miércoles, 9 de enero de 2008

Francia y Alemania: ¿Educar para el fracaso?

Parecería que la receta educativa, aplicada por décadas en México mediante algunos textos escolares, para formar adultos fracasados, resentidos socialmente y atiborrados de mentiras ideológicas, está popularizándose en Francia y Alemania.

La siguiente frase (en “negritas” para que no pase desapercibida) pertenece a un libro de texto sobre la historia del siglo XX, en tres volúmenes, que tienen que memorizar los jóvenes para su examen de ingreso en algunas prestigiosas universidades de Francia:

“El crecimiento económico impone un modo de vida febril, produce exceso de trabajo, estrés, depresión nerviosa, enfermedades cardiovasculares y, de acuerdo con algunos, incluso puede provocar cáncer”.

Dice un libro de trabajo sobre la globalización que se utiliza en las escuelas alemanas:

“El llamado mundial a una mayor desregulación en realidad significa despojar de su vitalidad material a la moderna nación- Estado”.

Y pregunta un libro de matemáticas para 4° grado utilizado en Berlín:

“En 2004 un paquete de pan costó 40 centavos. Por el trigo que contenía el paquete de pan el agricultor recibió menos de 2 centavos, ¿qué piensas al respecto?”

Mientras que otro texto de bachillerato utilizado en Francia “enseña” lo siguiente:

“La globalización significa ‘la subyugación del mundo al mercado’, lo cual representa un verdadero peligro cultural”.

En Alemania, en un texto de décimo grado para ciencias sociales se dan consejos para combatir el desempleo, pero no vaya a creerse que se habla ahí de productividad, sino de cómo pueden organizarse los desempleados para hacer marchas y protestas “conforme con la tradición de Alemania del Este de los lunes de manifestaciones”.

¿Qué pasa en esos dos países europeos?, ¿se están preparando para ingresar al Tercer Mundo?, ¿habrá en el futuro legiones de vendedores ambulantes y de choferes de microbús, locutores de radio y hasta periodistas, eso sí con título universitario, deambulando por Francia y Alemania?, ¿habrá una competencia descarnada entre decenas de miles de políticos disputándose el poder a punta de diatribas ideológicas y fanáticas, mientras que esos países languidecen, porque ya nadie sabrá ni querrá generar riqueza, sino sólo pelearse las migajas de lo que hubo alguna vez?

Si usted, estimado lector, se ha quedado tan estupefacto como yo, le recomiendo el perturbador informe de Stefan Theil, editor de economía de Newsweek en Europa, publicado en Foreign Policy: “Europe’s Philosophy of Failure”

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martes, 24 de julio de 2007

No culpen a la tecnología por los bajos salarios

Muchos avances tecnológicos disminuyen más las necesidades de capital que las necesidades de mano de obra. Un ejemplo claro son los ahorros de capital derivados de las mejores tecnologías de transporte.


En un fascinante artículo el economista anglo-húngaro Anthony de Jasay demuestra que más que culpar al libre comercio y/o a los avances tecnológicos de los bajos salarios de la mano de obra en Europa, habría que volver los ojos hacia las políticas de protección laboral que han encarecido, quitándole flexibilidad, el factor trabajo.

El artículo de Jasay se llama “Low Pay”, Refelections from Europe y puede verse aquí. Me detengo sólo en un ejemplo, que se refiere a la relación entre avances tecnológicos y remuneraciones al trabajo.

Un avance tecnológico consiste en un novedoso acomodo de los factores y/o procesos de producción que incrementa la productividad: hacer lo mismo con menos insumos, hacer más con los mismos insumos o, aún mejor: hacer más con menos insumos.

Algunos avances tecnológicos espectaculares, como la automatización en una línea de ensamble, consisten en mecanizar tareas rutinarias que antes realizaba la mano de obra no calificada, incrementando el volumen producido por unidad de tiempo y disminuyendo los costos unitarios de producción. Es obvio que este tipo de avances desplaza, en un primer momento, mano de obra. De ahí que asociemos popularmente los avances tecnológicos con “ahorros de mano de obra” más que con “ahorros de capital”.

Sin embargo, muchos avances tecnológicos implican mayores ahorros de capital que de mano de obra. Aquí entra el ejemplo que ofrece Jasay: Si gracias a una mejor tecnología de transporte logro reducir el tiempo en tránsito de materias primas o de mercancías terminadas de tres semanas a una, y suponiendo que el costo de capital implícito equivale a 25 por ciento del precio final, esa mejora tecnológica implica una reducción de los costos de capital a sólo 8 por ciento del precio final. Lo que, a su vez, se traduce en una disminución de precios al consumidor, lo que propicia una mayor participación de mercado y, por las economías a escala, una mayor utilidad neta incluso con menores márgenes – utilidad de operación- por unidad producida.

Estas mejoras NO generan un descenso relativo en los salarios, sino – por el contrario- un mayor poder de compra para los consumidores.

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miércoles, 18 de julio de 2007

Y todo por no viajar…

Dejó dicho algún clásico anónimo que “los viajes ilustran”. Es verdad. Esa es la diferencia entre el actual jefe de gobierno de la ciudad de México y su antecesor; si éste último hubiese viajado un poquito fuera de la aldea, sabría que su sucesor calca la agenda dizque socialista del jefe de gobierno que padecen los españoles.

Dicen que el que no conoce a Dios dondequiera se anda hincando. Pues algo así: Quien no conoce a José Luis Rodriguez Zapatero o le hace carantoñas y homenajes que el sujeto no merece o le hace numeritos de protesta patéticos cuando – vistas las afinidades de confusionismo ideológico entre López y Zapatero- deberían haberle abrazado con efusión y gozo.

Ni modo, algunos políticos son como las tarifas públicas subsidiadas: No dan para más…

Más ilustrado por el turismo – aunque todavía no se entera de que Marco Polo no escribió ningún libro sobre sus viajes- Marcelo Ebrard ha copiado no pocas de las ocurrencias del socialismo confuso de Zapatero: matrimonio de homosexuales – por acá se llamaron sociedades de convivencia y, hay que reconocerlo, quedaron un poquito mejor que el modelo original-, legalización del aborto (que, atención, ya se anuncia en algunos vagones del metro junto con las academias de inglés y computación), muerte asistida (eufemismo de eutanasia) y hasta los dichosos “puntos” del nuevo reglamento de tránsito que habrán de servir – dicen- para sancionar severamente a los mequetrefes motorizados…Sí, ¿cómo no?

Una agenda no estrictamente socialista, sino entre verdecilla y buenas noches, que es lo que ha quedado en Europa a ciertos socialistas a quienes el famoso estado de bienestar les hace agua – fiscalmente hablando- por todos lados.

En contraste, la falta de turismo de López y de sus vasallos más aguerridos – cada día menos porque eso de “estar con Obrador” puede que sea “un honor” pero no deja utilidades- los llevó a comportarse con las visitas hispanas cual comadres agraviadas: “Que ésos ni se aparezcan por aquí porque les digo tres frescas”. Papelón.

¡A viajar ciudadano López, a sacar pasaporte y visa! O, si no se puede, a leer de vez en cuando algo de la sección de internacionales. A usted le falta turismo. Dicho sea con todo respeto; por supuesto.

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