jueves, 2 de abril de 2009

G-20: Lo que está en juego

El asunto más importante para el bienestar mundial – incluso para la paz del planeta- que tienen en sus manos los dirigentes del G-20 es evitar a toda costa que la crisis se convierta en el pretexto para dar marcha atrás al proceso de globalización comercial.

Un compromiso auténtico con la libertad comercial y una condena enérgica a las casi incontables prácticas proteccionistas es lo más importante que puede lograr la reunión del G-20.

La mala noticia es que hay muy pocas probabilidades de que así suceda.

Un ejemplo: Los desplantes de Nicolás Sarkozy (cito su declaración: “No seré socio de una cumbre que concluya con un comunicado de compromisos falsos que no aborden los temas que nos preocupan”) son una pésima señal. El gobierno de Francia (y en gran medida el de Alemania) parece llegar a la cumbre con una agenda no-cooperativa, más para consumo de sus electores en casa, en la que ostensiblemente NO está el libre comercio o la condena al proteccionismo comercial. Su agenda – “los temas que nos preocupan” – es enfrascarse en una discusión sin salida con Estados Unidos acerca del falso dilema entre programas de estímulo (gasto) a la demanda y nuevas regulaciones financieras de carácter global.

El libre comercio NO es un “tema” que agobie a Francia; por el contrario, la tradición secular de la política comercial francesa ha sido el proteccionismo.

Pero no son sólo los gobiernos de Francia o Alemania los que relegan el asunto del libre comercio. La mayoría de los líderes llegan a la cumbre con agendas marcadas por la necesidad de complacer, cada cual, a grupos de interés en sus respectivos países que, a su vez, forman parte de sus reductos electorales. Grupos de interés anclados en el proteccionismo.

Fue precisamente la interconexión entre economías emergentes y economías desarrolladas la que posibilitó un largo período de prosperidad y crecimiento del comercio mundial en las últimas décadas. En el proceso varias economías emergentes crecieron desempeñando el papel de exportadoras y acreedoras, en tanto que varias economías altamente industrializadas disfrutaron de financiamiento abundante y barato proveniente de sus contrapartes comerciales.

La opción de restablecer esa prosperidad es lo que podría tirarse por la borda en esta cumbre.

Por desgracia, la globalización no es irreversible. Ya en las primeras décadas del siglo pasado el mundo retrocedió en materia de libertad comercial y migratoria; ese retroceso fue una de las principales causas de las dos grandes guerras mundiales.

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miércoles, 9 de enero de 2008

Francia y Alemania: ¿Educar para el fracaso?

Parecería que la receta educativa, aplicada por décadas en México mediante algunos textos escolares, para formar adultos fracasados, resentidos socialmente y atiborrados de mentiras ideológicas, está popularizándose en Francia y Alemania.

La siguiente frase (en “negritas” para que no pase desapercibida) pertenece a un libro de texto sobre la historia del siglo XX, en tres volúmenes, que tienen que memorizar los jóvenes para su examen de ingreso en algunas prestigiosas universidades de Francia:

“El crecimiento económico impone un modo de vida febril, produce exceso de trabajo, estrés, depresión nerviosa, enfermedades cardiovasculares y, de acuerdo con algunos, incluso puede provocar cáncer”.

Dice un libro de trabajo sobre la globalización que se utiliza en las escuelas alemanas:

“El llamado mundial a una mayor desregulación en realidad significa despojar de su vitalidad material a la moderna nación- Estado”.

Y pregunta un libro de matemáticas para 4° grado utilizado en Berlín:

“En 2004 un paquete de pan costó 40 centavos. Por el trigo que contenía el paquete de pan el agricultor recibió menos de 2 centavos, ¿qué piensas al respecto?”

Mientras que otro texto de bachillerato utilizado en Francia “enseña” lo siguiente:

“La globalización significa ‘la subyugación del mundo al mercado’, lo cual representa un verdadero peligro cultural”.

En Alemania, en un texto de décimo grado para ciencias sociales se dan consejos para combatir el desempleo, pero no vaya a creerse que se habla ahí de productividad, sino de cómo pueden organizarse los desempleados para hacer marchas y protestas “conforme con la tradición de Alemania del Este de los lunes de manifestaciones”.

¿Qué pasa en esos dos países europeos?, ¿se están preparando para ingresar al Tercer Mundo?, ¿habrá en el futuro legiones de vendedores ambulantes y de choferes de microbús, locutores de radio y hasta periodistas, eso sí con título universitario, deambulando por Francia y Alemania?, ¿habrá una competencia descarnada entre decenas de miles de políticos disputándose el poder a punta de diatribas ideológicas y fanáticas, mientras que esos países languidecen, porque ya nadie sabrá ni querrá generar riqueza, sino sólo pelearse las migajas de lo que hubo alguna vez?

Si usted, estimado lector, se ha quedado tan estupefacto como yo, le recomiendo el perturbador informe de Stefan Theil, editor de economía de Newsweek en Europa, publicado en Foreign Policy: “Europe’s Philosophy of Failure”

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