jueves, 15 de noviembre de 2007

El rey y el mamarracho: Lecciones gramaticales

Quien quiera que conozca un poco la sintaxis del idioma español estará de acuerdo conmigo en que la pregunta del rey de España – dirigida al mamarracho- fue precisa y pertinente.

La exclamación interrogativa del rey Juan Carlos I – “¿por qué no te callas?”- dirigida a Hugo Chávez fue precisa. El rey preguntó lo que quería preguntar, tuvo la cortesía de interrogar al verboso de forma directa, no con circunloquios de falsa modestia y significado oscuro. Un típico político mexicano habría usado la oración dubitativa, deliberadamente ambigua: “¿Podría callarse?”, pluscuamperfecto en modo subjuntivo que, en este caso, tiene además el riesgo del equívoco, dada la igual declinación del verbo en español para la segunda (usted) y para la tercera personas (él) del singular (la única forma de evitar tal ambigüedad es hacer explícito el pronombre personal: “¿Podría usted callarse?”; de ahí que también sea un acierto gramatical, amén de político, haberse dirigido en términos de igualdad – de tú, como decimos coloquialmente- al parlanchín: “¿Podrías callarte?”, al menos deja en claro a quién se hace la pregunta).

Otro acierto de esa oración interrogativa es el uso del verbo callar como intransitivo. El monarca no preguntó a la audiencia en general si acaso Chávez podría ser callado (participio pasivo), sino que interrogó al locuaz acerca de la causa de su incapacidad para guardar silencio cuando no le correspondía hablar. Esto es muy importante: El rey apeló, respetuoso de la libertad de cada cual, a la capacidad de su interlocutor para dominarse a sí mismo, para ser señor de su ánimo.

Chávez ha confesado, sin rubor, que no escuchó la pregunta del rey. Esa es la mejor respuesta a la interrogante real: Chávez no se calla – nótese otra vez el verbo intransitivo: el efecto de la acción debe recaer sobre el mismo actor que voluntariamente la ejerce- porque no puede: a la verborrea insustancial se suma, como suele suceder, la sordera. Ambos síndromes provienen de la misma enfermedad: Narcisismo incontrolable. El adicto al habla desenfrenada ha perdido no sólo la capacidad de escuchar, sino el dominio de sí cada vez que cae, con frecuencia creciente, en las garras de su adicción.

“¿Podrá (él) callarse?” (Futuro de indicativo). Ya lo sabemos: No podrá porque ha perdido el dominio de sí. ¿Y así, quien no es capaz de gobernarse pretende gobernar a los demás?

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martes, 13 de noviembre de 2007

Chávez: ¿Cómo se enfrenta un desastre natural?

Me extraña que tantos críticos no hayan recordado, a raíz de las inundaciones en Tabasco, el caso de la tragedia de Vargas, en Venezuela, en diciembre de 1999, que dejó unos 15,000 muertos…y en la que Hugo Chávez mostró cuáles son las prioridades del socialismo del siglo XXI: Primero que voten mi nueva constitución, después atendemos los llamados de auxilio.

El 15 de diciembre de 1999 Hugo Chávez Frías salía feliz tras depositar su voto en el referéndum al que convocó el propio Chávez para aprobar la nueva Constitución que redactó el mismísimo Chávez…y que más tarde presumiría al mundo como visionaria obra suya. Dijo entonces a los periodistas que le preguntaron qué estaba haciendo su gobierno para atender la tragedia que estaban provocando las lluvias torrenciales – desde diez días antes- en el departamento caribeño de Vargas, lo siguiente:

“Hemos actuado y afortunadamente no tenemos una tragedia nacional. Algunas pequeñas emergencias y hemos demostrado la capacidad de reaccionar” (periódico “El Mundo” 15 de diciembre de 1999, citado por el diplomático y periodista venezolano Edgar C. Otálvora, en su libro digital “El Pez”).

Ese mismo día miles de niños, ancianos, mujeres y hombres morían en el departamento de Vargas, ahogados, arrastrados al mar o aplastados por los derrumbes de las montañas que se desgajaban.

Horas antes, cuando hacía días que las autoridades locales de Vargas ya habían decretado la emergencia, Chávez mostró con toda claridad dónde estaban sus prioridades: No en esas “pequeñas emergencias”, sino en que votaran su nueva Constitución porque “de esos venezolanos que voten hoy dependerán los próximos 200 años”. Los quince mil o más que murieron en Vargas no entraban en los cálculos electorales.

Y para quienes insistían en que aliviar los efectos de las lluvias torrenciales era más importante que el referéndum y que éste debería posponerse, Chávez les ofreció una frase atribuida a Simón Bolívar:

“…y si por obra de la naturaleza mañana amanece lloviendo, no dejar de acordarse de la frase que dijo Bolívar: ‘Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca’” (Hugo Chávez en cadena nacional, la noche del 14 de diciembre llamando a votar al día siguiente).

Así, con frases célebres y emotivas, enfrentan los caudillos del narciso-populismo del siglo XXI los desastres naturales. Por eso nunca callan.

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