domingo, 14 de septiembre de 2008

El gran error en el Presupuesto

Se presentó el proyecto de Presupuesto de Egresos para 2009 y se inició el proceso ritual de cada año. Al final, me temo, tendremos un presupuesto que cerrará los ojos al inminente fin del modelo fiscal apuntalado en el petróleo.


La discusión y aprobación del presupuesto de egresos es el más importante ejercicio político de cada año, en el que cada sector, cada entidad, cada grupo de interés, cada partido, lucha por llevarse una mayor tajada de recursos públicos. El resultado de esa lucha – en la que menudean todo tipo de negociaciones y presiones, desde las burdas hasta la sutiles y desde las inconfesables hasta las medianamente decorosas- permite percibir cuál es la verdadera agenda de la clase política y cuán distante suele estar dicha agenda respecto de un modelo racional para asignar eficientemente los recursos escasos.

La mayor falacia consiste en la presunción de que una mayor asignación de recursos públicos resuelve automáticamente problemas. Aunque todos sabemos que aumentar el salario de los maestros – para poner un ejemplo específico – NO ha mejorado los resultados de la instrucción pública medidos por las capacidades y el desempeño de los alumnos, esta vez, como siempre, veremos formidables presiones de sindicatos, partidos, universidades públicas y demás entidades relacionadas con la educación pública, que partirán del mito "aumentar el gasto es la única solución" como si se tratase de un axioma indiscutible o de una evidencia palmaria.

Otra falsa presunción consiste en la creencia de que la totalidad de los recursos pueden asignarse entre distintos destinos en competencia. Falso. El gasto susceptible de reasignarse es un porcentaje menor al diez por ciento del total; lo que, por cierto, incentiva en forma perversa la creación "ex nihilo" (de la nada) de recursos, por ejemplo incrementando el precio previsto para las exportaciones de petróleo y/o el volumen de las mismas, pese a la evidencia en contrario. ¿Alguno de los responsables rendirá cuentas, en el futuro, de las nefastas consecuencias de su "optimismo" infundado y voluntarioso? No.

En el caso del presupuesto para 2009 el gran error, en el que seguramente incurrirá la clase política en su conjunto, será el de desdeñar el hecho irrefutable de que la fuente de una tercera parte de los recursos fiscales se agota inevitable y aceleradamente. La gran irresponsabilidad de unos pocos la pagaremos todos

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sábado, 21 de junio de 2008

Querían espectáculo, fabricaron una tragedia

¿El objetivo de los “operativos” policíacos es proteger a los ciudadanos o armar un espectáculo para salir en los medios?, ¿querían dar “la nota”? Lo lograron. Murieron doce personas, entre ellas siete menores de edad.

La tragedia del viernes pasado – doce muertos por aplastamiento y asfixia durante un “operativo” policíaco en un negocio infame en el que se vendían bebidas alcohólicas y tal vez drogas a menores de edad- nos arroja a la cara el cúmulo de estupideces que estamos cometiendo o solapando.

Corrupción, mentiras, padres cómplices, pillos protegidos por burócratas venales, autoridades ávidas de protagonismo, medios que se solazan en el escándalo.

Empecemos por lo obvio: ¿La mejor forma de evitar que los menores consuman alcohol y drogas son los “operativos” con decenas de policías armados hasta los dientes y alardeando del poder de sus cascos, garrotes, rifles, pistolas, granadas y demás?, ¿se trataba de proteger la salud física y emocional de los menores o de ofrecer un espectáculo de fuerza?

Si las “autoridades” sabían que en ese sitio se cometían ilícitos, ¿no era más inteligente documentar los delitos y después, ya sin la presencia de cientos de menores en el infame local, proceder a detener al dueño y a los demás responsables y clausurar para siempre el sitio?, ¿se trataba de cegar la fuente del daño o de dar un espectáculo de rentabilidad política?

El uso hasta la saciedad de la palabrita “operativo” como sustantivo (cuando en realidad es un adjetivo) revela ese enfoque de las tareas de “seguridad pública” como espectáculo provechoso para los fines electoreros de los gobiernos. Un añadido innecesario – “preparado para ser utilizado o entrar en acción” define el diccionario - se vuelve la sustancia: ¿preparados para entrar al sitio tirando de balazos y profiriendo amenazas a diestra y siniestra?

Y sucede lo mismo si los policías tienen que decomisar mercancías falsificadas o desalojar vendedores ambulantes o resguardar a una eminencia política: Hay que hacerlo con alarde, ostentando toda la parafernalia de la violencia; infundiendo terror audiovisual.

¿Para qué? Para que se note quién manda aquí, para desquitarse de tanto fracaso contra la delincuencia mayor y, también, claro, para salir en los medios: “Jefe, ya tenemos localizado el sitio donde se comete tal delito, ¿qué hacemos ahora?” Y el jefe responde: “Pues un operativo, ¡idiota!, pero no empiecen hasta que lleguen los de la televisión”.

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miércoles, 26 de marzo de 2008

Pemex: Que los políticos se callen

Los políticos de todos los colores y sabores ya definieron su posición: Quieren a Pemex como una empresa del Estado fortalecida. Ahora, sería deseable que callasen y escuchasen a quienes sí tienen los conocimientos para resolver el problema práctico: ¿Cómo hacer de Pemex eso que todos los políticos dicen desear?

Los delirios de omnipotencia de algunos políticos son aterradores. De pronto tenemos a una legión de políticos, convertidos en expertos petroleros instantáneos, profiriendo con absoluta irresponsabilidad necedades voluntariosas acerca de asuntos técnicos (que ni siquiera se han tomado la molestia de estudiar "por encimita") como la magnitud de los recursos prospectivos del país en materia de hidrocarburos, la dinámica de los mercados de energía, la tecnología disponible, los costos de prospección, exploración y explotación de los yacimientos, la viabilidad de fuentes de energía alternativas frente a los combustibles de origen fósil, la disponibilidad de capital intelectual para afrontar los desafíos energéticos del futuro.

Aterra imaginar que un político que confunde los hidrocarburos con los carbohidratos (es el caso, documentado, del señor Pablo Gómez) quiera dictar soluciones técnicas acerca del futuro de la industria petrolera; o que un mentiroso contumaz – que no atinó a responder un cuestionario de cultura básica de nivel de educación secundaria – pontifique acerca del margen de rentabilidad de Pemex o sobre dónde se encuentran acumulaciones de hidrocarburos susceptibles de explotarse y aderece sus profecías voluntariosas con fantasías increíbles acerca de los, según él, cuantiosos recursos fiscales que se obtendrían si se terminasen los "privilegios" de "los altos funcionarios" gubernamentales.

El azar de un meteorito y la buena vista de un pescador - Rudesindo Cantarell – le regalaron a México el segundo yacimiento petrolero más grande del mundo a sólo 85 kilómetros de la costa y con costos de extracción relativamente bajos. Nos ganamos la lotería y ese yacimiento ha sido explotado desde 1979 a la fecha, pero declina inexorablemente (con fuertes inversiones se ha logrado prolongar su vida activa; su pico productivo lo alcanzó en 2004). Si queremos mantener el ritmo de producción y exportación es estúpido apostar a que otra vez nos sacaremos la lotería o aferrarnos a consignas voluntariosas ("sí podemos solitos, porque lo digo yo"), necesitamos entrar a la discusión racional, informada, con datos veraces, apoyada en la ciencia y la técnica. Necesitamos que los políticos se callen y escuchen.

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