jueves, 18 de diciembre de 2008

¿Por qué Banxico NO debe bajar la tasa?

Una consecuencia no buscada de la ganga de dólares decretada por la Reserva Federal será que el euro, el peso mexicano, el real brasileño y el peso chileno, entre otras divisas, resultarán fortalecidas.
Como toda previsión en los tiempos que corren se trata de un pronóstico provisional, pero altamente probable. Basta observar – en el caso de Brasil, Chile y México- que las tasas de interés en cada uno de estos países han seguido una tendencia contraria a la de las tasas en los países desarrollados. Y basta considerar, para el caso del euro, la ortodoxia monetaria del presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, que contrasta con la entusiasta fiebre inflacionista de la Reserva Federal.
Si a esto sumamos los escalofriantes datos del balance de la propia Reserva Federal (es decir: la generación voluntarista de dólares mediante la imprenta) la previsión se refuerza.
En la víspera de que la burbuja de las hipotecas de baja calidad empezase a desinflarse, agosto de 2007, los dólares de que disponía la Reserva Federal sumaban $874.1 miles de millones; unos días antes de la debacle de Lehman, el 4 de septiembre de 2008, los “verdes” a disposición de la Reserva Federal sumaban ya $905.7 miles de millones. Hace una semana, 11 de diciembre, las “municiones verdes” del general Bernanke para su guerra contra la deflación (que al día de hoy es un fenómeno netamente imaginario) totalizaban más de $2.2 millones de millones. Un incremento de más de 153% en sólo 17 meses. Hay que decir, por cierto, que la tasa de crecimiento de las “municiones verdes” (dólares) es inversamente proporcional al poder de las mismas: mientras más billetes imprimes, menos significan y menos sirven.
A pesar de lo que digan los neo-neo-neo keynesianos, y de los deseos de los negociantes mercantilistas, para los mexicanos sería suicida que el Banco de México imitara al general Bernanke. Las tasas de interés reales preservan el poder adquisitivo de asalariados y pensionados, entre otros. Nada más y nada menos. No se trata de encarecer el peso, sino de evitar que el peso sea arrastrado por el dólar en la loca carrera hacia el fondo del abismo.

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domingo, 27 de enero de 2008

Otra vez, el miedo a la recesión

Insisto: No se trata de que la Reserva Federal de Estados Unidos esté aplicando un remedio insuficiente, está aplicando un remedio totalmente contraindicado. El miedo a la recesión es un pésimo consejero.

A diferencia de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo (BCE) decidió mantener las tasas de interés y su presidente, Jean Claude Trichet, declaró explícitamente que la preocupación de las autoridades monetarias de la zona euro es la inflación, no una eventual recesión.

En este sentido, el mandato único del BCE, la estabilidad de precios, le otorga a Europa una inmensa ventaja sobre Estados Unidos, país que padece en materia monetaria un arreglo disfuncional y sumamente riesgoso, el famoso "mandato dual": buscar a la vez combatir la inflación e impulsar la generación de empleos. Un doble objetivo contradictorio que tiene dos consecuencias graves: 1. Reduce la capacidad del banco central para ejercer una política monetaria eficaz y 2. Disminuye la autonomía de la autoridad monetaria frente a los avatares de la política electoral.

La crisis económica que se fue gestando en México a lo largo de 1993 y 1994 – y que estalló en diciembre de ese último año- es un buen ejemplo de cómo el miedo a la recesión y a sus secuelas (un miedo que se transforma en pánico perturbador, en la mente de algunos políticos, en época de elecciones) provoca decisiones catastróficas. Algunas decisiones que en su momento parecieron oportunas y hasta geniales – por ejemplo, la de impulsar el traslado de la deuda en Cetes a Tesobonos, nominados en dólares, a fines de marzo de 1994- tuvieron pésimas consecuencias, como imponer al banco central un mandato impertinente – el deslizamiento fijo del tipo de cambio- que le impedió ejercer a plenitud la política monetaria.

Vale la pena comparar las recientes intervenciones públicas del presidente de la Reserva Federal con las del presidente del BCE. Mientras el primero, Ben Bernanke, aparece alarmado por el espectro de la recesión pero no hace un diagnóstico de las causas últimas de las turbulencias, su contraparte europea, Jean Claude Trichet, ofrece un diagnóstico sistematizado y una clara "hoja de ruta" para corregir las causas del desajuste. El doctor Bernanke recetó un cambio en la escala del termómetro para ilusoriamente "bajar la fiebre". El doctor Trichet sabe, por el contrario, que la fiebre es sólo un síntoma.

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