martes, 28 de agosto de 2007

El fracaso de los impuestos progresivos

Los inventores de los impuestos progresivos no buscaban tanto financiar al Estado como modelar una sociedad igualitaria con métodos muy cercanos a la confiscación de la propiedad.

Marx y Engels calificaron a los impuestos directos con tasas progresivas como la segunda opción para arribar a la sociedad comunista después de la mejor opción: La abolición de la propiedad privada por la vía de la violencia.

William Gladstone, el estadista británico, se oponía a los impuestos progresivos por la misma razón por la que Marx y Engels mostraban tanto entusiasmo: Los veía como la antesala del comunismo.

Fue un poco conocido negociante francés, Jean Louis Graslin, quien por primera vez habló explícitamente de impuestos progresivos en 1766-1767: "…une taxe à caractère progresiff". Graslin, después de hacer una apreciable fortuna se preocupó de la desigualdad social, de acuerdo al espíritu revolucionario imperante en Francia en aquella época, y siguió algunas ideas de Robespierre, Montesquieu, Rosseau, Voltaire y, sobre todo, las propuestas del reformador Jaucourt, autor de la entrada "Impuestos" en la primera de las ediciones de la famosa Enciclopedia (1765) donde éste había escrito: "Dado que todos disfrutan por igual de la protección y de la seguridad que brinda el gobierno, la desigualdad de fortunas y de los beneficios que de ellas derivan requiere de impuestos consistentes con tal desigualdad y requiere que tales impuestos sean, por así decirlo, de progresión geométrica: dos, cuatro, ocho, 16…"

Graslin continuó con la idea y propuso una tabla de diez tasas progresivas para gravar las rentas, que empezaba para un ingreso de 400 libras con una tasa de cinco por ciento y terminaba, para un ingreso de 400 mil libras o superior, ¡con una tasa de 75 por ciento! Graslin explícitamente escribe que los impuestos proporcionales son injustos y que, por ende, las tasas deben ser progresivas.

Sorprende, con estos y otros antecedentes, que en México prevalezca aún un erróneo criterio de la Suprema Corte de Justicia que sostiene – contra toda evidencia lógica, matemática e histórica- que las tasas progresivas ¡son proporcionales! Una tasa única es proporcional; las tasas progresivas, no lo son.

El problema de fondo es la peregrina idea de que los impuestos son eficaces para redistribuir el ingreso. Las tasas progresivas, además de confiscatorias, desalientan la creación de riqueza y el crecimiento económico, y promueven la elusión y la evasión.

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lunes, 27 de agosto de 2007

Impuestos: Las dos hermanas

Entre muchos otros, un ejemplo de los falsos axiomas que propalan los expertos instantáneos: “Los impuestos indirectos son regresivos”. Cuidado, la frase necesita no sólo matizarse, sino reformularse para no faltar a la verdad.

No falla: Cada vez que se discute una reforma fiscal surgen legiones de expertos fiscales instantáneos en las tribunas políticas y en los medios de comunicación. Además de la confusión que generan en la opinión pública dejan, como saldo, un conjunto de afirmaciones tajantes – falsos axiomas acerca de los impuestos-que merecerían un análisis crítico.

Conforme uno se adentra en el fascinante mundo de los sistemas tributarios y de su historia crece la convicción de que así como no hay un sistema impositivo perfecto – que satisfaga plenamente todos los deseos de todos los actores involucrados-, tampoco hay tantos axiomas incuestionables como los expertos instantáneos (que muchas veces sólo son voceros improvisados de algunos intereses) quisieran hacernos creer.

Uno de tales falsos axiomas, que goza de injustificada reputación, es el que reza: “Los impuestos indirectos son regresivos”. Se trata de una más que imprecisa generalización que debería reformularse con más humildad intelectual, por ejemplo en los siguientes términos: “A diferencia de los impuestos directos, los indirectos tienden (ojo con el énfasis) a gravitar con mayor fuerza sobre los ingresos disponibles de las personas de menores recursos, dada la menor capacidad de ahorro de dichas personas”.

El supuesto axioma no es tal, sólo cabe como reconocimiento de una tendencia, toda vez que habrá muchos casos específicos en los que no se cumpla. Además, este sesgo relativo de los impuestos indirectos NO significa en modo alguno que sean los más pobres quienes más contribuyan; por el contrario: en números absolutos, las personas de mayores ingresos gastan más y contribuyen más.

William Gladstone (1809-1898), el célebre político liberal británico, quien fue primer ministro y secretario del Tesoro, describía con el símil de dos hermanas igualmente atractivas – para el erario- a los impuestos directos e indirectos. No ocultaba su preferencia por los impuestos indirectos, entre otras cosas por su mucho menor costo de recaudación, pero en la práctica el propio Gladstone no pudo prescindir de la otra hermana: los impuestos directos.

Supongo que no faltará algún experto instantáneo que censurará a Gladstone diciendo que la política fiscal de ese gran estadista se redujo “a afanes recaudatorios y a la sobrecarga impuesta a los que ya pagan”. Sandeces.

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