lunes, 20 de julio de 2009

Hugo Chávez y el modelo de PEMEX

Para que no digan que México no exporta "tecnología de punta", aun cuando esa tecnología tenga ya más de 60 años.

El gobierno de Hugo Chávez, en Venezuela, parece empeñado en hacer de PDVSA, la petrolera venezolana estatal, una copia fiel de lo que ha sido PEMEX durante décadas, es decir desde los viejos buenos tiempos cuando el PRI gobernaba.

En los últimos siete años la plantilla laboral de PDVSA creció más de 266 por ciento. Pasó de 30 mil a 80 mil trabajadores.

Y esto nadie, en el gobierno de Chávez, lo ve como un desastre, en medio de la caída de los actuales precios del petróleo respecto de las altísimas cotizaciones que se registraron hasta el verano de 2008, sino como un timbre de orgullo, un motivo para presumir, como lo hizo el pasado 17 de julio el presidente de la empresa y ministro de Energía en Venezuela, Rafael Ramírez.

Cito el cable de Prensa Latina ("of all the media"):

"La política de la revolución es incluir a los trabajadores para ampararlos socialmente en todos sus derechos y, además, corresponder a lo que ha sido su esfuerzo para construir el país que queremos y seguir profundizando nuestra revolución', destacó ayer desde Puerto La Cruz, estado de Anzoátegui, al este de esta capital.

"PDVSA y sus trabajadores están con la Revolución Bolivariana y con Chávez", expresó Ramírez durante la ceremonia de ingreso a más de siete mil asalariados a la estatal petrolera desde Puerto La Cruz.

El martes último Ramírez convocó a convertir PDVSA en una empresa de producción socialista y terminar con los vicios del capitalismo.

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lunes, 13 de octubre de 2008

Déficit y malas inversiones públicas

A ver, se supone que vamos a poner un montón de dinero público (15 mil millones de pesos) para iniciar la construcción de una nueva refinería cuyo fin es disminuir las importaciones de gasolina. Lo que no se dice es que esa refinería, cuando se concluya, refinará petróleo importado.



Cuento uno: No es malo que aumente el gasto del gobierno, siempre y cuando ese gasto se destine a inversión, por ejemplo para iniciar la construcción de una nueva refinería.

La realidad: A diferencia de la explotación petrolera, que arroja altos márgenes de rentabilidad, el negocio de la refinación tiene márgenes muy estrechos y se requiere de una gran especialización para tener éxito. Hasta ahora las refinerías de PEMEX no han mostrado tener competitividad internacional.

Cuento dos: Es importante construir refinerías con dinero público porque así podremos disminuir las importaciones de gasolina; dado que es "malo" que hoy cuatro de cada diez litros de gasolina los importemos.

La realidad: No necesariamente es "malo" que importemos gasolinas si esos combustibles provienen de refinerías más productivas que las nuestras y a mejores precios. Lo malo, pésimo, es que subsidiemos el consumo de los combustibles, no que los importemos.

Cuando se concluya dicha refinería, dentro de ocho años en el mejor de los escenarios, México será probablemente importador neto ya no sólo de combustibles sino de petróleo crudo.

Cuento tres: El inminente déficit fiscal no debe preocuparnos, porque dicho déficit tendrá su origen en inversiones públicas productivas, no en mayor gasto corriente. Es decir, cada dólar de déficit público se transformará en el largo plazo en utilidades, por lo que ni siquiera debiera contabilizarse como déficit.

La realidad: ¿Alguien cree que la inversión pública es de veras más rentable que la inversión privada?, ¿cada peso invertido por PEMEX en petroquímica (y específicamente en refinación) ha generado alguna utilidad?, ¿cuándo?, ¿por qué ahora sí será un buen negocio para el país lo que en el pasado ha sido desastroso?

Este cuento no es nuevo. Se usó ampliamente en décadas pasadas para argumentar que el déficit generado por la banca de desarrollo (déficit de intermediación financiera) NO era en realidad déficit, porque dicho gasto, excedente de los ingresos, generaría recursos más que suficientes para cubrir la diferencia. ¿Alguien me puede decir dónde están esas utilidades públicas? La respuesta es NO, porque nunca se generaron.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

Petróleo, el fin de una era (26 de agosto)

Con o sin reforma de PEMEX parece un hecho que en unos años México dejará de ser un exportador neto de hidrocarburos. Se requerirá entonces no sólo una reforma tributaria sino un rediseño radical del sector público para hacerlo más pequeño y más eficiente.



Es apenas una línea en el comunicado del lunes 25 de agosto del Banco de México, acerca de la balanza de pagos del país al segundo trimestre de 2008: En ese periodo (abril a junio, inclusive) las importaciones de gasolina fueron equivalentes al 29% de las exportaciones petroleras.

Más amplio, el informe de los resultados operativos de PEMEX de enero a julio indica que en esos siete meses se importó un promedio diario de 342,500 barriles de gasolina, un crecimiento anual de 17.6 por ciento. La mayor parte del crecimiento se explica por la menor oferta de petróleo nacional que, a su vez, ocasiona una menor oferta de gasolinas provenientes de refinerías ubicadas en México, ya que la venta de gasolinas automotrices creció anualmente sólo 5.4 por ciento. Esto significaría que hasta ahora los menores precios de las gasolinas en México (subsidiados a través del IEPS negativo) no se han traducido en una demanda exorbitante, pero contrasta con las significativas disminuciones en el consumo de gasolina registradas en Estados Unidos. Además, el consumo de combustibles está creciendo más que la economía, que en el mejor de los casos avanzó 2.3% a tasa anual, eso significa una mala asignación de recursos fiscales, vía un subsidio generalizado que agrava la escasez.

México no se puede dar ese tipo de "lujos" fiscales. Mucho menos cuando hemos entrado en una acelerada etapa de rendimientos decrecientes de los yacimientos petroleros. Otro dato de la balanza de pagos: En el segundo trimestre de 2007 las exportaciones petroleras promediaron un volumen de 1.725 millones de barriles diarios; en el segundo trimestre de 2008 el promedio cayó a sólo 1.410 millones de barriles diarios.

En el mediano plazo, México deberá hacer no sólo una reforma tributaria profunda – el IVA generalizado se antoja inevitable, entre otras cosas-, sino también, y tal vez mucho más importante, un rediseño radical del tamaño y de las atribuciones del sector público que debe achicarse y hacerse mucho más eficiente. Qué tan turbulento o doloroso será ese proceso depende del sentido de responsabilidad de los políticos mexicanos. Ésa es, tal vez, la peor noticia.

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miércoles, 11 de junio de 2008

Subsidios y costo de oportunidad

El subsidio que recibimos en México los consumidores de gasolina y diesel equivale a su costo de oportunidad: Todo lo que deja de hacer el gobierno, en términos de fines óptimos para el gasto público. Calcular el costo de oportunidad para el conjunto de la sociedad es muy fácil: Es la diferencia entre el precio al consumidor en Estados Unidos y el precio al consumidor en México. Al día de hoy, más de tres pesos por cada litro de gasolina.


Desdeñar en el cálculo económico el costo de oportunidad de elegir “A” en lugar de otros cursos de acción posibles conduce a una mala asignación de recursos; es pésima economía.

Ayer - 11 de junio- en su primera plana, el periódico “Reforma” nos ofreció una muestra de cómo se hace mal un cálculo de costos; supongo que los dueños de ese periódico, a diferencia de lo que publicaron ayer, sí consideran los distintos costos de oportunidad en cada una de sus decisiones de negocios, o terminarían en la ruina.

Según el “análisis” el subsidio que recibimos los consumidores de gasolina y diesel en México es menor de lo que se ha señalado porque sólo una parte del mismo (la diferencia entre el precio de adquisición y el precio de venta al consumidor final) significa un desembolso efectivo. Error. También debe considerarse, como lo hacemos todos en nuestras elecciones económicas, el costo de oportunidad: aquello que dejamos de percibir por elegir “A”, en lugar de otras opciones factibles.

En este caso, a la pérdida, desembolsada, por el diferencial entre el precio de adquisición y el precio de venta, debemos sumar el monto del impuesto negativo (IEPS) derivado de lo que dispone el artículo 2 A de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (ver “Ideas al vuelo” del viernes pasado), que es una pérdida neta de recursos fiscales que podrían tener otros destinos, seguramente más deseables que subsidiar el consumo de gasolina y diesel.

Además de la poca confiabilidad que merecen este tipo de “análisis”, el asunto es relevante porque el costo de oportunidad, un concepto clave de la economía, suele ser mal entendido o desdeñado, lo que conduce a no pocos fracasos empresariales y a decisiones erradas de política económica.

Por eso, mañana continuaré con el asunto del costo de oportunidad en diversos aspectos de la vida.

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jueves, 5 de junio de 2008

La gasolina y el régimen fiscal de Pemex

El subsidio a las gasolinas en el mercado nacional se realiza mediante un impuesto negativo – con cargo al erario – que, además, Pemex puede aplicar para disminuir su pago de otros impuestos. En 2007 Pemex recuperó por este concepto más de 26 mil 500 millones de pesos.


¿Pemex está subsidiando a los consumidores de combustibles en México? No. Quien absorbe la pérdida, cuando son menores los precios de las gasolinas y del diesel al consumidor final que los llamados precios-productor de Pemex (precio en el mercado internacional), es el erario, a través de un Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) negativo, (artículo 2º. A de la ley respectiva o LIEPS).

El subsidio no sólo no afecta las finanzas de Pemex sino que circunstancialmente las beneficia, ya que, a su vez, la fracción II del artículo 7º de la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2008 (LIF) señala que cuando la tasa del IEPS sobre venta de combustibles resulte negativa, como sucede ahora y sucedió en 2007, Pemex y sus subsidiarias podrán disminuir en esa medida el monto a pagar por IEPS y, si eso no fuese suficiente, el monto a pagar por IVA e, incluso, el monto a pagar por Derecho Ordinario sobre Hidrocarburos.

Gracias a esta disposición fiscal Pemex recuperó en 2007 la cantidad de 26 mil 543 millones de pesos de impuestos como saldo a favor por IEPS negativo. Todo indica que en 2008 el beneficio fiscal para Pemex será mucho mayor que el año pasado, dados los precios actuales del petróleo y su tendencia.

Resulta curioso que ninguno de los críticos del régimen fiscal que se aplica a Pemex, y que piden fervientemente que no le cobren "tantos impuestos", haya reparado que, para efectos prácticos, Pemex ya está disfrutando de un régimen tributario tal vez mucho más generoso del que imaginaron.

Y aún más curioso es que ninguna entidad federativa – de las que hoy lamentan no contar con los excedentes petroleros que disfrutaron en otros periodos- explore la posibilidad de ejercer la facultad que les da el articulo 10-C de la Ley de Coordinación Fiscal para cobrar impuestos locales a la venta de gasolina. ¿Habrá algún gobernador, o jefe de gobierno, valiente que se anime? Lo dudo.

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miércoles, 4 de junio de 2008

¡Toma tu consulta, Marcelo!

El martes pasado, el director de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, que sí sabe de lo que está hablando, le envió una clara respuesta a Marcelo Ebrard y a la troupe de López.

¿Una consulta popular sobre lo que necesita Pemex? Va la respuesta en tres frases que no tienen desperdicio:

1. "Sería irresponsable que asumiéramos que los problemas de la industria se pueden resolver por la buena voluntad colectiva."

2. "Si tenemos un Congreso elegido democráticamente no veo por qué la necesidad de consultar a nadie."

3. "Debemos tener claro que los problemas técnicos deben ser resueltos en base a las opiniones de los expertos, y confiando en el juicio de quienes elegimos para diseñar las leyes que rijan a este país"
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¿Es necesaria una reforma a fondo de Pemex?, esto es lo que dice Morales Gil:

"Como responsable de la subsidiaria que se encarga de descubrir y extraer las reservas de hidrocarburos de este país me permito reiterar: Pemex necesita la reforma, requerimos operar con mayor flexibilidad."


Y acerca de quienes creen, desde su poltrona en el Congreso o en un partido político – viviendo a costillas del prójimo-, que los desafíos de la industria petrolera son "enchílame otra", como bailar con quinceañeras en el Zócalo, Morales Gil dijo:

"Los mexicanos debemos comprender que la era del petróleo fácil terminó, que los retos que tenemos enfrente implican ser más efectivos, más eficientes y que tenemos que tomar decisiones basadas en criterios técnicos que beneficien a los mexicanos y no en criterios ideológicos que no benefician a nadie.

"Después de ser testigo del deterioro de las reservas durante más de 30 años, estoy convencido, que incursionar en aguas profundas no es un tema que deba ser sometido a elección, es una obligación, es una cuestión de responsabilidad con las nuevas generaciones."


¿Habrá forma de que el dueño de la troupe y sus acólitos entiendan esto?

Ahora, de parte de un lector amigo, una pregunta para una consulta popular sobre el gobierno del Distrito Federal:

¿Está usted de acuerdo que sólo en el Distrito Federal el costo de las obras públicas – sean viaductos, calles, segundos pisos o redes de alcantarillado – se mantenga en secreto, mientras que los gobiernos del resto de las entidades y el gobierno federal deben informar e informan puntualmente sobre dichos costos?

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¿Cuál es el misterio de los excedentes?

Es muy simple. El "misterio" del porqué algunos políticos, incluso legisladores de renombre, no "creen" que no hubo excedentes petroleros en el primer trimestre, se resume en una palabra: Ignorancia. De los propios políticos y de sus asesores, si los tienen.

No es bonito decir que legisladores renombrados o que políticos de prosapia, como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, no saben de lo que hablan. Pero así es, al menos en el caso de los excedentes petroleros.

Vamos a ver. Hay tres leyes y un decreto, aprobadas por el Congreso en su conjunto las tres primeras y aprobado por la Cámara de Diputados el último, que explican con toda claridad lo que debe hacerse con los excedentes de ingresos petroleros, en caso de que los haya, y cómo se determinan los tales excedentes.

Las leyes son la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (dicho sea de paso, la Real Academia de la Lengua Española debería aprobar ya el uso del horrendo adjetivo "hacendario" como premio a la necedad de los políticos mexicanos que le siguen llamando así a lo que en buen español se llama "hacendístico"), la de Ingresos de la Federación para 2008 y la del Impuesto Especial para Producción y Servicios (LIEPS). El decreto es el del Presupuesto de Egresos de la Federación de 2008.

Una buena explicación, que en general – salvo El Economista y algún otro medio de comunicación- fue desdeñada por los medios, se puede encontrar en el Informe Semanal del Vocero de la Secretaría de Hacienda del domingo pasado, búsquenla en la red y entérense. Otra manera de verlo es tomar el lápiz y hacer las cuentas con sentido común y buena aritmética (el jefe de gobierno del Distrito Federal está exento en esta materia por incapacidad manifiesta), y considerar que sí, es muy bonito que los precios del petróleo anden por las nubes, pero que ya no es tan bonito que a los ingresos haya que restarles los gastos de importar la gasolina y venderla mucho más barata de lo que nos costó.

Así se hacen las cuentas. A lo que entró se le resta lo que salió y se obtiene un saldo neto. No quiero ser malévolo y decir que eso se aprende en "Palitos Uno" de preescolar, pero digamos que es contabilidad básica.

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domingo, 1 de junio de 2008

Ocurrencia deshonesta y estúpida

La ocurrencia de promover una "consulta popular" acerca de la reforma de Pemex es típica de Marcelo Ebrard y de la troupe de López: Es deshonesta y es estúpida.


¿Es pertinente una consulta popular acera de las reformas que requiere, o no requiere, Petróleos Mexicanos?

¿Qué van a preguntarnos?, ¿cómo manejar una empresa petrolera?, ¿si compartimos el irracional mito del becerro de chapapote?, ¿nos preguntarán qué quisieron decir los redactores originales de la Constitución y qué quisieron decir los enmendadores de la Constitución al hablar de Nación, contratos, concesiones, subsuelo y recursos?, ¿nos van a consultar, acaso, si es buena idea echarle agua al pesado petróleo Maya para convertirlo en crudo ligero y así venderlo más caro?

Para los asuntos técnicos de todo tipo relativos a Pemex – de ingeniería, de sistemas, de finanzas, de mercado, jurídicos, de administración- las respuestas se conocen y no son materia de opinión popular, como no es materia de opinión popular el hecho de que la tierra que cuenta con sistemas de riego es cuando menos tres veces más productiva que la tierra de temporal.

Desde la deliberada confusión entre el universo de las verdades incontrovertibles de carácter técnico y científico y el universo de las opiniones, los mitos y los prejuicios, Marcelo Ebrard y la troupe de López muestran su arraigada deshonestidad intelectual. La ciencia y los conocimientos técnicos no requieren, para serlo, de consulta popular; es perverso y estúpido pretender que la muchedumbre o el gobierno de la chusma defina lo que es la verdad. Si así fuese, seguiríamos creyendo que el sol gira alrededor de la tierra.

Y las opiniones – "doxa"- son irrelevantes en este asunto. ¿Qué vamos a opinar?, ¿si es bonito o feo el logotipo de Pemex?

Queda una última opción: Preguntar asuntos obvios, como si estamos de acuerdo con que se combata la corrupción en Pemex o reforzar ignorancias míticas: "¿Usted cree, como debe hacerlo todo buen mexicano, que Pemex es parte de nuestra esencia nacional?"

La ocurrencia de la consulta – como lo sabe cualquier persona medianamente inteligente y honesta - es una tomadura de pelo, una estratagema tramposa que sólo dañará al país elevando - ¡más todavía! – el ruido sin sentido que provocan los renegados de la racionalidad y de la modernidad.

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miércoles, 14 de mayo de 2008

El mascarón de proa y otras gracejadas

Lo más bonito que se dijo el martes 13 acerca de Pemex es que "debe ser el mascarón de proa del nacionalismo mexicano". Linda metáfora del siglo XVIII expresada por un doctor en relaciones internacionales que es un furibundo nacionalista.

La cursilería oratoria es una de las grandes ventajas comparativas de México. El martes pasado, primer día oficial de debates acerca de Pemex y asuntos anejos, el doctor en relaciones internacionales Lorenzo Meyer acuñó una frase digna de recogerse en alguna nueva edición de "El declamador sin maestro". Después de una larga parrafada, don Lorenzo le dio el último toque retórico a su pastel nacionalista-colectivo-petrolero con un derroche de merengue, empalagoso pero inolvidable, que decía más o menos así: "Pemex debe ser el mascarón de proa del nacionalismo mexicano".

Hablar de "mascarones de proa" en pleno siglo XXI para referirse al futuro de una entidad petrolera y recaer en la gastadísima metáfora de que un país es como un barco que surca el océano y en el que nos llevan quién sabe hacia dónde y quién sabe qué pilotos, y otorgarle al monopolio petrolero el papel de mascarón de la anticuada nave, es sencillamente delicioso.

Un mascarón de proa era "una figura de adorno colocada -en siglos pasados- en lo alto del tajamar de los barcos", justamente cuando los grandes barcos surcaban los mares movidos por el viento o por el esfuerzo de los remeros, no por ningún odioso combustible derivado del petróleo. Ya no hay barcos así, más que en los museos o como curiosidades para diversión de ociosos adinerados.

Lo peor no es lo decrépito de la metáfora sino que, en su apasionada defensa nacionalista, don Lorenzo no le haya encontrado mejor papel a Pemex que el de "adorno" naviero. Majestuoso, sí; edificante, también, pero adorno al fin y al cabo, que no sirve para navegar, ni para llegar a buen puerto, acaso para enorgullecer a los tripulantes: "Ninguno de esos odiosos trasatlánticos extranjeros que nos pasaron y nos dejaron solitos acá atrás, tiene mascarón de proa. ¡Como México no hay dos!".

Don Lorenzo, si vamos a ponernos a buscar adornos para la avejentada nave nacionalista yo propongo que el mascarón de proa sea la efigie de Salma Hayek. Digo, Salmita es más inspiradora y tiene un aire más clásico que el logotipo de Pemex.

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jueves, 17 de abril de 2008

El debate que todos eluden

Con una visión de veras de largo plazo, la reforma integral que deberíamos estar buscando – adicional a los cambios que se requieren para darle más rentabilidad a la renta petrolera- es cómo salirnos de la trampa del petróleo.

Con los precios actuales del petróleo no es extraño que los potenciales ingresos públicos que podrían obtenerse de lograrse una tasa de reposición de reservas cercana o superior al 100 por ciento, le den vértigo a los políticos: Son tantas más cuantas escuelas, hospitales, caminos, autopistas, puertos, aeropuertos, puentes, presas, termoeléctricas, viviendas o son tantas más cuantas campañas electorales por todo lo alto, tantas más cuantas prerrogativas para los partidos políticos, tantas más cuantas plazas en los tres niveles de gobierno, en los tres poderes, en los órganos autónomos, tantas más cuantas pensiones jugosas…

Muy pocos de los políticos – tal vez sólo los más preparados y los más previsores- calculan que con los precios actuales (y de lograrse una tasa de reposición de reservas cercana o superior al 100 por ciento) podría reducirse aún más la deuda pública o liquidar de una vez los inmensos pasivos laborales que lastran a entidades como el IMSS, la Compañía de Luz y Fuerza, la CFE o el propio Pemex.

Aún menos políticos considerarán la opción más sensata – desde el punto de vista económico, pero desagradable desde la perspectiva de los políticos- que es destinar la mayoría de los ingresos petroleros (mientras los haya y los que haya) a un súper fondo de inversión para cuando se acabe la fiesta del petróleo, sea por algún salto tecnológico en materia energética que deje al margen del camino a los hidrocarburos, sea porque se nos acabe el petróleo susceptible de explotarse comercialmente, sea porque los precios bajen sustancialmente respecto de sus niveles actuales. La idea del súper fondo equivale a vivir el día a día sin gastarse la alcancía petrolera. Esas ocurrencias, por supuesto, sólo las tienen los noruegos; no los mexicanos.

Las discusiones de hoy sólo tienen sentido en el escenario – posible pero no sabemos qué tan probable- de que los precios altos duren cuando menos otra década, ¿y si no?

Si no, a guardar el becerro de chapopote y (con suerte) a disfrutar de gobiernos chiquitos, menos gastadores, menos entrometidos, con muchos menos caramelos para repartir y más eficaces.

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jueves, 10 de abril de 2008

Pemex: No hay renta sin rentabilidad

Es un asunto de elemental lógica económica: La "renta" que da un negocio se extinguirá si deja de invertirse en la rentabilidad. Lo mismo si explotas un bosque, una flotilla de taxis o Pemex.

Las reservas de hidrocarburos dependen en gran medida de variables económicas: el precio de los hidrocarburos y la factibilidad financiera, técnica y jurídica de explotar los yacimientos, por mencionar cuatro de las más importantes.

Si el precio del petróleo en los mercados internacionales cae súbitamente, caerá también la magnitud de las reservas (probadas, probables y posibles), suponiendo que todas las demás variables permanecen igual. ¿Por qué? Porque a un menor precio dejará de ser rentable la explotación de algunos yacimientos.

De la misma manera si un país tiene un volumen "X" de hidrocarburos totales (que se definen como: "la cuantificación de todas las acumulaciones que se estima que existen" en el territorio de dicho país), pero también tiene restricciones (financieras, técnicas y/o jurídicas) para explotar una parte de esas acumulaciones (parte a la que llamaremos "Y"), las reservas totales de ese país no son "X", sino "X menos Y". ¿Por qué? Porque sería ilusorio contabilizar como riqueza algo que, en las condiciones actuales, no se podría explotar. Nadie obtiene un préstamo dando como aval una herencia hipotética.

Si se eliminan las restricciones jurídicas para que Pemex explote acumulaciones de hidrocarburos que hoy no puede explotar, esas acumulaciones se sumarían a las reservas totales y tendrían probabilidad de convertirse en reservas probadas (hoy no son siquiera reservas posibles), de forma que una o varias reformas jurídicas bastarían para elevar las reservas de Pemex.

Las restricciones jurídicas en este caso significan, a su vez, restricciones financieras y técnicas. Se necesitan socios capitalistas y socios tecnológicos. Por ejemplo, sin capital asociado – sea que se obtenga mediante la emisión de acciones o sea que se obtenga, para proyectos de explotación específicos, de socios que compartan los riesgos de los proyectos, o ambas- es mucho más caro convertir dichas acumulaciones en reservas, tan caro que ni siquiera a los precios actuales del petróleo es rentable.

La renta petrolera – que tanto hace salivar a los políticos- se extingue si no hay rentabilidad. Así de sencillo. Lo demás son discusiones idiotas sobre el color del gato, cuando lo que importa es que sepa cazar ratones.

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lunes, 7 de abril de 2008

Pemex: Transparencia y mercados financieros

Hoy sabemos más sobre Pemex que hace 15 años, gracias a que Pemex emite deuda en los mercados internacionales. Si Pemex emitiera acciones valdría más, tendría más reservas, el financiamiento le costaría menos y sabríamos más de sus entrañas.

Alejandro Hope, de GEA y colaborador editorial en El Economista, me hizo notar la mayor joya de "sabiduría infusa" contenida en el artículo de Sergio Aguayo Quesada comentado hace unos días. Aguayo escribió lo siguiente:

"El gobierno de Fox recibió excedentes petroleros por 700 mil millones de pesos, la mitad de los cuales se fue a pagar los salarios y compensaciones de una alta burocracia que, con pocas excepciones, no desquitó lo cobrado."

Comenta Alejandro:

"La alta burocracia (de director general hasta Presidente de la República) está conformada por aproximadamente 4,000 funcionarios públicos. Si las cifras de Aguayo son correctas, significaría que la compensación anual promedio de cada uno de ellos fue de 14.6 millones de pesos (350 mil millones/4000/6). Asumiendo, claro está, que no recibiesen un centavo del presupuesto ordinario. Dicho de otra manera, Aguayo supone que en promedio, cada alto burócrata gana siete veces más que el Presidente de la República. O tal vez considera que los maestros, las enfermeras y el personal de línea forman parte de la 'alta burocracia'. Pero, bueno, cuando se cuenta con sabiduría infusa, la aritmética simple y el sentido común pueden obviarse."

Tiene razón Alejandro. En realidad, del 2000 a la fecha, como he reiterado en varias ocasiones, se han invertido en Pemex, no en sueldos de la burocracia, alrededor de 70 mil millones de dólares. Aguayo dice mentiras; no adivina, porque esa información está disponible para cualquiera.

Lo más chistoso es que Aguayo, que es un paladín de la transparencia, no se ha percatado de que gracias a que hace unos diez años Pemex recurrió a la colocación de deuda en los mercados internacionales, dio también un salto gigante en materia de transparencia.

Una odiosa entidad extranjera, la SEC (comisión de valores de los Estados Unidos), establece parámetros estrictos de información pública para autorizar la emisión de deuda. Gracias a eso, Pemex mide hoy con mayor precisión sus reservas e informa de ellas y publica el contrato colectivo de trabajo que tiene con el sindicato petrolero, entre otras cosas que obviamente Aguayo no necesita consultar. Ventajas de la sabiduría infusa.

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jueves, 3 de abril de 2008

El mito del mito de las “fibras sensibles”

Con razón Lula se pitorrea de nosotros. Vistos desde fuera los mexicanos debemos parecer unos bichos raros que le rinden culto al chapopote y a las mazorcas de maíz y que se consideran agraviados cuando alguien les pide ajustarse a la lógica o a los hechos.

Cuando menos 50 veces en el último mes he leído sentenciosas reflexiones donde se explica que la principal dificultad para conseguir una reforma razonable de Pemex obedece a que “el petróleo es una de las fibras más sensibles para los mexicanos”.

En otras ocasiones, “la fibra sensible” – intocable – es la que se refiere al maíz o a la tortilla, o al carácter inmaculado de la UNAM (¿fue de la UNAM o de la Virgen de Guadalupe de quien se dijo que Dios “no hizo cosa semejante con nación alguna”?) o a la indescriptible emoción que uno debe experimentar al ver los murales de Diego Rivera o los canales de Xochimilco con sus trajineras…y unos muchachitos alcoholizados empujándose unos a otros hacia las sucias aguas. Idílico, ¿no?

Me imagino que al enterarse de todo el inventario de las “fibras sensibles” que llevan a cuestas los mexicanos, los extranjeros han de sospechar que los mexicanos vamos como erizados por el mundo, tratando de evitar a toda costa que cualquier persona o cosa, deliberada o involuntariamente, nos vaya a tocar alguna de las muchas “fibras” que vienen, dicen, con el equipo de fábrica con el que cada mexicano nace en este país. ¡Y mejor ni pregunten lo que puede pasar si, acaso, “mas si osare un extraño enemigo”, nos llegan a tocar una fibra sensible! ¡La hecatombe! ¡El fin del mundo!

Todo esto lo sé porque lo he leído, o lo he escuchado, no tengo ninguna experiencia empírica (“sensible”) del asunto. Nací, supongo, sin el equipo de fábrica que se atribuye a los mexicanos, las fibras las prefiero en el desayuno o para lavar platos, para mí el 18 de marzo es el cumpleaños de mi papá, no la fecha fundacional de la patria auténtica por el general Cárdenas, el maíz es un cereal, el petróleo una mercancía como cualquier otra y la UNAM una universidad pública grandota de media tabla en el mundo de las universidades. No más. ¡No tengo “fibras sensibles”!, ¿a dónde me quejo?

¿Y a usted, estimado lector, si le tocaron fibras sensibles en el reparto?

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miércoles, 2 de abril de 2008

¿Saber infuso?

Un caso particular del síndrome de Otelo – suspicacia exacerbada- es el de esos privilegiados que no necesitan aprender nada, porque todo lo saben de antemano…incluso lo más recóndito: los pensamientos del prójimo.

Aprender es tarea inacabable. Ya decía Antonio Machado que “nuestras horas son minutos cuando deseamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender”.

Como a mí la Providencia no me concedió la sabiduría infusa tengo que leer mucho, releer, preguntar, investigar, razonar con cierto método y rigor, ver con mis propios ojos, comprobar…, antes de considerarme autorizado a escribir juicios lapidarios. Por eso me encuentro en desventaja frente a varios miembros de la “comentocracia” de este país (el afortunado neologismo, hasta donde sé, lo acuñó Jorge Castañeda) que de antemano lo saben todo de todo, o así parece.

El miércoles, sin ir más lejos, me encontré un caso pasmoso de sabiduría infusa en las páginas de opinión de un periódico. El señor Sergio Aguayo Quezada en un largo artículo, titulado “De tesoros”, presume conocer algo que yo creía incognoscible: los pensamientos recónditos, ocultos, del prójimo. Este “saber” se antoja de índole sobrenatural o mágica. El señor Aguayo nos revela lo que, según él, en realidad piensan los autores del documento “Diagnóstico: Situación de Pemex” – dado a conocer el domingo pasado- y que no es, asegura Aguayo, lo que tales autores dicen.

Escribe este comentarista que los autores del documento piensan que la llave del éxito para fortalecer a Pemex está “en la apertura al capital privado”, pero esto, nos advierte, “lo piensan, pero jamás lo dicen” (textual; las negritas son mías). El señor Aguayo, entonces, debe poder leer los pensamientos recónditos del prójimo. Hay dos posibilidades: O es un dios omnisciente o cojea del mismo pie que el atormentado Otelo, a quien su exacerbada suspicacia – alimentada por Yago – le llevó a creer que sabía acerca de Desdémona lo que no podía saber.

Díganme escéptico irredento, si quieren, pero me inclino por la segunda posibilidad. A este Otelo no es Yago quien le alimenta la suspicacia, sino algún prejuicio ideológico o algún palabrero de Tabasco.

Lo malo es que, al leer el artículo, yo buscaba aprender algo sobre lo que dice el dichoso documento; no esperaba que me platicasen tan largo y tan tendido sobre lo que no dice. Perdí mi tiempo.

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martes, 1 de abril de 2008

"…con el nombre que se le quiera dar"

Este país está lleno de cochinos privatizadores, vea usted si no.

Un grupo de escritores manifestó hace unos días su oposición a cualquier intento de privatización del petróleo con estas palabras memorables:

"Privatizar, con el nombre que se le quiera dar, es despojo triple: A la gran herencia de la soberanía, a la nación de hoy y a las generaciones siguientes".

Una de las ventajas de que los escritores empiecen a usar el lenguaje con la misma propiedad que los cronistas de partidos de futbol es que hasta los más lerdos, como parece ser mi caso, empezamos a ver con claridad las cosas. Lo que entendí, al leer esta enfática declaración, me aterrorizó.

Pensé en todos los nombres posibles "que se le quiera dar" a la acción de privatizar. Dice el diccionario que ese verbo significa "transferir una empresa o actividad pública al sector privado". Es una definición estrecha porque también podríamos pensar – de acuerdo "con el nombre que se le quiera dar"- que privatizar es sinónimo de transferir cualquier cosa que sea pública – del gobierno, del Estado, de la nación- a una persona singular o a un grupo de personas singulares, esto es a "particulares" como se les suele llamar jurídicamente a los individuos racionales de carne y hueso o a las asociaciones más o menos voluntarias que hacemos los individuos racionales de carne y hueso, también conocidos como seres humanos. Convendrán conmigo que ni la nación, ni el gobierno, ni el Estado, ni el sector público son seres humanos.

Así pues, cada vez que algo que se reputaba como propiedad de la nación, del gobierno, del Estado o del sector público pasa a ser propiedad de un ser humano específico, ese algo se está "privatizando".

¡Horror!, cada vez que alguien dispone de gasolina o cualquier otro energético en México, aunque sea pagando por ello, ese energético se está privatizando y cada vez que ello sucede se efectúa un triple despojo contra cosas de veras sagradas aunque incognoscibles e incomprensibles para los mortales. "Que se deben de creer firmemente, aunque no se puedan comprender" como advertían los viejos catecismos.

Cada vez que le pongo gasolina a mi auto efectúo ese triple despojo. Es inútil pedir misericordia; la santa inquisición petrolera podrá venir en cualquier momento por mí y llevarme sin más a la hoguera.

Y después hay quien dice que este es un país serio.

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lunes, 31 de marzo de 2008

Pemex: El indicador clave

¿Cómo incrementar la tasa anual de reposición de reservas de hidrocarburos en Pemex? Esa es la pregunta más importante que, por supuesto, eluden la mayoría de los políticos en sus peroratas ideológicas.

¿Qué sucede cuando una empresa petrolera, cuyo activo imprescindible son los yacimientos de hidrocarburos que puede explotar, tiene una tasa de reposición de reservas probadas inferior a 100 por ciento? Sucede que tiene que aumentar sus inversiones en exploración, así como en desarrollo de sus reservas probables para transformarlas en probadas y en sus reservas probadas pero no desarrolladas, para desarrollarlas. Esto le pasa hoy día a casi todas las empresas petroleras porque la demanda supera al surgimiento de nuevas reservas probadas.

La tasa de reposición resulta de dividir las reservas entre la producción de un año e indica, entonces, el número de años que podría sostenerse la producción actual de no haber nuevos descubrimientos.

Tras siete años consecutivos de cuantiosas inversiones, Pemex ha logrado, al cierre de 2007, alcanzar una tasa de reposición de reservas 3P (que es la suma de reservas probadas más reservas probables más reservas posibles) de 65.7%, que se compara favorablemente con una tasa de 56.9% en 2004, pero que, obviamente, está lejos todavía de la tasa deseable de 100% (esto es: que las reservas adicionadas en un año sean equivalentes a la producción anual). Y eso se refiere a la más benévola – por llamarle así – de las mediciones de las reservas; no hay una garantía de que las reservas posibles y las reservas probables se podrán explotar comercialmente, lo que a su vez depende de las condiciones del mercado (precios que justifiquen el costo de la explotación), de que se disponga de los recursos para invertir en el desarrollo de esos yacimientos y de la tecnología apropiada para explotarlos comercialmente.

En términos de reservas probadas (reservas 1P) la tasa de reposición al cierre de 2007 para Pemex es de sólo 11.4% - expresado como el cociente de la reserva descubierta en ese periodo- y en términos de reservas 2P (probadas más probables) es de 42.1 por ciento.

Algún senador irresponsable, sin dar absolutamente ninguna fuente como referencia, ha sentenciado que estos datos, difundidos por Pemex la semana pasada, son falsos y buscan causar alarma. Más alarmante es que de ese tipo de personajes, auténticos traficantes de ruido, dependa la reforma de Pemex.

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domingo, 30 de marzo de 2008

Lo que cuesta parir un ratoncillo…

¿De veras será inevitable condición de la democracia mexicana la bajísima productividad?, ¿esa desproporción entre los recursos empleados, que parecen vastísimos, y los resultados logrados, los posibles nos dicen, que se antojan miserables?


Félix María Serafín Sánchez de Samaniego. Con ese dilatado nombre, que hoy podría ser de galán de telenovela o, mejor, de eterno aspirante perdedor – rijoso, altanero y desbocado - a gobernar Tabasco o, por poco que lo apuren, el país entero, anduvo por el mundo, allá entre 1745 y 1801, el más popular fabulista español. Tan popular, y tan conspicuo huésped de los textos escolares de la primaria, que hasta algunos políticos verbosos podrían hallar – en sus agujeradas memorias- retazos de alguna de sus versificadas fábulas.

Por ejemplo, la fábula del “parto de los montes” que, hay que reconocerlo, tiene algunos endecasílabos memorables como el del inicio:

“Con varios ademanes horrorosos”

Aquí, el lector contemporáneo, si además ha sido espectador de los desfiguros de la política en México, puede imaginar al predicador tabasqueño -eso sí: “legítimo” predicador (“cuídese de las imitaciones”, “no tenemos sucursales”)-, exhortando a sus femeniles “fascios de combate” y “escuadrones de acción” a defender el petróleo nacional de las asechanzas de los malvados. No faltará, en la escena, a la vera del predicador, el presunto intelectual que manufactura una ocurrencia palabrera – “el petróleo hace patria” – como coartada moral para la fragorosa batalla contra los fantasmas. Pero volvamos a las siguientes líneas de la fábula de Samaniego:

“Los montes de parir dieron señales;
“Consintieron los hombres temerosos
“Ver nacer los abortos más fatales.
“Después que con bramidos espantosos
“Infundieron pavor a los mortales,
“Estos montes que al mundo estremecieron,
“Un ratoncillo fue lo que parieron”.


Tal parece que con “bramidos espantosos”, con “ademanes horrorosos”, con premoniciones de tremendos terremotos y otras descomunales amenazas (o promesas, dependiendo el punto de vista) de grandes transformaciones, al final – si bien nos va- tendremos “un ratoncillo” como reforma de Pemex. Eso sí, a un costo – medido en gritos, sombrerazos, desgaste neuronal y emocional, derroche de palabras vanas- que se antoja inconmensurable.

Me pregunto, como al principio, ¿tiene que ser, inevitablemente, tan baja, miserable, la productividad reformadora en una democracia?

¿Será posible que el traficante de ruido imponga sus condiciones de inflación verbal y desvalorización eidética?, ¿tendremos ratoncillo y no reforma?

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jueves, 27 de marzo de 2008

Políticos: Instrucciones para no equivocarse

Antes de lanzar vetos y restricciones respecto del futuro de Pemex, muchos políticos mexicanos deberían cerciorarse de no estar metiendo la pata sin remedio.

Pequeña guía práctica, dirigida a políticos, para no meter la pata en el asunto de la reforma que requiere Pemex.

Primer paso: Guarden silencio y lean con cuidado el documento "Las Reservas de Hidrocarburos de México. Evaluación al 1 de enero de 2008" que difundió el martes Pemex Exploración y Producción. Es el décimo año en que se publica ese reporte, que es minucioso y preciso.

Segundo paso: No hacer trampa. Prohibido saltarse la introducción y el capitulo 2 que se llama "Definiciones básicas". Primero hay que entender de qué se está hablando. Así podrán saber qué son reservas posibles, reservas probables, reservas probadas y qué son los recursos prospectivos.

Tercer paso: Gracias a la lectura atenta deberán erradicar de ese arsenal de frases hechas, con el que ustedes – políticos insignes- confeccionan discursos y declaraciones, ésa frasecita tan errónea y nociva que habla de "la renta petrolera".No hay tal cosa. En la industria petrolera de hoy y del futuro se acabaron los días en que bastaba estirar la mano y tomar los frutos: ahora hay que trabajar duro, bien y con inteligencia – respetando el saber y la técnica- para obtener beneficios, y aun así los beneficios podrían ser inciertos. ¡Dejen de soñar en mágicas herencias de señoritos!, ¡el patrimonio hay que construirlo!

Cuarto paso: Una vez que hayan entendido todo lo que México puede perder si no actúan rápido para permitir que Pemex se allegue socios, compañeros, aliados o como quieran llamarles, que le permitan a Pemex aprovechar el potencial de los recursos en materia de gas y petróleo, busquen la asesoría de juristas calificados para ver qué cambios deben hacerse y en dónde (Constitución, leyes, reglamentos, catecismos ideológicos) para evitar que México, ¡otra vez!, pierda oportunidades de crecimiento, perjudicando aún más a los mexicanos más fregados.

Quinto paso: Hagan un cálculo político – esos sí saben hacerlos – de cómo la historia y los electores habrán de juzgarlos en unos pocos años. Podrán calificarlos como personajes valientes que tomaron decisiones para el bien de México, y también para beneficio de sus carreras políticas (se vale), o como ignorantes engreídos que no vieron más allá de sus narices y cancelaron, ¡otra vez!, oportunidades preciosas para su país.

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miércoles, 26 de marzo de 2008

Pemex: Que los políticos se callen

Los políticos de todos los colores y sabores ya definieron su posición: Quieren a Pemex como una empresa del Estado fortalecida. Ahora, sería deseable que callasen y escuchasen a quienes sí tienen los conocimientos para resolver el problema práctico: ¿Cómo hacer de Pemex eso que todos los políticos dicen desear?

Los delirios de omnipotencia de algunos políticos son aterradores. De pronto tenemos a una legión de políticos, convertidos en expertos petroleros instantáneos, profiriendo con absoluta irresponsabilidad necedades voluntariosas acerca de asuntos técnicos (que ni siquiera se han tomado la molestia de estudiar "por encimita") como la magnitud de los recursos prospectivos del país en materia de hidrocarburos, la dinámica de los mercados de energía, la tecnología disponible, los costos de prospección, exploración y explotación de los yacimientos, la viabilidad de fuentes de energía alternativas frente a los combustibles de origen fósil, la disponibilidad de capital intelectual para afrontar los desafíos energéticos del futuro.

Aterra imaginar que un político que confunde los hidrocarburos con los carbohidratos (es el caso, documentado, del señor Pablo Gómez) quiera dictar soluciones técnicas acerca del futuro de la industria petrolera; o que un mentiroso contumaz – que no atinó a responder un cuestionario de cultura básica de nivel de educación secundaria – pontifique acerca del margen de rentabilidad de Pemex o sobre dónde se encuentran acumulaciones de hidrocarburos susceptibles de explotarse y aderece sus profecías voluntariosas con fantasías increíbles acerca de los, según él, cuantiosos recursos fiscales que se obtendrían si se terminasen los "privilegios" de "los altos funcionarios" gubernamentales.

El azar de un meteorito y la buena vista de un pescador - Rudesindo Cantarell – le regalaron a México el segundo yacimiento petrolero más grande del mundo a sólo 85 kilómetros de la costa y con costos de extracción relativamente bajos. Nos ganamos la lotería y ese yacimiento ha sido explotado desde 1979 a la fecha, pero declina inexorablemente (con fuertes inversiones se ha logrado prolongar su vida activa; su pico productivo lo alcanzó en 2004). Si queremos mantener el ritmo de producción y exportación es estúpido apostar a que otra vez nos sacaremos la lotería o aferrarnos a consignas voluntariosas ("sí podemos solitos, porque lo digo yo"), necesitamos entrar a la discusión racional, informada, con datos veraces, apoyada en la ciencia y la técnica. Necesitamos que los políticos se callen y escuchen.

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martes, 25 de marzo de 2008

López y sus mentiras difusas

Con el tiempo este demagogo ha perfeccionado sus métodos para el engaño; ahora recurre a la anfibología para engañar sin faltar, en sentido estricto, a la verdad. Unos ejemplos.

El 18 de marzo el señor Andrés López dijo en la plaza de la Constitución de 1812 de la ciudad de México (vulgo: Zócalo) lo siguiente: "Las reservas más grandes de petróleo no están en las aguas profundas, sino en tierra y en aguas someras del Golfo de México". ¿Mintió? Sin duda. ¿Mintió a sabiendas?, es lo más probable. Sin embargo, en estricto sentido, no faltó a la verdad.

¿Por qué? Porque López debe saber que la definición técnica de "reservas" de hidrocarburos aceptada internacionalmente se constriñe a las acumulaciones de hidrocarburos que están disponibles para su explotación comercial o que es altamente probable que lo estén. Es obvio que los inmensos yacimientos de hidrocarburos en aguas profundas del Golfo de México que corresponden a México – en un área de 575,000 kilómetros cuadrados – no están disponibles para su explotación comercial y no es previsible que lo estén hasta que se permita que Pemex se asocie con empresas que disponen de la tecnología y del capital de riesgo para convertir ese potencial en realidades.

Con precisión (sin recurrir a trucos baratos de anfibología demagógica), Pemex ha hablado de que en aguas profundas y ultra profundas del Golfo de México está el 55% de los "recursos prospectivos (potenciales)" que tiene México en materia de hidrocarburos. Pemex ha sido preciso, mientras que López ha sido deliberadamente equívoco: Mintió.

También dijo López: "Extraer un barril de petróleo nos cuesta 4 dólares y se está vendiendo hoy en 93.55 dólares" . Tal costo podría ser cierto sólo en algunos yacimientos, próximos a agotarse, y si omitimos los costos laborales, los financieros, los de transporte y logística, los fiscales, los de administración, los de prospección y exploración para restituir reservas, y los asociados a la misma venta. Hasta un vendedor de tacos sabe que su ganancia unitaria jamás se calcula restándole al precio de venta más alto que alguna vez alguien cobró, el costo más bajo que alguna vez alguien consiguió por 30 gramos de carne y una tortilla.

Por cierto, al día siguiente, 19 de marzo, la mezcla mexicana de petróleo se cotizó 6.84 dólares por debajo de lo que dijo López.

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