domingo, 4 de octubre de 2009

Combate a la pobreza: ¿Y si probamos el liberalismo?

El fracaso no es de un gobierno, es de un sistema negado a revisarse y a reinventarse. Desde siempre se combate a la pobreza con la misma receta: el gasto público con fuertes dosis asistencialistas. Se le ataca por sus efectos, no por sus causas. Fijaciones históricas impiden ver en el capitalismo y en la inversión privada la fórmula más eficaz para generar bienestar, oportunidades y desarrollo integral. El modelo liberal requiere de regulación para que el desarrollo se vuelva sustentable y para que el mercado sea realmente un espacio para la libertad de productores y consumidores.


La cita es del artículo de Federico Berrueto, publicado hoy en "Milenio". El articulo es inteligente, provocador, poco convencional y abiertamente liberal. Hay que leerlo.

Aunque no lo dice de forma explícita, Federico deja entender que "Oportunidades" (antes, "Progresa" en tiempos de Zedillo), forma parte de la misma receta de "gasto público con fuertes dosis asistencialistas". No es así. Lo que ha hecho diferente a ese programa, desde su origen, es que sí busca, con un enfoque centrado en las personas no en los colectivos, la superación de la pobreza, no sólo mitigarla.

Lo que logra "Oportunidades", con subsidios enfocados - no generales- y condicionados es que los beneficiarios - que son básicamente, los hijos de las familias pobres considerados individualmente- inviertan en sí mismos mediante salud y educación.

La familia recibe dinero directamente no tanto para resolver su falta de ingresos actual, sino para que los hijos no reproduzcan, en el futuro, el patrón de pobreza. Ejemplo: El programa tiene un sesgo intencional a favor de las niñas que cursan secundaria sobre los niños en el mismo nivel escolar (se recibe un poco más si se trata de una niña que de un niño), porque es sumamente importante que las mujeres NO abandonen sus estudios a esa edad, no formen familias prematuras condenadas a la miseria (porque las madres-niñas difícilmente pueden, a su vez, darle a sus hijos la oportunidad de superar la pobreza, difícilmente pueden liberarse de la sujeción a un "macho", difícilmente tendrán la capacidad de sacar adelante a una familia por sí solas)...El dinero es para que los hijos e hijas estén más años en la escuela, asistan regularmente a los centros de salud y tengan una alimentación básica más sana, o menos nociva para su salud y su desarrollo que la que tendrían de no contar la familia con esos recursos. El trabajo precoz de niños y niñas - para "completar" los ingresos familiares- es el gran enemigo a vencer, porque el trabajo precoz casi infaliblemente condena a la pobreza...

Con todas sus virtudes, comprobadas por investigaciones serias, independientes y tanto nacionales como internacionales, el programa "Oportunidades" NO es, y en esto tiene toda la razón Federico Berrueto, "la" solución a la pobreza. Es una suerte de "second best" (segunda mejor solución), porque la verdadera solución es el liberalismo en serio: capitalismo con libertad de mercados, respeto a los derechos de propiedad, garantía al cumplimiento de los contratos, estado de derecho, regulación que garantice la competencia plena en un terreno nivelado para todos.

La tragedia es que a la hora de la verdad, sólo hay un puñado de liberales en este país. Unos poquitos en los gobiernos (sometidos cotidianamente al escarnio de ciertos medios por ser "neoliberales" y "tecnócratas" desalmados, cuando no presuntos aliados del más odioso imperialismo capitalista y etiquetas por el estilo) que batallan para que sus ideas sean atendidas tanto adentro como fuera del gobierno. Y aún menos liberales entre los negociantes mexicanos (a los que eufemísticamente se llama "empresarios") siempre prestos para pedir "apoyos" del gobierno, para exigir territorios de caza exclusivos (proteccionismo comercial), créditos subsidiados, tratamientos fiscales de privilegio y rentas garantizadas...

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domingo, 13 de enero de 2008

Los conocimientos valen más que la tierra

En 1932 hubo en Estados Unidos 33 millones de acres más destinados al cultivo de maíz que los que hubo en 1970; sin embargo, en el mismo país la producción de maíz fue tres veces mayor en 1979 que en 1932. ¿Cómo es que se obtienen más cosechas con menos tierra? ¿Magia? No, productividad a partir del mejoramiento del capital humano: conocimientos, salud, tecnología.


Los datos citados arriba le sirvieron a Theodore W. Schultz, durante su discurso de aceptación del Premio Nobel de Ecomomía, el 8 de diciembre de 1979, para ejemplificar una de sus tesis: El capital humano – las habilidades, los conocimientos, la salud- es más importante para el desarrollo de la agricultura que las extensiones de tierra dedicadas al cultivo. Para Schultz, quien centró su disertación en la economía de la pobreza y, dentro de ella, en la economía agrícola, es en el capital humano donde se encuentra la clave para el desarrollo de los países pobres.

Me pregunto por qué en México nos estorban tanto los conocimientos, los datos y la simple lógica. ¿Será una vocación autodestructiva?

Hoy, por ejemplo, el director de un periódico utilizó su columna semanal para decir, con sensatez, que las discusiones acerca del TLCAN han estado ayunas de datos y plagadas de ideología. A su juicio, tanto los objetores como los defensores de la apertura comercial (debo incluirme entre los segundos) hemos abusado de la ideología cuando los datos, sentenció, indican que el TLCAN ha traído tanto beneficios como perjuicios. Suena salomónico y políticamente correcto, pero…

Ése paladín del “equilibrio” incurrió en lo mismo que critica: Aseguró que la apertura – según “especialistas” a quienes nunca identificó- ha significado “una concentración en el crecimiento de las exportaciones”. Afirmación que confrontada con los datos resulta una monumental mentira. Tan falsa que el propio articulista en el mismo párrafo citó un dato – entre varias decenas que podrían citarse- que lo desmintió sin piedad: El número de empresas exportadoras medianas y pequeñas en México pasó de 20,000 a 34,000 entre los años 1993 y 2000.

¿En qué quedamos, entonces? Pues en que también el presunto “equilibrio” a ultranza entre “derechas” e “izquierdas” – para quienes quieren posar de “objetivos y centrados” - es mera ideología a la que le estorban los datos.

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