martes, 8 de enero de 2008

Otra cacería de brujas

Tenga usted cuidado porque el supremo tribunal de la cofradía de López ya promulgó la existencia de dos nuevos delitos imperdonables: ser pariente de…y trabajar en…

Émulos de J. Edgar Hoover – director del FBI estadounidense de 1924 a 1972- y del senador Joseph McCarthy, una cofradía de “progres” mexicanos ha emprendido una nueva cacería de brujas. En 2006 crucificaron a un empresario dedicado a la informática porque incurrió en el pecado de ser cuñado del candidato del PAN; al año siguiente sentaron en el banquillo al ejército acusándolo de instigar y cometer la imaginaria violación tumultuaria de una “víctima perfecta”: indígena, anciana, mujer y pobre. Este año lo han estrenado con la búsqueda afanosa de los culpables de haber censurado a “la Juana de Arco del periodismo radiofónico” (vulgo: Carmen Aristegui).

La cofradía usa los mismos métodos de siembra de suspicacias, desinformación y atribuciones de culpabilidad por contigüidad o parentesco, que se usaron en la cacería de presuntos comunistas en Estados Unidos durante los años 50.

La teoría de la conspiración en contra de Aristegui apunta al Presidente Felipe Calderón como culpable del supuesto agravio. De acuerdo con uno de los santos más venerados por los cofrades – san Andrés del buen consuelo de los “progres” en desgracia- Calderón encarna la maldad absoluta.

Eduardo Huchim – miembro de la cofradía- aporta como “evidencia” de la conspiración que el cuñado de Calderón, Juan Ignacio Zavala, trabaja en una de las múltiples empresas del grupo español “Prisa”, grupo que también participa en la XEW. Cuando el aludido le aclara públicamente que es un mero empleado en un proyecto comercial del periódico “El País” y que nada tiene que ver con la política editorial de la radiodifusora o del grupo, el cazador de brujas Huchim sentencia: “su presencia en el Grupo Prisa y su parentesco con el presidente Felipe Calderón alimentan sin remedio la convicción, en un gran segmento de la audiencia de “W” (sic), de que la decisión de no renovarle el contrato a la prestigiada periodista es un acto de censura y un agravio a la libertad de expresión”.

O Huchim es muy “humilde” – y atribuye sus enfermizas suspicacias de Otelo a un incognoscible colectivo – o el público de esa estación de radio es de veras exiguo, ya que el conjunto se agota en ese suspicaz cazador de brujas.

Alguna vez se lo dije a Carmen: “Suspicacia, amiga, no es perspicacia”.

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lunes, 10 de diciembre de 2007

Receta para destrozar un país

Vivimos una época particularmente propicia para que los políticos en los países en desarrollo, como México, cometan errores fatales. Volver a los "precios mentirosos" y cerrar la economía, como lo propone algún iluminado, es la receta perfecta para destrozar a este país.

¿Sabe usted qué se necesita para que México retroceda 25 años a los días aciagos de la crisis de 1982? Mentir, mentirnos y creernos nuestras propias mentiras.

El viernes pasado en un programa de radio un tristemente célebre iluminado expuso en unos cuantas palabras la receta perfecta, infalible, para empobrecer más a los pobres de México, desestabilizar la economía y arrojarnos a los brazos del primer demagogo que prometa falsamente sacarnos de la miseria a cambio de someternos a una dictadura.

No escuché a este singular iluminado, pero me allegué una transcripción de sus palabras. Primer paso: Gastar los recursos fiscales para imponer una política de precios mentirosos en materia energética, empezando por los precios de la gasolina.

Segundo paso: Impedir la apertura comercial en materia de granos básicos e imponer controles de precios que nos mantengan aislados de una realidad inexorable que es la siguiente: Se acabó el largo periodo de abaratamiento de los precios internacionales de los alimentos; la locura de los políticos estadounidenses de subsidiar el uso de maíz para producir combustibles, junto con el fuerte incremento de la demanda por alimentos en China e India no pueden evitarse, pero la demagogia de un iluminado puede desdeñar en el corto plazo esa realidad regresando a los controles de precios, lo que significaría: mayor escasez que afectaría a quienes menos tienen y, por supuesto, más recursos fiscales desperdiciados.

Tercer paso: Sostener, por lo tanto, una política de déficit fiscales crecientes que no sólo disparen la inflación, devalúen la moneda, desplomen los salarios reales y generen desempleo, sino que expriman el poco ahorro interno, tirándolo a la basura.

Cuarto paso: Cuando todo esto estalle y falle, culpar a los empresarios, a Estados Unidos y a "la derecha" para aumentar la dosis de atrocidades, coartar las libertades, destruir los derechos de propiedad y establecer un régimen dictatorial de hecho.

¿Quién es el iluminado que expuso esta receta? Andrés López Obrador entrevistado, obsequiosamente como es habitual, por Carmen Aristegui.

Al menos, ya sabemos qué es lo que NO hay que hacer.

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miércoles, 28 de noviembre de 2007

Cuando crear riqueza es un pecado

La prohibición tiene destinatarios claros: Aquellos que despectivamente Jorge Alcocer moteja como “dueños del dinero” que en realidad somos todos los que no deseamos ser mantenidos por el dinero de los contribuyentes.

Una parábola: Alguien, abusando del poder que le fue confiado para servir y no para servirse de él, decreta que queda estrictamente prohibido santiguarse, sea con la mano izquierda o con la derecha. Cuando se denuncia esa prohibición como un atentado contra las libertades fundamentales, ese “alguien” fabrica un alegato irrisorio: “No es un atentado contra las libertades, porque hay muchos mancos a los que la prohibición no afectará; además, se sabe de muchos más a quienes jamás les ha pasado por la cabeza usar las manos para santiguarse, sino que prefieren rascarse la cabeza o hurgarse la nariz, lo que por cierto aún no se prohíbe”.

Quede la parábola para terminar de una vez con el alegato ridículo.

Lo que Alcocer y otros autores de esta malhadada reforma electoral no se atreven a decir – porque sería tanto como confesar que están fabricando leyes con dedicatoria para cobrarse agravios reales o imaginarios y para satisfacer resentimientos sociales- es que prohibir a los ciudadanos independientes contratar tiempos en la televisión o en la radio con el fin de influir en los procesos electorales, busca castigar a los “impertinentes” empresarios que en 2006 osaron advertir – mediante mensajes en los medios electrónicos- de los graves peligros que entrañan las políticas populistas y las promesas irresponsables de algunos candidatos, como fue el caso de Andrés López Obrador.

Con mayor claridad, o candor, lo escribió Carmen Aristegui hace unos días, elogiando la prohibición: Se trata, explicaba, de cerrarle el paso a mensajes como los que difundió el Consejo Coordinador Empresarial en 2006 advirtiendo contra los riesgos de regresar a políticas irresponsables que generan inflación y miseria. Para Carmen tales mensajes deben prohibirse porque “descarrilan” las elecciones. Supongo que una elección “encarrillada” es aquella en la que, piensen lo que piensen los electores, gana siempre el favorito de Carmen. Ni hablar.

Para estos “napoleoncitos” la democracia estará bien “encarrilada” mientras haya menos debate, mientras exista menos crítica y mientras los electores permanezcamos desinformados o mal informados.

Y se trata, también, de satisfacer ese arraigado resentimiento social que manifiestan los parásitos del erario contra quienes generan riqueza.

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