viernes, 23 de octubre de 2009

¿Por qué se les fue la "nota"?

No entiendo que a periodistas y reporteros supuestamente "experimentados" y supuestamente "enterados" se les vaya "la nota".

Dijo ayer ante los medios el Secretario de Hacienda: "Antes que nada, el Gobierno Federal reconoce el profundo espíritu de responsabilidad que privó en los trabajos de la H. Cámara de Diputados en la aprobación de la Ley de Ingresos de la Federación y que se reflejó en los resultados alcanzados".

Y añadió, por si no hubiese sido suficientemente claro:

"Quienes han participado en este proceso han aportado no sólo esfuerzo y muchas horas de trabajo, sino sobre todo la voluntad de llegar a acuerdos e incorporar una visión de mediano plazo sobre las necesidades financieras de nuestro país.
Incluso, la Secretaría de Hacienda participó con propuestas en este proceso. Se ha actuado con responsabilidad, pensando primero en México.".


Y dijo el Secretario de Gobernación ayer en la misma presentación pública ante los medios de comunicación:

"Sólo quiero dejar asentado el reconocimiento del Gobierno Federal a los acuerdos alcanzados en la Cámara de Diputados".


Las declaraciones completas pueden leerse AQUI.

O esto fue una diáfana respuesta a las inopinadas declaraciones del presidente del PAN, César Nava, que el día anterior había tratado de deslindar al PAN y al gobierno de lo que aprobó la Cámara de Diputados o yo ya no entiendo el español. El deslinde de Nava, no sin razón, fue visto por la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, como una lamentable expresión de oportunismo electoralista y como un hipócrita intento de cargarle al PRI, a los ojos de la opinión pública, el costo político de aumentar las tasas de los impuestos (IVA, ISR e IEPES) y de engañar al público tratando de poner al PAN al margen de esas decisiones.

PRI y PAN (gobierno federal) fueron juntos en las decisiones - impopulares, pero responsables, a mi juicio- que tomó la Cámara de Diputados. Lo admite el gobierno, punto.

Esa fue, para mí, la nota. Clara, fuerte e insólita: El gobierno, por boca de los dos secretarios de Estado más relevantes, según la ley y según la práctica cotidiana, que son el de Gobernación y el de Hacienda, le enmienda la plana al líder formal del partido en el gobierno: PAN. No es una nota para esconderla en las páginas interiores, ni para ocultarla. Sin embargo, eso fue lo que hicieron los medios, al menos en sus portales en la red. La nota fue minimizada y enfocada en otros puntos menos relevantes (como el monto de recursos aprobados por las minutas que envió la cámara de diputados a la de senadores) por Reforma, Milenio, El Universal y Excélsior, entre otros. Lo mismo hizo, con toda displicencia, el noticiario principal de Televisa que conduce, y "arma", Joaquín López Dóriga.

¿De veras "se les fue la nota"?

No lo creo. Más bien parecería que "la nota" no fue del agrado de los dueños de los medios, que están enfrascados en descarrilar, en el Senado, lo que se alcanzó en la Cámara de Diputados.

Para que después me vengan con el cuento de que los medios tradicionales y convencionales trabajan para sus lectores y para el público. Sí, ¿cómo no?

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miércoles, 21 de octubre de 2009

Extraña unanimidad

"Cabeza" de primera plana de "Reforma" ayer miércoles: "Dejan el boquete ¡a contribuyentes!".
"Cabeza" de primera plana de "El Universal" ayer miércoles. ""Asalariados e IP tapan 'boquete'"

Curiosa semejanza. ¿Qué tan probable es que dos editores independientes entre sí, que literalmente no se hablan, elijan la misma palabra inusual y extraña ("boquete"), para su nota principal de la edición del día siguiente?

Boquete viene de boca y quiere decir; "Entrada estrecha de un lugar" y, también, "abertura hecha en una pared".

Curiosa semejanza. ¿Qué tan probable es que dos editores independientes entre sí, que literalmente no se hablan, decidan redactar una "cabeza" para la nota principal de su diario de mañana que va más allá de la información desnuda (digamos, por ejemplo:"Diputados aumentan IVA, ISR y el IEPES") y que incurre en la "editorialización" y en los juicios de valor? Porque las oraciones en ambos casos atribuyen una intencionalidad a alguien - no identificado- que optó por "los contribuyentes" o por los "asalariados e IP" para tapar un orificio - "boquete" - de las finanzas públicas. Nótese que en ambos casos el sujeto designado para cubrir el hoyo - "boquete"- es el mismo.

Dicho sea de paso, el juicio de valor implícito en ambas "cabezas" es un poco tonto, ya que de una u otra manera en cualquier latitud o en cualquier momento son los contribuyentes quienes tienen que cubrir, quieran o no, los faltantes de las finanzas públicas: Pueden cubrirlos pagando más impuestos, sufriendo las consecuencias de una mayor deuda pública o renunciando a los beneficios derivados del gasto público. No hay de otra. Si alguien conoce otra fórmula fiscal que nos avise.

Ambas "cabezas" buscan conectar con el lector despertando la indignación y el disgusto. Ambas "cabezas" presuponen que el lector es la víctima a la que le tocó, sin pedirle su parecer, tapar el "boquete". Un "boquete", está implícito en ambas oraciones, respecto del cual la supuesta víctima-lector-enojado es inocente.

Extraña coincidencia. ¿Es razonable inferir una tácita concertación o es mera paranoia del suspicaz observador?, ¿qué es lo que en realidad molesta e invita a esta inusual coincidencia de pareceres?

Hipótesis del suspicaz autor de estas "Ideas al vuelo": No es el "uno" añadido al IVA, no es el "dos" añadido al ISR. Son otras dos cosas: Es, sobre todo, el asunto de que se haya propuesto acotar las ventajas, inmensas para las grandes corporaciones de negocios, de la consolidación fiscal y es, también, ese impuesto (IEPS) de 3 por ciento a los servicios de telecomunicación que se prestan a través de conexiones a redes. Es hipótesis, nada más.

Otro diario, "Excélsior", ofrece en su "cabeza" principal la pista de lo que sigue en la estrategia de los negociantes: "El Senado promete corregir impuestos". Lógico, piensa el febril autor de estas "Ideas al vuelo", ahí tienen puestas sus esperanzas ese puñado de barones y magnates: En el Senado, calculan, podrán echar para atrás el agravio, que no es - para ellos - el asunto del "uno" en el IVA o del "dos" en el ISR (ellos no lo pagan, sino sus asalariados), sino el asunto de los beneficios, tan grandes que en algunos casos parecen incalculables, de la consolidación fiscal.

Ya veremos.

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sábado, 10 de octubre de 2009

¿Una nueva celada del PRI?

Espero equivocarme, pero empieza a configurarse en el horizonte inmediato una nueva celada del "nacionalismo revolucionario" - léase el PRI experto en el doblez - cuyo saldo final sería: Un mayor déficit fiscal, con todos los dardos envenenados que eso encierra: inflación, mayores limitaciones objetivas para una recuperación económica, precios mentirosos, desempleo creciente, desaliento a la inversión productiva, tasas de interés presionadas al alza, crédito inaccesible para la sociedad y para las actividades del sector privado e incentivos al gasto público dispendioso.

La celada parece estar tan bien dispuesta que, en lo inmediato, una mayoría de las víctimas del asalto agradecerán a los salteadores de caminos que los hayan salvado de "pagar más impuestos". Curiosa maniobra por la cual los despojados besarán las manos de quienes les han desposeído. Como integrantes del coro, en este remedo de tragedia clásica, tendremos a los "valientes líderes de opinión" - en realidad, tontos útiles- que se congratularán de haber detenido el "odioso" intento del Poder Ejecutivo que no sólo quería cobrarnos más impuestos, sino que había propuesto - contra la opinión de sesudos expertos y hasta de dos o tres premios Nobel que visitaron estos andurriales- un presupuesto restrictivo, limitado, en lugar de "estimulante", "generoso", "audaz". Felicidades.

El verdadero PRI, el de siempre, asomó la cabeza. Bastó con que el PAN propusiese recortar a la mitad el gasto de los partidos políticos y del IFE para que el PRI respondiese indignado: "'¡Demagogia!, ¡populismo!, a ver, ¿por qué no lo propusieron antes cuando tenían más legisladores?". Curiosa y reveladora respuesta porque, entiendo, no era ésa la pregunta (no les preguntamos si les parece admirable y digna de elogio la propuesta del PAN, sino ¿qué harán ustedes?, ¿secundarán la moción y están dispuestos a recortarse por la mitad el propio presupuesto?). Desde luego, la respuesta es un rotundo NO, pero es una respuesta sibilina, encaminada a distraer el juicio ajeno sobre las propias acciones, recurso inmemorial del defraudador contumaz.

Comparsa digno de lástima, excrecencia surgida del tumor original (anomalía bastarda de la anomalía primera), el PRD hace segunda al "argumento" del PRI: "Ni un peso menos para nosotros, pero ni un peso más de impuestos".

La fórmula no deja lugar a dudas. La aritmética es inflexible. Tienes a la mano tres instrumentos únicos para cuadrar las cuentas públicas del próximo año: reducir el gasto, aumentar la recaudación, incrementar la deuda. Puedes hacer distintas combinaciones. La propuesta del Poder Ejecutivo Federal fue, contraria a la lógica de quien quiere a cualquier costo ganar las elecciones de mañana, una combinación de reducción del gasto (significativa) con incrementos de impuestos (significativos también) y un poco, no más de lo indispensable, no más de lo que dicta la prudencia juiciosa, de deuda pública. No es, ¿quién lo duda?, una propuesta para ganar un concurso de popularidad, pero es una propuesta responsable.

Ahora, con la complacencia idiota (ése es el adjetivo justo) de los negociantes de siempre y sus voceros "dóciles" y prestos a doblar la cerviz ante la voz del amo, el PRI empieza a dibujar, y a vender, su famoso "plan B": Recorte al gasto solamente en los "bueyes de mi compadre" - en lo que a mí corresponde, "ni un peso menos"-, algún incremento de impuestos carente de eficiencia recaudatoria para cubrir las apariencias (y hacer más abstruso lo que de suyo es complejo, el sistema tributario en México) y deuda, más deuda, que justificaremos con la coartada de que la terrible recesión aconseja (bendito Keynes y benditos keynesianos de última función) una estrategia que vaya contra la corriente de la recesión, un gasto "estimulante" como café expreso doble "bien cargado", un gasto generoso con los hijos de la sacrosanta Revolución en pleno "centenario" de la "gesta gloriosa". ¿Que la ley, esa estorbosa y pacata ley de presupuesto y responsabilidad hacendaria, no lo permite? No se confundan, compañeros. "No se hagan bolas", interpretemos la ley en sentido amplio y sin prejuicios, no seamos mezquinos. Y si es preciso cambiemos la ley: No estamos proponiendo - dirán-, ni que fuésemos irresponsables, por favor, un déficit fiscal descontrolado; por el contrario, nuestra propuesta se ajusta al "equilibrio fiscal", pero es moderna: "Equilibrio fiscal a lo largo del ciclo", ya vendrán tiempos de abundancia, de vacas gordas y entonces, créanos, ahorraremos, gastaremos menos de lo que nos ingrese y tendremos superávit fiscales. ¿Que cuánto durará el ciclo? Nadie lo sabe, tal vez medio siglo, tal vez más. Pero, ya lo dijo Lord Keynes, "para entonces estaremos muertos".

De veras deseo equivocarme. Nada más amargo que el dudoso gusto de decir "se los dije" a las víctimas de un asalto anunciado, que, desoyendo las advertencias, corrieron presurosas al encuentro de sus victimarios.

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martes, 6 de octubre de 2009

"Liberales" de contentillo

“I still believe in liberalism today as much as I ever did, but, oh, there was a happy time when I believed in liberals”. G. K. Chesterton.


A ver: Suena lógico y hasta encomiable que los “liberales mexicanos” (universo difuso y confuso, pero evidentemente no profuso) estén en contra de los aumentos de impuestos.

Pero sería deseable que muchos de esos “liberales” (así les llamo porque así se han bautizado a sí mismos) le dieran un poco más de sustento y coherencia a sus alegatos.

Veamos. En principio, los impuestos son un mal necesario. La denominación “mal necesario” indica que sí, deben existir los impuestos, pero mientras menos, mejor. ¿Por qué? Primero, porque los impuestos distorsionan el funcionamiento del mercado libre. Segundo, porque los impuestos se destinan a sufragar el gasto del gobierno y es claro que, frente a frente, el gasto que se hace del dinero ajeno tiende a ser menos eficiente que el gasto que hacemos de nuestro propio dinero. Nadie gasta el dinero ajeno (los impuestos) con el mismo cuidado que una persona gasta su propio dinero. De ahí, la tendencia inevitable del gasto público a la ineficiencia, a la asignación errónea o defectuosa de los recursos (que, por definición, son escasos), aun en la eventualidad de que quien ejerza el gasto público sea sumamente escrupuloso y esté sometido a un agudo y puntual escrutinio por parte de los ciudadanos. Tercero, porque resulta claro que los impuestos restan inevitablemente recursos a la sociedad.

Hay muchas otras razones, derivadas de las anteriores, para desear que los impuestos sean pocos, de tasas bajas y únicas, parejos o iguales para todos. Proporcionales, que no progresivos. (No es lo mismo, como nos enseña no sólo la semántica, sino las matemáticas).

Hasta ahí estamos de acuerdo. Pero ahora resulta que algunos “liberales” (que se denominan a sí mismos como tales) llevan su aversión a los impuestos hasta el extremo de ver con buenos ojos, o con indiferencia, cosas mil veces peores que los impuestos, como son el déficit fiscal y la consecuente inflación.

Como una especie de coartada, algunos de estos “liberales” afirman que la solución es disminuir más el gasto público (siempre y cuando no sea el gasto público que los salpica a ellos o a sus patrocinadores). ¡Correcto!, ¡que se disminuya más el gasto público!, pero a todos los niveles y en todos los ámbitos de gobierno. Sin embargo, la mayoría de estos “liberales”, acérrimos enemigos de los impuestos, desdeña lo que ya ha hecho (insuficiente, sin duda) en esa línea al gobierno federal y, más grave aún, parecen formular su consigna en abstracto, como si no existiese un marco institucional – un arreglo, bueno o malo – que funciona en el mundo real y que pone límites, restricciones, obstáculos insalvables a los buenos deseos. Parecen ignorar que es la Cámara de Diputados la que aprueba el Presupuesto de Egresos y que sus encendidas diatribas contra el dispendio deberían dirigirse también a los flamantes diputados para rogarles, por ejemplo, que ya no le den recursos a las entidades federativas, si esos recursos se gastarán para financiar la versión cinematográfica de alguna de las recientes obras de Gabriel García Márquez (mediocre, sobre las "putas tristes"), como planeaba hacer el gobierno de Puebla. Parece que ya no lo hará, porque algunas activistas, por razones que nada tienen que ver con la ortodoxia fiscal, han protestado. ¿Dónde estaban los "liberales"?

La política fiscal no se desenvuelve en el vacío, sino en un marco institucional (bueno, malo, regular o peor) que está plasmado en la Constitución y en multitud de leyes. El Presidente no puede decretar de un plumazo que decenas de miles de pensionados dejen de recibir sus pensiones para poder disminuir el gasto corriente. No puede tampoco invalidar, de forma retroactiva, las condiciones generales de trabajo que han regido por décadas digamos en la Comisión Federal de Electricidad o en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro y que establecen que todo jubilado de esas empresas públicas reciba cada mes hasta su fallecimiento una pensión equivalente a su último salario. Ese es un marco institucional, si quieren cambiarlo (y deberían quererlo, ¡ya!), pugnen en donde deben pugnar: ante los legisladores federales y critiquen a quien deben criticar. Y sepan, por cierto, que no hay forma - sin destruir el estado de derecho - de modificar ese arreglo de forma retroactiva.

El colmo es cuando leemos que algunos de estos “liberales” (verbigracia, el director general de Instituto Mexicano de la Competitividad, IMCO) proponen que el gobierno “estimule” fiscalmente la economía, de acuerdo con la rediviva moda mundial del keynesianismo silvestre, lo que – si nos atenemos a la lógica – no sólo implica proponer un mayor déficit fiscal, sino postular que es el gobierno, y sólo el gobierno, el que mueve a la economía. Curiosos “liberales”, por decir lo menos.

El día de mañana veremos cómo alguno de estos “liberales” (hemos de llamarles así porque de tal forma se bautizan a sí mismos, no por otra razón) critica al gobierno por proponer la desaparición de la Secretaría de Turismo y aplaude a los valientes legisladores priístas que logren impedir esa racionalización (mínima, si se quiere, pero racionalización deseable) del tamaño y la presencia del gobierno en la actividad económica. Habrá de suponer ese hipotético "liberal" que los turistas extranjeros vienen a México atraídos por la arrolladora personalidad del Secretario de Turismo y no por otros atractivos que, ingenuo, yo conjeturaba que explotaban con inteligencia los verdaderos empresarios turísticos.

Excelente que se opongan a los impuestos. Felicidades, pero no recuerdo haber escuchado a muchos de estos “liberales” lamentar que el gobierno derrochase los recursos escasos para subsidiar el precio de la gasolina o del diesel. En ese asunto, sólo recuerdo las advertencias de Sergio Sarmiento, Arturo Damm y Juan Pablo Roiz. ¿Dónde estaban los otros "liberales"?

Pareciera que son “liberales” con, al menos, un par de carencias intelectuales importantes: 1. Desdeñan u olvidan el marco institucional en el que se desenvuelve, para bien o para mal, una democracia como la mexicana y 2. Ignoran, al igual que tantos socialistas, que no se puede tener todo a la vez: un mundo sin impuestos, con abundante gasto público y sin deuda pública. Padecen, al igual que multitud de políticos mexicanos, del síndrome Cantarell: El petróleo que nos dio la Providencia será la solución a todo.

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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Sor Juana y los adoradores del Estado

En las famosas "redondillas" de Juana de Asbaje y Ramírez (Sor Juana Inés de la Cruz) en defensa de las mujeres hay un hermoso alegato contra la incosistencia racional - e incongruencia moral - de quienes incitan a la mujer a ser liviana, para inmediatamente después, si acaso la mujer cede a la invitación, reprocharle su ligereza, pregunta Sor Juana:

"¿Qué humor puede ser más raro/Que el que, falto de consejo/Él mismo empaña el espejo/Y siente que no está claro?"


Y líneas atrás había escrito:

"Parecer quiere el denuedo/De vuestro parecer loco/Al niño que pone el coco/Y luego le tiene miedo"


Hoy, ante la presentación del programa económico para 2010 (proyecto de presupuesto de egresos, iniciativa de ley de ingresos, criterios generales de política económica y otras propuestas de reforma en materia fiscal), encuentro a más de un político y opinante de oficio más o menos adorador del Estado, o más o menos afecto a la intervención del gobierno en la economía, atrapado en la más flagrante incongruencia intelectual y moral.

Estatólatras en apuros
Por una parte, el guión les dicta que deben criticar con más o menos ferocidad cualquier iniciativa que surja de un gobierno etiquetado (también está en el guión esto de la etiqueta) como conservador en materia de moral pública y neoliberal en materia económica, de "derecha" pues. Por otra, han pedido durante años, implorando y exigiendo más bien, que el Estado nos resuelva la vida, que el gobierno tenga una política activa que saque a los pobres de la pobreza, que el gobierno sea fuerte y cuente con recursos abundantes para salirle al paso a cualquier evento adverso, especialmente para corregir con abundantes recursos públicos lo que llaman "fallas del libre mercado" (muy pronto, en el discurso de la "izquierda" estatólatra, se dirá que los terremotos, los huracanes, el SIDA y hasta el cáncer de seno, son también fallas del mercado), y ahora se encuentran con que les disgusta sobremanera que el gobierno busque recursos para hacer siquiera una buena parte de lo que estos adoradores del Estado esperan - y exijen- que el Estado haga. Quieren más Estado, pero no quieren impuestos. Quieren subsidios para el cine nacional, para la educación superior, para pagarle pensiones a todo mundo (pensiones desvinculadas del hecho de que esas perosnas hayan o no ahorrado recursos a lo largo de su vida laboral; pensiones forzosas hayan o no hayan trabajado los pensionados antes de llegar a la edad de retiro), pero quieren que surjan de la nada.

Lo que algunos llaman "izquierda moderna", digamos la "izquierda" que ha prevalecido por décadas en algunos países nórdicos, ya entendió hace muchos años que, por elemental congruencia, si quieren un Estado benefactor, que los cuide desde la cuna hasta la sepultura, tienen que favorecer a la vez los impuestos elevados al ingreso, progresivos más que proporcionales, y también las contribuciones universales de tasas únicas - que sin ser progresivas, son proporcionales porque quien más gasta, más paga- que gravan al consumo. Pero nuestra izquierda vernácula, en México y en casi toda América Latina, no lo entiende o no lo acepta.

En los casos destacados de México y de Venezuela el petróleo ha sido la salvación para permitir que esta inconsistencia intelectual e incongruencia moral susbistiese por muchos años. Eso explica, en el caso de México, que la riqueza petrolera (el petróleo es de todos, aunque es más de unos que de otros) permitiese tener una estructura tributaria débil, relativamente fácil de eludir o de evadir, y un Estado gastalón, con subsidios generosos, con centenares de Institutos y organismos pagados con recursos fiscales (los ingresos petroleros son en México, más de la tercera parte del total de los recursos fiscales) que lo mismo promueven el cine, defienden -aunque sea en la retórica- la causa de las mujeres, promueven el deporte o eso dicen, se encargan (o eso dicen) del maíz, del café, de la caña de azúcar, del carbón, de la lectura de libros, de la confección de poemas, de la preservación de los pollos o de los cerdos, del cuidado de los riñones o de la prevención de la locura...El petróleo dió para eso y más.

Pero, en esta vida, todo por servir se acaba. Hasta el petróleo y hasta los yacimientos milagrosos como Cantarell (hallazgo casual que no requirió de esfuerzo o de investigación y que, para colmo de la dicha de los estatólatras, no requirió de esfuerzos denodados o de inversiones cuantiosas para extraer de él cada día cientos de miles de barriles de petróleo) y, llegada esa hora, llegado el momento en que el gobierno de México le está viendo el fondo a la alcancía (que algunos soñaron inagotable), no parece haber otro remedio que o renunciar a ese Estado benefactor, que lo mismo paga una operación de cataratas que una carrera de escultor o una vida dedicada a la "pobretología" digamos en el Colegio de México o en la Cámara de Diputados, o empezar a cobrar impuestos en serio.

Me adelanto a la objeción gastada de que el problema no es que se cobren impuestos sino que siempre los pagan los mismos, es decir quienes trabajamos en la economía formal, "con todas las de la ley" como decían los abuelos, y que no se les cobran impuestos a quienes medran en la economía informal, recordando que justamente el método más eficaz para "aumentar la base de los contribuyentes" es gravar de forma universal y con tasas únicas el consumo. También recuerdo que hay un impuesto más o menos nuevo en México (se aprobó en septiembre de 2007, apenas) que grava los depósitos en efectivo a partir de la presunción, totalmente acertada, de que tarde o temprano también el dinero de quienes medran en la economía informal llega a los bancos y, si no se acredita fiscalmente su procedencia (es decir, que provenga de alguna actividad que paga impuestos al ingreso), se le grava automáticamente. Decían que ese impuesto no iba a funcionar y, por el contrario, ha funcionado bastante bien (vean las cifras de recaudación por IDE, o Impuesto a los Depósitos en Efectivo). En todo caso, discutamos acerca de la forma de aumentar la base - el número - de los contribuyentes, pero sin dogmas de "fe tricolor" como el que aduce que generalizar el IVA y cobrarlo a todas las transacciones - lo mismo si lo que se compra es un litro de leche que si se compra una pastilla para sacarle la vuelta a la disfunción erectil- es un sacrilegio porque así lo determinó la Asamblea número tal del PRI para sacarse la espina de la "roqueseñal" y darles una lección a los odiados "tecnócratas". (Y, por cierto y por favor, distinguidos opinantes de oficio y políticos, no digan "aumentar la base gravable", éso no significa lo que en realidad ustedes quieren decir, eso significa simplemente "aumentar los motivos para cobrar impuestos" aunque se le cobren a los mismos de siempre. Aprendan a usar el lenguaje con propiedad, por favorcito).

Dejo hasta aquí las divagaciones y voy a un ejemplos concreto del "parecer loco" de algunos que, primero ponen el coco, y luego le tienen miedo:

Hoy miércoles nueve, del mes nueve, del año nueve, programa de radio conducido por Carlos Puig, discusión entre Leo Zuckerman - quien manejó la ironía de forma magistral - y Sabino Bastidas, quien se reveló como un estatólatra incosistente, titubeante y mal informado (lo cual, de veras, me sorprende porque siempre escuché que Bastidas era una especie de "lumbrera" idológica en las ligas ya no tan juveniles del PRI), y que transcribo a continuación. Primero va, como introducción, un "round de sombra" entre Zuckerman y Puig, que gana el primero por KO, después vienen la fina esgrima irónica de Zuckerman dejando sin argumentos lógicos a Bastidas, quien llega al extremo de proclamar casi que sin la intervención del Estado en nuestra vidas, seríamos unos miserables gusanos que se arrastran por el fango. Va.


Un debate en la radio el 09/09/09

Carlos Puig: Yo empiezo con Leo Zuckermann que aquí siempre ha insistido, menos Estado, más neoliberalismo y bueno pero aquí hay más impuestos, debes estar enojadísimo.



Leo Zuckermann: Bueno la verdad es que me encanta el ambiente liberal que se vive en esta cabina, el conductor poniéndose de el lado de los que pensamos que efectivamente el Estado debe de ser más chico y, por lo tanto, debe de costar menos, a todos aquellos adoradores del Estado que siempre están propugnando por una mayor intervención del Estado se están dando cuenta, pues, que las cosas cuestan y que no nos costaban porque teníamos una cosa que se llama petróleo pero 'lástima Margarito'.

El país se está quedando sin petróleo y entonces, ahora sí, se va a meter el gobierno en nuestros bolsillos para tratar de financiar todas las cosas que nos encantan: las regulaciones del IFE, el hecho de que los partidos tengan mucho dinero, 500 diputados, 128 senadores, una educación donde el sindicato tiene muchas prebendas y hay que darle más dinero a los maestros, en fin, podemos decir muchas cosas, que bueno, claro, una Suprema Corte que cuesta cuatro veces más que la de Estados Unidos ¿verdad?

Estas cosas cuestan, qué bueno que lo estemos discutiendo, a mí me parece fantástico que finalmente estemos dándonos cuenta, pues, de que el gobierno trae un déficit y de que las cosas cuestan y te voy a decir una cosa: creo que en la medida que el paquete que manda el Presidente Calderón es un paquete responsable porque contra lo que tú piensas de que es mejor endeudar al país, yo creo que no.

Yo creo que la gente…

Carlos Puig: No, yo no lo pienso…

Leo Zuckermann: Tú has tenido una defensa del déficit público, el déficit público es una manera de cobrar impuestos al futuro.

Carlos Puig: Perdón, no fue lo que dije yo, el FMI (?) dijo de Polonia que se va endeudar 6% este año, el FMI dijo que le parecía que en estos tiempos de recesión debería de saltarse el acuerdo, además hay que hacerlo, no lo digo yo…

Leo Zuckermann: Pero tú al estar defendiendo que México se debería de tener un mayor déficit, lo que estás diciendo es: 'en lugar de cobrar más impuestos a la gente, utilicen la tarjeta de crédito y luego la vamos a pagar'.

Ahora, el problema es que llega un momento en que hay que pagar la tarjeta de crédito, y si México no resuelve su estructura de recaudación ahorita pues ¿cuándo la va a resolver?

Mira yo he hablado, y con esto termino, con gente de las calificadoras; las calificadoras son muy importantes en estos momentos porque es la que te da las calificaciones para ver qué deuda, cuánto te va a costar tu deuda y ellos te dicen: 'mira, nosotros estamos muy pendientes de esto porque si México no hace ahorita su reforma en la recaudación, su reforma tributaria pues ¿cuándo la va a hacer? Si no la haces cuando estás en crisis pues ¿cuándo la vas a hacer?


Y SIGUE:

Carlos Puig: Pero la segunda línea del primer punto del decálogo habla de blindaje para que nadie ¿te acuerdas cuando dice, todos los recursos en la pobreza, dice, blindaje para que esto no sea mal utilizado?

Entonces no sé si ese blindaje le va permitir…Sabino.

Sabino Bastidas: Mira lo que pasa es que el dato con el que sale el Presidente ayer es la fachada de la pobreza, o sea, toda esta reforma tiene un sentido de pobreza porque la explicación es posterior, la explicación de los impuestos, el debate del déficit, los impuestos que nos iban a cobrar es un segundo momento de comunicación político que es por la tarde, antes de eso tuvimos un mensaje del Presidente en donde claramente pareciera que todo está alineado en la lógica de que vamos a combatir la pobreza y eso justifica este impuesto de combate a la pobreza, este coco, este impuesto de combate a la pobreza que no es un IVA técnicamente es correcto el planteamiento no es un IVA, es un IVA disfrazado, no es un IVA en tanto que el IVA es un impuesto genérico y es u impuesto que se aplica a cualquier gasto, este es un impuesto especial en tanto que está etiquetado supuestamente para el gasto de pobreza, lo que pasa es que por el otro lado hay una reducción a la pobreza.

Entonces si bien es cierto, técnicamente no es un IVA, para el consumidor es un IVA, o sea él va a ver en su recibo al momento de pagar cualquier cosa 15% de impuesto y 2% de IVA, es una manera de disfrazar un ingreso…lo que hay que decir es que es un impuesto al pobre agregado y que finalmente va a funcionar como IVA.

Entonces aquí el tema está en como quieren aplicar este tema a la pobreza y yo la pregunta que me haría es, si esto resuelve y va alineado a la lógica del Presidente, los cambios estructurales, ninguno de los dos planteamientos, ni el de ingreso ni el de egreso me plantea cambios estructural en el país, no estamos modificando la estructura de cobro de impuestos, lo único que hicimos es, y lo dijo ahorita alguno de los diputados, efectivamente, sobre lo que ya cobramos aumenta el estantito hasta que logremos satisfacer la carencia de…

Carlos Puig: Paramétrico, dijo, vamos a discutir mucho más ampliamente esto, quiero desarrollar esta parte de la simulación mexicana ¿qué dice Leo Zuckermann con esto del IVA que no es IVA?, ahora volvemos.
P A U S A
En nuestra mesa con Sabino Bastidas, Jesús Silva Herzog Márquez y Leo Zuckermann conversando sobre lo que ayer presentaron el Presidente primero en la mañana y después Agustín Carstens en la noche frente al Congreso de la Unión, Leo Zuckermann, decías antes de irnos, esta es una típica simulación mexicana ¿a qué te referías?

Leo Zuckermann: Bueno que este, le llaman contribución de combate a la pobreza, es un 2% pero en realidad es un IVA del 2% generalizado y yo creo que sí es un cambio estructural para el tema de ingresos que tiene el país del sector público porque bueno se viene hablando mucho desde hace tiempo de que eso es lo que necesita el país, eso va a permitir incrementar la base gravable, es decir, la cantidad de gente que paga impuestos y que hoy no paga y que va a pagar impuestos, va a ser acreditable, va a permitir echar abajo una serie de regimenes especiales que tiene el IVA, es un IVA, es como si el gobierno hubiera dicho, bueno ahora se va, vamos a subir a 17% el IVA y a los que pagan tasa cero y exentos, etcétera, vana pagar 2%, eso es un cambio estructural importante otra vez.

Lo que es increíble es, ¿cuántos años llevamos hablando de esto?, exactamente hace seis años estaba la discusión del IVA copeteado, ¿se acuerdan de Vicente Fox, etcétera? Ahora yo le quiero decir algo a la gente, insisto, la gente está muy enojada, yo estoy muy enojado, pues sí, pero acuérdense que ese es el costo de pagar un gobierno que por lo demás es bastante ineficaz pero a ustedes les gusta que el Estado esté interviniendo…les gusta que haya hospitales públicos…bueno yo creo que sí gastamos mucho en educación, yo creo que hay que bajarle al tema de la educación, como país de la OCDE…gastamos casi 7 puntos del PIB, es decir, gastamos más que Corea y la educación mexicana es la peor de los países…

Carlos Puig: Sabino Bastidas.

Sabino Bastidas: O sea todos estamos en esa… pero estamos discutiendo la educación pública, estás hablando de educación pública, yo no puedo estar de acuerdo en que no paguemos con recursos del Estado la educación pública, es que no metas todo en un mismo cajón…

Leo Zuckermann: A ver, salgan hoy a sus escuelas a demandar una educación de calidad porque el gobierno les va a cobrar más impuestos, qué bueno.

Sabino Bastidas: Se trata de gastar bien y se trata de invertir correctamente.

Leo Zuckermann: Eso suena muy bien, ¿cómo le hacemos?

Carlos Puig: Ahora, no veo en ninguna parte, dos cosas, y lo leí, por lo menos el documento público de 23 páginas, ya lo señalaba, me parece, no sé si Luis Videgaray o Vidal Llerena, ¿no?, no veo aquí gastar mejor, sí veo gastar menos, mucho, es decir, hay mucho en gastar menos, no veo en gastar mejor, y no veo algo, y no quiero seguir comparándome con otros países, no veo infraestructura, no veo anticíclico, no veo un programa de gasto que en enero, nos decía Agustín Carstens, es lo que habría que salir…

Leo Zuckerman: Pero ¿tú crees que el gobierno es la solución a la economía?

Carlos Puig: Sabino Bastidas.

Sabino Bastidas: Pero mira, muy por el contrario, estructuralmente, fíjate nada más hacia dónde estamos construyendo el modelo. Cuando el Presidente ayer nos habla de que México ha tenido cinco millones de pobres más, que son los datos de CONEVAL formales, son los datos que tenemos de CONEVAL hasta 2008, pero la caída del Producto Interno Bruto genera un aumento proporcional de la pobreza; pudimos haber generado en esta crisis, con todo 2010 hasta ocho millones y medio de pobres.
Ayer el Presidente dice, es que el impuesto que vamos a cobrar se va a etiquetar para aumentar el subsidio a la pobreza, y vamos a tener seis millones y medio de familias, casi 30 millones, dijo el Presidente Mexicano que van a recibir de manera directa un subsidio a la pobreza…

Leo Zuckerman: Y eso ¿está mal?

Sabino Bastidas: Lo que estamos construyendo es una nómina de pobres, no estamos resolviendo estructuralmente el tema de la pobreza; o sea, lo que hizo el Presidente de anunciarnos los 10 puntos de una reforma estructural, en…

Leo Zuckerman: Tú no quieres que haya nómina en los pobres…

Sabino Bastidas: Por favor, Leo, como no voy a querer eso.

Leo Zuckerman: ¿Entonces?

Sabino Bastidas: El punto es…

Jesús Silva Herzog: Ya no entendí… (Nota de RMM: Yo tampoco).

Sabino Bastidas: Yo no veo Leo, yo no veo cómo eso se ve reflejado en un presupuesto. Yo no veo reflejado los 10 puntos de Calderón en este presupuesto…

Leo Zuckerman: No, no, a ver, Calderón dice vamos a poner este IVA disfrazado del 2% para darle más dinero a los pobres ¿estás a favor o en contra de eso?

Sabino Bastidas: ¿De qué?

Carlos Puig: Él no vota, estamos analizando no votando.

Leo Zuckerman: Bueno, ¿te gusta o no te gusta?, ¿estás de acuerdo o no estás de acuerdo? Vaya, toma una posición.

Sabino Bastidas: Mira Leo, aumentar nada más el dinero en una nómina de pobres no nos va a solucionar el tema de la pobreza.

Leo Zuckerman: Entonces no hay que darle más dinero a los pobres.

Sabino Bastidas: Y no es un asunto de darle más dinero a los pobres porque suena a demagogia, eso que estás diciendo suena a demagogia, eso que estás diciendo es demagogia. Bueno entonces no me estás resolviendo el problema de la pobreza porque a los pobres los sacas del a pobreza en vías de crecimiento económico.

Leo Zuckerman: Y eso, y necesitamos al gobierno para que haya crecimiento económico.

Sabino Bastidas: El crecimiento económico tiene muchas fuentes, una de ellas, una de ellas es la manera como el gobierno gasta. Claramente, el agente económico más importante de este país es el gobierno Leo.

Leo Zuckerman: No, no, no, perdóname…agente económico…

Sabino Bastidas: El agente económico más poderoso, el que aumenta el gasto y disminuye el gasto y tiene un impacto en toda la economía es el Estado.

(NOTA de RMM: Aquí, cuando Bastidas dice esa barbaridad, mi personal detector de burradas se puso al rojo vivo)

Leo Zuckerman: Perdóname, es el sector privado, el sector privado que produce más Producto Interno Bruto.

Sabino Bastidas: El agente económico más grande es el Gobierno, el que más gasta, el que te cambia la correlación de puestos de la economía…

(NOTA de RMM: En generación de valor agregado a la riqueza de la economía el gobierno en México no llega al 15 por ciento del PIB; una cosa es que pueda obstruir mucho, otra, muy distinta, es que haga todo o casi todo)

Leo Zuckerman: Ah bueno, y es el que tiene que sacar a la economía de…

Sabino Bastidas: Y, perdóname, Leo, ¿y quién lo hizo en Estados Unidos?, porque la verdad es que la visión esta la liberal a ultranza tiene sus limitaciones, porque no me digan que la economía en Estados Unidos, después de criticar al Estado durante 25 años, después de señalar que el Estado no funcionaba, resulta que quien sacó a la economía del mundo, en esta visión…

(Nota de RMM: Bastidas está, otra vez, mal informado. La economía de Estados Unidos se está recuperando a pesar del gobierno de Obama, gracias a la iniciativa de la sociedad y de los individuos)

Leo Zuckerman: Tenía un déficit del 10% del Producto…

Sabino Bastidas: Quien sacó a la economía del mundo fueron los Estados, Leo, entonces vayan matizando su visión de que el Estado, de que el Estado del mercado, perdóname, necesitas Estado ¿eh?

Leo Zuckerman: Necesitas Estado ¿a dónde? ¿Hasta dónde necesitas el Estado? El Estado, en Estados Unidos…

Sabino Bastidas: Por lo pronto no necesito del mercado para salir adelante en la crisis.

(Nota de RMM: Otra vez, tras esta declaración de Bastidas mi detector de estupideces está a punto de estallar)

Leo Zuckerman: El Estado en Estados Unidos se endeudó 10% del Producto Interno Bruto porque tiene esa capacidad, México no la tiene; o sea, el gobierno no tiene dinero, nos queda clarísimo, se va a endeudar para sacar a la economía ¿cómo, cómo Sabino?

A ver, yo quiero saberlo ¿qué?, ¿construyendo infraestructura? No pueden echar a andar una carretera, por el amor de Dios, hombre. ¿Cuánto tiempo llevan tratando de hacer esta refinería? Por favor.

Lo que debería hacer…

(...)

Leo Zuckerman: ¿Por que hay la capacidad del Estado de endeudarse? En México, la pregunta es ¿puede el Estado mexicano endeudarse? La respuesta es no, no mucho porque ya no da para más ¿por qué? Porque los que le prestan al Estado mexicano, sí hay gente que hay del otro lado que está poniendo su dinero, dice híjole ¿de verdad estos mexicanos me van a pagar?, pues si no cobran impuestos no, y van a tener que seguirse endeudando y endeudando y endeudando para pagar hasta que llega un día y dices: 'no, estos ya no tienen capacidad de pago', porque este Estado recauda…

Sabino Bastidas: Perdón, ya nada más con esto. Este Estado recauda 10% del PIB, no es nada y tú lo sabes.


Último comentario de RMM a esta aguda observación de Bastidas: ¿Y qué diablos es lo que te está diciendo Leo Zuckerman?, ¿nunca te entersate de lo que te estaba diciendo?

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lunes, 15 de diciembre de 2008

Recortar impuestos para crecer más

No gasten más; quítenle menos a los que gastan mejor
La típica creencia keynesiana señala que para estimular la demanda agregada es más eficaz incrementar el gasto público, por ejemplo en infraestructura, que recortar impuestos.
Por su parte, la inevitable propensión de los políticos a gastar más dinero del público refuerza poderosamente esta creencia. Pero sólo es eso: Una creencia en cuyo auxilio no puede aportase ninguna evidencia empírica contundente.
Por elemental honestidad intelectual sería deseable que los políticos y quienes diseñan las políticas públicas examinasen con más rigor crítico esta creencia keynesiana.
Esto es lo que propone el economista Greg Mankiw de la Universidad de Harvard a Barack Obama y a sus asesores en materia de economía y políticas públicas para hacer frente a la crisis, y eso es lo que propongo yo al gobierno mexicano y a nuestros legisladores: Armarse de humildad y examinar los resultados empíricos para decidir con honestidad cuál de las dos políticas públicas – incrementar el gasto público o reducir impuestos- tiene mayor efecto multiplicador en materia de inversión y crecimiento.
En su popular bitácora en la Internet, Mankiw menciona los resultados de diferentes investigaciones acerca del asunto. En contra de la creencia keynesiana, mientras que el multiplicador del gasto público es de uno (un dólar de gasto público en infraestructura genera un dólar de avance del PIB, según Susan Woodward y Robert Hall) el multiplicador de un recorte de impuestos es de tres a uno (tres dólares de avance en el PIB por cada dólar de recorte de impuestos, según una investigación de Christina D. Romer y David H. Romer de la Universidad de Berkeley en California).
Digan lo que digan los keynesianos este hallazgo tiene toda la lógica del mundo, ya que siempre asignamos con mayor eficiencia nuestro dinero que el dinero ajeno (que es lo que hacen los gobiernos: gastarse el dinero de otros). Y es aún más lógico, si el gasto público es deficitario ya que en tal caso el gasto está inhibiendo activamente la inversión privada. Piénsenlo sin trampas.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

Si pueden prescindir de la mitad del ISR, ¡háganlo!

Este año el subsidio a los combustibles – gasolinas y diesel – será equivalente casi a la mitad de la recaudación total del ISR cobrado a empresas y personas físicas. Esa es la mejor prueba de que el erario podría disminuir, sin problema, la tasa máxima de ese impuesto a la mitad: 14 por ciento. Háganlo, y en una de esas hasta se incrementa la recaudación.


No cabe duda que el Presidente Felipe Calderón y su gobierno están preocupados por la competitividad de la economía mexicana. Hay una manera sencilla, directa, contundente, de incrementar de golpe la competitividad y está en manos del Poder Ejecutivo y del Poder Legislativo: Disminuir a la mitad la tasa máxima (para el caso de las empresas, y para efectos prácticos, tasa única) del Impuesto Sobre la Renta: a 14 por ciento.
Aunque hay un sinnúmero de evidencias mundiales de que una menor tasa impositiva NO disminuye la recaudación sino que la incrementa, desechemos esas evidencias y decretemos que esa presunción es una falacia “neoliberal”. Más todavía: Digamos neciamente que una menor tasa impositiva disminuirá linealmente la recaudación y que si hoy la tasa es de 28% y el fisco recauda “X”, en el momento en que la tasa baje a 14% el fisco recaudará “X/2”, la mitad de “X”.
¿Puede el erario prescindir de los ingresos equivalentes a la mitad de la recaudación del ISR?
Tan puede hacerlo que lo ha hecho durante 2008 sin generar déficit fiscal, sin que haya desparecido una sola dependencia del gobierno federal, sin que ningún estado ni ningún municipio haya dejado de recibir aportaciones y participaciones federales. Lo ha hecho al subsidiar el precio al consumidor final de las gasolinas y el diesel. Y amenaza seguir haciéndolo, aunque en menor proporción, durante 2009.
La próxima vez que algún funcionario o algún legislador ponga los ojos en blanco, imposte la voz y diga que está empeñado en aumentar la competitividad de la economía mexicana, digámosle que ya tenemos la respuesta a su sentida preocupación: “Bajen la tasa del ISR a 14% o, mejor aún: Desaparezcan el ISR y dejen como impuesto único el IETU – también para todas las personas físicas- a una tasa de 14 por ciento”.
¿Querían soluciones? Ahí tienen una. Y, por supuesto: ¡Cobren la gasolina a su precio verdadero!

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sábado, 17 de mayo de 2008

Los Kirchner y el hambre del mundo (II y fin)

La “genialidad” de los Kirchner (el gobierno K) muy pronto ha dado resultados: La producción de granos en Argentina empieza a disminuir y también cayeron los ingresos tributarios que, golosamente, el gobierno K esperaba recaudar.

La “reina” Cristina - ¿acaso es presidenta de una república?- estuvo tres días en Perú, en la cumbre de Lima que reunió a gobernantes de América Latina con sus semejantes de la Unión Europea. ¿Qué hizo Cristina Fernández de Kirchner en esos tres días, además de maquillarse con esmero y elegir minuciosamente su guardarropa? Bien, se tomó alguna foto del recuerdo con Evo Morales y deslumbró al mundo con declaraciones abismalmente insignificantes – carentes de significado – y políticamente correctas como ésta:

“Se deben articular políticas comerciales entre los bloques, el Mercosur y la Unión Europea”.

En la cumbre de Lima se acordaron “grandes cosas”. Por ejemplo: luchar contra el hambre en el mundo, una tarea en la que la soberana Cristina colabora con denuedo negándose a considerar que la retención tributaria a las exportaciones de granos fue un error garrafal.

Mientras Cristina se placeaba en Lima sus voceros – el ministro de Agricultura y su jefe de gabinete- endurecían el discurso contra “la oligarquía rural”: “Nadie puede fijarle la agenda a la Presidenta” o “No vamos a negociar bajo amenazas”.

Lejos de la palabrería inútil que emboba a los cortesanos, Argentina triplicó en los últimos 17 años su producción de granos y ése hecho es interpretado por el gobierno K como un pecado que debe castigarse con impuestos confiscatorios a la exportación que encarecerán – vía precios y vía menor producción- los alimentos para el mundo. Argentina consume sólo 14% de los 95 millones de toneladas que produce, lo que significa que puede exportar a precios competitivos el resto de la producción; esa hazaña de la productividad es aberrante a los ojos del gobierno K.

El gobierno K



En el mes de marzo (las nuevas retenciones tributarias empezaron el día 11), cayó la recaudación esperada por ese concepto: Fueron 17,700 millones de pesos en lugar de los 20,130 millones de pesos que calculaban los analistas. El gobierno K está demostrando el funcionamiento de la curva de Arthur Laffer: A partir de un punto de avidez tributaria, mayores tasas se traducen en menor recaudación. ¡Felicidades! Lástima que la demostración empírica se haga a costa de encarecer el precio de los alimentos

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miércoles, 14 de mayo de 2008

Oficio, legislador; actividad, promover el fracaso

¿Qué hace un político mediocre e incompetente – la lista en el mundo es extensa- ante la prosperidad que es resultado del éxito? Castigarla, si es posible prohibirla, igualar hacia abajo, regodearse en la promoción del fracaso.

Uno supondría que los políticos locales en Massachussets están orgullosos de la concentración de capital intelectual en su estado, en el que tienen su sede varias universidades que ocupan los primeros lugares en el mundo, empezando por Harvard. Error. Al menos varios de esos políticos, legisladores locales, parecen profundamente resentidos por el éxito de esos centros de excelencia educativa y por la prosperidad que se deriva de dicho logro.

Encabezados por el representante Paul Kujawski, del Partido Demócrata, han propuesto al departamento de ingresos del gobierno del estado analizar la viabilidad de gravar con un impuesto de 2.5% anual la porción de las donaciones que reciban las universidades que exceda de los mil millones de dólares. Al menos nueve universidades en Massachussets reciben donaciones que sobrepasan ese monto.

Más que la generación de ingresos adicionales para el estado, cosa que no sucederá porque el impuesto ahuyentaría a los donantes, Kujawski confiesa que el objetivo de su propuesta es disminuir las donaciones "exorbitantes" y que, supone, no están dictadas por fines auténticamente altruistas.

Es, pues, un impuesto contra el éxito dictado por la envidia, algo electoralmente muy vendedor y mercancía habitual de los populistas.

Greg Mankiw, profesor de Harvard y famoso economista, escribió en su bitácora en la red que ante un impuesto así, en caso de darse, Harvard debería fundar de inmediato un nuevo campus en otro estado con clima más benigno, que podría llamarse Harvard Sur, y canalizar a todos los donantes y todas sus donaciones a ese nuevo destino, al tiempo que Harvard Norte – la sede original- emprende una lenta y ventajosa venta de terrenos hasta desaparecer.

¿Eso es lo que quiere lograr Kujawski?

Kujawski – dice la página de este político en la red- estudió un B. A. (licenciatura) en North Adams State College, toda su vida laboral se ha dedicado a la política y ha sido legislador local desde hace 14 años. Pone en su currículum como "Profesión": Legislador. No sabrá hacer otra cosa. Pero habrá que aclararle que ésa no es una profesión, sino un oficio generalmente pernicioso para los demás.

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sábado, 22 de marzo de 2008

Dos grandes mentiras sobre Pemex

La magnitud de las mentiras que se han dicho – y se seguirán diciendo – acerca de Pemex es pasmosa e indignante, especialmente por parte de quienes se oponen a cualquier transformación estructural de esa “empresa”. Dos ejemplos.


Primera mentira: Durante los últimos años no se ha invertido en Pemex y los recursos excedentes, derivados de mayores de precios del petróleo, se han desperdiciado.

La realidad: De 2000 a 2007 se han invertido en Pemex más de 70 mil millones de dólares. Gracias a las cuantiosas inversiones realizadas en Pemex de 2000 a la fecha la “empresa” ha aumentado sustancialmente la producción de gas natural en la cuenca de Burgos, disminuyendo las importaciones de ese energético; en 1997 se producían cada día 420 millones de píes cúbicos de gas en dicha cuenca; hoy se producen diariamente 1,450 millones de píes cúbicos de gas, un crecimiento de 245% en diez años. También gracias a dichas inversiones Pemex ha localizado prometedores mantos en aguas profundas en el Golfo de México.

Lo que sí es cierto es que la inversión en Pemex durante el último gobierno del PRI – Ernesto Zedillo- fue magra: sólo 29 mil millones de dólares en todo el sexenio 1994-2000.

Segunda mentira: El fisco – la Secretaría de Hacienda – ha exprimido a Pemex; otras petroleras nacionales, como Petrobras en Brasil, no pagan tantos impuestos.

La realidad: Todas las compañías petroleras del mundo pagan altos impuestos a los gobiernos por la extracción de energéticos. Específicamente, Petrobras en 2007 pagó “impuestos de producción” por 60.3% del valor de cada barril de petróleo o equivalente al gobierno brasileño (ver informe anual de Petrobras: El costo promedio de “lifting” sin impuestos en 2007 fue de 7.70 dólares; con “impuestos de producción” fue de 19.39 dólares).

La principal diferencia entre Pemex y Petrobras – que también es controlada por el Estado- es que la brasileña sí es una empresa pública cuyas acciones se cotizan en los mercados internacionales, con ejemplares prácticas de gobierno corporativo, que no tiene restricciones para asociarse con otras petroleras y empresas de servicios para explorar y explotar yacimientos en Brasil y en todo el mundo. Pemex ni siquiera es jurídicamente una empresa sino un organismo público descentralizado que está sujeto a inflexibles y absurdas restricciones para establecer asociaciones – por ejemplo, contratos de riesgo – con empresas privadas nacionales o extranjeras.

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jueves, 20 de septiembre de 2007

Propuestas social-burócratas y ocurrencias idiotas

Incluso para los deficientes estándares de las propuestas social-burócratas la más reciente de las ocurrencias de Marcelo Ebrard no deja de ser una idiotez.

Al parecer para medir la eficiencia en la recaudación del impuesto local sobre nóminas, los técnicos de la Secretaría de Finanzas capitalina se dieron a la tarea de cuantificar el número de personas que desempeñan un trabajo remunerado por empresas formalmente establecidas. Por lo que se comenta en el informe semestral de esa dependencia las pesquisas no arrojaron mucha luz: Al gobierno de la capital le aparecieron, en su padrón del impuesto sobre nóminas, casi 250 mil empleados más que la suma de los registrados en el IMSS y en el ISSSTE desempeñando un trabajo subordinado en el Distrito Federal. Exactamente: 245,761 de más.

Sospecho que el enigma de esos cientos de miles de empleados adicionales obedece a registros duplicados en el padrón del GDF, pero el solo hecho de que no se sepa con certeza cuántas personas reciben un salario en el Distrito Federal (página 21 del informe) sería motivo suficiente para investigar mejor antes de soltar ocurrencias como la que lanzó Marcelo Ebrard.

Según los datos del GDF en el Distrito Federal hay 101,106 empresas registradas con 3, 695,530 trabajadores. De ese padrón de empresas el gobierno capitalino recaudó, en el primer semestre de este año, 3,890.5 millones de pesos por impuesto sobre nóminas; cuya tasa es de 2% sobre el monto total de las erogaciones por sueldos y salarios. Si damos por buenos estos datos el salario promedio en el Distrito Federal (sin prestaciones sociales) fue de más de $8,700 pesos mensuales (unos dos mil pesos por encima del promedio nacional del salario de los trabajadores inscritos en las Afores), lo cual es sorprendentemente alto *.

Un verdadero seguro de desempleo se financiaría con las aportaciones de los trabajadores – que, en caso de quedar desempleados, serían los beneficiarios del seguro que contribuyen a sufragar-, ésa sería una política social discutible pero técnicamente viable. En cambio, la “limosna” a fondo perdido de 1,500 pesos mensuales a una fracción de desempleados, elegidos con criterios arcanos, es una idiotez.

* El cálculo es: recaudación semestral por 50 (se obtiene el total de remuneraciones al semestre) entre seis (se obtiene el total de remuneraciones por mes) entre 3.695530 (es decir entre el número de empleados que registra el padrón, expresado en millones, para obtener el salario promedio mensual en pesos).

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miércoles, 19 de septiembre de 2007

El señor Ebrard no tiene quién le lea…

Sería recomendable que alguien le leyera al jefe de gobierno del Distrito Federal el reporte de avances al primer semestre que difundió la Secretaría de Finanzas de su mismo gobierno; así se enteraría que ahí donde las cosas marchan bien en materia de recaudación de impuestos locales se debe a la política económica del gobierno federal, a la que tanto critica.

Las finanzas del gobierno del Distrito Federal muestran varias debilidades que merecen corregirse. Uno de los puntos más vulnerables es la necesidad de subsidios cada año más cuantiosos para mantener en funcionamiento el Sistema de Transporte Colectivo o “Metro” - que transportó más de 604 millones de usuarios en los primeros seis meses de este año- con tarifas congeladas en dos pesos por viaje. Pero ese asunto ameritaría por sí solo otra serie de artículos.

Si nos limitamos a la recaudación de impuestos en el Distrito Federal encontraremos una sorprendente caída de 6.1 por ciento en pesos constantes, en el primer semestre de este año, en la recaudación del impuesto predial respecto del mismo periodo del año anterior. Esta disminución resulta aún más chocante porque ha aumentado el número de propiedades inmobiliarias en el Distrito Federal y porque los valores catastrales se actualizan al alza constantemente.

Esa menor recaudación en el que es, con mucho, el principal impuesto local (aporta más del 40 por ciento de los ingresos totales por impuestos en el Distrito Federal) contrasta con el avance en la recaudación del impuesto sobre adquisición de inmuebles debido, dice la Secretaría de Finanzas a “la dinámica inmobiliaria que se observa en el Distrito Federal, aunada a las facilidades para obtener créditos hipotecarios” (y a las bajas tasas de interés fijas en pesos a plazos de hasta 20 años), lo cual, ¿alguien puede negarlo?, es resultado de la política económica del gobierno federal de los últimos siete años al menos.

Contrasta también con el avance de 1.7 real en la recaudación del impuesto sobre nóminas, el segundo más importante de los gravámenes locales, fenómeno que la misma Secretaría de Finanzas explica así: “Al ser una contribución ligada a la actividad económica, su comportamiento respondió a la positiva dinámica económica que se presentó en la entidad”.

¿En qué quedamos señor Ebrard?, ¿no dijo usted que la “nefasta” política económica del gobierno federal ha generado un creciente desempleo en la capital?

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domingo, 16 de septiembre de 2007

Consecuencias políticas de una reforma

La reforma fiscal aprobada el viernes aporta un gran capital político al gobierno federal; no sólo se rompió el tabú de que las reformas resultan inviables con un Congreso sin mayoría absoluta, sino que en el proceso se fortaleció una alianza que habrá de resultar clave para el futuro entre el Presidente y los gobernadores.

La reforma fiscal aprobada el viernes fue un gran logro para el gobierno del Presidente Felipe Calderón, del que salió con un capital político mucho mayor al invertido en el proceso.

Trataré de resumir las razones que en lo personal – subrayo: en lo personal- me permiten afirmar lo anterior:

1. La reforma salió, al final de un proceso intenso de casi tres meses, en términos muy semejantes a los originales: El impuesto a tasa única para las empresas, como gravamen de control, sobrevivió; se fortaleció el federalismo fiscal con nuevas fórmulas de reparto, con nuevos mecanismos para la rendición de cuentas y con más recursos para las entidades federativas y los municipios; se introdujeron, sin que se hiciera mayor ruido, propuestas efectivas para mejorar la calidad del gasto y vincularlo a resultados verificables para la sociedad y, no menos importante, se avanzó en la mejoría de la administración tributaria, al tiempo que el gobierno federal quedó comprometido a incrementar la eficacia recaudatoria por el camino correcto: la simplificación.

2. A diferencia de la controvertida reforma electoral, la fiscal fue ampliamente discutida y nadie puede, sin faltar a la verdad, decirse sorprendido por ella. Esto significa que sí contamos, como país, con el andamiaje institucional y con la capacidad negociadora para lograr acuerdos.

3. Un factor clave fue el apoyo, implícito o manifiesto, de casi todas las entidades federativas. La única excepción notoria – el gobierno del Distrito Federal- manifestó una oposición más retórica que efectiva y más políticamente simulada que real. Por lo pronto, y a pesar de todo, el Distrito Federal es uno de los grandes beneficiarios.

4. Desde el punto de vista político, se ha roto el tabú de que las reformas son imposibles y el gobierno federal, junto con los gobiernos de los estados y buena parte del Congreso, han establecido una muestra de racionalidad y de realismo político. Ese capital es de todo el país. Ojalá lo aprovechemos responsablemente.

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martes, 11 de septiembre de 2007

David Ricardo y la deuda del GDF

El gobierno del Distrito Federal ha publicitado con entusiasmo la reestructuración que logró – en plazos y tasas- de la mayor parte de su deuda. ¡Enhorabuena! Ojalá con el mismo entusiasmo nos informaran por qué sus ingresos propios por el principal impuesto local – el predial- muestran una caída anual en pesos constantes de 6.1 por ciento al primer semestre de este año.

Un bonito ejemplo de la llamada “equivalencia ricardiana” – que podríamos resumir así: “La deuda pública de hoy son los impuestos por venir”- es la reciente operación de reestructura de la deuda del gobierno del Distrito Federal.

Breviario: Se llama “equivalencia ricardiana” porque fue el economista David Ricardo el primero en formularla; por su parte, James M. Buchanan, premio Nobel de ciencias económicas 1986 la redescubrió ya que, como admitió en 1992 el economista Robert J. Barro – recordando una polémica suya con Buchanan alrededor de 1974- cuando se verificó tal debate la equivalencia ricardiana “era desconocida para la mayoría de los economistas”.

Es claro que al señor Marcelo Ebrard le disgusta que algunos medios hayan recordado que la operación de reestructura de la deuda del GDF significa, también, trasladar una carga a los contribuyentes de generaciones futuras a cambio de obtener un alivio en la carga fiscal presente. En este caso, sin embargo, esa observación tiene razón. Es la famosa equivalencia ricardiana.

Se entiende que el gobierno de la capital prefiera publicitar los beneficios presentes de la operación en lugar de advertir de sus consecuencias futuras, eso suelen hacer todos los gobiernos. Además, si las alternativas eran: no hacer nada o aprovechar las condiciones de los mercados financieros – y el aval del gobierno federal- para reestructurar la deuda, sin duda se hizo lo correcto. El punto es que hay que ver integralmente las finanzas del GDF, por ejemplo: ¿Cuál es el comportamiento del principal impuesto local, el predial, que cobra ese gobierno? La respuesta es preocupante: En los primeros seis meses de este año la recaudación por impuesto predial ha caído 6.1 por ciento en términos reales respecto del mismo periodo de 2006.

Esta caída en el principal ingreso propio de carácter local – cuyo flujo razonablemente debería servir para dar servicio a la deuda, entre otras cosas- no se conduele con la entusiasta propaganda sobre la salud financiera del GDF.

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Federalismo de dientes para fuera…

Otro falso axioma de los expertos instantáneos en asuntos fiscales: No conviene que haya competencia fiscal entre las entidades federativas. Mientras los gobiernos locales teman asumir potestades tributarias México seguirá siendo un país centralista, pobre y con grandes desigualdades regionales.

Hace unos días en el sitio de la red "Asuntos Capitales" se publicó lo siguiente:

"Así, transitamos – verbo favorito de los políticos- del federalismo limosnero de los últimos priístas que fueron presidentes de la república (…) al federalismo infantil: 'Mira, gobernador o gobernadora, como eres tan bruto o bruta que ni siquiera sabes cobrar impuestos y para evitar que hagas tonterías como cobrar más o menos impuestos que tus vecinos, generando (…) competencia entre los estados, mejor vamos a decirle a los del gobierno federal que sean ellos los que cobren más impuestos y que te entreguen lo recaudado rapidito y de buen modo'". (Juan Pablo Roiz: "El PRI, los gobernadores y el infantilismo fiscal").

Uno de los puntos menos discutidos públicamente en el asunto de un posible impuesto a las gasolinas – de menos de cinco por ciento- cuya recaudación se distribuiría íntegra a los estados, es el hecho de que la propuesta original, auténticamente federalista, se transformó en un arreglo centralista que, para colmo, hoy parece huérfano.

Prevalece otro falso axioma que los expertos instantáneos repiten como pericos: "Si se dan facultades tributarias a los gobiernos locales, para cobrar, si así lo deciden, algún impuesto adicional en los rubros en que la Federación cobra los IEPS, generaríamos una indeseable competencia entre los estados, ya que algunos cobrarían esos impuestos y otros no".

Pregunto: ¿por qué ha ser indeseable la competencia?

El falso axioma revela cuán falso es el federalismo que proclaman muchos políticos, empezando por algunos gobernadores.

Supongamos que el impuesto local tuviese por objeto, como debe ser, combatir una externalidad negativa: los daños que causan millones de automóviles circulando diariamente y los gastos multimillonarios que ello acarrea para los gobiernos locales. Son candidatos obvios a cobrar dicho impuesto los gobiernos del Distrito Federal y del estado de México. Ambas entidades son gobernadas por políticos que no tienen el defecto de la timidez, sino más bien el de la locuacidad. ¿Por qué callan al respecto?, ¿no les interesa defender la capacidad de sus entidades para definir sus propias políticas públicas?, ¿querrían dinero pero no responsabilidades?

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lunes, 27 de agosto de 2007

Impuestos: Las dos hermanas

Entre muchos otros, un ejemplo de los falsos axiomas que propalan los expertos instantáneos: “Los impuestos indirectos son regresivos”. Cuidado, la frase necesita no sólo matizarse, sino reformularse para no faltar a la verdad.

No falla: Cada vez que se discute una reforma fiscal surgen legiones de expertos fiscales instantáneos en las tribunas políticas y en los medios de comunicación. Además de la confusión que generan en la opinión pública dejan, como saldo, un conjunto de afirmaciones tajantes – falsos axiomas acerca de los impuestos-que merecerían un análisis crítico.

Conforme uno se adentra en el fascinante mundo de los sistemas tributarios y de su historia crece la convicción de que así como no hay un sistema impositivo perfecto – que satisfaga plenamente todos los deseos de todos los actores involucrados-, tampoco hay tantos axiomas incuestionables como los expertos instantáneos (que muchas veces sólo son voceros improvisados de algunos intereses) quisieran hacernos creer.

Uno de tales falsos axiomas, que goza de injustificada reputación, es el que reza: “Los impuestos indirectos son regresivos”. Se trata de una más que imprecisa generalización que debería reformularse con más humildad intelectual, por ejemplo en los siguientes términos: “A diferencia de los impuestos directos, los indirectos tienden (ojo con el énfasis) a gravitar con mayor fuerza sobre los ingresos disponibles de las personas de menores recursos, dada la menor capacidad de ahorro de dichas personas”.

El supuesto axioma no es tal, sólo cabe como reconocimiento de una tendencia, toda vez que habrá muchos casos específicos en los que no se cumpla. Además, este sesgo relativo de los impuestos indirectos NO significa en modo alguno que sean los más pobres quienes más contribuyan; por el contrario: en números absolutos, las personas de mayores ingresos gastan más y contribuyen más.

William Gladstone (1809-1898), el célebre político liberal británico, quien fue primer ministro y secretario del Tesoro, describía con el símil de dos hermanas igualmente atractivas – para el erario- a los impuestos directos e indirectos. No ocultaba su preferencia por los impuestos indirectos, entre otras cosas por su mucho menor costo de recaudación, pero en la práctica el propio Gladstone no pudo prescindir de la otra hermana: los impuestos directos.

Supongo que no faltará algún experto instantáneo que censurará a Gladstone diciendo que la política fiscal de ese gran estadista se redujo “a afanes recaudatorios y a la sobrecarga impuesta a los que ya pagan”. Sandeces.

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domingo, 26 de agosto de 2007

Ecología, impuestos y hormonas

¿Qué les falta a los políticos a la hora de llevar a la práctica, con medidas eficaces, su declarado amor por los ecosistemas?, ¿será un problema de hormonas?

No en vano ecología y economía tienen la misma raíz que nos remite al cuidado de la casa. En el funcionamiento de los sistemas naturales se detectan maravillosos mecanismos de asignación eficaz de los recursos. Así sucede en la ecología del crecimiento y de la reproducción del ser humano: Mediante complejas interacciones en el sistema endocrino – y gracias a una información oportuna y precisa de datos clave, como edad, talla, peso y otras condiciones del organismo- se dispara o se inhibe – según sea el caso- la capacidad reproductiva de la mujer. Siempre prevalece la función de supervivencia y por ello, por ejemplo, una mujer anoréxica pierde automáticamente la capacidad de ser fértil mientras prevalece la precariedad nutrimental.

Todo ello automáticamente, en forma natural. Sin que la persona sea conciente de lo que sucede el sistema resuelve con gran acierto el dilema y gana siempre la opción de la vida. Eso es ecología y es también economía: Asignación óptima de los recursos escasos.

Incontables políticos han encontrado una veta muy rentable en los asuntos ecológicos o “verdes”, aunque por desgracia suele tratarse en muchos casos de mera estratagema histriónica. El viernes pasado en estas páginas Gabriel Quadri denunció los graves peligros que para el ambiente representa la reciente moda política de los bio-combustibles. Es otro ejemplo de la pasmosa superficialidad – e hipocresía- detrás de muchas declaraciones de amor “verde” que nos endilgan los políticos.

Otro ejemplo dramático, y cercano, de tal hipocresía lo vemos cuando los mismos políticos que hacen encendidas exhibiciones de fe ecologista – montando en bicicleta o posando con Al Gore- huyen despavoridos apenas alguien plantea la opción eficaz de utilizar potestades locales para cobrar impuestos – locales, valga la redundancia, porque los daños al ambiente son localizados- al consumo de gasolinas y así desalentar el uso del automóvil y, sobre todo, recaudar recursos que se deberían destinar a mejorar los sistemas públicos de transporte. Apenas alguien menciona ese mecanismo para compensar externalidades negativas, a esos políticos se les acaba lo verde…y les aparece la vertiente de especuladores bursátiles: ¿Para qué cobrar impuestos locales si podemos colocar más deuda?

¿Qué será?, ¿una falla endocrina?, ¿carencia de hormonas?

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lunes, 30 de julio de 2007

Los nuevos "criollos" y sus privilegios

Ha sido vergonzosa la actitud de la mayoría de los dirigentes empresariales mexicanos, así como de algunos "magnates" de los medios de comunicación (especialistas en "tirar la piedra y esconder la mano detrás de sus empleados domesticados y disfrazados de comunicadores y analistas"), respecto de la propuesta de Reforma Fiscal.

Por eso, se agradecen artículos como el que publicó hoy Leonardo Curzio en El Universal y que puede leerse aquí.

La conclusión no tiene desperdicio:

"Hemos forjado una sociedad que considera que la jerarquía social se marca, entre otras cosas, por la posibilidad de no contribuir equitativamente con el erario público. En la Colonia se pensaba que para eso estaban los indios, después de todo los criollos y los mestizos se sentían los continuadores de la edificación de esta nación. En los tiempos modernos los indios tributarios parecen ser los asalariados que son los que con entereza pagan y no tienen ni deducciones ni servicios de calidad".

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lunes, 2 de julio de 2007

La evolución de las especies…empresariales

Los más aptos en un entorno cambiante son los más adaptables, no necesariamente los más grandes, ni los más estruendosos.

Los paradigmas de la actividad empresarial empiezan a cambiar en México. De una forma burda podría decirse que estamos transitando de un mercantilismo atenuado por la amenaza del motín a un auténtico entorno de libre competencia. No se trata de un ciclo corto de la historia, sino de un cambio de largo aliento – no exento de titubeos y contramarchas- que la cercanía, en el tiempo y en el espacio, nos dificulta percibir como tal.

Pongo un ejemplo reciente: La reforma fiscal propuesta por el Presidente Calderón al Congreso encierra algunos cambios de paradigmas tanto para el comportamiento fiscal de los gobiernos en sus diversas instancias – federal y locales- en materia de gastos y presupuestos, como para el resto de los agentes económicos en materia tributaria.

Sin embargo, la primera recepción local a esta propuesta ha tendido a minimizar la magnitud y el mérito de dichos cambios, confundiéndolos – tal vez por hábito- con un ajuste más o menos cosmético. Percepción errónea que, por cierto, podría hasta ser benéfica para que los mismos cambios se lleguen a concretar. Más vale no asustar a los férreos defensores del inmovilismo.

Esto contrasta con la percepción que algunos observadores externos han tenido respecto de la misma propuesta de reforma fiscal. Nada menos que en Le Monde del 22 de junio pasado, Jöelle Stolz escribió: “La clave…se encuentra en la reforma fiscal que quiere adoptar este verano el presidente Felipe Calderón. Se trata de poner fin a un régimen generalizado de exenciones…Más que reforma, una revolución”. (Ver “Ecofrictions. Inégalités mexicaines”).

Así, de ese tamaño, una revolución; ¿no que eran ajustes misceláneos?

El cambio de paradigma tributario se encuentra en la ya famosa Contribución Empresarial a Tasa Única (CETU) que modifica sustancialmente los incentivos implícitos en el sistema fiscal. Y alinea los incentivos correctamente, a mi juicio: hacia la inversión, hacia la capitalización productiva de las empresas, hacia la productividad y hacia la competencia en un terreno de juego más parejo.

¿Quiénes, en caso de aprobarse los cambios, prosperarán? Seguramente los más adaptables, que son la mayoría de los empresarios mexicanos; también varios de los grandotes. A estos últimos si pudieron adaptarse tan bien al mercantilismo, no debería costarles mucho aprender a jugar en un entorno de competencia y sin privilegios.

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domingo, 1 de julio de 2007

Reforma fiscal: izquierda extraviada

Es cierto: De la ignorancia económica nacen todas las demagogias. Las de la derecha y las de la izquierda…Por lo pronto, la propuesta de reforma fiscal tiene a los dirigentes de la primitiva izquierda mexicana confundidos, atrapados en la incompetencia para el análisis.




No la vieron venir. Se esperaban una reedición de la propuesta de reforma del sexenio pasado, centrada en la tasa única en el Impuesto al Valor Agregado, y estaban preparados para una una nueva edición de la epopeya de pacotilla entre los buenazos de la izquierda defendiendo a los “pobres” (el axioma fanático es: “tasa cero en alimentos es igual a justicia social”) y los malvados de la derecha en el gobierno tratando de fastidiar a los “pobres”.

No fue así. El gobierno no jugó de acuerdo con las previsiones esquemáticas y envió una propuesta novedosa, que no se encuadra en el mecanicismo burdo de “izquierdas-derechas”; propuesta que ataca frontalmente las prácticas de elusión fiscal (el eufemismo es: “planeación fiscal agresiva”) que realizan algunas grandes corporaciones en México y hoy tenemos una imagen surrealista: Las firmas de asesoría fiscal hablan como voceros de Andrés López Obrador o viceversa, para oponerse – con adjetivos, sin análisis- a una reforma que los primeros – los expertos en planeación fiscal para pagar menos o no pagar impuestos- entienden muy bien, y por eso les molesta, y que los segundos – López y su reducto de incompetentes- no entienden…y por eso les molesta.

Me refiero hoy a la incomódisima posición de la izquierda mexicana ante esta propuesta de reforma fiscal: 1. Tienen que, porque el fanatismo manda sobre el entendimiento, oponerse a una propuesta surgida de sus adversarios, pero no saben cómo, ni por qué, 2. Tienen que oponerse, pese a que es una propuesta que teóricamente busca lo que la propia izquierda propone en sus discursos: equidad y combate a los privilegios, pero lo hace con un diseño inteligente que, ni en sueños, habría podido ocurrírseles a los incompetentes que se han refugiado en el PRD y en otros movimientos que sustituyen la inteligencia con estruendos y frases hechas.

Salir de ese callejón – que los ha convertido en voceros involuntarios, pero fervorosos, de algunas grandes empresas privilegiadas- parece imposible. La realidad es implacablemente lógica y la lógica le cobra sin piedad sus facturas a los embusteros.

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