domingo, 7 de febrero de 2010

La responsabilidad fiscal sí paga...y paga bien

¿Por qué se han ensombrecido en los últimos días las perspectivas de una recuperación económica mundial, en especial en Europa? Por algo que, desde el inicio de la crisis, era previsible: La desastrosa situación fiscal de los países de la "Europa periférica" (persiste en esa denominación, desempolvada en estos días, un dejo de desprecio y arrogancia, aquella vieja conseja de que la auténtica Europa "comienza en los Pirineos"), el conjunto de los "PIIGS" (en inglés: Portugal, Italy, Ireland, Greece, Spain). Ya vemos que no sólo existen los "BRIC" (Brasil, Rusia, India, China).

La preocupación acerca del futuro económico de esos países, en especial de Grecia y de España, está más que justificada. Basta ver sus balances fiscales, sus cifras de desempleo, la persistente caída de sus indicadores de producción. El riesgo para los mercados se llama insolvencia. Con algo de exageración podríamos decir que tales países, hace unos años orgullosos nuevos miembros de la Unión Europea, se han "agentinizado" a paso veloz, teniendo como telón de fondo la crisis global. Claro que los déficit fiscales de Estados Unidos y de la Gran Bretaña también son impresentables, pero nadie en los mercados pensaría que esas dos grandes naciones incurrirían en la insolvencia (no sólo cuenta el tamaño, también cuenta la reputación histórica y la hegemonía monetaria en el caso de Estados Unidos).

En este contexto, México y su gobierno federal deberían estar presumiendo, con razón y orgullo, que la responsabilidad fiscal sostenida contra viento y marea en medio de las solicitaciones de la crisis (¿ya se nos olvidaron todas las voces que exigían un mayor déficit fiscal porque esa era la receta indicada para combatir la recesión?, ¿ya se nos olvidaron las jactanciosas criticas de que era un disparate proponer reformas tributarias en medio de la crisis?), ha dado excelentes resultados: La recuperación económica no parece estar en riesgo en México - aun cuando dependa tanto de la demanda por productos manufactureros en Estados Unidos- y eso lo están sancionando los mercados: El "riesgo país" de los muy endeudados se dispara francamente, como les ha sucedido a Grecia y España, mientras que las perspectivas para México son promisorias.

Todo esto está muy bien y lo saben quienes lo deben de saber. Lo que me intriga es por qué, cuando hay un auténtico logro para presumir y defender, el gobierno federal tiende a quedarse callado o a esconder la cabeza. Lo digo porque la semana que acaba de terminar, y para no perder la costumbre, algunos medios de comunicación (específicamente el periódico "Reforma"), algunos comentaristas despistados y hasta uno que otro legislador del PRI acusaron al gobierno federal de haber "mentido" o "exagerado" acerca de la magnitud del golpe fiscal (caída de los ingresos públicos) que tuvo que enfrentarse en 2009. El argumento, si puede llamársele así, es tan torpe como perverso: "Si había un boquete tan grande, preguntan, ¿por qué no cerramos el año de 2009 con un gran déficit fiscal? ". Es decir: Ahora resulta que es "malo" que no estemos tan mal como los tristemente famosos países PIIGS. Y también fue malo que, de manera previsora, el gobierno contase con fondos contingentes que le permitieron subsanar el golpe fiscal.

Los números son contundentes.

En la columna de la reducción de ingresos deben anotarse:
Disminución de ingresos petroleros: 143,129 millones de pesos
Disminución en la recaudación tributaria no petrolera: 136,202 millones de pesos
Disminución de ingresos de entidades públicas sujetas a control presupuestal: 24,540 millones de pesos

Lo que da un total de 303,871 millones de pesos.

Que se compensaron oportunamente con:

Remanente de operación de Banco de México entregado al gobierno federal: 95,000 millones de pesos
Recursos de fondos de estabilización (¡para eso son!): 82,927 millones de pesos
Coberturas del precio del petróleo (contratadas ¡oportuna e inteligentemente! en 2008): 64,404 millones de pesos
Excedentes de dependencias federales (algunos productos de recortes al gasto): 21,035 millones de pesos
Fondos de inversión de dependencias: 16,191
Otros (también algunos recortes de gastos): 24,313

Lo que da un total de: 303, 870 millones de pesos.

Si esto no es para presumirlo, o al menos para defenderlo, como ejemplo de un buen manejo fiscal en tiempos extremadamente difíciles, me pregunto qué sí lo es.

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lunes, 15 de junio de 2009

¿De parte de quién, señor Navalón?

Desde hace semanas me he preguntado quién es en realidad el "nuevo" articulista de "El Universal" que responde al nombre de Antonio Navalón y de parte de quién manda sus "mensajes". Bien, no tardé mucho, en Google, para encontrar la respuesta: Es un embajador del grupo español PRISA, comisionista para los negocios de tal grupo, que tiene una larga historia de cuentas pendientes en España, lo que reportó Libertad Digital en España sobre este personaje y sus relaciones cordiales con el protagónico juez Garzón es muy interesante. Aquí está el vínculo al artículo de Libertad Digital , que - y este es un "update"- remite a un todavía más interesante artículo de Casimiro García Abadillo en el conocido diario español "El Mundo" que puede leerse aquí. Se ve que el señor Navalón tiene un enrevesado sentido del humor cuando se define a sí mismo como un modesto "vendedor de libros", ¿habrá querido decir "espejitos" y "cuentas de cristal" en lugar de libros?

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martes, 12 de mayo de 2009

Una de vendedores electorales

Entre cien compañeras y compañeros suyos del “marketing” español han elegido a Juan Campmany, presidente de la agencia DDB en aquél país, como “el publicitario de la década”. Uno de los grandes logros del elegido fue “vender” a José Luis Rodríguez Zapatero como jefe de gobierno de España en 2004.

Zapatero fue vendido entonces como ZP y se dice, a toro pasado, que la dichosa marca – como de menjurje antioxidante rejuvenecedor – es la que explica su triunfo; pero no fue así: el evento que catapultó a este socialista parecido a “Mister Bean” fue el atroz atentado en las terminales de trenes de los suburbios de Madrid el 11 de marzo, tres días antes de las elecciones.

Ahora el exitoso vendedor habrá de soportar los comentarios sarcásticos de sus compatriotas, en particular los de los muchos que ya no están tan satisfechos con el producto político que les colocaron en la canasta de la compra.

Van algunos ejemplos de las puyas dirigidas al insigne creativo por algunos navegantes en la red:

“Te has lucido, chato. Como vendedor serás una máquina, pero el producto (ZP) que nos has vendido no pasa ni el peor control de calidad existente. Como todos los productos que publicites sean de la misma calidad, lo tuyo no es la publicidad, ¡son los milagros!”
“Cuando tengas un ratito a ver si te pasas por casa y preparas una campaña para vender a mi suegra como embajadora electa (sic) en las antípodas”
“De cualquier forma ZP (nada por delante, nada por detrás) ni una mala palabra, ni una buena acción. Es un resultado de laboratorio que demuestra que un candidato GAS puede anestesiar a toda una sociedad. Candidato GAS es igual a Guapo, Amable, Simpático”.

Y algunas peticiones al prodigioso publicitario para que les eche una mano a los “productos” electorales de la competencia, los del Partido Popular:

“Ya que con Zapatero lo hiciste bien, a ver si te pasas por casa de (Mariano) Rajoy y le quitas la cara de empanado que tiene”.
“A ver si le hacéis un lavado de cara a la Esperanza (Aguirre), le quitáis 20 años, le ponéis unas buenas (referencia vulgar a los pechos) y muchos españoles le votaremos, porque Rajoy no tiene solución”.

La pregunta, desde luego, es ¿el “marketing” astuto puede vender lo que sea y los consumidores- electores se lo tragarán?, ¿usted qué opina?

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domingo, 8 de junio de 2008

¿Le ponemos más cremitas a la abuela?

Lo más inquietante del panorama económico mundial son las respuestas de la mayoría de los políticos en casi todo el planeta: La cosmetología parece haber sustituido a la buena economía.

¿Al mal tiempo, buena cara? No, eso es optimismo pacato. La mercadotecnia electoral, que se ha convertido en una especie de ciencia política posmoderna, tiene otra receta ante los males tiempos económicos: Una batería de cremas que prometen desaparecer arrugas y verrugas. La “buena cara” no surge ya del ánimo interno, sino de algún ungüento de colágeno y elastina.

En Argentina el gobierno K, la dupla Néstor y Cristina, está metido de lleno en la tarea del maquillaje. Por un lado, han arreglado la báscula que mide la inflación para que no inquiete con sus malas noticias y, de paso, para volverle a escatimar el pago de sus haberes a los acreedores del gobierno. Un nuevo impago ingeniosamente oculto detrás de una mentirosa metodología para calcular el índice de precios. Nadie se cree el embuste pero a los políticos ahora no se les paga para lidiar con la realidad sino para fabricar apariencias.
Por otro lado, el mismo gobierno K está enfrascado en una lucha feroz contra el sector más productivo y competitivo de su economía. Buscan que las malas noticias de los altos precios de los alimentos no lleguen al mercado interno. Los precios del mercado libre les dicen que hay que estimular la oferta, pero ellos prefieren el consejo de la modista: “No estás gordita, mi reina, lo que pasa es que las rayas horizontales no te favorecen”.
En Estados Unidos la fiebre electoral contamina prácticamente todas las políticas públicas: El Congreso multiplica los subsidios a los productores agropecuarios – que están en plena bonanza- y propone nuevas barreras al libre comercio. De pronto, cosmetología de punta, el libre comercio con Colombia se dibuja como una terrible amenaza para los empleos estadounidenses, ¡y lo dicen apasionados como si de veras se creyesen esa patraña!
En España, el gobierno ya no sabe de qué otros trapitos echar mano para cubrir las vergüenzas de una economía que pierde competitividad y fibra.
Y en otras latitudes no cantamos mal las rancheras ni nos faltan recursos cosméticos.
Malos tiempos para la economía; pero son días de gloria para la industria del embellecimiento.

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lunes, 12 de noviembre de 2007

A ver si el rey nos hace el favor

Exasperado, el rey le preguntó al mamarracho: "¿Por qué no te callas?". Y el mamarracho siguió diciendo sandeces…, pero nunca respondió a la pregunta. El mamarracho no se calla porque es pura vocinglería, si calla se esfuma, se desinfla, vuelve a la nada.

Ya era hora de que alguien, aunque fuese el rey de España, le preguntase al mamarracho lo que decenas de miles deseamos preguntarle: "A ver, Chávez, ¿por qué no te callas y escuchas?"

Por supuesto, es una pregunta retórica. Es una manera correcta y valiente de hacerle ver a una persona que su palabrería hueca y monótona se ha vuleto irritante. Es una manera elíptica de callar al que importuna y no deja espacio al diálogo.

Un mamarracho es un hombre que no merece respeto. Lo dice el diccionario.

Debía darse por descontado que el mamarracho no podría responder en forma directa: "No me callo, porque si me callo me muero, no me callo porque no soy más que palabrería, no me callo porque no sé hacer otra cosa que perorar sin fin y sin sentido…".

El mamarracho siguió con su retahíla de sandeces. Y al relevo entraría otro de la especie, Daniel Ortega, acusando a las empresas españolas de quién sabe cuántas maldades… Y el rey abandonó el salón, cuando las agujas del medidor de estupideces – si acaso existe tal aparato- estaban saltando, al rojo vivo.

Una vergüenza colectiva. Un relámpago en la oscura noche que es el batiburillo de la diplomacia políticamente correcta, que confunde la prudencia con la cobardía y el silencio cómplice.

No tienen remedio, ni el mamarracho ni la corte de melindrosos que callan para no irritarle, que fingen no enterarse de las tropelías crecientes y cotidianas del mamarracho. Que son incapaces de pedirle una explicación o de ponerle un alto cuando se pasa de la raya.

Ni modo, a ver si un día el rey de España nos hace el favor a los mexicanos de preguntarle al mamarracho, así como al pasar, qué se le perdió por aquí, en México, para andar promoviendo "movimientos alternativos" en estas tierras, según propone el multicitado mamarracho en su pomposo Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación. Pura curiosidad, mera pregunta retórica. Y digo que se lo pregunte el rey, porque por aquí, a lo que se ve, nadie se atreve.

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lunes, 16 de julio de 2007

Arquito triunfalista para Zapatero

Festivos y amantes de las fachadas efímeras los habitantes de la Nueva España solían recibir a personajes, ilustres y políticos, con arcos triunfales. Ya no es como antes, pero el domingo un destacado colega ofreció al jefe de gobierno que padecen en España, de visita en México, un texto zalamero, “simulacro político”, resumen de embustes comunes para elogiar al socialismo más ramplón.

El “Neptuno alegórico” fue una de las primeras obras de Sor Juana Inés de la Cruz. Hecha por encargo, para recibir con todo el esplendor barroco, típico de la capital de la Nueva España, al virrey conde de Paredes a fines del siglo XVII. El monumento efímero, el auténtico arco triunfal, que acompañó al texto de Sor Juana, era de 30 varas de alto y 16 varas de ancho (una vara equivale a 0.835905 metros), y el elocuente título de la obra literaria y arquitectónica fue el siguiente:

“Neptuno alegórico, océano de colores, simulacro político que erigió la muy esclarecida, sacra y augusta Iglesia Metropolitana de México, en las lucidas alegóricas ideas de un Arco Triunfal que consagró obsequiosa y dedicó amante a la feliz entrada del Excelentísimo señor don Tomás Antonio Lorenzo Manuel de la Cerda, Manrique de Lara, Enríquez, Afán de Ribera, Portocarrero y Cárdenas, Conde de Paredes, Marqués de la Laguna, de la Orden y Caballería de Alcántara, Comendador de la Moraleja, del Consejo y Cámara de Indias y Junta de Guerra, virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España y presidente de la Real Audiencia que en ella reside, etcétera; que hizo la Madre Juana Inés de la Cruz, religiosa del convento de San Jerónimo de esta ciudad.”

Cada cual su tiempo y su estilo, el director del periódico Excélsior, Pascal Beltrán del Río, inició su obsequioso elogio dominical a Zapatero con este párrafo digno de una antología de los embustes políticamente correctos: “José Luis Rodríguez Zapatero es el único sobreviviente de una camada de líderes socialistas europeos que devolvieron a Europa —y, de paso, a buena parte del mundo— algo de decencia y esperanza después de la larga noche del thatcherismo y corrientes afines.”

¡Hombre, Pascal, si sólo es Bambi, el peor gobernante que ha tenido España desde la muerte de Franco en noviembre de 1975!

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jueves, 7 de junio de 2007

¿Qué podemos aprender de los Pactos de la Moncloa?

Hace unas horas, en España, falleció un gran economista y hombre de Estado, don Enrique Fuentes Quintana, quien dotó de contenido sustancial a los Pactos de la Moncloa. El legado de Fuentes Quintana encierra muchas lecciones valiosas para México.

Mucho se suele hablar de los Pactos de la Moncloa (octubre de 1977) como hecho clave en la transición de España a la democracia, pero poco se conoce de su esencia – fundamentalmente de reforma económica consensuada-, y mucho menos se conoce el papel crucial que jugó en ellos el ministro de Hacienda y Vicepresidente de Gobierno de ese entonces, el profesor Enrique Fuentes Quintana.

El fallecimiento de este personaje clave de la historia contemporánea de España, a los 83 años de edad, coincide con un momento singular en la vida de México, al cual mucho pueden aportar su ejemplo y su legado.

Artífice de la reforma tributaria que modernizó la Hacienda Pública en España, Fuentes Quintana fue, además de solvente economista, un funcionario público fuera de serie que hizo gala de una gran maestría política para generar acuerdos entre las distintas fuerzas políticas y para diseñar mecanismos de consenso – como los Pactos de la Moncloa- de suma de acuerdos sin restricciones de entrada para los participantes.

Convencido de la necesidad de vincular indisolublemente los ingresos con los gastos del Estado, y de hacer el gasto público no sólo transparente sino eficaz, Fuentes Quintana – ya retirado de la vida pública- pedía en 1998 que la siguiente reforma fiscal contemplase lo siguiente: “Me gustaría que junto con la declaración se nos dijera qué se ha hecho con el dinero entregado el año anterior (al fisco)”. Y explicaba que el entonces ministro de Hacienda, José Borell, ante su petición, le envió una carta “en la que me decía las cantidades gastadas en salud, educación o seguridad social. Cuando nos vimos me dijo: ‘Estarás contento’. Y yo le dije: ‘¡En absoluto!, porque lo que yo quería saber es cuántos puestos escolares se han creado y a qué costo, cuántas camas de hospital y a qué precio, o qué cuesta un litro de aceite en forma de subvenciones’. El gasto no es índice de eficiencia, es índice de potencia, de capacidad, pero no de eficacia”. (Ver entrevista completa aquí).

Pertinente y crucial mensaje para el México de hoy.

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martes, 29 de mayo de 2007

El uso del espantajo

Unos se vuelven inservibles para la política porque cuando le hablan a los ciudadanos parece que les están echando bronca; otros tampoco servimos porque se sospecha, con razón o sin ella, que siempre hablamos en sentido irónico, con un dejo de burla.

Con motivo de las recientes elecciones en España – de ayuntamientos y comunidades autonómicas, que esto último se lleva mucho por allá- un agudo editorialista revelaba que José María Aznar sirvió como el muñeco de utilería al que los socialistas (empezando por Zapatero) recurrían para echarle piedras siempre que se les atascaba alguna de las campañas.

Ese recurso bastante socorrido podría llamarse el del espantajo. Un espantajo, ilustra el diccionario, es “cosa que se pone en un lugar para espantar, y especialmente en los sembrados para espantar a los pájaros”, o especialmente en las campañas electorales para espantar a los asustadizos votantes. Hoy día en Estados Unidos, donde causa estragos una precoz fiebre electoral, el espantajo favorito es George W. Bush.

El problema con Aznar es que habiendo sido el mejor gobernante español de la ya no tan flamante democracia (la Constitución data de 1978), como ex gobernante se ha caracterizado por hacer declaraciones libérrimas, sí, pero importunas. Lo dice así Ignacio Camacho, el editorialista de ABC: “Y cuando habla parece siempre cabreado, como si tuviese cuentas pendientes de ajustar, con un tono destemplado, desabrido y pendenciero que provoca sudores fríos en los estrategas de la campaña a la que pretende ayudar. Se dirige a los ciudadanos como si les estuviese echando una bronca, que es exactamente el método menos aconsejable de pedir su apoyo”.

Tras leer esto añadí otra a las numerosas razones por las que, de serlo, yo sería un pésimo político. No; no que cuando hable parezca que le estoy echando bronca a la gente; de eso no se me acusa, pero se me dice que varios de mis interlocutores se incomodan porque sospechan que hablo siempre en sentido irónico, y no excluyen que haya hasta un cierto dejo de burla en mis palabras y en mis gestos. Aunque yo jurase que la media sonrisa es fruto de la timidez y no del sarcasmo no siempre lograría – temo- persuadir a mis interlocutores de mi radiante candor. Negado, pues, para la política.

Es la razón número ocho. Otro día hablaré de las siete restantes.

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