lunes, 9 de julio de 2007

Verde, que te quiero verde

Una desgracia ecológica es que son más ruidosos los ecologistas de pacotilla, que los ecologistas serios. Que taxis y microbuses estén pìntados de verde en la ciudad de México, ¿disminuye el daño que hacen?

Al Gore fue a España y les reveló a los españoles la causa última de la migración de cientos de miles de africanos a Europa: El calentamiento global. Ahora resulta que los africanos que arriesgan la vida atravesando el mar en precarias embarcaciones para llegar a las Canarias y de ahí al continente europeo, no lo hacen en busca de oportunidades de trabajo o de libertad, sino huyendo del calentamiento global.

¡Haberlo dicho antes! La miseria, la opresión social y política, la falta de oportunidades de desarrollo, el fanatismo pseudoreligioso, la corrupción de los gobiernos…Todo borrado de un plumazo gracias al espectáculo del cambio climático.

Predicado su evangelio, Gore tomó su avión – previo pago de indulgencias verdes, bonos de carbono, a una organización idónea de la que el propio Gore, causalmente, es miembro fundador- y siguió su apostolado.

Una de las peores pesadillas de la ciudad de México es de color verde: es el ejército de destartalados microbuses, diseñados por alguien que cree que los mexicanos no miden más de 1.30 metros o no tienen piernas y que está convencido de que los pasajeros disfrutan lo indecible con los erráticos y sorpesivos bamboleos – acelerar, frenar, virar a la izquierda, ahora a la derecha-, y gozan con la refinada experiencia de ser compactados como ganado rumbo al matadero. Esa pesadilla se complementa con otra plaga verde: cientos de vehículos compactos descontinuados, que han sido perfeccionados por los conductores con variados artilugios que mantienen en exhibición, para disfrute de todos, los motores jadeantes. Se llamaron en su origen, ¿alguien se acuerda?, taxis ecológicos. Humor negro que se pinta de verde.

La plaga verde se ha extendido por la ciudad gracias a que el gobierno local consideró por años que era innecesario ampliar el Metro.

El gobierno de la ciudad recibirá sin duda nuevos recursos de almas ecológicas y pías – bonos de carbono- por el Metrobus. No importa que para establecerlo, y ahora para ampliarlo, se derriben decenas de árboles y se eliminen prados y arbustos.

“¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga”.

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lunes, 25 de junio de 2007

Las ventajas políticas de globalizar la contaminación

Surrealismo puro: Premian a la ciudad de México por reducir la contaminación en el planeta, gracias al Metrobús, y un día después se decreta una emergencia ambiental porque, en la misma zona en que opera ese sistema de transporte, la calidad del aire alcanzó la categoría de “muy mala”: el ozono llegó a 176 unidades.

Por supuesto, la mala calidad del aire el sábado en la zona suroeste de la ciudad no es culpa del Metrobús, sino de que hay ya más de cuatro millones de automóviles en el valle de México. Lo cual, a su vez, obedece a décadas de gobiernos erráticos en la capital del país: desatención criminal al transporte público, uso político-electoral del gasto, crecimiento caótico de los asentamientos de población, pésima infraestructura vial y opacidad en la construcción de obras públicas lo que impide vetar proyectos faraónicos – como el famoso “segundo piso”- carentes de justificación económica y social y pésimamente ejecutados.

A este rosario de problemas propios se suma que la burocracia multinacional – Naciones Unidas, Banco Mundial, entre otras organizaciones- así como una legión de organizaciones no gubernamentales, ambientalistas, empresas culposas y estrategas financieros han logrado colocar en la opinión pública la creencia de que los daños al ambiente son planetarios más que localizados y, por lo tanto, es válido “perdonar” algo de la contaminación que se genera en España si se dan fondos para proyectos que reducen algo la contaminación en México.

No sabemos si la emisión de gases en la avenida Insurgentes de México tenga efectos ambientales en España, pero como es algo “probable” da un buen efecto de relaciones públicas que el Fondo Español del Carbono – por intermedio del Banco Mundial- le de casi 122 mil euros al gobierno de la ciudad de México porque, se supone, gracias al Metrobús en dos años se han emitido unas 60 mil toneladas de gases de efecto invernadero menos…, aunque se omite decir que la pésima planeación y ejecución de las obras del Metrobús ocasionaron una emisión adicional de gases invernadero de ¿cuántas toneladas?

Este “reconocimiento” – a la vista de la contaminación real, local, específica y comprobada que se padece en la Ciudad de México-, es algo así como hacerle una fiesta al estudiante que, ¡por fin!, aprobó una de 15 materias…, y eso en examen extraordinario.

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