jueves, 16 de julio de 2009

¿Estará asesorando Roubini a los presupuestívoros del PRI?

Roguemos que no. Lean lo que la nueva - y efímera - estrella del firmamento de los economistas favoritos de los medios propone para Estados Unidos. ¡Brrr!

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lunes, 16 de marzo de 2009

China desenfunda y Obama ¿en qué piensa?

El Primer Ministro chino, Wen Jiabao, dijo el viernes:
“Le hemos prestado un montón de dinero a Estados Unidos. Por supuesto, estamos preocupados por la seguridad de nuestros activos. Para ser honesto, estoy definitivamente un poco inquieto”.

Tratándose del gobierno chino, y de Wen Jiabao, podemos estar seguros de que cada palabra ha sido meditada minuciosamente. La comedida declaración es, de hecho, una severa queja dirigida contra el gobierno de Barack Obama tan sólo unos días antes de que se celebre la reunión en la cumbre del G-20:

¿Qué demonios está haciendo el gobierno de Estados Unidos, en esta crisis global, además de incrementar su deuda pública a niveles insólitos y enfrascarse en acaloradas discusiones domésticas y electoreras entre demócratas y republicanos?, ¿hay alguna garantía, más allá de las promesas retóricas, de que Estados Unidos regresará en algún momento a la senda de la responsabilidad fiscal?, ¿de qué magnitud serán las pérdidas que China habrá de contabilizar cuando las tasas de interés de los bonos del Tesoro repunten y los precios de los bonos, consecuentemente, se desplomen?


Uno puede detestar, por razones totalmente justas, la falta de respeto a los derechos humanos en China y la cerrazón del gobierno chino a la auténtica democracia, pero la lógica económica del reclamo de Wen Jiabao es impecable: Como el principal acreedor individual de los Estados Unidos lo menos que puede pedir China a su deudor es una garantía de que no esté jugando al aprendiz de brujo o, peor aún, de que no esté cocinando alguna jugarreta para licuar sus deudas a través de una depreciación mayor del dólar, invocando a las fuerzas de la inflación.

En este sentido, la severa queja del gobierno chino es también un reclamo por la desatención que el gobierno de Obama ha manifestado hacia la necesidad de dar una respuesta global a la crisis en lugar de aplicar compresas de carácter aldeano y casuístico. Una queja, también, totalmente justificada. La política exterior de George W. Bush fue condenada, casi por unanimidad, por arrogante e incompetente. ¿Qué adjetivos merece la política exterior de Barack Obama al día de hoy? Pues estos dos: arrogante e incompetente.

Si Wen Jiabao dice: “Para ser honesto, estoy un poco inquieto” quiere decir que todos los focos rojos deben encenderse. Y el gobierno de Obama, que sólo ha dado un par de respuestas retóricas al reclamo, no parece haberlo entendido.

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sábado, 28 de febrero de 2009

China: Háblenle suavecito

Durante su reciente visita a China, la flamante Secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary (Hilaria) Clinton, fue extremadamente comedida. Nada que ver con la señora candidata que criticaba las violaciones a los derechos humanos en China o que alarmaba a sus compatriotas al protestar porque China era ya el acreedor individual (prestamista) extranjero más importante de la endeudada economía de los Estados Unidos.

Por supuesto Hilaria tiene que ser comedida. Una de las pocas cosas claras en este crisis es que a China hay que hablarle suavecito. De la paciencia del gobierno chino y de su persistencia como principal comprador de los bonos del Tesoro de Estados Unidos – mecanismo mediante el cual se financiará el déficit fiscal de 1.75 billones (millones de millones) de dólares, anunciado ayer por Barack Obama- depende que el barco de la economía mundial no se hunda de golpe y porrazo.

Por supuesto, los chinos están muy concientes de que estos no son tiempos para propinarle un buen susto a Estados Unidos, como sería la ocurrencia de liquidar buena parte de sus cuantiosas tenencias en bonos del Tesoro y en otros activos estadounidenses (según algunos cálculos más de 1,700 miles de millones de dólares) e invertirlas domésticamente, en China, en gasto social y en gasto destinado a la infraestructura (algo por lo que claman millones de chinos). No, no lo harán (por ahora), pero ganas no les faltan.

Por eso, porque a China hoy más que nunca hay que hablarle suavecito y de buen modo, causó tanta consternación en los mercados que en su primera aparición ante el Congreso el flamante Secretario del Tesoro, Tim – Timoteo- Geithner, criticase la política cambiaria del gobierno chino y lo acusase de manipular su moneda para dominar como potencia exportadora. ¡Chitón, Timoteo!, ¡así no se le habla a tu principal prestamista individual!

En lugar de criticar a China, Estados Unidos debe hacer todo lo que pueda para que China siga siendo potencia exportadora; y en esa medida, el gran prestamista de Estados Unidos y aval del dólar.

El próximo abril, en la reunión del G-20, mister Obama tendrá que sacudirse los reflejos aldeanos y mostrar un liderazgo efectivo a favor de la expansión del comercio mundial. El gobierno chino lo estará escuchando y sería estúpido creer que la paciencia y la prudencia de los chinos son inagotables.

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lunes, 15 de diciembre de 2008

La hormiga noruega y la cigarra mexicana

Noruega es uno los países mejor preparados del mundo para hacer frente a la recesión global gracias a su fondo soberano de riqueza petrolera que hoy suma alrededor de 332 mil millones de dólares.
La crisis ha sorprendido a Noruega tras un periodo de cuatro años de fuerte y sólido crecimiento económico (tasa promedio de crecimiento real del PIB de 5% anual en los últimos cuatro años) y con un fondo soberano proveniente de los ingresos petroleros que es el segundo más cuantioso del orbe, sólo superado por el fondo petrolero de Abu Dhabi.
De esta forma, Jens Stoltenberger, primer ministro de Noruega, ha anticipado que se instrumentará un paquete fiscal en el presupuesto que estimulará el crecimiento durante 2009 en alrededor de 0.7% del PIB. Un estímulo fiscal anticíclico que NO genera déficit alguno en las cuentas públicas.
En contraste, Estados Unidos, España, México, entre otras muchas naciones, han anunciado paquetes de gasto público contra la recesión que generan o incrementan el déficit fiscal y, a la postre, provocarán presiones inflacionarias y reducirán aún más el crédito disponible para la inversión privada en sus respectivos países.
Por eso, para Noruega – que no pertenece a la Unión Europea- las perspectivas son hoy mucho menos sombrías. Se espera que el crecimiento real del PIB en 2009 será de 1.5% (cuando la mayoría espera caídas o, en el mejor de los casos, un estancamiento) y que la tasa de desempleo se incremente del actual 2% al doble: 4 por ciento. Envidiable.
Cada vez que tuvo oportunidad el anterior Secretario de Hacienda, Francisco Gil Díaz, mencionó a los legisladores mexicanos el ejemplo de Noruega e invitó a reconsiderar el uso de los llamados "excedentes" petroleros. Esa prédica cayó en el desierto. Ya se sabe que buena parte de esos "excedentes" petroleros – especialmente en el caso de estados y municipios-, terminaron financiando la compra de flotillas de ostentosos e ineficientes vehículos de General Motors, Ford y Chrysler. ¿Sería nuestro granito de arena para tratar de rescatar anticipada e inútilmente a las "tres grandes" armadoras estadounidenses?

"Es que México no es Noruega" se dirá como justificación. Es cierto, ya lo habíamos notado. ¡Qué vergüenza!

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martes, 28 de octubre de 2008

La carga que nos han puesto encima

¿Por qué los rescates gubernamentales acabarán magnificando y prolongando la recesión?

¿Qué han sembrado el Tesoro, la Reserva Federal y el Congreso de los Estados Unidos en las últimas semanas, con todos sus paquetes de rescate financiero y de supuesto estímulo económico? Una recesión cada vez más profunda y cada vez más prolongada, que se aderezará con alzas de impuestos, presiones inflacionarias y mayor intervencionismo gubernamental; lo que destruirá riqueza en lugar de generarla.

En un lúcido ensayo publicado por The Wall Street Journal el economista Arthur Laffer analiza sin piedad los terribles errores de política fiscal y política monetaria cometidos, que habrán de provocar largos años de estancamiento o de retroceso económico global (Ver vínculo en el comentario de abajo).

Ningún gobierno produce riqueza. Cada dólar destinado a paliar los sufrimientos de un sistema financiero atribulado es pagado – hoy o mañana- por un sector de la economía que sí es productivo, más los costos adicionales para la gestión burocrática de los rescates, digamos, conservadoramente, un 30% adicional.

Pagaremos hasta el último centavo ya sea en forma de impuestos más altos que inhibirán la actividad productiva, ya sea en forma de inflación, que también inhibe o incluso destroza la actividad productiva o, lo más probable, con una diabólica combinación de ambas: Inflación y cargas fiscales exacerbadas.

Eso es lo que anticipan los mercados de valores en el mundo. Ni George W. Bush, ni Henry Paulson, ni Ben Bernanke, ni Nancy Pelosi, ni Harry Reid, ni Barack Obama, ni John Mc Cain producen la riqueza de la que tan alegremente han dispuesto o esperan disponer. La han tomado y la tomarán de quienes sí la producen, con lo que extinguirán el crecimiento. Para tener tanto miedo a la recesión se han empleado de veras a fondo para hacer que sea más larga y profunda.

La versión local de este desastre no es diferente. Ponga usted, para el caso de México, los nombres de los políticos que están dispuestos a todo – por ejemplo, a generar un abultado déficit fiscal- con tal de que la recesión no incomode sus apuestas electorales de 2009. Los hay de todos los partidos, los hay en el gobierno y en el Congreso y en los gobiernos locales; incluso los hay fuera del presupuesto, pero ávidos de hincarle el diente a los recursos que los demás produjeron.

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miércoles, 8 de octubre de 2008

La locura por los “bilimbiques verdes”

“El billete americano/ es un animal muy cruel/ Se come todo el trabajo/ Y caga puro papel” (paráfrasis de unos versos populares que criticaban, alrededor de 1917-1918, los bilimbiques emitidos por el gobierno de Venustiano Carranza). Los masoquistas del mundo, están apoyando con sus recursos la desastrosa gestión de la crisis que está haciendo el gobierno de Estados Unidos. Allá ellos.

Henry Paulson, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, en lugar de andar haciendo declaraciones abismalmente tontas – como esa de pedir “la cooperación global para estabilizar los mercados financieros”-, debería dirigir un sentido discurso de agradecimiento a todos los masoquistas del mundo – decenas de miles- que están sacrificando sus ingresos reales, su trabajo y su mayor o menor productividad, para financiar el escandaloso déficit de las finanzas públicas de Estados Unidos, comprando dólares y/o bonos del Tesoro. Eso es solidaridad y no payasadas.

Lo más parecido a una persona que vende con pérdidas sus activos en pesos mexicanos (acciones, inversiones en deuda gubernamental, sus ingresos, su trabajo, su talento), para financiar alegremente el escandaloso déficit fiscal de los Estados Unidos es como una persona, enloquecida por el pánico, que se suicida saltando del piso 53 de un edificio en cuyo tercer piso se ha detectado un incendio: Tiene tanto miedo que prefiere una muerte segura que la mera probabilidad, de veras remota, de un posible achicharramiento.

Los mercados se equivocan porque la gente se equivoca, sobre todo cuando actúa por pánico, o siguiendo fielmente los dictados de sus prejuicios o de su ignorancia.

Hoy el Banco de México hizo un gran negocio: Ofreció 2,500 millones de dólares para todo aquél que quisiera donar al Tesoro de Estados Unidos una parte de su patrimonio, en un gesto de solidaridad enloquecida hacia un gobierno que ha hecho todo lo necesario para convertir una burbuja financiera en un desastre histórico para la economía real del planeta.

Por supuesto, no hay (tantos) locos que coman lumbre y el Banco de México sólo pudo colocar, entre los masoquistas, 998 millones de dólares a un precio de 12.0159 pesos por bilimbique verde. A ver mañana cuántos enloquecidos por el pánico o por la ignorancia le entran a la subasta de 400 millones de dólares a un tipo de cambio de 12.495 pesos por dólar. Que Dios los ampare.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

La hora de pagar las cuentas (13 de agosto)

La economía de los Estados Unidos y, con ella y en gran medida, la economía mundial entrarán en la fase de "recoger varas" después de una larga fiesta de fuegos de artificio.



El senador Kent Conrad, demócrata por Dakota del Norte y presidente del comité de presupuesto de la cámara alta del congreso estadounidense, lo expresó con el típico optimismo de los políticos:

"Creo que quien quiera que sea el próximo Presidente (de los Estados Unidos) tendrá una primera semana muy, muy sobria en la oficina ejecutiva".


Más preciso sería hablar no de una semana sino de un par de años "endemoniadamente austeros y duros". Cualquier auspiciosa promesa electoral deberá archivarse – para mejor ocasión- y quien ocupe la oficina ejecutiva tendrá que arremangarse la camisa y proponerle a Estados Unidos una buena temporada de trabajo duro para poner la casa en orden.

El primer gran problema, ineludible, es el gigantesco déficit fiscal. Un déficit de medio millón de millones de dólares para 2009 es intolerable. Las opciones para corregirlo no son muchas y todas son dolorosas en términos políticos: menor gasto y mayor recaudación, cualquier combinación de ambas recetas es costosa y alguna ocurrencias son altamente riesgosas. Por ejemplo, cuando uno escucha al populista Barack Obama hablar de gravar con mayor vigor a los ricos debe recordar que se trata de una fórmula que suena bien en un discurso pero que es totalmente contraproducente en la vida real, porque termina por disminuir la recaudación efectiva.

Lo que vale la pena rescatar de la optimista declaración del senador Conrad es que no importa quién gane la carrera electoral en los Estados Unidos, ni que tan encantadoras hayan sido sus promesas; se encontrará desde el primer día, sobre el escritorio, una gran pila de facturas para pagar en un plazo perentorio.

Para México esto significa que tampoco tendremos las cosas fáciles en los negocios, en las inversiones, en el consumo familiar. De nada valdrán en ese momento las declaraciones ampulosas de los políticos, ni las frases bonitas de las campañas electorales. La receta para recobrar la senda del crecimiento es milenaria y no ha cambiado: Productividad. Hacer más con menos. Hacer las cosas bien a la primera. No gastar lo que no se tiene y no tentarse el corazón para cancelar lo que no funciona.

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viernes, 25 de julio de 2008

"Fannie Mae" tiene algo que decirnos

Los híbridos "público-privados" en el sector financiero, como el estadounidense banco hipotecario de segundo piso "Fannie Mae", son una bomba de tiempo para los contribuyentes que, tarde o temprano, acaban pagando los costos de la confusión: ¿Una filantropía disfrazada de negocio o un negocio disfrazado de filantropía?


No es fácil entender, si uno parte del mito de que la economía de los Estados Unidos es el paradigma del capitalismo, lo que es una institución como "Fannie Mae", que hoy es objeto de un rescate multimillonario que de forma inexorable pagarán los contribuyentes.

Fundada en 1938, a instancias de ese acelerado socialista que fue Franklin D. Roosevelt, "Fannie Mae" busca que los estadounidenses de bajos ingresos puedan hacerse de una vivienda propia, mediante hipotecas amables que, "se supone", siempre podrán ser cubiertas a pesar de los avatares en los mercados financieros. Nació como una agencia gubernamental aunque más tarde, en 1968, fue transformada en un ente privado conservando, sin embargo, su objetivo filantrópico: abaratar las hipotecas.

Para ponerlo en un contexto accesible para México "Fannie Mae" es lo más parecido a un gigantesco banco de desarrollo que actúa en el mercado secundario de las hipotecas para abaratarlas y dar liquidez al mercado. Al igual que la banca de desarrollo, de la que se dice que "su negocio es no hacer negocio" sino perseguir fines altruistas, "Fannie Mae" puede ofrecer tasas y condiciones más "blandas" que las tasas y las condiciones de las instituciones de veras privadas, porque existe un aval gubernamental implícito.

Los créditos "blandos" son la expresión de una política fiscal igualmente "blanda" que, más temprano que tarde, pagan los contribuyentes.

Un aviso a tiempo: Desde hace un par de años en México el llamado déficit de intermediación financiera – que expresa la carga fiscal implícita en las operaciones de la banca de desarrollo – ha vuelto por sus fueros. Es un déficit que no salta a la vista y que no genera preocupación ya que "se supone", como se supone que sucedía con "Fannie Mae", que se trata de operaciones auto-sustentables que generarán a largo plazo los ingresos para cubrirlas, que los acreditados honrarán sus deudas y que no habrá que disponer de recursos públicos para rescatarlas.

¿Llegará un día en el que nos demos cuenta de que algunos o todos ésos "supuestos" fueron infundados?

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jueves, 26 de junio de 2008

¡No le manden señales equivocadas al productor!

La solución al desorden en los mercados internacionales de alimentos y a los altos precios es desmantelar mecanismos proteccionistas (subsidios y barreras al comercio) y – sobre todo- dejar que los precios no manipulados informen a los productores que están ante una oportunidad única.



Hace algunos meses un buen amigo me hizo notar que la versión de que los altos precios de los alimentos obedecen a la demanda de China e India, cuyos habitantes de la noche a la mañana estarían comiendo mejor, no tiene lógica: No es verosímil que millones de chinos e indios hayan despertado todos el mismo día ganando dos o tres veces más que el día anterior y que ese mismo día decidieran que todos iban a comer más carne, tomar más leche y consumir más cereales. Esos cambios en el ingreso son graduales, llevan varios años y los mercados se acomodan a ellos.

El mecanismo mediante el cual los mercados se acomodan a un cambio en la demanda, generando una mayor oferta, demuestra la maravilla del sistema de precios: los precios altos avisan al productor que hay que sembrar más porque ése será un buen negocio.

Reproduzco el comentario que me hizo llegar un lector de Tamaulipas que vende agroquímicos: "Un pequeño productor de maíz (unas cuatro hectáreas) hace dos temporadas comenzó a utilizar maíces híbridos, hace una temporada fertilizantes y este año va a volver a utilizar híbridos y esta vez fertilizantes de alto desempeño.



"¿Acaso debemos ese cambio en favor del uso de tecnología a algún ambicioso programa de gobierno? ¿Algún "pacto", "alianza" o "cruzada" por la productividad en el campo? NO.



"Se lo debemos al mercado, específicamente al incremento al precio del maíz que se ha encargado de decirle de forma inequívoca: ¡produce más!



"Me aterra pensar que el gobierno pudiera estar a un paso de querer controlar los precios y decirle que deje de hacerlo".



La solución es producir más, con el incentivo de los precios altos, y que el gobierno de los Estados Unidos tenga la honestidad de reconocer que su ocurrencia, dizque ecologista, de subsidiar la producción de etanol a partir de maíz fue estúpida, antiecológica y generadora de hambre. Esa es la causa que explica la mayor parte de las distorsiones actuales en el mercado de los alimentos. ¡Dejen de subsidiar!

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lunes, 14 de abril de 2008

Déficit fiscal: Lecciones de un gran error

La velocidad a la que se deterioró el balance fiscal de los Estados Unidos, y la magnitud del daño, apenas George W. Bush inició su primer periodo, nos recuerdan que ante la afición de los políticos a derrochar el dinero ajeno ningún conservadurismo fiscal es exagerado.

Todos se equivocaron – nos equivocamos- pensando, en los meses finales de la presidencia de Bill Clinton, que los crecientes superávit en el balance fiscal de los Estados Unión habían llegado para quedarse por muchísimos años.

Todos. Los economistas de la Casa Blanca, los del Departamento del Tesoro, los del Congreso, los de la Reserva Federal (empezando por su entonces presidente Alan Greenspan), los economistas de los bancos de inversión, los de las casas de bolsa, los de las calificadoras de valores, los de los organismos multilaterales…

En su reciente libro, The age of turbulence, Alan Greenspan muestra honestidad intelectual al reconocer este histórico error, tanto de juicio político como de confianza indebida en las herramientas de pronóstico econométrico (que, una y otra vez, fallan miserablemente).

(Nota: Si usted no ha leído el libro y desea hacerlo le aconsejo que no lo haga en la muy mala traducción al español, sino en la edición original en inglés).

A toro pasado, Greenspan ofrece algunas explicaciones para el error: subestimación del efecto fiscal negativo que tendría la desaceleración de la economía, subestimación de la caída de ingresos tributarios, consecuente al estallido de la burbuja especulativa en los mercados de valores (millones de estadounidenses habían estado pagando más impuestos por ganancias en bolsa que, de pronto, se esfumaron), además de un abrumador error "técnico" – eufemismo de "inexplicable"- en los pronósticos de ingresos fiscales por casi 200 mil millones de dólares, y, sobre todo, subestimación de la irrefrenable tendencia a gastar sin medida el dinero de los contribuyentes que manifiestan los políticos; en esto, el equipo de Bush gana varios campeonatos, junto con la mayoría de los miembros del Congreso. Por cierto: Uno de los pocos conservadores fiscales a ultranza en ese periodo fue el senador John Mc Cain, opuesto a las rebajas de impuestos promovidas por Bush y a multitud de programas de gasto dispendioso empujados por otros congresistas.

En tierra de políticos electoreros - ¿cuál no lo es?- la salud de las finanzas públicas siempre está en riesgo.

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