lunes, 2 de abril de 2007

La “bendición” de la tasa cero

¡Qué bueno que la tasa cero del IVA sea para beneficiar a los pobres! Eso nos permitió, el domingo pasado, comprar un delicioso kilo de carne de res de la mejor calidad – corte churrasco argentino- a sólo $81.50 pesos (en lugar de $93.75 pesos si hubiese tenido tasa IVA de 15 por ciento), sintiendo que los $12.25 pesos que nos ahorramos son parte de una grandiosa conquista social a favor de los pobres.

Dice una encuesta muy publicitada que el 84 por ciento de los mexicanos se opone a que “se cargue el IVA a alimentos y medicinas”. Al menos así lo explicó ayer mi amigo Ciro Gómez Leyva en su columna diaria, aunque habría que advertir que los alimentos y medicinas NO están exentos del pago del IVA en México, sino que la tasa de ese impuesto que paga el consumidor final es de cero, que no es lo mismo.
Muy bien, Ciro calcula que eso significa, políticamente, que el asunto de la tasa cero es intocable y búsquenle por otro lado. Encuesta mata todo, por lo visto.
El resultado de esa encuesta me genera un secreto y cínico placer, que confieso aquí con la esperanza de que pasará inadvertido porque casi nadie lee este blog en estos días: Me encanta disfrutar de la buena vida que se puede dar alguien de ingresos medios o altos en México, sintiendo que esos privilegios me salen más baratos gracias a una política que – es dogma de fe bendecido por las encuestas- “beneficia a los más pobres”. Ya sé lo que sienten algunos políticos de izquierda cuando predican en contra de los ricachones después de comprarse en Rodeo Drive un traje de 20 mil dólares.
El domingo decidimos estar de “flojos” en la casa y A. compró unos cortes argentinos deliciosos, y tan sólo en un kilo de churrasco, por ejemplo, nos ahorramos más de 12 pesos que deberíamos haber pagado de IVA, de no ser porque nuestros políticos están siempre pendientes de los más pobres.
¡Gracias! Y por favor, que nadie me amargue el gusto diciendo que esos 12.25 pesos podrían haberse ido a tal o cual gasto gubernamental en educación, salud o vivienda para los más pobres. No, esas son “falacias neoliberales”: 84 por ciento de los mexicanos apoyan que la tasa cero en el IVA haya abaratado mi gula dominical. ¿Qué más puedo pedir?

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Privilegios fiscales, ¿dónde están?

Por supuesto que es magnífica idea que una futura reforma fiscal sirva para terminar o disminuir privilegios que lesionan la productividad de la economía. El principal de esos privilegios, que beneficia a las familias de ingresos altos, se llama tasa cero del IVA en alimentos y medicinas.

Algunos analistas han saludado con entusiasmo la propuesta de que una futura reforma fiscal contribuya a eliminar privilegios que no sólo disminuyen la capacidad recaudatoria, sino que – mucho más importante- restan productividad a la economía.
El diagnóstico es impecable. Lo comparten todos los partidos políticos no sólo el PRD. Lo que falla miserablemente es cuando el propio PRD y esos analistas tratan de traducir en propuestas específicas su diagnóstico.
Sorprende cómo un buen diagnóstico abstracto – “es bueno terminar con los privilegios”- resulta a la postre tan mal servido con propuestas que no sólo NO incrementarán la recaudación, sino que dejan intocados los verdaderos privilegios. Ni el régimen de consolidación fiscal de las empresas, ni las transacciones de personas físicas en la bolsa de valores son el problema.
Quienes en México estamos en los estratos más altos de ingreso gozamos desde hace años de un privilegio exorbitante que tiene un origen insospechado y paradójico: Somos, por razones obvias, quienes más artículos que están gravados con la tasa cero del IVA consumimos (en números absolutos) y somos, por tanto, receptores de un descuento fiscal, en pesos y centavos, abrumador e injusto. Basta observar el recibo del supermercado de cualquier familia de clase alta o media-alta en México para comprobar que una porción abrumadora de nuestro gasto goza – inmerecidamente- de esa tasa cero y que, sumados esos consumos, el boquete que le hacemos a las finanzas públicas es enorme.
Debe haber una forma menos ruinosa de proteger el consumo de los pobres en alimentos y medicinas. Una forma que NO implique un absurdo regalo anual de miles de millones de pesos para los más adinerados.
Ése privilegio es el que hay que corregir. ¿Cómo hacerlo sin perjudicar, a la vez, a los consumidores de veras pobres? Probablemente mediante un mayor gasto público – producto de lo que se recaudaría de terminar con ese privilegio- dirigido con precisión y eficacia hacia esos consumidores.
Pero por lo visto el mito político de que la tasa 0 del IVA es intocable hace que un buen diagnóstico general termine en propuestas absurdas, inútiles y demagógicas.

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