martes, 27 de marzo de 2007

¡Hay que prohibir el suero oral!

Dos ejemplos de cómo funciona la lógica mercantilista a la que se adhieren cotidianamente multitud de gobiernos, políticos, sindicatos, periodistas, académicos y organizaciones no gubernamentales.

Imagine el lector que en un país pobre, como Bangladesh, se descubre una terapia de rehidratación oral que es cien veces más económica que la terapia usada hasta entonces: 50 centavos de dólar por paciente atendido contra 50 dólares por paciente atendido. Ahora imagine el lector que algunas poderosas compañías farmacéuticas en países desarrollados, que generan empleos y pagan millones de dólares de impuestos, poseen la patente de la terapia usual hasta entonces para atender la deshidratación – la de 50 dólares por paciente- y detectan que el descubrimiento del suero oral y su difusión en el mundo significará que su producto patentado desaparecerá del mercado y, con ello, cientos de empleos directos y miles de empleos indirectos, amén de la disminución de las utilidades, de la pérdida para los accionistas en bolsa y del menor pago de millonarios impuestos.
En la lógica mercantilista habría que prohibir el suero oral ¡para salvar empleos! En la lógica mercantilista son más importantes esos empleos (y las utilidades, y los impuestos pagados) que la vida de millones de niños que mueren de deshidratación – derivada de enfermedades gastrointestinales- en los países pobres. Por fortuna, en el caso del suero oral la lógica mercantilista fue derrotada.
Imagine ahora el lector que gracias a la investigación tecnológica, a innovaciones productivas y a condiciones inmejorables de suelo y clima – entre otros factores- Australia, Nueva Zelanda y Brasil pueden producir y vender azúcar a 12 centavos de dólar la libra puesta en cualquier puerto del mundo, mientras que en México el precio del azúcar es de 28 centavos de dólar la libra (precios aproximados vigentes en enero de 2007).
En la lógica mercantilista hay que impedir a toda costa que cien millones de consumidores mexicanos – país que tiene el segundo lugar mundial en consumo de azúcar por habitante- puedan adquirir ese edulcorante 57% más barato. ¡Hay que salvar empleos de cañeros, hay que salvar utilidades de los dueños de ingenios!, ¡salvar al campo es salvar a México!
Para que después nos digan que todos somos iguales. No, en la lógica mercantilista, como en la granja de Orwell, “unos son más iguales que otros”. Ya sabemos quiénes.
¿Progresistas?, ¿de izquierda? No me hagan reír.

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miércoles, 14 de marzo de 2007

Apertura comercial agrícola ¡ya!



En México pagamos dos, tres y en ocasiones hasta cuatro veces más por el azúcar que el precio libre vigente en el mercado mundial. Sin embargo, los vividores que se ostentan como “líderes de los productores agrícolas” ya han puesto en marcha la enésima campaña de mentiras para evitar la apertura.



Los datos son demoledores. En enero pasado el precio del azúcar para el consumidor estadounidense fue casi el doble que el precio vigente en el mercado mundial, ¡pero en México el precio que pagamos fue cercano al triple del precio del mercado internacional!
México ocupa el segundo lugar mundial en consumo de azúcar por persona (el primer lugar es Brasil; el tercero es Australia), pero tiene costos de producción del azúcar tan ineficientes – caros- como los del azúcar producida a partir de remolacha en la Gran Bretaña; costos que duplican los costos de producción de Brasil – principal productor y exportador mundial-, cuyos precios al consumidor son aproximadamente tres veces más bajos que en México.
La única solución decente es la apertura comercial ¡ya!, y sin componendas.
Hay quien dice que ésta – la de la liberación comercial de a de veras en México- es una lucha perdida, porque aunque los consumidores seamos millones estamos desorganizados y pobremente representados (si acaso lo estamos) en el Congreso, mientras que el puñado de productores que se ha beneficiado por décadas de las barreras comerciales, del proteccionismo y de carretadas de dinero público, esta sobre-representado en el Congreso y en el PRI y el PRD, está muy bien organizado y tiene mucho más que perder que lo que cada consumidor aislado ganaría con la liberación comercial.
Si los datos fríos indignan, las declaraciones de algunos “líderes” son para sublevar a cualquiera. Véase lo que dice Víctor Suárez quien se ostenta como “presidente” de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC): “El 1 de enero (de 2008) la liberalización arancelaria del maíz, frijol, leche y azúcar generará una desestabilización mayor en el mercado agroalimentario y la escalada de precios, las prácticas especulativas se desbordarán".
¿Cómo se le dice a quien miente con ahínco y aplomo?, ¿embustero? No, ¡luchador social!

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martes, 27 de febrero de 2007

¿Un mal sueño de Cayo Valerio Godínez?

¡Pobre almohada bañada de babas!, fue el resumidero de la rabiosa impotencia de Cayo. La vida tiene, a veces, implacables mecanismos de cobro.

La “ley de la indeclinable voluntad reformadora” pasó en unos días de logro político encomiable a motivo de burla y hazmerreír. Cayo Valerio Godínez ya ni siquiera disfrutaba de los mullidos asientos de piel del automóvil. Por si fuera poco, el chofer, ¡idiota!, había tomado un pésimo camino lleno de hoyancos y vericuetos (algún tonto atajo por algún barrio miserable y desolado, artimañas inútiles de las que estos incompetentes se ufanan, pensó). Maldijo y le rechinaron los dientes escondidos tras el bigotito de galán otoñal que hacía juego con el pelo engominado.

Quiso darle tres gritos al imbécil chofer, pero por algún motivo supo de inmediato que no le saldría la voz. Con un estremecimiento entendió que estaba incomunicado, encerrado en el asiento trasero del ostentoso automóvil con vidrios opacos. Mudo. Impotente ante el fracaso…Como salido de la nada – así son los sueños- apareció Catarino Mendoza, su maestro en el arte de la política - ¿no había muerto hace años?- y le soltó a bocajarro: “Cayito, Cayito, ¡siempre fuiste un tarugo!, ¿cuántas veces te dije que no hicieses apuestas inciertas? Haber usado la ratificación de Jiménez como moneda de cambio fue, admítelo, una soberana pendejada…”.

Cayo quiso formular objeciones a los reproches de Catarino, pero el espectro ya había desaparecido…El auto se detuvo bruscamente y la cabeza de Cayo golpeó contra la ventanilla, ¡chofer imbécil! masculló, pero nadie lo oía…Nadie estaba al volante. Sintió un líquido viscoso que le escurría de los labios. ¿Sangre?…”Nada más eso faltaba, que por culpa de este retrasado mental (¿dónde diablos se ha metido?) también me haya partido el hocico…”

Ruido: Poquetá-poquetá-poquetá…Y la cantaleta, la burla cruel de la voz de Catarino: “Soberana pendejada, soberana pendejada, soberana pendejada…”. Y él que se había sentido genial y poderoso…”Ese pesado de Jiménez (ese tecnócrata que simbolizaba todo lo que Cayo jamás podría ser) no pasará; ¡su postulación es un agravio!...”.

Sentía la mejilla empapada, se esforzó en gritar…Abrió por fin los ojos, el corazón retumbándole en el pecho…No, no es sangre. Sólo la almohada bañada de babas asquerosas…

Se consuela: Fue un mal sueño…De la calle llegaba el ruido sistemático: Poquetá-poquetá-poquetá…

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