miércoles, 5 de agosto de 2009

Ebrard y la congruencia

Tiene razón Fernando, un lector asiduo - ¡gracias! - de estas IDEAS AL VUELO, quien me envió un comentario sobre la incongruencia de Marcelo Ebrard pidiendo que se reconozca a Manuel Zelaya (que cambió la pijama por el sombrero de palurdo adinerado), cuando él sigue sin reconocer al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Estoy de acuerdo, pero no me toma por sorpresa: Ebrard en ese asunto y en muchos más navega con una incongruencia pasmosa. Otra vertiente del asunto del "reconocimiento" es la desfachatez con la que Ebrard y sus funcionarios se la pasan pidiendo dinero federal a los funcionarios de ese mismo gobierno al que no reconocen. Recuerdo en septiembre de 2007 a Ebrard despotricando en contra del IEPS (impuesto especial a la producción y los servicios) adicional que se propuso para la gasolina y que se iría directamente para los estados, mientras su secretario de finanzas, sentado a mi lado en una de las galerías de la Cámara de Diputados, seguía atento las votaciones y festejaba sin embozo cuando se aprobó el impuesto: de inmediato Mario Delgado, así se llama el personaje, tomó su celular y le marcó a Ebrard para darle jubiloso la noticia de que ese mismo impuesto contra el que decían estar en contra ¡sí se había aprobado!...y tendrían varios miles de millones de pesos más de dinero público para gastar. Incongruencia en pleno (y no sólo porque la cámara estaba reunida en pleno).

En fin, Fernando, eso de la congruencia no se les da mucho a los políticos, menos a los saltimbanquis, género al que pertenece el humilde y sencillo Ebrard.

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martes, 26 de mayo de 2009

Sarmiento exhibe a los "bendecidos por la suerte"

No tiene desperdicio el artículo de hoy de Sergio Sarmiento - se publica en "Reforma" y en varios diarios de México - acerca de lo "suertudos" que son algunos políticos mexicanos, tales como Demetrio Sodi - candidato al que la televisión le "regaló" una entrevista durante un partido de la semifinal del futbol mexicano, algo que, se supone, en tarifas "normales" costaría una fortuna y además está prohibido por la dichosa ley electoral- o como Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, que se ganó dos veces el premio mayor de la loteria...Cuando quiere, Sergio Sarmiento usa la ironía como los mejores...Ojalá lo hiciese más seguido y le perdiera el miedo a incomodar a los poderosos...

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miércoles, 29 de abril de 2009

Ebrard, agente patógeno y letal

Lo más grave del Síndrome de Aturdimiento Político Incurable (SAPI) es que los sujetos enfermos se convierten en agentes patógenos que dañan severamente a todos aquellos que tienen la desgracia de caer bajo su campo de acción. Dado que las acciones de estos enfermos incurables pueden tener consecuencias letales para la sociedad parece obligado su confinamiento en espacios aislados – de preferencia herméticos y con paredes acolchadas – para evitar no sólo que contagien a otros el síndrome, sino sobre todo los efectos socialmente destructivos que se derivan de su patología.

Ante el estupor que ha ocasionado la decisión atolondrada, inconsulta e impertinente, de Marcelo Ebrard decretando el cierre inmediato de restaurantes en la capital del país, pregunté el doctor Aníbal Basurto Corcuera si estábamos ante un caso grave de SAPI. He aquí la respuesta del acreditado investigador:

- “Sin duda, Marcelo Ebrard es un caso típico, de catálogo o de libro de texto, de aturdimiento político incurable, progresivo y letal para la sociedad. Además del peligro de que sujetos como el descrito contagien a los demás me refiero a los daños que estos entes patológicos y patógenos van sembrando a su paso”.

- “Como ya expliqué, el SAPI suele cursar con Politización Obstructiva Crónica (POC), en el caso que comentamos la obsesión y la compulsión política – lo que algunos llaman “sacarle raja electoral a todo”- llega a tal grado que obstruye el funcionamiento neuronal. El cerebro de estos desgraciados parece una tormenta de sinapsis neuronales erradas y vertiginosas; como chispazos continuos y cada vez más desorientados. Esto fue documentado por H. Brunner, F. Carsberg y T. Chávez en una investigación realizada en 2003 en el Instituto Neurológico de Vilna, Lituania”.

- “En el caso del señor Ebrard todo indica que el episodio desencadenante de la obstrucción cerebral fue la percepción de que no le estaba sacando provecho político-electoral a la grave epidemia de gripe porcina (o incluso la percepción de que otros podrían habérsele adelantado), lo que se tradujo en una orden interna desquiciada en alguna región de su cerebro: 'Hay que hacer algo, lo que sea: radical, espectacular, que nadie lo haya hecho antes'. Dado que estos pacientes han perdido contacto con la realidad (en la jerga decimos que se han deschavetado, en honor al gran neurólogo oaxaqueño Teófilo Chávez) esa ocurrencia imperiosa se vuelve un disparate letal. Así se gestó, a mi juicio, esta decisión unánimemente condenada porque es manifiestamente estúpida.”

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miércoles, 4 de junio de 2008

¡Toma tu consulta, Marcelo!

El martes pasado, el director de Pemex Exploración y Producción, Carlos Morales Gil, que sí sabe de lo que está hablando, le envió una clara respuesta a Marcelo Ebrard y a la troupe de López.

¿Una consulta popular sobre lo que necesita Pemex? Va la respuesta en tres frases que no tienen desperdicio:

1. "Sería irresponsable que asumiéramos que los problemas de la industria se pueden resolver por la buena voluntad colectiva."

2. "Si tenemos un Congreso elegido democráticamente no veo por qué la necesidad de consultar a nadie."

3. "Debemos tener claro que los problemas técnicos deben ser resueltos en base a las opiniones de los expertos, y confiando en el juicio de quienes elegimos para diseñar las leyes que rijan a este país"
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¿Es necesaria una reforma a fondo de Pemex?, esto es lo que dice Morales Gil:

"Como responsable de la subsidiaria que se encarga de descubrir y extraer las reservas de hidrocarburos de este país me permito reiterar: Pemex necesita la reforma, requerimos operar con mayor flexibilidad."


Y acerca de quienes creen, desde su poltrona en el Congreso o en un partido político – viviendo a costillas del prójimo-, que los desafíos de la industria petrolera son "enchílame otra", como bailar con quinceañeras en el Zócalo, Morales Gil dijo:

"Los mexicanos debemos comprender que la era del petróleo fácil terminó, que los retos que tenemos enfrente implican ser más efectivos, más eficientes y que tenemos que tomar decisiones basadas en criterios técnicos que beneficien a los mexicanos y no en criterios ideológicos que no benefician a nadie.

"Después de ser testigo del deterioro de las reservas durante más de 30 años, estoy convencido, que incursionar en aguas profundas no es un tema que deba ser sometido a elección, es una obligación, es una cuestión de responsabilidad con las nuevas generaciones."


¿Habrá forma de que el dueño de la troupe y sus acólitos entiendan esto?

Ahora, de parte de un lector amigo, una pregunta para una consulta popular sobre el gobierno del Distrito Federal:

¿Está usted de acuerdo que sólo en el Distrito Federal el costo de las obras públicas – sean viaductos, calles, segundos pisos o redes de alcantarillado – se mantenga en secreto, mientras que los gobiernos del resto de las entidades y el gobierno federal deben informar e informan puntualmente sobre dichos costos?

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domingo, 1 de junio de 2008

Ocurrencia deshonesta y estúpida

La ocurrencia de promover una "consulta popular" acerca de la reforma de Pemex es típica de Marcelo Ebrard y de la troupe de López: Es deshonesta y es estúpida.


¿Es pertinente una consulta popular acera de las reformas que requiere, o no requiere, Petróleos Mexicanos?

¿Qué van a preguntarnos?, ¿cómo manejar una empresa petrolera?, ¿si compartimos el irracional mito del becerro de chapapote?, ¿nos preguntarán qué quisieron decir los redactores originales de la Constitución y qué quisieron decir los enmendadores de la Constitución al hablar de Nación, contratos, concesiones, subsuelo y recursos?, ¿nos van a consultar, acaso, si es buena idea echarle agua al pesado petróleo Maya para convertirlo en crudo ligero y así venderlo más caro?

Para los asuntos técnicos de todo tipo relativos a Pemex – de ingeniería, de sistemas, de finanzas, de mercado, jurídicos, de administración- las respuestas se conocen y no son materia de opinión popular, como no es materia de opinión popular el hecho de que la tierra que cuenta con sistemas de riego es cuando menos tres veces más productiva que la tierra de temporal.

Desde la deliberada confusión entre el universo de las verdades incontrovertibles de carácter técnico y científico y el universo de las opiniones, los mitos y los prejuicios, Marcelo Ebrard y la troupe de López muestran su arraigada deshonestidad intelectual. La ciencia y los conocimientos técnicos no requieren, para serlo, de consulta popular; es perverso y estúpido pretender que la muchedumbre o el gobierno de la chusma defina lo que es la verdad. Si así fuese, seguiríamos creyendo que el sol gira alrededor de la tierra.

Y las opiniones – "doxa"- son irrelevantes en este asunto. ¿Qué vamos a opinar?, ¿si es bonito o feo el logotipo de Pemex?

Queda una última opción: Preguntar asuntos obvios, como si estamos de acuerdo con que se combata la corrupción en Pemex o reforzar ignorancias míticas: "¿Usted cree, como debe hacerlo todo buen mexicano, que Pemex es parte de nuestra esencia nacional?"

La ocurrencia de la consulta – como lo sabe cualquier persona medianamente inteligente y honesta - es una tomadura de pelo, una estratagema tramposa que sólo dañará al país elevando - ¡más todavía! – el ruido sin sentido que provocan los renegados de la racionalidad y de la modernidad.

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miércoles, 18 de julio de 2007

Y todo por no viajar…

Dejó dicho algún clásico anónimo que “los viajes ilustran”. Es verdad. Esa es la diferencia entre el actual jefe de gobierno de la ciudad de México y su antecesor; si éste último hubiese viajado un poquito fuera de la aldea, sabría que su sucesor calca la agenda dizque socialista del jefe de gobierno que padecen los españoles.

Dicen que el que no conoce a Dios dondequiera se anda hincando. Pues algo así: Quien no conoce a José Luis Rodriguez Zapatero o le hace carantoñas y homenajes que el sujeto no merece o le hace numeritos de protesta patéticos cuando – vistas las afinidades de confusionismo ideológico entre López y Zapatero- deberían haberle abrazado con efusión y gozo.

Ni modo, algunos políticos son como las tarifas públicas subsidiadas: No dan para más…

Más ilustrado por el turismo – aunque todavía no se entera de que Marco Polo no escribió ningún libro sobre sus viajes- Marcelo Ebrard ha copiado no pocas de las ocurrencias del socialismo confuso de Zapatero: matrimonio de homosexuales – por acá se llamaron sociedades de convivencia y, hay que reconocerlo, quedaron un poquito mejor que el modelo original-, legalización del aborto (que, atención, ya se anuncia en algunos vagones del metro junto con las academias de inglés y computación), muerte asistida (eufemismo de eutanasia) y hasta los dichosos “puntos” del nuevo reglamento de tránsito que habrán de servir – dicen- para sancionar severamente a los mequetrefes motorizados…Sí, ¿cómo no?

Una agenda no estrictamente socialista, sino entre verdecilla y buenas noches, que es lo que ha quedado en Europa a ciertos socialistas a quienes el famoso estado de bienestar les hace agua – fiscalmente hablando- por todos lados.

En contraste, la falta de turismo de López y de sus vasallos más aguerridos – cada día menos porque eso de “estar con Obrador” puede que sea “un honor” pero no deja utilidades- los llevó a comportarse con las visitas hispanas cual comadres agraviadas: “Que ésos ni se aparezcan por aquí porque les digo tres frescas”. Papelón.

¡A viajar ciudadano López, a sacar pasaporte y visa! O, si no se puede, a leer de vez en cuando algo de la sección de internacionales. A usted le falta turismo. Dicho sea con todo respeto; por supuesto.

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martes, 17 de julio de 2007

¿También se regresa en bicicleta?

Una de las tragedias del periodismo es que los seres humanos cuando hacemos cosas excepcionalmente buenas o excepcionalmente malas, las solemos hacer en lo secreto, sea porque somos unos buenazos o, caso contrario, porque somos malvados pero no tontos.

Todas las mañanas de los lunes primeros de mes el jefe de gobierno de la ciudad de México llega a su trabajo montado en una bicicleta. Para que no se nos vaya a olvidar la hazaña los medios de comunicación nos la recuerdan puntualmente. Hasta que se vuelva rutina y deje de ser noticia.

Lo que nunca he leído, ni leeré, es cómo regresa todas las noches de los primeros lunes de cada mes el señor jefe de gobierno a su casa: ¿También lo hace en bicicleta?, si es así, ¿por qué nadie nos deleita con la crónica de esa otra hazaña, aun más meritoria? Sería interesantísimo saber cómo le hace el funcionario para sortear los “encharcamientos” (eufemismo para inundaciones) y si cuenta con algún artilugio que le permita ver y ser visto por automovilistas y camioneros, toda vez que avenidas enteras de la ciudad, no se diga las modestas calles, permanecen en las noches con más de la mitad del alumbrado público apagado.

Todo esto lo digo porque me tocó ver, el lunes 2 de julio, los sufrimientos de un pobre ciclista nocturno en la calzada de Tlalpan, a quien su bonito casco con una lucecita intermitente de nada le servía, para ser visto por autos y camiones, y estuvo a punto de ser arrollado tres veces en menos de un minuto. Pensé que se trataba del señor jefe de gobierno…, pero no. Era un hombre común que tal vez regresaba, él sí, a su hogar en bicicleta. Me hubiese gustado preguntarle si lo hacia para combatir el calentamiento global o sólo por vulgar necesidad, pero no pude hacerlo: el pobre hombre estaba demasiado ocupado esquivando obstáculos y venciendo adversidades.

No hay que pensar mal. Tal vez Marcelo Ebrard sí se regrese a su casa por las noches – los primeros lunes de cada mes- montado en su bicicleta, pero prefiere hacerlo, de puro buenazo que es, en lo secreto y por lo oscurito (cortesía del estratégico sistema de oscurecimiento público de la ciudad) para no hacer alarde de virtud y mantenerse humilde y sencillito, como todos lo conocemos. ¿O no?

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domingo, 15 de julio de 2007

Las atroces metáforas colectivistas

No hay tal cosa como un “cuerpo místico de la ciudad de México” del cual el señor Ebrard pretende ser vocero, representante único, encarnación y dueño.

Hace unos días, con ese tono de agraviado permanente que tanto le gusta, el señor Marcelo Ebrard reclamó que cualquier observación a la inacción, omisiones o yerros del gobierno que encabeza constituye una afrenta a “los derechos de la ciudad”.

Hablar de “los derechos de la ciudad” es una de esas metáforas desafortunadas a las que son tan aficionados los políticos para los cuales las abstracciones colectivistas – el partido, el proletariado, la oligarquia, el país, la humanidad- son las únicas realidades existentes, sobrehumanas, que de vez en cuando se ven incordiadas por la aparición de unas deleznables criaturas de ficción que somos los seres humanos de carne y hueso, con nombre y apellidos. Por fortuna para tales políticos esas pequeñas impertinencias pueden ser ahuyentadas o eliminadas con un manotazo o con un ademán enérgico, como cuando un gigante se espanta un mosquito molesto.

Hablar de “los derechos de la ciudad” es una metáfora tan idiota como hablar de los sufrimientos de la ciudad, la alegría de la ciudad, el rostro de la ciudad. Sufren, gozan, tienen rostro y derechos inalienables las personas específicas, de carne y hueso. Una por una. Atribuir a la abstracción colectiva cualidades humanas es una patraña.

En su magnífica defensa de los derechos humanos específicos e inalienables frente a los ataques del terrorismo colectivista de ETA y de sus promotores explícitos e implícitos, el filósofo español (y vasco) Fernando Savater escribió “que los derechos humanos son siempre individuales…que tales derechos individuales no pueden estar supeditados ni a los más decentes proyectos políticos…que hablar de derechos ‘individuales o colectivos’ no es más que una reverencia a la razón de Estado…la cual sólo reconoce a los primeros mientras no interfieran con los segundos”.

Y más adelante: “El Estado (aquí podríamos poner nosotros ‘la ciudad’) no es un cuerpo místico en el que reina la comunión de los santos (capitalinos o chilangos) sino un tinglado institucional…cuyos administradores son tanto más buenos cuanto menos malos se les deja impunemente ser”.

Eludir como administrador público la responsabilidad personal escudándose en un colectivo ficticio, eso sí que es un agravio para cada ciudadano realmente existente.
¿Derechos de la ciudad? Patrañas, Marcelo, sólo patrañas.

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martes, 10 de julio de 2007

Luces direccionales y teoría de juegos

Algún estudioso de la ciencia política, de la economía o de las matemáticas debería diagramar, conforme a la teoría de juegos, el síndrome automovolísitico, típico de la ciudad de México, que consiste en evitar a toda costa que el conductor que indica su deseo de cambiar de carril – mediante las luces direccionales de su auto- pueda lograrlo.

Miles de conductores de vehículos en la ciudad de México parecen adiestrados con disciplina castrense en el arte de oponer férrea resistencia a los deseos previa y civilizadamente anunciados por otros conductores. Basta con que “A” manifieste, mediante las luces direccionales, su pretensión de cambiar de carril para que el conductor de junto, “B”, – advertido de la intención de “A”- se lo impida acelerando o frenando.

Esta conducta revela que para el conductor medio en la ciudad de México estar al mando de un automóvil es lo contrario de un juego cooperativo “ganar-ganar” y es lo más parecido a una guerra sin cuartel que suele terminar en “todos pierden”.

Tal parece que el conductor “B” abriga un profundo desprecio por alguien que como “A” avisa con anticipación sus intenciones. En su deteriorado cerebro “B” cavila: “Sólo un pelmazo revela en la jungla de asfalto sus intenciones a sus adversarios; este pelmazo – es decir “A”- merece ser castigado por despreciar la primer regla de esta guerra de guerrillas: sorprender y abusar”. Salvo casos excepcionales y patológicos, los conductores que como “A” reciben esa primera lección de cómo funcionan las cosas en la lucha diaria por los centímetros de asfalto, la asimilan, la aprenden y actúan en consecuencia: 1. Omitirán en el futuro el uso de las luces direccionales y 2. Impedirán a toda costa el paso a eventuales pelmazos que manifiesten su deseo de cambiar de carril: “¡Si lo quieres arrebátalo, jamás lo pidas!”.

Lo bonito de esta conducta típica es que reproduce fielmente la estrategia de algunos políticos para quienes toda cooperación es sinónimo de cobardía, afeminamiento y claudicación. Y ahí los tiene usted sentando cátedra, con el ejemplo, para beneficio de todos los guerrilleros motorizados: Marcelo advierte con vehemencia: “Aunque me inviten, jamás iré”. Andrés, el sumo pontífice, amenaza con el dedo flamígero: “Al infierno de los tibios deberán ir aquellos que negocien una reforma fiscal; estoy a punto de vomitarlos de mi boca”.

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martes, 19 de junio de 2007

Distrito Federal: ¿Libertad para injuriar?

¿Cuál es la frontera entre la injuria y la expresión de inconformidad por motivos políticos?

Una tarde de hace un par de semanas presencié estos hechos en la plaza central de la Ciudad de México, popularmente conocida como Zócalo. Un sujeto con un altavoz, y que se protegía bajo un improvisado tejado con propaganda de Andrés López Obrador, provocaba sin embozo a los soldados que estaban a punto de salir de Palacio Nacional para arriar la bandera.

Las excitativas de este sujeto consistían, entre otras cosas, en poner en duda la virilidad de los militares, en llamarles esbirros de un gobierno espurio y en, fin, en incitarlos a enfrentársele. Una provocación totalmente burda buscando, tal vez, ser víctima de una eventual “represión”.

A mí no me cabe duda que dicho sujeto, a quien ni siquiera un gendarme o alguna autoridad del gobierno de la ciudad le llamó la atención (y que, al parecer, todos los días hace el mismo numerito), violó plenamente, entre otras leyes y normas de elemental urbanidad, el artículo 24 de la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal que califica como “infracción contra la tranquilidad de las personas” en su fracción sexta el “incitar o provocar a reñir a uno o más personas”. Desde luego, las penas previstas para esa infracción son irrisorias, pero como todo lo demás, en esa ley de pacotilla, se sujeta a la discrecionalidad y al criterio de la autoridad cuya cabeza es el Jefe de Gobierno. Si el Jefe de Gobierno, supongo, o el policía de turno, consideran que las injurias a los militares no son injurias sino expresión libre de opiniones políticas en una plaza pública, no pasa nada.

Pero más allá de las leyes insignificantes (eso quiere decirse al calificarlas de “pacotilla”) llama poderosamente la atención cómo ha cundido, entre los fervientes seguidores de Andrés López, esta moda de condimentar el discurso político con injurias, o incluso de reducirlo a ellas. El malhadado “¡cállate, chachalaca!” por lo visto marcó la pauta.

Que una oposición política no tenga mejores recursos que la injuria es lamentable, pero más lamentable y grave es que la autoridad en la Ciudad de México parezca ver con buenos ojos – al dejarla impune- esta nueva modalidad de activismo político: injuriar, agredir, mentir.

Vaya, hemos avanzado una barbaridad. Debe ser la izquierda “posmoderna”.

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lunes, 18 de junio de 2007

Las leyes de pacotilla en el Distrito Federal

Las leyes liberales limitan los poderes del gobierno, las leyes propias de las dictaduras y de las camarillas sectarias le dan poderes omnímodos al gobernante. Son leyes de pacotilla para complacer a reyezuelos.


Habrá quien diga que las leyes y el gobierno del Distrito Federal son "liberales" en materia de manifestaciones públicas. Falso: el gobierno y las leyes locales en las que dice ampararse son profundamente autoritarios. La pésima manufactura de las leyes – específicamente de la Ley de Cultura Cívica- otorga una total discrecionalidad a las autoridades. A mayor poder discrecional menor libertad para los ciudadanos.

Véase la fracción II del artículo 25 que, aparentemente, prohíbe la obstrucción de la vía pública: Dice que es una "infracción contra la seguridad ciudadana…impedir o estorbar de cualquier forma el uso de la vía pública, la libertad de tránsito o de acción de las personas", pero inmediatamente después aclara: "siempre que no exista permiso, ni causa justificada para ello". La ley no define quién expide los "permisos" para obstruir la vía pública ni con qué criterios, pero eso no es lo peor sino lo que sigue: "Para estos efectos, se entenderá que existe causa justificada siempre que la obstrucción (…) sea inevitable y necesaria y no constituya en sí misma un fin sino un medio razonable de manifestación de las ideas, de asociación o de reunión pacífica".

¿Quién define que la obstrucción es "inevitable y necesaria"?, ¿quién decide que la obstrucción no es en sí misma el fin que persiguen los manifestantes sino un "medio razonable"?, ¿qué es "razonable" y quién determina lo que es y lo que no es "razonable"? El Jefe de Gobierno y nadie más.

Queda claro que los redactores de la ley gastaron muchas palabras para decir algo que cabe en una frase: "Lo que diga el Jefe de Gobierno que se puede hacer se permitirá y lo que diga el Jefe de Gobierno que no se puede hacer no se permitirá".

Esa ley de pacotilla se trata del típico decreto dictatorial que le otorga poderes omnímodos – ¡hasta el de conocer las inescrutables intenciones de las personas!- al jefe máximo. Los asambleístas la llenaron de palabrería, tal vez para justificar sus sueldos. En mayo de 2004 se la entregaron en charola de plata al jefe supremo de entonces, un tal Andrés López Obrador.

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