sábado, 12 de julio de 2008

La infamia del etanol

Si Estados Unidos quiere subir a China e India al compromiso de reducir sus emisiones de carbono a la atmósfera, tendrá que poner sobre la mesa la seria promesa de abandonar su nefasta ocurrencia de subsidiar la producción de etanol a partir de maíz y de otros cultivos. No lo hará. ¿Resultado? La cumbre del G-8 será otro fracaso de Bush. Tal vez un fracaso "fríamente calculado".


Lo más probable es que el gobierno de Estados Unidos haya calculado de antemano que China e India se rehusarían a sumarse al compromiso de reducir a la mitad sus emisiones de CO2 a la atmósfera para el año 2050. Contando con ese rechazo, George W. Bush pudo darse el lujo de mostrarse, en la cumbre del G-8, seriamente preocupado por el cambio climático, hacer promesas retóricas y eludir un examen serio de los infames subsidios a la producción de etanol, que no sólo NO son una política efectiva de protección al ambiente, sino que tienen la perversa cualidad de generar a la vez varios efectos indeseables para el bienestar global:

1. La producción de etanol a partir de maíz y otros cultivos genera más emisiones de carbono de las que reduce.

2. Ha contribuido al encarecimiento de los alimentos en el mundo, al distraer tierras para producir un complemento – que no sustituto- de la gasolina, en lugar de alimentos.

3. El subsidio desalienta a otros productores de granos fuera de Estados Unidos porque compiten en franca desventaja; inhibe, pues, una mayor oferta.

4. Retrasa la búsqueda tecnológica de energías limpias y de procesos productivos menos contaminantes,

5. El subsidio se ha mostrado eficacísimo para generar un efecto en cascada de encarecimiento en toda la cadena de los alimentos: del maíz al trigo, a la soya, al sorgo, a la leche, a la carne,

6. Provoca un efecto de imitación: Cientos de políticos irresponsables en el mundo sueñan con promover la producción de etanol, para posar como "verdes" mientras arrasan selvas y sistemas ecológicos.

Así las cosas, la salida fácil es culpar a China y a India de falta de conciencia ecológica porque no quieren frenar su proceso de crecimiento a cambio de un premio por su contribución a enfriar o postergar el "calentamiento global".

No los culpo…son naciones que quieren salir de la pobreza, no son Al Gore buscando los reflectores.

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lunes, 25 de junio de 2007

Las ventajas políticas de globalizar la contaminación

Surrealismo puro: Premian a la ciudad de México por reducir la contaminación en el planeta, gracias al Metrobús, y un día después se decreta una emergencia ambiental porque, en la misma zona en que opera ese sistema de transporte, la calidad del aire alcanzó la categoría de “muy mala”: el ozono llegó a 176 unidades.

Por supuesto, la mala calidad del aire el sábado en la zona suroeste de la ciudad no es culpa del Metrobús, sino de que hay ya más de cuatro millones de automóviles en el valle de México. Lo cual, a su vez, obedece a décadas de gobiernos erráticos en la capital del país: desatención criminal al transporte público, uso político-electoral del gasto, crecimiento caótico de los asentamientos de población, pésima infraestructura vial y opacidad en la construcción de obras públicas lo que impide vetar proyectos faraónicos – como el famoso “segundo piso”- carentes de justificación económica y social y pésimamente ejecutados.

A este rosario de problemas propios se suma que la burocracia multinacional – Naciones Unidas, Banco Mundial, entre otras organizaciones- así como una legión de organizaciones no gubernamentales, ambientalistas, empresas culposas y estrategas financieros han logrado colocar en la opinión pública la creencia de que los daños al ambiente son planetarios más que localizados y, por lo tanto, es válido “perdonar” algo de la contaminación que se genera en España si se dan fondos para proyectos que reducen algo la contaminación en México.

No sabemos si la emisión de gases en la avenida Insurgentes de México tenga efectos ambientales en España, pero como es algo “probable” da un buen efecto de relaciones públicas que el Fondo Español del Carbono – por intermedio del Banco Mundial- le de casi 122 mil euros al gobierno de la ciudad de México porque, se supone, gracias al Metrobús en dos años se han emitido unas 60 mil toneladas de gases de efecto invernadero menos…, aunque se omite decir que la pésima planeación y ejecución de las obras del Metrobús ocasionaron una emisión adicional de gases invernadero de ¿cuántas toneladas?

Este “reconocimiento” – a la vista de la contaminación real, local, específica y comprobada que se padece en la Ciudad de México-, es algo así como hacerle una fiesta al estudiante que, ¡por fin!, aprobó una de 15 materias…, y eso en examen extraordinario.

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