El juego del obstruccionista
Ejemplo uno: Los miembros del Sindicato Mexicano de Electricistas bloquean varias calles del centro de la ciudad de México y se apoderan de la plaza central para celebrar un mitin. Causan incontables molestias a turistas, comerciantes, empleados y habitantes de la zona. ¿Acaso creen los miembros del SME que molestando a todas esas personas harán que éstas salgan corriendo a exigirle al Presidente, al secretario del Trabajo o al director de la empresa que cedan a las demandas del SME para que, a su vez, los del SME hagan el favor de dejarlos de fastidiar?. No, lo que han hecho los del SME es una demostración de fuerza, una intimidación ante el interlocutor que les interesa (el gobierno), confiados en que los medios de comunicación serán eficaces para hacerle llegar al interesado su exigencia: un aumento salarial exorbitante o tal vez una garantía de impunidad.
¿Qué papel jugamos los efectivamente perjudicados? El de víctimas impotentes de un “efecto externo negativo” (externalidad negativa, en la jerga de los economistas) producto, a su vez, de un esquema perverso de negociación que privilegia la fuerza (o la exhibición de fuerza) por encima de la discusión racional.
Ejemplo dos: El país A incumple un acuerdo especifico en un tratado bilateral de comercio que hizo con el país B; en respuesta, el gobierno de B decreta una represalia para encarecer la importación, por consumidores del mismo país B, de algunas mercancías procedentes de A.
Los perjudicados (los consumidores de B que tendrán que pagar más por las importaciones procedentes de A o que tendrán que prescindir de ellas) sólo son víctimas impotentes de un “efecto externo negativo” producto de la incapacidad política de A y de B para ponerse de acuerdo mediante una discusión racional.
¿Cuál es el peor de los escenarios? Que la represalia del gobierno del país B ni siquiera logre perturbar al gobierno del país A porque la economía del país B es 20 o 50 veces más pequeña que la economía del país A; por lo tanto, el arsenal de A es 20 o 50 veces más eficaz, para dañar, si es que de eso se trata, que el arsenal de B.
Lo del SME es detestable, pero les funciona como demostración de fuerza. Lo del ejemplo – hipotético, por supuesto- de la represalia comercial del gobierno del país B es patético, tontería pura.
Las víctimas no cuentan en ninguno de los dos casos, desde luego.
¿Qué papel jugamos los efectivamente perjudicados? El de víctimas impotentes de un “efecto externo negativo” (externalidad negativa, en la jerga de los economistas) producto, a su vez, de un esquema perverso de negociación que privilegia la fuerza (o la exhibición de fuerza) por encima de la discusión racional.
Ejemplo dos: El país A incumple un acuerdo especifico en un tratado bilateral de comercio que hizo con el país B; en respuesta, el gobierno de B decreta una represalia para encarecer la importación, por consumidores del mismo país B, de algunas mercancías procedentes de A.
Los perjudicados (los consumidores de B que tendrán que pagar más por las importaciones procedentes de A o que tendrán que prescindir de ellas) sólo son víctimas impotentes de un “efecto externo negativo” producto de la incapacidad política de A y de B para ponerse de acuerdo mediante una discusión racional.
¿Cuál es el peor de los escenarios? Que la represalia del gobierno del país B ni siquiera logre perturbar al gobierno del país A porque la economía del país B es 20 o 50 veces más pequeña que la economía del país A; por lo tanto, el arsenal de A es 20 o 50 veces más eficaz, para dañar, si es que de eso se trata, que el arsenal de B.
Lo del SME es detestable, pero les funciona como demostración de fuerza. Lo del ejemplo – hipotético, por supuesto- de la represalia comercial del gobierno del país B es patético, tontería pura.
Las víctimas no cuentan en ninguno de los dos casos, desde luego.
Etiquetas: libertad de comercio, obstruccionismo, represalias comerciales, sindicatos "revolucionarios", sindicatos consentidos, teoría de juegos


