jueves, 19 de febrero de 2009

Obama y su (tramposa) medida del éxito

Los mercados financieros no le creen a Barack Obama. No lo recibieron con entusiasmo el 20 de enero, no han festejado, en absoluto, la firma del multimillonario paquete de estímulos para reanimar la economía (ojo, ya no es de rescate) aprobado a jalones y estirones por el Congreso, ven con profundo escepticismo el programa de 75 mil millones de dólares recién anunciado por Obama para reducir los pagos mensuales que deben hacer los dueños de casas que hoy no están pagando sus hipotecas y para disminuir, así, el número de ejecuciones de esas garantías (foreclosure).

¿Están los mercados financieros equivocados?

No. Los inversionistas son pragmáticos y saben que muchas de las iniciativas de Obama hacen agua.

Tomemos, por ejemplo, el programa de reducción de pagos de las hipotecas en problemas. Obama y su equipo parten del supuesto de que la gente que no está pagando sus hipotecas – incurriendo en el riesgo de perder su casa- lo hace simplemente porque no puede pagar; conjeturan que si se disminuyen los pagos – digamos a un tercio de los ingresos de los acreditados en mora- el asunto se resolverá. Pero es probable que la realidad sea otra: muchos de los otrora "beneficiados" con hipotecas de baja calidad simplemente ya no quieren pagar por una hipoteca que cuesta mucho más que lo que vale su casa en el mercado (riqueza negativa). Preferible perder la casa (aun "ensuciando" su historial de crédito) que mantenerse atrapados en la ficción financiera. Dicho en "mexicano": Ya no quieren queso, sino salir de la ratonera.

El mismo Obama revela escepticismo al no comprometerse con una medida verificable y estricta que evalúe, en el futuro, si sus programas tuvieron éxito. Ayer Greg Mankiw, en su bitácora en la red, recordó que Obama ha tenido la astucia política de fijarse una ambigua medida del éxito: La medida del éxito, dijo Obama, es lograr "crear o salvar 4 millones de empleos". ¿Crear o salvar? Si el empleo sigue cayendo, Obama y su equipo siempre podrán decir que las cosas, de no ser por ellos, podrían haber sido peores. Los empleos nuevos se pueden medir, los empleos presuntamente "salvados" ¿cómo se miden?

Llevadas las cosas al extremo, bastaría con que existan en el futuro 4 millones de personas con empleo en Estados Unidos para que Obama proclamase que ha tenido éxito.

Por cosas así, astucias de político, los mercados financieros no le están creyendo a Obama. ¿Usted le creería?

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martes, 17 de febrero de 2009

La miopía de Barack Obama

El flamante presidente de los Estados Unidos, mister Barack Obama, hasta ahora ha sido poco creativo, poco audaz y poco visionario para establecer una iniciativa de verdadero estadista que saque a su país de la crisis. Ha sido miope.

El famoso paquete de estímulos multimillonarios es una versión inflada de las erráticas iniciativas de Franklin Delano Roosevelt (FDR) al inicio del New Deal. Obama muy pronto empezará a suscitar grandes decepciones, en la misma proporción y a la misma velocidad con la que generó entusiasmos durante su campaña electoral.
En lugar de complacer a las viejas clientelas políticas que se han refocilado en Washington – los proteccionistas de la industria siderúrgica, los sindicatos de la industria del automóvil, los burócratas de Fannie Mae y Freddie Mac o los retro-progresistas que detestan a los inmigrantes- Barack Obama debería haber vuelto la vista al mundo, debería haber promovido decididamente el libre comercio y la ronda de Doha y debería haber hecho una vigorosa campaña a favor de la libre migración, ya que ésta puede ser la mejor herramienta para revitalizar a la economía de Estados Unidos.
Es difícil que Obama lo haga; siendo senador fue un feroz y poco informado opositor a una reforma migratoria que introduciría un sistema de puntos para atraer inmigrantes jóvenes con altas calificaciones laborales – como el que rige en Canadá y, en menor medida, en el Reino Unido-, alegando que se trataba de un propuesta "clasista"; ¡vaya con los prejuicios ideológicos!, ¡vaya con la dictadura de los incompetentes!
A continuación, la brillante propuesta de Shekhar Gupta, editor del periódico The Indian Express, que se difundió hace unos días el sitio en la red Marginal Revolution:
"Todo lo que hay que hacer es garantizar visas a dos millones de indios, chinos y coreanos. Nosotros compraremos todas las casas 'subprime'. Trabajaremos 18 horas al día para pagarlas. De inmediato mejoraremos la tasa de ahorro interno de Estados Unidos (ningún banco en la India tiene una cartera vencida de más de 2% respecto de su capital, porque aquí en la India consideramos una vergüenza no honrar nuestras deudas). Y nosotros fundaremos nuevas empresas que crearán nuestros propios empleos y los nuevos empleos de muchos estadounidenses".
Propuesta brillante, inteligente y acorde con el espíritu que hizo grande a los Estados Unidos. Sólo me atrevo a sugerir al señor Gupta que también nos incluya en el paquete de estímulos – "Buy a home, get a visa"- a unos cientos de miles de latinoamericanos, acostumbrados y dispuestos a trabajar duro.
A usted, ¿qué le parece?

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lunes, 9 de febrero de 2009

¿Quién ha sido indolente?

Diego Petersen, quien es diestro en la confección de parábolas, ha escrito que muchos gobiernos, ante la crisis global, han actuado como el público espera que lo hagan los porteros en el futbol ante un tiro penal: Moviéndose.

La experiencia, documentada por las estadísticas, indica que un portero que, ante un tiro penal, se lanza a la izquierda o a la derecha – adivinando hacia dónde podría dirigir el tirador el balón- tiene menos probabilidades de evitar el gol, que un portero que permanece inmóvil en el centro (son más frecuentes los tiros hacia el centro de la portería). Sin embargo, el público tenderá a censurar más al portero inmóvil, que se planta en el centro, que al portero que se mueve. ¿Por qué? Probablemente porque a los porteros que se "aventaron" a uno u otro lado se les reconoce que hicieron "algo", aunque les hayan metido gol.

La parábola no implica que la inmovilidad sea la mejor respuesta ante la crisis (asunto que habría que discutir), sino que, al igual que en el futbol, el público y los críticos tienden a ser más benévolos con los gobiernos que "hacen algo" ante la recesión que con aquellos que no dan virajes, ni anuncian, ni promueven acciones y programas extraordinarios, aun cuando tales programas, como el paquete de gasto público multimillonario por el que ha apostado el presidente Barack Obama en Estados Unidos, pudiesen ser poco eficaces, al decir de varios especialistas.

El senador del PRI Manlio Fabio Beltrones ha calificado de "indolente" la respuesta del gobierno federal de México ante la crisis. Se trata de una acusación totalmente injusta. Si algo ha caracterizado al gobierno federal durante esta calamidad global ha sido el activismo, no la pasividad. Que consulte el senador la hemeroteca y comprobará que desde los inicios de 2008 el gobierno federal ha puesto en marcha acciones contra cíclicas buscando contrarrestar el ciclo recesivo. Ya se verá cómo resultan, pero de que el portero se aventó, sin duda lo hizo. Comparado con ese activismo, ha sido el Congreso el que ha incurrido en indolencia.

Por ejemplo, ¿cuántas reformas modernizadoras - que se han quedado en el tintero o que se manufacturaron contrahechas por culpa de los legisladores- serían hoy, si se hubiesen hecho bien, un motor eficaz para que México creciese a despecho de la recesión?

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viernes, 6 de febrero de 2009

México: La hora de las reformas

Las economías emergentes que reúnan dos requisitos – buenos fundamentos macroeconómicos y un marco institucional favorable para la inversión, el libre comercio y la libre competencia- tienen en esta crisis global una oportunidad única.

¿Por qué?

Porque inevitablemente las masivas inyecciones de liquidez con las que Estados Unidos y otras economías desarrolladas están apuntalando su estrategia contra-cíclica para paliar la recesión generarán recursos excedentes que, del mismo modo que el agua busca su cauce, acabarán buscando los destinos de inversión más rentables.
Esos destinos de inversión ya no estarán tanto en los mercados financieros, sino en la inversión directa en proyectos productivos con altas tasas de retorno.
A mayores necesidades por satisfacer hay mayores tasas de retorno. Ejemplo: Construir vivienda en México es, dado el déficit de vivienda, una inversión mucho más atractiva que construir vivienda en Estados Unidos; siempre y cuando, atención, el esquema del negocio no esté basado en supuestos ilusorios (como: "los precios de la vivienda siempre irán a la alza", o como: "es viable otorgar un préstamo hipotecario a quien no tiene ingresos acordes con los pagos planeados para honrar ese préstamo"), como sucedió en Estados Unidos o en España, sino en hechos duros y maduros, como ha sucedido con el crecimiento de la vivienda en México en los últimos años.
Dicho lo anterior, veamos si México cumple con los dos requisitos para hacer de esta crisis una oportunidad única: 1. Tiene finanzas públicas sanas y una política monetaria razonablemente ortodoxa; tiene lo esencial en términos de macroeconomía (está mejor pertrechado que Estados Unidos), pero: 2. No tiene un entorno institucional propicio para llamar inversiones externas cuantiosas en actividades productivas: no tiene un entorno de libre competencia en áreas estratégicas; carece de una práctica cotidiana y sólida de respeto al estado de derecho, a los derechos de propiedad y de garantías al cumplimiento de los contratos; no tiene una legislación laboral flexible que facilite la generación de nuevos empleos y la movilidad en función de las oportunidades productivas; no tiene un sistema educativo orientado a la productividad.

Los legisladores de hoy y de mañana (los que surgirán de las elecciones de este verano) tienen un enorme desafío: hacer las reformas necesarias para subsanar estas graves carencias.

Es ahora o nunca. ¿Lo entienden? Me temo que no.

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jueves, 5 de febrero de 2009

El "new-new deal" funciona tan mal como el anterior

La semana pasada la mayoría demócrata de la cámara de representantes de Estados Unidos aprobó el grandioso, único, insólito y formidable paquete multimillonario de estímulos que levantará a la economía estadounidense de su postración. Ahora sólo falta que la cámara de senadores haga lo propio y nos volverá el alma al cuerpo. Obama en las alturas. Tres vivas por Keynes y todos sus compañeros.

Lo bonito de aprobar tanto gasto es considerar cómo ese dinero público se convertirá en alivio para las necesidades de la gente.

Tomen el caso de Milwaukee, Winsconsin, a dónde los representantes decidieron enviar, como parte del paquete de estímulos, 88.6 millones de dólares etiquetados para construcción de escuelas. Suena bien, pero hay un pequeño problema: Milwaukee tiene el día de hoy 15 escuelas vacías, una sobreoferta de edificios públicos y ningún plan para nuevas construcciones de escuelas, ¿por qué? Porque no se necesitan.

Todo esto lo informaba el lunes pasado la edición en línea del Journal Sentinel de Milwaukee ( y también señalaba que, además del dinero para la construcción de nuevas escuelas, el distrito escolar de esa ciudad junto al gran lago Michigan recibirá 115.5 millones de dólares de estimulo para educación especial y para la ayuda a estudiantes de bajos ingresos.

La totalidad de las escuelas públicas en Milwaukee están clasificadas como en "buenas" o en "mejores que buenas" condiciones, pero los legisladores entrevistados por el diario confían en que los recursos puedan usarse para mejorar, digamos, la eficiencia energética de las escuelas, reemplazar materiales de construcción riesgosos (como los asbestos) o reparar techos. Nunca falta algo que hacer con tantos millones de dólares.

Hay que considerar que un programa iniciado el año 2000 en Milwaukee, llamado la iniciativa de escuelas del vecindario, supuso un gasto de 102 millones de dólares y se tradujo en proyectos que están subutilizados o en proyectos no realizados y cancelados. Una serie de reportajes del mismo Journal Sentinel en agosto de 2008 reveló que decenas de millones de dólares se malgastaron y el programa no se tradujo en un mayor porcentaje de estudiantes atendidos en las escuelas públicas.

Pero eso son detalles, la grandiosa visión keynesiana del gasto público como panes y peces multiplicados permanece incólume. No pierdan la fe.

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lunes, 2 de febrero de 2009

La estupidez proteccionista

"If we buy american, no one else will". Esa es la demoledora afirmación que encabeza la colaboración del profesor Douglas A. Irwin en The New York Times del sábado pasado. Traducción libre: "Si seguimos el mandato de 'compra sólo productos manufacturados en Estados Unidos', nadie más en el mundo los comprará".

La advertencia del profesor Irwin, quien es autor del libro "Free trade under fire" (El libre comercio en peligro) y profesor de economía en Dartmouth, no sólo es pertinente sino de suma urgencia, dado que la mayoría demócrata en la cámara de representantes de Estados Unidos ha logrado introducir, en el paquete multimillonario de estímulos fiscales aprobado la semana pasada, la provisión "buy american" en el gasto público destinado a reanimar la alicaída economía de los Estados Unidos. Es un error gigantesco que tendrá nefastas consecuencias no sólo para los contribuyentes de ese país, sino para la economía mundial. Además es un error que manifiesta una pasmosa ignorancia de los legisladores demócratas acerca de la experiencia histórica.

Cualquier estudiante de economía más o menos aplicado sabe que la oleada proteccionista con la que Estados Unidos intentó hacer frente a la depresión de los años 30 – simbolizada en el acta Smoot-Hawley de 1930 que elevó los aranceles a las importaciones a niveles prohibitivos – profundizó la depresión económica, redujo la riqueza mundial y generó, en respuesta, invencibles obstáculos fuera de Estados Unidos a las exportaciones e inversiones de ese país.

El principal efecto de cualquier iniciativa proteccionista es la reducción de la riqueza global; nos empobrece a todos, empezando por quienes aplican las iniciativas proteccionistas. ¿Por qué, entonces, los legisladores demócratas insisten?

1. Porque no sólo son ignorantes sino arrogantes,
2. Porque quieren complacer a los cabilderos de la industria siderúrgica estadounidense (exactamente la misma tontería en que incurrió el gobierno de George W Bush), y
3. Porque tienen una noción idealizada y falsa del "New Deal" de Franklin D. Roosevelt, que en realidad fue un amasijo desastroso de intervencionismo gubernamental y colectivismo y quieren repetir la experiencia, confiados en que algún falsificador de historias los inmortalizará como héroes populares, tal como se hizo con F.D.R.

En contraste, empresas como General Electric y Caterpillar se oponen al estúpido "buy american" porque saben que sólo les cerrará las puertas en países como China y la India que tienen ambiciosos planes de inversión pública.

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viernes, 19 de diciembre de 2008

La crisis de los disparates

En esta crisis global reina la más completa impunidad lógica, semántica, sintáctica e intelectual. Es la crisis del "todo se vale" porque "vivimos situaciones inéditas" o "navegamos en aguas desconocidas".
Por ejemplo, la newtoniana ley de la gravedad fue modificada radicalmente por un periódico que anunció ayer: "El mundo se hunde en un credit crunch". ¿Cómo puede hundirse algo cuando está sometido a un ruidoso apretón? Misterios de la crisis. Como sustantivo, "crunch" significa en inglés "un punto crítico al que se llega a causa de la presión ejercida por elementos opuestos" y como verbo "crunch" quiere decir "apretar produciendo un ruido semejante a un crujido". Podría decirse en todo caso que el mundo gime aplastado por la falta de crédito, lo que está por demostrarse, pero ¿hundiéndose?
Otro ejemplo divertido. Escribió un columnista de negocios: "Cuando el mundo vive la peor recesión contemporánea". ¡Vaya! ¿Pueden existir varias recesiones al mismo tiempo, es decir: contemporáneas?, ¿unas mejores y otras peores? El peor día de hoy es hoy; el mejor día de hoy es hoy. La peor recesión contemporánea es la que sucede ahora y la mejor recesión contemporánea es la que sucede ahora.
Otra perla, repetida por más de un columnista, ha sido la tontería de que disminuir aranceles en una etapa de recesión económica está contraindicado y sólo se le ocurriría a un inexperto funcionario. ¿De dónde sacaron esa idiotez? Tal vez del caletre de algún gestor de negocios – dirigente de alguna cámara mercantilista como la Concamin, digamos- que ni por asomo sabe que el proteccionismo comercial (a través de los aranceles originados por la infame ley Smoot-Hawley) agravó y prolongó la Gran Depresión.
Mañana nos van a decir que deberíamos pagar una multa quienes nos rehusemos a endeudarnos por encima de nuestras posibilidades de pago o que la mejor forma de estimular el crecimiento económico es cobrando más impuestos o que impedir la existencia de corresponsales bancarios promueve la competencia en beneficio de los consumidores. O que hay que añadir otros mandatos constitucionales al banco central, digamos: el de fomentar el consumo de carnitas de Michoacán y el de prevenir el contagio de enfermedades respiratorias en las sucursales bancarias.

Una crisis que da para todo género de idioteces

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lunes, 15 de diciembre de 2008

Recortar impuestos para crecer más

No gasten más; quítenle menos a los que gastan mejor
La típica creencia keynesiana señala que para estimular la demanda agregada es más eficaz incrementar el gasto público, por ejemplo en infraestructura, que recortar impuestos.
Por su parte, la inevitable propensión de los políticos a gastar más dinero del público refuerza poderosamente esta creencia. Pero sólo es eso: Una creencia en cuyo auxilio no puede aportase ninguna evidencia empírica contundente.
Por elemental honestidad intelectual sería deseable que los políticos y quienes diseñan las políticas públicas examinasen con más rigor crítico esta creencia keynesiana.
Esto es lo que propone el economista Greg Mankiw de la Universidad de Harvard a Barack Obama y a sus asesores en materia de economía y políticas públicas para hacer frente a la crisis, y eso es lo que propongo yo al gobierno mexicano y a nuestros legisladores: Armarse de humildad y examinar los resultados empíricos para decidir con honestidad cuál de las dos políticas públicas – incrementar el gasto público o reducir impuestos- tiene mayor efecto multiplicador en materia de inversión y crecimiento.
En su popular bitácora en la Internet, Mankiw menciona los resultados de diferentes investigaciones acerca del asunto. En contra de la creencia keynesiana, mientras que el multiplicador del gasto público es de uno (un dólar de gasto público en infraestructura genera un dólar de avance del PIB, según Susan Woodward y Robert Hall) el multiplicador de un recorte de impuestos es de tres a uno (tres dólares de avance en el PIB por cada dólar de recorte de impuestos, según una investigación de Christina D. Romer y David H. Romer de la Universidad de Berkeley en California).
Digan lo que digan los keynesianos este hallazgo tiene toda la lógica del mundo, ya que siempre asignamos con mayor eficiencia nuestro dinero que el dinero ajeno (que es lo que hacen los gobiernos: gastarse el dinero de otros). Y es aún más lógico, si el gasto público es deficitario ya que en tal caso el gasto está inhibiendo activamente la inversión privada. Piénsenlo sin trampas.

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domingo, 7 de diciembre de 2008

La criminal miopía proteccionista

Si se dejase la solución de esta crisis económica global en manos de la Concamin o de la Canacintra, el mundo se hundiría en una depresión tan profunda y prolongada que haría palidecer a la “gran depresión” de los años 30.

Si aquí y allá los mercantilistas se enquistan en la defensa de barreras arancelarias y no arancelarias habremos transformado un severo colapso financiero en el peor desastre económico de la historia de la humanidad: Desempleo galopante, hiperinflaciones locales, pérdida total de confianza en el mercado, pobreza y miseria, violencia, nacionalismos y regionalismos exacerbados. El infierno.
La economía global ha funcionado en los últimos años – generando prosperidad- sostenida en un frágil balance entre países con abultados superávit y países con abultados déficit en sus respectivas cuentas corrientes. Los primeros tienen un exceso de ahorro respecto de su inversión y su consumo y ese excedente ha servido para financiar los déficit de ahorro (especialmente déficit fiscales) de los segundos.
Según cálculos difundidos el miércoles por Martin Wolf en el Financial Times los superávit en cuenta corriente de China, Alemania y Japón sumados a los superávit de los países exportadores de petróleo explican el 84% del superávit global en cuenta corriente (ese porcentaje equivale a 1.685 millones de millones de dólares).
Esos países frugales – que ahorran más de lo que consumen e invierten- sufragan el dispendio – dicho en sentido figurado – de los países con abultados déficit en sus cuentas corrientes. Los dispendiosos son encabezados por Estados Unidos y le siguen España, Reino Unido, Francia, Italia y Australia, cuyos déficit equivalen a poco menos de 1.159 millones de millones de dólares; casi al 70% del déficit global en cuenta corriente,.
El mundo aprentemente tiene un superávit en cuenta corriente consigo mismo de unos 350 mil millones de dólares (diferencia ente 2.006 millones de millones que suman los superávit y 1.656 millones de millones que suman los déficit), pero en realidad tal superávit no existe porque forzosamente la balanza global debe estar equilibrada, es una identidad contable entre egresos e ingresos de la suma de balanzas de cada nación. Se trata de errores de contabilidad, omisiones o hasta de pérdidas (imaginemos, siguiendo una vieja analogía que hacía Bastiat para ridiculizar los afanes mercantilistas, que en medio del océano hay varios barcos perdidos cargados de mercancías que algunos países han contabilizado como exportaciones pero que nadie ha recibido y por tanto no se han contabilizado como importaciones. ¡Una pérdida neta! El maravilloso símil de Bastiat nos recuerda que el bienestar se mide por lo que consumimos (importamos) no por lo que producimos (exportamos).
Es imperativo para salir de la crisis que los países frugales empiecen a gastar (importar) más y que los países dispendiosos empiecen a exportar más y a gastar menos. Sólo así se puede restablecer el equilibrio global y la economía volverá a crecer. Si unos y otros se cierran al comercio mundial, sosteniendo aranceles y barreras no arancelarias, la depresión mundial durará décadas y será la peor de la historia.
¿Creían que hacer fracasar la ronda de Doha no tendría consecuencias graves? Ya las vemos. Aún estamos a tiempo para evitar una catástrofe mayor.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Primero, restablecer los mercados

Una vez que se le haya puesto un piso a la crisis, lo más probable es que las políticas fiscal y monetaria de Estados Unidos, en el mediano y largo plazos, sean más restrictivas que en los primeros años del siglo.


Hay un poco más de claridad hoy que hace un par de semanas acerca de cómo se saldrá de la crisis en que está inmersa la economía global. Las pistas que ha dado el futuro presidente de Estados Unidos, a través de la formación de un equipo con excelentes credenciales en el frente económico, han contribuido a disipar algo de la niebla.
Sin embargo, los "osos" – mercados bursátiles a la baja – aún no desean irse a hibernar. Como indicadores de la confianza y de la certidumbre de una recuperación económica en el mediano y largo plazos, los mercados bursátiles permanecen cautelosos: aún pueden surgir cadáveres ocultos en los armarios – nuevos amagos de bancarrota en bancos y empresas emblemáticas – y existe la convicción de que no se ha puesto el "piso" definitivo al ajuste de la economía global.
El lunes la NBER (Agencia Nacional de Investigación Económica) oficializó la recesión. Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, admitió que aunque el poder de la herramienta monetaria típica – descensos en las tasas de interés de referencia- es cada vez más limitado, al banco central le quedan otras armas en su inventario para contribuir a un restablecimiento de los mercados, como son las provisiones directas de liquidez al sistema y la compra de bonos del Tesoro de largo plazo en cantidades sustanciales para estimular la demanda agregada.
Pero el propio Bernanke dejó claro que estas son medidas de urgencia y no la política normal o deseable para el banco central. Una vez reestablecido el funcionamiento normal de los mercados, la Reserva Federal debe retomar como objetivo prioritario la estabilidad de precios.
Algo similar sucede en el campo fiscal. Lo que permiten anticipar los nombramientos que ha hecho Barack Obama en el frente económico es que, en el mediano plazo, se dará prioridad a la búsqueda del superávit presupuestario; la política fiscal será más restrictiva que en los desordenados ocho años de George W. Bush.
Reestablecer los mercados, no sustituirlos, es la prioridad. No hay que confundir las estrategias para superar la emergencia con las políticas de cambio estructural.

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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Obama, elogio de la inteligencia

Con la designación de Paul Volcker y de Austan Goolsbee el presidente electo de los Estados Unidos – Barack Obama- tiene ya a los mejores talentos disponibles para enfrentar la crisis.

Voy a presumir que hace tres semanas, el miércoles 5 de noviembre, hice votos para que Barack Obama recurriese a los consejos y asesoría de Paul Volcker. Los enterados lectores de El Economista y de esta bitácora ya estarán a estas horas al tanto de que Volcker encabezará el flamante consejo de asesores para la recuperación económica, que será el puente directo entre el presidente Obama y voces independientes de la sociedad, de la ciencia y de la academia que llevarán opiniones frescas y sin compromisos partidistas a la Casa Blanca.
Esos lectores tal vez recuerden vagamente que alguien hace unos días, en algún sitio, habló de lo mucho que podría aportar al nuevo gobierno un hombre como Volcker. Bien, lo leyeron aquí y lo dije yo.
Satisfecha la vanidad, pasemos a lo importante. A Volcker le acompañará en este consejo de asesores un joven doctor en economía, profesor en la escuela de gradados en negocios y administración de la Universidad de Chicago (el centro académico y de investigación que más premios Nobel de Economía le ha dado al mundo), que se llama Austan Goolsbee y que, por cierto, fue el principal asesor en economía de Obama durante la larga travesía electoral.
El exbanquero central, de 81 años, (que derrotó la inflación y sentó las bases para la recuperación de la economía de Estados Unidos después de los destrozos causados especialmente por los gobiernos de Nixon y Carter) podría ser el abuelo de Goolsbee, de 39 años, un economista del siglo XXI, autor de trabajos de investigación tan actuales como: “Competencia en la industria de cómputo: on-line contra comercio al detalle”, “En un mundo sin fronteras: El impacto de los impuestos en el comercio vía Internet”, “Competencia de precios on-line: Amazon contra Barnes & Noble”. Pero Volcker y Goolsbee, a pasar de la diferencia de edades, sin duda se entenderán muy bien entre sí y con su jefe Obama. La inteligencia no tiene edad, ni fronteras. Funciona. Y los inteligentes, como Obama, se rodean de colaboradores inteligentes. Con eso ya tienen ganada la mayor parte de la batalla. La inteligencia, en estos tiempos, es una magnífica noticia. ¿No creen?

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martes, 25 de noviembre de 2008

Los obstruccionistas

Al igual que los grupos de presión que obstruyen el libre tránsito en calles y caminos los negociantes mexicanos - presuntos dirigentes de cúpulas empresariales- han hecho de los aranceles (obstrucciones al libre tránsito de mercancías) la fuente de sus rentas; márgenes exorbitantes de utilidad obtenidos del despojo a los consumidores.

Comedido, con gran timidez, el gobierno federal ha propuesto una reducción arancelaria en el contexto de la crisis global que nos aqueja. Es una propuesta en la dirección correcta, dado que el peor de los errores que podemos cometer es profundizar y agravar la recesión incurriendo en el proteccionismo.
El problema ha sido que, como es usual, el gobierno eligió como interlocutores para disminuir el proteccionismo comercial ¡al puñado de negociantes que obtienen sus rentas de los elevados aranceles!, en lugar de acudir a más de cien millones de consumidores que somos quienes los padecemos.
Es el mismo patrón de negociación que siguen las autoridades con quienes obstruyen una avenida o una carretera para defender algún interés particular (con gran frecuencia ilegítimo), desdeñando a la inmensa mayoría que es afectada por los obstruccionistas. Al obstruccionista se le ofrece dialogo, negociación, concesiones y hasta, metafóricamente, besos y arrumacos; a quienes padecemos el abuso de los obstruccionistas se nos ordena una dieta de ajo y agua: "a joderse y aguantarse".
De seguir ese camino la muy necesaria - ¡urgente!- reducción de aranceles terminará como otro parto de los montes: en el alumbramiento de un ratoncillo insignificante.
México ocupa el vergonzoso lugar 107 en el mundo – de una lista de 125 países- en términos de aranceles MFN (nación más favorecida), es decir: es, en los hechos, uno de los países más proteccionistas del planeta.
Engallados, los voceros de los obstruccionistas exigen que no se toquen sus territorios de caza: nos ven a los consumidores como piezas de su propiedad.
Un sueño: Los consumidores, por una vez al menos, deberíamos instalarnos a las puertas de la Secretaría de Economía (buena parte de las oficinas ya están tomadas, en la práctica, por los negociantes proteccionistas) para exigir sin dilaciones la reducción sustancial y acelerada de los aranceles.
¿De donde obtienen los obstruccionistas tantos recursos para cabildear y presionar a favor del sostenimiento de sus cotos de caza de rentas? Muy sencillo: De los excedentes de los que hemos sido despojados los consumidores, ¡gracias a la protección arancelaria!

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Ponernos de acuerdo, eso es el mercado

El primer paso para salir de esta crisis económica es reestablecer plenamente el mercado, esto es: Dejar que sea la confluencia de millones de voluntades libres, en millones de relaciones de conveniencia social, la que defina en cada momento el precio de productos y servicios; definir, pues, el valor del dinero, que es tanto como decir: el valor que, por acuerdo y por conveniencia, le asignamos al trabajo.

Barack Obama ha dado una pista inicial de sus planes para que Estados Unidos salga de la recesión: Generar 2.5 millones de nuevos empleos en un plazo más o menos corto, digamos un par de años. Suena bien, pero también es incurrir en el "fetichismo del empleo" tan común entre los políticos.
Me explico: No se trata de pagarles un salario a 2.5 millones de personas que hoy no lo reciben, sino de descubrir qué riqueza pueden generar esas 2.5 millones de personas para que la gente (cualquier número de personas, en cualquier lugar) esté dispuesta a pagarles cada mes los dólares equivalentes a 2.5 millones de salarios.
Digo los dólares porque estamos hablando de Estados Unidos, pero igualmente podemos decir: "el dinero". ¿Qué es el dinero? Es la expresión que convencionalmente acordamos darle a un trabajo humano ya realizado o pactado para realizarse, cuyo resultado es conveniente para otros, quienes estarán dispuestos a intercambiar parte de su trabajo ya realizado o por realizar (dinero) a cambio de disfrutar del resultado del trabajo ajeno.
Ejemplo: Juan es un cirujano a quien le resulta conveniente compartir con Beatriz, una contadora, parte de los frutos de su trabajo a cambio de que Beatriz mantenga el registro de los ingresos y egresos de Juan; a su vez, Juan percibe ingresos porque su destreza como cirujano le resulta conveniente a Pedro quien requiere de una cirugía para mejorar su calidad de vida. Y los tres están de acuerdo en que el dinero empleado es algo más que su realidad física de papel, tiene una realidad meta-física: la capacidad de obtener de otros trabajo ya realizado o trabajo por realizar.
Un empleo se crea cuando el producto del trabajo de A resulta conveniente, esto es: susceptible de ser libremente comprado. No basta el dinero, se requiere del mercado para dos asuntos básicos: Ponernos de acuerdo en el valor del trabajo y ponernos de acuerdo en el valor del dinero.

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jueves, 20 de noviembre de 2008

Los daños sistémicos de la ignorancia

La crisis financiera ya es lo suficientemente severa como para que algunos y algunas desparramen su "docta ignorancia" emitiendo juicios de valor sin fundamento.


Ayer en una de esas columnas pseudo- periodísticas de recados cifrados, chismes y balbuceos escritas por alguna sedicente especialista en finanzas se reprocha a una empresa – Gruma- haber emitido "información deficiente" acerca de sus operaciones con productos derivados. Sin embargo, en los tres párrafos que se le dedican al asunto, se demuestra NO que la empresa haya informado en forma deficiente, sino que la autora de la columna no leyó o no entendió la información difundida por la empresa, no tiene la menor idea de lo que es un producto derivado, ni de lo que es un margen, ni mucho menos lo que es una llamada de margen en los contratos con productos derivados en los que se incluye el margen como modalidad de apalancamiento, y que se aplica en caso de que el saldo quede por debajo del margen disponible o usable.
A partir de esa "docta ignorancia" la columnista desliza maliciosas insinuaciones sobre la solvencia de la empresa y le regala a sus incautos lectores esta perla de "información precisa": "el rumor es que Roberto González venderá el control o un paquete importante del (sic) Banorte…". La confesa emisora de rumores demanda que los demás informen con precisión. ¡Vaya¡
¿Cuál es la realidad? Que Gruma obtuvo una línea de crédito que le ha permitido liquidar todas las obligaciones que tenía con instrumentos derivados de tipo de cambio con vencimiento en 2008. Específicamente saldó la única de sus operaciones con derivados que contemplaba una llamada de margen (para el 25 de noviembre), con lo cual eliminó definitivamente el riesgo de que, al aplicarse la llamada de margen, se afectase el flujo de efectivo estable y constante de sus operaciones.
Todo eso puede leerse claramente en el comunicado que emitió Gruma a la bolsa el pasado 13 de noviembre. Y también puede leerse ahí que las demás operaciones con derivados de la empresa con vencimientos en 2009, 2010 y 2011, NO están sujetas a llamadas de margen.
A lo mejor debería penalizarse la irresponsable difusión de falsedades, derivadas de la "docta ignorancia". Por lo menos, que reciban la sanción social en la misma línea que propone el Consejo Nacional de la Comunicación: desenmascarar, por ejemplo, a los falsos médicos

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La balsa de los 20 en el océano

"Intentábamos defendernos. Pero era imposible. Los débiles sólo pueden huir. Y no se puede huir de una balsa perdida en medio del mar" (Alessandro Baricco, "Océano mar").



No hay que ponerse dramático, pero una imagen que convenía a la reunión del G-20 el pasado fin de semana en Washington es la de 20 personas asustadas en una balsa que flota en medio del océano, a la espera de que se reanude la tormenta o de que llegue algún auxilio providencial.

Para ser exactos: dos mujeres y 18 hombres, aunque no puede haber dos mujeres tan distintas como lo son Ángela y Cristina. La primera es madura, firme, poco dada a las ligerezas; la segunda es despistada, frívola, vanidosa; llegó tarde a la foto de grupo y, según los maliciosos, fue porque no había terminado de maquillarse. Para ser exactos: de las 20 personas una - George, el pequeño – debió sentir alivio, porque en unos días saltará de la barca a tierra más o menos firme. Y otra persona, ausente, Barack, debe sentir aprensión porque en breve le tocará subirse a la balsa en medio del océano; "ahí te veremos el 20 de enero, hermano" dicen que le dijo un desaprensivo.

También estaban los acompañantes y uno que otro colado, como el jefe de gobierno español que, duro y dale, pidiéndole el favor a su vecino, Nicolás, de que lo incluyesen en la nómina; logró un asiento quizá porque deseaba estar en el segundo Bretton Woods o asistir a los funerales del capitalismo; menudo chasco se ha llevado el Zapaterito que la reunión no fue ni lo uno, ni lo otro.

La imagen de los náufragos en medio del océano, compartiendo una precaria balsa, encierra al menos una lección muy importante: la de la cooperación forzosa. La pesadilla terminará – todas terminan- pero de la cooperación entre todos, sin jugarle al listo, depende que termine más o menos bien.

Digamos que si alguno de los fuertes del grupo sucumbe a la tentación autista – proteccionismo- o que si otro buscando salvar a los suyos pone en riesgo a los demás, todos se irán al fondo del océano.

O nos salvamos juntos, o nos hundimos todos. El nombre del juego se llama cooperación. Pero, que conste, no nos estamos poniendo dramáticos, sólo un poquito realistas.

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lunes, 17 de noviembre de 2008

Hu Jintao y el futuro de la economía mundial

No hay que perder de vista a China en medio de esta crisis financiera global. Su estrategia es inteligente y sin aspavientos. Hu Jintao, el Presidente chino, sabe que el mundo necesita de ellos.

Esta crisis es una magnífica oportunidad para estudiar chino. En serio.

Uno de los personajes más relevantes en la reunión del G-20 en Washington estaba unas horas después en La Habana visitando a Raúl Castro. Se llama Hu Jintao, es el presidente de China, es líder del partido comunista, tiene 66 años, es ingeniero y es un “caballero” en el sentido que los chinos suelen dar al término: de trato suave y de bajo perfil.

Pero tratándose de decisiones cruciales para salvaguardar al partido comunista chino Hu Jintao es inflexible y no hace concesiones. Pregunten en el Tíbet, si no.

“Las economías emergentes y en desarrollo deben tener una mayor voz y representación en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial” fue una de las tantas conclusiones de la reunión del G-20, pero para China no fue una declaración retórica. Aportará dos millones de millones (“trillions” en inglés) de dólares para fortalecer el fondo de estabilización del FMI; no lo hará a cambio de nada, sino de un mayor protagonismo en el rediseño del sistema financiero global.

Días antes, y como preámbulo a la reunión en Washington, el gobierno chino anunció un impresionante paquete de estímulos fiscales de 586 mil millones de dólares para la construcción de infraestructura en China, con el fin de mantener elevado el crecimiento económico, disminuir desigualdades regionales y sostener la demanda global por maquinaria, y “commodities”. Sin empacho, el primer ministro chino, Wen Jiabao, calificó el paquete como “la mayor contribución china al mundo” en el umbral de una recesión severa y prolongada.

De alguna forma, la estrategia china marcó la pauta del mensaje conjunto de los países en desarrollo durante la reunión en Washington: En las economías emergentes está la clave para mantener la demanda global con aliento, no cometamos el error de incurrir en el proteccionismo durante esta crisis, fomentemos el comercio global, rediseñemos las instituciones financieras multilaterales dándoles más atribuciones y recursos, pero también dándole a las economías en desarrollo una mayor presencia efectiva.

Tal vez Barack Obama debe empezar a tomar clases de chino. Podrá ser una instrucción muy útil para su próximo trabajo.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

G-20, ¿cómo restablecemos el juego?

Más allá de rollitos retóricos, el planteamiento de los países emergentes a los países industrializados, especialmente a Estados Unidos, en el G-20 deberá ser: Ustedes nos necesitan para que la demanda global conserve algo de su antiguo empuje. ¡No cierren sus mercados!, ¿estás escuchando, Obama?

La crisis global está rompiendo un equilibrio – inestable, como la mayoría de los equilibrios – entre el crecimiento de las economías emergentes (en algunos casos, como China, hablamos de un crecimiento explosivo) y la zona de confort de la que gozó la economía de los Estados Unidos que financió su carencia de ahorro con buena parte de los excedentes generados por las exportaciones de las mismas economías emergentes.

Podemos caracterizar, o caricaturizar, este equilibrio inestable, a punto de romperse, de la siguiente forma: Los consumidores en Estados Unidos disfrutaron de una mayor oferta de productos provenientes del extranjero, a mejores precios, apoyados en una orgía de apalancamiento – deuda – y dinero fácil que parecía interminable; mientras que los habitantes de los países emergentes mejoraron su nivel de vida trabajando duro para venderle cosas a los ávidos consumidores estadounidenses.

A su vez, el gobierno de Estados Unidos pudo financiar su creciente déficit – para regocijo de los políticos- gracias a que los gobiernos de los países emergentes (como China, India, México o Brasil) invirtieron e invierten las divisas, que obtuvieron con sus exportaciones a Estados Unidos, en bonos del Tesoro de ese mismo país, que pagan tasas de interés negativas.

Ninguno de los jugadores quería romper este juego, pero sus fundamentos eran endebles y estalló la crisis. El hilo se rompió por lo más frágil: el enloquecido apalancamiento en Estados Unidos.

Si los políticos estadounidenses, digamos Barack Obama y/o los populistas del estilo de Nancy Pelosi, caen en la tentación proteccionista (olvidando las lecciones de la gran depresión de los años 30 del siglo pasado), todos estaremos fritos, empezando por los estadounidenses que no encontrarán ya quién produzca para ellos, ni quién les financie su déficit y su carencia de ahorro interno.

Ejemplo: El Tratado de Libre Comercio con Colombia. El asunto no es un “quid pro quo” entre Obama y Bush, sino entre Obama y las economías emergentes, que exigen, con toda razón, un gesto de inteligencia. Son tiempos de cooperación, no de ignorar al resto del mundo. O nos salvamos todos, o nos hundimos todos.

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martes, 11 de noviembre de 2008

Gasto público, desempleo e inflación

En una crisis como la que hoy padecemos, ¿un incremento en el gasto público deficitario es eficaz para disminuir el desempleo? No. Por el contrario, un mayor gasto público generará una más deficiente asignación de recursos y, a la postre, mayor inestabilidad y mayor desempleo.

Nadie duda que estamos ante una situación económica global extraordinaria que exige soluciones de emergencia. La pregunta es si estamos diagnosticando bien la crisis y específicamente si estamos ante una caída brutal de la demanda agregada que justifique políticas fiscales y monetarias expansionistas como las que se están impulsando. Temo que la respuesta es no.

Se supone que ante una caída brutal de la demanda agregada ya estaríamos viendo en diversos bienes y servicios una auténtica deflación, una caída de precios. Hemos visto en las semanas recientes una fuerte caída de precios –en dólares y en los mercados internacionales- para el caso de los "commodities", como el petróleo, el cobre, el maíz. Burbujas que se desinflan. Pero no vemos una caída concomitante en el nivel general de precios al consumidor, esto es: en la inflación.

Por el contrario, y me refiero específicamente a México, la inflación anual al término de octubre de 2008 fue de 5.78%, esto es ¡más de dos puntos porcentuales por encima de la inflación anual registrada un año antes, que fue de 3.74 por ciento! En 24 meses – de octubre de 2006 a octubre de 2008- el nivel general de precios al consumidor en México creció ¡9.74 por ciento! ¿Esto anticipa alguna próxima deflación? No lo parece.

Desde luego, el mes de octubre pasado fue, para la economía global, un mes terrible y en el caso de México se verificó una devaluación acelerada del tipo de cambio, lo que hizo que varios precios finales al productor, medidos en pesos, registrasen brutales alzas mensuales en octubre, por ejemplo: 8.19% en productos metálicos, maquinaria y equipo (autos y computadoras, entre otros); 6.86% en electricidad y gas; 6.53% en otras industrias manufactureras o 6.02% en papel y sus productos, imprentas y editoriales.

En este entorno inflacionario, priorizar el estímulo a la demanda – con la peregrina esperanza de incrementar el empleo- mediante gasto público deficitario es jugar con fuego e invocar ese monstruo que se ha bautizado en inglés como stagflation (estanflación, en español), el peor de los escenarios: inflación al alza con desempleo al alza.

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domingo, 9 de noviembre de 2008

En el bando de la destrucción

La recesión mundial en la que hemos entrado será mucho más profunda y prolongada en la medida en que se siga deteriorando la estabilidad monetaria.


En el origen de la crisis actual está el miedo a la recesión y las medidas que se ponen en marcha buscan postergar lo inevitable – la recesión – y proponen algo que resultará imposible – recobrar el crecimiento económico – ya que se está destruyendo la semilla imprescindible para la creación de riqueza: la acumulación de capital.

Ha llegado el tiempo de los consejos prácticos, pero cínicos, para empresas y familias, como el siguiente: “Sólo los tontos ahorran; los listos se endeudan por encima de su capacidad actual de pago confiados en que habrá rescates fiscales y/o monetarios que permitirán la amortización acelerada de las deudas”; es un consejo útil y es, a la vez, una cínica invitación a que abandonemos la ética del trabajo productivo.

El incremento de los déficit fiscales está siendo acomodado con políticas monetarias relajadas, lo que se traducirá en mayor inflación – incremento de las distorsiones en los precios relativos – y en una caída en la tasa de formación de capital. Se acorta el horizonte temporal para decidir. Los plazos se encogen; los planes de inversión de ayer se tiran a la basura para dar paso a decisiones de consumo inmediato: “A gastar a gastar, que el mundo se va a acabar”.

Aumenta la intervención de los gobiernos en la vida económica, desplazando a la inversión privada, con varias consecuencias indeseables: 1. Escasez de determinados bienes ante una demanda estimulada por un mayor gasto público y una expansión de los medios de pago: Quien podría producir tales bienes no desea hacerlo dado que la inversión (formación de capital) está penalizada en la práctica incluso por mayores presiones impositivas, 2. Pérdida de libertades individuales por la creciente presencia del Estado, 3. Presiones hacia un mayor control de precios y salarios – lo que estimula la escasez- y 4. Presiones a favor de medidas proteccionistas, arancelarias y no arancelarias, en el comercio internacional.

En 1920, John Maynard Keynes observó: “No hay medio más sutil ni más seguro de trastocar las bases existentes de la sociedad que manipular la moneda. El proceso compromete a todas las fuerzas ocultas de las leyes económicas en el bando de la destrucción, y lo hace de manera tal que ni siquiera un hombre entre un millón podría diagnosticarlo”.

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sábado, 25 de octubre de 2008

Crisis: Los consejos de un abusadillo

“Los mismos elementos que nos han llevado a la crisis, nos habrán de sacar de ella”: Juan Villalonga. La “solución” será una huída hacia delante, eludir cualquier propósito de enmienda, para sembrar, mediante cañonazos de dólares, las próximas burbujas del dinero y del crédito fáciles. Hasta el siguiente estallido.



Hay que tomar las cosas, y los consejos, considerando de quién vienen. Un aventurero de los negocios, el español Juan Villalonga, ex presidente de Telefónica, ex amigo de la infancia de José María Aznar y marido de la guapísima mexicana Adriana Abascal – a su vez, ex pareja del legendario Emilio Azcárraga Milmo, el Tigre-, estuvo el sábado en Valencia, España, dando su versión de la crisis global y ofreciendo consejos para sacarle provecho.

Para ver una bonita foto del recuerdo de cuando Aznar y Vilallonga, chiquillos, jugaban futbol en el colegio El Pilar de Madrid, hay que pinchar aquí.

Los abusadillos – epíteto benévolo para calificar a los abusones – son listos que, con el tiempo y unos millones de dólares, empiezan a hablar sin tapujos, dejando atrás la hipocresía (ese tributo que el vicio solía rendir a la virtud, en palabras de Francois de La Rochefoucauld) como una penosa debilidad propia de políticos o de novios en busca de la aprobación y los favores ajenos.

Tal el caso, me parece, de Villalonga. Abusadillo renombrado quien dijo, sin rubor, que esta crisis global se resolverá de la misma forma que se gestó: Inundando de dinero verde (dólares) el mundo, dándole la salida de sus aprietos a quienes se endeudaron alegremente, para que se sigan endeudando y consumiendo sin remilgos lo que se ofrezca: petróleo, casas hipotecadas, SUV’s, afeites, fiestas rumbosas y demás. “Keynesianismo para negociantes abusadillos”.

Cito las palabras, no tan desencaminadas (aunque cínicas), de este aventurero que ahora quiere ser presidente del Real Madrid:

“Los mismos elementos que nos han llevado a la crisis, nos sacarán de ella”. Las causas: Un exceso de liquidez propiciado por la política monetaria de la Reserva Federal y una falta de regulación. Las vías para salir: “Una política monetaria que vuelva a dar liquidez y seguir el camino contrario de lo que parece establecido; en lugar de más regulación lo que necesitamos es hacer la vista gorda” (ver diario “Cinco Días”).

¿Cómo estar entre los beneficiados por la crisis? Pues sencillo: “Hay que hacerse amigo de los que tienen el capital”.
Ya lo saben: El “amiguismo” nunca muere. Capitalismo sí, pero de compadres.

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