lunes, 30 de julio de 2007

¿Por qué emigran los mejores?

Tal vez porque ellos sí tienen las agallas – que a muchos les faltan- para no aceptar cosas intolerables, por ejemplo que la Compañía de Luz y Fuerza en México no sea capaz de darle el servicio de energía eléctrica a una nueva empresa, porque todos los recursos se van en consentir a un sindicato cuyo mejor argumento es: “Si me tocas con el pétalo de una reformita, te incendio el país”.

Es tautológico decir que un inmigrante mexicano ilegal en Estados Unidos violó la ley de ese país. Lo que se suele pasar por alto es que en la inmensa mayoría de los casos ese mexicano NO tiene ninguna vocación delictiva irrefrenable: Para violar la ley no necesita emigrar, en México tenemos todos los días cientos de oportunidades de violar las leyes y permanecer impunes o hasta recibir aplausos y elogios por hacerlo. No emigró, pues, para violar la ley, sino para ganar con un trabajo productivo lo que no puede ganar en este país…a menos que le entre al juego del abuso tolerado con pretextos políticamente correctos.

Sin rubor todos los días alguien dice que el Seguro Social o que la Compañía de Luz están al borde de la quiebra y que por eso necesitan más recursos públicos. Se ve bien, políticamente, exigir más dinero público para esas entidades gubernamentales. No importa que, como en el caso de la Compañía de Luz, la empresa sea incapaz de satisfacer la demanda de nuevos usuarios en la Ciudad de México, porque los recursos que recibe se van en su mayoría a satisfacer los privilegios de una casta sindical a la que los gobiernos – del signo que sean- le tienen pavor.

No se puede tocar el contrato colectivo de PEMEX, y todos parecen ver como “normal” que haya miles de trabajadores en esa empresa que “no tienen materia de trabajo”; el problema no es de ellos, ni de PEMEX, sino de los demás: Les tenemos que encontrar qué hacer (y para eso hay que darle más dinero a PEMEX), porque ni pensar en que dejan de cobrar. Eso sería provocar el motín auspiciado por una legión de políticos voraces.

Son mejores los que emigran porque, de alguna manera, perciben que no quieren ser parásitos, ni mantener a parásitos “intocables”.

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Los nuevos "criollos" y sus privilegios

Ha sido vergonzosa la actitud de la mayoría de los dirigentes empresariales mexicanos, así como de algunos "magnates" de los medios de comunicación (especialistas en "tirar la piedra y esconder la mano detrás de sus empleados domesticados y disfrazados de comunicadores y analistas"), respecto de la propuesta de Reforma Fiscal.

Por eso, se agradecen artículos como el que publicó hoy Leonardo Curzio en El Universal y que puede leerse aquí.

La conclusión no tiene desperdicio:

"Hemos forjado una sociedad que considera que la jerarquía social se marca, entre otras cosas, por la posibilidad de no contribuir equitativamente con el erario público. En la Colonia se pensaba que para eso estaban los indios, después de todo los criollos y los mestizos se sentían los continuadores de la edificación de esta nación. En los tiempos modernos los indios tributarios parecen ser los asalariados que son los que con entereza pagan y no tienen ni deducciones ni servicios de calidad".

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lunes, 2 de julio de 2007

La evolución de las especies…empresariales

Los más aptos en un entorno cambiante son los más adaptables, no necesariamente los más grandes, ni los más estruendosos.

Los paradigmas de la actividad empresarial empiezan a cambiar en México. De una forma burda podría decirse que estamos transitando de un mercantilismo atenuado por la amenaza del motín a un auténtico entorno de libre competencia. No se trata de un ciclo corto de la historia, sino de un cambio de largo aliento – no exento de titubeos y contramarchas- que la cercanía, en el tiempo y en el espacio, nos dificulta percibir como tal.

Pongo un ejemplo reciente: La reforma fiscal propuesta por el Presidente Calderón al Congreso encierra algunos cambios de paradigmas tanto para el comportamiento fiscal de los gobiernos en sus diversas instancias – federal y locales- en materia de gastos y presupuestos, como para el resto de los agentes económicos en materia tributaria.

Sin embargo, la primera recepción local a esta propuesta ha tendido a minimizar la magnitud y el mérito de dichos cambios, confundiéndolos – tal vez por hábito- con un ajuste más o menos cosmético. Percepción errónea que, por cierto, podría hasta ser benéfica para que los mismos cambios se lleguen a concretar. Más vale no asustar a los férreos defensores del inmovilismo.

Esto contrasta con la percepción que algunos observadores externos han tenido respecto de la misma propuesta de reforma fiscal. Nada menos que en Le Monde del 22 de junio pasado, Jöelle Stolz escribió: “La clave…se encuentra en la reforma fiscal que quiere adoptar este verano el presidente Felipe Calderón. Se trata de poner fin a un régimen generalizado de exenciones…Más que reforma, una revolución”. (Ver “Ecofrictions. Inégalités mexicaines”).

Así, de ese tamaño, una revolución; ¿no que eran ajustes misceláneos?

El cambio de paradigma tributario se encuentra en la ya famosa Contribución Empresarial a Tasa Única (CETU) que modifica sustancialmente los incentivos implícitos en el sistema fiscal. Y alinea los incentivos correctamente, a mi juicio: hacia la inversión, hacia la capitalización productiva de las empresas, hacia la productividad y hacia la competencia en un terreno de juego más parejo.

¿Quiénes, en caso de aprobarse los cambios, prosperarán? Seguramente los más adaptables, que son la mayoría de los empresarios mexicanos; también varios de los grandotes. A estos últimos si pudieron adaptarse tan bien al mercantilismo, no debería costarles mucho aprender a jugar en un entorno de competencia y sin privilegios.

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lunes, 2 de abril de 2007

Privilegios fiscales, ¿dónde están?

Por supuesto que es magnífica idea que una futura reforma fiscal sirva para terminar o disminuir privilegios que lesionan la productividad de la economía. El principal de esos privilegios, que beneficia a las familias de ingresos altos, se llama tasa cero del IVA en alimentos y medicinas.

Algunos analistas han saludado con entusiasmo la propuesta de que una futura reforma fiscal contribuya a eliminar privilegios que no sólo disminuyen la capacidad recaudatoria, sino que – mucho más importante- restan productividad a la economía.
El diagnóstico es impecable. Lo comparten todos los partidos políticos no sólo el PRD. Lo que falla miserablemente es cuando el propio PRD y esos analistas tratan de traducir en propuestas específicas su diagnóstico.
Sorprende cómo un buen diagnóstico abstracto – “es bueno terminar con los privilegios”- resulta a la postre tan mal servido con propuestas que no sólo NO incrementarán la recaudación, sino que dejan intocados los verdaderos privilegios. Ni el régimen de consolidación fiscal de las empresas, ni las transacciones de personas físicas en la bolsa de valores son el problema.
Quienes en México estamos en los estratos más altos de ingreso gozamos desde hace años de un privilegio exorbitante que tiene un origen insospechado y paradójico: Somos, por razones obvias, quienes más artículos que están gravados con la tasa cero del IVA consumimos (en números absolutos) y somos, por tanto, receptores de un descuento fiscal, en pesos y centavos, abrumador e injusto. Basta observar el recibo del supermercado de cualquier familia de clase alta o media-alta en México para comprobar que una porción abrumadora de nuestro gasto goza – inmerecidamente- de esa tasa cero y que, sumados esos consumos, el boquete que le hacemos a las finanzas públicas es enorme.
Debe haber una forma menos ruinosa de proteger el consumo de los pobres en alimentos y medicinas. Una forma que NO implique un absurdo regalo anual de miles de millones de pesos para los más adinerados.
Ése privilegio es el que hay que corregir. ¿Cómo hacerlo sin perjudicar, a la vez, a los consumidores de veras pobres? Probablemente mediante un mayor gasto público – producto de lo que se recaudaría de terminar con ese privilegio- dirigido con precisión y eficacia hacia esos consumidores.
Pero por lo visto el mito político de que la tasa 0 del IVA es intocable hace que un buen diagnóstico general termine en propuestas absurdas, inútiles y demagógicas.

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