domingo, 24 de enero de 2010

De Chile a Massachusetts y las "viejas etiquetas"

En Massachusetts - concluí gracias a una interesante conversación telefónica con M.- no ganó el Partido Republicano (GOP, the Great Old Party), sino que perdieron las obsoletas etiquetas y, con ellas, Barack Obama y también esa manía, tan socorrida por los medios de comunicación y por los periodistas, del maniqueísmo que divide en hemisferios ideológicos irreconciliables a países enteros: "izquierda contra derecha".

El triunfador, que ahora ocupará en el senado federal el escaño que por décadas fue de Edward Kennedy, es Scott Brown, un poco conocido senador estatal en quien los votantes, al parecer, vieron el candidato idóneo para expresar varias cosas: 1. Que están decepcionados de Barack Obama, de quien esperaban más resultados y no sólo hermosa retórica, 2. Que no están de acuerdo con la estrategia monocorde de Obama que ha centrado todo en su reforma al sistema de salud, 3. Que no les simpatiza la polarización vocinglera y populista que alimentan políticos como la "speaker" de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, 4. Que están dispuestos a "probar caballos nuevos", pragmáticos, como Scott Brown en lugar de los viejos políticos de siempre.

Inevitablemente, trazamos cierto paralelismo entre este resultado electoral en Massachusetts con el resultado electoral en Chile: "Los nostálgicos de la dictadura de Pinochet se equivocan al festejar el triunfo de Sebastían Piñera en Chile de la misma forma que los republicanos más conservadores, fundamentalistas en la medida que desearían imponer valores religiosos desde el gobierno, se equivocan al pensar que los votantes de Massachusetts votarían por una Sarah Palin o por un regreso del errático y fallido gobierno de George W. Bush", concluimos, palabras más o menos, M. y yo.

Acerca del caso chileno escribí en mi otra bitácora "Semana Inglesa" y en el diario "Excélsior" el sábado pasado, un comentario que puede leerse pinchando AQUí.

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lunes, 27 de abril de 2009

El reverente terror al ayatolá

El abuelo de Facundo Cabral – cuenta el cantante- era un coronel muy valiente que sólo le tenía miedo a una cosa: A los pelmazos. ¿Por qué? Porque son muchos. Por temprano que te levantes, ya está el mundo lleno de pelmazos – lo que me hace recordar los días aciagos en los que Andrés López nos recetaba sermones píos de madrugada-, y los hay de todo género. Tengo para mí que los más divertidos son los “tontos con balcones a la calle”, como les decía el llorado periodista español Jaime Campmany.

Pero yo, además de a los pelmazos, le temo a otra especie singular: Los ayatolás, que son pocos – se necesita ser inteligente para serlo- pero tan terribles como esos perros bravos que hasta a los de casa muerden. Por extensión, desde luego, les llamo ayatolás a todos aquellos que se proponen ser guardianes intransigentes de alguna fe o de alguna ortodoxia. Andan a la caza de cualquier desviación, por pequeña que sea, de lo que consideran la única verdad (que, por supuesto, sólo ellos poseen) y les encanta andar dispensando excomuniones a todos sus correligionarios que se aparten un ápice del canon que ellos han grabado en piedra.

Los hay en algunos partidos políticos – de derecha y de izquierda- que siempre recelan de la pureza ideológica de sus compañeros. En la izquierda hacían fracciones de las fracciones (jugaban a la aritmética de la división infinita) al grado de que se dice que en una pequeña célula izquierdista – de las del siglo pasado, desde luego- entre sólo cuatro personas podría haber hasta diez fracciones distintas, cada una de las cuales reclamaba para sí la exclusiva pureza ideológica. En la derecha solían exigir a los neófitos pruebas de sangre, pedigrí, árbol genealógico impoluto de cuando menos siete generaciones; tal vez con el fin de evitar que se les colaran intrusos judaizantes.

Digo que los ayatolás no ayudan porque, tan entretenidos están en cuidar como perros lo que consideran la doctrina impoluta, que muerden – con los dientes de la crítica despiadada- a sus propios correligionarios; incluso por nimiedades que se antojan subjetivas.

Por cierto, se dice erróneamente que el nombre de dominicos les venía a los miembros de la orden de los predicadores porque eran los “canes del Señor” – Domini canis- encargados de cuidar la Fe verdadera frente a los embates del protestantismo. Es, creo, una falsa etimología.

Con un pelmazo te puedes reír (de él o, mejor, con él), pero con los ayatolás no hay más remedio que llorar y rechinar los dientes.

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jueves, 10 de abril de 2008

Un poquito de solidaridad, por favor

¿No habrá en la izquierda mexicana – antigua o moderna- un alma caritativa que impida que el señor López siga haciendo el ridículo?

No lo entiendo. Se supone que un ingrediente esencial de las "sensibilidades progresistas" – esto es, de la izquierda- es la infatigable voluntad de hacer el bien a los demás, corregir injusticias, deshacer entuertos y levantar a los caídos. ¿Por qué, entonces, los izquierdistas mexicanos permiten que uno de sus personajes emblemáticos, el señor Andrés López, se siga exhibiendo en los medios de comunicación para ser motivo de befa y escarnio de los perversos derechistas?

Detengan esa masacre.

Ya había quedado claro, en una memorable entrevista en un noticiario matutino de la televisión con el joven Loret de Mola, que el señor López no las trae todas consigo – para decirlo suavemente – y que tiende a quedarse desarmado ante cualquier pregunta u observación medianamente aguda. Se supondría que algún inteligente correligionario del señor López, advirtiendo lo dañino que resulta esa exhibición de miseria intelectual para la causa de la progresía, habría intervenido, solidariamente cual debe de ser, para que en el futuro se evitasen tales bochornosos incidentes. Y también para que los cercanos a López le pusiesen a buen recaudo y buscasen ayuda competente para evitar que se siga infligiendo daño. Mucha defensa de la soberanía, de la patria, del petróleo y de las sentidas tradiciones, pero ni una elemental medida de solidaridad hacia el correligionario en apuros (esta fórmula, "en apuros", como descubrió Guillermo Sheridan, es el eufemismo favorito de quienes ponen títulos en español a las películas extranjeras; así, Hamlet es "un príncipe en apuros" y que Shakespeare nos perdone).

El miércoles, por la radio, Sergio Sarmiento entrevistó – por llamarle de alguna manera- al señor López acerca de la reforma propuesta por el Presidente Felipe Calderón para Pemex. Un desastre, para López. Gran diversión para la mayoría del auditorio que escuchó cómo cada pregunta pertinente era respondida con balbuceos sin sentido. Hagan de cuenta que Sarmiento estaba tratando de sacarle agua a las piedras o entrevistando a un señor al que acababan de aplicarle electrochoques masivos.

No entiendo a los paladines de la izquierda (moderna o antigua, lo mismo da en este caso) que no detienen, por solidaridad ya que no por caridad, esta masacre.

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martes, 8 de abril de 2008

Izquierda moderna y honestidad intelectual

No conozco a nadie que diga que es mejor tener una izquierda obsoleta que una izquierda moderna, del mismo modo que no conozco a nadie que diga es mejor comer alimentos chatarra que comer alimentos sanos. ¿Cuál es el punto, entonces?


El punto es que en estos tiempos y en este país, México, varias personas que se autodenominan de izquierda desean advertir que, pese a los frecuentes desvaríos de algunos prominentes "izquierdistas", la izquierda no sólo es salvable, sino deseable.

La advertencia es importante, a juicio de estos emisores de opinión, porque conjeturan que los desprevenidos ciudadanos podríamos incurrir en el error de juzgar a "la izquierda" por las conductas y actitudes no muy edificantes de algunos prominentes militantes de partidos que se denominan de izquierda; en todos los partidos suceden eventos bochornosos e irregulares – comentan – y además es hasta cierto punto lógico que en México, donde no existe una acendrada tradición democrática, se verifiquen conflictos dentro de los partidos, por ejemplo: elecciones internas con algunos pecadillos.

Lo que sí es detestable – prosiguen- es la perversa manipulación que la derecha y los medios de comunicación a su servicio hacen de estos incidentes con el avieso fin de desprestigiar algo tan noble, tan querido, tan deseable y tan maravilloso como el ideario de la izquierda.

Aquí es donde el alegato se empantana porque cada cual, según sus apetencias y las circunstancias, describe diferentes vaguedades bondadosas como el "auténtico" ideario de la izquierda. Y cada cual describe diferentes "maldades" como la esencia de la repugnante "derecha". A veces nos dicen que la malvada derecha quiere mercados libres y gobiernos no intervencionistas; otras nos aseguran que la derecha lo que quiere es, por el contrario, gobiernos omnipresentes que le impongan a los ciudadanos tal o cual jerarquía de valores y que se entrometan en todos los resquicios de la vida individual, con el abominable fin de favorecer a los ricos y a tal confesión religiosa.

A veces se proclaman "liberales", para al día siguiente condenar el ejercicio de las libertades en algo tan simple como comprar y vender; otro día se erigen en campeones de la tolerancia, pero al día siguiente obstruyen a gritos cualquier debate civilizado.

¿Izquierda moderna? ¡Adelante!, tal vez para lograrlo tendrían que empezar por algo tan antiguo, y tan olvidado, como la honestidad intelectual.

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domingo, 2 de marzo de 2008

El mentiroso y sus promotores

El mayor peligro no ha sido la existencia de un mentiroso contumaz en la vida pública, sino la complacencia con que se le han dado micrófonos, escenarios y relevancia a sus mentiras.

No pueden alegar ignorancia. En el pasado, como escribió Jean Francois Revel, la ignorancia fue el mayor enemigo de la civilización. Hoy, en cambio, el mayor enemigo es la mentira, ya sea burda, ya sea elaborada a través de la ideología y de la propaganda.

En la sociedad global del conocimiento - y de la información que no debe ser otra cosa que la diseminación del conocimiento- la mayor tragedia del ser humano no es la incapacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso, sino la proclividad a complacerse en la mentira, sea porque la mentira nos resulte útil para conseguir parcelas de poder, sea porque la mentira nos tranquiliza, sea porque la mentira satisface nuestra pereza mental, sea porque la mentira nos divierte y parece un medio fácil de allegarse simpatías.

Demagogos aficionados a mentir siempre han existido, pero en sociedades básicamente sanas, que no han renunciado a regirse por el apego a la verdad, tales demagogos no llegan muy lejos. En cambio, tienen éxito cuando se desenvuelven en un medio que se solaza en la mentira.

Tal ha sido el caso de Andrés López Obrador. El peligro para México no ha sido él, sino la complacencia con la que medios de comunicación, políticos, analistas y negociantes le han dado categoría de información atendible a sus mentiras y han cedido a sus reclamos de “espacios” en el mundo de la información y el análisis.

Para cierto sector del PRI nostálgico, por ejemplo, las mentiras y desplantes de López han sido particularmente útiles. López ha sido su mejor aliado al dejarles todo el espacio de negociación con el gobierno, en la misma medida que ha enajenado el discurso del PRD y de ese amasijo de prejuicios que algunos denominan “izquierda”.

Hoy ha quedado claro el acierto de “El Economista” que se rehusó a seguir el juego de las imposturas cuando el demagogo exigió –usando mentiras tan aberrantes como proclamarse “presidente de México” – que los medios se pusieran a su disposición. Muchos otros, presurosos, le regalaron generosos espacios sólo para decirse sorprendidos, después, porque el mentiroso contumaz aprovechó la oportunidad para seguir mintiendo.

(Antecedente: A la solicitud - ¿exigencia? - de "espacios" que formuló López a diversos medios de comunicación el periódico "El Economista" respondió, desde principios de febrero, lo siguiente: "Andrés Manuel López Obrador envió a la Dirección General de El Economista una carta en la que solicita espacio para discutir la reforma energética en puerta.
"La misiva de AMLO tiene, sin embargo, dos problemas fundamentales: primero, la carta viene con un logo de 'gobierno legítimo de México'; segundo, López Obrador firma como 'presidente legítimo' de México.
"Para El Economista, como para las instituciones del país, sólo hay un gobierno legítimo de México y es el que preside Felipe Calderón Hinojosa.
"El que alguien quiera ostentarse como 'presidente legítimo' de algún país, o creer que es Napoleón Bonaparte o estar seguro de que es la encarnación de un santo es un problema de índole mental que no le concede a nadie, que sea crea lo que no es, amparado en ello, el derecho a pedir espacio en un medio.
"El Economista, como siempre, mantendrá abiertas sus páginas a las opiniones de los ciudadanos sobre los grandes temas nacionales pero, por lógica elemental, se reserva el derecho de usar el material dependiendo el nivel de cordura del remitente.
"En el caso que nos ocupa, creerse 'presidente legítimo' de México y pedir espacio amparado en ello, revela un profundo desorden mental que descalifica para discutir los grandes temas nacionales").

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martes, 19 de febrero de 2008

Cada vez que Bono aplaude…

El asunto no es resolver la pobreza, el hambre o la enfermedad. El asunto es mostrarnos conmovidos, consternados por el sufrimiento y descargar nuestra santa indignación contra algún culpable etiquetado como tal y más o menos abstracto.

No puedo garantizar la veracidad de la anécdota pero cuentan que en un concierto del cantante Bono (U 2), en México, se produjo un instante conmovedor, cuando el conocido filántropo – siempre preocupado por la terriblemente injusta distribución del bienestar en el mundo- pidió silencio a todo el público. Y el silencio se hizo en el auditorio. Entonces, Bono dio un aplauso. Silencio. Dio otro aplauso. Silencio. Y un tercer aplauso solitario de Bono. Silencio. Por fin, el cantante explicó con voz grave:

“Every time I clap my hands, a child in Africa dies” (“Cada vez que aplaudo un niño muere en África).

De inmediato, del fondo del auditorio alguien, anónimo, le dio una respuesta práctica al emotivo comentario de Bono: “Pues entonces deja de aplaudir, cabrón”.


(Imagen: rauldm.files.worldpress)

Cierta o no, la anécdota ejemplifica con claridad la bobalicona beatitud que, entiendo, debe caracterizar a ese sentimiento que se conoce como “ser de izquierda”.

Todo mundo – o casi – se autodefine “de izquierda” porque todo mundo dice ser bondadoso, defensor de las causas justas, enemigo de la desigualdad, más o menos culto y conocedor de las bellas artes, adversario de la explotación del prójimo…En una palabra: Simpático. Ser de izquierda, parece, es sinónimo de tener una gran capacidad de padecer y gozar con los buenos de este mundo. Y así como en la frase de Sartre el infierno siempre son los otros, en el corazoncito de las mujeres y los hombres de izquierda, la detestable, abominable y execrable derecha siempre son los otros: Unos personajes desalmados, villanos de caricatura, extraídos de las edades más oscuras de la humanidad, que son autoritarios, intransigentes, intolerantes, avaros, ambiciosos. Y que siempre saludan con el brazo extendido al estilo de los nazis, de los fascistas de Benito Mussolini o de los falangistas de Primo de Rivera. En una palabra: Antipáticos.

La beatitud bobalicona del sentimiento “izquierdoso” cumple la función del bálsamo que nos dispensa de fastidiosas comprobaciones y razonamientos. Puede ser que cada vez que Bono aplauda muera un niño en África, ¡pero es tan emocionante sentirse en el equipo de los buenos!

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domingo, 13 de enero de 2008

Los conocimientos valen más que la tierra

En 1932 hubo en Estados Unidos 33 millones de acres más destinados al cultivo de maíz que los que hubo en 1970; sin embargo, en el mismo país la producción de maíz fue tres veces mayor en 1979 que en 1932. ¿Cómo es que se obtienen más cosechas con menos tierra? ¿Magia? No, productividad a partir del mejoramiento del capital humano: conocimientos, salud, tecnología.


Los datos citados arriba le sirvieron a Theodore W. Schultz, durante su discurso de aceptación del Premio Nobel de Ecomomía, el 8 de diciembre de 1979, para ejemplificar una de sus tesis: El capital humano – las habilidades, los conocimientos, la salud- es más importante para el desarrollo de la agricultura que las extensiones de tierra dedicadas al cultivo. Para Schultz, quien centró su disertación en la economía de la pobreza y, dentro de ella, en la economía agrícola, es en el capital humano donde se encuentra la clave para el desarrollo de los países pobres.

Me pregunto por qué en México nos estorban tanto los conocimientos, los datos y la simple lógica. ¿Será una vocación autodestructiva?

Hoy, por ejemplo, el director de un periódico utilizó su columna semanal para decir, con sensatez, que las discusiones acerca del TLCAN han estado ayunas de datos y plagadas de ideología. A su juicio, tanto los objetores como los defensores de la apertura comercial (debo incluirme entre los segundos) hemos abusado de la ideología cuando los datos, sentenció, indican que el TLCAN ha traído tanto beneficios como perjuicios. Suena salomónico y políticamente correcto, pero…

Ése paladín del “equilibrio” incurrió en lo mismo que critica: Aseguró que la apertura – según “especialistas” a quienes nunca identificó- ha significado “una concentración en el crecimiento de las exportaciones”. Afirmación que confrontada con los datos resulta una monumental mentira. Tan falsa que el propio articulista en el mismo párrafo citó un dato – entre varias decenas que podrían citarse- que lo desmintió sin piedad: El número de empresas exportadoras medianas y pequeñas en México pasó de 20,000 a 34,000 entre los años 1993 y 2000.

¿En qué quedamos, entonces? Pues en que también el presunto “equilibrio” a ultranza entre “derechas” e “izquierdas” – para quienes quieren posar de “objetivos y centrados” - es mera ideología a la que le estorban los datos.

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viernes, 21 de diciembre de 2007

La destructiva obsesión igualitaria

Para la izquierda al uso debería prohibirse la impresión de libros mientras haya en el mundo alguna persona analfabeta, ya que los libros contribuyen a ensanchar la brecha entre los que saben leer y los que no saben. Así de retrógrado es el igualitarismo salvaje.

De una u otra forma, las opiniones de quienes se nombran a sí mismos “de izquierda” – con un dejo de arrogante superioridad moral- parten del principio de que la búsqueda de la igualdad en los resultados es más importante que la búsqueda de la generación de valor mediante la productividad.

Los izquierdistas más o menos ilustrados no dejan de reconocer que la globalización y el libre comercio han contribuido a disminuir la miseria en muchos países pobres, pero advierten de inmediato – sombríos- que también tienden a incrementar la desigualdad, entendida ésta como la distancia entre el más rico y el más pobre en una sociedad. Al parecer, no importa tanto que los pobres dejen de serlo, sino que la distancia entre el más rico y el más pobre se estreche hasta – ¡oh, utopía! – desparecer por completo.

Llevado el razonamiento igualitarista a la hipérbole, debería admitirse entonces que el instrumento igualitario más eficaz sería la aplicación minuciosa de bombas atómicas hasta que muy pronto la muerte – inapelable unificadora- nos iguale a todos. En “El Quijote” se propone la metáfora de las piezas de ajedrez que, una vez terminada la partida y arrojadas en un saco, vuelven todas a ser iguales, lo mismo da que en el tablero hayan sido reina, alfil, peón o caballo.

Otra hipérbole “lógica” del izquierdismo: Volvamos al medioevo cuando la distancia entre el rey más poderoso y el hombre más pobre, en términos de calidad de vida, era mínima. Algunas prédicas “ecologistas” tienden a esa indeseable utopía, condenando el motor de combustión interna como esencialmente maligno.

La izquierda cree haber encontrado un gran argumento contra la globalización porque diversos estudios indican que el intercambio libre y global en algunos países, como China, ha incrementado las distancias entre ricos y pobres (al tiempo que ha enriquecido a todos en promedio), pero en realidad no se trata de un gran hallazgo: Es evidente que la invención de la imprenta de tipos móviles (Gutenberg) benefició sobre todo a quienes sabían leer. Lo inteligente, sin embargo, no es prohibir los libros sino enseñar a leer al que no sabe.

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domingo, 1 de julio de 2007

Reforma fiscal: izquierda extraviada

Es cierto: De la ignorancia económica nacen todas las demagogias. Las de la derecha y las de la izquierda…Por lo pronto, la propuesta de reforma fiscal tiene a los dirigentes de la primitiva izquierda mexicana confundidos, atrapados en la incompetencia para el análisis.




No la vieron venir. Se esperaban una reedición de la propuesta de reforma del sexenio pasado, centrada en la tasa única en el Impuesto al Valor Agregado, y estaban preparados para una una nueva edición de la epopeya de pacotilla entre los buenazos de la izquierda defendiendo a los “pobres” (el axioma fanático es: “tasa cero en alimentos es igual a justicia social”) y los malvados de la derecha en el gobierno tratando de fastidiar a los “pobres”.

No fue así. El gobierno no jugó de acuerdo con las previsiones esquemáticas y envió una propuesta novedosa, que no se encuadra en el mecanicismo burdo de “izquierdas-derechas”; propuesta que ataca frontalmente las prácticas de elusión fiscal (el eufemismo es: “planeación fiscal agresiva”) que realizan algunas grandes corporaciones en México y hoy tenemos una imagen surrealista: Las firmas de asesoría fiscal hablan como voceros de Andrés López Obrador o viceversa, para oponerse – con adjetivos, sin análisis- a una reforma que los primeros – los expertos en planeación fiscal para pagar menos o no pagar impuestos- entienden muy bien, y por eso les molesta, y que los segundos – López y su reducto de incompetentes- no entienden…y por eso les molesta.

Me refiero hoy a la incomódisima posición de la izquierda mexicana ante esta propuesta de reforma fiscal: 1. Tienen que, porque el fanatismo manda sobre el entendimiento, oponerse a una propuesta surgida de sus adversarios, pero no saben cómo, ni por qué, 2. Tienen que oponerse, pese a que es una propuesta que teóricamente busca lo que la propia izquierda propone en sus discursos: equidad y combate a los privilegios, pero lo hace con un diseño inteligente que, ni en sueños, habría podido ocurrírseles a los incompetentes que se han refugiado en el PRD y en otros movimientos que sustituyen la inteligencia con estruendos y frases hechas.

Salir de ese callejón – que los ha convertido en voceros involuntarios, pero fervorosos, de algunas grandes empresas privilegiadas- parece imposible. La realidad es implacablemente lógica y la lógica le cobra sin piedad sus facturas a los embusteros.

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martes, 19 de junio de 2007

Distrito Federal: ¿Libertad para injuriar?

¿Cuál es la frontera entre la injuria y la expresión de inconformidad por motivos políticos?

Una tarde de hace un par de semanas presencié estos hechos en la plaza central de la Ciudad de México, popularmente conocida como Zócalo. Un sujeto con un altavoz, y que se protegía bajo un improvisado tejado con propaganda de Andrés López Obrador, provocaba sin embozo a los soldados que estaban a punto de salir de Palacio Nacional para arriar la bandera.

Las excitativas de este sujeto consistían, entre otras cosas, en poner en duda la virilidad de los militares, en llamarles esbirros de un gobierno espurio y en, fin, en incitarlos a enfrentársele. Una provocación totalmente burda buscando, tal vez, ser víctima de una eventual “represión”.

A mí no me cabe duda que dicho sujeto, a quien ni siquiera un gendarme o alguna autoridad del gobierno de la ciudad le llamó la atención (y que, al parecer, todos los días hace el mismo numerito), violó plenamente, entre otras leyes y normas de elemental urbanidad, el artículo 24 de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal que califica como “infracción contra la tranquilidad de las personas” en su fracción sexta el “incitar o provocar a reñir a uno o más personas”. Desde luego, las penas previstas para esa infracción son irrisorias, pero como todo lo demás, en esa ley de pacotilla, se sujeta a la discrecionalidad y al criterio de la autoridad cuya cabeza es el Jefe de Gobierno. Si el Jefe de Gobierno, supongo, o el policía de turno, consideran que las injurias a los militares no son injurias sino expresión libre de opiniones políticas en una plaza pública, no pasa nada.

Pero más allá de las leyes insignificantes (eso quiere decirse al calificarlas de “pacotilla”) llama poderosamente la atención cómo ha cundido, entre los fervientes seguidores de Andrés López, esta moda de condimentar el discurso político con injurias, o incluso de reducirlo a ellas. El malhadado “¡cállate, chachalaca!” por lo visto marcó la pauta.

Que una oposición política no tenga mejores recursos que la injuria es lamentable, pero más lamentable y grave es que la autoridad en la Ciudad de México parezca ver con buenos ojos – al dejarla impune- esta nueva modalidad de activismo político: injuriar, agredir, mentir.

Vaya, hemos avanzado una barbaridad. Debe ser la izquierda “posmoderna”.

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jueves, 14 de junio de 2007

Su majestad, el automóvil, debe pagar

El desarrollo sostenible de la Ciudad de México requiere desalentar en serio el uso del automóvil e invertir cantidades multimillonarias en extender el Metro y mejorar de veras el transporte público.

El locutor que platicaba con Carlos Elizondo Mayer-Serra manifestó su asombro de que Carlos hubiese llegado a un concierto en Bellas Artes tomando el Metro. Lo asombroso, sin embargo, es que el locutor se asombrase de que una persona inteligente tomase la decisión más inteligente para llegar a su destino. El Metro, aun con su saturación y sus múltiples carencias de mantenimiento y seguridad, es un medio de transporte mucho más eficaz, rápido y limpio que el automóvil.

Lamentablemente, la extensión del Metro y su capacidad para transportar a los millones de usuarios potenciales están muy por debajo de las necesidades de la Ciudad de México. En el aciago gobierno de Andrés López Obrador el Metro no creció un solo centímetro; a cambio tuvimos obras caras, mal hechas, fastuosas y de relumbrón político para su majestad: el automóvil. Esa pésima decisión sólo agravó el problema.

Uno no necesita suscribir la dudosa hipótesis del calentamiento global para percatarse del inmenso daño que le ha hecho a la Ciudad de México la explosión automovilística. No se trata de un hipotético daño planetario sino de un grave daño específico, localizado y creciente: Los contaminantes que arrojamos a diario millones de automovilistas en la capital mexicana se quedan aquí, no dañan la selva amazónica ni ocasionan huracanes en el Golfo. Se quedan aquí y se traducen en enfermedades, en deterioro de la convivencia, en improductividad, en desperdicio de recursos públicos (calcúlese cuántos policías y recursos se dedican en la ciudad a facilitar, como sus comandantes les dan a entender, el tráfico de automóviles y camiones), en irritación y, sí, también en falta de competitividad.

El ejemplo de Carlos tomando el Metro es cien veces más honesto y realista que los paseos en bicicleta para tomarse la foto.

El gobierno de la Ciudad requiere invertir mucho más en extender la red del Metro y darle adecuado mantenimiento. Para ello debería cobrarnos a los automovilistas y destinar lo recaudado a sufragar esas multimillonarias inversiones en transporte público. Eso es lo que hacen los gobiernos de izquierda modernos. Lo demás es “posar para la foto”.

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martes, 8 de mayo de 2007

Perdieron “los buenos sentimientos”, ¡ya era hora!

Hay una esperanza para Francia: Que efectivamente Nicolás Sarkozy sea, como pareció ofrecerlo, un político que no quiera disputarle a la izquierda, en la imaginación de la gente, el “monopolio del corazón”.

En 1974 Valery Giscard D’ Estaign (“derecha” para usar las etiquetas) le dijo a Francois Mitternad (“izquierda” para seguir con las etiquetas) una frase memorable y definitoria: “Usted no tiene el monopolio del corazón”. Desde que la “derecha” francesa, con D’ Estaign y después con Chirac, se dio a la tarea de arrebatarle a la “izquierda” el monopolio de la “bondad” Francia se metió en el pantano de las políticas públicas desastrosas, dictadas por las emociones, no por la razón.

Las altas tasas de desempleo, la precariedad de unas finanzas públicas lastradas por las promesas siempre en aumento del “Estado de Bienestar”, la esquizofrenia de una política migratoria que predica la tolerancia pero no tolera la competencia de los inmigrantes en el mercado laboral, la baja productividad de la economía y, por ende, su pérdida de competitividad. Todo eso es producto – involuntario, desde luego, pero también inevitable- de la pelea política por el “monopolio del corazón”.

Parece ser que Sarkozy es de otra raza de políticos de “derecha” – para seguir con las etiquetas-, no pertenece a la clase de la burocracia dorada que egresó de la Escuela de Administración Pública, no le dio miedo revisar críticamente la falsa epopeya de mayo del 68 y cree, si no por principios tal vez por necesidad, que el fortalecimiento de la Unión Europea no radica en el corazón, sino en la inteligencia. Son diferentes, usted sabe.

Si efectivamente Sarkozy no tiene los prejuicios arrogantes en contra de la globalización y de la productividad de los que hizo gala su antecesor, Francia podría recobrar su papel protagónico en el mundo y los franceses tendrán fundadas esperanzas de volver a disfrutar de una economía próspera y competitiva.

Habrá que ver.

Eso del “monopolio del corazón” – característico de los políticos – me recuerda, no sé por qué, las consignas retóricas de “rebasar a la izquierda por la izquierda”.

Lo que produce esa política de maquillajes y afeites, para ganarse las simpatías, suele ser un desastre.

Tal vez los electores franceses ya se cansaron de ese juego hipócrita de los políticos por “conquistar su corazón”. Tal vez.

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martes, 3 de abril de 2007

Los areneros de “Frère Marcel”

Eran otros tiempos, los niños venían de Paris, sin que nadie reivindicase el supuesto derecho de las cigüeñas a dejarlos caer en medio del Atlántico porque obstruían el “proyecto de vida” de alguna de las aves. Hoy lo que nos llega de París son ocurrencias idiotas.

Cada cual tiene sus preferencias, pero sospecho que a muchos lo que menos nos gusta de la playa es la arena – pegajosa, picante, imperialista que se cuela en todos los resquicios- y lo que más nos gusta es el mar.
Que un afrancesado alcalde, imitando a su similar parisino, nos traiga toneladas de arena y lo publicite como la revolucionaria puesta en marcha de playas para el solaz y el esparcimiento de los capitalinos en estos días de la Semana Santa me parece ocurrencia bastante idiota, pero eso sí: muy francesa y socialista, como el alcalde de París, Bertrand Delante, quien sentenció: “Paris-Plage no es un capricho, sino un acto bello, eficaz y solidario”. Oh, la, la. (Para ver foto de "chicas y bikinis en las playas del Sena" aquí, y para enterarse de que está prohibido , multa de 30 euros, mostrar pechos o nalgas habrá que pinchar en este otro lugar).
Como el mar, lo que se llama el mar, la mar océano del almirante Colón, no nos lo pueden traer (ni haciendo más disparatadas aún las cuentas de algunos acerca del temible derretimiento de los polos), los beneficiarios de esta originalísima y progresista ocurrencia tendrán que conformarse con tener los areneros de Frère Marcel para hacerse a la idea de que esta Semana Santa fueron a la playa, religiosamente, con todo y la abuelita enferma, la cámara de llanta distraída de la vulcanizadora del compadre y que los niños se trajeron – incrustados en los reglamentarios “Rinbros” que sustituyen al traje de baño- miles de granitos de arena, como irrefutable comprobación de que “playa sí la hubo”.
Para hacer más intensa la sensación de “vacaciones playeras” me atrevo a sugerir que algunos policías se trepen en sus “cuatrimotos” y caracoleen entre los bañistas aventando arena a los desprevenidos. También algunas esforzadas mujeres policía – de esas rubias que, por moda supongo, se pintan la raíz del cabello de negro- podrían volverse “guardianes de la bahía” luciendo en apretados trajes de baño sus generosas carnes – “aquí no hay miserias”-, mientras algunos emprendedores comerciantes “todo terreno y toda ocasión” ofrecen collares de conchitas de mar, paletas heladas de chamoy, jícamas y tarjetas prepagadas para el teléfono.
Casi el paraíso, diría un clásico de quinta.

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lunes, 2 de abril de 2007

La “bendición” de la tasa cero

¡Qué bueno que la tasa cero del IVA sea para beneficiar a los pobres! Eso nos permitió, el domingo pasado, comprar un delicioso kilo de carne de res de la mejor calidad – corte churrasco argentino- a sólo $81.50 pesos (en lugar de $93.75 pesos si hubiese tenido tasa IVA de 15 por ciento), sintiendo que los $12.25 pesos que nos ahorramos son parte de una grandiosa conquista social a favor de los pobres.

Dice una encuesta muy publicitada que el 84 por ciento de los mexicanos se opone a que “se cargue el IVA a alimentos y medicinas”. Al menos así lo explicó ayer mi amigo Ciro Gómez Leyva en su columna diaria, aunque habría que advertir que los alimentos y medicinas NO están exentos del pago del IVA en México, sino que la tasa de ese impuesto que paga el consumidor final es de cero, que no es lo mismo.
Muy bien, Ciro calcula que eso significa, políticamente, que el asunto de la tasa cero es intocable y búsquenle por otro lado. Encuesta mata todo, por lo visto.
El resultado de esa encuesta me genera un secreto y cínico placer, que confieso aquí con la esperanza de que pasará inadvertido porque casi nadie lee este blog en estos días: Me encanta disfrutar de la buena vida que se puede dar alguien de ingresos medios o altos en México, sintiendo que esos privilegios me salen más baratos gracias a una política que – es dogma de fe bendecido por las encuestas- “beneficia a los más pobres”. Ya sé lo que sienten algunos políticos de izquierda cuando predican en contra de los ricachones después de comprarse en Rodeo Drive un traje de 20 mil dólares.
El domingo decidimos estar de “flojos” en la casa y A. compró unos cortes argentinos deliciosos, y tan sólo en un kilo de churrasco, por ejemplo, nos ahorramos más de 12 pesos que deberíamos haber pagado de IVA, de no ser porque nuestros políticos están siempre pendientes de los más pobres.
¡Gracias! Y por favor, que nadie me amargue el gusto diciendo que esos 12.25 pesos podrían haberse ido a tal o cual gasto gubernamental en educación, salud o vivienda para los más pobres. No, esas son “falacias neoliberales”: 84 por ciento de los mexicanos apoyan que la tasa cero en el IVA haya abaratado mi gula dominical. ¿Qué más puedo pedir?

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martes, 27 de marzo de 2007

¡Hay que prohibir el suero oral!

Dos ejemplos de cómo funciona la lógica mercantilista a la que se adhieren cotidianamente multitud de gobiernos, políticos, sindicatos, periodistas, académicos y organizaciones no gubernamentales.

Imagine el lector que en un país pobre, como Bangladesh, se descubre una terapia de rehidratación oral que es cien veces más económica que la terapia usada hasta entonces: 50 centavos de dólar por paciente atendido contra 50 dólares por paciente atendido. Ahora imagine el lector que algunas poderosas compañías farmacéuticas en países desarrollados, que generan empleos y pagan millones de dólares de impuestos, poseen la patente de la terapia usual hasta entonces para atender la deshidratación – la de 50 dólares por paciente- y detectan que el descubrimiento del suero oral y su difusión en el mundo significará que su producto patentado desaparecerá del mercado y, con ello, cientos de empleos directos y miles de empleos indirectos, amén de la disminución de las utilidades, de la pérdida para los accionistas en bolsa y del menor pago de millonarios impuestos.
En la lógica mercantilista habría que prohibir el suero oral ¡para salvar empleos! En la lógica mercantilista son más importantes esos empleos (y las utilidades, y los impuestos pagados) que la vida de millones de niños que mueren de deshidratación – derivada de enfermedades gastrointestinales- en los países pobres. Por fortuna, en el caso del suero oral la lógica mercantilista fue derrotada.
Imagine ahora el lector que gracias a la investigación tecnológica, a innovaciones productivas y a condiciones inmejorables de suelo y clima – entre otros factores- Australia, Nueva Zelanda y Brasil pueden producir y vender azúcar a 12 centavos de dólar la libra puesta en cualquier puerto del mundo, mientras que en México el precio del azúcar es de 28 centavos de dólar la libra (precios aproximados vigentes en enero de 2007).
En la lógica mercantilista hay que impedir a toda costa que cien millones de consumidores mexicanos – país que tiene el segundo lugar mundial en consumo de azúcar por habitante- puedan adquirir ese edulcorante 57% más barato. ¡Hay que salvar empleos de cañeros, hay que salvar utilidades de los dueños de ingenios!, ¡salvar al campo es salvar a México!
Para que después nos digan que todos somos iguales. No, en la lógica mercantilista, como en la granja de Orwell, “unos son más iguales que otros”. Ya sabemos quiénes.
¿Progresistas?, ¿de izquierda? No me hagan reír.

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lunes, 19 de marzo de 2007

La izquierda mexicana: Puentes al abismo

Entre otras cosas que le fallan a la “izquierda” en México, está la ingeniería. Los improvisados y peligrosísimos puentes para peatones en la capital del país – residuos de un desgobierno enfrascado en la conquista del poder absoluto- simbolizan tal extravío.

No me queda claro por qué, pero se ha dicho que México necesita de una izquierda moderna. Vale. Aunque sería bueno saber de dónde surge tal necesidad y qué se entiende por “moderna”. De lo que no cabe duda es que a México le estorba mucho una izquierda como la que tenemos, agrupada bajo la presuntuosa denominación “Frente Amplio Progresista” aunque de hecho actúe como un “Frente Estrecho y Retardatario”.

En estos días tal izquierda ha dado muestras variadas de su incapacidad para construir – o hacer que le construyan- puentes confiables. No sólo se trata de la grave caída de dos de las muchas personas que se ven precisadas a usar los puentes que se improvisaron para los peatones, a causa del dispendioso adefesio de concreto que el señor López se mandó fabricar. No. Se trata de una incapacidad insalvable del PRD y de sus oportunistas apéndices para “llegar al otro lado”.

¿Por qué cruzó el peatón el puente? La respuesta del maestro Pero Grullo: Para llegar al otro lado. Para eso se hacen los puentes. Para el PRD “llegar al otro lado” – digamos llegar a ser esa encarecida izquierda moderna de la que tanto se habla- se ha vuelto una tarea imposible.

Tómese, por ejemplo, el visceral rechazo a la propuesta de reformas al sistema de pensiones del ISSSTE. ¿Cuál es la alternativa que ofrece el PRD ya que se opone a sumarse a la construcción de ese puente para salvar al ISSSTE, salvar las pensiones de los burócratas y salvar a las finanzas públicas?

No se sabe. Pero sólo podría haber dos opciones en lugar de la que hoy un frente amplio de partidos – esos sí- propone: 1. No hacer nada, dejar que el ISSSTE reviente y terminar de una vez con todas con cualquier “seguridad social” – la opción más “derechista” que se pueda imaginar- o: 2. Desatar deliberadamente una hiperinflación que licué las deudas y convierta las pensiones de los burócratas, y los salarios de todos, en nada; pero eso sí: amortice aceleradamente los pasivos del gobierno.

¿Cuál de esos dos puentes al abismo nos propone el “Frente Amplio Progresista”?

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martes, 27 de febrero de 2007

Migración y comercio: Nudo de incoherencias

Es absurdo estigmatizar la libre migración de trabajadores al tiempo que se cantan alabanzas retóricas al comercio libre. Esta conducta esquizofrénica – común entre los políticos estadounidenses y europeos- revela que los prejuicios más reaccionarios se han instalado cómodamente en las propuestas de quienes presumen de progresistas.

Hace unos días The New York Times (NYT) trataba de dilucidar una presunta incógnita acerca del Tratado de Libre Comercio de Norte América: ¿Por qué, se preguntaba el diario, el TLCAN no ha frenado la migración de trabajadores mexicanos hacia Estados Unidos?

Se supone que el NYT representa la visión “progresista” y de “izquierda” en Estados Unidos. El solo hecho de plantear una pregunta tan absurda – como si la virtud del libre comercio fuese ser el antídoto contra la libre migración- confirma hasta qué punto el supuesto “progresismo” estadounidense (mal identificado en Estados Unidos como “liberal”) está infectado de prejuicios reaccionarios, así como de análisis y de información sesgados y defectuosos.

Otro tanto sucede en la Unión Europea con las posiciones presuntamente “progresistas”.

Las contradicciones y argumentos falaces del reportaje del NYT son analizados desde una perspectiva estrictamente académica en el espléndido weblog “Politics of Immigration and Trade” de Mariana Medina Garciadiego.

Sin entrar en el análisis académico, hay que anotar que este incoherente enfoque hacia el comercio y la migración – en el que la ultraderecha y los socialistas de diverso linaje acaban por coincidir, para explotar electoralmente los sentimientos xenófobos- no sólo es común, sino que representa uno de los mayores obstáculos que el mundo desarrollado está poniendo al progreso de los países pobres y en desarrollo.

Prejuicios, por otra parte, que por desgracia encuentran su paralelo exacto dentro de la retórica contra el libre comercio que aún persiste entre los líderes supuestamente “progresistas” de los propios países en desarrollo.

En América Latina los gobiernos están dejando pasar una oportunidad preciosa para construir nuevos liderazgos globales alrededor de una lucha decidida a favor del libre comercio y la libre migración.

Sorprendentemente han sido los gobiernos de los pequeños países de la región centroamericana, como en el caso de El Salvador, los pocos que han visto todo el potencial de esta rendija de oportunidad – exigir a los países “ricos” genuina libertad de comercio y libertad migratoria auténtica- como palanca eficaz para lograr la prosperidad y combatir la pobreza.

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