martes, 28 de abril de 2009

Un senador cae víctima del SAPI

El terrible SAPI ha llegado al Senado. Esperemos que se trate de un caso aislado y que se tomen las medidas pertinentes para evitar una epidemia.

No es lo mismo el SAPI que el SAPT. El primero es el Síndrome de Aturdimiento Político Incurable que es, como su nombre lo indica, una condición patológica sin remedio. (El otro es el síndrome temporal que se cura quitando de la nómina al afectado).

En algunos casos particularmente penosos el SAPI cursa con alucinaciones auditivas aterradoras (el paciente llega a escuchar millones de voces al unísono), con mudanzas incontrolables de partido (conocidas en la jerga como “chaqueteo oportunista irrefrenable”) y suele presentarse junto con el POC, Politización Obstructiva Crónica, que se caracteriza por una incontrolable compulsión por interpretar todos los acontecimientos como fenómenos exclusivamente políticos.

Si se le muestran a una persona que padece POC las diez manchas de tinta de la prueba diagnóstica de Rorschach, tal persona “ve” en las diez manchas sólo eventos, símbolos y personajes políticos. Un experimento desarrollado por el doctor Aníbal Basurto Corcuera en pacientes con POC solicitó a los sujetos describir lo que veían en las nubes (el experimento se realizó en un llano durante una tarde nubosa) e invariablemente los enfermos vieron en las nubes figuras de conocidos políticos – “pero si esa nube es el vivo retrato de mi general Cárdenas”, “aquella tiene el mismo bigotito de Beltrones”-, emblemas de partidos políticos, urnas, curules y otros elementos de la parafernalia político-electoral (Ver: “Interpretación nubosa: Su uso para el diagnóstico de Politización Obstructiva Crónica”, Basurto Corcuera et al. Apizaco, Tlaxcala, 1998).

Lamento informar que el senador Ricardo Monreal Ávila manifiesta todos los síntomas del SAPI. Una muestra clara es este párrafo de su colaboración hoy en un periódico: "Millones de padres de familia con sentido común se preguntan: ¿en verdad es tan arriesgado mandar a los hijos a las escuelas y confinarlos en la casa? Si todo afuera es riesgo de contagio, ¿qué cualidad inmunológica tiene el hogar que está negada al aula, a la oficina, al supermercado, al camión de pasajeros o al parque de la colonia? Si el beso y el abrazo son vías de transmisión, ¿no es el hogar donde más besos, apapachos y contactos de mano nos prodigamos los mexicanos?" (El artículo se llama: "Influenza, más política que salud").

Fijémonos – explica el doctor Basurto- en la desorbitada presunción del paciente (fruto de las alucinaciones auditivas) quien asegura escuchar simultáneamente las voces de “millones de padres de familia” haciéndose las mismas preguntas idiotas.
La tragedia la resumió en dos palabras uno de los colegas de Monreal que pidió no ser identificado: “Lo perdimos”.

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domingo, 30 de marzo de 2008

Lo que cuesta parir un ratoncillo…

¿De veras será inevitable condición de la democracia mexicana la bajísima productividad?, ¿esa desproporción entre los recursos empleados, que parecen vastísimos, y los resultados logrados, los posibles nos dicen, que se antojan miserables?


Félix María Serafín Sánchez de Samaniego. Con ese dilatado nombre, que hoy podría ser de galán de telenovela o, mejor, de eterno aspirante perdedor – rijoso, altanero y desbocado - a gobernar Tabasco o, por poco que lo apuren, el país entero, anduvo por el mundo, allá entre 1745 y 1801, el más popular fabulista español. Tan popular, y tan conspicuo huésped de los textos escolares de la primaria, que hasta algunos políticos verbosos podrían hallar – en sus agujeradas memorias- retazos de alguna de sus versificadas fábulas.

Por ejemplo, la fábula del “parto de los montes” que, hay que reconocerlo, tiene algunos endecasílabos memorables como el del inicio:

“Con varios ademanes horrorosos”

Aquí, el lector contemporáneo, si además ha sido espectador de los desfiguros de la política en México, puede imaginar al predicador tabasqueño -eso sí: “legítimo” predicador (“cuídese de las imitaciones”, “no tenemos sucursales”)-, exhortando a sus femeniles “fascios de combate” y “escuadrones de acción” a defender el petróleo nacional de las asechanzas de los malvados. No faltará, en la escena, a la vera del predicador, el presunto intelectual que manufactura una ocurrencia palabrera – “el petróleo hace patria” – como coartada moral para la fragorosa batalla contra los fantasmas. Pero volvamos a las siguientes líneas de la fábula de Samaniego:

“Los montes de parir dieron señales;
“Consintieron los hombres temerosos
“Ver nacer los abortos más fatales.
“Después que con bramidos espantosos
“Infundieron pavor a los mortales,
“Estos montes que al mundo estremecieron,
“Un ratoncillo fue lo que parieron”.


Tal parece que con “bramidos espantosos”, con “ademanes horrorosos”, con premoniciones de tremendos terremotos y otras descomunales amenazas (o promesas, dependiendo el punto de vista) de grandes transformaciones, al final – si bien nos va- tendremos “un ratoncillo” como reforma de Pemex. Eso sí, a un costo – medido en gritos, sombrerazos, desgaste neuronal y emocional, derroche de palabras vanas- que se antoja inconmensurable.

Me pregunto, como al principio, ¿tiene que ser, inevitablemente, tan baja, miserable, la productividad reformadora en una democracia?

¿Será posible que el traficante de ruido imponga sus condiciones de inflación verbal y desvalorización eidética?, ¿tendremos ratoncillo y no reforma?

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