jueves, 2 de julio de 2009

La "película completa" no es la "versión oficial"

Leo, con cierta consternación, que algún analista considera que mi observación de ayer acerca de los ingresos tributarios en los primeros cinco meses del año (que puede leerse aquí) es algo así como una "versión oficial" que intenta minimizar el desplome de la recaudación de IVA e ISR, con la supuesta "buena" noticia de que el fisco ya volvió a recaudar por IEPS en la venta de combustibles, a diferencia del pasado inmediato (de 2005 a 2008 aproximadamente) cuando el IEPS en gasolina y diesel fue un impuesto negativo, un subsidio.
Aclaro:
1. Es mi opinión sobre lo que debe ser la "película completa" que debiera ofrecer un periodismo especializado profesional; no la versión oficial.
2. Que yo sepa, no hay una versión oficial sobre este asunto; pero no me cabe duda de que si la hubiese NO destacaría la recuperación de los ingresos tributarios vía el impuesto especial (IEPS) a gasolina y diesel, entre otras razones porque ello implicaría admitir que en el pasado, mediante la decisión de "congelar" los precios de la gasolina al consumidor final (en realidad, otorgarles un subsidio cuantioso a los automovilistas y a las empresas de transporte) se derrocharon más de 80 mil millones de pesos de recursos fiscales, se estimuló el dispendio de gasolina (en un país que cada día produce menos petróleo), se alentó la contaminación y la venta de automóviles y camiones ineficientes y se obsequió al populismo más ramplón (el de López Obrador) el cumplimiento de una de sus más descabelladas e irresponsables exigencias:" ¡No al gasolinazo!".
3. Quien quiera tener clara mi opinión al respecto puede leer en esta misma bitácora lo que publiqué al respecto el 5 de junio de 2008 y el 30 de junio de 2008, así como lo que publiqué en El Economista el 9 de enero de este año y que copio a continuación (ya que no está en los archivos de esta bitácora):
El mercado lo hace mucho mejor
Durante 2008 sólo un par de comentaristas -Sergio Sarmiento y yo, hasta donde recuerdo- sostuvimos reiteradamente que se trataba de un error subsidiar el precio de la gasolina en México. El precio artificialmente bajo propició el consumo dispendioso (mayores importaciones) de ese energético y un mayor deterioro del ambiente. También significó que el fisco recibiera menores ingresos (en realidad, el impuesto específico – IEPS- fue negativo, es decir: subsidio), pero eso es lo menos relevante.
Durante la mayor parte de 2008 los precios de la gasolina en México fueron sensiblemente menores que los precios vigentes en Estados Unidos. Hoy la situación es la inversa. Aun con la congelación de precios anunciada el miércoles el precio de la gasolina Magna en México quedará en 7.72 pesos el litro mientras que el precio promedio de la gasolina equivalente en Estados Unidos es de casi 6.00 pesos el litro (datos para el cálculo: precio promedio en Estados Unidos por galón al 5 de enero: 1.684 dólares; tipo de cambio: 13.45 pesos por dólar; equivalencia: un galón igual a 3.785 litros). Diferencia porcentual: 29 por ciento.
Una de las causas fundamentales de la caída del precio de la gasolina ahí donde funciona el sistema de precios libres para ese producto (digamos, Estados Unidos) fue la drástica disminución del consumo dictada por los mismos precios: El mejor disuasivo para consumir ese energético fue el alto precio que marcaron las bombas de despacho del combustible. Es un ejemplo contundente de la eficacia de los mercados y del comportamiento "racional" (en términos estadísticos) de los consumidores: Nadie, pobre o rico, está peleado con su dinero.
El caso de los precios de la gasolina demuestra claramente la inmensa superioridad del mercado libre para asignar recursos escasos. Jamás los precios o las tarifas dictados por déspotas más o menos benevolentes e ilustrados (legisladores, funcionarios públicos, burocracias, pactos en la cúpula) logran asignar los recursos con la misma eficiencia y oportunidad.
¿Hasta cuándo los déspotas benevolentes e ilustrados nos dejarán decidir a los consumidores?, ¿hasta cuándo combatiremos neciamente al mercado libre como mecanismo para fijar los precios correctos en el momento correcto?

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domingo, 14 de septiembre de 2008

Tres modelos para los malos tiempos (14 agosto)

De forma esquemática se puede hablar de tres modelos que puede seguir un país cuando el entorno económico es adverso.



¿Cómo ha logrado Estados Unidos que disminuya su demanda de petróleo? Dejando que el sistema de precios (oferta y demanda libres) haga su tarea. Los altos precios envían su señal inequívoca e irrebatible desde la gasolinera y los consumidores actúan en consecuencia usando menos el automóvil y recorriendo menos kilómetros. Es el modelo uno. La pendiente negativa de la curva de la demanda funciona como relojito, una y otra vez, a lo largo de la historia.

¿Cómo ha disminuido China – y seguirá disminuyendo- su demanda de energéticos? Desde la cúspide. Sólo en un sistema autoritario, como el chino, es posible –sin grandes sobresaltos sociales, aparentes- aumentar de golpe 18% el precio de la gasolina, quitando subsidios, e indicando a la población, aparentemente dócil y disciplinada, que hay que pedalear de nuevo en la bicicleta. Es el segundo modelo, que – con no pocas tensiones y sufrimientos humanos- logra también, a veces, cancelar lo que no funciona.

¿Cómo enfrentan otras naciones un entorno económico adverso de precios altos de energéticos, materias primas y alimentos? Desdeñando la realidad a golpes voluntariosos; recurriendo a los subsidios – estirando la liga fiscal hasta que reviente- o a los "precios mentirosos". En este tercer modelo sólo se posterga, y se hace mucho más costosa y difícil, la cancelación de lo que no funciona.

Hoy México tiene un apreciable potencial de inflación, vía precios de los combustibles (específicamente gasolinas y diesel) atorado en la tubería, taponado con subsidios que le están costando a las finanzas públicas cientos de miles de millones de pesos tan sólo este año. Se trata de una especie de apuesta temeraria: Actuamos como si tuviésemos la seguridad de que en el futuro próximo, mágicamente, pasará algo en el entorno externo que nos ahorrará la dura decisión de cancelar lo que no funciona.

"Andando se acomodarán las calabazas en el carro" decía José López Portillo según recordó el otro día mi buen amigo Ángel Verdugo. Ya sabemos lo qué pasó con las calabazas de López Portillo al principio de la década de los 80: No se acomodaron en el carro, sino que se cayeron estrepitosamente; reventaron y se perdieron.

¿Será una buena idea seguir ese modelo?

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martes, 29 de julio de 2008

Los barriles vienen más flacos

En México, el petróleo ya no es lo que era. Los precios internacionales por las nubes, perfecto, pero nosotros producimos cada vez menos y consumimos cada vez más. Nuestra "vaca" petrolera da cada día menos "leche" y cuesta cada vez más mantenerla.


El anuncio de que el gobierno federal compraba 8,000 millones de dólares de las reservas para anticipar compromisos relativamente próximos y que, a consecuencia de ello, la Comisión de Cambios acordaba por unanimidad suspender indefinidamente las subastas programadas de dólares de las reservas (que iban a ser, ya no serán, de 40 millones diarios en el trimestre agosto-octubre), fue "leído" de inmediato por muchos, me incluyo, erróneamente. Pensamos a bote pronto que se trataba de una argucia maliciosa para detener la apreciación del peso. Doble error:

1. El gobierno no compra ni vende sus dólares en el mercado abierto, que es el que determina la cotización del dólar, sino que le vende sus dólares – abrumadoramente los que recibe por exportaciones de petróleo- a las reservas del Banco de México y recibe los pesos correspondientes (a la cotización que no determinan ni el gobierno ni el banco central, sino el mercado abierto); y cuando necesita dólares, para importar gasolina por ejemplo, se los compra a las reservas del banco central, por lo tanto la compra de los 8,000 millones es irrelevante para la cotización del dólar. (Otra cosa es cierto efecto psicológico en la paridad por la percepción errónea; pero la intuición a bote pronto no da para mucho). Tampoco debe preocupar la irrupción de esos pesos (los erogados para comprar los dólares) en términos de presiones inflacionarias, porque el banco central los esterilizará mediante la colocación de bonos.

2. Si en vez de hacer interpretaciones instantáneas hubiésemos visto la evolución de la balanza comercial de hidrocarburos – la leche (petróleo) que exportamos y alimenta a las reservas de divisas y el queso (combustibles) que importamos y que enflaca a las reservas de divisas- entenderíamos que en buena medida la decisión de comprar los dólares por anticipado obedece a que los barriles de petróleo cada vez vienen más flacos. La vaca da menos leche y come cada vez más queso y más caro.

Ante esto, la farsa que promovió Marcelo Ebrard (entre otros) con nuestro dinero no sólo fue vana, sino estúpida.

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lunes, 30 de junio de 2008

Petróleo, precios y restricciones presupuestales

Cuando un país que exporta petróleo entiende los "altos precios" del crudo como una oportunidad para aflojar las restricciones presupuestales está conspirando contra sus propios intereses, al derrochar un recurso clave para su desarrollo.


Una restricción presupuestal blanda es aquella en la que un consumidor, una empresa o un país entienden que un exceso en sus gastos, respecto de sus ingresos, puede permitirse porque hay una instancia externa (gobierno, papás complacientes y adinerados) que solventará dicho exceso.

Venezuela otorga un subsidio desorbitado a la gasolina que se comercializa en su territorio. Desde hace 11 años (1997) no ha aumentado el precio.

¿Cuál es la magnitud del subsidio?

Con lo que hoy, junio de 2008, cuesta un litro de gasolina en Holanda usted puede comprar ¡53 litros de gasolina en Venezuela!

Con lo que hoy, junio de 2008, cuesta un litro de gasolina en Estados Unidos usted puede comprar ¡24 litros de gasolina en Venezuela!

Con lo que hoy, junio de 2008, cuesta un litro de gasolina en México usted puede comprar 15.3 litros de gasolina en Venezuela.


(Los precios de referencia, por si usted desea hacer otras comparaciones, son: 2.38 dólares por litro en Holanda; 1.08 dólares por litro en Estados Unidos; 0.69 dólares por litro en México y 0.045 dólares por litro en Venezuela).

Hugo Chávez, presidente de Venezuela, dijo el viernes que no aumentarán los precios de la gasolina en su país a despecho de lo que digan los precios internacionales y los costos de producción en que incurre el gobierno de Venezuela – a través de su petrolera nacional- para ofrecerla, porque "es un tema de soberanía" y porque "somos un país petrolero".

En este caso los venezolanos disfrutan (¿?) de una restricción presupuestal blanda (vía los subsidios extraídos de la renta petrolera) que sólo puede conducir a la ruina. El ablandamiento de las restricciones presupuestales propicia el desperdicio de recursos e inhibe la innovación, el desarrollo y la adopción de nuevas tecnologías para vivir mejor. La restricción presupuestal dura – expresada por los precios reales del mercado- es el mejor incentivo para progresar.

Nueva formulación del principio de Say: Los subsidios crean su propia demanda galopante que conduce a una economía de escasez (János Kornai).

¿Conclusión? Los holandeses viven y vivirán mejor que los venezolanos.

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miércoles, 11 de junio de 2008

Subsidios y costo de oportunidad

El subsidio que recibimos en México los consumidores de gasolina y diesel equivale a su costo de oportunidad: Todo lo que deja de hacer el gobierno, en términos de fines óptimos para el gasto público. Calcular el costo de oportunidad para el conjunto de la sociedad es muy fácil: Es la diferencia entre el precio al consumidor en Estados Unidos y el precio al consumidor en México. Al día de hoy, más de tres pesos por cada litro de gasolina.


Desdeñar en el cálculo económico el costo de oportunidad de elegir “A” en lugar de otros cursos de acción posibles conduce a una mala asignación de recursos; es pésima economía.

Ayer - 11 de junio- en su primera plana, el periódico “Reforma” nos ofreció una muestra de cómo se hace mal un cálculo de costos; supongo que los dueños de ese periódico, a diferencia de lo que publicaron ayer, sí consideran los distintos costos de oportunidad en cada una de sus decisiones de negocios, o terminarían en la ruina.

Según el “análisis” el subsidio que recibimos los consumidores de gasolina y diesel en México es menor de lo que se ha señalado porque sólo una parte del mismo (la diferencia entre el precio de adquisición y el precio de venta al consumidor final) significa un desembolso efectivo. Error. También debe considerarse, como lo hacemos todos en nuestras elecciones económicas, el costo de oportunidad: aquello que dejamos de percibir por elegir “A”, en lugar de otras opciones factibles.

En este caso, a la pérdida, desembolsada, por el diferencial entre el precio de adquisición y el precio de venta, debemos sumar el monto del impuesto negativo (IEPS) derivado de lo que dispone el artículo 2 A de la Ley del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (ver “Ideas al vuelo” del viernes pasado), que es una pérdida neta de recursos fiscales que podrían tener otros destinos, seguramente más deseables que subsidiar el consumo de gasolina y diesel.

Además de la poca confiabilidad que merecen este tipo de “análisis”, el asunto es relevante porque el costo de oportunidad, un concepto clave de la economía, suele ser mal entendido o desdeñado, lo que conduce a no pocos fracasos empresariales y a decisiones erradas de política económica.

Por eso, mañana continuaré con el asunto del costo de oportunidad en diversos aspectos de la vida.

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miércoles, 4 de junio de 2008

¿Cuál es el misterio de los excedentes?

Es muy simple. El "misterio" del porqué algunos políticos, incluso legisladores de renombre, no "creen" que no hubo excedentes petroleros en el primer trimestre, se resume en una palabra: Ignorancia. De los propios políticos y de sus asesores, si los tienen.

No es bonito decir que legisladores renombrados o que políticos de prosapia, como el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, no saben de lo que hablan. Pero así es, al menos en el caso de los excedentes petroleros.

Vamos a ver. Hay tres leyes y un decreto, aprobadas por el Congreso en su conjunto las tres primeras y aprobado por la Cámara de Diputados el último, que explican con toda claridad lo que debe hacerse con los excedentes de ingresos petroleros, en caso de que los haya, y cómo se determinan los tales excedentes.

Las leyes son la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria (dicho sea de paso, la Real Academia de la Lengua Española debería aprobar ya el uso del horrendo adjetivo "hacendario" como premio a la necedad de los políticos mexicanos que le siguen llamando así a lo que en buen español se llama "hacendístico"), la de Ingresos de la Federación para 2008 y la del Impuesto Especial para Producción y Servicios (LIEPS). El decreto es el del Presupuesto de Egresos de la Federación de 2008.

Una buena explicación, que en general – salvo El Economista y algún otro medio de comunicación- fue desdeñada por los medios, se puede encontrar en el Informe Semanal del Vocero de la Secretaría de Hacienda del domingo pasado, búsquenla en la red y entérense. Otra manera de verlo es tomar el lápiz y hacer las cuentas con sentido común y buena aritmética (el jefe de gobierno del Distrito Federal está exento en esta materia por incapacidad manifiesta), y considerar que sí, es muy bonito que los precios del petróleo anden por las nubes, pero que ya no es tan bonito que a los ingresos haya que restarles los gastos de importar la gasolina y venderla mucho más barata de lo que nos costó.

Así se hacen las cuentas. A lo que entró se le resta lo que salió y se obtiene un saldo neto. No quiero ser malévolo y decir que eso se aprende en "Palitos Uno" de preescolar, pero digamos que es contabilidad básica.

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jueves, 29 de mayo de 2008

Energía: La otra cuchilla de la tijera

Los países desarrollados consumen hoy, proporcionalmente, mucho menos petróleo del que consumían hace tres décadas. No es que a esas personas se los haya ordenado el gobierno y obedeciesen dócilmente. Se los ordenaron los precios en 1973-1974 y en 1980-1981.



Hay gobiernos empeñados en pelearse con los precios. Es una lucha perdida de antemano. Mi ejemplo favorito actual es el gobierno K de Argentina (Néstor y su esposa Cristina) que es una copia alucinante de gobiernos fracasados en el siglo pasado (el antiguo Alan García, el primer Carlos Andrés Pérez, Luis Echeverría, José López Portillo, Juan Velasco Alvarado y tantos otros), por lo cual quienes hoy viajan a la Argentina suelen comentar, a su regreso, que viajaron no al sur del continente sino al pasado: "Haz de cuenta como en los años 70 en México, tal cual" me dijo hace meses un empresario que tiene intereses allá.

Es un pésimo negocio pelearse con los precios porque es cómo matar a los mensajeros más veraces y oportunos que podemos tener sólo porque nos trajeron noticias desagradables, pero verdaderas.

No sabemos por cuánto tiempo permanecerán altos los precios del petróleo, pero nos están avisando puntualmente que la demanda está prevaleciendo sobre la oferta. Y sólo hay tres formas realistas y efectivas de corregir el asunto y lograr que los precios bajen o que el hecho no nos afecte tanto: O actuamos para aumentar la oferta o actuamos para disminuir la demanda o hacemos ambas cosas, opción, la última, que siempre será la más provechosa.

Hay varias vías teóricas para incrementar la oferta (ya sea de petróleo, o de otras opciones energéticas que sustituyan al petróleo) que merecerán analizarse y comentarse en otra ocasión. Por esta vez, fijémonos en la otra cuchilla de las tijeras: la demanda.

La herramienta más eficaz para disminuir la demanda es dejar que los precios nos indiquen qué tan grave es la situación. En los choques de precios altos del petróleo, los consumidores en los países desarrollados recibieron de lleno la noticia en las gasolineras, en la factura de la calefacción, en la factura de la electricidad y actuaron en consecuencia.

En otros países hubo gobiernos "benevolentes" que, para ahorrarles un disgusto a los consumidores, evitaron que el mensajero llegase a tiempo. Así les ha ido.

Romper el termómetro nunca ha servido para combatir la fiebre.

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martes, 20 de mayo de 2008

Los precios y el aprendizaje

Los "precios mentirosos" – aquellos que se fijan a despecho de las condiciones de oferta y demanda- nos llevan a tomar decisiones irracionales, cuando no estúpidas, y terminan por generar mayor escasez.

No parece racional que durante el primer trimestre de este año México haya importado 40% más gasolina que un año antes. Ni el ritmo de la actividad económica, ni la "conciencia ecológica" de la que todos presumen, ni los precios internacionales del petróleo se conduelen con ese crecimiento exorbitante de la demanda.

Sin embargo, el incremento de las importaciones de gasolina es perfectamente lógico si atendemos a dos factores: Una menor oferta interna –porque ha disminuido sensiblemente la producción de petróleo en México – y, sobre todo, un precio de las gasolinas que nos engaña acerca de las condiciones reales de la oferta y de la demanda. Un precio "mentiroso", de alrededor de tres pesos menos por litro respecto del precio promedio vigente en las gasolineras de Estados Unidos, donde sí hay competencia entre varias oferentes y donde el precio de los combustibles al consumidor refleja con mayor fidelidad lo que sucede con la oferta y la demanda.

Sin duda debe haber muchas razones – buenas o malas- que expliquen ese precio mentiroso, pero también es indudable que es un precio que genera una demanda indeseable, por excesiva, de un energético escaso. Es un precio que alimenta el desperdicio y que refuerza la adicción al petróleo, a la vez que tira por el caño la misma droga adictiva.

Ese precio "mentiroso" nos está impidiendo aprender a los mexicanos lo que aprendieron los países industrializados con las alzas de los precios del petróleo en 1973-1974 y en 1980-1981, que es la racionalidad en el consumo de los energéticos, lo que a su vez se traduce en una economía menos dependiente de la energía para generar riqueza.

Para eso sirven los precios: Para apreciar o para despreciar las cosas.




En septiembre pasado dieron de gritos porque – dijeron- se nos infligiría un duro golpe si se incrementaba el precio de las gasolinas, pero hoy se visten de aguerridos defensores del mismo bien que entonces pidieron despreciar y desperdiciar.



Hay cosas mucho más valiosas que el petróleo y sus derivados. Por ejemplo, la honestidad intelectual. Pero ésa hace mucho que se les acabó, si acaso alguna vez la tuvieron.

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lunes, 5 de mayo de 2008

Políticos alérgicos a los costos

La mayoría de los políticos detestan el liberalismo económico porque les recuerda la tremenda sentencia de Milton Friedman: "No hay comidas gratis". Así, especulan, nadie gana elecciones.


Tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo, los gobiernos y los políticos en busca del éxito le están prestando más atención a los encuestadores y a los expertos en mercadotecnia política que a los economistas y a los especialistas serios y preparados.

En esa medida retrocede la productividad en el mundo. En esa medida, millones de seres humanos están pagando más por los alimentos al tiempo que escuchan ávidos a los políticos que prometen energéticos baratos, servicios de salud sin costo, pensiones inagotables y empleos de "Adelitos defensores de la soberanía" (modalidad que la izquierda mexicana ha ideado para reciclar la viejísima costumbre de cobrar en el gobierno sin trabajar, como lo describió Sergio Sarmiento hace poco).

Tomemos el caso de la liberalización comercial. Alan Greenspan ha escrito que si la gente no experimenta de primera mano – en su vida diaria - las ventajas de la libre competencia, tenderá a ponerse en manos del primer populista que le prometa erigir barreras al comercio y obstáculos a la migración. Si Miguel de la Madrid hubiese tenido que someter a referéndum la necesidad de abrir unilateralmente la cerradísima economía mexicana, todavía estaríamos hoy jugando a los contrabandistas aficionados, escondiendo en las maletas, como tesoro prohibido, una "iPod" después de una visita relámpago a Laredo.

El economista serio le dirá al político que la mejor forma de preservar los recursos - por ejemplo, el petróleo o el agua – es cobrarlos al precio que dictan la oferta y la demanda, pero el estratega político o el encuestador le dirán que cueste lo que cueste hay que evitar, por ejemplo, que suba el precio de la gasolina…no importa que para ello cada día se subsidien millones de pesos a los más ricos y que se fomente un desperdicio ruinoso.

Un dato: En los tres primeros meses de 2008 México importó 37.4% más litros de gasolina que un año antes. Un alza tal en la demanda sólo se explica por un precio de ganga. Así se quedó Argentina sin gas natural en 2003- 2004…, pero el matrimonio Kirchner se mantuvo en el poder…, arguye el encuestador.

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martes, 18 de diciembre de 2007

Remedios contra el alza de precios

El alza en los precios mundiales de los alimentos continuará. El mejor remedio para enfrentar esta realidad es aumentar la oferta, lo que significa: Mayor apertura comercial y una política económica que busque, obsesivamente por así decirlo, incrementar la productividad. Los precios mentirosos sólo empeoran las cosas.

Los dos factores principales que están induciendo en el mundo un alza en los precios de los alimentos son: 1. La elevación de los niveles de bienestar en China e India lo que implica una mayor demanda de alimentos y 2. La perversa política de subsidios a la producción de combustibles a partir de maíz que lleva a cabo el gobierno de Estados Unidos.

México nada puede hacer para eliminar esos factores. El segundo es indeseable y económicamente irracional; el primero – el mayor consumo por persona de calorías, grasas y proteínas en China e India- es alentador porque muestra que la pobreza no es una fatalidad -ni para los países ni para las personas-, y que la productividad es la llave para salir de la trampa del subdesarrollo.

Para algunos países con grandes ventajas comparativas en la producción de granos y de carne, como Argentina, esta situación podría ser promisoria (tontamente el gobierno argentino, por razones demagógicas, ha tomado el camino erróneo de los precios mentirosos y de las restricciones comerciales; por ejemplo, al prohibir la exportación de carne), pero ése no es el caso de México. Admitamos que en la producción de granos – maíz y trigo, por ejemplo- NO tenemos las ventajas comparativas y competitivas de Estados Unidos, Argentina o Rusia.

Ante ello, el mejor remedio es aumentar la oferta mediante una liberalización comercial generalizada, al tiempo que se establecen condiciones básicas que incentiven la productividad, ésa, no otra, debe ser la tarea del gobierno en sus distintos órdenes y en todas sus áreas.

Lo peor que se puede hacer – en cambio- es ceder a la tentación de los precios mentirosos, mediante controles de precios, sean compulsivos o “pactados” mediante coerción, y ceder a las presiones de los grupos de buscadores de rentas que han vivido del proteccionismo comercial y que se oponen a una liberalización comercial sin reservas.

Sería terrible que el asunto de los precios también fuese víctima de las competencias entre políticos para ver quién es más populista.

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lunes, 10 de diciembre de 2007

Receta para destrozar un país

Vivimos una época particularmente propicia para que los políticos en los países en desarrollo, como México, cometan errores fatales. Volver a los "precios mentirosos" y cerrar la economía, como lo propone algún iluminado, es la receta perfecta para destrozar a este país.

¿Sabe usted qué se necesita para que México retroceda 25 años a los días aciagos de la crisis de 1982? Mentir, mentirnos y creernos nuestras propias mentiras.

El viernes pasado en un programa de radio un tristemente célebre iluminado expuso en unos cuantas palabras la receta perfecta, infalible, para empobrecer más a los pobres de México, desestabilizar la economía y arrojarnos a los brazos del primer demagogo que prometa falsamente sacarnos de la miseria a cambio de someternos a una dictadura.

No escuché a este singular iluminado, pero me allegué una transcripción de sus palabras. Primer paso: Gastar los recursos fiscales para imponer una política de precios mentirosos en materia energética, empezando por los precios de la gasolina.

Segundo paso: Impedir la apertura comercial en materia de granos básicos e imponer controles de precios que nos mantengan aislados de una realidad inexorable que es la siguiente: Se acabó el largo periodo de abaratamiento de los precios internacionales de los alimentos; la locura de los políticos estadounidenses de subsidiar el uso de maíz para producir combustibles, junto con el fuerte incremento de la demanda por alimentos en China e India no pueden evitarse, pero la demagogia de un iluminado puede desdeñar en el corto plazo esa realidad regresando a los controles de precios, lo que significaría: mayor escasez que afectaría a quienes menos tienen y, por supuesto, más recursos fiscales desperdiciados.

Tercer paso: Sostener, por lo tanto, una política de déficit fiscales crecientes que no sólo disparen la inflación, devalúen la moneda, desplomen los salarios reales y generen desempleo, sino que expriman el poco ahorro interno, tirándolo a la basura.

Cuarto paso: Cuando todo esto estalle y falle, culpar a los empresarios, a Estados Unidos y a "la derecha" para aumentar la dosis de atrocidades, coartar las libertades, destruir los derechos de propiedad y establecer un régimen dictatorial de hecho.

¿Quién es el iluminado que expuso esta receta? Andrés López Obrador entrevistado, obsequiosamente como es habitual, por Carmen Aristegui.

Al menos, ya sabemos qué es lo que NO hay que hacer.

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domingo, 30 de septiembre de 2007

Comer gasolina

En Kansas los agricultores están felices ante la perspectiva de que las alzas en los precios de los granos continuarán; se ha iniciado la batalla por los acres de tierra y el problema es decidir entre trigo, maíz, sorgo o soya. En México los agricultores se siguen quejando, ¿por qué?

Es bastante ilógico que a los políticos mundiales pintados de verde (ecologistas) les entusiasme tanto el etanol como combustible alternativo, cuando es un energético mucho más ineficiente que el petróleo y cuando la ocurrencia de estimular su producción mediante subsidios ha trastornado el mercado mundial de los alimentos.

Si eso ya es bastante absurdo, lo que rebasa toda noción lógica es que ante un alza mundial en los precios de los alimentos, haya quien proponga – y lo haga- abaratar la gasolina en términos relativos. A menos que se trate de que empecemos a comer gasolina y gas licuado…

En cambio suena perfectamente lógico que ayer el diario The Wichita Eagle, de Wichita Kansas, anunciase: “2008, un buen año para ser cultivador de granos”. Lógico porque se trata de Kansas, que es un granero. Pero aún más lógico porque así funcionan los mercados libres: Si los precios del trigo van al alza, se siembra más trigo; si los precios de la soya también, se hacen cálculos para ver si conviene más sembrar soya que trigo, igual con el maíz y el sorgo. Los datos detrás de está lógica son sencillos: son los datos de la demanda y de la oferta (precios a futuro y reservas de granos), no las declaraciones alarmistas de los políticos. Conclusión: Tendremos precios caros de los alimentos para un buen rato.

Mientras esto sucede en Kansas, en México nuestros cultivadores de granos – al menos los que vociferan en los medios de comunicación- se quejan y piden más recursos gubernamentales: “¡El campo no aguanta más!”. ¿Por qué? Porque aquí no funcionan los mercados libres – nos enseñan a detestarlos desde la más tierna infancia- sino otra lógica, la de que obtiene más aceite (recursos públicos) la rueda que más chille. Conclusión: ¡A chillar que el presupuesto se va a repartir!

Porque nos encanta la patafísica – que es la generación de soluciones inviables para problemas inexistentes- debemos de ver como perfectamente lógico que si sube el trigo congelemos el precio de la gasolina. Más claro, ni el agua del drenaje profundo.

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miércoles, 5 de septiembre de 2007

Marcelo Ebrard y los mercados petroleros

Para ser algo así como el alcalde de una de las ciudades más importantes del continente americano Marcelo Ebrard debería estar mejor informado...y no hacer el ridículo.

Marcelo Ebrard sentenció hoy miércoles 5 de septiembre: "Entonces los mexicanos estaríamos pagando cada vez más cara la gasolina cuando está bajando el petróleo a nivel mundial (énfasis mío, las declaraciones fueron tomadas de la versión en línea del periódico “El Universal”). Y Ebrard dicho esto se quedó tan campante.

Por supuesto, también los mercados petroleros mundiales se quedaron tan campantes y el precio del petróleo siguió presionado al alza. Para los mercados las desmesuras verbales de políticos aldeanos y mal informados son cien por ciento irrelevantes.

No me referiré al asunto de que sería una estupenda política pública en la ciudad y en el estado de México encarecer el consumo de gasolina, y que las respectivas haciendas locales captasen, con ello, recursos para mejorar el desastroso sistema de transporte público. No, ya se sabe que los intereses de quienes gobiernan esas entidades son otros.

El problema adicional y al que hoy me refiero es la irrefrenable manía que tienen algunos políticos de abrir la boca para decir mentiras o disparates.

El mismo día que Ebrard jugaba a profeta fallido de los mercados petroleros decenas de miles de medios en el mundo difundían notas como ésta, de la agencia alemana DPA:

Singapur.-
El precio del petróleo estadounidense del tipo ligero WTI para entrega en octubre subió hoy en el comercio asiático a 75,20 dólares el barril (159 litros), 12 centavos más que el martes. .El precio del petróleo ya había registrado un notable aumento el martes, lo que los expertos atribuyeron a las afirmaciones del ministro de Energía de Qatar, Abdullah al Atiya, quien consideró improbable que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decida aumentar las cuotas de extracción en su próxima reunión ordinaria, que se realizará el 11 de septiembre.


Tal vez Ebrard confundió las fechas. Que alguien le avise que estamos en 2007, no en 1986. La próxima vez que mejor hable de las cotizaciones de los tacos de lengua. A ver si a ésas sí les atina.

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