percepción de los riesgos. Nuestra aversión a sufrir pérdidas permanece más o menos constante a lo largo de la historia, lo que cambia con el dinero fácil – generalmente auspiciado por bancos centrales puestos al servicio de la política, o por gobiernos irresponsables- es nuestra percepción de lo que es riesgoso y de lo que no lo es. Y cambia, desde luego, para mal.

Así, nos volvemos temerarios sin saber siquiera que lo estamos siendo.

Por eso, dos condiciones imprescindibles para el ideal funcionamiento de un sistema democrático es que las políticas monetaria y fiscal sean inmunes a las solicitaciones de la política electoral. He dicho "ideal" porque salta a la vista que muy pocos países, si acaso alguno, disfrutan de instituciones monetarias y fiscales totalmente ajenas a las presiones de los políticos.

Si nos vamos al extremo contrario al "ideal" tenemos a la mano varios ejemplos de cómo gobiernos venales promueven deliberadamente percepciones distorsionadas mediante el mal uso de los recursos públicos.

Un caso particularmente indignante es el montaje que ha hecho el gobierno del Distrito Federal para satisfacer el capricho de algún aspirante a dictador con la mal llamada "consulta energética". Estas aberraciones – desperdiciar los recursos públicos para engañar a la sociedad y rendirle pleitesía a un farsante- sólo son posibles cuando la política fiscal – en este caso, el uso del presupuesto del gobierno de la ciudad de México- se ha pervertido de raíz.

Alejándonos de ese ejemplo aldeano (que sólo merece atención por el monumental cinismo de quienes ejecutan y promueven la farsa) pensemos en la multitud de percepciones distorsionadas que ocasiona la política monetaria relajada que ha llevado a cabo la Reserva Federal de Estados Unidos desde 2001. Tales percepciones falsas – esquemáticamente: "no ver el riesgo escondido tras la falsa abundancia de un exceso de liquidez"- condujeron a cientos de decisiones erróneas, temeridades inconscientes que hoy está pagando la economía mundial. Las malas políticas fiscales y monetarias tienden, así, a privatizar los beneficios y socializar los daños.

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lunes, 21 de julio de 2008

Descripción precisa de un “operativo”

Cuando la sociedad adopta sin empacho el pésimo lenguaje de los policías o, aún peor, la jerga de los delincuentes, estamos en serios problemas.


¿Por qué hemos adoptado con tanta naturalidad el lenguaje sórdido y equívoco de policías y delincuentes?

Si a una brutal redada de la policía le llamamos “operativo”, significa que lo anómalo – la constante convivencia con la inseguridad pública- se ha convertido en algo tan cotidiano que aceptamos que nuestros profesores de semántica sean los gendarmes semianalfabetos, sus jefes más o menos atrabiliarios o hasta los mandamases de la delincuencia que han hecho del salvajismo un modo de vida. Hay periódicos que describen con el inocente verbo “levantar” el crimen atroz de secuestrar seres humanos, adoptando un barato eufemismo, inventado por los delincuentes para trivializar sus crímenes.

En estas cavilaciones andaba cuando releí un párrafo de Jorge Ibargüengoitia en su novela “Maten al león” (1969) que resume lo esencial de eso que hoy se llama “operativo” policial y que sólo es una sórdida redada realizada por gendarmes prepotentes y corruptos. Lo copio:

“La toma de la casa de doña Faustina, la de San Cristóbal número 3, el burdel más caro de Puerto Alegre formará, en adelante, parte de la mitología arepana. Los policías entraron por la puerta principal, por la lateral, por la trasera, y por las ventanas del segundo piso, usando la escalera de los bomberos. Juntaron a veinte putas histéricas en la sala morisca, les metieron mano, y les quitaron el dinero que habían ganado con tanto trabajo, aquella noche de quincena; después las metieron en el furgón de los presos, y las hicieron pasar la noche en chirona, en donde tres de ellas pescaron resfriado, y un sargento carcelero, gonorrea. Los clientes (…) fueron fichados, extorsionados y puestos en libertad. De nada sirvió que doña Faustina, la dueña, amenazara al coronel Jiménez con hablarle por teléfono al Mariscal”.


Podemos conjeturar, no lo contó Ibargüengoitia, que al día siguiente la prensa oficialista de la imaginaria isla de Arepa consignaría: “Realiza policía local exitoso operativo en casa de mala nota; detienen a sexo servidoras”.

Lo que sí contó Ibargüengoitia es que en realidad lo que los gendarmes tenían instrucciones de buscar (¿o “sembrar”?) en el burdel era un sombrero del candidato de la oposición, recién asesinado, para desprestigiarlo en forma póstuma.

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sábado, 21 de junio de 2008

Querían espectáculo, fabricaron una tragedia

¿El objetivo de los “operativos” policíacos es proteger a los ciudadanos o armar un espectáculo para salir en los medios?, ¿querían dar “la nota”? Lo lograron. Murieron doce personas, entre ellas siete menores de edad.

La tragedia del viernes pasado – doce muertos por aplastamiento y asfixia durante un “operativo” policíaco en un negocio infame en el que se vendían bebidas alcohólicas y tal vez drogas a menores de edad- nos arroja a la cara el cúmulo de estupideces que estamos cometiendo o solapando.

Corrupción, mentiras, padres cómplices, pillos protegidos por burócratas venales, autoridades ávidas de protagonismo, medios que se solazan en el escándalo.

Empecemos por lo obvio: ¿La mejor forma de evitar que los menores consuman alcohol y drogas son los “operativos” con decenas de policías armados hasta los dientes y alardeando del poder de sus cascos, garrotes, rifles, pistolas, granadas y demás?, ¿se trataba de proteger la salud física y emocional de los menores o de ofrecer un espectáculo de fuerza?

Si las “autoridades” sabían que en ese sitio se cometían ilícitos, ¿no era más inteligente documentar los delitos y después, ya sin la presencia de cientos de menores en el infame local, proceder a detener al dueño y a los demás responsables y clausurar para siempre el sitio?, ¿se trataba de cegar la fuente del daño o de dar un espectáculo de rentabilidad política?

El uso hasta la saciedad de la palabrita “operativo” como sustantivo (cuando en realidad es un adjetivo) revela ese enfoque de las tareas de “seguridad pública” como espectáculo provechoso para los fines electoreros de los gobiernos. Un añadido innecesario – “preparado para ser utilizado o entrar en acción” define el diccionario - se vuelve la sustancia: ¿preparados para entrar al sitio tirando de balazos y profiriendo amenazas a diestra y siniestra?

Y sucede lo mismo si los policías tienen que decomisar mercancías falsificadas o desalojar vendedores ambulantes o resguardar a una eminencia política: Hay que hacerlo con alarde, ostentando toda la parafernalia de la violencia; infundiendo terror audiovisual.

¿Para qué? Para que se note quién manda aquí, para desquitarse de tanto fracaso contra la delincuencia mayor y, también, claro, para salir en los medios: “Jefe, ya tenemos localizado el sitio donde se comete tal delito, ¿qué hacemos ahora?” Y el jefe responde: “Pues un operativo, ¡idiota!, pero no empiecen hasta que lleguen los de la televisión”.

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sábado, 31 de mayo de 2008

¿Una vida sana?

¿Cómo es que la "vida sana" de un adicto al gimnasio y ciclista de fin de semana esconde peligrosas psicosis?


El culto al cuerpo es uno de los grandes mandamientos que siguen esos personajes masculinos, relativamente jóvenes, que habitan en las ciudades y que algún ingenioso bautizó como "metro sexuales" (atención: no confundir con los despreciables "machos" que incordian a las mujeres en el Metro) para mejor venderles todo tipo de aditamentos y artilugios caros que son eficacísimos, dicen, para conservarse "por siempre jóvenes y en forma".

El ciclismo de fin de semana ha causado furor entre algunos de estos personajes, al menos en la ciudad de México donde les ayuda la elogiable complacencia de unas autoridades que se sienten el "no va más" de la modernidad europea por ir un día al mes en bicicleta a sus despachos.

El domingo 25 de mayo, a las 12 horas aproximadamente, uno de estos esforzados de fin de semana con bicicleta de lujo y atuendo de campeón olímpico pedaleaba febril en la avenida Insurgentes – de sur a norte, a la altura de la colonia Florida – justo en medio del carril que se supone exclusivísimo para que circulen los largos autobuses del transporte público bautizado como "Metrobús". El conductor del autobús, en el que viajábamos algunos perezosos ciudadanos que no queríamos o no podíamos imitar al anónimo campeón de las pistas, incurrió en la "insolencia" de tocar la bocina del vehículo para indicarle al atlético de fin de semana que estaba impidiendo el paso del transporte público. ¡Jamás lo hubiese hecho!, el prospecto de Apolo urbano se transformó en un energúmeno, gritó insultos, hizo señas obscenas y esperó el paso del autobús, en la siguiente esquina, para arrojarnos furioso alguna piedra o botella que recogió del suelo, con la suficiente fuerza y puntería como para estrellar el cristal de la ventanilla lateral del conductor (éste, sorprendentemente, conservó la calma y el control del vehículo eludiendo la provocación del metro-sexual furibundo).

Ojalá ese psicópata renunciase a tan saludables hábitos dominicales y, a imitación de sus ancestros, dedicase su ocio a ver el futbol, apoltronado frente al televisor, tomando una cerveza tras otra y comiendo antojitos pletóricos de grasas y carbohidratos, fumando como chimenea y fastidiando a su mujercita o a su mamacita. Digo, eso sería más sano…para quienes andan en las calles.

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martes, 20 de mayo de 2008

Einstein y el ministerio público

Mientras esperaba en la agencia del ministerio público para denunciar un delito no muy relevante – el robo sin violencia de una computadora- el planeta tierra se desplazó alrededor de su eje más de diez mil kilómetros y giró alrededor del sol unos 864,000 kilómetros. En términos usuales para medir el tiempo: el trámite dilató poco más de ocho horas.

No todo es fumar ni criticar al prójimo, tengo algún hábito saludable, creo, como el de llevar a todas partes un libro. Eso me salvó durante la tarde y buena parte de la noche del viernes pasado de caer en la desesperación o de abandonar mi deber ciudadano.

Llegué a la agencia del ministerio publico, para denunciar el robo de una computadora portátil de una oficina, poco antes de las cinco de la tarde del viernes y salí – casi pletórico de felicidad al ver concluido un trámite que llegó a parecerme más difícil que conquistar la cumbre del Everest sin oxígeno suplementario – poco antes de las dos de la mañana del sábado.



Albert Einstein – o más bien un librito sobre Einstein escrito por Lincoln Barnett en 1948 – ahuyentó de mi atribulada imaginación las suposiciones atroces de que acabaría encarcelado por presunta falsedad de declaraciones o por algún motivo digno de figurar en "El proceso" de Franz Kafka (sí, soy algo paranoico).

No me quejo. Entre otras cosas, releí el librito de Barnett – buenísimo para quienes no somos doctos en física - de 104 paginas de apretada tipografía ("El universo y el doctor Einstein", breviarios del Fondo de Cultura Económica), y entendí un poquito más de las teorías especial y general de la relatividad. No está mal a cambio de ocho horas.

Durante ese tiempo pude haber cruzado el océano Atlántico cómodamente sentado en un avión y aterrizar en Madrid. Durante ese tiempo la tierra siguió girando sobre su eje imaginario a una velocidad de 1,600 kilómetros por hora y se desplazó alrededor del sol a una velocidad de 30 kilómetros por segundo, mientras todo el sistema solar se movía dentro de la Vía Láctea a unos 300 kilómetros por segundo y la propia Vía Láctea se alejó de las remotas galaxias externas a una velocidad de 160 kilómetros por segundo. Ni siquiera me causó vértigo tanto meneo.

¿Ocho horas? Bueno, todo es relativo al observador y a su convencional sistema de medición.

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martes, 29 de enero de 2008

Unos financieros muy "creativos"

Antes de incrementar el impuesto predial en la ciudad de México, el gobierno local debería dar una explicación lógica y creíble sobre la notoria caída en la recaudación de ese gravamen durante el año pasado respecto de la recaudación durante 2006.

El lunes 28 de enero la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal difundió un comunicado de prensa cuyo encabezado, cito textual, dice: "Desarrolladores Inmoviliarios se pronuncian sobre el predial 2008" (así como se lee: "inmoviliarios"). (Actualización importante hecha el miércoles 30 a las 13 horas: Ya corrigeron el horror ortográfico en su página de la internet; pero conservo una copia por si acaso dicen que miento).

Tal vez se trata de otra muestra de creatividad, como la de incrementar desproporcionadamente la tasa del impuesto predial en 2008, sin siquiera haber logrado explicar por qué se les cayó tanto la recaudación de ese impuesto durante 2007.

Las causas de la caída en la recaudación del impuesto predial – que al tercer trimestre de 2007 era de menos 5.3 por ciento real respecto del mismo periodo de 2006 y de menos 8.2 por ciento respecto de lo programado- permanecen ignotas. El cuadro donde se da cuenta de dicho retroceso (página 25 del Informe de Avance de Trimestral) ofrece como "explicación de las variaciones" un comentario acerca de que las acciones de fiscalización permitieron que la caída – al tercer trimestre- fuese hasta un punto porcentual menor a la registrada al cierre del segundo trimestre. Perdón, pero eso no explica absolutamente nada de la caída anual en la recaudación. Y los dos informes anteriores de 2007 tampoco explican esa variación.

¿Habrá alguna conjetura razonable para ese comportamiento atípico, en un año en el que aumentó notoriamente el número de propiedades sujetas a dicho gravamen y en el que dicho impuesto se cobró bajo las mismas bases catastrales y tasas que en 2006?

Se me ocurren, al vuelo, dos hipótesis: 1. Las cifras de recaudación de 2006 son falsas y por alguna razón inconfensable fueron infladas. 2. La nueva administración, que se inició en diciembre de 2006, resultó de una gran incompetencia para recaudar ese gravamen específico, pero curiosamente no fue incompetente para recaudar otros.

Podría seguir ideando ocurrencias para explicar esas variaciones sorprendentes dado que quien debería dar una explicación clara, suficiente, lógica y pública (y de preferencia sin faltas de ortografìa) no lo ha hecho. ¿Es mucho pedir que, antes de aumentar los impuestos, rindan cuentas acerca de sus propias cuentas?

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miércoles, 19 de diciembre de 2007

“Súbanse a la banqueta”

La versión de que el gobierno de la ciudad de México ha creado “espacios públicos” para la convivencia armónica es pura propaganda que difunden los funcionarios del mismo gobierno. Lo que han propiciado son “espacios de promoción” para la candidatura de su jefe.

Hoy el centro de la ciudad de México es menos repulsivo de lo que era hace 15 meses. Andrés López y sus hordas lo habían convertido en una especie de riñón enfermo de una patria enferma, en el cual convergían todo tipo de excrecencias. Ha dejado de ser un tugurio, pero aún no es un verdadero espacio público de convivencia civilizada.

Tomemos el caso del desalojo de los vendedores ambulantes de las calles de Moneda, Correo Mayor y Corregidora efectuado el pasado 12 de octubre. A más de dos meses de distancia, los ambulantes, otrora intocables y protegidos por el gobierno local, no han vuelto y eso es una magnífica noticia; pero todavía no puede hablarse de que la vida en esas calles sea normal. Parecería que ahora las autoridades deberán enseñarle a los habituales de la zona para qué sirven las banquetas. Hace unos días el tripulante de una patrulla policíaca que trataba de avanzar por Correo Mayor hubo de recurrir al odioso altavoz para reconvenir a los despreocupados paseantes que invadían parsimoniosamente la calle: “¡Ya les quitamos a los ambulantes; caminen por las banquetas, no por el arroyo!”.

Más allá de la anécdota, la actitud de estos peatones habituales del centro refleja el escepticismo de que vaya a ser duradero el desalojo de los vendedores, pero también revela un arraigado desprecio hacia las reglas de la convivencia.

Otro ejemplo: La pista de hielo que ocupa gran parte de la plaza central ha impedido que se lleve a cabo la ceremonia diaria durante la cual miembros del ejército arrían (el verbo “arriar” se conjuga como el verbo “enviar”), la bandera nacional; en su lugar ha convocado a decenas de miles de visitantes que, a cambio de intentar patinar sobre el hielo unos 40 minutos, esperan deambulando por la plaza de seis a ocho horas en promedio. Decir que ése es un nuevo espacio de “convivencia armónica”, como si fuese una idílica plaza europea, es pura propaganda, toda vez que el flujo de gente es asfixiante y ha desquiciado la circulación a pie por la misma plaza.

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lunes, 26 de noviembre de 2007

Los desafíos del calentamiento local

En lugar de usar el calentamiento global como un cómodo pretexto, deberíamos combatir todo lo que genera mayor calentamiento local en nuestras ciudades, por ejemplo: las políticas públicas que premian la proliferación de autos-chatarra.


Hace unos días el ecologista Björn Lomborg describió de manera accesible – para nosotros, los neófitos- el fenómeno de las "ciudades horno" o del calentamiento local en las grandes concentraciones urbanas, donde el asfalto, el concreto y las construcciones que incrementan la temperatura le ganan terreno, día a día, a parques arbolados y otros espacios que refrescan y oxigenan el ambiente.

Lomborg mencionó, entre otros casos, el de la ciudad de Houston que en los últimos doce años creció 20% (unos 300 mil habitantes) y, como consecuencia, ha incrementado su temperatura nocturna 0.8 grados centígrados en el mismo periodo, lo que significaría un aumento impresionante de siete grados en un siglo (para leer el artículo de Lomborg, ver, entre otros, el periódico colombiano "El Tiempo" del 19 de noviembre).

Si eso sucede en una ciudad del tamaño de Houston, el lector podrá imaginar que el grado de calentamiento y la velocidad a la que se incrementa la temperatura son mucho más graves aún en la ciudad de México. Y uno de los principales responsables es todo el asfalto que hemos sembrado para servicio de "su majestad, el automóvil".

Por eso resulta criminal que sigamos teniendo políticas públicas tales como el contraproducente programa "Hoy no circula", la libre importación de automóviles usados sin verificaciones ambientales previas y el impuesto a la tenencia de vehículos, que premian e incentivan la proliferación de chatarra automovilística, incrementando las temperaturas y deteriorando el ambiente.

Un ejemplo: El viernes 16 de noviembre la ciudad de México padeció los usuales embotellamientos de tráfico típicos del último día laborable previo a un "puente"; la lentitud exasperante de la circulación en varias arterias, y la consecuente contaminación, se agravaron exponencialmente por las descomposturas de automóviles chatarra (y por los frecuentes accidentes causados por ellos). Autos de esos que fácilmente se regularizan en estados como Michoacán, de esos que pagan una tenencia ridícula, de esos que proliferan – como auto "comodín"- cuando se restringe la circulación mediante programas como el "Hoy no circula" y de esos que el gobierno de la ciudad de México permite circular sin seguro de daños a terceros por puro desplante demagógico.

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sábado, 13 de octubre de 2007

Perímetros y otras barbaridades

¿Qué hacen estos personajes cuando comen?, ¿depositan los alimentos en el perímetro de sus boquitas?, ¿disfrutan el perímetro de una tortilla? ¿Duermen en el perímetro de sus habitaciones?, ¿se suenan las narices con el perímetro de sus pañuelos?

Me cuentan, no pude verlo, que el viernes fue una maravilla en varias calles del centro de la ciudad de México, como Correo Mayor, Corregidora, Moneda. Hasta antes de este desalojo rodear a pie el Palacio Nacional – por esas tres calles- tomaba 45 minutos de arriesgada aventura entre empujones, sudores, mentadas de madre e insistentes reclamos mercantiles. Si el milagro del tránsito libre aún persiste el 15 de febrero, el señor Marcelo Ebrard merecerá un sobrio elogio.

Alrededor de esta noticia (en su perímetro) locutores, periodistas y redactores se regocijaron repitiendo un arraigado barbarismo: Anunciaron que del perímetro del centro histórico de la ciudad habían sido desalojados los vendedores ambulantes; los más sesudos nos ofrecieron más señas: el desalojo fue en el perímetro A. No tienen remedio, su desprecio por el lenguaje es abrumador; su incultura es omnímoda; su desparpajo para repetir disparates, inconmovible. Con decir que hasta un colega que antaño fue redactor de enciclopedias escribió, él también, ese despropósito que significaría nada menos que el centro de la ciudad no es tal, sino puro perímetro ¿rodeando qué?, ¿la punta del asta bandera en la plaza principal?

El colmo fue este titular secundario en una nota de la edición en línea del periódico “Reforma” – viernes 12 de octubre, 16:30 horas- que proclamaba:
“El Gobierno del DF señaló que vigilará la periferia del perímetro A del Centro, para evitar que se dé el llamado ‘efecto cucaracha’”

¿Cómo es el contorno de un contorno?, ¿el límite de un límite?, ¿los alrededores de un alrededor?, ¿las orillas de una orilla?, ¿la periferia de un perímetro? Sospecho que los vigilantes pasarán muchos apuros para cumplir su misión…

Bueno, tal vez todo esto sólo sea otra manifestación de que “México es diferente”. Aquí, por razones que se resisten a ser razonables, todo es perímetro, alrededor, periferia, orillas, límite.

Tal vez por eso México es un país extasiado en la contemplación del propio ombligo: Un centro inexistente, un punto que es puro perímetro rodeado de periferia, un centro ignoto, pero imaginado, donde se acumulan excrecencias en las que nos extasiamos

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miércoles, 10 de octubre de 2007

¿Le gustaría que el gobierno cumpliera con su deber?

Uno de los signos más claros de que un gobierno está fallando miserablemente es que recurra a las encuestas para ver si, acaso, a los ciudadanos les complacería que el propio gobierno cumpliera con la ley y garantizase los derechos imprescriptibles de los ciudadanos. Patético.

Como una persona que desarrolla parte de sus actividades productivas en el llamado "centro histórico" de la ciudad de México respondí ayer una encuesta de la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno local, en la que se hacen diversas preguntas acerca de la conveniencia o no de retirar a los vendedores ambulantes que se han adueñado de calles, banquetas y otros espacios públicos de esa zona de la ciudad.

De entrada, y así lo comenté en mi respuesta por escrito a la encuesta, me parece lamentable que un gobierno – el que sea- tenga que recurrir a sondeos de opinión (quién sabe cuán rigurosos o cuán manipulados) para saber si debe o no cumplir con sus obligaciones elementales.

Por si esto fuese poco, hay preguntas específicas en el cuestionario – que se responde por correo electrónico a una dirección no-oficial del gobierno capitalino que es: pmchdf@yahoo.com.mx – que resultaría inconcebible que una autoridad legítima y democrática formulase en una sociedad civilizada, como la siguiente: "¿Cuál sería la sanción que usted aplicaría a las personas que comercien en la vía pública dentro del Centro Histórico?". No, no se trata de lo que a mí o a Juan o a Mónica les gustaría, sino de lo que dice la Ley, con mayúscula, empezando por la Constitución: Nadie puede obstruir el libre tránsito de los demás, nadie puede apropiarse de espacios públicos. Ojo, el delito en sí NO es comerciar, sino obstruir derechos de los demás y apropiarse de lo que NO les pertenece. Libertad y derechos de propiedad, ¿hasta cuándo entenderán los gobiernos que de eso se trata? No me pregunten si me gustaría que se aplicase la ley así o asado, ¡aplíquenla!

Nada justifica esa constante violación de los derechos al libre tránsito de todos los ciudadanos. Nada justifica la expropiación facciosa de espacios públicos. Nada justifica – ni un millón de encuestitas – que un gobierno, cualquier gobierno, titubeé para cumplir la Ley que está para limitar y normar al gobierno, no para que los ciudadanos nos volvamos siervos.

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domingo, 7 de octubre de 2007

Milagro en el Metro

¡Gloria a Dios en las alturas!, recogieron las basuras en el Metro, ayer a oscuras y hoy sembrado de bombillas…, desparecieron los ambulantes y surgieron pulcros y trajeados los empleados del servicio, le sacaron brillo a pisos y muros…El milagro lo consumó una efímera y propagandística visita de Marcelo Ebrard y su marabunta.


Escribí hace días que una de las ventajas de viajar en el Metro de la ciudad de México es la bajísima probabilidad de toparse en uno de los atestados vagones con Marcelo Ebrard. Pues bien, me equivoqué. El jueves pasado poco después de las nueve de la mañana los desprevenidos pasajeros salíamos apresurados del vagón en la estación "Zócalo" cuando nos dimos de frente con una marabunta (conjunto de gente alborotada y tumultuosa) no de hormigas sino de malencarados guardaespaldas, fotógrafos, camarógrafos, reporteros, funcionarios con cara de embobamiento y, en medio de la turba, como figura estelar de la farándula, Marcelo Ebrard, el mismo que está encantado de conocerse desde que se llama: "La Ciudad", con mayúscula mayestática por favor.

Lamento que por todo saludo a mi amigo Arturo Tornell, de Televisión Azteca, yo le espetara una irritada queja: "Oye, yo tomo el Metro en serio como medio de transporte, no con fines de propaganda" y haber huido del sitio como alma que ha visto al demonio…

Ni un solo vendedor ambulante en andenes, pasillos y escaleras de salida. Relucientes los pisos, pulcros y elegantes – de traje- unos empleados del Metro que salieron de quién sabe dónde (a lo mejor los tienen guardados en un almacén y los sacan los días de fiesta) y hasta la estación de radio del Metro – pletórica de amables y serviciales consejos para los usuarios- se escuchaba prístina por los altavoces (normalmente se escuchan intermitentes y crípticos llamados como: "Rigoberto Godinez, reportarse a su permanencia para un H-17").

Más tarde me enteré de que el inmerecido honor de la visita se debió a que el señor Ebrard daría fe de la instalación de unos dispositivos que retardan la velocidad de las escaleras eléctricas en alguna estación del Metro, con el fin de ahorrar energía en las horas de menor afluencia de pasajeros, ¡guau!, ¡gran logro!...supongo que después de eso vendrá la entrega por parte de alguna ONG de algunos bonos de carbono por combatir con tanto fervor el calentamiento global…

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martes, 25 de septiembre de 2007

El Metro y la parábola de la incuria

El Metro de la ciudad de México ejemplifica cómo la incuria puede fastidiar una magnífica inversión en infraestructura. Tan sólo su deuda equivale a 3.6 años de la totalidad de sus ingresos propios.

Una de las ventajas de viajar en el Metro de la ciudad de México es que la probabilidad de toparse con el jefe de gobierno en uno de los atestados vagones es prácticamente igual a cero. Salvo que se trate de una esporádica excursión, calculada para salir fotografiado en los periódicos del día siguiente, Marcelo Ebrard no se aventura por tales sitios.

Esa es una ventaja emocional que no arroja muchas enseñanzas. Otra de la ventajas de viajar en el Metro, que sí es didáctica, es comprobar en carne propia el deterioro de una magnífica obra de infraestructura debido a la incuria de los gobiernos que la han tenido bajo su responsabilidad. Saltan a la vista el descuido en que se mantienen las instalaciones, así como la precaria situación financiera que padece. En justicia debería compartir con el cuerpo de bomberos el adejtivo de "heroico", dado que su funcionamiento "normal" se antoja una hazaña sobrehumana.

Cuando se inauguraron las dos primeras líneas del Metro – en los años 1969 y 1970- simbolizaban la modernidad de un país en desarrollo, que aún gozaba de los frutos del llamado "milagro económico". Más que suficiente para las necesidades de la capital, el Metro era un medio de transporte seguro, limpio, eficaz y sostenible financieramente. Pero llegó la docena trágica de LEA y JLP (1970-1982) y empezó el desastre…

Algunas cifras para estremecerse: En el primer semestre de este año el Metro transportó más de 604 millones de pasajeros y tuvo ingresos propios por transporte (no incluye otros ingresos diversos) de $1,348.4 millones de pesos (promedio de ingresos por usuario de $2.23 pesos), pero sus egresos para operar fueron de $3, 003.4 millones de pesos; para que el precio del boleto cubriese sólo el gasto de operación cada viaje tendría que costarle al usuario $4.96 pesos.

A esto hay que sumar los costos financieros de una deuda de $9,834 millones de pesos, cuyo servicio cuesta como $928 millones de pesos cada año (34% de los ingresos propios), y la cifra no es mayor gracias a que la "nefasta" política económica del gobierno federal logró abatir las tasas de interés de 1996 a la fecha.

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miércoles, 19 de septiembre de 2007

El señor Ebrard no tiene quién le lea…

Sería recomendable que alguien le leyera al jefe de gobierno del Distrito Federal el reporte de avances al primer semestre que difundió la Secretaría de Finanzas de su mismo gobierno; así se enteraría que ahí donde las cosas marchan bien en materia de recaudación de impuestos locales se debe a la política económica del gobierno federal, a la que tanto critica.

Las finanzas del gobierno del Distrito Federal muestran varias debilidades que merecen corregirse. Uno de los puntos más vulnerables es la necesidad de subsidios cada año más cuantiosos para mantener en funcionamiento el Sistema de Transporte Colectivo o “Metro” - que transportó más de 604 millones de usuarios en los primeros seis meses de este año- con tarifas congeladas en dos pesos por viaje. Pero ese asunto ameritaría por sí solo otra serie de artículos.

Si nos limitamos a la recaudación de impuestos en el Distrito Federal encontraremos una sorprendente caída de 6.1 por ciento en pesos constantes, en el primer semestre de este año, en la recaudación del impuesto predial respecto del mismo periodo del año anterior. Esta disminución resulta aún más chocante porque ha aumentado el número de propiedades inmobiliarias en el Distrito Federal y porque los valores catastrales se actualizan al alza constantemente.

Esa menor recaudación en el que es, con mucho, el principal impuesto local (aporta más del 40 por ciento de los ingresos totales por impuestos en el Distrito Federal) contrasta con el avance en la recaudación del impuesto sobre adquisición de inmuebles debido, dice la Secretaría de Finanzas a “la dinámica inmobiliaria que se observa en el Distrito Federal, aunada a las facilidades para obtener créditos hipotecarios” (y a las bajas tasas de interés fijas en pesos a plazos de hasta 20 años), lo cual, ¿alguien puede negarlo?, es resultado de la política económica del gobierno federal de los últimos siete años al menos.

Contrasta también con el avance de 1.7 real en la recaudación del impuesto sobre nóminas, el segundo más importante de los gravámenes locales, fenómeno que la misma Secretaría de Finanzas explica así: “Al ser una contribución ligada a la actividad económica, su comportamiento respondió a la positiva dinámica económica que se presentó en la entidad”.

¿En qué quedamos señor Ebrard?, ¿no dijo usted que la “nefasta” política económica del gobierno federal ha generado un creciente desempleo en la capital?

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martes, 18 de septiembre de 2007

Un nuevo embuste de Ebrard

Sólo para empezar: El seguro de desempleo que prometió el lunes Marcelo Ebrard no es tal, ya que un seguro se financia con las aportaciones de los asegurados no con recursos de los contribuyentes o con deuda. Y para seguir: No se puede financiar ese señuelo para incautos con recursos inexistentes; los ahorros financieros no son ingresos nuevos, sino menores costos más o menos hipotéticos.

Cuatro de diez periódicos editados en la capital del país consideraron como la noticia más importante, en sus ediciones de ayer, el anuncio que hizo Marcelo Ebrard de un presunto seguro de desempleo en la ciudad de México.

Que un embuste de tal magnitud merezca tanta atención de los medios resulta significativo. ¿Por qué se trata de un embuste?

Por varias razones: 1. Lo que prometió Ebrard en forma alguna es un seguro, sino, en el mejor de los casos una nueva ayuda monetaria a fondo perdido, como las que ya se otorgan a los ancianos y a otros grupos en la ciudad de México. Un seguro de desempleo se financia con las cuotas de los asegurados, no es una donación graciosa de dinero público. En este sentido Ebrard repite la falacia de su nefasto antecesor, quien llamaba “pensiones” a las ayudas monetarias a los ancianos (una pensión es resultado del ahorro que el trabajador realizó a lo largo de su vida laboral).

2. Es mentira decir que dicha ayuda se financiará con los ahorros de la reestructuración de la deuda del gobierno del Distrito Federal, porque tales ahorros serán, en el mejor de los casos, disminuciones en los costos financieros, pero no recursos nuevos. El ahorro financiero podrá liberar recursos de otras fuentes pero no es un ingreso que se sume a los existentes. Ebrard debe explicar de cuál de tres fuentes posibles saldrán los recursos: ¿Ingresos propios?, ¿participaciones y aportaciones federales?, ¿nueva deuda?

3. Es idiota, en cualquier caso, financiar un gasto corriente perpetuo – una vez que se instaura resulta políticamente imposible cancelarlo- y a fondo perdido, con ahorros de una sola vez, no recurrentes.

Lo cierto es que este señuelo populista se convertirá en otra debilidad de las muchas que ya padecen las finanzas del gobierno capitalino, las cuales comentaré mañana.

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martes, 11 de septiembre de 2007

David Ricardo y la deuda del GDF

El gobierno del Distrito Federal ha publicitado con entusiasmo la reestructuración que logró – en plazos y tasas- de la mayor parte de su deuda. ¡Enhorabuena! Ojalá con el mismo entusiasmo nos informaran por qué sus ingresos propios por el principal impuesto local – el predial- muestran una caída anual en pesos constantes de 6.1 por ciento al primer semestre de este año.

Un bonito ejemplo de la llamada “equivalencia ricardiana” – que podríamos resumir así: “La deuda pública de hoy son los impuestos por venir”- es la reciente operación de reestructura de la deuda del gobierno del Distrito Federal.

Breviario: Se llama “equivalencia ricardiana” porque fue el economista David Ricardo el primero en formularla; por su parte, James M. Buchanan, premio Nobel de ciencias económicas 1986 la redescubrió ya que, como admitió en 1992 el economista Robert J. Barro – recordando una polémica suya con Buchanan alrededor de 1974- cuando se verificó tal debate la equivalencia ricardiana “era desconocida para la mayoría de los economistas”.

Es claro que al señor Marcelo Ebrard le disgusta que algunos medios hayan recordado que la operación de reestructura de la deuda del GDF significa, también, trasladar una carga a los contribuyentes de generaciones futuras a cambio de obtener un alivio en la carga fiscal presente. En este caso, sin embargo, esa observación tiene razón. Es la famosa equivalencia ricardiana.

Se entiende que el gobierno de la capital prefiera publicitar los beneficios presentes de la operación en lugar de advertir de sus consecuencias futuras, eso suelen hacer todos los gobiernos. Además, si las alternativas eran: no hacer nada o aprovechar las condiciones de los mercados financieros – y el aval del gobierno federal- para reestructurar la deuda, sin duda se hizo lo correcto. El punto es que hay que ver integralmente las finanzas del GDF, por ejemplo: ¿Cuál es el comportamiento del principal impuesto local, el predial, que cobra ese gobierno? La respuesta es preocupante: En los primeros seis meses de este año la recaudación por impuesto predial ha caído 6.1 por ciento en términos reales respecto del mismo periodo de 2006.

Esta caída en el principal ingreso propio de carácter local – cuyo flujo razonablemente debería servir para dar servicio a la deuda, entre otras cosas- no se conduele con la entusiasta propaganda sobre la salud financiera del GDF.

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domingo, 9 de septiembre de 2007

Los "SUV", el iluminado López y los "bultos"

Sólo pasa en México: Los dueños de las inseguras, agresivas y contaminantes camionetotas o "SUV" tienen a los mejores defensores de sus intereses en el caudillo de la izquierda populista, en el partido de la izquierda y en algunos gobiernos de la izquierda, como el de la ciudad de México. ¡Gasolina subsidiada para proteger a la burguesía motorizada!


El no-caudillo de la izquierda mexicana – Andrés López Obrador- ya dio instrucciones precisas a los legisladores del PRD: "No se trata de parlamentar (sic)…que nuestros legisladores se paren de sus curules, tomen la tribuna y se queden ahí el tiempo que sea necesario, día y noche si es necesario, hasta que se retire la propuesta". ¿Qué propuesta? La de un gravamen a las gasolinas, que sería cien por ciento participable a las entidades federativas.

¡Así se defienden los intereses populares! ¿Qué interés más proletario y popular que el de los grandes consumidores de gasolina?, ¿para qué dialogar o discutir, para qué ofrecer argumentos, si los más afectados serían los dueños y usuarios de camionetotas SUV (Sport Utility Vehicles) que en promedio consumen 11.4 litros de gasolina por cada cien kilómetros recorridos contra un promedio de 8.6 litros por cada cien kilómetros que consumen los automóviles normales? A los SUV se les defiende "echando lámina" u obstruyendo el trabajo legislativo.

Además, los usuarios del "Metro" en la ciudad de México o del tren ligero o de los trolebuses – medios que no utilizan gasolina- no son parte de las clases populares, sino de la odiosa burguesía…o tal vez son de otra clase social - ¿los infra – populares?- que no le interesa a la izquierda.

Ya López había demostrado con creces su amor, ¿no correspondido?, a la burguesía motorizada, consumidora de gasolina subsidiada (hoy día, el IEPS en las gasolinas es negativo) y contaminadora, construyéndole "segundos pisos" y distribuidores viales – en lugar de "desperdiciar" los recursos públicos en "tonterías" como más líneas del Metro-, al tiempo que beneficiaba a un puñado de "proletarias" empresas constructoras.

¿Qué sigue en la agenda de la izquierda?, ¿hacer que todos paguemos la incompetencia de algunos oligopolios adinerados exigiendo subsidios al gas natural?

Y eso por no hablar del aprecio de López a los legisladores de su partido: "¡No argumenten!, ¡no propongan!, ahí siempre pierden, usen el único talento que tienen: ¡Ser bultos que estorban!"

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Marcelo Ebrard y los mercados petroleros

Para ser algo así como el alcalde de una de las ciudades más importantes del continente americano Marcelo Ebrard debería estar mejor informado...y no hacer el ridículo.

Marcelo Ebrard sentenció hoy miércoles 5 de septiembre: "Entonces los mexicanos estaríamos pagando cada vez más cara la gasolina cuando está bajando el petróleo a nivel mundial (énfasis mío, las declaraciones fueron tomadas de la versión en línea del periódico “El Universal”). Y Ebrard dicho esto se quedó tan campante.

Por supuesto, también los mercados petroleros mundiales se quedaron tan campantes y el precio del petróleo siguió presionado al alza. Para los mercados las desmesuras verbales de políticos aldeanos y mal informados son cien por ciento irrelevantes.

No me referiré al asunto de que sería una estupenda política pública en la ciudad y en el estado de México encarecer el consumo de gasolina, y que las respectivas haciendas locales captasen, con ello, recursos para mejorar el desastroso sistema de transporte público. No, ya se sabe que los intereses de quienes gobiernan esas entidades son otros.

El problema adicional y al que hoy me refiero es la irrefrenable manía que tienen algunos políticos de abrir la boca para decir mentiras o disparates.

El mismo día que Ebrard jugaba a profeta fallido de los mercados petroleros decenas de miles de medios en el mundo difundían notas como ésta, de la agencia alemana DPA:

Singapur.-
El precio del petróleo estadounidense del tipo ligero WTI para entrega en octubre subió hoy en el comercio asiático a 75,20 dólares el barril (159 litros), 12 centavos más que el martes. .El precio del petróleo ya había registrado un notable aumento el martes, lo que los expertos atribuyeron a las afirmaciones del ministro de Energía de Qatar, Abdullah al Atiya, quien consideró improbable que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decida aumentar las cuotas de extracción en su próxima reunión ordinaria, que se realizará el 11 de septiembre.


Tal vez Ebrard confundió las fechas. Que alguien le avise que estamos en 2007, no en 1986. La próxima vez que mejor hable de las cotizaciones de los tacos de lengua. A ver si a ésas sí les atina.

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Federalismo de dientes para fuera…

Otro falso axioma de los expertos instantáneos en asuntos fiscales: No conviene que haya competencia fiscal entre las entidades federativas. Mientras los gobiernos locales teman asumir potestades tributarias México seguirá siendo un país centralista, pobre y con grandes desigualdades regionales.

Hace unos días en el sitio de la red "Asuntos Capitales" se publicó lo siguiente:

"Así, transitamos – verbo favorito de los políticos- del federalismo limosnero de los últimos priístas que fueron presidentes de la república (…) al federalismo infantil: 'Mira, gobernador o gobernadora, como eres tan bruto o bruta que ni siquiera sabes cobrar impuestos y para evitar que hagas tonterías como cobrar más o menos impuestos que tus vecinos, generando (…) competencia entre los estados, mejor vamos a decirle a los del gobierno federal que sean ellos los que cobren más impuestos y que te entreguen lo recaudado rapidito y de buen modo'". (Juan Pablo Roiz: "El PRI, los gobernadores y el infantilismo fiscal").

Uno de los puntos menos discutidos públicamente en el asunto de un posible impuesto a las gasolinas – de menos de cinco por ciento- cuya recaudación se distribuiría íntegra a los estados, es el hecho de que la propuesta original, auténticamente federalista, se transformó en un arreglo centralista que, para colmo, hoy parece huérfano.

Prevalece otro falso axioma que los expertos instantáneos repiten como pericos: "Si se dan facultades tributarias a los gobiernos locales, para cobrar, si así lo deciden, algún impuesto adicional en los rubros en que la Federación cobra los IEPS, generaríamos una indeseable competencia entre los estados, ya que algunos cobrarían esos impuestos y otros no".

Pregunto: ¿por qué ha ser indeseable la competencia?

El falso axioma revela cuán falso es el federalismo que proclaman muchos políticos, empezando por algunos gobernadores.

Supongamos que el impuesto local tuviese por objeto, como debe ser, combatir una externalidad negativa: los daños que causan millones de automóviles circulando diariamente y los gastos multimillonarios que ello acarrea para los gobiernos locales. Son candidatos obvios a cobrar dicho impuesto los gobiernos del Distrito Federal y del estado de México. Ambas entidades son gobernadas por políticos que no tienen el defecto de la timidez, sino más bien el de la locuacidad. ¿Por qué callan al respecto?, ¿no les interesa defender la capacidad de sus entidades para definir sus propias políticas públicas?, ¿querrían dinero pero no responsabilidades?

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sábado, 28 de julio de 2007

La otra “consulta verde”

Qué bueno que se haga una “consulta verde” en la ciudad de México.

Once preguntas pertinentes – entre muchas otras- que no aparecerán en los cuestionarios de la oficialista "consulta verde" de mañana domingo:

1. ¿Consideras correcto que para construir los puentes que unen a Tarango con Santa Fe se hayan destruido varias hectáreas de bosque?

2. ¿Fue correcto que el gobierno de la ciudad haya reservado (eufemismo de: “ocultado”) la información sobre las licitaciones, el origen de los recursos, el monto del gasto y las condiciones de esa obra y de otras similares, como los distribuidores viales de San Antonio y de Zaragoza y los llamados “segundos pisos” del Periférico?

3. ¿Esas obras fueron más eficaces para resolver tus problemas de transporte que la construcción de más líneas del Metro?

4. ¿Has usado las “ciclopistas”?, ¿están bien trazadas y construidas?, ¿crees que esas pistas son respetadas por autoridades, patrullas, grúas, automovilistas, camiones, microbuses y vecinos, y se puede circular por ellas en bicicleta con plena seguridad?

5. ¿Te gustaría que el gobierno tapase todas las coladeras y registros abiertos que hay en la ciudad?, ¿te gusta que esos agujeros sean usados como depósitos de basura?

6. ¿Es bueno que el gobierno “ahorre” manteniendo a oscuras la mitad o más de las calles y avenidas?, ¿te gusta que salir de una estación del Metro en la noche sea tan emocionante como entrar a una cueva de lobos?

7. ¿Crees que es bueno que el programa “Hoy no circula” haya provocado que circulen muchos autos viejos y en malas condiciones, que causan accidentes además de contaminar, especialmente los fines de semana?

8. ¿Se te hace buena idea que el encargado de combatir a los taxis piratas sea el hermano de uno de los líderes de los taxistas piratas?

9. ¿Las banquetas por las que caminas están en buenas condiciones y limpias de obstáculos?, ¿te agrada tener que sortear puestos ambulantes para poder caminar por el centro de la ciudad?, ¿no te parece que es como visitar Calcuta?

10. ¿Te ha tocado ver vehículos del gobierno local – patrullas, grúas, camiones de basura, pipas de agua, otros- violar las leyes, contaminar, circular poniendo en riesgo la vida de los demás?

11. ¿Tú crees que las autoridades de la ciudad y del estado de México tendrán las hormonas suficientes para cobrar un impuesto local al consumo de gasolina y destinar los recursos a mejorar el transporte público?

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miércoles, 25 de julio de 2007

“La Cité c’est moi”: Frère Marcel

El “adefesio bicentenario” será en el futuro – dicen- referencia inevitable de cuando se verificó el milagro de que la ciudad de México se convirtiese en un artilugio llamado “La Ciudad” (mayúscula obligada) al que el señor Marcelo Ebrard hacía hablar y gesticular.

La Ciudad habló y dijo:

“La Ciudad se felicita de este proyecto; va a tener todo el respaldo; sí hay que hacer adecuaciones de uso de suelo, pero el uso de suelo no es una norma inminente” (sic).

A lo mejor quienes escuchaban no le entendieron bien a La Ciudad y tal vez no quiso decir (La Ciudad) ese disparate de la “norma inminente” sino alguna otra cosa con más sentido. El caso es que así apareció consignado, con todo y sus comillas reglamentarias, en la nota del periódico “Reforma” del martes 24 de julio pasado.

Ah, se me olvidaba lo más importante: La Ciudad que se felicita a sí misma es Marcelo Ebrard. Esa es la noticia más importante: La Ciudad – antes conocida sólo como la ciudad de México- se ha transubstanciado en Marcelo Ebrard y ahora es conocida como La Ciudad.

¿Y de qué se felicita La Ciudad? Ah, pues de un proyecto arquitectónico que desafía no sólo a los cielos sino a la estética y a las “no inminentes” normas de uso de suelo.

Hace unos días Marcelo Ebrard (en adelante: “La Ciudad”) ya me había sorprendido porque habló de “los derechos de la ciudad” cuando en realidad, creía yo, debería haberse referido a “los derechos del gobierno de la ciudad de México”. Pero yo no había entendido: La Ciudad no es otro ente que Marcelo Ebrard.

Las mañanas de los lunes primeros de cada mes La Ciudad anda en bicicleta. Quizá mientras lo hace se pregunta para qué se hacen las normas y las leyes, y La Ciudad se responde: “Pues se hacen para adecuarse a los deseos cambiantes de La Ciudad; es decir: a mis deseos”.

¿Por qué La Ciudad se refiere a sí misma en tercera persona? (como solía hacerlo Manuel Camacho Solís en momentos de excitación), pues porque es Grande. Tan Grande que merece un adefesio arquitectónico gigantesco que deje constancia de los tiempos maravillosos que se vivieron cuando Marcelo Ebrard reveló:

“La Cité c’ est moi”

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