jueves, 28 de mayo de 2009

¿Cómo empezó esto? (VII y fin)

En anteriores entregas comenté acerca de los factores originarios de la crisis: 1. Políticas públicas que propiciaron el otorgamiento de créditos hipotecarios sin colaterales suficientemente sólidos, verbigracia: hipotecas de baja calidad; 2. Regulación deficiente (no confundir con insuficiente) con incentivos mal alineados, perversos, para los reguladores y para las instituciones calificadoras de valores; 3. Una “zona gris” de actividades financieras que, aun funcionando para efectos prácticos como entidades de crédito (generadoras indirectas de dinero por la vía del apalancamiento), no fueron reguladas y supervisadas como bancos, porque jurídicamente no clasificaban como tales.

Todo ello generó, además, prácticas financieras absurdas o ruinosas de las que ofrecí algunos ejemplos. Estas prácticas obedecen a un deficiente gobierno corporativo plagado de incentivos erróneos que estimulan conductas contraproducentes de administradores y ejecutivos.

Hasta aquí la crisis financiera, acotada en gran medida a los Estados Unidos. Pero como mi amigo previó desde fines de 2007 tal crisis tenía el potencial de propagarse geográficamente y de agravarse si, como consecuencia de la misma, se generaba una contracción severa del crédito. Si el estallido de una burbuja de expansión inusitada del crédito se traducía en un movimiento
del péndulo hacia el extremo contrario: el “credit crunch”, acompañado de un desplome de la confianza.

Una gestión desastrosa de la crisis propició que ese escenario – el peor- se materializase durante 2008. La propagación de la crisis no era, a fines de 2007, un evento inexorable, sino probable.

La mala gestión de la crisis (voluntarismo para evitar que la burbuja estallase del todo) hizo posible su transmisión en dos vertientes: 1. Hacia la economía real o no financiera que había permanecido más o menos incólume durante 2007, y 2. Hacia prácticamente todas las economías del planeta.

El primer contagio se tradujo en una caída severa de la demanda (recesión) que era, paradójicamente, el episodio que las autoridades financieras habían luchado por evitar. Tal miedo a la recesión – teniendo en el horizonte unas elecciones presidenciales en Estados Unidos – explica el afán para insuflar artificialmente “aire” a la burbuja y tratar de posponer su estallido final. Esta negación a reconocer las pérdidas, los daños y los errores agravó y propagó la crisis.

Para el caso de México, dada la estrecha integración de la industria manufacturera con la de Estados Unidos, la caída de la demanda ha sido el factor detonante de la recesión importada, cuyas manifestaciones estamos viviendo con un atraso de uno o dos trimestres.

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jueves, 14 de mayo de 2009

El enigma de la recuperación

La econometría es una herramienta más en la lucha de los economistas por entender la realidad de la que se ocupan – que no es otra que discernir cuáles asignaciones de recursos resultan más o menos eficientes, entre varias opciones, para enfrentar la escasez- e incluso, para algunos optimistas incorregibles, la econometría podría ser útil para elaborar pronósticos acertados.

Esto último es mero abuso de la econometría. Es ponerle numeritos a los horóscopos. Una variante del “wishful thinking”, ensoñación que el diccionario Webster describe así: the attribution of reality to what one wishes to be true or the tenuous justification of what one wants to believe

Hay indicios de que los mercados mundiales creen que lo peor del golpe recesivo ya pasó. Los mercados – que no son otra cosa que personas de carne y hueso arriesgando recursos propios- suelen ser más acertados que los econometristas de laboratorio y mucho más certeros que los profetas interesados en que la realidad se ajuste a sus cartabones ideológicos.

La economía, comparada con otras ciencias, tiene pocas certezas que ofrecer. En el terreno de las disciplinas que estudian la conducta humana, con el auxilio de herramientas matemáticas y a través de métodos más o menos experimentales, terreno al que pertenece la economía, el principio de incertidumbre del físico Werner Heisenberger (enunciado en 1927) se vuelve algo así como el principio de lo incognoscible.

Sabemos que habrá recuperación, sospechamos, gracias a los mercados y a un puñado de indicadores – digamos la venta de nuevas casas en Estados Unidos –, que ya se “tocó piso” o casi, pero no sabemos mucho más. Ponerle numeritos a esas u otras conjeturas podrá ser, en todo caso, un juego divertido o una estratagema para defender o atacar a tal o cual gobierno, a tal o cual ideología, a tal o cual creencia, pero nada tiene que ver con la ciencia.

Mucho menos hemos logrado, en economía, dilucidar con exactitud la cadena de causas y efectos detrás de las recuperaciones.

Cuando se verifique el repunte de la actividad económica en Estados Unidos no sabremos a ciencia cierta si fue por las carretadas de dinero público o porque alguien atinó a las palabras que hicieron recobrar la confianza o simplemente porque millones de personas siguieron trabajando, se ajustaron el cinturón, aceptaron pérdidas y se levantaron…

Es la “ciencia” de muchos enigmas no resueltos. Por lo pronto, hay indicios de recuperación y la mayor parte de las carretadas de dinero público aún no se ejercen…Tal vez lo más honesto sería ahorrarle todo ese dinero a los sufridos contribuyentes.

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martes, 28 de octubre de 2008

La carga que nos han puesto encima

¿Por qué los rescates gubernamentales acabarán magnificando y prolongando la recesión?

¿Qué han sembrado el Tesoro, la Reserva Federal y el Congreso de los Estados Unidos en las últimas semanas, con todos sus paquetes de rescate financiero y de supuesto estímulo económico? Una recesión cada vez más profunda y cada vez más prolongada, que se aderezará con alzas de impuestos, presiones inflacionarias y mayor intervencionismo gubernamental; lo que destruirá riqueza en lugar de generarla.

En un lúcido ensayo publicado por The Wall Street Journal el economista Arthur Laffer analiza sin piedad los terribles errores de política fiscal y política monetaria cometidos, que habrán de provocar largos años de estancamiento o de retroceso económico global (Ver vínculo en el comentario de abajo).

Ningún gobierno produce riqueza. Cada dólar destinado a paliar los sufrimientos de un sistema financiero atribulado es pagado – hoy o mañana- por un sector de la economía que sí es productivo, más los costos adicionales para la gestión burocrática de los rescates, digamos, conservadoramente, un 30% adicional.

Pagaremos hasta el último centavo ya sea en forma de impuestos más altos que inhibirán la actividad productiva, ya sea en forma de inflación, que también inhibe o incluso destroza la actividad productiva o, lo más probable, con una diabólica combinación de ambas: Inflación y cargas fiscales exacerbadas.

Eso es lo que anticipan los mercados de valores en el mundo. Ni George W. Bush, ni Henry Paulson, ni Ben Bernanke, ni Nancy Pelosi, ni Harry Reid, ni Barack Obama, ni John Mc Cain producen la riqueza de la que tan alegremente han dispuesto o esperan disponer. La han tomado y la tomarán de quienes sí la producen, con lo que extinguirán el crecimiento. Para tener tanto miedo a la recesión se han empleado de veras a fondo para hacer que sea más larga y profunda.

La versión local de este desastre no es diferente. Ponga usted, para el caso de México, los nombres de los políticos que están dispuestos a todo – por ejemplo, a generar un abultado déficit fiscal- con tal de que la recesión no incomode sus apuestas electorales de 2009. Los hay de todos los partidos, los hay en el gobierno y en el Congreso y en los gobiernos locales; incluso los hay fuera del presupuesto, pero ávidos de hincarle el diente a los recursos que los demás produjeron.

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domingo, 5 de octubre de 2008

Crisis global: Razones para la incertidumbre

La economía global es un conjunto complejo de variables que no se comportan de forma lineal. De ahí la incertidumbre acerca de su trayectoria futura. En cambio, sí sabemos que la recesión global será severa y más o menos prolongada.



Lo que no sabemos hoy: No sabemos, nadie lo sabe a ciencia cierta, cuál es la magnitud de los activos financieros dañados que están intoxicando a la economía global. Durante el fin de semana, por ejemplo, todas las señales de alarma se encendieron en Europa al comprobarse que la operación de rescate del gran banco hipotecario alemán Hypo Real Estate (HRE, el segundo en tamaño en ese país) había fracasado porque se subestimaron los recursos necesarios para el salvamento (hoy parece que se requerirán de inmediato 50 mil millones de euros, en lugar de 35 mil millones, y a partir de 2009 inyecciones hasta por 100 mil millones de euros) y porque los bancos privados asociados al rescate no avisaron a tiempo a las autoridades que se retiraban de la operación justo por los errores de cálculo. Huelga decir que el disgusto de las autoridades alemanas es mayúsculo.

Tampoco sabemos hoy si los recursos aprobados por el Congreso de Estados Unidos serán suficientes para desintoxicar de activos en problemas a los bancos estadounidenses, ni sabemos si en el Reino Unido deberán decretarse nuevas inyecciones de liquidez o incluso nacionalizaciones para otros bancos en problemas.

Sí sabemos, en cambio, que variables clave de la evolución de esta sequía global serán: el precio relativo del dólar, las tasas de interés, la dirección de los movimientos de capitales (incluidas las reservas de varios países) hacia Estados Unidos o hacia fuera de Estados Unidos, la magnitud de la desaceleración de la economía china, la flexibilidad de la economía estadounidense para adaptarse a la recesión, el precio del petróleo y de otros bienes genéricos y homogéneos (commodities), la magnitud del paro en Europa y las acciones que la Unión Europea y el Banco Central Europeo adopten para hacerles frente. Todas ellas, y otras variables, están interrelacionadas de forma no lineal.

Tratar de ponerle número exacto o aproximado a cada una de estas previsiones es una locura. Otra vez queda desmentida la ilusa pretensión de que la economía – o, en general, las ciencias sociales- puedan aspirar a realizar pronósticos puntuales como los de las ciencias físicas.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

El gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co.

Imaginemos tres escenarios posibles acerca del “rescate” del sistema financiero global, domiciliado formalmente – y por ahora- en Estados Unidos. Sirve al menos para estar preparados.

Escenario uno: Pese a todo y con pequeños ajustes cosmético-políticos, tanto el Senado como la Cámara de Representantes aprueban el rescate de activos tóxicos propuesto por Henry Paulson y su equipo. Se crea un gigantesco fondo de inversión dentro de la mismísima Secretaría del Tesoro y su administrador estrella – el propio Paulson – dispone de miles de millones de dólares para armar un portafolio de papeles tóxicos maquillados. Se alivia un poco y en el muy corto plazo la turbulencia en los mercados. No más. Resultado práctico: se gana tiempo para llegar a las elecciones del 4 de noviembre sin “tantas” turbulencias. ¿Después? Dios – y el próximo presidente de los Estados Unidos- dirán qué sigue…

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Escenario dos: Se le hacen ajustes mayores al plan de rescate y en lugar de usar los recursos de los contribuyentes para comprar activos tóxicos e ilíquidos, se utilizan para capitalizar a las instituciones en problemas y para estimular todas las compras, fusiones y absorciones posibles que mejoren sustancialmente la relación “capital contra activos en riesgo” de la banca estadounidense y global. El rescate sale más barato, y menos “injusto”.

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Escenario tres: Por “culpa” de la politiquería y de las perniciosas opiniones de algunos libertarios – convencidos, como yo, de la supremacía del mercado libre sobre cualquier intervencionismo gubernamental- no se hace nada. Quiebran más instituciones, pierden muchos inversionistas y acreditados más o menos “inocentes” (cabría preguntar: ¿inocentes de cuál crimen?, ¿tener dinero?, ¿necesitarlo?); aumenta la percepción de riesgo, se recobran prácticas bancarias y financieras conservadoras; cae el dólar, el gobierno de Estados Unidos no tiene más remedio que proponer un programa creíble, draconiano, de saneamiento de sus deterioradas finanzas públicas y la Reserva Federal no tiene más remedio que elevar las tasas de interés para detener la estampida de capitales que huyen del dólar y de los devaluados bonos del Tesoro.

En este escenario, ¿se evita una recesión? No.

Lo único seguro es la recesión. La Casa Blanca, los candidatos y Wall Street se engañan y nos engañan cuando dicen que con “el gran fondo de inversiones tóxicas Paulson & Co.”, podrán evitarla.

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domingo, 28 de septiembre de 2008

Y después del “rescate”, ¿qué?

Tres grandes dudas: 1. ¿Perderá su hegemonía la moneda estadounidense?, ¿el euro será la divisa de reemplazo?, 2. ¿Cuánto durará y qué tan profunda será la recesión?, 3. ¿Terminará el “boom” del petróleo y de los “commodities”?


La mañana de hoy domingo el acuerdo para el multimillonario rescate de los activos financieros “tóxicos” estaba a punto. Un anónimo inversionista español escribió en la edición en línea de un diario financiero: “Espero que el acuerdo se alcance pronto. Tengo metido un kilo en acciones del Santander y si se firma el proyecto seguro que me meteré en el bolsillo al menos 600 euros en plusvalías”.
Pues, ¡suerte, matador!

¿Qué sigue? Ya sabemos que se inicia una sequía severa: Astringencia crediticia – a despecho de lo que digan las tasas de interés de referencia, la llave del crédito se ha cerrado- , caída de la demanda y, por tanto, de la actividad económica, recomposición del sistema financiero a favor de la banca tradicional, una percepción más aguda del riesgo asociado a los productos financieros complejos y opacos, revisión de las regulaciones con énfasis en la incompetencia – involuntaria o deliberada- de las calificadoras para distinguir la paja del trigo, ajustes de cuentas y fabricación de chivos expiatorios.

No deberá extrañarnos que los mercados prosigan dando tumbos, mientras se alcanzan otras definiciones de mayor calado. El próximo gobierno de Estados Unidos empezará con una gigantesca e inmediata tarea a cuestas y del rumbo que marque el próximo Presidente dependerán grandes definiciones para la economía mundial: ¿Se reconstruirá la hegemonía del dólar en los mercados mediante unas políticas fiscal y monetaria ortodoxas o el nuevo gobierno seguirá arrojándole carretadas de dinero devaluado a los problemas?

Del rumbo elegido dependerán asuntos tan importantes como la profundidad y la duración de la sequía (paradoja japonesa: mientras más liquidez inyectes, más durará la recesión), las presiones inflacionarias provenientes de los precios de energéticos y alimentos (la relación inversa entre el dólar y esos precios ha quedado establecida), la apertura o la cerrazón de los mercados al comercio exterior (la peligrosísima tentación proteccionista es más fuerte que nunca entre los políticos del mundo).

Pocas veces en la historia tanto ha dependido de una contienda electoral entre dos candidatos que, ¡ay!, no han dado hasta hoy señales de tener los tamaños para una tarea que requiere más agallas que artilugios electoreros.

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jueves, 25 de septiembre de 2008

La sequía que viene




Es cierto que el rescate financiero en Estados Unidos servirá para darle un respiro a los mercados y, en el mejor de los casos, para que mediante el mecanismo de las subastas los activos más o menos “tóxicos” recobren un precio – el que sea-, pero Estados Unidos necesita mucho más que eso para reestablecer la cordura en su economía.

Al mediodía de hoy el acuerdo bipartidista en “lo esencial” del paquete de rescate se había logrado. Este es un “rescate” pactado a última hora, casi sobre las rodillas, que servirá sólo para las próximas semanas, no más allá. Su fecha de caducidad es enero de 2009, el día que llegue un nuevo inquilino a la Casa Blanca.
Los mercados financieros seguirán dando tumbos en las próximas semanas y la incertidumbre y la desconfianza reinarán, apenas atenuadas.
Hay quien cree que los “ultraliberales” – como algún liberal a medias nos ha motejado a quienes hemos criticado el famoso rescate- nos oponemos al mismo por dogmáticos y porque profesamos una fe irracional e injustificada en los mercados libres.
No son esas las causas del rechazo al paquete de rescate, al menos por lo que a mí hace. Mi convicción en la superioridad de los mecanismos de mercado sobre las mil y una formas de intervencionismo, no es irracional sino fundamentada.
Además, mi objeción al rescate como está planteado obedece a la superficialidad del diagnóstico que ha hecho el gobierno de Estados Unidos acerca de los problemas que aquejan a la economía de ese país. En su melodramático mensaje de ayer, miércoles, George W. Bush trató de impresionar al auditorio arguyendo que la no aprobación del paquete significaría hundir a Estados Unidos en una recesión. Lo que Bush no dijo, tal vez porque decirlo está prohibido en víspera de elecciones, es que Estados Unidos ya está en una recesión y que ésta, inevitablemente, se profundizará conforme avance 2009.
Tampoco dijo que la causa última de esta crisis debe atribuirse a políticas fiscales y monetarias irresponsables, ni mencionó que – sea quien sea el próximo Presidente- durante los próximos dos años, al menos, los estadounidenses deberán apretarse el cinturón, al tiempo que el gobierno reduce gastos, incrementa impuestos y que los mercados mundiales le imponen a Estados Unidos el precio que deberá pagar, tras su dispendio fiscal, para atraer capitales: Tasas de interés reales y altas.

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domingo, 21 de septiembre de 2008

La tormenta perfecta, 101 años después (II y fin)

Después de la tormenta vendrá la sequía. Será sin duda una temporada de astringencia crediticia global, menores tasas de crecimiento y de reconstrucción del sistema financiero sobre bases más conservadoras. Pero por lo pronto la espiral del miedo continúa y la tormenta no cesa.



Un signo inequívoco de que aún hay mucha incertidumbre y confusión en los mercados financieros globales es que los políticos incrementan su cuota de declaraciones estúpidas. Ayer le tocó, ¡ay!, al candidato republicano John Mc Cain llevarse la palma al decir que él correría al presidente de la SEC y a todos los reguladores que permitieron "que los mercados fuesen usados como un casino".

Mc Cain obviamente no entiende ni lo que está pasando, ni mucho menos cuáles son las causas de la tormenta en los mercados financieros. Si quiere buscar culpables debería volver los ojos a la Casa Blanca, a la Reserva Federal y a otros bancos centrales que alentaron la fiesta de liquidez mundial en los últimos diez años. También tendría que hurgar en las no siempre transparentes relaciones de algunas calificadoras de valores con algunos fondos y bancos de inversión.

Una mayor regulación no soluciona nada. Los propios mercados habrán de purgarse y lo harán con mayor eficacia en la medida que la Reserva Federal y el Tesoro envíen señales claras de a partir de qué punto le pondrán un alto a los rescates apresurados y a las nacionalizaciones de facto, so pena de incentivar la formación de una larga fila de instituciones damnificadas mendigando ser salvadas por los contribuyentes.

Hay una clara tendencia hacia la extinción del negocio de la banca de inversión – o, si se prefiere, al estilo de banca de inversión de productos complejos, altos riesgos y altos rendimientos; negocio del que hoy se huye como de la peste-, y la precaria supervivencia de sólo dos de los grandes bancos de inversión (que algunos ignorantes confunden con los bancos de depósito tradicionales), marca por dónde seguirá la purga del mercado.

Para los mortales comunes, como usted y yo, todo esto significa que 2009 será un año difícil, en el que conviene tener liquidez (o estar en un negocio que la genere), tener muy pocos pasivos e invertir en incrementar la productividad, medida con indicadores duros de rendimiento real de cada peso invertido y de cada hora trabajada.

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martes, 8 de julio de 2008

¿Se desinflará la burbuja petrolera?

Después de los juegos olímpicos, 25 de agosto, China disminuiría fuerte su demanda de petróleo, mientras que después de las elecciones, 5 de noviembre, la Reserva Federal iniciaría una serie de alzas a las tasas de interés. ¿Veremos antes del fin de año los precios del petróleo debajo de los $100 dólares el barril?

La bola de cristal podría estarse desempañando.

Si usted tuviese hoy que pronosticar el precio de la mezcla mexicana de petróleo de exportación para 2009, ¿lo pondría arriba de $75 dólares? Yo no lo haría. Tal vez el jueves pasado, cuando la mezcla mexicana alcanzó un precio de $131 dólares por barril, vimos el "pico" histórico del actual "rally" de precios.

Indicios:

1. Aun ante la inminencia de los juegos olímpicos China disminuyó los subsidios a la gasolina lo que se tradujo en un aumento de 18% en el precio a los consumidores. Lo más probable es que el gobierno chino, una vez concluidos los juegos, el 25 de agosto, tome más medidas para disminuir la demanda china por petróleo.

2. Arabia Saudita, el principal productor en el mundo, no está cómodo con los altos precios de hoy – teme que el ajuste a la baja no sólo sea brusco, sino que marque una tendencia definitiva – y puede seguir incrementando su oferta de crudo.

3. La Reserva Federal ya no disminuirá más las tasas de interés; la inflación está pesando más que el miedo a la recesión. Después de las elecciones – el martes 4 de noviembre – la Reserva Federal deberá seguir los pasos del Banco Central Europeo y subir las tasas.

China consume anualmente un barril de petróleo por persona (hablamos de una población de 1,300 millones de personas), Estados Unidos consume 25 barriles de petróleo al año por persona (hablamos de una población de 300 millones). Una caída de 10% en la demanda de China y Estados Unidos se traduciría en un excedente de 2.5 millones de barriles diarios, y si además Estados Unidos pone en el mercado una porción de su reserva estratégica, mientras Arabia Saudita incrementa su producción e Irak hace lo propio, se alinea todo para configurar una baja fuerte en los precios del crudo.

En todo caso, un factor clave será lo que suceda con las tasas de interés después del 4 de noviembre.

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martes, 18 de marzo de 2008

Pedagogía de la irresponsabilidad

Con singular denuedo, la Reserva Federal de los Estados Unidos sigue insuflando tres cosas en los mercados: miedo, irresponsabilidad e inflación.


A estas alturas de la crisis en los mercados financieros internacionales ya quedaron en claro varias cosas:

1. Las autoridades financieras internacionales parecen mucho más asustadas que los mercados. La primeras ya entraron en pánico, mientras los mercados siguen sólo nerviosos.

2. Las autoridades financieras le tienen más miedo a una recesión que a los demonios inflacionarios; por eso, paradójicamente, están haciendo todo lo necesario para que el inevitable ajuste recesivo sea más severo y prolongado en la medida que la política monetaria tendrá que lidiar además con una espiral inflacionaria, alimentada por el miedo a la recesión.

3. Las autoridades financieras tienen una profunda desconfianza en la eficacia de los mecanismos naturales de ajuste que poseen los mercados. Según ellas están "protegiendo" a los mercados, pero en realidad los están dejando sin capacidad de respuesta.

4. La participación de la Reserva Federal en el "rescate" de Bearn Stearns ha enviado el peor mensaje; "Mientras podamos – y podemos poco – vamos a evitar que personas e instituciones asuman las consecuencias de sus decisiones erróneas. Nuestra idea del mercado deseable es aquél en el que no existen pérdidas y en el que la irresponsabilidad es recompensada; esto es: nuestra idea del mercado perfecto es la de un mercado que no funciona".

5. Dado el pánico a la recesión que manifiestan las autoridades monetarias de los Estados Unidos – y de Europa y, en gran medida, también los organismos financieros internacionales-, puede pronosticarse con certeza que, antes de superar la crisis, tendremos altas tasas de interés y una severa restricción crediticia.

6. No sabemos la magnitud de los daños que han causado las políticas monetarias laxas del pasado reciente, pero sabemos con certeza que la actual política monetaria – dictada por el pánico a la recesión- tendrá efectos devastadores. No podemos controlar el incendio, pero confiamos en que arrojarle más gasolina contribuirá a extenderlo y prolongarlo.

7. Buena parte de la economía real – no financiera- en el mundo está funcionando aceptablemente, pero las autoridades monetarias de los Estados Unidos no pierden la esperanza de que una crisis en el mercado hipotecario se convierta en una tremenda crisis global. Están trabajando en ello.

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miércoles, 27 de febrero de 2008

¿Ya se desinfló la burbuja?

El miedo a la recesión en pleno año de elecciones presidenciales en los Estados Unidos parece estar posponiendo, dolorosamente, el ajuste definitivo en los precios de las viviendas y, por ende, las pérdidas en los activos financieros que las viviendas respaldan.

El último martes de cada mes se difunden los índices S &P (Standard & Poor’s)/ Case- Shiller de los precios de las viviendas en 20 áreas metropolitanas de los Estados Unidos. Los índices dados a conocer el martes pasado correspondieron a los precios del cierre de 2007.

Sin duda los precios están sufriendo un ajuste acelerado a la baja. En el índice nacional trimestral se observa una caída en los precios de las viviendas en el cuatro trimestre de 2007 respecto del trimestre inmediato anterior de menos 5.4 por ciento y un decenso anual de menos 8.9 por ciento.

Sin embargo, y a pesar de que los precios han seguido bajando durante enero y febrero, sería precipitado concluir que la burbuja inmobiliaria ya se desinfló. Cabe pensar que la relajación de la política monetaria, así como los estímulos fiscales de emegencia, están posponiendo la caída final. Por su parte, el descenso en las tasas se entiende en los mercados, con toda razón, como anticipo tanto de una futura alza abrupta en las tasas – una vez desatada la inflación- como de una restricción crediticia severa.

El punto más alto de la burbuja inmobiliaria se alcanzó en el segundo trimestre del 2006 (189.94 puntos contra 170.64 puntos del cuarto trimestre de 2007), lo que significa que al cierre del año los precios habían caído 10.6% respecto de su punto más alto. Pero también al cierre de 2007 los precios de la vivienda seguían 20% arriba de los vigentes cuatro años atrás (último trimestre de 2003). Para darse una idea de la magnitud de la burbuja vale la pena recordar que en un solo año, 2005, los precios de la vivienda en Estados Unidos crecieron un impresionante 14.7 por ciento (viniendo de otra alza anual, 2004, de 11.5 por ciento).

Los precios actuales parecen todavía muy altos para que la ejecución de las hipotecas (“foreclosures”) sea viable y se encuentren compradores de los inmuebles que tendrían que rematarse (con pérdidas para los tenedores de vehículos de inversión estructurados, donde están dichas hipotecas).

Va para largo.

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jueves, 14 de febrero de 2008

¿Recesión?



El economista Mark J. Perry, de la Universidad de Michigan, campus en Flint, muestra esta elocuente gráfica de las ventas al menudeo, deflactadas, y aventura que más que una recesión, los datos hablan de una desaceleración en el crecimiento. Para ver el estupendo comentario de Perry se puede consultar su blog "Carpe Diem" (¡nombre genial!) aquí.

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jueves, 31 de enero de 2008

Son los precios, ¡estúpido!

Una burbuja especulativa estalla o se desinfla cuando los precios de los activos sobrevaluados caen abruptamente para ajustarse a las condiciones reales del mercado. Mala noticia: Los precios promedio de la vivienda en los Estados Unidos no están cayendo significativamente. El descenso de la tasa de interés está alentando, en lugar de corregir, una mala asignación de recursos.


Muchas personas que pontifican sobre la burbuja que supuestamente estalló a mediados del año pasado en el sector de las hipotecas para vivienda en Estados Unidos, no podrían explicarnos qué entienden por burbuja especulativa.

Constantemente aparecen en los mercados burbujas especulativas. Se trata de bienes (que suelen tener su contraparte en activos financieros) que se han sobrevaluado por una errónea asignación de recursos. Dado que los mercados reflejan, a través de los precios, el resultado final de millones de decisiones de compradores y vendedores, las decisiones equivocadas – y está en la naturaleza de los seres humanos equivocarse- al valorar un activo (por ejemplo, una vivienda promedio en un área urbana como San Diego) producen “precios equivocados” que el propio mercado, al surgir los primeros síntomas de la valoración errónea (incumplimiento de los pagos) corrige modificando los precios, específicamente disminuyéndolos si se trata de activos sobrevalorados. En el mercado no sólo se gana por decisiones acertadas, también se pierde a causa de decisiones erróneas.

Una típica burbuja estalló a principios de este siglo en los activos relacionados con las telecomunicaciones. El lector recordará la quiebra de Worldcom, entre otras empresas, que marcó el espectacular estallido de esa burbuja. Tras la quiebra los activos salieron a remate. Hoy los consumidores estadounidenses disfrutan de precios mucho más bajos en telefonía celular, por ejemplo, gracias a que estalló esa burbuja. Quienes comparon a precios de remate los activos emproblemados pueden ofrecer los servicios de telecomunicaciones a precios mucho más bajos que antes, ya que para ellos el precio de los activos – digamos, la red de fibra óptica- fue mucho menor. Perdieron quienes tomaron decisiones equivocadas, imprudentes o fraudulentas. Ganaron, al final, los consumidores y la productividad de la economía.

Hoy eso no está sucediendo. Las autoridades monetarias de los Estados Unidos están impidiendo que los mercados corrijan, en los precios, las decisiones equivocadas. Lo cual promoverá más errores en la asignación de los recursos.

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miércoles, 30 de enero de 2008

¿En dónde estuviste los últimos 60 días?

Para ellos el año empieza en febrero. Regresan de unas “merecidas vacaciones” que iniciaron el 14 de diciembre y de inmediato se ponen a regañar a todos los que se quedaron trabajando ¡por perder el tiempo en discusiones estériles!

Como decía una tira cómica en algunos periódicos del siglo pasado: “¡Nunca falta alguien así!”. Son esos fastidiosos personajes que, con pretexto de la Navidad y del fin de año, se recetan a sí mismos un “pequeño descanso” de seis o siete semanas y regresan, al mundanal ruido, convencidos de que tienen que corregir todas las tonterías que hicimos los que nos quedamos trabajando.

Imaginemos la escena: Don Remigio Salsipuedes, un magnate mexicano por herencia que se describe a sí mismo como “una isla de eficiencia rodeada de un mar de imbecilidades”, vuelve al trabajo en la última semana de enero y descubre, con horror, que en su ausencia nadie ha hecho lo que se tenía que hacer y, en cambio, todo mundo ha derrochado incompetencia con ocurrencias idiotas.

Supongo que es una estrategia napoleónica – “la mejor defensa, dicen, es el ataque”- y es la forma mediante la cual estos remisos doctos apartan de sí cualquier pregunta incómoda como: ¿Y en dónde andabas tú, oráculo pletórico de sabiduría, mientras nosotros hacíamos puras idioteces? Por supuesto, don Remigio andaba en un crucero por las islas griegas o estuvo recluido en un monasterio budista cerca de Nepal. I-lo-ca-li-za-ble, des-co-nec-ta-do, fuera del área de servicio.

El colmo es que estos doctos remisos suelen estar muy mal informados. Su idea de “ponerse al día” es hojear dos o tres periódicos (con lo que se forman una idea totalmente fantástica del mundo) o, peor todavía, recurren a la tía Angustias, que tiene fama de pasarse la vida pegada al televisor, y le preguntan: “¿Qué hay de nuevo, querida tía?”. Entonces llegan a la oficina alarmadísimos porque nadie ha hecho nada para enfrentar la recesión que viene o porque todo mundo está muy quitado de la pena mientras que en Pakistán estallará la violencia.

Por ahí de septiembre u octubre de 2008 se enterarán de que les subieron el predial más del cien por ciento y pondrán el grito en el cielo: “Pero ¡qué barbaridad!, ¿es que nadie va a hacer algo para evitar este atropello?”

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domingo, 27 de enero de 2008

Otra vez, el miedo a la recesión

Insisto: No se trata de que la Reserva Federal de Estados Unidos esté aplicando un remedio insuficiente, está aplicando un remedio totalmente contraindicado. El miedo a la recesión es un pésimo consejero.

A diferencia de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo (BCE) decidió mantener las tasas de interés y su presidente, Jean Claude Trichet, declaró explícitamente que la preocupación de las autoridades monetarias de la zona euro es la inflación, no una eventual recesión.

En este sentido, el mandato único del BCE, la estabilidad de precios, le otorga a Europa una inmensa ventaja sobre Estados Unidos, país que padece en materia monetaria un arreglo disfuncional y sumamente riesgoso, el famoso "mandato dual": buscar a la vez combatir la inflación e impulsar la generación de empleos. Un doble objetivo contradictorio que tiene dos consecuencias graves: 1. Reduce la capacidad del banco central para ejercer una política monetaria eficaz y 2. Disminuye la autonomía de la autoridad monetaria frente a los avatares de la política electoral.

La crisis económica que se fue gestando en México a lo largo de 1993 y 1994 – y que estalló en diciembre de ese último año- es un buen ejemplo de cómo el miedo a la recesión y a sus secuelas (un miedo que se transforma en pánico perturbador, en la mente de algunos políticos, en época de elecciones) provoca decisiones catastróficas. Algunas decisiones que en su momento parecieron oportunas y hasta geniales – por ejemplo, la de impulsar el traslado de la deuda en Cetes a Tesobonos, nominados en dólares, a fines de marzo de 1994- tuvieron pésimas consecuencias, como imponer al banco central un mandato impertinente – el deslizamiento fijo del tipo de cambio- que le impedió ejercer a plenitud la política monetaria.

Vale la pena comparar las recientes intervenciones públicas del presidente de la Reserva Federal con las del presidente del BCE. Mientras el primero, Ben Bernanke, aparece alarmado por el espectro de la recesión pero no hace un diagnóstico de las causas últimas de las turbulencias, su contraparte europea, Jean Claude Trichet, ofrece un diagnóstico sistematizado y una clara "hoja de ruta" para corregir las causas del desajuste. El doctor Bernanke recetó un cambio en la escala del termómetro para ilusoriamente "bajar la fiebre". El doctor Trichet sabe, por el contrario, que la fiebre es sólo un síntoma.

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