viernes, 11 de septiembre de 2009

¡Aleluya!, encontraron la solución (entrada actualizada el 22 de septiembre)

Señoras y señores: No hay que desesperar, un grupo de brillantes mexicanos ya encontró la solución definitiva, así como lo leen: definitiva, al gran problema económico que ha estado aquejando a la humanidad por siglos...

El problema se llama escasez. La solución se llama: "Cambia de modelo a otro en el que presumes, o haces de cuenta, que la escasez no existe".

Ya leí el pobre material disponible acerca de los resultados del Taller "México ante la crisis: Hacia un nuevo curso de desarrollo". Me quedé corto. Los autores no sólo decretan la inexistencia de la escasez de recursos como dato básico del que debe partir cualquier propuesta económica, sino que también desdeñan hacer explícitos los datos en los que sustentan su diagnóstico y sus recomendaciones, así como el método científico que les condujo a sus hallazgos.

Cito dos párrafos como muestra del rigor y precisión que caracteriza a este documento:


"Ante la importancia de la tributación originada
en el petróleo, la caída de los ingresos
petroleros no puede traducirse sólo en
urgencia de recortar el gasto, del mismo modo
que su eventual recuperación no puede ser
leída como una nueva oportunidad de
ampliarlo irresponsablemente y posponer de
nueva cuenta la reforma tributaria."


Esto es todo lo que el documento dice acerca de la caída de la producción de petróleo en México, que de 2004 a 2009 puede estimarse en más de 750 mil barriles diarios (y contando), lo que significa para el erario un descenso de más de 250 mil millones de pesos anuales (lo que equivale, a su vez, a diez años del presupuesto de la UNAM o a cinco años de todo el gasto público de un país pequeño en desarrollo como El Salvador). No hay siquiera una mención de que tales ingresos sufragan hoy día más de la tercera parte del gasto público federal. Una omisión de tal magnitud acerca de una restricción básica para las finanzas públicas (restricción dura como una piedra y no sujeta a lecturas ideológicas o políticas) ¿es o no una apuesta a favor de la fantasía de que los recursos son infinitos?, ¿es o no la proclamación de la inexistencia de la escasez?

Este otro párrafo podría llevarse el campeonato del análisis económico riguroso, serio y documentado:

Los precios y las tarifas de los bienes y
servicios que proporcionan el gobierno y las
empresas públicas deben permitirles cubrir
los costos y generar un excedente que
permita mantener el capital existente y
ampliar la capacidad de producción. Si por
alguna razón el gobierno federal (o un
gobierno local) resuelve subsidiar cierta
actividad, región, empresa o grupo de
consumidores ello no debe repercutir en los
estados financieros de las empresas
públicas.


¿Cómo se le hace para subsidiar un bien o servicio - venderlo por debajo de su costo- y que ello no repercuta en los estados financieros de la empresa (Pemex o CFE, por ejemplo)?
Pues muy sencillo: Falsificando los estados financieros en cuestión (por ejemplo, dejando que el gobierno federal "asuma la diferencia"). Decretando que las pérdidas no son tales, sino ¿qué?, ¿ganancias sociales?

Los integrantes del "Taller México ante la crisis: Hacia un nuevo curso de desarrollo" son: David Ibarra Muñoz, Francisco Suárez Dávila, Jesús Silva Herzog Flores, Norma Samaniego Breach, Mauricio de María y Campos, Carlos Tello Macías, Jorge Eduardo Navarrete López, Enrique Del Val Blanco, Cuauhtémoc Cárdenas, Gerardo Esquivel Hernández, Ciro Murayama Rendón, Leonardo Lomelí Vanegas, Eugenio Anguiano Roch, Saul Escobar Toledo, Rolando Cordera Campos, Prudencio López Martínez y Carlos Heredia Zubieta.

Una última aclaración, acerca de un asunto que de veras carece de interés público. Uno de los autores, el profesor Gerardo Esquivel, ha pretendido descalificar a priori cualquier crítica que yo haga a este "trabajo" mencionando, como "nota al calce", que trabajo en la Secretaría de Hacienda, como si ello me impidiera tener derecho a expresar mis opiniones o como si ello convirtiese, automáticamente, cualquier opinión mía, vertida en mi bitácora personal, en un pronunciamiento de esa dependencia pública. Todas las opiniones que dejo plasmadas en esta bitácora son de mi personal responsabilidad y las expreso en uso de mi libertad. Cualquier lector inteligente detectará con frecuencia que mi opinión difiere, a veces en forma notable, de la interpretación oficial, lo cual ni compromete a la dependencia pública en la que presto mis servicios, ni me incapacita para desempeñar mi trabajo.

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lunes, 16 de marzo de 2009

China desenfunda y Obama ¿en qué piensa?

El Primer Ministro chino, Wen Jiabao, dijo el viernes:
“Le hemos prestado un montón de dinero a Estados Unidos. Por supuesto, estamos preocupados por la seguridad de nuestros activos. Para ser honesto, estoy definitivamente un poco inquieto”.

Tratándose del gobierno chino, y de Wen Jiabao, podemos estar seguros de que cada palabra ha sido meditada minuciosamente. La comedida declaración es, de hecho, una severa queja dirigida contra el gobierno de Barack Obama tan sólo unos días antes de que se celebre la reunión en la cumbre del G-20:

¿Qué demonios está haciendo el gobierno de Estados Unidos, en esta crisis global, además de incrementar su deuda pública a niveles insólitos y enfrascarse en acaloradas discusiones domésticas y electoreras entre demócratas y republicanos?, ¿hay alguna garantía, más allá de las promesas retóricas, de que Estados Unidos regresará en algún momento a la senda de la responsabilidad fiscal?, ¿de qué magnitud serán las pérdidas que China habrá de contabilizar cuando las tasas de interés de los bonos del Tesoro repunten y los precios de los bonos, consecuentemente, se desplomen?


Uno puede detestar, por razones totalmente justas, la falta de respeto a los derechos humanos en China y la cerrazón del gobierno chino a la auténtica democracia, pero la lógica económica del reclamo de Wen Jiabao es impecable: Como el principal acreedor individual de los Estados Unidos lo menos que puede pedir China a su deudor es una garantía de que no esté jugando al aprendiz de brujo o, peor aún, de que no esté cocinando alguna jugarreta para licuar sus deudas a través de una depreciación mayor del dólar, invocando a las fuerzas de la inflación.

En este sentido, la severa queja del gobierno chino es también un reclamo por la desatención que el gobierno de Obama ha manifestado hacia la necesidad de dar una respuesta global a la crisis en lugar de aplicar compresas de carácter aldeano y casuístico. Una queja, también, totalmente justificada. La política exterior de George W. Bush fue condenada, casi por unanimidad, por arrogante e incompetente. ¿Qué adjetivos merece la política exterior de Barack Obama al día de hoy? Pues estos dos: arrogante e incompetente.

Si Wen Jiabao dice: “Para ser honesto, estoy un poco inquieto” quiere decir que todos los focos rojos deben encenderse. Y el gobierno de Obama, que sólo ha dado un par de respuestas retóricas al reclamo, no parece haberlo entendido.

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