lunes, 15 de junio de 2009

¿De parte de quién, señor Navalón?

Desde hace semanas me he preguntado quién es en realidad el "nuevo" articulista de "El Universal" que responde al nombre de Antonio Navalón y de parte de quién manda sus "mensajes". Bien, no tardé mucho, en Google, para encontrar la respuesta: Es un embajador del grupo español PRISA, comisionista para los negocios de tal grupo, que tiene una larga historia de cuentas pendientes en España, lo que reportó Libertad Digital en España sobre este personaje y sus relaciones cordiales con el protagónico juez Garzón es muy interesante. Aquí está el vínculo al artículo de Libertad Digital , que - y este es un "update"- remite a un todavía más interesante artículo de Casimiro García Abadillo en el conocido diario español "El Mundo" que puede leerse aquí. Se ve que el señor Navalón tiene un enrevesado sentido del humor cuando se define a sí mismo como un modesto "vendedor de libros", ¿habrá querido decir "espejitos" y "cuentas de cristal" en lugar de libros?

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martes, 12 de mayo de 2009

Una de vendedores electorales

Entre cien compañeras y compañeros suyos del “marketing” español han elegido a Juan Campmany, presidente de la agencia DDB en aquél país, como “el publicitario de la década”. Uno de los grandes logros del elegido fue “vender” a José Luis Rodríguez Zapatero como jefe de gobierno de España en 2004.

Zapatero fue vendido entonces como ZP y se dice, a toro pasado, que la dichosa marca – como de menjurje antioxidante rejuvenecedor – es la que explica su triunfo; pero no fue así: el evento que catapultó a este socialista parecido a “Mister Bean” fue el atroz atentado en las terminales de trenes de los suburbios de Madrid el 11 de marzo, tres días antes de las elecciones.

Ahora el exitoso vendedor habrá de soportar los comentarios sarcásticos de sus compatriotas, en particular los de los muchos que ya no están tan satisfechos con el producto político que les colocaron en la canasta de la compra.

Van algunos ejemplos de las puyas dirigidas al insigne creativo por algunos navegantes en la red:

“Te has lucido, chato. Como vendedor serás una máquina, pero el producto (ZP) que nos has vendido no pasa ni el peor control de calidad existente. Como todos los productos que publicites sean de la misma calidad, lo tuyo no es la publicidad, ¡son los milagros!”
“Cuando tengas un ratito a ver si te pasas por casa y preparas una campaña para vender a mi suegra como embajadora electa (sic) en las antípodas”
“De cualquier forma ZP (nada por delante, nada por detrás) ni una mala palabra, ni una buena acción. Es un resultado de laboratorio que demuestra que un candidato GAS puede anestesiar a toda una sociedad. Candidato GAS es igual a Guapo, Amable, Simpático”.

Y algunas peticiones al prodigioso publicitario para que les eche una mano a los “productos” electorales de la competencia, los del Partido Popular:

“Ya que con Zapatero lo hiciste bien, a ver si te pasas por casa de (Mariano) Rajoy y le quitas la cara de empanado que tiene”.
“A ver si le hacéis un lavado de cara a la Esperanza (Aguirre), le quitáis 20 años, le ponéis unas buenas (referencia vulgar a los pechos) y muchos españoles le votaremos, porque Rajoy no tiene solución”.

La pregunta, desde luego, es ¿el “marketing” astuto puede vender lo que sea y los consumidores- electores se lo tragarán?, ¿usted qué opina?

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lunes, 12 de mayo de 2008

Tauromaquia, política y engaños

Vista la política como el conjunto de estratagemas para vencer al adversario o el de los disimulos calculados para engañarle, tiene mucho en común con la tauromaquia.

Lejos de mí la beatería de quienes, cual solteronas de la Inglaterra victoriana, dicen abominar el toreo. Tampoco soy conocedor de la tauromaquia. Veo las corridas de toros a la distancia, y de vez en vez. Lo suficiente para descifrar de qué va la cosa cuando alguien habla de la habilidad de un torero con el engaño, es decir con la muleta o con la capa, para llevar al toro a donde él quiere.

Hace unos días leí un artículo en el cual el periodista José María Carrascal sugería que la reciente ocurrencia en España del reelecto gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ("el zapaterito de León") de poner sobre la tapete de la discusión pública una inopinada revisión de la ley de la libertad religiosa se antoja maniobra de torero que pone el "engaño colorido", (parafraseando las palabras que Sor Juana dedicó a su retrato) frente a la res. El toro al que se desea encaminar es, por supuesto, el Partido Popular (PP). "Para ello – precisaba el periodista- cuenta (el gobierno del PSOE) con la ingenuidad del PP, sabiendo que acudirá al trapo como el toro a la muleta".

La analogía me parece genial y aplicable a decenas de países, como México, en los que el quehacer de los políticos – diestros o torpes- se asemeja a la lidia de los toros. Hay quienes batallan con reses traicioneras que de súbito levantan la testa; otras bestias – dicho sea con respeto- son impetuosas en la embestida, pero de trayectoria predecible y sin sorpresas.

Y cada cual, de los espectadores, apuesta ya sea por el animal o por el torero. Asunto de preferencias. Hay políticos que, cual toreros sorprendidos por un imprevisto cambio en la trayectoria del toro, corren a refugiarse en el burladero. Otros hacen faenas decorosas, dependiendo de la calidad de las reses y de otras circunstancias, incluido cierto oficio.

Habrá quien diga que, en asuntos de política cotidiana, hay escasos diestros y casi ningún toro bravo, sólo bueyes y alguna que otra vaca que no tiene nada de sagrada.

Y no faltan los políticos menores que trabajan de monosabios, esos mozos que ayudan al picador en la plaza.

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