martes, 21 de julio de 2009

Y ahora, ¿cómo salimos?

Es bueno que la Reserva Federal ya esté considerando las "estrategias de salida", una vez que lo peor de la recesión se supere y sea el momento de poner en orden el balance del banco central, apretar la política monetaria frente a los amagos de una espiral inflacionaria y restablecer las condiciones normales de operación.

Lo malo es que las "estrategias de salida" parten de varios supuestos que probablemente sean equivocados. Como, por ejemplo, que la política fiscal será lo suficientemente ágil - y responsable- para atacar de lleno el déficit en los próximos años o, por poner otro ejemplo de supuestos optimistas, que habrá agentes económicos ávidos de créditos que querrán aprovechar las oportunidades de una recuperación más o menos fuerte de la demanda.

Todo parece indicar que salir del atolladero será mucho más difícil.

Hoy Ben Bernanke escribe sobre ello en las páginas de opinión de The Wall Street Journal bajo el titulo "The Fed's exit strategy".

Nadie puede dudar de la capacidad y de los conocimientos técnicos de Bernanke, quien describe el arsenal de herramientas con el que contaría la Fed para "normalizar" las condiciones monetarias, pero todo el armazón intelectual de sus argumentos parte de la presunción de que sí ha funcionado eficazmente la política de relajación monetaria y que dicha política está empujando la recuperación. Hay serios motivos para dudar que las cosas estén siendo así. Es muy diferente "aliviar" de forma parcial las difíciles condiciones de los bancos que haber sacado a la demanda de su estado de postración. La Fed puede haber logrado lo primero, pero su política no ha sido determinante para lo segundo.

Lo que más bien ha estimulado la insólita relajación monetaria,como daño asociado, es la incipiente formación de nuevas burbujas especulativas, tanto en el mercado de las materias primas (ver precios del petróleo recuperando terreno de una forma que nada tiene que ver con un crecimiento de la demanda por energéticos originado en una reanimación del crecimiento económico mundial), como en las bolsas de valores. Al mismo tiempo, el oro y la plata se muestran fuertes, el dólar da señales de debilidad y crece la preocupación, no sólo en China, sobre el futuro de la divisa estadounidense como almacén de valor.

Bernanke prevé, cierto, que más temprano que tarde la actual relajación monetaria causará inflación, pero con un optimismo envidiable supone que la Fed detectará a tiempo las primeras señales de inflación, aplicará los remedios a tiempo (¡y sin traumatismos!) y dispondrá de abundantes herramientas para domesticar al monstruo. Sinceramente, no creo que tanta belleza sea posible, ¿usted sí?

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viernes, 17 de julio de 2009

¿Por qué bajan la tasa? Porque es el guión

La política monetaria como un ritual.

¿Cuántos nuevos proyectos productivos estimulará el descenso de la tasa de interés de referencia anunciado hace un momento por el Banco de México? Ninguno.

¿Empujará este descenso un alza en el índice de precios y cotizaciones de la bolsa de valores? No, si la bolsa sigue subiendo lo hará por otros factores, no por una decisión que prácticamente no tiene incidencia en la economía real (salvo la de enviar otro mensaje en contra del ahorro), que todos esperaban y que forma parte de un guión, previsible y aburrido.

¿Disminuirá la carga de la deuda de las familias o para las empresas? No, si acaso, y buscándole mucho, para algún deudor corporativo habría un alivio marginal, irrelevante.

Pero eso era lo que había que hacer, bajar la tasa otro poquito más y cumplir para que no se diga que el banco central en México no puso todo de su parte para mitigar la recesión global.

Los datos, sólo para el registro: La tasa de interés interbancaria a un día queda en 4.50 por ciento.

También sólo para el registro, algo que anota la Junta de Gobierno de Banxico en su comunicado:Hará una "pausa" - ¿que refresca?, je, je- "en el actual ciclo de relajación monetaria" y "las acciones futuras será congruentes con el balance de riesgos considerando tanto la evolución de la economía como una perspectiva clara del cumplimiento de la trayectoria de inflación y el logro de la meta del 3 por ciento a finales de 2010". Tan , tan.

Bueno, ya terminó el ritual. Vayámonos a trabajar.

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

Primero, restablecer los mercados

Una vez que se le haya puesto un piso a la crisis, lo más probable es que las políticas fiscal y monetaria de Estados Unidos, en el mediano y largo plazos, sean más restrictivas que en los primeros años del siglo.


Hay un poco más de claridad hoy que hace un par de semanas acerca de cómo se saldrá de la crisis en que está inmersa la economía global. Las pistas que ha dado el futuro presidente de Estados Unidos, a través de la formación de un equipo con excelentes credenciales en el frente económico, han contribuido a disipar algo de la niebla.
Sin embargo, los "osos" – mercados bursátiles a la baja – aún no desean irse a hibernar. Como indicadores de la confianza y de la certidumbre de una recuperación económica en el mediano y largo plazos, los mercados bursátiles permanecen cautelosos: aún pueden surgir cadáveres ocultos en los armarios – nuevos amagos de bancarrota en bancos y empresas emblemáticas – y existe la convicción de que no se ha puesto el "piso" definitivo al ajuste de la economía global.
El lunes la NBER (Agencia Nacional de Investigación Económica) oficializó la recesión. Por su parte, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, admitió que aunque el poder de la herramienta monetaria típica – descensos en las tasas de interés de referencia- es cada vez más limitado, al banco central le quedan otras armas en su inventario para contribuir a un restablecimiento de los mercados, como son las provisiones directas de liquidez al sistema y la compra de bonos del Tesoro de largo plazo en cantidades sustanciales para estimular la demanda agregada.
Pero el propio Bernanke dejó claro que estas son medidas de urgencia y no la política normal o deseable para el banco central. Una vez reestablecido el funcionamiento normal de los mercados, la Reserva Federal debe retomar como objetivo prioritario la estabilidad de precios.
Algo similar sucede en el campo fiscal. Lo que permiten anticipar los nombramientos que ha hecho Barack Obama en el frente económico es que, en el mediano plazo, se dará prioridad a la búsqueda del superávit presupuestario; la política fiscal será más restrictiva que en los desordenados ocho años de George W. Bush.
Reestablecer los mercados, no sustituirlos, es la prioridad. No hay que confundir las estrategias para superar la emergencia con las políticas de cambio estructural.

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domingo, 19 de octubre de 2008

Peleando la guerra equivocada

La crisis financiera global NO se resolverá con masivas inyecciones de liquidez, ni con una política monetaria laxa. Esta NO es la gran depresión. Olvídense de Keynes.


Anna Schwartz junto con Milton Friedman escribió la monumental Historia Monetaria de los Estados Unidos (1963) que explica ampliamente las causas monetarias de la gran depresión de los años 30. Hoy, a sus 92 años, Schwartz diagnostica con toda lucidez:

1. El actual apretón del crédito – “credit crunch”- no tiene su origen en una insuficiente liquidez; por el contrario, responde a una sustancial pérdida de confianza en los mercados financieros ocasionada por un exceso de liquidez y por políticas monetarias laxas.
2. Ben Bernanke y la Reserva Federal han hecho todo lo que debió hacer en la década de los 30 el banco central estadounidense para evitar la gran depresión; el problema es que NO estamos, en modo alguno, ante un fenómeno como el estallido de la burbuja especulativa de 1929. Ben Bernanke está peleando la guerra equivocada.
3. El original paquete de rescate de Henry Paulson – comprar los activos tóxicos con fondos gubernamentales- era un primer paso en el camino correcto para reestablecer el funcionamiento del sistema de precios en los circuitos financieros – y evitar una mayor parálisis del crédito-, pero insuficiente y lleno de dificultades.
4. La nueva propuesta de capitalización de las entidades financieras mediante fondos públicos busca reforzar esa estrategia, pero sutilmente se ha pasado de rescatar al sistema financiero a rescatar a los bancos, con todas las indeseables consecuencias de “riesgo moral” e intervencionismo en los mercados que ello conlleva.
5. Alan Greenspan, responsable de la relajación de la política monetaria a principios del milenio, tendrá que ofrecer, como epílogo a sus memorias, una mejor justificación para su error de juicio; no es satisfactorio decir que en 2001 no quedaba otro remedio que bajar las tasas de interés.
6. “Todo funciona mucho mejor cuando las malas decisiones son castigadas (por los mercados) y las buenas decisiones te hacen rico”.

La entrevista que le hizo Brian M. Carney a Anna Schwartz fue publicada este fin de semana por The Wall Street Journal y sin duda será uno de los documentos fundamentales para entender este etapa histórica y los errores de política económica que se están cometiendo en Estados Unidos y en el mundo.

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domingo, 12 de octubre de 2008

Lo que querían escuchar

“Querida familia: No cabe duda que esta crisis nos va a pegar y que nuestros ingresos se verán mermados. Por eso, vamos a gastar más”. Aplausos de la clase política que elogia con entusiasmo esta insensatez.


No sólo han sido días de tremendos sobresaltos en los mercados financieros, también han sido días para una borrachera demagógica en los medios de comunicación de la aldea. Los eternos objetores de la sensatez económica, de la ortodoxia fiscal y de la prudencia monetaria, dan por fin su beneplácito a un gobierno al que, sin razón alguna, habían calificado como “neoliberal” y afín a la libre competencia en los mercados.

De entre varios diagnósticos instantáneos de la “comentocracia” mexicana tomo uno como muestra de esta orgía de ignorancia económica y propaganda barata: El Ejecutivo “formuló un plan de acción inmediata, sorpresivo también por su contenido. Se trata de un programa explícitamente contracíclico (el propio Calderón usó la palabra, que es anatema para el credo liberal, mercadólatra, a que su gobierno estaba afiliado), es decir, que propuso aumentar el gasto público en vez de achicarlo como recomienda la ortodoxia” (Miguel Ángel Granados Chapa, hoy 12 de octubre).

Aunque Granados acierta, sorprendentemente, al calificar de heterodoxo lo que es insensato (que el gobierno proponga gastar más, cuando reconoce que sus ingresos se verán menguados), comete varios errores:

1. El gobierno de Felipe Calderón -por desgracia- no ha dado motivo alguno para que se le acuse, ayer u hoy, de haber estado afiliado al credo liberal,
2. No es novedoso el uso del adjetivo contracíclico, lo ha usado profusamente este gobierno, y en el mismo sentido que ahora, desde hace muchos meses y en multitud de ocasiones, y
3. En realidad también la ortodoxia fiscal usa el adjetivo de marras, pero en otro sentido: No hay mejor política contra cíclica que unas finanzas públicas en superávit o, al menos, en equilibrio.

En contraste, un político priísta independiente (poquísimos, pero los hay), Federico Berrueto, señaló hoy una verdad que resalta como una catedral: “…no hace mucho sentido eso de que nadie pagará costos. Quienes generan bienestar y empleo son las empresas, éstas empiezan a reducir planes y a padecer los embates de la crisis global. Una refinería o muchas carreteras o viviendas no dan para compensarlo. Los políticos viven del gobierno y eso les impide advertir, con oportunidad y precisión, lo que ocurre en el mundo real.”

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lunes, 22 de septiembre de 2008

"Yo, gobierno, te salvaré del desastre que fabriqué"

En el origen de la actual tormenta financiera global está la intervención del Estado enmendándole la plana a los mercados, al menos en dos asuntos clave: 1. Relajando la política monetaria con la engañosa finalidad de "reanimar" la economía y 2. Promoviendo el otorgamiento de préstamos hipotecarios en condiciones "blandas", no de mercado, con el filantrópico objetivo de facilitar el acceso a una vivienda propia a la población pobre en los Estados Unidos.



La actual crisis del sistema financiero en Estados Unidos no demuestra las presuntas fallas del mercado libre, sino el reiterado fracaso del intervencionismo gubernamental.

Hubo quien con toda oportunidad anticipó, tan temprano como en 2002, los peligros que hoy se han convertido en realidad. Un análisis de la revista Business Week ("The homes keep selling", 11 de marzo de 2002) preveía con gran perspicacia cómo la combinación de: (a): una política monetaria pretendidamente anti-recesiva instrumentada por la Reserva Federal con (b): el impulso dado por los gobiernos de Bill Clinton y George W. Bush al otorgamiento de créditos hipotecarios – avalados por el gobierno de Estados Unidos- en condiciones "blandas" para la población de escasos recursos, podía convertirse en la tormenta perfecta. Efectivamente: sucedió.

La venta de más de 900 mil nuevas casas tan sólo durante 2001 configuraba un boom de vivienda que crecería exuberantemente durante los siguientes años. Los ingredientes detrás de esa gigantesca burbuja fueron dos: 1. Dinero fácil, con tasas de interés negativas (la estrategia de Alan Greenspan para lograr un "aterrizaje suave" de la economía después del estallido de la burbuja de las acciones "punto com") y 2. Una decidida intervención gubernamental para que los bancos otorgasen cada vez más préstamos hipotecarios a sectores pobres de la población, préstamos en condiciones ventajosas frente a las que habrían prevalecido en el mercado comercial, gracias al aval implícito del gobierno en los valores emitidos, para fondear los créditos, por dos grandes hipotecarias: Fannie Mae y Freddie Mac. Instituciones clasificadas como empresas de patrocinio gubernamental (Government Sponsored Entreprise o GSE).

Los mercados no fallaron, fue otra vez el gobierno el que distorsionó los mercados y fabricó no sólo un fracaso, sino una gigantesca debacle.

Hoy, los políticos y el gobierno se presentan como los únicos que tienen la salvación… frente a un desastre que ellos crearon con gran esmero.

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domingo, 14 de septiembre de 2008

La Reserva Federal es la que va en la dirección errónea (21 de agosto)

Por increíble que parezca hay prestigiados economistas que parecen entender al revés el fenómeno inflacionario y proponen recetas que sólo agravarán el problema.


Salta a la vista que a lo largo de este año se ha ensanchado el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos; de igual forma, salta a la vista que este fenómeno se traduce en una mayor atracción de capitales hacia México y en una relativa apreciación del peso frente al dólar.

Hasta ahí todos estamos de acuerdo, se trata de hechos mensurables en los que están claras las relaciones causa-efecto. Los problemas empiezan cuando estos hechos se "interpretan" a partir de ideas preconcebidas o de prejuicios.

Cito un ejemplo: Un prestigiado economista escribe el 20 de agosto en un diario nacional interpretando el hecho como una muestra de que el Banco de México ha equivocado su política monetaria, al ir "contracorriente" de la Reserva Federal de los Estados Unidos, tesis que parece sustentar en la presunción de que un peso relativamente más fuerte que el dólar propiciará en México ¡una mayor inflación! (ver "Reflexiones. Contra la corriente" Mauricio González, periódico "Reforma", requiere suscripción).

Es un terrible error de interpretación. Al contrario de lo que supone el economista mencionado: Un peso relativamente fuerte, gracias a tasas de interés positivas y remuneradoras en pesos (frente a tasas de interés negativas en dólares), es la receta indicada para frenar la escalada inflacionaria y evitar, en la medida de lo posible, que las alzas que han experimentado a lo largo de los últimos 12 meses los precios de alimentos y energéticos contagien al resto del sistema de precios, aumentado la distorsión de los precios relativos y propiciando una ruinosa asignación de los recursos escasos.

Dicho en breve: quien está aplicando la política monetaria errónea no es el Banco de México, sino la Reserva Federal de los Estados Unidos (habría que leer con cuidado las advertencias al respecto que ha estado haciendo en solitario el presidente del banco de la Reserva Federal de Dallas, Richard Fisher), y lo está haciendo –aunque se considere "políticamente incorrecto" decirlo- por una simple y sencilla razón: nadie en la Reserva Federal desea que el futuro perdedor en la contienda presidencial, sea quien sea, culpe a una política monetaria restrictiva de su derrota.

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martes, 29 de julio de 2008

Los barriles vienen más flacos

En México, el petróleo ya no es lo que era. Los precios internacionales por las nubes, perfecto, pero nosotros producimos cada vez menos y consumimos cada vez más. Nuestra "vaca" petrolera da cada día menos "leche" y cuesta cada vez más mantenerla.


El anuncio de que el gobierno federal compraba 8,000 millones de dólares de las reservas para anticipar compromisos relativamente próximos y que, a consecuencia de ello, la Comisión de Cambios acordaba por unanimidad suspender indefinidamente las subastas programadas de dólares de las reservas (que iban a ser, ya no serán, de 40 millones diarios en el trimestre agosto-octubre), fue "leído" de inmediato por muchos, me incluyo, erróneamente. Pensamos a bote pronto que se trataba de una argucia maliciosa para detener la apreciación del peso. Doble error:

1. El gobierno no compra ni vende sus dólares en el mercado abierto, que es el que determina la cotización del dólar, sino que le vende sus dólares – abrumadoramente los que recibe por exportaciones de petróleo- a las reservas del Banco de México y recibe los pesos correspondientes (a la cotización que no determinan ni el gobierno ni el banco central, sino el mercado abierto); y cuando necesita dólares, para importar gasolina por ejemplo, se los compra a las reservas del banco central, por lo tanto la compra de los 8,000 millones es irrelevante para la cotización del dólar. (Otra cosa es cierto efecto psicológico en la paridad por la percepción errónea; pero la intuición a bote pronto no da para mucho). Tampoco debe preocupar la irrupción de esos pesos (los erogados para comprar los dólares) en términos de presiones inflacionarias, porque el banco central los esterilizará mediante la colocación de bonos.

2. Si en vez de hacer interpretaciones instantáneas hubiésemos visto la evolución de la balanza comercial de hidrocarburos – la leche (petróleo) que exportamos y alimenta a las reservas de divisas y el queso (combustibles) que importamos y que enflaca a las reservas de divisas- entenderíamos que en buena medida la decisión de comprar los dólares por anticipado obedece a que los barriles de petróleo cada vez vienen más flacos. La vaca da menos leche y come cada vez más queso y más caro.

Ante esto, la farsa que promovió Marcelo Ebrard (entre otros) con nuestro dinero no sólo fue vana, sino estúpida.

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miércoles, 23 de julio de 2008

Temeridad y exceso de liquidez

De una manera simplista se dice que condiciones monetarias laxas, que generan un exceso de liquidez en los mercados, alimentan el optimismo. Error: No es el optimismo el que crece, sino la temeridad inconsciente y la mala asignación de recursos.


¿El exceso de liquidez disminuye la aversión al riesgo? No exactamente, el exceso de liquidez distorsiona la percepción de los riesgos. Nuestra aversión a sufrir pérdidas permanece más o menos constante a lo largo de la historia, lo que cambia con el dinero fácil – generalmente auspiciado por bancos centrales puestos al servicio de la política, o por gobiernos irresponsables- es nuestra percepción de lo que es riesgoso y de lo que no lo es. Y cambia, desde luego, para mal.

Así, nos volvemos temerarios sin saber siquiera que lo estamos siendo.

Por eso, dos condiciones imprescindibles para el ideal funcionamiento de un sistema democrático es que las políticas monetaria y fiscal sean inmunes a las solicitaciones de la política electoral. He dicho "ideal" porque salta a la vista que muy pocos países, si acaso alguno, disfrutan de instituciones monetarias y fiscales totalmente ajenas a las presiones de los políticos.

Si nos vamos al extremo contrario al "ideal" tenemos a la mano varios ejemplos de cómo gobiernos venales promueven deliberadamente percepciones distorsionadas mediante el mal uso de los recursos públicos.

Un caso particularmente indignante es el montaje que ha hecho el gobierno del Distrito Federal para satisfacer el capricho de algún aspirante a dictador con la mal llamada "consulta energética". Estas aberraciones – desperdiciar los recursos públicos para engañar a la sociedad y rendirle pleitesía a un farsante- sólo son posibles cuando la política fiscal – en este caso, el uso del presupuesto del gobierno de la ciudad de México- se ha pervertido de raíz.

Alejándonos de ese ejemplo aldeano (que sólo merece atención por el monumental cinismo de quienes ejecutan y promueven la farsa) pensemos en la multitud de percepciones distorsionadas que ocasiona la política monetaria relajada que ha llevado a cabo la Reserva Federal de Estados Unidos desde 2001. Tales percepciones falsas – esquemáticamente: "no ver el riesgo escondido tras la falsa abundancia de un exceso de liquidez"- condujeron a cientos de decisiones erróneas, temeridades inconscientes que hoy está pagando la economía mundial. Las malas políticas fiscales y monetarias tienden, así, a privatizar los beneficios y socializar los daños.

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Cinco factores de turbulencia

Hoy día la economía de las familias, de las empresas y de los países se ve afectada, en todo el mundo, por cinco "choques" que han alterado las condiciones de precios y de producción. Conviene conocer estos cinco factores de turbulencia y las respuestas previsibles que adoptará la economía mundial para enfrentarlos.


Los economistas suelen definir un "choque" como un evento inesperado que afecta, en términos micro, a las familias y a las empresas y, en términos macro, a la inflación y al crecimiento económico.

Hoy día coinciden en el horizonte de la economía mundial cinco "choques" que son otros tantos factores de turbulencia (para la exposición de estos "choques" sigo el esquema de una presentación del Banco de la Reserva de Nueva Zelanda; sin embargo el análisis de las causas últimas detrás de estos cinco factores es responsabilidad mía, no del RBNZ).

1. El alza en los precios del petróleo.
2. El más generalizado "boom" de los precios de alimentos y de otras materias primas.
3. El "boom" global y sincronizado del mercado de vivienda en el mundo.
4. Una caída del ahorro y un aumento del consumo de los hogares en las economías desarrolladas, y
5. Los esfuerzos globales para mitigar los efectos del cambio climático.


Cada uno de estos factores genera sus propios efectos a la vez que influyen en los otros cuatro. Y en cada uno de ellos ha jugado un papel decisivo, aunque no exclusivo, un periodo de extraordinaria liquidez mundial – alentado por una política monetaria relajada -, así como el extraordinario crecimiento económico de China y, en menor medida, de la India y de otras economías en desarrollo.

En el futuro inmediato son previsibles varias respuestas ante estos factores de turbulencia; respuestas que incidirán en la economía de los hogares, de las empresas y de las naciones. Por ejemplo: Disminución de la demanda de hidrocarburos; endurecimiento de la política monetaria; caída del valor de activos inmobiliarios; retracción del crecimiento económico mundial; regreso a las tasas de interés positivas en dólares; corrección forzosa de la caída del ahorro de los hogares en economías desarrolladas; revisión de postulados – y esquemas- del llamado "estado de bienestar" y énfasis en la productividad a través del cambio tecnológico y de la inversión en capital humano (educación y salud).

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viernes, 18 de julio de 2008

¿Por qué suben las tasas de interés?

El banco central sigue al mercado y el mercado está anticipando, con acierto, que debemos decirle adiós a la larga temporada de dinero barato en todo el mundo. Es probable que en las próximas semanas veamos una o dos alzas más.

Hoy a las 9 de la mañana se confirmó una nueva alza, de un cuarto de punto porcentual, en la tasa de referencia que establece la junta de gobierno del Banco de México. El alza estaba cantada desde la subasta de Cetes del martes cuando la tasa primaria a 28 días subió 22 puntos base. Lo que nos están diciendo las alzas en las tasas de interés en prácticamente todo el mundo – salvo en Estados Unidos, donde la Reserva Federal parece políticamente maniatada hasta las elecciones- es que la inflación es la más grave amenaza que se cierne sobre la economía mundial.

Dejemos de lado, por ahora, la discusión de si se trata de alzas de precios en alimentos y energéticos dictadas exclusivamente por choques de oferta (oferta insuficiente) o si se trata, también, de una oleada inflacionaria alimentada desde 2001 por una larga temporada de política monetaria complaciente, impulsada sobre todo, aunque no exclusivamente, por la Reserva Federal.

Sea cual fuese la causa, la manera inmediata de enfrentar esta oleada de alzas y evitar que se propaguen es endurecer la política monetaria o, para ser exactos, abandonar la complacencia del dinero barato y las tasas de interés negativas.

Es evidente que se trata de una receta antipática para los políticos que han prometido generar empleos e impulsar el crecimiento. Tampoco es una receta que genere simpatías entre empresas y deudores. Pero es una receta de aplicación indispensable. Si el dinero se vuelve escaso más nos vale atraerlo y retenerlo con rendimientos atractivos (reales).

No se trata de que los "perversos monetaristas" conspiren contra el crecimiento. Nada más desacreditado por la experiencia que ese falso dilema entre inflación y crecimiento, entre inflación y empleo.

Se trata de que cualquier crecimiento será falaz y terminará en una profunda depresión si dejamos suelto al demonio inflacionario. Recordemos la terrible perturbación en los precios relativos que provoca la inflación y, con ella, la tremenda sensación de injusticia por la desastrosa asignación de recursos que genera ese desquiciamiento de los precios relativos.

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miércoles, 16 de julio de 2008

Los balbuceos de la Reserva Federal

Las declaraciones de ayer del presidente de la Reserva Federal podrían traducirse así: "La crisis ya me rebasó, no sé qué hacer y recen para que las cosas no se pongan peor antes de las elecciones".



Ben Bernanke debe estar pidiendo al cielo un milagro inusitado: Que el mundo se paralice por completo desde hoy hasta el miércoles 5 de noviembre. Lo que sea con tal de no afrontar, en plena campaña electoral, la que debería ser la tarea prioritaria de un banco central ante la inflación: Aplicar una política monetaria restrictiva.

Debe ser muy triste para un presidente de la Reserva Federal verse obligado a formular perogrulladas insustanciales como lo hizo Bernanke ayer ante la comisión de bancos del Senado:

"Evaluar exactamente y equilibrar adecuadamente los riesgos al panorama del crecimiento y la inflación es un desafío significativo para los responsables de la política monetaria"

Se antoja preguntar al atribulado banquero central: ¿Y cómo para cuándo, señor Bernanke, terminarán usted y sus colegas de la Fed con ese "significativo desafío" de evaluar y equilibrar riesgos y harán su tarea?

A los dos verbos – evaluar y equilibrar – Bernanke los reprende con dos adverbios "exactamente" y "adecuadamente". Es una antiquísima fórmula para hablar mucho sin decir nada.

El desastre detrás de estos balbuceos tiene su origen en el esquizofrénico mandato que los políticos le endilgaron a la Reserva Federal, ya que el banco central estadounidense se supone que tiene al mismo tiempo que combatir la inflación y propagarla mediante políticas monetarias laxas.

Hace casi 101 años, en 1907, Estados Unidos superó un terrible pánico financiero, con sus secuelas de corridas bancarias y demás, sin intervención alguna de la Reserva Federal, ya que la Reserva Federal no existía. Y la economía cumplió su penitencia: Hubo una caída del crecimiento en 1908, pero la economía se recuperó - más sana y un poquito más sabia- para 1909.

Años después, en 1913, los políticos crearon la Reserva Federal invocando la crisis de 1907. Así es la lógica de los políticos: si el mercado pudo resolver solo sus problemas es el momento de impedírselo, creando una instancia gubernamental que cause problemas.

Hoy, ante los balbuceos de la Fed tal vez algún sarcástico pregunte: Aparte de para complacer a los políticos y generar crisis con la expansión voluntariosa del crédito, ¿para qué sirve la Reserva Federal?

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martes, 18 de marzo de 2008

Pedagogía de la irresponsabilidad

Con singular denuedo, la Reserva Federal de los Estados Unidos sigue insuflando tres cosas en los mercados: miedo, irresponsabilidad e inflación.


A estas alturas de la crisis en los mercados financieros internacionales ya quedaron en claro varias cosas:

1. Las autoridades financieras internacionales parecen mucho más asustadas que los mercados. La primeras ya entraron en pánico, mientras los mercados siguen sólo nerviosos.

2. Las autoridades financieras le tienen más miedo a una recesión que a los demonios inflacionarios; por eso, paradójicamente, están haciendo todo lo necesario para que el inevitable ajuste recesivo sea más severo y prolongado en la medida que la política monetaria tendrá que lidiar además con una espiral inflacionaria, alimentada por el miedo a la recesión.

3. Las autoridades financieras tienen una profunda desconfianza en la eficacia de los mecanismos naturales de ajuste que poseen los mercados. Según ellas están "protegiendo" a los mercados, pero en realidad los están dejando sin capacidad de respuesta.

4. La participación de la Reserva Federal en el "rescate" de Bearn Stearns ha enviado el peor mensaje; "Mientras podamos – y podemos poco – vamos a evitar que personas e instituciones asuman las consecuencias de sus decisiones erróneas. Nuestra idea del mercado deseable es aquél en el que no existen pérdidas y en el que la irresponsabilidad es recompensada; esto es: nuestra idea del mercado perfecto es la de un mercado que no funciona".

5. Dado el pánico a la recesión que manifiestan las autoridades monetarias de los Estados Unidos – y de Europa y, en gran medida, también los organismos financieros internacionales-, puede pronosticarse con certeza que, antes de superar la crisis, tendremos altas tasas de interés y una severa restricción crediticia.

6. No sabemos la magnitud de los daños que han causado las políticas monetarias laxas del pasado reciente, pero sabemos con certeza que la actual política monetaria – dictada por el pánico a la recesión- tendrá efectos devastadores. No podemos controlar el incendio, pero confiamos en que arrojarle más gasolina contribuirá a extenderlo y prolongarlo.

7. Buena parte de la economía real – no financiera- en el mundo está funcionando aceptablemente, pero las autoridades monetarias de los Estados Unidos no pierden la esperanza de que una crisis en el mercado hipotecario se convierta en una tremenda crisis global. Están trabajando en ello.

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domingo, 27 de enero de 2008

Otra vez, el miedo a la recesión

Insisto: No se trata de que la Reserva Federal de Estados Unidos esté aplicando un remedio insuficiente, está aplicando un remedio totalmente contraindicado. El miedo a la recesión es un pésimo consejero.

A diferencia de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo (BCE) decidió mantener las tasas de interés y su presidente, Jean Claude Trichet, declaró explícitamente que la preocupación de las autoridades monetarias de la zona euro es la inflación, no una eventual recesión.

En este sentido, el mandato único del BCE, la estabilidad de precios, le otorga a Europa una inmensa ventaja sobre Estados Unidos, país que padece en materia monetaria un arreglo disfuncional y sumamente riesgoso, el famoso "mandato dual": buscar a la vez combatir la inflación e impulsar la generación de empleos. Un doble objetivo contradictorio que tiene dos consecuencias graves: 1. Reduce la capacidad del banco central para ejercer una política monetaria eficaz y 2. Disminuye la autonomía de la autoridad monetaria frente a los avatares de la política electoral.

La crisis económica que se fue gestando en México a lo largo de 1993 y 1994 – y que estalló en diciembre de ese último año- es un buen ejemplo de cómo el miedo a la recesión y a sus secuelas (un miedo que se transforma en pánico perturbador, en la mente de algunos políticos, en época de elecciones) provoca decisiones catastróficas. Algunas decisiones que en su momento parecieron oportunas y hasta geniales – por ejemplo, la de impulsar el traslado de la deuda en Cetes a Tesobonos, nominados en dólares, a fines de marzo de 1994- tuvieron pésimas consecuencias, como imponer al banco central un mandato impertinente – el deslizamiento fijo del tipo de cambio- que le impedió ejercer a plenitud la política monetaria.

Vale la pena comparar las recientes intervenciones públicas del presidente de la Reserva Federal con las del presidente del BCE. Mientras el primero, Ben Bernanke, aparece alarmado por el espectro de la recesión pero no hace un diagnóstico de las causas últimas de las turbulencias, su contraparte europea, Jean Claude Trichet, ofrece un diagnóstico sistematizado y una clara "hoja de ruta" para corregir las causas del desajuste. El doctor Bernanke recetó un cambio en la escala del termómetro para ilusoriamente "bajar la fiebre". El doctor Trichet sabe, por el contrario, que la fiebre es sólo un síntoma.

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miércoles, 3 de octubre de 2007

¿Inflación o una escalada de sandeces?

Un amigo mío decía que él abandonaba de inmediato cualquier reunión de trabajo apenas el medidor de estupideces amenazaba con ponerse al rojo vivo. De haber sido diputado o senador jamás habría permanecido en la sala.


Debo agradecer al diputado Juan Nicasio Guerra, del PRD, haberme incitado a investigar la reciente evolución de los precios al consumidor en México: La apretada colección de disparates que dijo ayer en la Cámara sobre el asunto (calculo que decía tres mentiras gordas, dos despropósitos y una majadería por cada frase) fueron una invitación irresistible a buscar algo de verdad tras haber escuchado tantos embustes.

Bien, demos las gracias al diputado Guerra y vayamos a las cosas serias que no entiende o no quiere entender ese tribuno.

1. ¿Sabe usted cuál precio creció más en México durante los primeros quince días de septiembre? El del jitomate, casi 32% en tan sólo quince días. ¿Qué horror? No, comparado con su precio de un año antes el precio actual del jitomate es casi el mismo. ¿La causa? Estacionalidad de las cosechas. Cayó la oferta en septiembre.

2. ¿Sabe usted que solamente los aumentos de precios de frutas y verduras (0.246 puntos porcentuales) sumados a los aumentos en las colegiaturas ( 0.202 puntos porcentuales) explican el 72% de toda la "inflación de la primera quincena de septiembre" (0.622 puntos porcentuales) que reportó el Banco de México?, ¿la causa? Otra vez, estacionalidad por las cosechas y por el inicio del ciclo escolar.

3. ¿Sabía usted que mientras en México la "inflación anual en el rubro de alimentos", agosto de 2007 contra agosto de 2006, fue de 7.1 por ciento, en Uruguay fue de 20.3 por ciento, en China de 18.2 por ciento, en Chile de 13 por ciento y en Argentina – donde miden con trampa la inflación- dicen que fue de 12.3 por ciento?, ¿escalada de precios en México? No, escalada de sandeces con las que hacen propaganda los políticos.

La inflación – que NO es lo mismo que el alza fuerte de un precio- es un fenómeno de origen monetario. Esquemáticamente: si hay mucho dinero y pocos bienes, los precios suben y el poder adquisitivo (valor) del dinero baja.

La inflación de sandeces funciona parecido: Cuando hay mucha ambición política y pocas neuronas para darle servicio a la ambición se produce una escalada de estupideces.

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