miércoles, 23 de julio de 2008

Cinco factores de turbulencia

Hoy día la economía de las familias, de las empresas y de los países se ve afectada, en todo el mundo, por cinco "choques" que han alterado las condiciones de precios y de producción. Conviene conocer estos cinco factores de turbulencia y las respuestas previsibles que adoptará la economía mundial para enfrentarlos.


Los economistas suelen definir un "choque" como un evento inesperado que afecta, en términos micro, a las familias y a las empresas y, en términos macro, a la inflación y al crecimiento económico.

Hoy día coinciden en el horizonte de la economía mundial cinco "choques" que son otros tantos factores de turbulencia (para la exposición de estos "choques" sigo el esquema de una presentación del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda; sin embargo el análisis de las causas últimas detrás de estos cinco factores es responsabilidad mía, no del RBNZ).

1. El alza en los precios del petróleo.
2. El más generalizado "boom" de los precios de alimentos y de otras materias primas.
3. El "boom" global y sincronizado del mercado de vivienda en el mundo.
4. Una caída del ahorro y un aumento del consumo de los hogares en las economías desarrolladas, y
5. Los esfuerzos globales para mitigar los efectos del cambio climático.


Cada uno de estos factores genera sus propios efectos a la vez que influyen en los otros cuatro. Y en cada uno de ellos ha jugado un papel decisivo, aunque no exclusivo, un periodo de extraordinaria liquidez mundial – alentado por una política monetaria relajada -, así como el extraordinario crecimiento económico de China y, en menor medida, de la India y de otras economías en desarrollo.

En el futuro inmediato son previsibles varias respuestas ante estos factores de turbulencia; respuestas que incidirán en la economía de los hogares, de las empresas y de las naciones. Por ejemplo: Disminución de la demanda de hidrocarburos; endurecimiento de la política monetaria; caída del valor de activos inmobiliarios; retracción del crecimiento económico mundial; regreso a las tasas de interés positivas en dólares; corrección forzosa de la caída del ahorro de los hogares en economías desarrolladas; revisión de postulados – y esquemas- del llamado "estado de bienestar" y énfasis en la productividad a través del cambio tecnológico y de la inversión en capital humano (educación y salud).

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martes, 8 de julio de 2008

Adiós, dinero fácil, adiós

La novedad, en la segunda mitad de 2008, es que crece la convicción de que el principal problema con que tiene que lidiar hoy la economía global es la inflación, no los amagos de desaceleración de la actividad económica. Los bancos centrales – especialmente la Reserva Federal- no pueden seguir ignorando que las tasas de interés negativas son combustible puro para los altos precios de energéticos y alimentos.


¿Qué papel jugaron las bajas tasas de interés y la expansión del crédito en las alzas de los precios de los energéticos y de los alimentos? La siguiente gráfica da mucho para pensar. Los datos son los precios promedio anuales (en el caso de 2008, hasta el mes de mayo) del petróleo WTI en el mercado "spot" (expresados en dólares de 2007) y las tasas de interés promedio de referencia de la Reserva Federal, también en promedios anuales.



¿Es buena idea que los bancos centrales desdeñen los volátiles precios de los energéticos y de los alimentos considerando que no forman parte de la "core inflation" o de la inflación subyacente?, ¿no han alimentado las bajas tasas de interés una burbuja especulativa de inversiones en "commodities" que, a su vez, impulsan al alza los precios de energéticos y alimentos?

Durante lo que va del siglo la cota más alta de la tasa de interés (6.24% promedio anual) se verificó en el año 2000, con unos precios nominales del petróleo de $27.39 dólares el barril y reales – en dólares de 2007- de $34.16 dólares. El segmento más dramático de la gráfica es la "reacción espejo" (inversamente proporcional) entre tasas y precios del petróleo a partir de 2007: Las primeras caen en picada, los segundos suben como la espuma…

Vistas así las cosas – y cada vez más gente empieza a verlas así en los gobiernos de los países desarrollados y en varios bancos centrales- la receta parece obvia: Adiós, dinero fácil, adiós.

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¿Se desinflará la burbuja petrolera?

Después de los juegos olímpicos, 25 de agosto, China disminuiría fuerte su demanda de petróleo, mientras que después de las elecciones, 5 de noviembre, la Reserva Federal iniciaría una serie de alzas a las tasas de interés. ¿Veremos antes del fin de año los precios del petróleo debajo de los $100 dólares el barril?

La bola de cristal podría estarse desempañando.

Si usted tuviese hoy que pronosticar el precio de la mezcla mexicana de petróleo de exportación para 2009, ¿lo pondría arriba de $75 dólares? Yo no lo haría. Tal vez el jueves pasado, cuando la mezcla mexicana alcanzó un precio de $131 dólares por barril, vimos el "pico" histórico del actual "rally" de precios.

Indicios:

1. Aun ante la inminencia de los juegos olímpicos China disminuyó los subsidios a la gasolina lo que se tradujo en un aumento de 18% en el precio a los consumidores. Lo más probable es que el gobierno chino, una vez concluidos los juegos, el 25 de agosto, tome más medidas para disminuir la demanda china por petróleo.

2. Arabia Saudita, el principal productor en el mundo, no está cómodo con los altos precios de hoy – teme que el ajuste a la baja no sólo sea brusco, sino que marque una tendencia definitiva – y puede seguir incrementando su oferta de crudo.

3. La Reserva Federal ya no disminuirá más las tasas de interés; la inflación está pesando más que el miedo a la recesión. Después de las elecciones – el martes 4 de noviembre – la Reserva Federal deberá seguir los pasos del Banco Central Europeo y subir las tasas.

China consume anualmente un barril de petróleo por persona (hablamos de una población de 1,300 millones de personas), Estados Unidos consume 25 barriles de petróleo al año por persona (hablamos de una población de 300 millones). Una caída de 10% en la demanda de China y Estados Unidos se traduciría en un excedente de 2.5 millones de barriles diarios, y si además Estados Unidos pone en el mercado una porción de su reserva estratégica, mientras Arabia Saudita incrementa su producción e Irak hace lo propio, se alinea todo para configurar una baja fuerte en los precios del crudo.

En todo caso, un factor clave será lo que suceda con las tasas de interés después del 4 de noviembre.

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jueves, 26 de junio de 2008

¡No le manden señales equivocadas al productor!

La solución al desorden en los mercados internacionales de alimentos y a los altos precios es desmantelar mecanismos proteccionistas (subsidios y barreras al comercio) y – sobre todo- dejar que los precios no manipulados informen a los productores que están ante una oportunidad única.



Hace algunos meses un buen amigo me hizo notar que la versión de que los altos precios de los alimentos obedecen a la demanda de China e India, cuyos habitantes de la noche a la mañana estarían comiendo mejor, no tiene lógica: No es verosímil que millones de chinos e indios hayan despertado todos el mismo día ganando dos o tres veces más que el día anterior y que ese mismo día decidieran que todos iban a comer más carne, tomar más leche y consumir más cereales. Esos cambios en el ingreso son graduales, llevan varios años y los mercados se acomodan a ellos.

El mecanismo mediante el cual los mercados se acomodan a un cambio en la demanda, generando una mayor oferta, demuestra la maravilla del sistema de precios: los precios altos avisan al productor que hay que sembrar más porque ése será un buen negocio.

Reproduzco el comentario que me hizo llegar un lector de Tamaulipas que vende agroquímicos: "Un pequeño productor de maíz (unas cuatro hectáreas) hace dos temporadas comenzó a utilizar maíces híbridos, hace una temporada fertilizantes y este año va a volver a utilizar híbridos y esta vez fertilizantes de alto desempeño.



"¿Acaso debemos ese cambio en favor del uso de tecnología a algún ambicioso programa de gobierno? ¿Algún "pacto", "alianza" o "cruzada" por la productividad en el campo? NO.



"Se lo debemos al mercado, específicamente al incremento al precio del maíz que se ha encargado de decirle de forma inequívoca: ¡produce más!



"Me aterra pensar que el gobierno pudiera estar a un paso de querer controlar los precios y decirle que deje de hacerlo".



La solución es producir más, con el incentivo de los precios altos, y que el gobierno de los Estados Unidos tenga la honestidad de reconocer que su ocurrencia, dizque ecologista, de subsidiar la producción de etanol a partir de maíz fue estúpida, antiecológica y generadora de hambre. Esa es la causa que explica la mayor parte de las distorsiones actuales en el mercado de los alimentos. ¡Dejen de subsidiar!

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martes, 24 de junio de 2008

Alimentos, mercados y tonterías

El alza en los precios de los alimentos ha tenido un efecto secundario temible: Algunos comentaristas de asuntos económicos están sacando del desván de los recuerdos sus pésimos apuntes escolares de hace 30 años para "explicar" lo que no entienden.

Un colega de Guadalajara publicó la siguiente frase en su colaboración habitual del lunes pasado: "La cosa es tan bizarra que los grandes supermercados tienen más fuerza que la Sagarpa cuando se trata de definir lo que consumiremos los mexicanos". Es una frase que combina, con gran ahorro de palabras, la pésima gramática con la pésima economía y la pésima "ideología" reinantes en los años 70 del siglo pasado. Veamos:

Primero, el adjetivo bizarro significa en español "generoso, valiente, espléndido"; justo lo contrario de lo que quiso decir este colega, quien seguramente estaba pensando en francés (idioma en el que el adjetivo "bizarre" significa "extraño, extravagante" o incluso "absurdo") cuando escribió su columna.

Segundo, ¿de cuándo acá es tarea de la Sagarpa o del gobierno determinar lo que consumiremos los mexicanos? Aun en las épocas de la economía cerrada a piedra y lodo los consumidores en México consumían los alimentos que podían comprar, que había en el mercado y que se les daba la gana comer. ¿En dónde cree este colega que vivimos?, ¿en un monasterio?, ¿en un orfanato?

Tercero, tampoco los grandes supermercados determinan lo que comemos, lo elegimos nosotros de acuerdo con lo que hay en el mercado (donde hay más opciones que en el pasado, gracias a la apertura comercial).

La frase es la desafortunada conclusión de varios prejuicios ridículos: 1. El gobierno debe protegernos como críos y decidir por nosotros, 2. El libre comercio es malo porque es "neoliberal", 3. Los intereses de un puñado de productores incompetentes son más importantes que la libertad de los consumidores, 4. No existen las ventajas comparativas, ni las ventajas competitivas, 5. Si los islandeses quieren comer plátanos tendrán que cultivarlos en Islandia (en invernaderos) y les costarán una fortuna y si los mexicanos queremos comer ciruelas durante el invierno tendremos que cultivarlas en invernaderos, a un costo prohibitivo, pero jamás importarlas del hemisferio sur, porque perdemos "soberanía".

Ya veo al ingeniero Alberto Cárdenas, ordenando qué es lo que tenemos que comer. ¡Ni en una pesadilla, y a Dios gracias!

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martes, 10 de junio de 2008

Obstinados en contra de la globalización

La oleada mundial en contra de la libertad de los seres humanos para comerciar, emigrar e invertir es la peor de las noticias que nos han dado los políticos en los últimos tiempos.


La historia señalará como un trágico error de los dirigentes mundiales de los inicios del siglo XXI su obstinación en poner barreras a la globalización. Esta obstinación, dictada por mezquinos cálculos políticos de corto plazo, se caracteriza por oponerse a tres libertades que son clave para un mundo mejor: la libertad de comercio, la libertad de migración y la libertad de invertir en donde mejor nos parezca.

Las alzas mundiales de los precios de los energéticos y de los alimentos, así como de otras materias primas, son el síntoma más visible del destino ruinoso al que la mayoría de los dirigentes políticos está conduciendo a la humanidad. Esta obstinación en frenar la globalización se traducirá en mayor pobreza y en la generación de más tensiones y violencia dictadas por nacionalismos aldeanos y por sentimientos de envidia y xenofobia.

A su vez, la multiplicación de los conflictos, al interior de los países y entre países, se convierte en terreno abonado para la promoción del populismo y de la demagogia que, trágicamente, sólo agravan más el deterioro mundial.

Hoy, por ejemplo, son alarmantemente precarias las probabilidades de éxito de la ronda de Doha para liberalizar, algo al menos, el comercio de productos agropecuarios en el mundo y para desmantelar, algo al menos, el entramado de mecanismos proteccionistas que representan, por ejemplo, los subsidios a minorías de productores (Estados Unidos, Unión Europea) o los impuestos que castigan la productividad y promueven el hambre (Argentina).

Por no hablar del sostenimiento de subsidios irracionales que promueven el dispendio de recursos escasos, sólo porque nadie, de quienes podrían corregir ese absurdo, quiere pagar el costo político que conlleva actuar con responsabilidad.

Los grandes perdedores serán los pobres del planeta, sacrificados en el falso altar de las ganancias electorales.

Esta tragedia mundial podría ser evitada por líderes políticos verdaderamente visionarios que la convertirían en oportunidad única para la prosperidad global. Pero no hay tales líderes en el horizonte. Sólo expertos en maquillaje. Y en la fabricación de chivos expiatorios que permitan a los políticos llegar a las próximas elecciones con algo de popularidad.

La factura a pagar será terrible.

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domingo, 30 de diciembre de 2007

2008 será un buen año para la economía…

Y será un mal año para los que le apuestan al desastre. Conforme se hacen más sombríos los pronósticos de los "especialistas" acerca del futuro de la economía tengo más razones para prever que 2008 será un buen año para la economía de México y del mundo.


Llevo varios días esperando en vano que alguien me explique porqué el PIB de Estados Unidos creció 4.9% anual en el tercer trimestre de 2007. ¿Acaso no estamos, como han dicho multitud de pronosticadores y "especialistas", en el umbral de una severa desaceleración económica en Estados Unidos, tal vez en las vísperas de una recesión?, ¿esa tasa de crecimiento notablemente alta es, acaso, el canto del cisne antes de fallecer?

Por supuesto, el problema de las hipotecas "subprime" es grave para las instituciones financieras cuyos fondos especiales – "hedge funds"- están repletos de esos valores, pero ¿acaso no es buena noticia que los precios de la vivienda en Estados Unidos empiecen a bajar y se desinfle la burbuja de los valores inmobiliarios?

El punto es que no hay evidencias de que la crisis hipotecaria en Estados Unidos esté afectando al sector de las manufacturas, lo cual significa que la locomotora sigue caminando…y seguirá "jalando" a la industria manufacturera mexicana orientada a la exportación. Al mismo tiempo un dólar relativamente barato incidirá favorablemente en la formación de capital fijo en México.

Otro asunto del que echan mano los pesimistas: La apertura comercial total del sector agrícola – maíz, frijol, azúcar, entre otros alimentos- de México a partir de 2008, en el marco del TLCAN, "nos pescará desprevenidos", "acabará por matar al campo mexicano". ¿De veras?, ¿desprevenidos cuando lo sabíamos con 15 años de anticipación?, ¿acabará con el campo cuando vivimos un ciclo alcista en los precios de los alimentos en el mundo?

O el dragón chino matando empresas y empleos en México. ¿No se les ha ocurrido calcular la magnitud de beneficios que recibimos y seguiremos recibiendo los consumidores mexicanos gracias al libre comercio con China? O que la reforma fiscal desalentará la inversión, ¿cuando precisamente el IETU es el más formidable incentivo fiscal para la inversión productiva que hemos tenido en México en los últimos 40 años? ¡Por favor!

Será un buen año, pero hay una receta infalible para no aprovechar las oportunidades: Instalarse en la cómoda prédica del pesimismo.

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martes, 18 de diciembre de 2007

Remedios contra el alza de precios

El alza en los precios mundiales de los alimentos continuará. El mejor remedio para enfrentar esta realidad es aumentar la oferta, lo que significa: Mayor apertura comercial y una política económica que busque, obsesivamente por así decirlo, incrementar la productividad. Los precios mentirosos sólo empeoran las cosas.

Los dos factores principales que están induciendo en el mundo un alza en los precios de los alimentos son: 1. La elevación de los niveles de bienestar en China e India lo que implica una mayor demanda de alimentos y 2. La perversa política de subsidios a la producción de combustibles a partir de maíz que lleva a cabo el gobierno de Estados Unidos.

México nada puede hacer para eliminar esos factores. El segundo es indeseable y económicamente irracional; el primero – el mayor consumo por persona de calorías, grasas y proteínas en China e India- es alentador porque muestra que la pobreza no es una fatalidad -ni para los países ni para las personas-, y que la productividad es la llave para salir de la trampa del subdesarrollo.

Para algunos países con grandes ventajas comparativas en la producción de granos y de carne, como Argentina, esta situación podría ser promisoria (tontamente el gobierno argentino, por razones demagógicas, ha tomado el camino erróneo de los precios mentirosos y de las restricciones comerciales; por ejemplo, al prohibir la exportación de carne), pero ése no es el caso de México. Admitamos que en la producción de granos – maíz y trigo, por ejemplo- NO tenemos las ventajas comparativas y competitivas de Estados Unidos, Argentina o Rusia.

Ante ello, el mejor remedio es aumentar la oferta mediante una liberalización comercial generalizada, al tiempo que se establecen condiciones básicas que incentiven la productividad, ésa, no otra, debe ser la tarea del gobierno en sus distintos órdenes y en todas sus áreas.

Lo peor que se puede hacer – en cambio- es ceder a la tentación de los precios mentirosos, mediante controles de precios, sean compulsivos o “pactados” mediante coerción, y ceder a las presiones de los grupos de buscadores de rentas que han vivido del proteccionismo comercial y que se oponen a una liberalización comercial sin reservas.

Sería terrible que el asunto de los precios también fuese víctima de las competencias entre políticos para ver quién es más populista.

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lunes, 10 de diciembre de 2007

Receta para destrozar un país

Vivimos una época particularmente propicia para que los políticos en los países en desarrollo, como México, cometan errores fatales. Volver a los "precios mentirosos" y cerrar la economía, como lo propone algún iluminado, es la receta perfecta para destrozar a este país.

¿Sabe usted qué se necesita para que México retroceda 25 años a los días aciagos de la crisis de 1982? Mentir, mentirnos y creernos nuestras propias mentiras.

El viernes pasado en un programa de radio un tristemente célebre iluminado expuso en unos cuantas palabras la receta perfecta, infalible, para empobrecer más a los pobres de México, desestabilizar la economía y arrojarnos a los brazos del primer demagogo que prometa falsamente sacarnos de la miseria a cambio de someternos a una dictadura.

No escuché a este singular iluminado, pero me allegué una transcripción de sus palabras. Primer paso: Gastar los recursos fiscales para imponer una política de precios mentirosos en materia energética, empezando por los precios de la gasolina.

Segundo paso: Impedir la apertura comercial en materia de granos básicos e imponer controles de precios que nos mantengan aislados de una realidad inexorable que es la siguiente: Se acabó el largo periodo de abaratamiento de los precios internacionales de los alimentos; la locura de los políticos estadounidenses de subsidiar el uso de maíz para producir combustibles, junto con el fuerte incremento de la demanda por alimentos en China e India no pueden evitarse, pero la demagogia de un iluminado puede desdeñar en el corto plazo esa realidad regresando a los controles de precios, lo que significaría: mayor escasez que afectaría a quienes menos tienen y, por supuesto, más recursos fiscales desperdiciados.

Tercer paso: Sostener, por lo tanto, una política de déficit fiscales crecientes que no sólo disparen la inflación, devalúen la moneda, desplomen los salarios reales y generen desempleo, sino que expriman el poco ahorro interno, tirándolo a la basura.

Cuarto paso: Cuando todo esto estalle y falle, culpar a los empresarios, a Estados Unidos y a "la derecha" para aumentar la dosis de atrocidades, coartar las libertades, destruir los derechos de propiedad y establecer un régimen dictatorial de hecho.

¿Quién es el iluminado que expuso esta receta? Andrés López Obrador entrevistado, obsequiosamente como es habitual, por Carmen Aristegui.

Al menos, ya sabemos qué es lo que NO hay que hacer.

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domingo, 30 de septiembre de 2007

Comer gasolina

En Kansas los agricultores están felices ante la perspectiva de que las alzas en los precios de los granos continuarán; se ha iniciado la batalla por los acres de tierra y el problema es decidir entre trigo, maíz, sorgo o soya. En México los agricultores se siguen quejando, ¿por qué?

Es bastante ilógico que a los políticos mundiales pintados de verde (ecologistas) les entusiasme tanto el etanol como combustible alternativo, cuando es un energético mucho más ineficiente que el petróleo y cuando la ocurrencia de estimular su producción mediante subsidios ha trastornado el mercado mundial de los alimentos.

Si eso ya es bastante absurdo, lo que rebasa toda noción lógica es que ante un alza mundial en los precios de los alimentos, haya quien proponga – y lo haga- abaratar la gasolina en términos relativos. A menos que se trate de que empecemos a comer gasolina y gas licuado…

En cambio suena perfectamente lógico que ayer el diario The Wichita Eagle, de Wichita Kansas, anunciase: “2008, un buen año para ser cultivador de granos”. Lógico porque se trata de Kansas, que es un granero. Pero aún más lógico porque así funcionan los mercados libres: Si los precios del trigo van al alza, se siembra más trigo; si los precios de la soya también, se hacen cálculos para ver si conviene más sembrar soya que trigo, igual con el maíz y el sorgo. Los datos detrás de está lógica son sencillos: son los datos de la demanda y de la oferta (precios a futuro y reservas de granos), no las declaraciones alarmistas de los políticos. Conclusión: Tendremos precios caros de los alimentos para un buen rato.

Mientras esto sucede en Kansas, en México nuestros cultivadores de granos – al menos los que vociferan en los medios de comunicación- se quejan y piden más recursos gubernamentales: “¡El campo no aguanta más!”. ¿Por qué? Porque aquí no funcionan los mercados libres – nos enseñan a detestarlos desde la más tierna infancia- sino otra lógica, la de que obtiene más aceite (recursos públicos) la rueda que más chille. Conclusión: ¡A chillar que el presupuesto se va a repartir!

Porque nos encanta la patafísica – que es la generación de soluciones inviables para problemas inexistentes- debemos de ver como perfectamente lógico que si sube el trigo congelemos el precio de la gasolina. Más claro, ni el agua del drenaje profundo.

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