jueves, 12 de julio de 2007

El humorismo involuntario de políticos e intelectuales

Que el senador Monreal cite a Popper – fuera de contexto, desde luego- es tan risible como disertar en un noticiario radiofónico acerca de porqué Frida Kahlo lloraba cuando sostenía relaciones íntimas con Diego Rivera.

Hace unos días leí disciplinadamente – hay que “estar bien informado”- un farragoso alegato apologético del senador Ricardo Monreal acerca de sus actividades electorales en Zacatecas. Supongo que el senador, o su amanuense, decidió que el artículo de marras (del que, ¡oh Dios!, se promete una segunda parte y tal vez hasta una tercera) debiera ser “de altura”, como les gusta decir a los políticos, y de ahí que el texto estuviese sembrado de referencias y citas más o menos cultas. Entre otras, y esto es el colmo del absurdo, una cita del gran liberal Karl Popper. Algo tan inopinado como si un destacado pornógrafo citase, en defensa de sus actividades, una frase del libro de las fundaciones de Santa Teresa de Jesús.

Tal vez por la afición que los mexicanos tenemos por la solemnidad y los esquematismos – derivada, sospecho, de algún complejo de inferioridad- el país está lleno de humoristas involuntarios, pero es en el terreno de la política y de los asuntos públicos donde rompemos todas las marcas.

Por ejemplo, hace una o dos semanas un fridólogo – es decir, un especialista en Frida Kahlo de los que en estos días brotan debajo de cada piedra, en busca del presupuesto perdido- disertaba en un noticiario de radio acerca de algo que ha mantenido en vilo a los mexicanos durante décadas: ¿Padecía o gozaba Frida durante sus ayuntamientos carnales con Diego Rivera?, ¿el llanto de Frida en tales ocasiones, del cual el sesudo investigador tuvo noticia gracias a fatigosas búsquedas documentales, era señal de gozo o de dolor? Nuestro fridólogo se inclina por la hipótesis del dolor físico causado por algún trastorno orgánico y agravado quizá por la brusquedad del pintor, pero no hay una conclusión definitiva y, ¡ay de nosotros!, la duda seguirá causándonos noches de insomnio. Es una pena que asuntos tan relevantes para México permanezcan ignotos.

Me imagino que la segunda parte de la apología del senador Monreal contendrá alguna cita de Jürgen Habermas o, cuando menos, del siempre citable Cioran. Es lo menos que uno espera de un político tan refinado.

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martes, 5 de junio de 2007

Yo también detesto a Frida

Una víctima que se refocila en su desgracia y destila resentimiento contra todo lo que sea exitoso o fruto del mérito individual.

Luis González de Alba no cosechará muchas felicitaciones de la progresía mexicana por su atinada y valiente invectiva contra el símbolo Frida Kahlo publicada el lunes. Sin embargo algunos – quién sabe si muchos o pocos- nos regocijamos porque alguien finalmente desenmascaró ese mito de “la sufrida Frida” que tanto ha intoxicado a generaciones de mexicanos. (El artículo de González de Alba, "Al carajo con Frida" puede encontrarse aquí).

Frida es una especie de cuento de hadas al revés muy querido por la progresía local. Simboliza a la hija de extranjero que se “enamora” de las “más hondas raíces de lo mexicano” – de ahí los perpetuos trajes de Tehuana- y también a quien idealiza esa idiosincrasia nacional (artificiosa y de pastiche) elevándola a categoría metafísica: Ser mexicano es ser víctima perpetua de una fatalidad, un tranvía que nos dejó baldados. Tragedia que nos alimenta de resentimientos. Vivir es retratarnos hasta la saciedad en pleno sufrimiento resentido contra los otros: los poderosos, los capitalistas, los traidores de clase, aquellos que quieren despojarnos de nuestras “hondas raíces”, todos los que persiguen cualquier tipo de éxito basado en el mérito individual.

La manía de los autorretratos de “la sufrida Frida” conviene con exactitud a la manía de la contemplación del propio ombligo como “idiosincrasia nacional”. Un narcisismo de la derrota y de la perpetua humillación, adolorido, amargado desde la columna vertebral llena de clavos, que parece simbolizar que lo que nos mantiene enhiestos es echarle en cara al mundo nuestra desgracia. Épica de los vencidos y de los defraudados: Somos víctimas de todo tipo de atracos, especialmente de los agravios que nos infligen leyes que, sabemos de antemano – aun cuando ni siquiera las conozcamos-, sólo se diseñaron para hundirnos más en la miseria, porque ése es el fin de los poderosos en el universo: desgraciarnos. Se trata de una creencia “honda y sentida”, de una teología en la que nosotros - ¿quién más?- somos el centro, el principio y el fin.

Me extraña que algún astuto negociante no haya hecho camisetas con el icono de “Frida, la sufrida” y la jaculatoria: “Todos somos Frida”. Se venderían como pan caliente en las marchas del CNTE, en las asambleas del PRD y en todo acto bendecido por la progresía mexicana.

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