martes, 14 de octubre de 2008

¿Dónde estaba el Consejo de Administración?

En el caso de las temerarias maniobras con productos derivados que realizó la tesorería de Controladora Comercial Mexicana S A B, el Consejo de Administración de esa emisora podría haber incurrido en descuidos graves que son sancionados por la Ley del Mercado de Valores publicada en el Diario Oficial en diciembre de 2005.

No pocos ataques arteros recibieron durante 2005 el Secretario de Hacienda y algunos de sus colaboradores por promover una legislación moderna y estricta para el mercado de valores y para las empresas emisoras. Hoy gracias a esa legislación se podrá sancionar a los responsables, por acción u omisión, no sólo del quebranto financiero de una empresa competitiva – y de los daños patrimoniales sufridos por sus accionistas – sino de provocar el sobresalto de la semana pasada en el mercado de cambios.

Un efecto colateral de las crisis es la proliferación de analistas instantáneos que pontifican con desparpajo acerca de lo que ignoran. Es hilarante, por ejemplo, que un periodista político buscase ayer a un hipotético George Soros para explicarse los sobresaltos en el mercado de cambios. Huelga decir que no lo encontrará; no hay tal.

El detonante de las turbulencias en el mercado cambiario fue la grave situación de insolvencia en la que se colocó la tesorería del corporativo Comercial Mexicana, a raíz de temerarias operaciones con instrumentos derivados; específicamente, futuros y coberturas cambiarias correlacionados.

Las operaciones fueron injustificadas – para la tesorería de una firma de comercio al menudeo – al menos por tres razones: el elevado monto, el estrecho margen de la “apuesta” (lo que implica un amplísimo margen de riesgo sin cobertura) y el número de instituciones bancarias a las que recurrió dicha tesorería para cubrir una parte insuficiente del riesgo, multiplicando en cambio el daño sistémico.

Sólo por mencionar una de las varias responsabilidades en las que podría haber incurrido el Consejo de Administración de esa Sociedad Anónima Bursátil (S A B), el artículo 28 de la ley menciona las siguientes obligaciones del Consejo: “…vigilar el desempeño de los directivos relevantes…vigilar la gestión y la conducción de la sociedad”; conocer y, en su caso, aprobar: “…las operaciones que se ejecuten, simultánea o sucesivamente…cuando sean inusuales o no recurrentes, o bien, su importe represente… el otorgamiento de garantías o la asunción de pasivos por un monto igual o superior al cinco por ciento de los activos consolidados de la sociedad”.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

El petróleo y la bendita especulación, (2 de septiembre)

Culpar a los especuladores, que compran o venden petróleo en los mercados de futuros, de los altos precios en el mercado "spot" es tan estúpido como culpar de una tormenta vespertina a quienes salieron esa mañana de su casa con un paraguas.



El cinismo de los políticos es contagioso. Expertos en fabricar "chivos expiatorios" algunos políticos estadounidenses han culpado a los especuladores en los mercados de futuros de los altos precios de la gasolina. Animados por ese mal ejemplo, los agentes de relaciones públicas de algunas líneas aéreas y sus directivos se han sumado a la campaña y hasta un osado "experto" – Michael Masters directivo de un fondo de cobertura- ha testificado ante el Congreso sobre el asunto.

El famoso columnista de The New York Times, Paul Krugman, aparentemente harto de leer y escuchar el cuento de que la especulación mantiene altos los precios del petróleo, escribió hace días: "Imaginen que Joe Shmoe y Harriet Who, ninguno de los cuales tiene que ver directamente con la producción de petróleo, hacen una apuesta; Joe dice que los precios del petróleo van a llegar a $150 dólares y Harriet dice que no. ¿Qué efecto directo tiene esta sobre los precios de hoy (spot) del petróleo? La respuesta es: Ninguno…" y sigue siendo la misma respuesta (ningún efecto) así haya 10 millones de Joes y Harriets haciendo apuestas similares.

Si yo especulo (conjeturo, imagino, supongo) que hoy en la tarde va a caer una tormenta, me prevengo tomando un paraguas. Eso es lo que hace un especulador: conjetura a partir de la información disponible que en un plazo determinado sucederá tal cosa: "lloverá". Para poder apostar el especulador necesita que al menos otra persona especule lo contrario: "no lloverá". Pactan su apuesta y asunto arreglado.

Ya sea que especulen con los precios futuros del petróleo o con los de la carne de cerdo más que maldecir a los especuladores deberíamos bendecirlos: Ayudan a normalizar los mercados. El resultado final de sus apuestas (el precio resultante entre quienes apuestan que sí y quienes apuestan que no) nos avisa a productores y consumidores del escenario futuro más probable, de forma que cada cual tome sus providencias.

Tengo un amigo famoso por su mal tino para pronosticar lluvias. Le estoy muy agradecido. Si él asegura que no lloverá, hay que correr por el paraguas y la gabardina. Bendito especulador.

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